Darle tu nombre implica involucrarte, y esa no es una opción. Al final del día, un trabajo es un trabajo. Y eso significa dinero. Metes tu mano en la cartera y tomas una pequeña calibre 22. De un disparo rápido le revientas la sien al hombre que nunca podrás conocer. El mozo y el otro se convierten en daños colaterales, padeciendo la misma fatalidad.
Ha sido una innecesaria masacre, pero la paga es buena. Dinero sucio, quizás. Pero dinero al fin.
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