1 Después de la
muerte de Ajab, Moab se rebeló contra Israel.
2 Ocozías se cayó
por la celosía de su habitación de arriba de Samaría; quedó maltrecho, y
envió mensajeros a los que dijo: «Id a consultar a Baal Zebub, dios de
Ecrón, si sobreviviré a esta desgracia.»
3 Pero el Angel
de Yahveh dijo a Elías tesbita: «Levántate y sube al encuentro de los
mensajeros del rey de Samaría y diles: ¿Acaso porque no hay Dios en Israel
vais vosotros a consultar a Baal Zebub, dios de Ecrón?
4 Por eso, así
habla Yahveh: Del lecho al que has subido no bajarás, porque de cierto
morirás.» Y Elías se fue.
5 Los mensajeros
se volvieron a Ocozías y éste les dijo: «¿Cómo así os habéis vuelto?»
6 Le
respondieron: «Nos salió al paso un hombre que nos dijo: "Andad, volveos al
rey que os ha enviado y decidle: Así habla Yahveh: ¿Acaso porque no hay Dios
en Israel envías tú a consultar a Baal Zebub, dios de Ecrón? Por eso, del
lecho al que has subido no bajarás, porque de cierto morirás."»
7 Les preguntó:
«¿Qué aspecto tenía el hombre que os salió al paso y os dijo estas
palabras?»
8 Le
respondieron: «Era un hombre con manto de pelo y con una faja de piel ceñida
a su cintura.» El dijo: «Es Elías tesbita.»
9 Le envió un
jefe de cincuenta con sus cincuenta hombres, que subió a donde él; estaba él
sentado en la cumbre de la montaña, y le dijo: «Hombre de Dios, el rey manda
que bajes.»
10 Respondió
Elías y dijo al jefe de cincuenta: «Si soy hombre de Dios, que baje fuego
del cielo y te devore a ti y a tus cincuenta.» Bajó fuego del cielo que le
devoró a él y a sus cincuenta.
11 Volvió a
enviarle otro jefe de cincuenta, que subió y le dijo: «Hombre de Dios. Así
dice el rey: Apresúrate a bajar.»
12 Respondió
Elías y le dijo: «Si soy hombre de Dios, que baje fuego del cielo y te
devore a ti y a tus cincuenta.» Bajó fuego del cielo que le devoró a él y a
sus cincuenta.
13 Volvió a
enviar un tercer jefe de cincuenta con sus cincuenta; llegó el tercer jefe
de cincuenta, cayó de rodillas ante Elías y le suplicó diciendo: «Hombre de
Dios, te ruego que mi vida y la vida de estos cincuenta tuyos sea preciosa a
tus ojos.
14 Ya ha bajado
fuego del cielo y ha devorado a los dos jefes de cincuenta anteriores y a
sus cincuenta; pues que ahora mi vida sea preciosa a tus ojos.»
15 El Angel de
Yahveh dijo a Elías: «Baja con él y no temas ante él.» Se levantó y bajó con
él donde el rey,
16 y le dijo:
«Así dice Yahveh: Porque has enviado mensajeros para consultar a Baal Zebub,
dios de Ecrón, por eso, del lecho al que has subido no bajarás, pues de
cierto morirás.»
17 Murió según la
palabra de Yahveh que Elías había dicho, y reinó en su lugar su hermano
Joram, en el año segundo de Joram, hijo de Josafat, rey de Judá, porque él
no tenía hijos.
18 El resto de
los hechos de Ocozías, lo que hizo, ¿no está escrito en el libro de los
Anales de los reyes de Israel?
1 Esto pasó
cuando Yahveh arrebató a Elías en el torbellino al cielo. Elías y Eliseo
partieron de Guilgal.
2 Dijo Elías a
Eliseo: «Quédate aquí, porque Yahveh me envía a Betel.» Eliseo dijo: «Vive
Yahveh y vive tu alma, que no te dejaré.» Y bajaron a Betel.
3 Salió la
comunidad de los profetas que había en Betel al encuentro de Eliseo y le
dijeron: «¿No sabes que Yahveh arrebatará hoy a tu señor por encima de tu
cabeza?» Respondió: «También yo lo sé. ¡Callad!»
4 Elías dijo a
Eliseo: «Quédate aquí, porque Yahveh me envía a Jericó.» Pero él respondió:
«Vive Yahveh y vive tu alma, que no te dejaré», y siguieron hacia Jericó.
5 Se acercó a
Eliseo la comunidad de los profetas que había en Jericó y le dijeron: «¿No
sabes que Yahveh arrebatará hoy a tu señor por encima de tu cabeza?»
Respondió: «También yo lo sé. ¡Callad!»
6 Le dijo Elías:
«Quédate aquí, porque Yahveh me envía al Jordán.» Respondió: «Vive Yahveh y
vive tu alma que no te dejaré», y fueron los dos.
7 Cincuenta
hombres de la comunidad de los profetas vinieron y se quedaron enfrente, a
cierta distancia; ellos dos se detuvieron junto al Jordán.
8 Tomó Elías su
manto, lo enrolló y golpeó las aguas, que se dividieron de un lado y de
otro, y pasaron ambos a pie enjuto.
9 Cuando hubieron
pasado, dijo Elías a Eliseo: «Pídeme lo que quieras que haga por ti antes de
ser arrebatado de tu lado.» Dijo Eliseo: «Que tenga dos partes de tu
espíritu.»
10 Le dijo:
«Pides una cosa difícil; si alcanzas a verme cuando sea llevado de tu lado,
lo tendrás; si no, no lo tendrás.»
11 Iban caminando
mientras hablaban, cuando un carro de fuego con caballos de fuego se
interpuso entre ellos; y Elías subió al cielo en el torbellino.
12 Eliseo le veía
y clamaba: «¡Padre mío, padre mío! Carro y caballos de Israel! ¡Auriga
suyo!» Y no le vio más. Asió sus vestidos y los desgarró en dos.
13 Tomó el manto
que se le había caído a Elías y se volvió, parándose en la orilla del
Jordán.
14 Tomó el manto
de Elías y golpeó las aguas diciendo: ¿Dónde está Yahveh, el Dios de Elías?»
Golpeó las aguas, que se dividieron de un lado y de otro, y pasó Eliseo.
15 Habiéndole
visto la comunidad de los profetas que estaban enfrente, dijeron: «El
espíritu de Elías reposa sobre Eliseo.» Fueron a su encuentro, se postraron
ante él en tierra,
16 y le dijeron:
«Hay entre tus siervos cincuenta hombres valerosos; que vayan a buscar a tu
señor, no sea que el espíritu de Yahveh se lo haya llevado y le haya
arrojado en alguna montaña o algún valle.» El dijo: «No mandéis a nadie.»
17 Como le
insistieran hasta la saciedad dijo: «Mandad.» Mandaron cincuenta hombres que
le buscaron durante tres días, pero no le encontraron.
18 Se volvieron
donde él, que se había quedado en Jericó, y les dijo: «¿No os dije que no
fuerais?».
19 Los hombres de
la ciudad dijeron a Eliseo: «El emplazamiento de la ciudad es bueno, como mi
señor puede ver, pero las aguas son malas y la tierra es estéril.»
20 El dijo:
«Traedme una olla nueva y poned sal en ella.» Y se la trajeron.
21 Fue al
manantial de las aguas, arrojó en él la sal y dijo: «Así dice Yahveh: Yo he
saneado estas aguas; ya no habrá en ellas muerte ni esterilidad.»
22 Y las aguas
quedaron saneadas hasta el día de hoy, según la palabra que dijo Eliseo.
23 De allí subió
a Betel. Iba subiendo por el camino, cuando unos niños pequeños salieron de
la ciudad y se burlaban de él diciendo: «¡Sube, calvo; sube, calvo!»
24 El se volvió,
los vio y los maldijo en nombre de Yahveh. Salieron dos osos del bosque y
destrozaron a 42 de ellos.
25 De allí se fue
al monte Carmelo, de donde se volvió a Samaría.
1 Joram, hijo de
Ajab, comenzó a reinar sobre Israel en Samaría el año dieciocho de Josafat,
rey de Judá, y reinó doce años.
2 Hizo el mal a
los ojos de Yahveh, pero no como su padre y como su madre, porque retiró la
estela de Baal que su padre había hecho.
3 Tan sólo que se
adhirió a los pecados de Jeroboam, hijo de Nebat, que hizo pecar a Israel, y
no se apartó de ellos.
4 Mesá, rey de
Moab, era pastor de ovejas y pagaba al rey de Israel 100.000 corderos y
100.000 carneros con su lana;
5 pero a la
muerte de Ajab, el rey de Moab se rebeló contra el rey de Israel.
6 Aquel día salió
el rey Joram de Samaría y pasó revista a todo Israel.
7 Fue y envió a
decir a Josafat, rey de Judá: «El rey de Moab se ha rebelado contra mí.
¿Quieres venir conmigo a la guerra contra Moab?» Respondió: «Subiré. Yo seré
como tú; mi pueblo como tu pueblo, mis caballos como tus caballos.»
8 Y preguntó:
«¿Por qué camino subiremos?» Respondió: «Por el camino del desierto de
Edom.»
9 Fueron el rey
de Israel, el rey de Judá y el rey de Edom; dieron un rodeo durante siete
días y faltó el agua para el campamento y para las bestias de carga que les
seguían.
10 El rey de
Israel dijo: «¡Ay! Que Yahveh ha llamado a estos tres reyes para entregarlos
en manos de Moab!»
11 Pero Josafat
dijo: «¿No hay aquí algún profeta de Yahveh para que consultemos a Yahveh
por su medio?» Respondió uno de los servidores del rey de Israel y dijo:
«Esta aquí Eliseo, hijo de Safat, el que vertía el agua en manos de Elías.»
12 Dijo Josafat:
«Con él está la palabra de Yahveh.» Y bajaron donde él el rey de Israel,
Josafat, y el rey de Edom.
13 Dijo Eliseo al
rey de Israel: «¿Qué tengo que ver yo contigo? ¡Vete a los profetas de tu
padre y a los profetas de tu madre!» Respondió el rey de Israel: «Es que
Yahveh ha llamado a estos tres reyes para entregarlos en manos de Moab.»
14 Dijo Eliseo:
«Vive Yahveh Seboat a quien sirvo, que si no tuviera delante a Josafat, rey
de Judá, no te atendería ni te miraría.
15 Traedme, pues,
un tañedor. Y sucedió que, mientras tocaba el tañedor, vino sobre él la mano
de Yahveh,
16 y dijo: «Así
dice Yahveh: "Haced en este valle zanjas y más zanjas ",
17 porque así,
dice Yahveh: "No veréis viento y no veréis lluvia, pero este valle se
llenará de agua y beberéis vosotros y vuestros campamentos y vuestros
ganados. "
18 Y aún es poco
esto a los ojos de Yahveh, pues entregaré a Moab en vuestras manos
19 y heriréis a
toda ciudad fuerte, talaréis todo árbol bueno, cegaréis todas las fuentes y
devastaréis todos los campos fértiles cubriéndolos de piedra.»
20 A la mañana, a
la hora de alzar la oblación, venían las aguas de la parte de Edom y la
tierra se llenó de agua.
21 Habiendo oído
todo Moab que subían los reyes para hacerles la guerra, convocaron a todos,
desde los que empezaban a ceñir espada en adelante, y se apostaron en la
frontera.
22 Al levantarse
de mañana brillaba el sol sobre las aguas y los moabitas vieron enfrente las
aguas rojas como la sangre,
23 y exclamaron:
«Es sangre; sin duda los reyes se han matado entre sí y se han herido unos a
otros. Conque ¡al botín, Moab!»
24 Cuando
llegaron al campamento de Israel, se levantaron los israelitas y batieron a
Moab, que huyó ante ellos; ellos avanzaron impetuosamente y derrotaron a
Moab,
25 destruyeron
las ciudades, arrojaron sobre los mejores campos cada uno su piedra y los
llenaron, cegaron todos los manantiales, talaron todo árbol bueno; sólo le
quedaron sus piedras a Quir Jeres, y los honderos la cercaron y la batieron.
26 Viendo el rey
de Moab que llevaba la parte peor de la batalla, tomó consigo setecientos
hombres que tiraban de espada para abrir brecha hacía el rey de Aram, pero
no pudieron.
27 Tomó entonces
a su primogénito, el que había de reinar en su lugar, y lo alzó en
holocausto sobre la muralla, y hubo gran cólera contra los israelitas, que
se alejaron de allí volviendo al país.
1 Una de las
mujeres de la comunidad de los profetas clamó a Eliseo diciendo: «Tu siervo,
mi marido, ha muerto; tú sabes que tu siervo temía a Yahveh. Pero el
acreedor ha venido a tomar mis dos hijos para esclavos suyos.»
2 Eliseo dijo:
«¿Qué puedo hacer por ti? Dime qué tienes en casa.» Respondió ella: «Tu
sierva no tiene en casa más que una orza de aceite.»
3 Dijo él: «Anda
y pide fuera vasijas a todas tus vecinas, vasijas vacías, no te quedes
corta.
4 Entra luego y
cierra la puerta tras de ti y tras de tus hijos, y vierte sobre todas esas
vasijas, y las pones aparte a medida que se vayan llenando.»
5 Se fue ella de
su lado y cerró la puerta tras de sí y tras de sus hijos; éstos le acercaban
las vasijas y ella iba vertiendo.
6 Cuando las
vasijas se llenaron, dijo ella a su hijo: «Tráeme otra vasija.» El dijo: «Ya
no hay más.» Y el aceite se detuvo.
7 Fue ella a
decírselo al hombre de Dios, que dijo: «Anda y vende el aceite y paga a tu
acreedor, y tú y tus hijos viviréis de lo restante.»
8 Un día pasó
Eliseo por Sunem; había allí una mujer principal y le hizo fuerza para que
se quedara a comer, y después, siempre que pasaba, iba allí a comer.
9 Dijo ella a su
marido: «Mira, sé que es un santo hombre de Dios que siempre viene por casa.
10 Vamos a
hacerle una pequeña alcoba de fábrica en la terraza y le pondremos en ella
una cama, una mesa, una silla y una lámpara, y cuando venga por casa, que se
retire allí.»
11 Vino él en su
día, se retiró a la habitación de arriba, y se acostó en ella.
12 Dijo él a
Guejazí su criado: «Llama a esta sunamita.» La llamó y ella se detuvo ante
él.
13 El dijo a su
criado: «Dile: Te has tomado todos estos cuidados por nosotros, ¿qué podemos
hacer por ti?, ¿quieres que hablemos en tu favor al rey o al jefe del
ejército?» Ella dijo: «Vivo en medio de mi pueblo.»
14 Dijo él: «¿Qué
podemos hacer por ella?» Respondió Guejazí: «Por desgracia ella no tiene
hijos y su marido es viejo.»
15 Dijo él:
«Llámala.» La llamó y ella se detuvo a la entrada.
16 Dijo él: «Al
año próximo, por este mismo tiempo, abrazarás un hijo.» Dijo ella: «No, mi
señor, hombre de Dios, no engañes a tu sierva.»
17 Concibió la
mujer y dio a luz un niño en el tiempo que le había dicho Eliseo.
18 Creció el niño
y un día se fue donde su padre junto a los segadores.
19 Dijo a su
padre: «¡Mi cabeza, mi cabeza!» El padre dijo a un criado: «Llévaselo a su
madre.»
20 Lo tomó y lo
llevó a su madre. Estuvo sobre las rodillas de ella hasta el mediodía y
murió.
21 Subió y le
acostó sobre el lecho del hombre de Dios, cerró tras el niño y salió.
22 Llamó a su
marido y le dijo: «Envíame uno de los criados con una asna. Voy a salir
donde el hombre de Dios y volveré.»
23 Dijo él: «¿Por
qué vas donde él? No es hoy novilunio ni sábado.» Pero ella dijo: «Paz.»
24 Hizo aparejar
el asna y dijo a su criado: «Guía y anda, no me detengas en el viaje hasta
que yo te diga.»
25 Fue ella y
llegó donde el hombre de Dios, al monte Carmelo. Cuando el hombre de Dios la
vio a lo lejos, dijo a su criado Guejazí: «Ahí viene nuestra sunamita.
26 Así que corre
a su encuentro y pregúntale: ¿Estás bien tú? ¿Está bien tu marido? ¿Está
bien el niño?» Ella respondió: «Bien.»
27 Llegó donde el
hombre de Dios, al monte, y se abrazó a sus pies; se acercó Guejazí para
apartarla, pero el hombre de Dios dijo: «Déjala, porque su alma está en
amargura y Yahveh me lo ha ocultado y no me lo ha manifestado.»
28 Ella dijo:
«¿Acaso pedí un hijo a mi señor? ¿No te dije que no me engañaras?»
29 Dijo a
Guejazí: «Ciñe tu cintura, toma mi bastón en tu mano y vete; si te
encuentras con alguien no le saludes, y si alguien te saluda no le
respondas, y pon mi bastón sobre la cara del niño.»
30 Pero la madre
del niño dijo: «Vive Yahveh y vive tu alma, que no te dejaré.» El pues, se
levantó y se fue tras ella.
31 Guejazí había
partido antes que ellos y había colocado el bastón sobre la cara del niño,
pero no tenía voz ni señales de vida, de modo que se volvió a su encuentro y
le manifestó: «El niño no se despierta.»
32 Llegó Eliseo a
la casa; el niño muerto estaba acostado en su lecho.
33 Entró y cerró
la puerta tras de ambos, y oró a Yahveh.
34 Subió luego y
se acostó sobre el niño, y puso su boca sobre la boca de él, sus ojos sobre
los ojos, sus manos sobre las manos, se recostó sobre él y la carne del niño
entró en calor.
35 Se puso a
caminar por la casa de un lado para otro, volvió a subir y a recostarse
sobre él hasta siete veces y el niño estornudó y abrió sus ojos.
36 Llamó a
Guejazí y le dijo: «Llama a la sunamita.» La llamó y ella llegó donde él.
Dijo él: «Toma tu hijo.»
37 Entró ella y,
cayendo a sus pies, se postró en tierra y salió llevándose a su hijo.
38 Cuando Eliseo
se volvió a Guilgal había hambre en el país. La comunidad de los profetas
estaba sentada ante él y dijo a su criado: «Toma la olla grande y pon a
cocer potaje para los profetas.»
39 Uno de ellos
salió al campo a recoger hierbas comestibles; encontró una viña silvestre y
recogió una especie de calabazas silvestres hasta llenar su vestido; fue y
las cortó en pedazos en la olla del potaje, pues no sabía lo que era.
40 Lo sirvieron
después para que comieran los hombres y, cuando estaban comiendo, comenzaron
a gritar diciendo: « ¡La muerte en la olla, hombre de Dios!» Y no pudieron
comer.
41 El dijo:
«Traedme harina», y la echó en la olla. Dijo: «Repartid entre la gente.»
Comieron y no había nada malo en la olla.
42 Vino un hombre
de Baal Salisa y llevó al hombre de Dios primicias de pan, veinte panes de
cebada y grano fresco en espiga; y dijo Eliseo: «Dáselo a la gente para que
coman.»
43 Su servidor
dijo: «¿Cómo voy a dar esto a cien hombres?» Él dijo: «Dáselo a la gente
para que coman, porque así dice Yahveh: Comerán y sobrará.»
44 Se lo dio,
comieron y dejaron de sobra, según la palabra de Yahveh.
1 Naamán, jefe
del ejército del rey de Aram, era hombre muy estimado y favorecido por su
señor, porque por su medio había dado Yahveh la victoria a Aram. Este hombre
era poderoso, pero tenía lepra.
2 Habiendo salido
algunas bandas de arameos, trajeron de la tierra de Israel una muchachita
que se quedó al servicio de la mujer de Naamán.
3 Dijo ella a su
señora: «Ah, si mi señor pudiera presentarse al profeta que hay en Samaría,
pues le curaría de su lepra.»
4 Fue él y se lo
manifestó a su señor diciendo: «Esto y esto ha dicho la muchacha israelita.»
5 Dijo el rey de
Aram: «Anda y vete; yo enviaré una carta al rey de Israel.» Fue y tomó en su
mano diez talentos de plata, 6.000 siclos de oro y diez vestidos nuevos.
6 Llevó al rey de
Israel la carta que decía: «Con la presente, te envío a mi siervo Naamán,
para que le cures de su lepra.»
7 Al leer la
carta el rey de Israel, desgarró sus vestidos diciendo: «¿Acaso soy yo Dios
para dar muerte y vida, pues éste me manda a que cure a un hombre de su
lepra? Reconoced y ved que me busca querella.»
8 Cuando Eliseo,
el hombre de Dios, oyó que el rey de Israel había rasgado sus vestidos,
envió a decir al rey: « ¿Por qué has rasgado tus vestidos? Que venga a mí y
sabrá que hay un profeta en Israel.»
9 Llegó Naamán
con sus caballos y su carro y se detuvo a la entrada de la casa de Eliseo.
10 Eliseo envió
un mensajero a decirle: «Vete y lávate siete veces en el Jordán y tu carne
se te volverá limpia.»
11 Se irritó
Naamán y se marchaba diciendo: «Yo que había dicho: ¡Seguramente saldrá, se
detendrá, invocará el nombre de Yahveh su Dios, frotará con su mano mi parte
enferma y sanaré de la lepra!
12 ¿Acaso el
Abaná y el Farfar, ríos de Damasco, no son mejores que todas las aguas de
Israel? ¿No podría bañarme en ellos para quedar limpio?» Y, dando la vuelta,
partió encolerizado.
13 Se acercaron
sus servidores, le hablaron y le dijeron: «Padre mío; si el profeta te
hubiera mandado una cosa difícil ¿es que no la hubieras hecho? ¡Cuánto más
habiéndote dicho: Lávate y quedarás limpio!»
14 Bajó, pues, y
se sumergió siete veces en el Jordán, según la palabra del hombre de Dios, y
su carne se tornó como la carne de un niño pequeño, y quedó limpio.
15 Se volvió al
hombre de Dios, él y todo su acompañamiento, llegó, se detuvo ante él y
dijo: «Ahora conozco bien que no hay en toda la tierra otro Dios que el de
Israel. Así pues, recibe un presente de tu siervo.»
16 Pero él dijo:
«Vive Yahveh a quien sirvo, que no lo aceptaré»; le insistió para que lo
recibiera, pero no quiso.
17 Dijo Naamán:
«Ya que no, que se dé a tu siervo, de esta tierra, la carga de dos mulos,
porque tu siervo ya no ofrecerá holocausto ni sacrificio a otros dioses sino
a Yahveh.
18 Que Yahveh
dispense a su siervo por tener que postrarse en el templo de Rimmón cuando
mi señor entre en el templo para adorar allí, apoyado en mi brazo; que
Yahveh dispense a tu siervo por ello.»
19 El le dijo:
«Vete en paz.» Y se alejó de él una cierta distancia.
20 Guejazí, el
criado de Eliseo, el hombre de Dios, se dijo: «Mi amo ha sido indulgente con
Naamán, ese arameo, al no aceptar de su mano lo que traía. ¡Vive Yahveh!,
que voy a correr tras él y tomaré algo de su mano.»
21 Guejazí partió
en seguimiento de Naamán. Naamán vio que corría tras de él y saltó del carro
a su encuentro y dijo: «Todo va bien?»
22 Respondió:
«Bien. Mi señor me envía a decirte: Acaban de llegar a mí dos jóvenes de la
montaña de Efraím, de la comunidad de los profetas; dame, por favor, para
ellos un talento de plata y dos vestidos de fiesta.»
23 Dijo Naamán:
«Dígnate aceptar dos talentos y dos vestidos de fiesta.» Le insistió, y
metió dos talentos de plata en dos sacos y se lo entregó a dos de sus
criados que lo llevaron delante de él.
24 Cuando llegó a
Ofel, lo tomó de sus manos, y lo puso en la casa y despidió a los hombres,
que se fueron.
25 Cuando llegó y
se presentó a su señor, Eliseo le dijo: «¿De dónde vienes Guejazí?»
Respondió él: «Tu siervo no ha ido ni aquí ni allá.»
26 Le replicó:
«¿No iba contigo mi corazón cuando un hombre saltó de su carro a tu
encuentro? Ahora has recibido plata y puedes adquirir jardines, olivares y
viñas, rebaños de ovejas y bueyes, siervos y siervas.
27 Pero la lepra
de Naamán se pegará a ti y a tu descendencia para siempre.» Y salió de su
presencia con lepra blanca como la nieve.
1 Los profetas
dijeron a Eliseo: «Mira, el lugar en que habitamos a tu lado, es estrecho
para nosotros.
2 Vayamos al
Jordán y tomemos allí cada uno una viga, y nos haremos allí un lugar para
habitar en él.» Dijo: «Id.»
3 Uno de ellos
dijo: «Dígnate venir con tus siervos.» Dijo él: «Iré.»
4 Se fue con
ellos y llegando al Jordán se pusieron a cortar los árboles.
5 Estaba uno
derribando una viga cuando el hierro se cayó al agua y gritó diciendo: «¡Ay,
mi señor, que era prestado!»
6 El hombre de
Dios dijo: «¿Dónde ha caído?» Y le mostró el sitio. Entonces cortó un trozo
de madera y lo arrojó allí, y sacó el hierro a flote.
7 Dijo: «Hazlo
subir hacia ti.» El extendió su mano y lo agarró.
8 El rey de Aram
estaba en guerra con Israel y celebró consejo con sus siervos diciendo:
«Bajad contra tal plaza.»
9 El hombre de
Dios envió a decir al rey de Israel: «Ten cuidado de esa plaza, porque los
arameos bajan contra ella.»
10 El rey de
Israel envió gente al lugar que el hombre de Dios le había dicho. El le
advertía y el rey estaba allí alerta, y no una ni dos veces.
11 El corazón del
rey de Aram se inquietó por este hecho, y llamando a sus oficiales les dijo:
«¿No me vais a descubrir quién nos traiciona ante el rey de Israel?»
12 Uno de los
oficiales dijo: «No, rey mi señor, sino que Eliseo, el profeta que hay en
Israel, ha avisado al rey de Israel de las palabras que has dicho en el
interior de tu dormitorio.»
13 El dijo: «Id y
ved dónde está y enviaré a prenderlo.» Se le avisó diciendo: «Está en
Dotán.»
14 Y mandó allí
caballos, carros y un fuerte destacamento, que llegaron por la noche y
cercaron la ciudad.
15 Al día
siguiente se levantó el criado del hombre de Dios para salir, pero el
destacamento rodeaba la ciudad, con caballos y carros, y su criado le dijo:
«¡Ay, mi señor!, ¿qué vamos a hacer?»
16 El respondió:
«No temas, que hay más con nosotros que con ellos.»
17 Oró Eliseo y
dijo: «Yahveh, abre sus ojos para que vea.» Abrió Yahveh los ojos del criado
y vio que la montaña estaba llena de caballos y carros de fuego en torno a
Eliseo.
18 Bajaron hacia
él los arameos y entonces Eliseo suplicó a Yahveh diciendo: «Deslumbra a
esas gentes.» Y las deslumbró según la palabra de Eliseo.
19 Eliseo les
dijo: «No es éste el camino y no es ésta la ciudad. Venid detrás de mí y os
llevaré donde el hombre que buscáis.» Y los llevó a Samaría.
20 Cuando
entraron en Samaría, Eliseo dijo: «Yahveh, abre sus ojos para que vean.»
Abrió Yahveh sus ojos y vieron que estaban dentro de Samaría.
21 Cuando el rey
de Israel los vio dijo a Eliseo: «¿Los mato, padre mío?»
22 El respondió:
«No los mates. ¿Acaso a los que haces cautivos con tu espada y con tu arco
los matas? Pon ante ellos pan y agua para que coman y beban y se vuelvan a
su señor.»
23 Les sirvió un
gran banquete, comieron, bebieron y los despidió, y se fueron a su señor, y
las bandas de Aram no volvieron a entrar en la tierra de Israel.
24 Sucedió
después de esto que Ben Hadad, rey de Aram, reunió todas sus tropas y subió
y puso sitio a Samaría.
25 Hubo gran
hambre en Samaría; y tanto la apretaron que una cabeza de asno valía ochenta
siclos de plata, y un par de cebollas silvestres cinco siclos de plata.
26 Pasaba el rey
de Israel por la muralla cuando una mujer clamó a él diciendo: «Sálvame, rey
mi señor!»
27 Respondió: «Si
Yahveh no te salva, ¿con qué puedo salvarte yo? ¿Con la era o con el lagar?»
28 Díjole el rey:
«¿Qué te ocurre?» Ella respondió: «Esta mujer me dijo: "Trae a tu hijo y lo
comeremos hoy; y el mío lo comeremos mañana."
29 Cocimos a mi
hijo y nos lo comimos; al otro día le dije: "Trae tu hijo y lo comeremos",
pero ella lo ha escondido.»
30 Cuando el rey
oyó las palabras de la mujer desgarró sus vestidos; como pasaba sobre la
muralla, el pueblo vio que llevaba sayal a raíz de su carne.
31 Dijo: «Esto me
haga el señor y esto me añada si hoy le queda la cabeza sobre los hombros a
Eliseo, hijo de Safat.»
32 Estaba Eliseo
sentado en su casa y los ancianos estaban sentados con él. El rey envió un
hombre por delante, pero antes que llegara el mensajero a donde él, dijo él
a los ancianos: «Habéis visto que este hijo de asesino ha mandado cortar mi
cabeza. Mirad, cuando llegue el mensajero, cerrad la puerta y rechazadle con
ella. ¿Acaso no se oye tras de él el ruido de los pasos de su señor?»
33 Todavía estaba
hablando con ellos cuando el rey bajó al él y dijo: «¡Todo este mal viene de
Yahveh! ¿Cómo he de confiar aún en Yahveh?»
1 Dijo Eliseo:
«Escucha la palabra de Yahveh: Así dice Yahveh: Mañana a esta hora estará la
arroba de flor de harina a siclo, y las dos arrobas de cebada a siclo, en la
puerta de Samaría.»
2 El escudero,
sobre cuyo brazo se apoyaba el rey, respondió al hombre de Dios y le dijo:
«Aunque Yahveh abriera ventanas en el cielo ¿podría ocurrir tal cosa?»
Respondió: «Con tus ojos lo verás, pero no lo comerás.»
3 Cuatro hombres
que estaban leprosos se hallaban a la entrada de la puerta y se dijeron uno
a otro: «¿Por qué estarnos aquí hasta morir?
4 Si decimos:
"vamos a entrar en la ciudad", como hay hambre en ella, allí nos moriremos,
y si nos quedamos aquí, moriremos igual. Así que vamos a pasarnos al
campamento de Aram; si nos dejan vivir, viviremos, y si no matan,
moriremos.»
5 Se levantaron
al anochecer para ir al campamento de Aram; llegaron hasta el límite del
campamento de Aram y no había allí nadie,
6 porque el Señor
había hecho oír en el campamento de Aram estrépito de carros, estrépito de
caballos y estrépito de un gran ejército, y se dijeron unos a otros: «El rey
de Israel ha tomado a sueldo contra nosotros a los reyes de los hititas y a
los reyes de Egipto para que vengan contra nosotros.»
7 Se levantaron y
huyeron al anochecer abandonando su tiendas, sus caballos y sus asnos, el
campamento tal como estaba, y huyeron para salvar sus vidas.
8 Aquellos
leprosos llegaron al límite del campamento y, entrando en una tienda,
comieron, bebieron y se llevaron de allí plata, oro y vestidos, y fueron a
esconderlo. Regresaron y entraron en otra tienda y escondieron lo que de
allí se llevaron.
9 Se dijeron uno
a otro: «No está bien lo que hacemos; hoy es un día de albricias; y si
nosotros estamos callados hasta el lucir de la mañana incurriremos en culpa;
así pues, vayamos, entremos y anunciémoslo a la casa del rey.»
10 Llegaron y
llamaron a los guardias de la ciudad y se lo anunciaron diciendo: «Hemos ido
al campamento de Aram y no hay nadie, ninguna voz de hombre; sólo los
caballos atados, los asnos atados y las tiendas intactas.»
11 Llamaron los
centinelas y lo comunicaron al interior de la casa del rey.
12 Se levantó el
rey de noche y dijo a sus oficiales: «Os voy a decir lo que nos ha hecho
Aram; saben que estamos hambrientos, han salido del campamento y se han
escondido en el campo pensando: Saldrán de la ciudad, los prenderemos vivos
y entraremos en la ciudad.»
13 Uno de los
oficiales respondió y dijo: «Que se tomen cinco de los caballos restantes,
pues les va a pasar lo que a toda la muchedumbre de Israel que ha perecido;
y enviémosles para ver.»
14 Tomaron dos
tiros de caballos y los envió el rey en pos de los arameos diciendo: «Id y
ved.»
15 Fueron tras
ellos hasta el Jordán, y todo el camino estaba lleno de vestidos y objetos
que habían arrojado los arameos en su precipitación. Los mensajeros
volvieron y se lo comunicaron al rey.
16 Salió el
pueblo y saqueó el campamento de Aram; la arroba de flor de harina estaba a
siclo y las dos arrobas de cebada a siclo, según la palabra de Yahveh.
17 El rey había
puesto de vigilancia a la puerta al escudero en cuyo brazo se apoyaba; pero
el pueblo le pisoteó en la puerta y murió, según la palabra del hombre de
Dios, cuando el rey bajó donde él.
18 Sucedió según
la palabra del hombre de Dios al rey cuando dijo: «Mañana a esta hora
estarán a siclo las dos arrobas de cebada y a siclo la arroba de flor de
harina en la puerta de Samaría.»
19 Respondió el
escudero al hombre de Dios diciendo: «Aunque Yahveh abriera ventanas en el
cielo, ¿podría ocurrir tal cosa?» Respondió: «Con tus ojos lo verás, pero no
lo comerás.»
20 Y así sucedió.
El pueblo lo pisoteó en la puerta y murió.
1 Eliseo dijo a
la mujer cuyo hijo había resucitado: «Levántate y vete, tú y tu casa, a
residir donde puedas, porque Yahveh ha llamado al hambre y viene ya hacia la
tierra por siete años.»
2 Se levantó la
mujer e hizo según la palabra del hombre de Dios; se fue ella y su familia a
vivir en tierra de filisteos siete años.
3 Al cabo de los
siete años volvió la mujer del país de los filisteos y fue a apelar al rey
por su casa y por su campo.
4 Estaba el rey
hablando con Guejazí, criado del hombre de Dios, y le decía: «Cuéntame todas
las grandes cosas que hizo Eliseo.»
5 Estaba él
contando al rey cómo había resucitado al muerto, cuando llegó la mujer, cuyo
hijo había resucitado, para apelar al rey por su casa y su campo y dijo
Guejazí: «¡Oh mi señor! Esta es la mujer y éste su hijo, al que resucitó
Eliseo.»
6 Preguntó el rey
a la mujer y ella se lo relató; el rey puso un eunuco a disposición de la
mujer diciendo: «Que se le devuelva todo lo suyo, con todos los productos
del campo, desde el día en que ella abandonó la tierra hasta ahora.»
7 Eliseo fue a
Damasco. Ben Hadad, rey de Aram, estaba enfermo y le avisaron: «El hombre de
Dios ha venido aquí.»
8 Dijo el rey a
Jazael: «Toma en tu mano un presente y vete al encuentro del hombre de Dios
y consulta a Yahveh por su medio diciendo: ¿Sobreviviré a esta enfermedad?»
9 Fue Jazael a su
encuentro llevando en su mano un presente de todo lo mejor de Damasco, la
carga de cuarenta camellos; entró, se detuvo ante él y dijo: «Tu hijo Ben
Hadad, rey de Aram, me ha enviado a ti para preguntarte: ¿Sobreviviré a esta
enfermedad?»
10 Eliseo le
dijo: «Vete y dile: "Puedes vivir"; pero Yahveh me ha hecho ver que de
cierto morirá.»
11 Y se
inmovilizaron sus facciones quedándose rígido en extremo, y rompió a llorar
el varón de Dios.
12 Dijo Jazael:
«¿Por qué llora mi señor?» Le respondió: «Porque sé el mal que vas a hacer a
los israelitas: pasarás a fuego sus fortalezas, matarás a espada a sus
mejores, aplastarás a sus pequeñuelos y abrirás el vientre a sus
embarazadas.»
13 Dijo Jazael:
«Pues, ¿qué es tu siervo? ¿Como un perro hará cosa tan enorme?» Respondió
Eliseo: «Yahveh ha hecho que te vea como rey de Aram.»
14 Partió de
junto a Eliseo y llegó donde su señor. Le preguntó: «¿Qué te ha dicho
Eliseo?» Respondió: «Me ha dicho que puedes vivir.»
15 A la mañana
siguiente tomó una manta, la empapó en agua y la extendió sobre su rostro y
murió. Reinó en su lugar Jazael.
16 El año quinto
de Joram, hijo de Ajab, rey de Israel, comenzó a reinar Joram, hijo de
Josafat, rey de Judá.
17 Tenía 32 años
cuando comenzó a reinar y reinó ocho años en Jerusalén.
18 Anduvo por el
camino de los reyes de Israel como había hecho la casa de Ajab, porque se
había casado con una mujer de la familia de Ajab, e hizo mal a los ojos de
Yahveh.
19 Pero Yahveh no
quiso destruir a Judá a causa de David su siervo según lo que le había
dicho, que le daría una lámpara en su presencia para siempre.
20 En sus días se
rebeló Edom de bajo la mano de Judá, y se proclamaron un rey.
21 Pasó Joram a
Saír con todos sus carros. Se levantó por la noche y batió a Edom que le
tenía cercado a él y a los jefes de los carros, pero el pueblo huyó a sus
tiendas.
22 Así se rebeló
Edom de bajo la mano de Judá hasta el día de hoy; también se rebeló Libná.
En aquel tiempo...
23 El resto de
los hechos de Joram, todo lo que hizo ¿no está escrito en el libro de los
Anales de los reyes de Judá?
24 Joram se
acostó con sus padres y fue sepultado con sus padres en la ciudad de David,
y reinó en su lugar su hijo Ocozías.
25 El año doce de
Joram, hijo de Ajab, rey de Israel, comenzó a reinar Ocozías, hijo de Joram,
rey de Judá.
26 Veintidós años
tenía Ocozías cuando comenzó a reinar y reinó un año en Jerusalén; el nombre
de su madre era Atalía, hija de Omrí, rey de Israel.
27 Anduvo por el
camino de la casa de Ajab, e hizo mal a los ojos de Yahveh como la casa de
Ajab, porque había emparentado con la casa de Ajab.
28 Partió con
Joram, hijo de Ajab, para hacer la guerra a Jazael, rey de Aram, en Ramot de
Galaad, y los arameos hirieron a Joram.
29 El rey Joram
se volvió a Yizreel para curarse de las heridas que le habían infligido los
arameos en Ramot cuando combatía a Jazael, rey de Aram; Ocozías, hijo de
Joram, rey de Judá, bajó a Yizreel a visitar a Joram, hijo de Ajab, porque
estaba enfermo.
1 El profeta
Eliseo llamó a uno de los hijos de los profetas y le dijo: «Ciñe tu cintura
y toma este frasco de aceite en tu mano y vete a Ramot de Galaad.
2 Cuando llegues
allí, verás a Jehú, hijo de Josafat, hijo de Nimsí; en llegando, haz que se
levante de entre sus compañeros y hazle entrar en una habitación apartada.
3 Tomarás el
frasco de aceite y lo derramarás sobre su cabeza diciendo: "Así dice Yahveh:
Te he ungido rey de Israel." Abres luego la puerta y huyes sin detenerte.»
4 El joven partió
para Ramot de Galaad.
5 Cuando llegó
estaban los jefes del ejército sentados y dijo: «Tengo una palabra para ti,
jefe.» Jehú preguntó: «¿Para quién de nosotros?» Respondió: «Para ti, jefe.»
6 Jehú se levantó
y entró en la casa; el joven derramó el aceite sobre su cabeza y le dijo:
«Así habla Yahveh, Dios de Israel: Te he ungido rey del pueblo de Yahveh, de
Israel.
7 Herirás a la
casa de Ajab, tu señor, y vengaré la sangre de mis siervos los profetas y la
sangre de todos los siervos de Yahveh de mano de Jezabel.
8 Toda la casa de
Ajab perecerá y exterminaré a todos los varones de Ajab, libres o esclavos,
en Israel.
9 Dejaré la casa
de Ajab como la casa de Jeroboam, hijo de Nebat, y como la casa de Basá,
hijo de Ajías.
10 Y a Jezabel la
comerán los perros en el campo de Yizreel; no tendrá sepultura.» Y abriendo
la puerta, huyó.
11 Jehú salió a
donde los servidores de su señor. Le dijeron: «¿Todo va bien? ¿A qué ha
venido a ti ese loco?» Respondió: «Vosotros conocéis a ese hombre y sus
palabras.»
12 Dijeron: «No
es verdad. Dínoslo.» Replicó «Esto y esto me ha dicho: Así dice Yahveh: Te
he ungido rey de Israel.»
13 Se apresuraron
a tomar cada uno su manto que colocaron bajo él encima de las gradas;
tocaron el cuerno y gritaron: «Jehú es rey.»
14 Jehú, hijo de
Josafat, hijo de Nimsí, conspiró contra Joram. Estaba Joram custodiando
Ramot de Galaad, él y todo Israel, contra Jazael, rey de Aram.
15 Pero el rey
Joram tuvo que volverse a Yizreel para curarse de las heridas que le habían
infligido los arameos en su batalla contra Jazael, rey de Aram. Jehú dijo:
«Si éste es vuestro deseo, que no salga de la ciudad ningún fugitivo que
ponga en aviso a Yizreel.»
16 Montó Jehú en
el carro y se fue a Yizreel, pues Joram estaba acostado allí, y Ocozías, rey
de Judá, había bajado a visitar a Joram.
17 El vigía que
estaba sobre la torre de Yizreel vio la tropa de Jehú que llegaba y dijo:
«Veo una tropa.» Dijo Joram: «Que se tome uno de a caballo y se le envíe a
su encuentro y pregunte: ¿Hay paz?»
18 Salió el
jinete a su encuentro y dijo: «Así dice el rey: ¿Hay paz?» Jehú respondió:
«¿Qué te importa a ti la paz? Ponte detrás de mí.» El vigía avisó: «El
mensajero ha llegado donde ellos, pero no vuelve.»
19 Volvió segunda
vez a enviar un jinete que llegó donde ellos y dijo: «Así dice el rey: ¿Hay
paz?» Respondió Jehú: «¿Qué te importa a ti la paz? Ponte detrás de mí.»
20 El vigía
avisó: «Ha llegado a ellos pero no vuelve. Su modo de guiar es el guiar de
Jehú, hijo de Nimsí, pues conduce como un loco.»
21 Dijo Joram:
«Enganchad.» Engancharon su carro y salieron Joram, rey de Israel, y
Ocozías, rey de Judá, cada uno en su carro, y partieron al encuentro de
Jehú. Le encontraron en el campo de Nabot el de Yizreel.
22 Cuando Joram
vio a Jehú, preguntó: «¿Hay paz, Jehú?» Respondió: «¿Qué paz mientras duran
las prostituciones de tu madre Jezabel y sus muchas hechicerías?»
23 Volvió riendas
Joram y huyó diciendo a Ocozías: «Traición, Ocozías.»
24 Jehú tensó el
arco en su mano y alcanzó a Joram entre los hombros; la flecha le atravesó
el corazón y se desplomó en su carro.
25 Jehú dijo a su
escudero Bidcar: «Llévale y arrójale en el campo de Nabot de Yizreel, pues
recuerda que, cuando yo y tú marchábamos en carro detrás de Ajab, su padre,
Yahveh lanzó contra él esta sentencia:
26 "¿Es que no he
visto yo ayer la sangre de Nabot y la sangre de sus hijos?, oráculo de
Yahveh. Yo le devolveré lo mismo en este campo, oráculo de Yahveh." Así que
llévale y arrójale en el campo según la palabra de Yahveh.»
27 Viendo esto
Ocozías, rey de Judá, huyó por el camino de Bet Haggan; Jehú partió en su
persecución diciendo: «¡ También a él! ¡Matadle!» Y le hirieron en su carro
en la cuesta de Gur, la de Yibleam; se refugió en Meguiddó y murió allí.
28 Sus servidores
le llevaron en carro a Jerusalén y le sepultaron en su sepulcro con sus
padres en la ciudad de David.
29 Ocozías había
comenzado a reinar en Judá en el año once de Joram, hijo de Ajab.
30 Entró Jehú en
Yizreel; habiéndolo oído Jezabel, se puso afeites en los ojos, adornó su
cabeza y se asomó a la ventana,
31 y cuando Jehú
entraba por la puerta, dijo ella: «¿Todo va bien, Zimrí, asesino de su
señor?»
32 Alzó su rostro
hacia la ventana y dijo: «¿Quién está conmigo, quién?» Se asomaron hacia él
dos o tres eunucos,
33 y él les dijo:
«Echadla abajo.» La echaron abajo y su sangre salpicó los muros y a los
caballos, que la pisotearon.
34 Entró, comió,
bebió y dijo: «Ocupaos de esa maldita y enterradla, pues es hija de rey.»
35 Fueron a
enterrarla y no hallaron de ella más que el cráneo, los pies y las palmas de
las manos.
36 Volvieron a
comunicárselo y él dijo: «Es la palabra que Yahveh había dicho por boca de
su siervo Elías tesbita: "En el campo de Yizreel comerán los perros la carne
de Jezabel.
37 El cadáver de
Jezabel será como estiércol sobre la superficie del campo, de modo que no se
podrá decir: Esta es Jezabel."»
1 Tenía Ajab
setenta hijos en Samaría. Escribió Jehú cartas y las envió a Samaría, a los
jefes de la ciudad, a los ancianos y a los preceptores de los hijos de Ajab
diciendo:
2 «Así que esta
carta llegue a vosotros, como están con vosotros los hijos de vuestro señor
y tenéis carros, caballos, una ciudad fuerte y armas,
3 ved quién es el
mejor y más justo de los hijos de vuestro señor y ponedle en el trono de su
padre y pelead por la casa de vuestro señor.»
4 Pero ellos
tuvieron grandísimo temor y dijeron: «Los dos reyes no pudieron sostenerse
ante él. ¿Cómo podremos resistir nosotros?»
5 El mayordomo de
palacio, el comandante de la ciudad, los ancianos y los preceptores enviaron
a decir a Jehú: « Somos siervos tuyos; haremos cuanto nos digas; no
proclamaremos rey a nadie; haz lo que parezca bien a tus ojos.»
6 Les envió una
segunda carta diciendo: «Si estáis por mí y escucháis mi voz, tomad a los
jefes de los hombres de la casa de vuestro señor y venid a mí mañana a esta
hora, a Yizreel.» (Los setenta hijos del rey estaban con los magnates de la
ciudad que los criaban.)
7 En llegando la
carta, tomaron a los hijos del rey y degollaron a los setenta, pusieron sus
cabezas en cestas y se las enviaron a Yizreel.
8 Entró el
mensajero y le avisó diciendo: «Han hecho traer las cabezas de los hijos del
rey.» Respondió: «Ponedlas en dos montones a la entrada de la puerta, hasta
la mañana.»
9 Por la mañana
salió, se presentó y dijo a todo el pueblo: «Sed justos. Yo he conspirado
contra mi señor y le he matado, pero ¿quién ha matado a todos éstos?
10 Sabed, pues,
que no caerá en tierra ninguna de las palabras que Yahveh dijo contra la
casa de Ajab: Yahveh ha hecho lo que dijo por boca de su siervo Elías.»
11 Y Jehú mató a
todos los que quedaban de la casa de Ajab en Yizreel, a todos sus magnates,
sus familiares, sus sacerdotes, sin dejar ni uno con vida.
12 Se levantó
Jehú y entró. Luego partió para Samaría y, estando de camino en Bet Equed de
los Pastores,
13 encontró Jehú
a los hermanos de Ocozías, rey de Judá, y preguntó: «¿Quiénes sois
vosotros?» Ellos respondieron: «Somos los hermanos de Ocozías y bajamos a
saludar a los hijos del rey y a los hijos de la reina.»
14 Dijo él:
«Prendedlos vivos.» Los prendieron vivos, y los degolló en la cisterna de
Bet Equed, 42 hombres, y no dejó ni uno de ellos.
15 Partió de allí
y encontró a Yonadab, hijo de Rekab, que le salía al encuentro; le saludó y
le dijo: «¿Es tu corazón tan recto como el mío para el tuyo?» Respondió
Yonadab: «Lo es.» «Si lo es, dame tu mano.» Yonadab le dio la mano, y él le
hizo subir a su carro.
16 Y le dijo:
«Sube conmigo y verás mi celo por Yahveh»; y le llevó en su carro.
17 Entró en
Samaría y mató a todos los supervivientes de Ajab en Samaría, hasta
exterminarlos, según la palabra que había dicho Yahveh a Elías.
18 Reunió Jehú a
todo el pueblo y les dijo: «Ajab sirvió a Baal un poco, Jehú le servirá
mucho,
19 así que
llamadme a todos los profetas de Baal, y a todos sus sacerdotes, sin que
falte ninguno, porque tengo que hacer un gran sacrificio a Baal; todo el que
falte morirá.» Jehú obraba con astucia para hacer perecer a los servidores
de Baal.
20 Dijo Jehú:
«Convocad una reunión santa para Baal.» Ellos la convocaron.
21 Envió Jehú
mensajeros por todo Israel y vinieron todos los siervos de Baal, no quedó
nadie sin venir. Entraron en el templo de Baal quedando lleno el templo de
punta a cabo.
22 Dijo al
encargado del vestuario: «Saca los vestidos para todos los servidores de
Baal.» El hizo sacar los vestidos para ellos.
23 Jehú vino con
Yonadab, hijo de Rekab, al templo de Baal y dijo a los fieles de Baal:
«Investigad y ved no haya aquí entre vosotros algún siervo de Yahveh, sino
tan sólo siervos de Baal.»
24 Y entró para
hacer los sacrificios y los holocaustos. Pero Jehú había colocado fuera
ochenta hombres y dijo: « El que deje escapar a uno de los hombres que yo
voy a entregar en vuestras manos, responderá con su vida.»
25 Cuando hubo
acabado de hacer el holocausto, dijo Jehú a la guardia y a los escuderos:
«Entrad y matadles. Que nadie salga.» La guardia y los escuderos entraron,
los pasaron a filo de espada y llegaron hasta el santuario del templo de
Baal.
26 Sacaron el
cipo del templo de Baal y lo quemaron.
27 Derribaron el
altar de Baal, demolieron el templo de Baal, y lo convirtieron en cloaca
hasta el día de hoy.
28 Jehú exterminó
a Baal de Israel.
29 Pero Jehú no
se apartó de los pecados con que Jeroboam, hijo de Nebat, hizo pecar a
Israel, los becerros de oro de Betel y de Dan.
30 Dijo Yahveh a
Jehú: «Porque te has portado bien haciendo lo recto a mis ojos y has hecho a
la casa de Ajab según todo lo que yo tenía en mi corazón, tus hijos hasta la
cuarta generación se sentarán sobre el trono de Israel.»
31 Pero Jehú no
guardó el camino de la ley de Yahveh, Dios de Israel, con todo su corazón,
no se apartó de los pecados con que Jeroboam hizo pecar a Israel.
32 En aquellos
días comenzó Yahveh a cercenar a Israel, y Jazael batió todas las fronteras
de Israel,
33 desde el
Jordán al sol levante, todo el país de Galaad, de los gaditas, de los
rubenitas, de Manasés, desde Aroer, sobre el torrente Arnón, Galaad y Basán.
34 El resto de
los hechos de Jehú, todo cuanto hizo, toda su bravura ¿no está escrito en el
libro de los Anales de los reyes de Israel?
35 Se acostó Jehú
con sus padres y le sepultaron en Samaría, y su hijo Joacaz reinó en su
lugar.
36 Los días que
Jehú reinó sobre Israel fueron veintiocho años en Samaría.