–No hay otro lugar donde preferiría estar – respondés con frialdad.
El hombre sonríe y se acerca un poco más. Te ruborizas cuando el acercamiento permite detectar su perfume. Hablan, coquetean, se seducen. No se siente para nada mal.
– No sé tu nombre – dice él, con una dulzura irresistible en sus ojos pardos.
Si eliges decirle tu nombre, pasa al apartado (C). Si, de otro modo, prefieres no revelarlo, pasa al apartado (D).