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1 Cuando Atalía,
madre de Ocozías, vio que había muerto su hijo, se levantó y exterminó toda
la estirpe real.
2 Pero Yehosebá,
hija del rey Joram y hermana de Ocozías, tomó a Joás, hijo de Ocozías y lo
sacó de entre los hijos del rey a quienes estaban matando, y puso a él y a
su nodriza en el dormitorio, ocultándolo de la vista de Atalia, y no le
mataron.
3 Seis años
estuvo escondido con ella en la Casa de Yahveh, mientras Atalía reinaba en
el país.
4 El año séptimo,
Yehoyadá envió a buscar a los jefes de cien de los carios y de los
corredores, y los hizo venir donde él a la Casa de Yahveh y, haciendo un
pacto con ellos, les hizo prestar juramento y les mostró al hijo del rey.
5 Luego, les
ordenó: «Esto es lo que tenéis que hacer: un tercio de vosotros, los que
entran el sábado, que custodien la casa del rey.
7 Las otras dos
partes, todos los que salen el sábado, se quedarán guardando la Casa de
Yahveh, junto al rey.
8 Os pondréis en
torno al rey, cada uno con sus armas en la mano. Todo el que venga contra
vuestras filas, morirá. Estaréis junto al rey en sus idas y venidas.»
9 Los jefes de
cien hicieron cuanto les mandó el sacerdote Yehoyadá. Cada uno tomó sus
hombres, los que entraban el sábado y los que salían el sábado, y vinieron
junto al sacerdote Yehoyadá.
10 El sacerdote
dio a los jefes de cien las lanzas y escudos del rey David que estaban en la
Casa de Yahveh.
11 La guardia se
apostó cada uno con sus armas en la mano, desde el lado derecho de la Casa
hasta el lado izquierdo, entre el altar y la Casa, para que rodeasen al rey.
12 Hizo salir
entonces al hijo del rey, le puso la diadema y el Testimonio y le ungió.
Batieron palmas y gritaron: «¡Viva el rey!»
13 Oyó Atalía el
clamor del pueblo y se acercó al pueblo que estaba en la Casa de Yahveh.
14 Cuando vio al
rey de pie junto a la columna, según la costumbre, y a los jefes y las
trompetas junto al rey, y a todo el pueblo de la tierra lleno de alegría y
tocando las trompetas, rasgó Atalía sus vestidos y gritó: « ¡Traición,
traición!»
15 El sacerdote
Yehoyadá dio orden a los jefes de las tropas diciendo: «Hacedla salir de las
filas y el que la siga que sea pasado a espada», porque dijo el sacerdote:
«Que no la maten en la Casa de Yahveh.»
16 Le echaron
mano y, cuando llegó a la casa del rey, por el camino de la Entrada de los
Caballos, allí la mataron.
17 Yehoyadá hizo
una alianza entre Yahveh, el rey y el pueblo, para ser pueblo de Yahveh; y
entre el rey y el pueblo.
18 Fue todo el
pueblo de la tierra al templo de Baal y lo derribó. Destrozaron sus altares
y sus imágenes, y mataron ante los altares a Matán, sacerdote de Baal. El
sacerdote puso centinelas en la Casa de Yahveh,
19 y después tomó
a los jefes de cien, a los carios y a la guardia y a todo el pueblo de la
tierra, e hicieron bajar al rey de la Casa de Yahveh y entraron a la casa
del rey por el camino de la guardia, y se sentó en el trono de los reyes.
20 Todo el pueblo
de la tierra estaba contento y la ciudad quedó tranquila; en cuanto a
Atalía, había muerto a espada en la casa del rey.
1 Siete años
tenía Joás cuando comenzó a reinar.
2 El año séptimo
de Jehú comenzó a reinar Joás y reinó cuarenta años en Jerusalén; el nombre
de su madre era Sibía de Berseba.
3 Joás hizo lo
recto a los ojos de Yahveh todos los días, porque el sacerdote Yehoyadá le
había instruido.
4 Sólo que los
altos no desaparecieron y el pueblo siguió ofreciendo sacrificios y quemando
incienso en los altos.
5 Joás dijo a los
sacerdotes: «Todo el dinero de las ofrendas sagradas que ha entrado en la
Casa de Yahveh, el dinero de las tasas personales, todo el dinero que ofrece
el corazón de cada uno a la Casa de Yahveh,
6 lo tomarán los
sacerdotes, cada uno en el círculo de sus amistades, y ellos proveerán a las
reparaciones de la Casa, en todo lo que deba ser reparado».
7 Pero en el año
veintitrés del rey Joás los sacerdotes no habían hecho las reparaciones de
la Casa.
8 Llamó entonces
el rey Joás al sacerdote Yehoyadá y a los sacerdotes y les dijo: «¿Por qué
no hacéis las reparaciones de la Casa? Así que no recibiréis el dinero de
vuestras amistades, sino que lo daréis para la reparación de la Casa.»
9 Los sacerdotes
consintieron en no tomar dinero del pueblo ni hacer reparaciones en la Casa.
10 El sacerdote
Yehoyadá tomó un cofre, hizo un agujero en la tapa y lo puso junto a la
estela, a la derecha según se entra en la Casa de Yahveh, y los sacerdotes
que custodiaban el umbral depositaban en él todo el dinero ofrecido a la
Casa de Yahveh.
11 Cuando veían
que había mucha plata en el cofre subía el secretario del rey y el sumo
sacerdote, se fundía, y se contaba la plata que se hallaba en la Casa de
Yahveh.
12 Entregaban el
dinero contado en manos de los que hacían el trabajo, los encargados de la
Casa de Yahveh; éstos lo empleaban en los carpinteros y constructores que
trabajaban en la Casa de Yahveh,
13 los albañiles
y canteros, para comprar maderas y piedra de cantería para hacer
reparaciones en la Casa de Yahveh y para cuanto había que reparar en la
Casa.
14 Pero no se
hacían para la Casa de Yahveh ni fuentes de plata, ni cuchillos, ni acetres,
ni trompetas, ni objetos de oro o plata con el dinero ofrecido a la Casa de
Yahveh,
15 sino que se
daba a los que hacían el trabajo de las reparaciones de la Casa de Yahveh.
16 No se pedían
cuentas a los hombres en cuyas manos se ponía el dinero para que lo dieran a
los que hacían el trabajo, porque trabajaban con fidelidad.
17 El dinero por
la expiación y el dinero por el pecado no era entregado a la Casa de Yahveh;
era para los sacerdotes.
18 Entonces
Jazael, rey de Aram, subió para combatir contra Gat, la tomó y se volvió
para subir contra Jerusalén.
19 Joás, rey de
Judá, tomó todas las cosas sagradas que habían consagrado sus padres
Josafat, Joram y Ocozías, reyes de Judá, todas las cosas que él mismo había
consagrado y todo el oro que se pudo encontrar en los tesoros de la Casa de
Yahveh y de la casa del rey, y lo mando a Jazael, rey de Aram, que se alejó
de Jerusalén.
20 El resto de
los hechos de Joás, todo cuanto hizo ¿no está escrito en el libro de los
Anales de los reyes de Judá?
21 Sus servidores
se levantaron y tramaron una conjura y mataron a Joás en Bet Milló...
22 Le hirieron
sus siervos Yozakar, hijo de Simat, y Yehozabad, hijo de Somer, y murió. Le
sepultaron con sus padres en la ciudad de David y reinó en su lugar su hijo
Amasías.
1 En el año
veintitrés de Joás, hijo de Ocozías, rey de Judá, comenzó a reinar Joacaz,
hijo de Jehú, sobre Israel, en Samaría; reinó diecisiete años.
2 Hizo el mal a
los ojos de Yahveh y anduvo tras los pecados con que Jeroboam hijo de Nebat,
hizo pecar a Israel, sin apartarse de ellos.
3 Se encendió la
ira de Yahveh contra los israelitas y los entregó en manos de Jazael, rey de
Aram, y en manos de Jazael, rey de Aram, y en manos de Ben Hadad, hijo de
Jazael, todo aquel tiempo.
4 Joacaz aplacó
el rostro de Yahveh y Yahveh le escuchó porque había visto la opresión de
Israel, pues el rey de Aram los oprimía.
5 Concedió Yahveh
a Israel un liberador que lo sacó de bajo la mano de Aram, pudiendo habitar
los hijos de Israel en sus tiendas como antes.
6 Pero no se
apartaron de los pecados con que Jeroboam había hecho pecar a Israel, sino
que anduvieron por ellos y el cipo siguió en pie en Samaría.
7 Pero no le
quedaron a Joacaz como tropas sino cincuenta jinetes, diez carros y 10.000
infantes, pues el rey de Aram los había exterminado y reducido a polvo de la
tierra.
8 El resto de los
hechos de Joacaz, todo cuanto hizo y su bravura ¿no está escrito en el libro
de los Anales de los reyes de Israel?
9 Se acostó
Joacaz con sus padres y lo sepultaron en Samaría. Reinó en su lugar su hijo
Joás.
10 En el año 37
de Joás, rey de Judá, comenzó a reinar Joás, hijo de Joacaz, sobre Israel,
en Samaría; reinó dieciséis años.
11 Hizo el mal a
los ojos de Yahveh, no se apartó de ninguno de los pecados con que Jeroboam,
hijo de Nebat, hizo pecar a Israel, sino que anduvo por ellos.
12 El resto de
los hechos de Joás, todo cuanto hizo, su bravura y cómo combatió contra
Amasías, rey de Judá ¿no está escrito en el libro de los Anales de los reyes
de Israel?
13 Se acostó Joás
con sus padres y Jeroboam ocupó su trono. Fue sepultado Joás en Samaría,
junto a los reyes de Israel.
14 Cuando Eliseo
enfermó de la enfermedad de que murió, bajó donde él Joás, rey de Israel, y
lloró sobre su rostro diciendo: «¡Padre mío, padre mío, carro y caballos de
Israel!»
15 Eliseo le
dijo: «Toma un arco y flechas.» El se hizo con un arco y flechas.
16 Dijo al rey de
Israel: «Pon tu mano sobre el arco»; puso su mano. Entonces Eliseo colocó
sus manos sobre las manos del rey
17 y dijo: «Abre
la ventana hacia Oriente.» El la abrió. Dijo Eliseo: «¡Tira!» El tiró. Dijo
Eliseo: «Flecha de victoria de Yahveh, flecha de victoria contra Aram.
Batirás a Aram en Afeq hasta el exterminio.»
18 Añadió: «Toma
las flechas.» El las tomó. Eliseo dijo al rey: «Hiere la tierra.» La hirió
tres veces y se detuvo.
19 El hombre de
Dios se irritó contra él y le dijo: «Tenías que haber herido cinco o seis
veces y entonces hubieras batido a Aram hasta el exterminio, pero ahora lo
batirás sólo tres veces.»
20 Eliseo murió y
le sepultaron. Las bandas de Moab hacían incursiones todos los años.
21 Estaban unos
sepultando un hombre cuando vieron la banda y, arrojando al hombre en el
sepulcro de Eliseo, se fueron. Tocó el hombre los huesos de Eliseo, cobró
vida y se puso en pie.
22 Jazael, rey de
Aram, había oprimido a Israel todos las días de Joacaz.
23 Pero Yahveh
tuvo piedad y se compadeció de ellos volviéndose a ellos a causa de su
alianza con Abraham, Isaac y Jacob y no quiso aniquilarlos ni echarlos lejos
de su rostro.
24 Murió Jazael,
rey de Aram, y reinó en su lugar su hijo Ben Hadad.
25 Entonces Joás,
hijo de Joacaz, volvió a tomar de mano de Ben Hadad, hijo de Jazael, las
ciudades que había tomado de mano de Joacaz su padre, por las armas. Joás le
batió tres veces y recobró las ciudades de Israel.
1 En el año
segundo de Joás, hijo de Joacaz, rey de Israel, comenzó a reinar Amasías,
hijo de Joás, rey de Judá.
2 Tenía
veinticinco años cuando comenzó a reinar, y reinó veintinueve años en
Jerusalén; el nombre de su madre era Yehoaddán, de Jerusalén.
3 Hizo lo recto a
los ojos de Yahveh, pero no como su padre David; hizo en todo como su padre
Joás.
4 Tan sólo que no
desaparecieron los altos, y el pueblo siguió ofreciendo sacrificios y
quemando incienso en los altos.
5 Cuando el reino
se afianzó en sus manos, mató a los servidores que habían matado al rey su
padre,
6 pero no hizo
morir a los hijos de los asesinos, según está escrito en el libro de la Ley
de Moisés, donde Yahveh dio una orden diciendo: «No harán morir a los hijos
por los padres, sino que cada uno morirá por su pecado.»
7 El fue el que
batió a los edomitas en el valle de la Sal, a 10.000 hombres, y conquistó la
Peña por las armas. La llamó Yoqteel hasta el día de hoy.
8 Entonces
Amasías envió mensajeros a Joás, hijo de Joacaz, hijo de Jehú, rey de
Israel, diciendo: «Sube, y nos veremos las caras.»
9 Joás, rey de
Israel, mandó a decir a Amasías, rey de Judá: «El cardo del Líbano mandó a
decir al cedro del Líbano: Dame tu hija para mujer de mi hijo; pero las
bestias salvajes del Líbano pasaron y pisotearon el cardo.
10 Cierto que has
batido a Edom y tu corazón te ha envanecido; sé glorioso, pero quédate en tu
casa. ¿Por qué exponerte a una calamidad y a caer tú y Judá contigo?»
11 Pero Amasías
no le escuchó; subió Joás, rey de Israel, y se enfrentaron él y Amasías, rey
de Judá, en Bet Semes de Judá.
12 Judá fue
derrotado por Israel y huyeron cada uno a su tienda.
13 Joás, rey de
Israel, capturó en Bet Semes a Amasías, rey de Judá, hijo de Joás, hijo de
Ocozías, y lo llevó a Jerusalén. Abrió brecha de cuatrocientos codos en la
muralla de Jerusalén desde la puerta de Efraím hasta la puerta del Angulo.
14 Tomó todo el
oro, toda la plata y todos los objetos que se hallaban en la Casa de Yahveh,
los tesoros de la casa del rey y también rehenes, y se volvió a Samaría.
15 El resto de
los hechos de Joás, cuanto hizo, su bravura y cómo combatió contra Amasías,
rey de Judá, ¿no está escrito en el libro de los Anales de los reyes de
Israel?
16 Se acostó Joás
con sus padres y fue sepultado en Samaría junto a los reyes de Israel. Reinó
en su lugar su hijo Jeroboam.
17 Amasías, hijo
de Joás, rey de Judá, vivió quince años después de la muerte de Joás, hijo
de Joacaz, rey de Israel.
18 El resto de
los hechos de Amasías, ¿no está escrito en el libro de los Anales de los
reyes de Judá?
19 Se conjuraron
contra él en Jerusalén y huyó a Lakís, pero enviaron gente en su persecución
hasta Lakís y allí lo mataron.
20 Trajéronle a
caballo y le sepultaron en Jerusalén con sus padres, en la Ciudad de David.
21 Todo el pueblo
de Judá tomó a Ozías, que tenía dieciséis años, y le proclamaron rey en
lugar de su padre Amasías.
22 Reconstruyó
Elat y la devolvió a Judá, después que el rey se hubo acostado con sus
padres.
23 En el año
quince de Amasías, hijo de Joás, rey de Judá, comenzó a reinar Jeroboam,
hijo de Joás, rey de Israel, en Samaría. Reinó 41 años.
24 Hizo el mal a
los ojos de Yahveh y no se apartó de todos los pecados con que Jeroboam,
hijo de Nebat, hizo pecar a Israel.
25 El restableció
las fronteras de Israel desde la Entrada de Jamat hasta el mar de la Arabá,
según la palabra que Yahveh, Dios de Israel, había dicho por boca de su
siervo, el profeta Jonás, hijo de Amittay, el de Gat de Jéfer,
26 porque Yahveh
había visto la miseria, amarga en extremo, de Israel; no había esclavo ni
libre, ni quien auxiliara a Israel.
27 No había
decidido Yahveh borrar el nombre de Israel de debajo de los cielos y lo
salvó por mano de Jeroboam, hijo de Joás.
28 El resto de
los hechos de Jeroboam, todo cuanto hizo y la bravura con que guerreó, y
cómo devolvió Jamat y Damasco a Judá y a Israel, ¿no está escrito en el
libro de los Anales de los reyes de Israel?
29 Se acostó
Jeroboam con sus padres y fue sepultado en Samaría con los reyes de Israel.
Reinó en su lugar su hijo Zacarías.
1 En el año
veintisiete de Jeroboam, rey de Israel, comenzó a reinar Ozías, hijo de
Amasías, rey de Judá.
2 Tenía dieciséis
años cuando comenzó a reinar y reinó 52 años en Jerusalén; el nombre de su
madre era Yekolía de Jerusalén.
3 Hizo lo recto a
los ojos de Yahveh, enteramente como lo había hecho su padre Amasías.
4 Sólo que no
desaparecieron los altos y el pueblo siguió ofreciendo sacrificios y
quemando incienso en los altos.
5 Yahveh hirió al
rey y quedó leproso hasta el día de su muerte. Vivió en una casa aislada, y
Jotam, hijo del rey, estaba al frente de la casa y administraba justicia al
pueblo de la tierra.
6 El resto de los
hechos de Ozías, todo cuanto hizo ¿no está escrito en el libro de los Anales
de los reyes de Judá?
7 Se acostó Ozías
con sus padres y le sepultaron con sus padres en la Ciudad de David. Reinó
en su lugar su hijo Jotam.
8 En el año 38 de
Ozías, rey de Judá, comenzó a reinar Zacarías, hijo de Jeroboam, sobre
Israel, en Samaría; reinó seis meses.
9 Hizo el mal a
los ojos de Yahveh como hicieron sus padres; no se apartó de los pecados con
que Jeroboam, hijo de Nebat, hizo pecar a Israel.
10 Sallum, hijo
de Yabés, conspiró contra él, le hirió en Yibleam, le mató, y reinó en su
lugar.
11 El resto de
los hechos de Zacarías ¿no está escrito en el libro de los Anales de los
reyes de Israel?
12 Esta fue la
palabra de Yahveh, la que habló a Jehú diciendo: «Tus hijos hasta la cuarta
generación se sentarán en el trono de Israel.» Y así fue.
13 Sallum, hijo
de Yabés, comenzó a reinar el año 39 de Ozías, rey de Judá, y reinó un mes
en Samaría.
14 Menajem, hijo
de Gadí, subió de Tirsá, entró en Samaría e hirió a Sallum, hijo de Yabés,
en Samaría; le mató y reinó en su lugar.
15 El resto de
los hechos de Sallum y la conspiración que tramó está escrito en el libro de
los Anales de los reyes de Israel.
16 Entonces hirió
Menajem a Tappúaj y a todos los que había en ella y a su territorio, a
partir de Tirsá, porque no le abrieron las puertas; a todas sus embarazadas
abrió el vientre.
17 En el año 39
de Ozías, rey de Judá, comenzó a reinar Menajem, hijo de Gadí, en Israel.
Reinó diez años en Samaría.
18 Hizo el mal a
los ojos de Yahveh y no se apartó de los pecados con que Jeroboam, hijo de
Nebat, hizo pecar a Israel. En su tiempo,
19 Pul, rey de
Asiria, vino contra el país. Menajem dio a Pul mil talentos de plata para
que le ayudara a él y afianzara el reino en su mano.
20 Menajem exigió
el dinero a Israel, a todos los notables, que habían de dar al rey de Asiria
cincuenta siclos de plata cada uno. Entonces se volvió el rey de Asiria y no
se detuvo allí en el país.
21 El resto de
los hechos de Menajem, todo cuanto hizo, ¿no está escrito en el libro de los
Anales de los reyes de Israel?
22 Menajem se
acostó con sus padres, y reinó en su lugar su hijo Pecajías.
23 En el año
cincuenta de Ozías, rey de Judá, comenzó a reinar Pecajías, hijo de Menajem,
sobre Israel, en Samaría. Reinó dos años.
24 Hizo el mal a
los ojos de Yahveh y no se apartó de los pecados con que Jeroboam, hijo de
Nebat, hizo pecar a Israel.
25 Su escudero
Pecaj, hijo de Remalías, se conjuró contra él y le hirió en Samaría, en el
torreón de la casa del rey... Había con él cincuenta hombres de los hijos de
Galaad. Hizo morir al rey y reinó en su lugar.
26 El resto de
los hechos de Pecajías, todo cuanto hizo, está escrito en el libro de los
Anales de los reyes de Israel.
27 En el año 52
de Ozías, rey de Judá, comenzó a reinar Pecaj, hijo de Remalías, sobre
Israel, en Samaría. Reinó veinte años.
28 Hizo el mal a
los ojos de Yahveh y no se apartó de los pecados con que Jeroboam, hijo de
Nebat, hizo pecar a Israel.
29 En tiempo de
Pecaj, rey de Israel, vino Teglatfalasar, rey de Asiria, y tomó Iyyón, Abel
Bet Maacá, Yanóaj, Cadés, Jasor, Galaad, Galilea, todo el país de Neftalí, y
los deportó a Asiria.
30 Oseas, hijo de
Elá, tramó una conjuración contra Pecaj, hijo de Remalías, le hirió, le mató
y reinó en su lugar.
31 El resto de
los hechos de Pecaj, todo cuanto hizo, está escrito en el libro de los
Anales de los reyes de Israel.
32 En el año
segundo de Pecaj, hijo de Remalías, rey de Israel, comenzó a reinar Jotam,
hijo de Ozías, rey de Judá.
33 Tenía
veinticinco años cuando comenzó a reinar, y reinó dieciséis años en
Jerusalén; el nombre de su madre era Yerusá, hija de Sadoq.
34 Hizo lo recto
a los ojos de Yahveh, enteramente como había hecho su padre Ozías,
35 sólo que no
desaparecieron los altos y el pueblo siguió sacrificando y quemando incienso
en los altos. Él construyó la Puerta Superior de la Casa de Yahveh.
36 El resto de
los hechos de Jotam, lo que hizo ¿no está escrito en el libro de los Anales
de los reyes de Judá?
37 En aquellos
días comenzó Yahveh a enviar contra Judá a Rasón, rey de Aram, y a Pecaj,
hijo de Remalías.
38 Jotam se
acostó con sus padres y fue sepultado con sus padres en la ciudad de su
padre David. Reinó en su lugar su hijo Ajaz.
1 En el año
diecisiete de Pecaj, hijo de Remalías, comenzó a reinar Ajaz, hijo de Jotam,
rey de Judá.
2 Tenía Ajaz
veinte años cuando comenzó a reinar y reinó dieciséis años en Jerusalén. No
hizo lo recto a los ojos de Yahveh su Dios, como su padre David.
3 Anduvo por el
camino de los reyes de Israel e incluso hizo pasar por el fuego a su hijo,
según las abominaciones de las naciones que Yahveh había arrojado ante los
israelitas.
4 Ofreció
sacrificios y quemó incienso en los altos, en las colinas y bajo todo árbol
frondoso.
5 Entonces subió
Rasón, rey de Aram, y Pecaj, hijo de Remalías, rey de Israel, para combatir
a Jerusalén y la cercaron, pero no pudieron conquistarla.
6 En aquel tiempo
el rey de Edom recobró Elat para Edom; expulsó a los de Judá de Elat,
entraron los edomitas en Elat y habitaron allí hasta el día de hoy.
7 Ajaz envió
mensajeros a Teglatfalasar, rey de Asiria, diciendo: «Soy tu siervo y tu
hijo. Sube, pues y sálvame de manos del rey de Israel que se han levantado
contra mí.»
8 Y tomó Ajaz la
plata y el oro que había en la Casa de Yahveh y en los tesoros de la casa
del rey y lo envió al rey de Asiria como presente.
9 El rey de
Asiria le escuchó y subió contra Damasco, la conquistó, los deportó a Quir y
mató a Rasón.
10 El rey Ajaz
fue a Damasco al encuentro de Teglatfalasar, rey de Asiria, y viendo el
altar que había en Damasco, envío al sacerdote Urías la imagen del altar y
su modelo, según toda su hechura.
11 El sacerdote
Urías construyó un altar; todo cuanto el rey Ajaz había mandado desde
Damasco lo realizó el sacerdote Urías antes de que el rey Ajaz regresara de
Damasco.
12 Cuando el rey
regresó de Damasco vio el altar, se acercó y subió a él.
13 Mandó quemar
sobre el altar su holocausto y su oblación, hizo su libación y derramó la
sangre de sus sacrificios de comunión;
14 desplazó el
altar de bronce que estaba ante Yahveh, delante de la Casa, de entre el
altar nuevo y la Casa de Yahveh, y lo colocó al lado del altar nuevo, hacia
el norte.
15 El rey Ajaz
ordenó al sacerdote Urías: «Sobre el altar grande quemarás el holocausto de
la mañana y la oblación de la tarde, el holocausto del rey y su oblación, el
holocausto de todo el pueblo de la tierra, sus oblaciones y sus libaciones,
derramarás sobre él toda la sangre del holocausto y toda la sangre del
sacrificio. Cuanto al altar de bronce, yo me ocuparé de él.»
16 El sacerdote
Urías hizo cuanto le había ordenado el rey Ajaz.
17 El rey Ajaz
desmontó los paneles de las basas, quitó de encima de ellos la jofaina; hizo
bajar el Mar de bronce de sobre los bueyes que estaban debajo de él y lo
colocó sobre un solado de piedra.
18 Cuanto al
estrado del trono de la Casa de Yahveh, que se había construido en ella, y
la entrada exterior del rey, lo quitó por causa del rey de Asiria.
19 El resto de
los hechos de Ajaz, lo que hizo ¿no está escrito en el libro de los Anales
de los reyes de Judá?
20 Ajaz se acostó
con sus padres y fue sepultado con sus padres en la Ciudad de David. Reinó
en su lugar su hijo Ezequías.
1 En el año doce
de Ajaz, rey de Judá, comenzó a reinar Oseas, hijo de Elá, en Samaría, sobre
Israel. Reinó nueve años.
2 Hizo el mal a
los ojos de Yahveh, aunque no como los reyes de Israel que le precedieron.
3 Salmanasar, rey
de Asiria, subió contra Oseas; Oseas se le sometió y le pagó tributo.
4 Pero el rey de
Asiria descubrió que Oseas conspiraba, pues había enviado mensajeros a So,
rey de Egipto, y no pagó tributo al rey de Asiria, como lo venía haciendo
cada año; el rey de Asiria lo detuvo y lo encadenó en la cárcel.
5 El rey de
Asiria subió por toda la tierra, llegó a Samaría y la asedió durante tres
años.
6 El año noveno
de Oseas, el rey de Asiria tomó Samaría y deportó a los israelitas a Asiria;
los estableció en Jalaj, en el Jabor, río de Gozán, y en las ciudades de los
medos.
7 Esto sucedió
porque los israelitas habían pecado contra Yahveh su Dios, que los había
hecho subir de la tierra de Egipto, de bajo la mano de Faraón, rey de
Egipto, y habían reverenciado a otros dioses,
8 siguiendo las
costumbres de las naciones que Yahveh había arrojado delante de ellos.
9 Los israelitas
maquinaron acciones no rectas contra Yahveh su Dios, se edificaron altos en
todas las ciudades, desde las torres de guardia hasta las ciudades
fortificadas.
10 Se alzaron
estelas y cipos sobre toda colina elevada y bajo todo árbol frondoso,
11 y quemaron
allí, sobre todos los altos, incienso, como las naciones que Yahveh había
expulsado de delante de ellos, y cometieron maldades, que irritaban a
Yahveh.
12 Sirvieron a
los ídolos acerca de los que Yahveh les había dicho: «No haréis tal cosa.»
13 Yahveh
advertía a Israel y Judá por boca de todos los profetas y de todos los
videntes diciendo: «Volveos de vuestros malos caminos y guardad mis
mandamientos y mis preceptos conforme a la Ley que ordené a vuestros padres
y que les envié por mano de mis siervos los profetas.»
14 Pero ellos no
escucharon y endurecieron sus cervices como la cerviz de sus padres, que no
creyeron en Yahveh su Dios.
15 Despreciaron
sus decretos y la alianza que hizo con sus padres y las advertencias que les
hizo, caminando en pos de vanidades, haciéndose ellos mismos vanidad, en pos
de las naciones que les rodeaban, acerca de las que Yahveh les había
ordenado: «No haréis como ellas.»
16 Abandonaron
todos los mandamientos de Yahveh su Dios, y se hicieron ídolos fundidos, los
dos becerros; se hicieron cipos y se postraron ante todo el ejército de los
cielos y dieron culto a Baal.
17 Hicieron pasar
a sus hijos y a sus hijas por el fuego, practicaron la adivinación y los
augurios, y se prestaron a hacer lo malo a los ojos de Yahveh, provocando su
cólera.
18 Yahveh se airó
en gran manera contra Israel y los apartó de su rostro, quedando solamente
la tribu de Judá.
19 Tampoco Judá
guardó los mandamientos de Yahveh su Dios y siguió las costumbres que
practicó Israel.
20 Rechazó Yahveh
el linaje de Israel, los humilló y los entregó en mano de saqueadores, hasta
que los arrojó de su presencia;
21 pues como
había arrancado a Israel de la casa de David y ellos se habían elegido rey a
Jeroboam, hijo de Nebat, Jeroboam alejó a Israel del seguimiento de Yahveh,
haciéndoles cometer un gran pecado.
22 Cometieron los
israelitas todos los pecados que hizo Jeroboam, y no se apartaron de ellos,
23 hasta que
Yahveh apartó a Israel de su presencia, como había anunciado por medio de
todos sus siervos los profetas; deportó a Israel de su tierra a Asiria,
hasta el día de hoy.
24 El rey de
Asiria hizo venir gentes de Babilonia, de Kutá, de Avvá, de Jamat y de
Sefarváyim y los estableció en las ciudades de Samaría en lugar de los
israelitas; ellos ocuparon Samaría y se establecieron en sus ciudades.
25 Sucedió que,
cuando comenzaron a establecerse allí, no veneraban a Yahveh, y Yahveh envió
contra ellos leones que mataron a muchos.
26 Entonces
dijeron al rey de Asiria: «Las gentes que has hecho deportar para
establecerlas en las ciudades de Samaría no conocen el culto del dios de la
tierra, y ha enviado contra ellos leones que los matan, porque ellos no
conocen el culto del dios de la tierra.»
27 El rey de
Asiria dio esta orden: «Haced partir allá a uno de los sacerdotes que
deporté de allí; que vaya y habite allí y les enseñe el culto del dios de la
tierra.»
28 Vino entonces
uno de los sacerdotes deportados de Samaría, se estableció en Betel y les
enseñó cómo debían reverenciar a Yahveh.
29 Pero cada
nación se hizo sus dioses y los pusieron en los templos de los altos que
habían hecho los samaritanos, cada nación en las ciudades que habitaba.
30 Las gentes de
Babilonia hicieron un Sukkot Benot, las gentes de Kutá hicieron un Nergal,
las gentes de Jamat hicieron un Asimá,
31 los avvitas
hicieron un Nibjaz y un Tartaq y los sefarvitas quemaban a sus hijos en
honor de Adrammélek y Anammélek, dioses de los sefarvitas.
32 Veneraban
también a Yahveh y se hicieron sacerdotes en los altos, tomados de entre
ellos, que oficiaban por ellos en los templos de los altos.
33 Reverenciaban
a Yahveh y servían a sus dioses según el rito de las naciones de donde
habían sido deportados.
34 Hasta el día
de hoy siguen sus antiguos ritos. No reverenciaban a Yahveh y no seguían sus
preceptos y sus ritos, la ley y los mandamientos que había mandado Yahveh a
los hijos de Jacob, al que dio el nombre de Israel.
35 Yahveh hizo
una alianza con ellos y les dio esta orden: «No reverenciaréis dioses
extraños, no os postraréis ante ellos, no les serviréis y no les ofreceréis
sacrificios.
36 Sino que
solamente a Yahveh, que os hizo subir de la tierra de Egipto con gran fuerza
y tenso brazo, a él reverenciaréis, ante él os postraréis y a él ofreceréis
sacrificios.
37 Guardaréis los
preceptos, los ritos, la ley y los mandamientos que os dio por escrito para
cumplirlos todos los días, y no reverenciaréis dioses extraños.
38 No olvidaréis
la alianza que hice con vosotros y no reverenciaréis dioses extraños,
39 sino que
reverenciaréis sólo a Yahveh vuestro Dios, y él os librará de la mano de
todos vuestros enemigos.»
40 Pero ellos no
escucharon, sino que siguieron haciendo según sus antiguos ritos.
41 De modo que
aquellas gentes reverenciaban a Yahveh, pero servían a sus ídolos; sus hijos
y los hijos de sus hijos continúan haciendo como hicieron sus padres hasta
el día de hoy.
1 En el año
tercero de Oseas, hijo de Elá, rey de Israel, comenzó a reinar Ezequías,
hijo de Ajaz, rey de Judá.
2 Tenía
veinticinco años cuando comenzó a reinar y reinó veintinueve años en
Jerusalén; el nombre de su madre era Abía, hija de Zacarías.
3 Hizo lo recto a
los ojos de Yahveh enteramente como David su padre.
4 El fue quien
quitó los altos, derribó las estelas, cortó los cipos y rompió la serpiente
de bronce que había hecho Moisés, porque los israelitas le habían quemado
incienso hasta aquellos días; se la llamaba Nejustán.
5 Confió en
Yahveh, Dios de Israel. Después de él no le ha habido semejante entre todos
los reyes de Judá, ni tampoco antes.
6 Se apegó a
Yahveh y no se apartó de él; guardó los mandamientos que Yahveh había
mandado a Moisés.
7 Yahveh estuvo
con él y tuvo éxito en todas sus empresas; se rebeló contra el rey de Asiria
y no le sirvió.
8 El batió a los
filisteos hasta Gaza y sus fronteras, desde las torres de guardia hasta las
ciudades fortificadas.
9 En el año
cuarto del rey Ezequías, que es el año séptimo de Oseas, hijo de Elá, rey de
Israel, subió Salmanasar, rey de Asiria, contra Samaría y la asedió.
10 La conquistó
al cabo de tres años. En el año sexto de Ezequías, que es el año noveno de
Oseas, rey de Israel, fue conquistada Samaría.
11 El rey de
Asiria deportó a los israelitas a Asiria y los instaló en Jalaj, en el
Jabor, río de Gozán, y en las ciudades de los medos,
12 porque no
escucharon la voz de Yahveh su Dios y violaron su alianza y todo cuanto
había ordenado Moisés, siervo de Yahveh. No lo escucharon y no lo
practicaron.
13 En el año
catorce del rey Ezequías subió Senaquerib, rey de Asiria, contra todas las
ciudades fortificadas de Judá y se apoderó de ellas.
14 Ezequías, rey
de Judá, envió a decir a Senaquerib a Lakís: «He pecado; deja de atacarme, y
haré cuanto me digas.» El rey de Asiria impuso a Ezequías, rey de Judá,
trescientos talentos de plata y treinta talentos de oro.
15 Ezequías
entregó todo el dinero que se encontró en la Casa de Yahveh y en los tesoros
de la casa del rey.
16 En aquella
ocasión Ezequías quitó las puertas del santuario de Yahveh y los batientes
que..., rey de Judá, había revestido de oro, y lo entregó al rey de Asiria.
17 El rey de
Asiria envió desde Lakís a Jerusalén, donde el rey Ezequías, al copero mayor
con un fuerte destacamento. Subió a Jerusalén y en llegando se colocó en el
canal de la alberca superior que está junto al camino del campo del
Batanero.
18 Llamó al rey,
y el mayordomo de palacio, Elyaquim, hijo de Jilquías, el secretario Sebná y
el heraldo Yoaj, hijo de Asaf, salieron hacia él.
19 El copero
mayor les dijo: «Decid a Ezequías: Así habla el gran rey, el rey de Asiria:
¿Qué confianza es ésa en la que te fías?
20 Te has pensado
que meras palabras de los labios son consejo y bravura para la guerra. Pero
ahora ¿en quién confías, que te has rebelado contra mí?
21 Mira: te has
confiado al apoyo de esa caña rota, de Egipto, que penetra y traspasa la
mano del que se apoya sobre ella. Pues así es Faraón, rey de Egipto, para
todos los que confían en él.
22 Pero vais a
decirme: "Nosotros confiamos en Yahveh, nuestro Dios." ¿No ha sido él,
Ezequías, quien ha suprimido los altos y los altares y ha dicho a Judá y a
Jerusalén: "Os postraréis delante de este altar en Jerusalén?"
23 Pues apostad
ahora con mi señor, el rey de Asiria: te daré 2.000 caballos si eres capaz
de encontrarte jinetes para ellos.
24 ¿Cómo harías
retroceder a uno solo de los más pequeños servidores de mi señor? ¡Te fías
de Egipto para tener carros y gentes de carro!
25 Y ahora ¿es
que yo he subido contra este lugar para destruirlo, sin Yahveh? Yahveh me ha
dicho: Sube contra esa tierra y destrúyela.»
26 Dijeron
Elyaquim, Sebná y Yoaj al copero mayor: «Por favor, háblanos a nosotros, tus
siervos, en arameo, que lo entendemos; no nos hables en lengua de Judá a
oídos del pueblo que está sobre la muralla.»
27 El copero
mayor dijo: «¿Acaso mi señor me ha enviado a decir estas cosas a tu señor, o
a ti, y no a los hombres que se encuentran sobre la muralla, que tienen que
comer sus excrementos y beber sus orinas con vosotros?»
28 Se puso en pie
el copero mayor y gritó con gran voz, en lengua de Judá, diciendo: «Escuchad
la palabra del gran rey, del rey de Asiria.
29 Así habla el
rey: No os engañe Ezequías, porque no podrá libraros de mi mano.
30 Que Ezequías
no os haga confiar en Yahveh diciendo: "De cierto nos librará Yahveh, y esta
ciudad no será entregada en manos del rey de Asiria."
31 No escuchéis a
Ezequías, porque así habla el rey de Asiria: Haced paces conmigo, rendíos a
mi y comerá cada uno de su viña y de su higuera, y beberá cada uno de su
cisterna,
32 hasta que yo
llegue y os lleve a una tierra como vuestra tierra, tierra de trigo y de
mosto, tierra de pan y de viñas, tierra de aceite y de miel, y viviréis y no
moriréis. Pero no escuchéis a Ezequías, porque os engaña diciendo: "Yahveh
nos librará."
33 ¿Acaso los
dioses de las naciones han librado cada uno a su tierra de la mano del rey
de Asiria?
34 ¿Dónde están
los dioses de Jamat y de Arpad, dónde están los dioses de Sefarváyim, de
Hená y de Ivvá? ¿Acaso han librado a Samaría de mi mano?
35 ¿Quiénes, de
entre todos los dioses de los países, los han librado de mi poder para que
libre Yahveh a Jerusalén de mi mano?»
36 Calló el
pueblo y no le respondió una palabra, porque el rey había dado esta orden
diciendo: «No le respondáis.»
37 Elyaquim, hijo
de Jilquías, mayordomo de palacio, y el secretario Sebná y el heraldo Yoaj,
hijo de Asaf, fueron a Ezequías, desgarrados los vestidos, y le relataron
las palabras del copero mayor.
1 Cuando lo oyó
el rey Ezequías desgarró sus vestidos, se cubrió de sayal y se fue a la Casa
de Yahveh.
2 Envió a
Elyaquim, mayordomo, a Sebná, secretario, y a los sacerdotes ancianos
cubiertos de sayal, donde el profeta Isaías, hijo de Amós.
3 Ellos le
dijeron: «Así habla Ezequías: Este día es día de angustia, de castigo y de
vergüenza. Los hijos están para salir del seno, pero no hay fuerza para dar
a luz.
4 ¿No habrá oído
Yahveh tu Dios, todas las palabras del copero mayor al que ha enviado el rey
de Asiria su señor, para insultar al Dios vivo? ¿No castigará Yahveh tu
Dios, las palabras que ha oído? ¡Dirige una plegaria en favor del resto que
aún queda!»
5 Cuando los
siervos del rey Ezequías llegaron donde Isaías,
6 éste les dijo:
«Así diréis a vuestro señor: Esto dice Yahveh: No tengas miedo por las
palabras que has oído, con las que me insultaron los criados del rey de
Asiria.
7 Voy a poner en
él un espíritu, oirá una noticia y se volverá a su tierra, y en su tierra yo
le haré caer a espada.»
8 El copero mayor
se volvió y encontró al rey de Asiria atacando a Libná, pues había oído que
había partido de Lakís,
9 porque había
recibido esta noticia acerca de Tirhacá, rey de Kus: «Mira que ha salido a
guerrear contra ti.» Volvió a enviar mensajeros para decir a Ezequías:
10 «Así hablaréis
a Ezequías, rey de Judá: No te engañe tu Dios en el que confías pensando:
"No será entregada Jerusalén en manos del rey de Asiria".
11 Bien has oído
lo que los reyes de Asiria han hecho a todos los países, entregándolos al
anatema, ¡y tú te vas a librar!
12 ¿Acaso los
dioses de las naciones salvaron a aquellos que mis padres aniquilaron, a
Gozán, a Jarán, a Résef, a los edenitas que estaban en Tel Basar?
13 ¿Dónde está el
rey de Jamat, el rey de Arpad, el rey de Laír, de Sefarváyim, de Hená y de
Ivvá?».
14 Ezequías tomó
la carta de manos de los mensajeros y la leyó. Luego subió a la Casa de
Yahveh y Ezequías la desenrolló ante Yahveh.
15 Hizo Ezequías
esta plegaria ante Yahveh: «Yahveh, Dios de Israel, que estás sobre los
Querubines, tú sólo eres Dios en todos los reinos de la tierra, tú el que
has hecho los cielos y la tierra.
16 ¡Tiende,
Yahveh, tu oído y escucha; abre, Yahveh, tus ojos y mira! Oye las palabras
con que Senaquerib ha enviado a insultar al Dios vivo.
17 Es verdad,
Yahveh, que los reyes de Asiria han exterminado las naciones
18 y han
entregado sus dioses al fuego, porque ellos no son dioses, sino hechuras de
mano de hombre, de madera y de piedra, y por eso han sido aniquilados.
19 Ahora pues,
Yahveh, Dios nuestro, sálvanos de su mano, y sabrán todos los reinos de la
tierra que sólo tú eres Dios, Yahveh.»
20 Isaías, hijo
de Amós, envió a decir a Ezequías: «Así dice Yahveh, Dios de Israel: He
escuchado tu plegaria acerca de Senaquerib, rey de Asiria.
21 Esta es la
palabra que Yahveh pronuncia contra él: Ella te desprecia, ella te hace
burla, la virgen hija de Sión. Mueve la cabeza a tus espaldas, la hija de
Jerusalén.
22 ¿A quién has
insultado y blasfemado? ¿Contra quién has alzado tu voz y levantas tus ojos
altaneros? ¡Contra el Santo de Israel!
23 Por tus
mensajeros insultas a Adonay y dices: Con mis muchos carros subo a los
cumbres de los montes a las laderas del Líbano, derribo la altura de sus
cedros, la flor de sus cipreses, alcanzo el postrer de sus refugios, su
jardín del bosque.
24 Yo he cavado y
bebido en extranjeras aguas. Secaré bajo la planta de mis pies. todos los
Nilos del Egipto.
25 ¿Lo oyes bien?
Desde antiguo lo tengo preparado; desde viejos días lo había planeado. Ahora
lo ejecuto. Tú convertirás en cúmulos de ruinas las fuertes ciudades
26 Sus
habitantes, de débiles manos, confusos y aterrados, son plata del campo,
verdor de hierba, hierba de tejados, pasto quemado por el viento de Oriente.
27 Si te alzas o
te sientas, si sales o entras, estoy presente y lo sé.
28 Pues que te
alzas airado contra mí y tu arrogancia ha subido a mis oídos, voy a poner mi
anillo en tus narices, mi brida en tu boca, y voy a devolverte por la ruta
por la que has venido.
29 La señal será
ésta: Este año se comerá lo que rebrote, lo que nazca de sí al año
siguiente. Al año tercero sembrad y segad, plantad las viñas y comed su
fruto.
30 El resto que
se salve de la casa de Judá echará raíces por debajo y frutos en lo alto.
31 Pues saldrá un
Resto de Jerusalén, y supervivientes del monte Sión; el celo de Yahveh
Sebaot lo hará.
32 Por eso, así
dice Yahveh al rey de Asiria: No entrará en esta ciudad. No lanzará flechas
en ella. No le opondrá escudo, ni alzará en contra de ella empalizada.
33 Volverá por la
ruta que ha traído. No entrará en esta ciudad. Palabra de Yahveh.
34 Protegeré a
esta ciudad para salvarla, por quien soy y por mi siervo David.»
35 Aquella misma
noche salió el Angel de Yahveh e hirió en el campamento asirio a 185.000
hombres; a la hora de despertarse, por la mañana, no había más que
cadáveres.
36 Senaquerib,
rey de Asiria, partió y, volviéndose, se quedó en Nínive.
37 Y sucedió que
estando él postrado en el templo de su dios Nisrok, sus hijos Adrammélek y
Saréser le mataron a espada y se pusieron a salvo en el país de Ararat. Su
hijo Asarjaddón reinó en su lugar.
1 En aquellos
días Ezequías cayó enfermo de muerte. El profeta Isaías, hijo de Amós, vino
a decirle: «Así habla Yahveh: Da órdenes acerca de tu casa, porque vas a
morir y no vivirás.»
2 Ezequías volvió
su rostro a la pared y oró a Yahveh diciendo:
3 «¡Ah, Yahveh!
Dígnate recordar que yo he andado en tu presencia con fidelidad y corazón
perfecto haciendo lo recto a tu ojos.» Y Ezequías lloró con abundantes
lágrimas.
4 Antes de que
Isaías hubiera salido del patio central, le fue dirigida la palabra de
Yahveh diciendo:
5 «Vuelve y di a
Ezequías, jefe de mi pueblo: Así habla Yahveh, Dios de tu padre David: He
oído tu plegaria y he visto tus lágrimas y voy a curarte. Dentro de tres
días subirás a la Casa de Yahveh.
6 Voy a darte
quince años más de vida y te libraré a ti y a esta ciudad de la mano del rey
de Asiria, y ampararé esta ciudad por quien soy y por amor a mi siervo
David.»
7 Isaías dijo:
«Tomad una masa de higos.» La tomaron, la aplicaron sobre la úlcera y sanó.
8 Ezequías dijo a
Isaías: «¿Cuál será la señal de que Yahveh me va a curar y dentro de tres
días subiré a la Casa de Yahveh?»
9 Isaías
respondió: «Esta será para ti, de parte de Yahveh, la señal de que Yahveh
hará lo que ha dicho: ¿Quieres que la sombra avance diez grados o que
retroceda diez grados?»
10 Ezequías dijo:
«Fácil es para la sombra extenderse diez grados. No. Mejor que la sombra
retroceda diez grados.»
11 El profeta
Isaías invocó a Yahveh y Yahveh hizo retroceder la sombra diez grados sobre
los grados que había recorrido en los grados de la habitación de arriba de
Ajaz.
12 En aquel
tiempo Merodak Baladán, hijo de Baladán, rey de Babilonia, envió cartas y un
presente a Ezequías porque había oído que Ezequías había estado enfermo.
13 Se alegró
Ezequías por ello y enseñó a los enviados su cámara del tesoro, la plata, el
oro, los aromas, el aceite precioso, su arsenal y todo cuanto había en los
tesoros; no hubo nada que Ezequías no les mostrara en su casa y en todo su
dominio.
14 Fue el profeta
Isaías al rey Ezequías y le dijo: «¿Qué han dicho estos hombres y de dónde
han venido a ti?» Respondió Ezequías: «Han venido de un país lejano, de
Babilonia.»
15 Dijo: «¿Qué
han visto en tu casa?» Respondió Ezequías: «Han visto cuanto hay en mi casa;
nada hay en los tesoros que no les haya enseñado.»
16 Dijo Isaías a
Ezequías: «Escucha la palabra de Yahveh:
17 Vendrán días
en que todo cuanto hay en tu casa y cuanto reunieron tus padres hasta el día
de hoy será llevado a Babilonia; nada quedará, dice Yahveh.
18 Se tomará de
entre tus hijos, los que han salido de ti, los que has engendrado, para que
sean eunucos en el palacio del rey de Babilonia.»
19 Respondió
Ezequías a Isaías: «Es buena la palabra de Yahveh que me dices.» Pues
pensaba: «¿Qué me importa, si hay paz y seguridad en mis días?»
20 El resto de
los hechos de Ezequías, toda su bravura, cómo hizo la alberca y la traída de
aguas a la ciudad ¿no está escrito en el libro de los Anales de los reyes de
Judá?
21 Ezequías se
acostó con sus padres y reinó en su lugar su hijo Manasés.
1 Manasés tenía
doce años cuando comenzó a reinar, y reinó 55 años en Jerusalén; el nombre
de su madre era Jefsí Baj.
2 Hizo el mal a
los ojos de Yahveh según las abominaciones de las gentes que Yahveh había
expulsado delante de los israelitas.
3 Volvió a
edificar los altos que había destruido su padre Ezequías, alzó altares a
Baal e hizo un cipo como lo había hecho Ajab, rey de Israel; se postró ante
todo el ejército de los cielos y les sirvió.
4 Construyó
altares en la Casa de la que Yahveh había dicho: «En Jerusalén pondré mi
Nombre.»
5 Edificó altares
a todo el ejército de los cielos en los dos patios de la Casa de Yahveh.
6 Hizo pasar a su
hijo por el fuego; practicó los presagios y los augurios, hizo traer los
adivinos y nigromantes, haciendo mucho mal a los ojos de Yahveh y provocando
su cólera.
7 Colocó el ídolo
de Aserá, que había fabricado, en la Casa de la que dijo Yahveh a David y
Salomón su hijo: «En esta Casa y en Jerusalén, que he elegido de entre todas
las tribus de Israel, pondré mi Nombre para siempre.
8 No haré errar
más los pasos de Israel fuera de la tierra que di a sus padres, con tal que
procuren hacer según todo lo que les he mandado y según toda la Ley que les
ordené por mi siervo Moisés.»
9 Pero no han
escuchado, y Manasés los ha extraviado para que obren el mal más que las
naciones que había aniquilado Yahveh delante de los israelitas.
10 Entonces habló
Yahveh por boca de sus siervos, los profetas, diciendo:
11 «Porque
Manasés, rey de Judá, ha hecho estas abominaciones, haciendo el mal más que
cuanto hicieron los amorreos antes de él, haciendo que también Judá pecase
con sus ídolos,
12 por eso, así
habla Yahveh, Dios de Israel: Voy a hacer venir sobre Jerusalén y Judá un
mal tan grande que a quienes lo oyeren les zumbarán los oídos.
13 Extenderé
sobre Jerusalén la cuerda de Samaría y el nivel de la casa de Ajab, y
fregaré a Jerusalén como se friega un plato, que se le vuelve del revés
después de fregado.
14 Arrojaré el
resto de mi heredad y los entregaré en manos de sus enemigos; serán presa y
botín de todos sus enemigos,
15 porque
hicieron lo que es malo a mis ojos y me han irritado desde el día en que sus
padres salieron de Egipto hasta este día.»
16 Manasés
derramó también sangre inocente en tan gran cantidad que llenó a Jerusalén
de punta a cabo, aparte del pecado que hizo cometer a Judá haciendo lo que
es malo a los ojos de Yahveh.
17 El resto de
los hechos de Manasés, todo cuanto hizo, los pecados que cometió ¿no está
escrito en el libro de los Anales de los reyes de Judá?
18 Manasés se
acostó con sus padres y fue sepultado en el jardín de su casa, en el jardín
de Uzzá, y reinó en su lugar su hijo Amón.
19 Amón tenía
veintidós años cuando comenzó a reinar y reinó dos años en Jerusalén; el
nombre de su madre era Mesullémet, hija de Jarús de Yotbá.
20 Hizo el mal a
los ojos de Yahveh como había hecho su padre Manasés.
21 Caminó
enteramente por el camino que siguió su padre, sirvió a los ídolos a los que
sirvió su padre y se postró ante ellos.
22 Abandonó a
Yahveh, Dios de sus padres, y no anduvo por el camino de Yahveh.
23 Los siervos de
Amón se conjuraron contra él y mataron al rey en su casa.
24 Mató el pueblo
de la tierra a todos los conjurados contra el rey Amón, y el pueblo de la
tierra proclamó rey en su lugar a su hijo Josías.
25 El resto de
los hechos de Amón, lo que hizo ¿no está escrito en el libro de los Anales
de los reyes de Judá?
26 Le sepultaron
en su sepulcro, en el jardín de Uzzá, y reinó en su lugar su hijo Josías.
1 Josías tenía
ocho años cuando comenzó a reinar y reinó 31 años en Jerusalén; el nombre de
su madre era Yedidá, hija de Adías, de Boscat.
2 Hizo lo recto a
los ojos de Yahveh y anduvo enteramente por el camino de David su padre, sin
apartarse ni a la derecha ni a la izquierda.
3 En el año
dieciocho del rey Josías, envió el rey al secretario Safán, hijo de Asalías,
hijo de Mesullam, a la Casa de Yahveh diciendo:
4 «Sube donde
Jilquías, sumo sacerdote, para que funda el dinero llevado a la Casa de
Yahveh y que los guardianes del umbral han recogido del pueblo,
5 y que se ponga
en manos de los que hacían las obras, los encargados de la Casa de Yahveh y
ellos lo den a los que trabajan en la Casa para hacer las reparaciones de la
Casa de Yahveh,
6 a los
carpinteros y obreros de la construcción y albañiles, y para comprar maderas
y piedra de cantería para la reparación de la Casa.
7 Pero no se les
pida cuentas del dinero que se pone en sus manos porque se portan con
fidelidad.»
8 El sumo
sacerdote Jilquías dijo al secretario Safán: «He hallado en la Casa de
Yahveh el libro de la Ley.» Jilquías entregó el libro a Safán, que lo leyó.
9 Fue el
secretario Safán al rey y le rindió cuentas diciendo: «Tus siervos han
fundido el dinero en la Casa y lo han puesto en manos de los que hacen las
obras, los encargados de la Casa de Yahveh.»
10 Después el
secretario Safán anunció al rey: «El sacerdote Jilquías me ha entregado un
libro.» Y Safán lo leyó en presencia del rey.
11 Cuando el rey
oyó las palabras del libro de la Ley rasgó sus vestiduras.
12 Y ordenó el
rey al sacerdote Jilquías, a Ajicam, hijo de Safán, a Akbor, hijo de
Miqueas, al secretario Safán y a Asaías, ministro del rey:
13 «Id a
consultar a Yahveh por mí y por el pueblo y por todo Judá acerca de las
palabras de este libro que se ha encontrado, porque es grande la cólera de
Yahveh que se ha encendido contra nosotros porque nuestros padres no
escucharon las palabras de este libro haciendo lo que está escrito en él.»
14 El sacerdote
Jilquías, Ajicam, Akbor, Safán y Asaías fueron donde la profetisa Juldá,
mujer de Sallum, hijo de Tiqvá, hijo de Jarjás, encargado del vestuario;
vivía ella en Jerusalén, en la ciudad nueva. Ellos le hablaron
15 y ella les
respondió: «Así habla Yahveh, Dios de Israel: Decid al hombre que os ha
enviado a mí:
16 "Así habla
Yahveh: Voy a traer el mal sobre este lugar y sobre sus habitantes, según
todas las palabras del libro que ha leído el rey de Judá,
17 porque ellos
me han abandonado y han quemado incienso a otros dioses irritándome con
todas las obras de sus manos. Mi cólera se ha encendido contra este lugar y
no se apagará."
18 Y al rey de
Judá, que os ha enviado para consultar a Yahveh, le diréis: "Así dice
Yahveh, Dios de Israel: Las palabras que has oído...
19 Pero ya que tu
corazón se ha conmovido y te has humillado en presencia de Yahveh, al oír lo
que he dicho contra este lugar y contra sus habitantes, que serán objeto de
espanto y execración, ya que has rasgado tus vestidos y has llorado ante mí,
yo a mi vez he oído, oráculo de Yahveh.
20 Por eso voy a
reunirte con tus padres y serás recibido en paz en tu sepulcro, y no verán
tus ojos ninguno de los males que yo voy a traer contra este lugar."» Ellos
llevaron la respuesta al rey.
1 El rey hizo
convocar a su lado a todos los ancianos de Judá y de Jerusalén,
2 y subió el rey
a la Casa de Yahveh con todos los hombres de Judá y todos los habitantes de
Jerusalén; los sacerdotes, los profetas y todo el pueblo desde el menor al
mayor; y leyó a sus oídos todas las palabras del libro de la alianza hallado
en la Casa de Yahveh.
3 El rey estaba
de pie junto a la columna; hizo en presencia de Yahveh la alianza para andar
tras de Yahveh y guardar sus mandamientos, sus testimonios y sus preceptos
con todo el corazón y toda el alma, y para poner en vigor las palabras de
esta alianza escritas en este libro. Todo el pueblo confirmó la alianza.
4 El rey ordenó a
Jilquías, al segundo de los sacerdotes y a los encargados del umbral que
sacaran del santuario de Yahveh todos los objetos que se habían hecho para
Baal, para Aserá y para todo el ejército de los cielos; los quemó fuera de
Jerusalén en los yermos del Cedrón y llevó sus cenizas a Betel.
5 Suprimió los
sacerdotes paganos que pusieron los reyes de Judá y que quemaban incienso en
los altos, en las ciudades de Judá y en los contornos de Jerusalén, a los
que ofrecían incienso a Baal, al sol, a la luna, a los astros celestes y a
todo el ejército de los cielos.
6 Sacó la Aserá
de la Casa de Yahveh fuera de Jerusalén, al torrente Cedrón, la quemó allí
en el torrente Cedrón, la redujo a cenizas y arrojó las cenizas a las tumbas
de los hijos del pueblo.
7 Derribó las
casas de los consagrados a la prostitución que estaban en la Casa de Yahveh
y donde las mujeres tejían velos para Aserá.
8 Hizo venir a
todos los sacerdotes de las ciudades de Judá y profanó los altos donde
quemaban incienso, desde Gueba hasta Berseba. Derribó los altos de las
puertas que estaban a la entrada de la puerta de Josué, gobernador de la
ciudad, a la izquierda según se pasa la puerta de la ciudad.
9 Con todo, los
sacerdotes de los altos no podían acercarse al altar de Yahveh en Jerusalén,
aunque comían los panes ázimos en medio de sus hermanos.
10 Profanó el
Tofet del valle de Ben Hinnom, para que nadie hiciera pasar por el fuego a
su hijo o a su hija en honor de Mólek.
11 Suprimió los
caballos que los reyes de Judá habían dedicado al Sol, a la entrada de la
Casa de Yahveh, cerca de la habitación del eunuco Netán Mélek, en las
dependencias, y quemó el carro del Sol.
12 Los altares
que estaban sobre el terrado de la habitación superior de Ajaz, que hicieron
los reyes de Judá, y los altares que hizo Manasés en los dos patios de la
Casa de Yahveh, el rey los derribó, los rompió allí y arrojó sus cenizas al
torrente Cedrón.
13 El rey profanó
los altos que estaban frente a Jerusalén, al sur del Monte de los Olivos,
que Salomón, rey de Israel, había construido a Astarté, monstruo abominable
de los sidonios, a Kemós, monstruo abominable de Moab, y a Milkom,
abominación de los amonitas.
14 Rompió las
estelas, cortó los cipos y llenó sus emplazamientos de los huesos humanos.
15 También el
altar que había en Betel y el alto que hizo Jeroboam, hijo de Nebat, el que
hizo pecar a Israel, derribó este altar y este alto, rompió las piedras, las
redujo a polvo, y quemó el cipo.
16 Volvió la
cabeza Josías y vio los sepulcros que habían allí en la montaña; mandó tomar
los huesos de las tumbas y los quemó sobre el altar, profanándolo, y
cumpliéndose así la palabra de Yahveh que había dicho al hombre de Dios
cuando Jeroboam estaba en pie junto al altar durante la fiesta. Josías se
volvió y vio la tumba del hombre de Dios que había dicho estas cosas;
17 y dijo: «¿Qué
monumento es ése que veo?» Los hombres de la ciudad le respondieron: «Es la
tumba del hombre de Dios que vino de Judá y anunció estas cosas que has
hecho contra el altar de Betel.»
18 Dijo él:
«Dejadle en paz. Que nadie toque sus huesos.» Y salvaron sus huesos, junto
con los huesos del profeta que vino de Samaría.
19 También hizo
desaparecer Josías todos los templos de los altos de las ciudades de Samaría
que hicieron los reyes de Israel, irritando a Yahveh, e hizo con ellos
enteramente como había hecho en Betel.
20 Inmoló sobre
los altares a todos los sacerdotes de los altos que se encontraban allí y
quemó sobre ellos huesos humanos. Y se volvió a Jerusalén.
21 El rey dio
esta orden a todo el pueblo: «Celebrad la Pascua en honor de Yahveh, vuestro
Dios, según está escrito en este libro de la alianza.»
22 No se había
celebrado una Pascua como está desde los días de los Jueces que habían
juzgado a Israel, ni en los días de los reyes de Israel y de los reyes de
Judá.
23 Tan sólo en el
año dieciocho del rey Josías se celebró una Pascua así en honor de Yahveh en
Jerusalén.
24 También los
nigromantes y los adivinos, los terafim y los ídolos y todos los monstruos
abominables que se veían en la tierra de Judá y en Jerusalén, fueron
eliminados por Josías, para poner en vigor las palabras de la Ley escritas
en el libro que encontró el sacerdote Jilquías en la Casa de Yahveh.
25 No hubo antes
de él ningún rey que se volviera como él a Yahveh, con todo su corazón, con
toda su alma y con toda su fuerza, según toda la ley de Moisés, ni después
de él se ha levantado nadie como él.
26 Sin embargo,
Yahveh no se volvió del ardor de su gran cólera que se había encendido
contra Judá por todas las irritaciones con que le había irritado Manasés.
27 Yahveh había
dicho: «También a Judá apartaré de mi presencia, como he apartado a Israel,
y rechazaré a esta ciudad que había elegido, a Jerusalén y a la Casa de que
había dicho: Mi Nombre estará en ella.»
28 El resto de
los hechos de Josías, todo cuanto hizo ¿no está escrito en el libro de los
Anales de los reyes de Judá?
29 En sus días
subió el Faraón Nekó, rey de Egipto, hacia el rey de Asiria, junto al río
Eufrates. Fue el rey Josías a su encuentro, pero Nekó le mató en Meguiddó en
cuanto le vio.
30 Sus servidores
trasladaron en carro el cadáver desde Meguiddó, llegaron a Jerusalén y lo
sepultaron en su sepulcro. El pueblo de la tierra tomó a Joacaz, hijo de
Josías, y le ungieron y proclamaron rey, en lugar de su padre.
31 Joacaz tenía
veintitrés años cuando comenzó a reinar y reinó tres meses en Jerusalén; el
nombre de su madre era Jamital, hija de Jeremías, de Libná.
32 Hizo el mal a
los ojos de Yahveh, enteramente como le habían hecho sus padres.
33 El Faraón Nekó
lo encadenó en Riblá, en el país de Jamat, para que no reinara más en
Jerusalén y puso un impuesto al país de cien talentos de plata y diez
talentos de oro.
34 El faraón Nekó
puso por rey a Elyaquim, hijo de Josías, en lugar de su padre Josías, y le
cambió el nombre en Yoyaquim. Cuando a Joacaz, le tomó y le llevó a Egipto,
donde murió.
35 Yoyaquim
entregó la plata y el oro a Faraón, pero para dar el dinero según la orden
de Faraón, impuso una derrama al país, a cada uno según sus bienes; apremió
al pueblo de la tierra acerca del dinero que había de dar al faraón Nekó.
Nekó.
36 Veinticinco
años tenía Yoyaquim cuando comenzó a reinar y reinó once años en Jerusalén;
el nombre de su madre era Zebida, hija de Pedaías de Rumá.
37 Hizo el mal a
los ojos de Yahveh, enteramente como hicieron sus padres.
1 En sus días,
Nabucodonosor, rey de Babilonia, hizo una expedición y Yoyaquim le quedó
sometido durante tres años. Luego volvió a rebelarse contra él.
2 Yahveh envió
contra él bandas de caldeos, bandas de arameos, bandas de moabitas y bandas
de ammonitas; los envió contra Judá para destruirlo según la palabra que
Yahveh había dicho por boca de sus siervos los profetas.
3 Tan sólo por
orden de Yahveh ocurrió esto en Judá, para apartarlo de su presencia por los
pecados de Manasés, por todo lo que había hecho,
4 y también por
la sangre inocente que había derramado llenando a Jerusalén de sangre
inocente. Yahveh no quiso perdonar.
5 El resto de los
hechos de Yoyaquim, todo cuanto hizo ¿no está escrito en el libro de los
Anales de los reyes de Judá?
6 Se acostó
Yoyaquim con sus padres y reinó en su lugar su hijo Joaquín.
7 No volvió a
salir de su tierra el rey de Egipto, porque el rey de Babilonia había
conquistado, desde el torrente de Egipto hasta el río Eufrates, todo cuanto
era del rey de Egipto.
8 Dieciocho años
tenía Joaquín cuando comenzó a reinar y reinó tres meses en Jerusalén; el
nombre de su madre era Nejustá, hija de Elnatán, de Jerusalén.
9 Hizo el mal a
los ojos de Yahveh enteramente como había hecho su padre.
10 En aquel
tiempo las gentes de Nabucodonosor, rey de Babilonia, subieron contra
Jerusalén y la ciudad fue asediada.
11 Vino
Nabucodonosor, rey de Babilonia, a la ciudad, mientras sus siervos la
estaban asediando.
12 Joaquín, rey
de Judá, se rindió al rey de Babilonia, él, su madre, sus servidores, sus
jefes y eunucos; los apresó el rey de Babilonia en el año octavo de su
reinado.
13 Se llevó de
allí todos los tesoros de la Casa de Yahveh y los tesoros de la casa del
rey, rompió todos los objetos de oro que había hecho Salomón, rey de Israel,
para el santuario de Yahveh, según la palabra de Yahveh.
14 Deportó a todo
Jerusalén, todos los jefes y notables, 10.000 deportados; a todos los
herreros y cerrajeros; no dejó más que a la gente pobre del país.
15 Deportó a
Babilonia a Joaquín, a la madre del rey y a las mujeres del rey, a sus
eunucos y a los notables del país; los hizo partir al destierro, de
Jerusalén a Babilonia.
16 Todos los
hombres de valor, en número de 7.000, los herreros y cerrajeros, un millar,
todos los hombres aptos para la guerra, el rey de Babilonia los llevó
deportados a Babilonia.
17 El rey de
Babilonia puso por rey, en lugar de Joaquín, a su tío Mattanías, cambiando
su nombre en Sedecías.
18 Veintiún años
tenía Sedecías cuando comenzó a reinar y reinó once años en Jerusalén; el
nombre de su madre era Jamital, hija de Jeremías, de Libná.
19 Hizo el mal a
los ojos de Yahveh, enteramente como había hecho Joaquín.
20 Esto sucedió a
causa de la cólera de Yahveh contra Jerusalén y Judá, hasta que los arrojó
de su presencia. Sedecías se rebeló contra el rey de Babilonia.
1 En el año
noveno de su reinado, en el mes décimo, el diez del mes, vino Nabucodonosor,
rey de Babilonia, con todo su ejército contra Jerusalén; acampó contra ella
y la cercaron con una empalizada.
2 La ciudad
estuvo sitiada hasta el año once de Sedecías.
3 El mes cuarto,
el nueve del mes, cuando arreció el hambre en la ciudad y no había pan para
la gente del pueblo,
4 se abrió una
brecha en la ciudad y el rey partió con todos los hombres de guerra, durante
la noche, por el camino de la Puerta, entre los dos muros que están sobre el
parque del rey, mientras los caldeos estaban alrededor de la ciudad, y se
fue por el camino de la Arabá.
5 Las tropas
caldeas persiguieron al rey y le dieron alcance en los llanos de Jericó;
entonces todo el ejército se dispersó de su lado.
6 Capturaron al
rey y lo subieron a Riblá donde el rey de Babilonia, que lo sometió a
juicio.
7 Los hijos de
Sedecías fueron degollados a su vista, y a Sedecías le sacó los ojos, le
encadenó y le llevó a Babilonia.
8 En el mes
quinto, el siete del mes, en el año diecinueve de Nabucodonosor, rey de
Babilonia, Nebuzaradán, jefe de la guardia, siervo del rey de Babilonia,
vino a Jerusalén.
9 Incendió la
Casa de Yahveh y la casa del rey y todas las casas de Jerusalén.
10 Todas las
tropas caldeas que había con el jefe de la guardia demolieron las murallas
que rodeaban a Jerusalén.
11 Cuanto al
resto del pueblo que quedaba en la ciudad, los desertores que se habían
pasado al rey de Babilonia y el resto de la gente, Nebuzaradán, jefe de la
guardia, los deportó.
12 El jefe de la
guardia dejó algunos para viñadores y labradores de entre la gente pobre.
13 Los caldeos
rompieron las columnas de bronce que había en la Casa de Yahveh, las basas,
el Mar de bronce de la Casa de Yahveh, y se llevaron el bronce a Babilonia.
14 Tomaron
también los ceniceros, las paletas, los cuchillos, las cucharas y todos los
utensilios de bronce de que se servían.
15 El jefe de la
guardia tomó los incensarios y los aspersorios, cuanto había de oro y plata.
16 Cuanto a las
dos columnas, el Mar y las basas que Salomón había hecho para la Casa de
Yahveh, no se pudo calcular el peso del bronce de todos aquellos objetos.
17 La altura de
una columna era dieciocho codos, y encima tenía un capitel de bronce; la
altura del capitel era cinco codos; había un trenzado y granadas en torno al
capitel, todo de bronce. Lo mismo para la segunda columna.
18 El jefe de la
guardia tomó preso a Seraías, primer sacerdote, y a Sefanías, segundo
sacerdote, y a los tres encargados del umbral.
19 Tomó a un
eunuco de la ciudad, que era inspector de los hombres de guerra, a cinco
hombres de los cortesanos del rey, que se encontraban en la ciudad, al
secretario del jefe del ejército, encargado del alistamiento del pueblo de
la tierra, y a sesenta hombres de la tierra que se hallaban en la ciudad.
20 Nebuzaradán,
jefe de la guardia, los tomó y los llevó a Riblá, donde el rey de Babilonia;
21 y el rey de
Babilonia los hirió haciéndoles morir en Riblá, en el país de Jamat. Así fue
deportado Judá, lejos de su tierra.
22 Al pueblo que
quedó en la tierra de Judá y que había dejado Nabucodonosor, rey de
Babilonia, le puso por gobernador a Godolías, hijo de Ajicam, hijo de Safán.
23 Todos los
jefes de tropas y sus hombres oyeron que el rey de Babilonia había puesto
por gobernador a Godolías y fueron donde Godolías a Mispá: Ismael, hijo de
Netanías, Yojanán, hijo de Caréaj, Seraías, hijo de Tanjumet el netofita,
Yaazanías de Maaká, ellos y sus hombres.
24 Godolías les
hizo un juramento, a ellos y a sus hombres, y les dijo: «No temáis nada de
los siervos de los caldeos, quedaos en el país y servid al rey de Babilonia,
y os irá bien.»
25 Pero en el mes
séptimo, Ismael, hijo de Netanías, hijo de Elisamá, que era de linaje real,
vino con diez hombres e hirieron de muerte a Godolías, así como a los judíos
y caldeos que estaban con él, en Mispá.
26 Entonces todo
el pueblo, desde el más pequeño al más grande, y los jefes de tropas se
levantaron y se fueron a Egipto, porque tuvieron miedo de los caldeos.
27 En el año 37
de la deportación de Joaquín, rey de Judá, en el mes doce, el veintisiete
del mes, Evil Merodak, rey de Babilonia, hizo gracia, en el año en que
comenzó a reinar, a Joaquín, rey de Judá, y lo sacó de la cárcel.
28 Le habló con
benevolencia y le dio un asiento superior al asiento de los reyes que
estaban con él en Babilonia.
29 Joaquín se
quitó sus vestidos de prisión y comió siempre a la mesa en su presencia,
todos los días de su vida.
30 Le fue dado
constantemente su sustento de parte del rey, día tras día, todos los días de
su vida.