Despiertas bruscamente entre la suavidad de las sábanas, rodeada de colillas de cigarrillos y novelas de Ed McBain (entre otros autores del policial negro). Has estado soñando, nuevamente. Es aquel donde conoces a un misterioso hombre al que debes asesinar, mientras tu corazón te indica siempre lo contrario.
Ha sido un sueño, uno de esos recurrentes. Pero, si es así, ¿por qué tu cuello huele a colonia de hombre?
FIN