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1 El rey Salomón
amó a muchas mujeres extranjeras, además de la hija de Faraón, moabitas,
ammonitas, edomitas, sidonias, hititas,
2 de los pueblos
de los que dijo Yahveh a los israelitas: «No os uniréis a ellas y ellas no
se unirán a vosotros, pues de seguro arrastrarán vuestro corazón tras sus
dioses», pero Salomón se apegó a ellas por amor;
3 tuvo
setecientas mujeres con rango de princesas y trescientas concubinas.
4 En la
ancianidad de Salomón sus mujeres inclinaron su corazón tras otros dioses, y
su corazón no fue por entero de Yahveh su Dios, como el corazón de David su
padre.
5 Salomón se fue
tras de Astarté, diosa de los sidonios, y tras de Milkom, monstruo
abominable de los ammonitas.
6 Salomón hizo lo
malo a los ojos de Yahveh, y no siguió plenamente con Yahveh como David su
padre.
7 Entonces
edificó Salomón un altar a Kemós, monstruo abominable de Moab, sobre el
monte que está frente a Jerusalén, y a Milkom, monstruo abominable de los
ammonitas.
8 Lo mismo hizo
con todas sus mujeres extranjeras que quemaban incienso y sacrificaban a sus
dioses.
9 Se enojó Yahveh
contra Salomón por que había desviado su corazón de Yahveh, Dios de Israel,
que se le había aparecido dos veces,
10 y le había
ordenado sobre este asunto que no fuera en pos de otros dioses, pero no
guardó lo que Yahveh le había ordenado.
11 Yahveh dijo a
Salomón: «Porque de tu parte has hecho esto y no has guardado mi alianza y
las leyes que te ordené, voy a arrancar el reino de sobre ti y lo daré a un
siervo tuyo.
12 No lo haré sin
embargo en vida tuya por causa de David tu padre; lo arrancaré de mano de tu
hijo.
13 Tampoco
arrancaré todo el reino; daré una tribu a tu hijo, en atención a David, mi
siervo, y a causa de Jerusalén que he elegido.»
14 Suscitó Yahveh
un adversario a Salomón en Hadad, edomita, de la estirpe real de Edom.
15 Cuando David
batió a Edom, y Joab, jefe del ejército, subió a sepultar los muertos, mató
a todos los varones de Edom,
16 pues Joab y
todo Israel permanecieron allí seis meses hasta exterminar todos los varones
de Edom.
17 Pero Hadad
consiguió huir con algunos hombres edomitas de entre los servidores de su
padre, para irse a Egipto. Era Hadad un muchacho pequeño.
18 Habían partido
de Madián y llegaron a Farán, tomaron consigo hombres de Farán y llegaron a
Egipto, donde Faraón, rey de Egipto, que le dio casa, le prometió sustento y
le dio tierras.
19 Hadad encontró
mucho favor a los ojos de Faraón, que le dio por mujer a la hermana de su
mujer, la hermana de la Gran Dama Tajfenés.
20 La hermana de
Tajfenés le dio a luz a su hijo Guenubat, que Tajfenés crió en la casa de
Faraón, y Guenubat vivió en la casa de Faraón con los hijos de Faraón.
21 Oyó Hadad en
Egipto que David se había acostado con sus padres y que había muerto Joab,
jefe del ejército, y dijo Hadad a Faraón: «Déjame partir para ir a mi
tierra.»
22 Faraón le
dijo: «¿Qué te falta a mi lado para que trates de ir a tu tierra?» El
respondió: «Nada, pero déjame partir.»
23 Dios le
suscitó otro adversario en Rezón, hijo de Elyadá, que había huido del lado
de su señor Hadadézer, rey de Sobá:
24 se le unieron
algunos hombres y se hizo jefe de banda. Fue entonces cuando David los mató.
El se fue a Damasco, se estableció allí, y comenzó a reinar en Damasco.
25 Fue un
adversario de Israel toda la vida de Salomón. Este mal hizo Hadad: tuvo
aversión a Israel y reinó en Edom.
26 Jeroboam era
hijo de Nebat, efraimita de Seredá; su madre se llamaba Seruá y era viuda.
Era servidor de Salomón y alzó la mano contra el rey.
27 Esta fue la
ocasión de que alzara su mano contra el rey: Salomón estaba construyendo el
Milló, para cerrar la brecha de la ciudad de David su padre.
28 Este Jeroboam
era hombre de valía. Salomón vio cómo este joven hacía su trabajo y le puso
al frente de toda la leva de la casa de José.
29 Por aquel
tiempo salió Jeroboam de Jerusalén, y el profeta Ajías de Silo le encontró
en el camino. Iba éste cubierto con un manto nuevo y estaban los dos solos
en el campo.
30 Ajías tomó el
manto nuevo que llevaba, lo rasgó en doce jirones
31 y dijo a
Jeroboam: «Toma para ti diez jirones, porque así dice Yahveh, Dios de
Israel: Voy a hacer jirones el reino de manos de Salomón y te voy a dar diez
tribus.
32 Le quedará la
otra tribu en atención a mi siervo David y a Jerusalén, la ciudad que me
elegí entre todas las tribus de Israel;
33 porque me ha
abandonado y se ha postrado ante Astarté, diosa de los sidonios, ante Kemós,
dios de Moab, y ante Milkom, dios de los ammonitas, y no ha seguido mis
caminos haciendo lo que es justo a mis ojos, ni mis decretos ni mis
sentencias como su padre David.
34 Pero no tomaré
todo el reino de su mano; le mantendré como príncipe todos los días de su
vida en atención a David mi siervo, a quién elegí y que guardó mis mandatos
y mis decretos.
35 Pero tomaré el
reino de mano de su hijo y te daré de él diez tribus;
36 daré a su hijo
una tribu para que quede siempre a David mi siervo una lámpara en mi
presencia, delante de mí en Jerusalén, la ciudad que me elegí para poner
allí mi Nombre.
37 Te tomaré a ti
y te haré reinar sobre cuanto desee tu alma, y serás rey de Israel.
38 Si escuchas
todo cuanto yo te ordene, y andas por mi camino, y haces lo recto a mis ojos
guardando mis decretos y mis mandamientos como hizo David mi siervo, yo
estaré contigo y te edificaré una casa estable como se la edifiqué a David.
Te entregaré Israel
39 y humillaré el
linaje de David por esta causa. Pero no para siempre.»
40 Salomón trató
de dar muerte a Jeroboam, pero Jeroboam se levantó y huyó a Egipto, junto a
Sosaq, rey de Egipto, y estuvo en Egipto hasta la muerte de Salomón.
41 El resto de
los hechos de Salomón, todo lo que hizo y su sabiduría ¿no está escrito en
el libro de los hechos de Salomón?
42 El tiempo que
Salomón reinó en Jerusalén sobre todo Israel fue de cuarenta años.
43 Se acostó
Salomón con sus padres y fue sepultado en la ciudad de su padre David. Reinó
en su lugar su hijo Roboam.
1 Roboam se fue a
Siquem, porque todo Israel había ido a Siquem para proclamarle rey.
2 Lo supo
Jeroboam, hijo de Nebat, que estaba todavía en Egipto, adonde había ido
huyendo del rey Salomón y se volvió Jeroboam de Egipto.
3 Enviaron a
llamarle y llegó Jeroboam con toda la asamblea de Israel y hablaron a Roboam
diciendo:
4 «Tu padre ha
hecho pesado nuestro yugo; ahora tú aligera la dura servidumbre de tu padre
y el pesado yugo que puso sobre nosotros, y te serviremos.»
5 El les dijo:
«Id, y dentro de tres días volved a mí», y el pueblo se fue.
6 El rey Roboam
pidió consejo a los ancianos que habían servido a su padre Salomón en vida
de éste, diciendo: «¿ Qué me aconsejáis que responda a este pueblo?»
7 Ellos le
respondieron: «Si tú te haces hoy servidor de este pueblo y les sirves y les
das buenas palabras, ellos serán siervos tuyos para siempre».
8 Pero él
abandonó el consejo que los ancianos le aconsejaron y pidió consejo a los
jóvenes que se habían criado con él y estaban a su servicio.
9 Les dijo: «¿Qué
me aconsejáis que responda a este pueblo que me ha hablado diciendo: aligera
el yugo que tu padre puso sobre nosotros?»
10 Los jóvenes
que se habían criado con él respondieron diciendo: «Esto debes responder a
este pueblo que te ha dicho: "Tu padre hizo pesado nuestro yugo; ahora tú
aligera nuestro yugo", esto debes responder: Mi dedo meñique es más grueso
que los lomos de mi padre.
11 Un yugo pesado
cargó mi padre, mas yo haré más pesado vuestro yugo; mi padre os azotaba con
azotes pero yo os azotaré con escorpiones.»
12 Vino Jeroboam
con todo el pueblo a Roboam al tercer día, según lo había dicho el rey:
«Volved a mí al tercer día.»
13 El rey
respondió al pueblo con dureza, abandonando el consejo que los ancianos le
aconsejaron,
14 y hablándoles
según el consejo de los jóvenes diciendo: «Mi padre hizo pesado vuestro
yugo, yo lo haré más pesado todavía. Mi padre os ha azotado con azotes, mas
yo os azotaré con escorpiones.»
15 No escuchó el
rey al pueblo, pues se trataba de una intervención de Yahveh para
cumplimiento de la palabra que Yahveh había anunciado a Jeroboam, hijo de
Nebat, por medio de Ajías de Silo.
16 Viendo todo
Israel que el rey no le oía, replicó el pueblo al rey diciendo: «¿Qué parte
tenemos nosotros con David? ¡No tenemos herencia en el hijo de Jesé! ¡A tus
tiendas, Israel! ¡Mira ahora por tu casa, David!» Israel se fue a sus
tiendas.
17 Roboam reinó
sobre los israelitas que habitaban en las ciudades de Judá.
18 El rey Roboam
envió a Adoram, jefe de la leva, pero todo Israel le mató a pedradas; el rey
Roboam se apresuró a subir a su carro para huir a Jerusalén.
19 Israel está en
desobediencia contra la casa de David hasta el día de hoy.
20 Cuando todo
Israel supo que Jeroboam había vuelto, enviaron a llamarle a la asamblea y
le hicieron rey sobre todo Israel; no hubo quien siguiera a la casa de
David, aparte sólo la tribu de Judá.
21 En llegando a
Jerusalén reunió Roboam a toda la casa de Judá y a la tribu de Benjamín,
180.000 hombres guerreros escogidos, para combatir contra la casa de Israel
y devolver el reino a Roboam, hijo de Salomón.
22 Pero fue
dirigida la palabra de Dios a Semaías, hombre de Dios, diciendo:
23 «Habla a
Roboam, hijo de Salomón, rey de Judá, y a toda la casa de Judá, a Benjamín y
al resto del pueblo y diles:
24 Así habla
Yahveh: No subáis a combatir con vuestros hermanos los israelitas. Que cada
uno se vuelva a su casa porque esto es cosa mía.» Ellos escucharon la
palabra de Yahveh, y se volvieron para ir conforme a la palabra de Yahveh.
25 Jeroboam
fortificó Siquem, en la montaña de Efraím, y habitó en ella. Salió de ella y
fortificó Penuel.
26 Jeroboam se
dijo en su corazón: «En esta situación el reino acabará por volver a la casa
de David.
27 Si este pueblo
continúa subiendo para ofrecer sacrificios en la Casa de Yahveh en
Jerusalén, el corazón de este pueblo se volverá a su señor, a Roboam, rey de
Judá, y me matarán.»
28 Tomó consejo
el rey, hizo dos becerros de oro, y dijo al pueblo: «Basta ya de subir a
Jerusalén. Este es tu dios, Israel, el que te hizo subir de la tierra de
Egipto.»
29 Colocó uno en
Betel,
30 y el pueblo
fue con el otro hasta Dan.
31 Hizo Casas en
los altos y estableció sacerdotes del común del pueblo que no eran de los
hijos de Leví.
32 Hizo Jeroboam
una fiesta en el mes octavo, el día quince del mes, parecida a la fiesta de
Judá, y subió al altar. Así hizo en Betel, ofreciendo sacrificios a los
becerros que había hecho y estableciendo en Betel sacerdotes para los altos
que había instituido.
33 Subió al altar
que había hecho en Betel el día quince del octavo mes, el mes que se había
discurrido por su cuenta para instituir una fiesta para los israelitas, y
subió al altar para quemar incienso.
1 Por orden de
Yahveh, un hombre de Dios llegó de Judá a Betel cuando Jeroboam estaba en
pie sobre el altar para quemar incienso,
2 y por orden de
Yahveh apostrofó al altar diciendo: «Altar, altar, así dice Yahveh: Ha
nacido a la casa de David un hijo llamado Josías que sacrificará sobre ti a
los sacerdotes de los altos, a los que queman incienso sobre ti, y quemará
huesos humanos sobre ti.»
3 Aquel mismo día
dio una señal diciendo: «Esta es la señal de que Yahveh habla: el altar va a
romperse y se va derramar la ceniza que hay sobre él.»
4 Cuando el rey
oyó lo que el hombre de Dios decía contra el altar de Betel, extendió su
mano desde encima del altar diciendo: «Prendedle.» Pero la mano que extendió
contra él se secó y no pudo volverla hacia sí.
5 El altar se
rompió y se esparció la ceniza del altar según la señal que había dado el
hombre de Dios por orden de Yahveh.
6 Respondió el
rey al hombre de Dios: «Aplaca, por favor el rostro de Yahveh tu Dios, para
que mi mano pueda volver a mí.» Aplacó el hombre de Dios el rostro de
Yahveh, volvió la mano al rey y quedo como antes.
7 Dijo el rey al
hombre de Dios: «Entra en casa conmigo para confortarte y te haré un
regalo.»
8 Dijo el hombre
de Dios al rey: «Aunque me dieras la mitad de tu casa no entraré contigo y
no comeré ni beberé agua en este lugar,
9 porque así me
lo ha ordenado la palabra de Yahveh: No comerás pan ni beberás agua ni
volverás por el camino por el que has ido.»
10 Y se fue por
otro camino, no volvió por el camino por donde había venido a Betel.
11 Vivía en Betel
un anciano profeta. Vinieron sus hijos y le contaron cuanto había hecho
aquel día el hombre de Dios en Betel, contaron a su padre las palabras que
dijo el rey.
12 Su padre les
dijo: «¿Por qué camino se ha ido?» Sus hijos le mostraron el camino por el
que se fue el hombre de Dios que vino de Judá.
13 Dijo a sus
hijos: «Aparejadme el asno.» Y aparejaron el asno y se montó sobre él.
14 Fue en
seguimiento del hombre de Dios y le encontró sentado bajo el terebinto y le
dijo: «¿Eres tú el hombre de Dios que ha venido de Judá?» El respondió: «Yo
soy.»
15 Le dijo: «Ven
conmigo a casa y comerás algo.»
16 Respondió: «No
puedo volver contigo ni puedo comer pan ni beber agua en este lugar
17 porque la
palabra de Dios me dijo: No comerás pan ni beberás agua ni volverás por el
camino por el que viniste.»
18 Pero él le
dijo: «También yo soy profeta como tú, y un ángel me ha hablado por orden de
Yahveh diciendo: Hazle volver contigo a tu casa para que coma y beba agua»,
pero le mentía.
19 Se volvió,
pues, con él y comió pan y bebió agua en su casa.
20 Estando ellos
sentados a la mesa, fue dirigida la palabra de Dios al profeta que le había
hecho volver,
21 y gritó al
hombre de Dios que vino de Judá, diciendo: «Así dice Yahveh: Porque has
desobedecido la voz de Yahveh y no has guardado la orden que Yahveh tu Dios
te había dado,
22 sino que te
has vuelto y has comido pan y has bebido agua en el lugar del que dijo: No
comerás pan y no beberás agua, tu cadáver no entrará en la tumba de tus
padres.»
23 Después de
haber comido y bebido, el profeta que le había hecho volver le aparejó su
asno.
24 Partió, y un
león le encontró en el camino y le mató; su cadáver yacía en el camino y el
asno permanecía junto a él; también el león permanecía junto al cadáver.
25 Pasaron
algunos hombres que vieron el cadáver tirado en el camino y al león que
permanecía junto al cadáver; entraron y lo contaron en la ciudad en que
vivía el anciano profeta.
26 Lo oyó el
profeta que le había hecho volver del camino, y dijo: «Es el hombre de Dios
que desobedeció la orden de Yahveh, y Yahveh lo ha entregado al león que le
ha destrozado y matado, según la palabra que le dijo Yahveh.»
27 Habló a sus
hijos diciendo: «Aparejadme el asno», y se lo aparejaron.
28 Partió, y
halló el cadáver tendido en el camino, y al asno y al león que permanecían
junto al cadáver. El león no había devorado el cadáver ni había destrozado
al asno.
29 Levantó el
profeta el cadáver del hombre de Dios, lo puso sobre el asno y lo trajo.
Entró en la ciudad el anciano profeta, le lloró y le sepultó.
30 Depositó el
cadáver en su propio sepulcro, e hicieron la lamentación sobre él: «¡Ay,
hermano mío!»
31 Después que le
hubo sepultado, dijo a sus hijos: «Cuando yo muera, me sepultaréis en el
sepulcro en que ha sido sepultado el hombre de Dios; junto a sus huesos
depositaréis mis huesos,
32 porque con
toda certeza se cumplirá la palabra que por orden de Yahveh gritó contra el
altar de Betel y contra todos los santuarios de los altos que hay en las
ciudades de Samaría.»
33 Después de
esto no se volvió Jeroboam de su mal camino, continuó haciendo sacerdotes
para los altos de entre el pueblo común; a todo el que lo deseaba le
investía como sacerdote de los altos,
34 Este proceder
hizo caer en pecado a la casa de Jeroboam y fue causa de su perdición y su
exterminio de sobre la faz de la tierra.
1 Por aquel
tiempo cayó enfermo Abías, hijo de Jeroboam.
2 Dijo Jeroboam a
su mujer: «Levántate y disfrázate para que no se sepa que eres la mujer de
Jeroboam, y vete a Silo, pues estará allí el profeta Ajías, el que me
predijo que yo reinaría sobre este pueblo.
3 Toma en tus
manos diez panes, tortas y un tarro de miel, y entra donde él; él te
revelará qué será del niño.»
4 Así lo hizo la
mujer de Jeroboam: se levantó, se fue a Silo, y entró en la casa de Ajías.
Ajías no podía ver porque sus pupilas se habían quedado rígidas a causa de
su vejez,
5 pero Yahveh
había dicho a Ajías: «Mira, la mujer de Jeroboam viene a pedirte un oráculo
acerca de su hijo que está enfermo. Esto y esto le dirás. Cuando ella entre,
se hará pasar por otra.»
6 En oyendo Ajías
el ruido de sus pasos, cuando entraba por la puerta, dijo: «Entra, mujer de
Jeroboam. ¿Por qué quieres pasar por otra? Tengo un duro mensaje para ti.
7 Vete a decir a
Jeroboam: "Así dice Yahveh, Dios de Israel: Por cuanto te levanté de en
medio del pueblo y te puse como caudillo de mi pueblo Israel,
8 arranqué el
reino de la casa de David para dártelo a ti, pero tú no has sido como mi
siervo David que guardó mis mandamientos y me siguió con todo su corazón
haciendo sólo lo que es recto a mis ojos,
9 mientras que tú
has hecho más mal que todos los que fueron antes que tú, y has ido a hacerte
otros dioses, imágenes fundidas, para irritarme, y me has arrojado detrás de
tus espaldas,
10 por esto, voy
a hacer venir el mal sobre la casa de Jeroboam y quitaré a Jeroboam todos
los varones, esclavos o libres en Israel, barreré a fondo la casa de
Jeroboam como se barre del todo la basura.
11 Los de
Jeroboam que mueran en la ciudad serán comidos por los perros, y los que
mueran en el campo, serán comidos por las aves del cielo, porque ha hablado
Yahveh."
12 Cuanto a ti,
levántate y vete a tu casa; cuando tus pies entren en la ciudad, morirá el
niño.
13 Todo Israel le
llorará y le darán sepultura. Este tan sólo de los de Jeroboam entrará en el
sepulcro, porque de la casa de Jeroboam sólo en él se ha hallado algo bueno
ante Yahveh, Dios de Israel.
14 Yahveh se
suscitará un rey sobre Israel que exterminará la casa de Jeroboam.
15 Yahveh
golpeará a Israel como las aguas agitan una caña, y arrojará a Israel de
esta tierra buena que dio a sus padres, y los dispersará al otro lado del
Río, porque hicieron sus cipos que irritaban a Yahveh.
16 Y entregará a
Israel a causa de los pecados que cometió Jeroboam e hizo cometer a Israel.»
17 La mujer de
Jeroboam se levantó, se fue y entró en Tirsá; y cuando ella entraba en el
umbral de su casa, había muerto el niño.
18 Le dieron
sepultura y todo Israel hizo duelo según la palabra que Yahveh había dicho
por boca de su siervo, el profeta Ajías.
19 El resto de
los hechos de Jeroboam, cómo guerreó y cómo reinó, están escritos en el
libro de los Anales de los reyes de Israel.
20 El tiempo que
reinó Jeroboam fueron veintidós años y se acostó con sus padres. Reinó en su
lugar su hijo Nadab.
21 Roboam, hijo
de Salomón, reinó en Judá; tenía 41 años Roboam cuando comenzó a reinar y
reinó diecisiete años en Jerusalén, la ciudad que había elegido Yahveh de
entre todas las tribus de Israel para poner en ella su Nombre. El nombre de
su madre era Naamá, ammonita.
22 Judá hizo el
mal a los ojos de Yahveh. Irritaron su celo más que lo hicieron sus padres
por los pecados que cometían:
23 también ellos
se construyeron altos, estelas y cipos en toda colina elevada y bajo todo
árbol frondoso.
24 Hasta
consagrados a la prostitución hubo en la tierra. Hicieron todas las
abominaciones de las gentes que Yahveh había arrojado de delante de los
israelitas.
25 El año quinto
del rey Roboam, Sosaq, rey de Egipto, subió contra Jerusalén
26 y se apoderó
de los tesoros de la Casa de Yahveh y de los tesoros de la casa del rey; de
todo se apoderó. Y, como llevó todos los escudos de oro que había hecho
Salomón,
27 el rey Roboam
hizo en su lugar escudos de bronce, que confió a los jefes de la guardia que
custodiaban la entrada de la casa del rey.
28 Cuando el rey
entraba en la Casa de Yahveh, la guardia los llevaba y después los devolvía
a la sala de la guardia.
29 El resto de
los hechos de Roboam, todo cuanto hizo, ¿no está escrito en el libro de los
Anales de los reyes de Judá?
30 Hubo guerra
continua entre Roboam y Jeroboam.
31 Roboam se
acostó con sus padres y fue sepultado en la ciudad de David. Reinó en su
lugar su hijo Abiyyam.
1 El año
dieciocho del rey Jeroboam, hijo de Nebat, comenzó a reinar Abiyyam sobre
Judá.
2 Reinó tres años
en Jerusalén; el nombres de su madre era Maaká, hija de Absalón.
3 Siguió en todo
los pecados que su padre había hecho antes de él, y su corazón no fue por
entero de Yahveh su Dios, como el corazón de David su padre.
4 Pero en
atención a David, le dio Yahveh su Dios una lámpara en Jerusalén, suscitando
a su hijo después de él y manteniendo en pie a Jerusalén,
5 porque David
había hecho lo que era recto a los ojos de Yahveh y no se había apartado de
cuanto le ordenó en todos los días de su vida, salvo en el caso de Urías el
hitita.
7 El resto de los
hechos de Abiyyam, todo cuanto hizo, ¿no está escrito en el libro de los
Anales de los reyes de Judá? Hubo guerra entre Abiyyam y Jeroboam.
8 Se acostó
Abiyyam con sus padres y le sepultaron en la ciudad de David. Reinó en su
lugar su hijo Asá.
9 El año veinte
de Jeroboam, rey de Israel, comenzó a reinar Asá en Judá.
10 Reinó 41 años
en Jerusalén; su abuela se llamaba Maaká, hija de Absalón.
11 Asá hizo lo
recto a los ojos de Yahveh, como David su padre.
12 Expulsó de la
tierra a los consagrados a la prostitución, y quitó todos los ídolos que sus
padres habían hecho.
13 Incluso llegó
a quitar a su abuela Maaká el título de Gran Dama porque había hecho un
Horror para Aserá. Asá abatió este Horror y lo quemó en el torrente Cedrón.
14 Pero no
desaparecieron los altos, aunque el corazón de Asá estuvo del todo con
Yahveh toda su vida.
15 Llevó a la
Casa de Yahveh las ofrendas consagradas por su padre y sus propias ofrendas,
plata, oro y utensilios.
16 Hubo guerra
entre Asá y Basá, rey de Israel, toda su vida.
17 Basá, rey de
Israel, subió contra Judá y fortificó Ramá, para cortar las comunicaciones a
Asá, rey de Judá.
18 Sacó entonces
Asá toda la plata y el oro que quedaban en los tesoros de la Casa de Yahveh
y en los tesoros de la casa del rey, se lo dio a sus servidores y los envió
a Ben Hadad, hijo de Tabrimmón, hijo de Jezyón, rey de Aram, que habitaba en
Damasco, diciendo:
19 «Haya alianza
entre nosotros como entre mi padre y tu padre. Te envío un presente de plata
y oro. Anda, rompe tu alianza con Basá, rey de Israel, para que se aleje de
mí.»
20 Ben Hadad
escuchó al rey Asá y envió a los jefes de su ejército contra las ciudades de
Israel, conquistando Iyyón, Dan y Abel Bet Maaká, todo el Kinerot y todo el
país de Neftalí.
21 Cuando Basá lo
supo suspendió las fortificaciones de Ramá y se volvió a Tirsá.
22 El rey Asá
convocó a todo Judá sin excepción. Se llevaron la piedra y la madera con que
Basá fortificaba Ramá, y el rey Asá fortificó con ellas Gueba de Benjamín y
Mispá.
23 El resto de
los hechos de Asá, toda su bravura y cuanto hizo, ¿no está escrito en el
libro de los Anales de los reyes de Judá? Sólo que en su ancianidad enfermó
de los pies.
24 Asá se acostó
con sus padres y fue sepultado con sus padres en la ciudad de su padre
David. Reinó después de él su hijo Josafat.
25 Nadab, hijo de
Jeroboam, comenzó a reinar en Israel el año segundo de Asá, rey de Judá, y
reinó dos años sobre Israel.
26 Hizo el mal a
los ojos de Yahveh, y anduvo por el camino de su padre y en el pecado con
que hizo pecar a Israel.
27 Basá, hijo de
Ajías, de la casa de Isacar, conspiró contra él y le mató en Guibbetón de
los filisteos, cuando Nadab y todo Israel estaban asediando a Guibbetón.
28 Basá le hizo
morir el año tercero de Asá, rey de Judá, y reinó en su lugar.
29 Cuando se hizo
rey, mató a toda la casa de Jeroboam, no dejó a nadie de los de Jeroboam con
vida, hasta exterminarlos según la palabra que Yahveh había dicho por boca
de su siervo el profeta Ajías de Silo,
30 por los
pecados que Jeroboam cometió e hizo cometer a Israel y con los que provocó
la irritación de Yahveh, Dios de Israel.
31 El resto de
los hechos de Nadab y todo cuanto hizo, ¿no está escrito en el libro de los
Anales de los reyes de Israel?
33 El año tercero
de Asá, rey de Judá, comenzó a reinar Basá, hijo de Ajías, sobre todo Israel
en Tirsá; reinó veinticuatro años.
34 Hizo el mal a
los ojos de Yahveh y fue por el camino de Jeroboam y por el pecado con que
hizo pecar a Israel.
1 Fue dirigida la
palabra de Yahveh a Jehú, hijo de Jananí, contra Basá diciendo:
2 «Por cuanto te
he levantado del polvo y te he puesto como jefe de mi pueblo Israel, pero tú
has ido por el camino de Jeroboam y has hecho pecar a mi pueblo Israel
irritándome con sus pecados,
3 voy a barrer a
Basá y a su casa y voy a hacer tu casa parecida a la casa de Jeroboam, hijo
de Nebat.
4 Los de Basá que
mueran en la ciudad serán comidos por los perros, y a los que mueran en el
campo los comerán las aves del cielo.»
5 El resto de los
hechos de Basá, todo cuanto hizo y su bravura, ¿no está escrito en el libro
de los Anales de los reyes de Israel?
6 Basá se acostó
con sus padres y le sepultaron en Tirsá. Reinó en su lugar su hijo Elá.
7 Fue dirigida la
palabra de Yahveh por boca del profeta Jehú, hijo de Jananí, contra Basá y
contra su casa por todo el mal que hizo a los ojos de Yahveh, irritándole
con sus obras, hasta hacerse semejante a la casa de Jeroboam, y también por
haber exterminado a ésta.
8 El año
veintiséis de Asá, rey de Judá, comenzó a reinar Elá, hijo de Basá, sobre
Israel en Tirsá, y reinó dos años.
9 Su servidor
Zimrí, jefe de la mitad de los carros, conspiró contra él, cuando estaba en
Tirsá bebiendo hasta emborracharse, en casa de Arsá, que estaba al frente de
la casa de Tirsá.
10 Entró Zimrí y
le hirió matándole el año veintisiete de Asá, rey de Judá, y reinó en su
lugar.
11 Cuando se hizo
rey, apenas sentado sobre su trono, mató a toda la familia de Basá, sin
dejar ningún varón ni pariente ni amigo.
12 Zimrí
exterminó a toda la casa de Basá según la palabra que Yahveh dijo a Basá por
boca del profeta Jehú,
13 por todos los
pecados que Basá y Elá, su hijo, cometieron e hicieron cometer a Israel
provocando con sus vanos ídolos la indignación de Yahveh, Dios de Israel.
14 El resto de
los hechos de Elá, todo cuanto hizo, ¿no está escrito en el libro de los
Anales de los reyes de Israel?
15 El año
veintisiete de Asá, rey de Judá, reinó Zimrí siete días en Tirsá. El pueblo
estaba acampado en Guibbetón de los filisteos.
16 Las tropas
acampadas oyeron decir: «Ha conspirado Zimrí y ha llegado a matar al rey», y
aquel mismo día todo Israel proclamó en el campamento a Omrí, jefe del
ejército, como rey de Israel.
17 Omrí y todo
Israel con él subieron de Guibbetón y pusieron sitió a Tirsá.
18 Cuando Zimrí
vio que la ciudad iba a ser tomada, entró en la ciudadela de la casa del
rey, prendió fuego sobre sí a la casa del rey y murió,
19 a causa del
pecado que cometió haciendo el mal a los ojos de Yahveh, yendo por el camino
de Jeroboam y por el pecado que hizo cometer a Israel.
20 El resto de
los hechos de Zimrí y la conjuración que tramó, ¿no está escrito en el libro
de los Anales de los reyes de Israel?
21 Entonces el
pueblo de Israel se dividió en dos mitades; una mitad del pueblo siguió a
Tibní, hijo de Guinat, para hacerle rey; la otra mitad a Omrí.
22 El pueblo que
seguía a Omrí prevaleció sobre el pueblo que seguía a Tibní, hijo de Guinat;
Tibní murió y reinó Omrí.
23 El año 31 de
Asá, rey de Judá, comenzó a reinar Omrí sobre Israel y reinó doce años.
Reinó seis años en Tirsá.
24 Compró la
montaña de Samaría a Sémer por dos talentos de plata, fortificó el monte, y
a la ciudad que él había construido puso por nombre Samaría, del nombre de
Semer, dueño del monte.
25 Omrí hizo el
mal a los ojos de Yahveh y fue peor que cuantos le precedieron.
26 Fue en todo
por el camino de Jeroboam, hijo de Nebat, y por el pecado que hizo cometer a
Israel irritando a Yahveh, Dios de Israel, con sus vanos ídolos.
27 El resto de
los hechos de Omrí, cuanto hizo y su bravura ¿no está escrito en el libro de
los Anales de los reyes de Israel?
28 Se acostó Omrí
con sus padres, y fue sepultado en Samaría. Reinó en su lugar su hijo Ajab.
29 Ajab, hijo de
Omrí, comenzó a reinar en Israel el año 38 de Asá, rey de Judá. Ajab, hijo
de Omrí, reinó sobre Israel en Samaría veintidós años.
30 Ajab, hijo de
Omrí, hizo el mal a los ojos de Yahveh más que todos los que fueron antes
que él.
31 Lo de menos
fue haber seguido los pecados de Jeroboam, hijo de Nebat, sino que, además,
tomó por mujer a Jezabel, hija de Ittobaal, rey de los sidonios, y se fue a
servir a Baal postrándose ante él.
32 Alzó un altar
a Baal en el santuario de Baal que edificó en Samaría.
33 Hizo Ajab el
cipo y aumentó la indignación de Yahveh, Dios de Israel, más que todos los
reyes de Israel que le precedieron.
34 En su tiempo
Jiel de Betel reedificó Jericó. Al precio de Abirón, su primogénito, puso
los fundamentos, y al precio de su hijo menor Segub, puso las puertas, según
la palabra que dijo Yahveh por boca de Josué, hijo de Nun.
1 Elías tesbita,
de Tisbé de Galaad, dijo a Ajab: «Vive Yahveh, Dios de Israel, a quien
sirvo. No habrá estos años rocío ni lluvia más que cuando mi boca lo diga.»
2 Fue dirigida la
palabra de Yahveh a Elías diciendo:
3 «Sal de aquí,
dirígete hacia oriente y escóndete en el torrente de Kerit que está al este
del Jordán.
4 Beberás del
torrente y encargaré a los cuervos que te sustenten allí.»
5 Hizo según la
palabra de Yahveh, y se fue a vivir en el torrente de Kerit que está al este
del Jordán.
6 Los cuervos le
llevaban pan por la mañana y carne por la tarde, y bebía del torrente.
7 Al cabo de los
días se secó el torrente, porque no había lluvia en el país.
8 Le fue dirigida
la palabra de Yahveh a Elías diciendo:
9 «Levántate y
vete a Sarepta de Sidón y quédate allí, pues he ordenado a una mujer viuda
de allí que te dé de comer.»
10 Se levantó y
se fue a Sarepta. Cuando entraba por la puerta de la ciudad había allí una
mujer viuda que recogía leña. La llamó Elías y dijo: «Tráeme, por favor, un
poco de agua para mí en tu jarro para que pueda beber.»
11 Cuando ella
iba a traérsela, le gritó: «Tráeme, por favor, un bocado de pan en tu mano.»
12 Ella dijo:
«Vive Yahveh tu Dios, no tengo nada de pan cocido: sólo tengo un puñado de
harina en la tinaja y un poco de aceite en la orza. Estoy recogiendo dos
palos, entraré y lo prepararé para mí y para mi hijo, lo comeremos y
moriremos.»
13 Pero Elías le
dijo: «No temas. Entra y haz como has dicho, pero primero haz una torta
pequeña para mí y tráemela, y luego la harás para ti y para tu hijo.
14 Porque así
habla Yahveh, Dios de Israel: No se acabará la harina en la tinaja, no se
agotará el aceite en la orza hasta el día en que Yahveh conceda la lluvia
sobre la haz de la tierra.
15 Ella se fue e
hizo según la palabra de Elías, y comieron ella, él y su hijo.
16 No se acabó la
harina en la tinaja ni se agotó el aceite en la orza, según la palabra que
Yahveh había dicho por boca de Elías.
17 Después de
estas cosas, el hijo de la dueña de la casa cayó enfermo, y la enfermedad
fue tan recia que se quedó sin aliento.
18 Entonces ella
dijo a Elías: «¿Qué hay entre tú y yo, hombre de Dios? ¿Es que has venido a
mí para recordar mis faltas y hacer morir a mi hijo?»
19 Elías
respondió: «Dame tu hijo.» El lo tomó de su regazo y subió a la habitación
de arriba donde él vivía, y lo acostó en su lecho;
20 después clamó
a Yahveh diciendo: «Yahveh, Dios mío, ¿es que también vas a hacer mal a la
viuda en cuya casa me hospedo, haciendo morir a su hijo?»
21 Se tendió tres
veces sobre el niño, invocó a Yahveh y dijo: «Yahveh, Dios mío, que vuelva,
por favor, el alma de este niño dentro de él.»
22 Yahveh escucho
la voz de Elías, y el alma del niño volvió a el y revivió.
23 Tomó Elías al
niño, lo bajó de la habitación de arriba de la casa y se lo dio a su madre.
Dijo Elías: «Mira, tu hijo vive.»
24 La mujer dijo
a Elías: «Ahora sí que he conocido bien que eres un hombre de Dios, y que es
verdad en tu boca la palabra de Yahveh.»
1 Pasado mucho
tiempo, fue dirigida la palabra de Yahveh a Elías, al tercer año, diciendo:
«Vete a presentarte a Ajab, pues voy a hacer llover sobre la superficie de
la tierra.»
2 Fue Elías a
presentarse a Ajab. El hambre se había apoderado de Samaría.
3 Ajab llamó a
Abdías, que estaba al frente de la casa - Abdías era muy temeroso de Yahveh.
4 Cuando Jezabel
exterminó a los profetas de Yahveh, Abdías había tomado cien profetas y los
había ocultado, de cincuenta en cincuenta, en una cueva, dándoles de comer
pan y agua. -
5 Dijo Ajab a
Abdías: «Ven, vamos a recorrer el país por todas sus fuentes y todos sus
torrentes; acaso encontremos hierba para mantener los caballos y mulos y no
tengamos que suprimir el ganado.»
6 Se repartieron
el país para recorrerlo: «Ajab se fue solo por un camino y Abdías se fue
solo por otro.
7 Estando Abdías
en camino, le salió Elías al encuentro. Le reconoció y cayó sobre su rostro
y dijo: ¿Eres tú Elías, mi señor?»
8 El respondió:
«Yo soy. Vete a decir a tu señor: Ahí está Elías.»
9 Respondió: «¿En
qué he pecado, pues entregas a tu siervo en manos de Ajab para hacerme
morir?
10 ¡Vive Yahveh
tu Dios! No hay nación o reino donde no haya mandado a buscarte mi señor, y
cuando decían: "No está aquí", hacía jurar a la nación o al reino que no te
había encontrado.
11 Y ahora tú
dices: "Vete a decir a tu señor: Ahí está Elías."
12 Y sucederá
que, cuando me aleje de ti, el espíritu de Yahveh te llevará no sé dónde,
llegaré a avisar a Ajab, pero no te hallará y me matará. Sin embargo, tu
siervo teme a Yahveh desde su juventud.
13 ¿Nadie ha
hecho saber a mi señor lo que hice cuando Jezabel mató a los profetas de
Yahveh, que oculté a cien de los profetas de Yahveh, de cincuenta en
cincuenta, en una cueva, y les alimenté con pan y agua?
14 Y ahora tú me
dices: "Vete a decir a tu señor: Ahí está Elías." ¡Me matará»
15 Respondió
Elías: «¡Vive Yahveh Sebaot a quien sirvo! Hoy me presentaré a él.»
16 Abdías fue al
encuentro de Ajab y le avisó, y Ajab partió al encuentro de Elías.
17 Cuando Ajab
vio a Elías le dijo: «¿Eres tú, azote de Israel?»
18 El respondió:
«No soy yo el azote de Israel, sino tú y la casa de tu padre, por haber
abandonado a Yahveh y haber seguido a los Baales.
19 Pero ahora,
envía a reunir junto a mí a todo Israel en el monte Carmelo, y a los 450
profetas de Baal que comen a la mesa de Jezabel.»
20 Ajab envió a
todos los israelitas y reunió a los profetas en el monte Carmelo.
21 Elías se
acercó a todo el pueblo y dijo: «¿Hasta cuándo vais a estar cojeando con los
dos pies? Si Yahveh es Dios, seguidle; si Baal, seguid a éste.» Pero el
pueblo no le respondió nada.
22 Dijo Elías al
pueblo: «He quedado yo solo como profeta de Yahveh, mientras que los
profetas de Baal son 450.
23 Que se nos den
dos novillos; que elijan un novillo para ellos, que los despedacen y lo
pongan sobre la leña, pero que no pongan fuego. Yo prepararé el otro novillo
y lo pondré sobre la leña, pero no pondré fuego.
24 Invocaréis el
nombre de vuestro dios; yo invocaré el nombre de Yahveh. Y el dios que
responda por el fuego, ése es Dios.» Todo el pueblo respondió: «¡Está bien!»
25 Elías dijo a
los profetas de Baal: «Elegíos un novillo y comenzad vosotros primero, pues
sois más numerosos. Invocad el nombre de vuestro dios, pero no pongáis
fuego.»
26 Tomaron el
novillo que les dieron, lo prepararon e invocaron el nombre de Baal desde la
mañana hasta el mediodía, diciendo: «¡Baal, respóndenos!» Pero no hubo voz
ni respuesta. Danzaban cojeando junto al altar que habían hecho.
27 Llegado el
mediodía, Elías se burlaba de ellos y decía: «¡Gritad más alto, porque es un
dios; tendrá algún negocio, le habrá ocurrido algo, estará en camino; tal
vez esté dormido y se despertará!»
28 Gritaron más
alto, sajándose, según su costumbre, con cuchillos y lancetas hasta chorrear
la sangre sobre ellos.
29 Cuando pasó el
mediodía, se pusieron en trance hasta la hora de hacer la ofrenda, pero no
hubo voz, ni quien escuchara ni quien respondiera.
30 Entonces Elías
dijo a todo el pueblo: «Acercaos a mí.» Todo el pueblo se acercó a él.
Reparó el altar de Yahveh que había sido demolido.
31 Tomó Elías
doce piedras según el número de las tribus de los hijos de Jacob, al que fue
dirigida la palabra de Yahveh diciendo: «Israel será tu nombre.»
32 Erigió con las
piedras un altar al nombre de Yahveh, e hizo alrededor del altar una zanja
que contenía como unas dos arrobas de sembrado.
33 Dispuso leña,
despedazó el novillo y lo puso sobre la leña.
34 Después dijo:
«Llenad de agua cuatro tinajas y derramadla sobre el holocausto y sobre la
leña.» Lo hicieron así. Dijo: «Repetid» y repitieron. Dijo: «Hacedlo por
tercera vez.» Y por tercera vez lo hicieron.
35 El agua corrió
alrededor del altar, y hasta la zanja se llenó de agua.
36 A la hora en
que se presenta la ofrenda, se acercó el profeta Elías y dijo: «Yahveh, Dios
de Abraham, de Isaac y de Israel, que se sepa hoy que tú eres Dios en Israel
y que yo soy tu servidor y que por orden tuya he ejecutado toda estas cosas.
37 Respóndeme,
Yahveh, respóndeme, y que todo este pueblo sepa que tú, Yahveh, eres Dios
que conviertes sus corazones.»
38 Cayó el fuego
de Yahveh que devoró el holocausto y la leña, y lamió el agua de las zanjas.
39 Todo el pueblo
lo vio y cayeron sobre su rostro y dijeron: «¡Yahveh es Dios, Yahveh es
Dios!»
40 Elías les
dijo: «Echad mano a los profetas de Baal, que no escape ninguno de ellos»;
les echaron mano y Elías les hizo bajar al torrente de Quisón, y los degolló
allí.
41 Dijo Elías a
Ajab: «Sube, come y bebe, porque ya se oye el rumor de la lluvia.»
42 Subió Ajab a
comer y beber, mientras que Elías subía a la cima del Carmelo, y se encorvó
hacia la tierra poniendo su rostro entre las rodillas.
43 Dijo a su
criado : «Sube y mira hacia el mar.» Subió, miró y dijo: «No hay nada.» El
dijo: «Vuelve.» Y esto siete veces.
44 A la séptima
vez dijo: «Hay una nube como la palma de un hombre, que sube del mar.»
Entonces dijo: «Sube a decir a Ajab: Unce el carro y baja, no te detenga la
lluvia.»
45 Poco a poco se
fue oscureciendo el cielo por las nubes y el viento y se produjo gran
lluvia. Ajab montó en su carro y se fue a Yizreel.
46 La mano de
Yahveh vino sobre Elías que, ciñéndose la cintura, corrió delante de Ajab
hasta la entrada de Yizreel.
1 Ajab refirió a
Jezabel cuanto había hecho Elías y cómo había pasado a cuchillo a todos los
profetas.
2 Envió Jezabel
un mensajero a Elías diciendo: «Que los dioses me hagan esto y me añaden
esto otro si mañana a estas horas no he puesto tu alma igual que el alma de
uno de ellos.»
3 El tuvo miedo,
se levantó y se fue para salvar su vida. Llegó a Berseba de Judá y dejó allí
a su criado.
4 El caminó por
el desierto una jornada de camino, y fue a sentarse bajo una retama. Se
deseó la muerte y dijo: «¡Basta ya, Yahveh! ¡Toma mi vida, porque no soy
mejor que mis padres!»
5 Se acostó y se
durmió bajo una retama, pero un ángel le tocó y le dijo: «Levántate y come.»
6 Miró y vio a su
cabecera una torta cocida sobre piedras calientes y un jarro de agua. Comió
y bebió y se volvió a acostar.
7 Volvió segunda
vez el ángel de Yahveh, le tocó y le dijo: «Levántate y come, porque el
camino es demasiado largo para ti.»
8 Se levantó,
comió y bebió, y con la fuerza de aquella comida caminó cuarenta días y
cuarenta noches hasta el monte de Dios, el Horeb.
9 Allí entró en
la cueva, y pasó en ella la noche. Le fue dirigida la palabra de Yahveh, que
le dijo: «¿Qué haces aquí Elías?»
10 El dijo: «Ardo
en celo por Yahveh, Dios Sebaot, porque los israelitas han abandonado tu
alianza, han derribado tus altares y han pasado a espada a tus profetas;
quedo yo solo y buscan mi vida para quitármela.»
11 Le dijo: «Sal
y ponte en el monte ante Yahveh.» Y he aquí que Yahveh pasaba. Hubo un
huracán tan violento que hendía las montañas y quebrantaba las rocas ante
Yahveh; pero no estaba Yahveh en el huracán. Después del huracán, un temblor
de tierra; pero no estaba Yahveh en el temblor.
12 Después del
temblor, fuego, pero no estaba Yahveh en el fuego. Después del fuego, el
susurro de una brisa suave.
13 Al oírlo
Elías, cubrió su rostro con el manto, salió y se puso a la entrada de la
cueva. Le fue dirigida una voz que le dijo: «¿Qué haces aquí, Elías?»
14 El respondió:
«Ardo en celo por Yahveh, Dios Sebaot, porque los israelitas han abandonado
tu alianza, han derribado tus altares y han pasado a espada a tus profetas;
quedo yo solo y buscan mi vida para quitármela.»
15 Yahveh le
dijo: «Anda, vuelve por tu camino hacia el desierto de Damasco. Vete y unge
a Jazael como rey de Aram.
16 Ungirás a
Jehú, hijo de Nimsí, como rey de Israel, y a Eliseo, hijo de Safat, de Abel
Mejolá, le ungirás como profeta en tu lugar.
17 Al que escape
a la espada de Jazael le hará morir Jehú, y al que escape a la espada de
Jehú, le hará morir Eliseo.
18 Pero me
reservaré 7.000 en Israel: todas las rodillas que no se doblaron ante Baal,
y todas las bocas que no le besaron.»
19 Partió de allí
y encontró a Eliseo, hijo de Safat, que estaba arando. Había delante de él
doce yuntas y él estaba con la duodécima. Pasó Elías y le echó su manto
encima.
20 El abandonó
los bueyes, corrió tras de Elías y le dijo: «Déjame ir a besar a mi padre y
a mi madre y te seguiré.» Le respondió: «Anda, vuélvete, pues ¿qué te he
hecho?»
21 Volvió atrás
Eliseo, tomó el par de bueyes y los sacrificó, asó su carne con el yugo de
los bueyes y dio a sus gentes, que comieron. Después se levantó, se fue tras
de Elías y entró a su servicio.
1 Ben Hadad, rey
de Aram, reunió todo su ejército. Tenía consigo 32 reyes, caballos y carros.
Subió y puso sitio a Samaría y la atacó.
2 Envió
mensajeros a la ciudad, a Ajab, rey de Israel,
3 para decirle:
«Así habla Ben Hadad: Tu plata y tu oro son para mí. Tus mujeres y tus hijos
para ti.»
4 El rey de
Israel respondió: «Como tú dices, rey mi señor, tuyo soy yo y todo lo mío.»
5 Volvieron los
mensajeros y dijeron: «Así habla Ben Hadad: Envío a decirte: Me darás tu
plata, tu oro, tus mujeres y tus hijos.
6 Así que mañana
a estas horas te enviaré mis siervos y registrarán tu casa y las casas de
tus siervos, y echarán mano a cuanto les guste, y se lo llevarán.»
7 Convocó el rey
de Israel a todos los ancianos de la tierra y les dijo: «Reconoced y ved que
éste busca hacer el mal. Me pide mis mujeres y mis hijos a pesar de que no
le he negado mi plata y mi oro.»
8 Todos los
ancianos y todo el pueblo dijeron: «No le escuches, no consientas.»
9 Dijo a los
enviados de Ben Hadad: «Decid a mi señor el rey: Todo lo que mandaste la
primera vez a tu siervo, lo haré; pero esto no puedo hacerlo.» Se fueron los
mensajeros llevando la respuesta.
10 Entonces, Ben
Hadad envió a decir: «Esto me hagan los dioses y esto me añadan si hay
bastante polvo en Samaría para los puños de todo el pueblo que me sigue.»
11 El rey de
Israel respondió: «Decid: No se alabe quien se ciñe como el que se desciñe.»
12 Cuando Ben
Hadad escuchó esta palabra, estaba bebiendo con los reyes en la tienda, y
dijo a sus servidores: «Tomad posiciones.» Y tomaron posiciones contra la
ciudad.
13 Se acercó a
Ajab, rey de Israel, un profeta y le dijo: «Así habla Yahveh: ¿Has visto
esta gran multitud? Hoy la entrego en tus manos y sabrás que yo soy Yahveh.»
14 «Ajab dijo:
«¿Por medio de quién?» Respondió: «Así dice Yahveh: Por medio de los jóvenes
de los jefes de distritos.» Preguntó Ajab: «¿Quién debe entablar el
combate?» Respondió: «Tú.»
15 Pasó revista a
los jóvenes de los jefes de distritos, que eran 232; después de ellos, pasó
revista a todo el pueblo, todos los israelitas, 7.000.
16 Hicieron una
salida a mediodía, mientras Ben Hadad estaba bebiendo hasta la embriaguez en
sus tiendas con los 32 reyes auxiliares.
17 Salieron en
cabeza los jóvenes de los jefes de distritos. Enviaron a avisar a Ben Hadad:
«Han salido algunos jóvenes de Samaría.»
18 El respondió:
«Si han salido en son de paz, prendedles vivos; si han salido en son de
guerra, prendedles vivos.»
19 Salieron,
pues, de la ciudad aquellos jóvenes de los jefes de los distritos y el
ejército detrás de ellos.
20 Abatió cada
uno a su hombre. Aram se dio a la fuga e Israel le persiguió. Ben Hadad, rey
de Aram, pudo salvarse a caballo con algunos jinetes.
21 Salió el rey
de Israel y se apoderó de los caballos y carros, infligiendo a Aram una gran
derrota.
22 Se acercó el
profeta al rey de Israel y dijo: «Anda, cobra ánimo, y conoce y mira lo que
has de hacer, porque el año que viene el rey de Aram subirá contra ti.»
23 Los servidores
del rey de Aram le dijeron: «Su Dios es un Dios de las montañas; por eso
fueron más fuertes que nosotros. Pero atacaremos en la llanura y ¿no seremos
más fuertes que ellos?
24 Haz esto:
quita de su puesto a cada uno de los reyes, y pon gobernadores en su lugar.
25 Por tu parte,
recluta un ejército como el ejército que perdiste, con otros tantos caballos
y carros, y les atacaremos en la llanura. ¿No seremos más fuertes que
ellos?» Escuchó su voz e hizo así.
26 A la vuelta
del año, Ben Hadad pasó revista a los arameos y subió a Afeq para luchar
contra Israel.
27 Se pasó
revista a los israelitas que fueron provistos de vituallas y marcharon a su
encuentro. Los israelitas acamparon frente a ellos como dos rebaños de
cabras, mientras que los arameos llenaban la tierra.
28 El hombre de
Dios se acercó al rey de Israel y dijo: «Así habla Yahveh: Por haber dicho
los arameos: Yahveh es un Dios de la montaña, no es Dios de las llanuras,
voy a entregar toda esta gran muchedumbre en tus manos y sabrás que yo soy
Yahveh.»
29 Acamparon
frente a frente durante siete días y el séptimo día trabaron batalla. Los
israelitas batieron a los arameos, 100.000 infantes en un día.
30 Los restantes
huyeron a la ciudad de Afeq, pero la muralla se desplomó sobres los 27.000
hombres que quedaban. Ben Hadad había huido y se había refugiado en la
ciudad, en una habitación retirada.
31 Sus servidores
le dijeron: «Hemos oído que los reyes de la casa de Israel son reyes
misericordiosos. Deja que nos pongamos sayales sobre nuestros lomos y
cuerdas en nuestras cabezas y salgamos hacia el rey de Israel. Acaso te deje
la vida.»
32 Se ciñeron
sayales a sus lomos y cuerdas sobre sus cabezas y fueron al rey de Israel y
le dijeron: «Tu siervo Ben Hadad dice: Que pueda yo conservar mi vida.» El
respondió: «¿Vive aún? ¡Es mi hermano!»
33 Los hombres lo
tomaron como buen augurio y se apresuraron a tomarle la palabra diciendo:
«Hermano tuyo es Ben Hadad.» El dijo: «Id a traerlo.» Ben Hadad salió hacia
él, y él le hizo subir a su carro.
34 Ben Hadad le
dijo: «Devolveré las ciudades que mi padre tomó a tu padre; y tú pondrás
bazares para ti en Damasco, como mi padre puso en Samaría.» - «Con este
pacto te dejaré libre.» Hizo un pacto con él y le dejó libre.
35 Un hombre de
los hijos de los profetas dijo a su compañero: «Por orden de Yahveh,
hiéreme»; pero el hombre no quiso herirle.
36 Le dijo: «Por
no haber escuchado la voz de Yahveh, en cuanto te marches de mi lado, el
león te herirá.» Se fue de su lado y le encontró al león, que le hirió.
37 Halló a otro
hombre y le dijo: «Hiéreme.» El hombre le dio un golpe y le hirió.
38 El profeta se
fue y se puso a esperar al rey en el camino. Se había disfrazado con una
banda sobre los ojos.
39 Cuando el rey
pasaba clamó al rey y dijo: «Tu siervo había llegado al centro de la batalla
cuando uno abandonó las filas y me trajo un hombre y me dijo: "Custodia a
este hombre; si llega a faltar, tu vida responderá por la suya, o pagarás un
talento de plata."
40 Pero tu siervo
estaba ocupado aquí y allá y éste desapareció.» El rey de Israel le dijo:
«Esa es tu sentencia. Tú mismo lo has sentenciado.»
41 El entonces se
apresuró a quitarse la banda de los ojos y el rey de Israel le reconoció
como uno de los profetas.
42 Dijo al rey:
«Así dice Yahveh: Por haber dejado ir de tus manos al hombre entregado a mi
anatema, tu vida pagará por su vida y tu pueblo por su pueblo.»
43 El rey de
Israel se fue a su casa triste e irritado, y entró en Samaría.
1 Después de
estos sucesos ocurrió que Nabot, de Yizreel, tenía una viña junto al palacio
de Ajab, rey de Samaría,
2 y Ajab habló a
Nabot diciendo: «Dame tu viña para que me sirva de huerto para hortalizas,
pues está pegando a mi casa, y yo te daré por ella una viña mejor que está,
o si parece bien a tus ojos te daré su precio en dinero.»
3 Respondió Nabot
a Ajab: «Líbreme Yahveh de darte la herencia de mis padres.»
4 Se fue Ajab a
su casa triste e irritado por la palabra que le dijo Nabot de Yizreel: «No
te daré la heredad de mis padres»; se acostó en su lecho, volvió su rostro y
no quiso comer.
5 Vino a donde él
su mujer Jezabel, y le habló: «¿Por qué está triste tu espíritu y por qué no
quieres comer?»
6 El le
respondió: «Porque he hablado con Nabot de Yizreel y le he dicho: "Dame tu
viña por dinero o, si lo prefieres, te daré una viña a cambio", y me dijo:
"No te daré mi viña."»
7 Su mujer
Jezabel le dijo: «¿Y eres tú el que ejerces la realeza en Israel? Levántate,
come y que se alegre tu corazón. Yo te daré la viña de Nabot de Yizreel.»
8 Escribió cartas
en nombre de Ajab y las selló con su sello, y envió las cartas a los
ancianos y notables que vivían junto a Nabot.
9 En las cartas
había escrito: «Proclamad un ayuno y haced sentar a Nabot a la cabeza del
pueblo.
10 Haced que se
sienten frente a él dos malvados que le acusarán diciendo: "Has maldecido a
Dios y al rey" y le sacaréis y le apedrearéis para que muera.»
11 Los hombres de
la ciudad, los ancianos y notables que vivían junto a Nabot en su ciudad,
hicieron lo que Jezabel les había mandado, de acuerdo con lo escrito en las
cartas que les había remitido.
12 Proclamaron un
ayuno e hicieron sentar a Nabot a la cabeza del pueblo.
13 Llegaron los
dos malvados, se sentaron frente a él y acusaron los malvados a Nabot
delante del pueblo diciendo: «Nabot ha maldecido a Dios y al rey»; le
sacaron fuera de la ciudad, le apedrearon y murió.
14 Enviaron a
decir a Jezabel: «Nabot ha sido apedreado y ha muerto.»
15 Cuando Jezabel
oyó que Nabot había sido apedreado y muerto, dijo a Ajab: «Levántate, toma
posesión de la viña de Nabot, el de Yizreel, el que se negó a dártela por
dinero, pues Nabot ya no vive, ha muerto.»
16 Apenas oyó
Ajab que Nabot había muerto, se levantó y bajó a la viña de Nabot, el de
Yizreel, para tomar posesión de ella.
17 Entonces fue
dirigida la palabra de Yahveh a Elías tesbita diciendo:
18 «Levántate,
baja al encuentro de Ajab, rey de Israel, que está en Samaría. Está en la
viña de Nabot, a donde ha bajado a apropiársela.
19 Le hablarás
diciendo: Así habla Yahveh: Has asesinado ¿y además usurpas? Luego le
hablarás diciendo: Por esto, así habla Yahveh: En el mismo lugar en que los
perros han lamido la sangre de Nabot, lamerán también los perros tu propia
sangre.»
20 Ajab dijo a
Elías: «Has vuelto a encontrarme, enemigo mío.» Respondió: «Te he vuelto a
encontrar porque te has vendido para hacer el mal a los ojos de Yahveh.
21 Yo mismo voy a
traer el mal sobre ti y voy a barrer tu posteridad y a exterminar todo varón
de los de Ajab, libre o esclavo, en Israel.
22 Y haré tu casa
como la casa de Jeroboam, hijo de Nebat, y como la casa de Basá, hijo de
Ajías, por la irritación con que me has irritado y por haber hecho pecar a
Israel.
23 También contra
Jezabel ha hablado Yahveh diciendo: "Los perros comerán a Jezabel en la
parcela de Yizreel."
24 A los hijos de
Ajab que mueran en la ciudad los comerán los perros y a los que mueran en el
campo los comerán las aves del cielo.»
25 No hubo quien
se prestara como Ajab para hacer el mal a los ojos de Yahveh, porque su
mujer Jezabel le había seducido.
26 Su proceder
fue muy abominable, yendo tras los ídolos, en todo como los amorreos a los
que expulsó Yahveh ante los israelitas.
27 Cuando Ajab
oyó estas palabras desgarró sus vestidos y se puso un sayal sobre su carne,
ayunó y se acostó con el sayal puesto; y caminaba a paso lento.
28 Fue dirigida
la palabra de Yahveh a Elías tesbita diciendo:
29 «¿Has visto
cómo Ajab se ha humillado en mi presencia? Por haberse humillado en mi
presencia, no traeré el mal en vida suya; en vida de su hijo traeré el mal
sobre su casa.»
1 Transcurrieron
tres años sin guerra entre Aram e Israel.
2 Al tercer año
bajó Josafat, rey de Judá, donde el rey de Israel,
3 y el rey de
Israel dijo a sus servidores: «Vosotros sabéis que Ramot de Galaad nos
pertenece y no hacemos nada por rescatarla de manos del rey de Aram.»
4 Dijo a Josafat:
«¿Quieres venir conmigo para atacar a Ramot de Galaad?» Josafat respondió al
rey de Israel: «Yo soy como tú, mi pueblo como tu pueblo, mis caballos como
tus caballos.»
5 Josafat dijo al
rey de Israel: «Consulta antes, por favor, la palabra de Yahveh.»
6 El rey de
Israel reunió a los profetas, cuatrocientos hombres, y les dijo: «¿Debo
atacar a Ramot de Galaad, o debo desistir?» Le respondieron: «Sube, porque
Yahveh la entregará en manos del rey.»
7 Pero Josafat
dijo: «No hay aquí otro profeta de Yahveh a quien podamos consultar?»
8 Dijo el rey de
Israel a Josafat: «Queda todavía un hombre por quien podríamos consultar a
Yahveh, pero yo le aborrezco, porque no me profetiza el bien, sino el mal.
Es Miqueas, hijo de Yimlá.» Dijo Josafat: «No hable el rey así.»
9 Llamó el rey de
Israel a un eunuco y le dijo: «Trae en seguida a Miqueas, hijo de Yimlá.»
10 El rey de
Israel y Josafat, rey de Judá, estaban sentados cada uno en su trono,
vestidos de gala, en la era que hay a la entrada de la puerta de Samaría,
mientras que todos los profetas estaban en trance delante de ellos.
11 Sedecías, hijo
de Kenaaná se había hecho unos cuernos de hierro y decía: «Así dice Yahveh:
Con éstos acornearás a Aram hasta acabar con ellos.»
12 Todos los
profetas profetizaban del mismo modo diciendo: «Sube contra Ramot de Galaad,
tendrás éxito. Yahveh la entregará en manos del rey.»
13 El mensajero
que había ido a llamar a Miqueas le habló diciendo: «Mira que los profetas a
una voz predicen el bien al rey. Procura hablar como uno de ellos y anuncia
el bien.»
14 Miqueas
respondió: «¡Vive Yahveh!, lo que Yahveh me diga, eso anunciaré.»
15 Llegó donde el
rey y el rey le dijo: «Miqueas, ¿debemos subir a Ramot de Galaad para
atacarla o debo desistir?» Le respondió: «Sube, tendrás éxito, Yahveh la
entregará en manos del rey.»
16 Pero el rey
dijo: «¿Cuántas veces he de conjurarte a que no me digas más que la verdad
en nombre de Yahveh?»
17 Entonces él
dijo: He visto todo Israel disperso por los montes como ovejas sin pastor.
Yahveh ha dicho: «No tienen señor; que vuelvan en paz cada cual a su casa.»
18 El rey de
Israel dijo a Josafat: «¿No te dije que nunca me anuncia el bien sino el
mal?»
19 Dijo Miqueas:
«Escucha la palabra de Yahveh: He visto a Yahveh sentado en un trono y todo
el ejército de los cielos estaba a su lado, a derecha e izquierda.
20 Preguntó
Yahveh: "¿Quién engañará a Ajab para que suba y caiga en Ramot de Galaad?" Y
el uno decía una cosa y el otro otra.
21 Se adelantó el
Espíritu, se puso ante Yahveh y dijo: "Yo le engañaré." Yahveh le preguntó:
"¿De qué modo?"
22 Respondió:
"Iré y me haré espíritu de mentira en la boca de todos sus profetas." Yahveh
dijo: "Tú conseguirás engañarle. Vete y hazlo así."
23 Ahora, pues,
Yahveh ha puesto espíritu de mentira en la boca de todos estos profetas
tuyos, pues Yahveh ha predicho el mal contra ti.»
24 Se acercó
Sedecías, hijo de Kenaaná, y dio una bofetada a Miqueas en la mejilla
diciendo: «¿Por qué camino se ha ido de mí el espíritu de Yahveh para
hablarte a ti?»
25 Miqueas
replicó: «Tú mismo lo verás el día en que vayas escondiéndote de aposento en
aposento.»
26 El rey de
Israel dijo: «Prende a Miqueas y llévaselo a Amón, gobernador de la ciudad,
y a Joás, hijo del rey.
27 Y les dirás:
Así habla el rey: Meted a éste en la cárcel y racionadle el pan y el agua
hasta que yo vuelva victorioso.»
28 Dijo Miqueas:
«Si es que vuelves victorioso, no ha hablado Yahveh por mí.»
29 El rey de
Israel y Josafat, rey de Judá, subieron contra Ramot de Galaad.
30 El rey de
Israel dijo a Josafat: «Yo voy a disfrazarme para entrar en combate,
mientras que tú te pondrás tus vestidos.» El rey de Israel se disfrazó para
entrar en combate.
31 Ahora bien, el
rey de Aram había ordenado a los jefes de los carros: «No ataquéis ni a
chicos ni a grandes, sino tan sólo al rey de Israel.»
32 Cuando los
jefes de los carros vieron a Josafat, dijeron: «Seguro que es el rey de
Israel.» Y le rodearon para cargar sobre él. Pero Josafat gritó.
33 Y viendo los
jefes de los carros que no era el rey de Israel se apartaron de él.
34 Entonces un
hombre disparó su arco al azar e hirió al rey de Israel por entre las placas
de la coraza, y el rey dijo a su auriga: «Da la vuelta y sácame de la
batalla, porque me siento mal.»
35 Arreció aquel
día la batalla y el rey fue sostenido en pie en su carro frente a los
arameos, y a la tarde murió; la sangre de la herida corría por el fondo del
carro.
36 A la caída del
sol se corrió un grito por el campamento: «Cada uno a su ciudad, cada uno a
su tierra.
37 El rey ha
muerto.» Llegaron a Samaría y allí sepultaron al rey.
38 Lavaron el
carro con agua abundante junto a la alberca de Samaría y los perros lamían
la sangre y las prostitutas se bañaron en ella, según la palabra que Yahveh
había dicho.
39 El resto de
los hechos de Ajab, todo cuanto hizo, la casa de marfil que edificó, todas
las ciudades que fortificó ¿no está escrito en el libro de los Anales de los
reyes de Israel?
40 Ajab se acostó
con sus padres y reinó en su lugar su hijo Ocozías.
41 Josafat, hijo
de Asá, comenzó a reinar en Judá el año cuarto de Ajab, rey de Israel.
42 Josafat tenía
35 años cuando comenzó a reinar y reinó veinticinco años en Jerusalén. Su
madre se llamaba Azubá, hija de Siljí.
43 Siguió en todo
el camino de Asá, su padre, sin desviarse de él, haciendo lo recto a los
ojos de Yahveh.
44 Con todo, no
desaparecieron los altos; el pueblo seguía sacrificando y quemando incienso
en los altos.
45 Josafat estuvo
en paz con el rey de Israel.
46 El resto de
los hechos de Josafat, la bravura que demostró y las guerras que sostuvo ¿no
está escrito en el libro de los Anales de los reyes de Judá?
47 Barrió de la
tierra a todos los consagrados a la prostitución que habían quedado en el
país en los días de Asá su padre.
48 No había rey
establecido en Edom.
49 Josafat hizo
una flota de Tarsis para ir a Ofir por oro, pero no fue, porque se destrozó
la flota en Esyón Guéber.
50 Entonces
Ocozías, hijo de Ajab, dijo a Josafat: «Mis siervos irán con tus siervos en
la flota», pero Josafat no quiso.
51 Josafat se
acostó con sus padres y fue sepultado con sus padres en la ciudad de su
padre David y reinó en su lugar su hijo Joram.
52 Ocozías, hijo
de Ajab, comenzó a reinar sobre Israel, en Samaría, el año diecisiete de
Josafat, rey de Judá, y reinó dos años sobre Israel.
53 Hizo el mal a
los ojos de Yahveh y anduvo por el camino de su madre, y por el camino de
Jeroboam, hijo de Nabat, el que hizo pecar a Israel.
54 Sirvió a Baal
y se postró ante él, irritando a Yahveh, Dios de Israel, enteramente como lo
había hecho su padre.