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Las apariciones y los
mensajes
celestiales
continua -4
EL DOLOR DE UNA MADRE
Pensemos en el schock cultural y emotivo del 11-S., o el 11-M.
¡Cuánto dolor!; ¡cuánta desgracia! ¿Qué
suerte les tocaría a los responsable, que habiendo sido avisados, incluso
demostrándoselo, no hubieran querido escuchar? (¡Y muchos fieles y
sacerdotes, critican e incluso difaman las apariciones y a los videntes!)
La Stma. Virgen y su
Hijo nos advierten de lo que se avecina a la
humanidad, y pocos - muy pocos
-, son los que escuchan.
Ellos son enviados del Padre, vienen a prevenirnos,
a avisarnos, ¡a ayudarnos!; y cuántos impedimentos les ponemos.
Pensemos: ¡Cuánto dolor y miseria nos trajeron
el 11-S., o el 11-M.! Pero ahora no
van a ser "solamente" doscientos los muertos, ¡no! Ni dos mil, ni
veinte mil.
Ni "solamente"
doscientos mil, o dos millones..., sino como
tres mil millones de almas; (y la gran mayoría serán
condenadas.) Y esto pronosticando muy
precavidamente, pues si nos guiamos por las Sagradas Escrituras,
allí -como en otras revelaciones-, se habla de las
dos terceras partes de la humanidad.
MÁS DE CUATRO MIL MILLONES DE MUERTOS.
Con las cuatro primeras Trompetas (Ap. 8, 7-12), un
número muy considerable de almas. Pero el Profeta continúa
advirtiéndonos en Ap. 8, 13: «¡Ay, ay, ay de los habitantes de
la tierra, cuando suenen las voces que quedan de las trompetas de los tres
Angeles que van a tocar!» Afirmándonos después en Ap. 9,18:
«…y fué exterminada la TERCERA PARTE de los humanos por estas tres
plagas: por el fuego, el humo y el azufre que salían de sus bocas.» Y aún continuan los males y pesares.
Summa summarum: Según las "previsiones
bíblicas" alcanzamos un denominador común en Zacarías 13, 8-9:
«Y sucederá en toda esta tierra, …
DOS TERCIOS serán en ella exterminados y el otro tercio
quedará en ella. 9 Yo meteré en el fuego este tercio: los purgaré como se purga la plata y
los probaré como se prueba el oro. Invocará él mi nombre y yo le
responderé; diré: ¡El es mi pueblo! y él dirá: "¡Yahveh es mi Dios!"»
No es un asunto como para tomarlo con la
ligereza que de algunos sacerdotes.
LO DICEN ELLOS
En las apariciones verdaderas la Santísima Virgen y su
Hijo, Nuestro Señor Jesucristo, nos
señalan siempre su dolor y desconsuelo:
«Y el mundo no se da cuenta de que Yo vengo para
preveniros de todo lo que va a ocurrir, como una buena madre. Así soy yo: triste y dolorosa por todos los errores que tan clavados están
en mi Inmaculado Corazón.»
Mensaje
17.8.88
En la Finca de Nazareth - Talavera - viene el Padre Eterno, el Dios
Yahvé, a hablar a sus hijos. Éste concedió cuatro
años, 1985-88, para arrepentirse, para ir allí y pedir perdón de
nuestros errores (a nivel global), y así evitar el
Castigo.
Pero el clero talaverano y la ciudad entera, en vez de pedirle
perdón, muchos lo ridiculizaron y se rieron. ¿Y qué ocurrirá ahora, por habernos reido y haberle
despreciado? La respuesta Dios la tiene. Ya
fué anunciada en muchos mensajes.
Si Talavera, y España
entera hubieran pedido perdón, el Dios Yahvé,
nuestro Padre Celestial, nos hubiera perdonado, y
así se hubiera evitado el
Castigo general.
Este pensamiento
de que España y sus obispos pudieran jugar un papel
primordial en la
conversión de Rusia y la
salvación del mundo de las catástrofe que se avecinan, lo expresa ya la Hermana Lucía de Fátima en una carta
de 1943.
- "¿Qué tendrá que ver el Obispado español con el mensaje de Fátima?",
pensé yo.
Pues aquí tenemos la respuesta: Si el Obispado español se hubiera preocupado de los
avisos celestiales, Unbe ;
Garabandal etc.; y hubieran pedido perdón
al Padre Celestial en Talavera, TODO lo que debe venir no vendría.
Luego es
bastante grave su situación y responsabilidad. Se
merece meditarlo un poco. La certeza de que son
ciertos estos mensajes que publicamos, la convicción absoluta -
humanamente hablando -, la sacamos del hecho que...
1.- Los mensajes dicen
todos lo mismo; algunos con palabras casi idénticas.
(¿Se pondrían TODOS de acuerdo?)
2.- Por su condición social y poca cultura, los videntes, no
tienen, ni pudieran
tener la
erudicción y desenvoltura demostrada en los
mensajes.
3.- Ni mucho menos la "sabiduría del mundo", y posibilidades
económicas
necesarias para
perpetrar semejante manejo.
4.- Hay algunos
mensajes - ya aprobados por
la Iglesia -, que dicen esencialmente
lo
mismo. (Un argumento contundente,
pues si dicen lo mismo...)
5.- Hemos estudiado
profundamente el tema, durante más de QUINCE
años.
UN PECADO CONTRA EL ESPÍRITU
Negar categóricamente una aparición y combatirla radicalmente sin
conocimiento de causa, es algo sumamente imprudente. Si fuera verdad la
aparición, (¡y alguna será verdad, de eso no cabe duda!), estamos
menoscabando la obra de Dios, y esto es un pecado del cual la Biblia nos dicen que no se perdona.
Mt. 12, 22-32.
En muchas apariciones ocurren fenómenos extraordinarios e
inexplicables: estigmas; levitaciones; curaciones milagrosas (comprobadas por médicos y sacerdotes);
conversiones casi imposibles, fenómenos
solares; formaciones en las nubes; luces inexplicable, etc. (fenómenos
que se pueden hasta fotografiar.)
Achacar estos fenómenos al diablo, sin haberlos estudiado seriamente, o
generalizar extendiendo a toda aparición lo que en
realidad solamente hemos observado en un lugar de supuestas
apariciones, es sumamente imprudente.
Atribuir al Diablo las obras de Dios...,
es un PECADO que no se perdona. (c.f. Mt.12, 31-32.)
Es un pecado de escándalo. Es una falta que se debe "trabajar", se
debe reparar dando marcha atrás y enseñando al que no sabe.
El mismo Jesús sentencia:
"Aquél
que escandalizare a un niño, más le valiera ponerse una rueda de molino al
cuello y echarse al mar." Atribuir al demonio las obras de
Dios, generalizando indiscriminadamente, es escandalizar a los fieles:
privamos a nuestros hermanos del consuelo y la ayuda de nuestra Madre por
medio de sus apariciones y mensajes.
(Lean y comparen es exatamente como hacían los escribas y fariseos,
cuestionando el Mesianismo de Jesús, en Mateo 12, 22-32.)
Les privamos a
nuestros hermanos de un bien, de una gracia muy necesaria e
indispensable en estos días de confusión, de
abandono pastoral y de oscuridad espiritual. Es un
pecado contra el espíritu, y éste no se perdona.
Mt. 12, 31-37.
Negar categóricamente nunca es acertado. No debemos juzgar ligeramente las "cosas de Dios." Al negar
las apariciones y los mensajes celestiales, generalizando
indiscriminadamente, también dañamos a la Santísima Virgen al verse roida
y menoscabada su obra, que con tanto esfuerzo y dolor realiza.
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