1 Era ya viejo el
rey David y entrado en años; le cubrían con vestidos pero no entraba en
calor.
2 Sus servidores
le dijeron: «Que se busque para mi señor el rey una joven virgen que sirva
al rey, y le atienda; que duerma en tu seno y dé calor a mi señor el rey.»
3 Se buscó una
muchacha hermosa por todos los términos de Israel y encontraron a Abisag la
sunamita, y la llevaron al rey.
4 La joven era
extraordinariamente bella; cuidaba y servía al rey, pero el rey no la
conoció.
5 Mientras tanto
Adonías, hijo de Jagguit, se gloriaba diciendo: «Yo seré rey.» Se había
hecho con un carro y hombres de carro y cincuenta hombres que corrían ante
él.
6 Nunca en su
vida le había disgustado su padre diciendo: «¿Por qué haces esto?» Era de
muy hermosa presencia y había nacido después de Absalón.
7 Se entendía con
Joab, hijo de Sarvia, y con el sacerdote Abiatar, que apoyaban a Adonías.
8 Pero el
sacerdote Sadoq, Benaías, hijo de Yehoyadá, el profeta Natán, Semeí, Reí y
los valientes de David no estaban con Adonías.
9 Adonías hizo un
sacrificio de ovejas, bueyes y vacas cebadas en la Piedra de Zojélet, que
está junto a la fuente de Roguel, e invitó a todos sus hermanos, los hijos
del rey, y a todos los hombres de Judá, servidores del rey,
10 pero no invitó
al profeta Natán ni a Benaías ni a los valientes ni a Salomón su hermano.
11 Dijo Natán a
Betsabé, madre de Salomón: «¿No has oído que Adonías, hijo de Jagguit, se
hace el rey sin saberlo David nuestro señor?
12 Ahora voy a
darte un consejo para que salves tu vida y la vida de tu hijo Salomón.
13 Vete y entra
donde el rey David y dile: "Acaso tú, rey mi señor, no has jurado a tu
sierva: Salomón tu hijo reinará después de mí y él se sentará en mi trono?
¿Pues por qué Adonías se hace el rey?"
14 Y mientras
estés tú allí hablando con el rey, entraré yo detrás de ti y completaré tus
palabras.»
15 Entró Betsabé
donde el rey, en la alcoba; el rey era muy anciano, y Abisag la sunamita
servía al rey .
16 Arrodillóse
Betsabé y se postró ante el rey; el rey dijo: «¿Qué te pasa?»
17 Ella le dijo:
«Mi señor, tú has jurado a tu sierva por Yahveh tu Dios: "Salomón tu hijo
reinará después de mí y él se sentará en mi trono."
18 Pero ahora es
Adonías el que se hace el rey, sin que tú, mi señor el rey, lo sepas.
19 Ha sacrificado
bueyes, vacas cebadas y ovejas en abundancia, invitando a todos los hijos
del rey, al sacerdote Abiatar y a Joab, jefe del ejército, pero no ha
invitado a tu siervo Salomón.
20 Ahora, mi
señor el rey, los ojos de todo Israel te miran para que les indiques quién
ha de sentarse en el trono de mi señor el rey, después de él.
21 Y ocurrirá
que, cuando mi señor el rey se acueste con sus padres, yo y mi hijo Salomón
seremos tratados como culpables.»
22 Estaba ella
hablando con el rey cuando llegó el profeta Natán.
23 Avisaron al
rey: «Está aquí el profeta Natán.» Entró donde el rey y se postró sobre su
rostro en tierra ante el rey.
24 Dijo Natán:
«Rey mi señor: ¿es que tú has dicho: "Adonías reinará después de mí y él
será el que se siente sobre mi trono?"
25 Porque ha
bajado hoy a sacrificar bueyes, vacas cebadas y ovejas en abundancia,
invitando a todos los hijos del rey, a los jefes del ejército y al sacerdote
Abiatar; están ahora comiendo y bebiendo en su presencia y gritan: "Viva el
rey Adonías."
26 Pero yo, tu
siervo, y el sacerdote Sadoq y Benaías, hijo de Yehoyadá, y tu siervo
Salomón no hemos sido invitados.
27 ¿Es que viene
esto de orden de mi señor el rey, y no has dado a conocer a tus siervos
quién se sentará después de él en el trono de mi señor el rey?»
28 El rey David
respondió diciendo: «Llamadme a Betsabé.» Entró ella donde el rey y se quedó
ante él.
29 El rey hizo
este juramento: «Vive Yahveh que libró mi alma de toda angustia,
30 que como te
juré por Yahveh, Dios de Israel, diciendo: Salomón tu hijo reinará después
de mí, y él se sentará sobre mi trono en mi lugar, así lo haré hoy mismo.»
31 Se arrodilló
Betsabé rostro en tierra, se postró ante el rey y dijo: «Viva por siempre mi
señor el rey David.»
32 Dijo el rey
David: «Llamadme al sacerdote Sadoq, al profeta Natán y a Benaías, hijo de
Yehoyadá.» Y entraron a presencia del rey.
33 El rey les
dijo: «Tomad con vosotros a los veteranos de vuestro señor, haced montar a
mi hijo Salomón sobre mi propia mula y bajadle a Guijón.
34 El sacerdote
Sadoq y el profeta Natán le ungirán allí como rey de Israel, tocaréis el
cuerno y gritaréis: "Viva el rey Salomón."
35 Subiréis luego
detrás de él, y vendrá a sentarse sobre mi trono y él reinará en mi lugar,
porque le pongo como caudillo de Israel y Judá.»
36 Benaías, hijo
de Yehoyadá, respondió al rey: «Amén. Así habla Yahveh, Dios de mi señor el
rey.
37 Como ha estado
Yahveh con mi señor el rey, así esté con Salomón y haga su trono más grande
que el trono de mi señor el rey David.»
38 Bajaron el
sacerdote Sadoq, el profeta Natán, Benaías, hijo de Yehoyadá, los kereteos y
los peleteos, e hicieron montar a Salomón sobre la mula del rey David y le
llevaron a Guijón.
39 El sacerdote
Sadoq tomó de la Tienda el cuerno del aceite y ungió a Salomón, tocaron el
cuerno y todo el pueblo gritó: «Viva el rey Salomón.»
40 Subió después
todo el pueblo detrás de él; la gente tocaba las flautas y manifestaba tan
gran alegría que la tierra se hendía con sus voces.
41 Lo oyó Adonías
y todos los invitados que con él estaban cuando habían acabado de comer; oyó
Joab el sonido del cuerno y dijo: «¿Por qué este ruido de la ciudad
alborotada?»
42 Estaba todavía
hablando cuando llegó Jonatán, hijo del sacerdote Abiatar; y Adonías le
dijo: «Ven, pues eres un hombre valeroso y traerás buenas noticias.»
43 Jonatán
respondió a Adonías: «Todo lo contrario. Nuestro señor el rey David ha
proclamado rey a Salomón.
44 El rey ha
enviado con él al sacerdote Sadoq, al profeta Natán, a Benaías, hijo de
Yehoyadá, a los kereteos y peleteos, y le han hecho montar sobre la mula del
rey.
45 El sacerdote
Sadoq y el profeta Natán le han ungido rey en Guijón; han subido de allí
llenos de gozo; la ciudad está alborotada; y ése es el tumulto que habéis
oído.
46 Más aún,
Salomón se ha sentado en el trono real,
47 y los
servidores del rey han ido a felicitar a nuestro rey David diciendo: Que tu
Dios haga el nombre de Salomón más dichoso que tu propio nombre y haga su
trono más grande que tu trono. El rey se ha prosternado en su lecho,
48 y ha dicho
así: "Bendito Yahveh, Dios de Israel, que ha permitido que un descendiente
mío se siente hoy sobre mi trono y que mis ojos lo vean."»
49 Todos los
invitados que estaban con Adonías temieron y, levantándose, se fueron cada
uno por su camino.
50 Adonías tuvo
miedo de Salomón; se levantó y se fue y se agarró a los cuernos del altar.
51 Avisaron a
Salomón: «Mira que Adonías tiene miedo del rey Salomón y se ha agarrado a
los cuernos del altar diciendo: Que el rey Salomón me jure desde hoy que su
servidor no morirá a espada.»
52 Dijo Salomón:
«Si es hombre honrado, no caerá en tierra ni uno de sus cabellos, pero si se
halla maldad en él, morirá.»
53 El rey Salomón
mandó que lo bajaran de junto al altar; entró y se postró ante el rey
Salomón, y Salomón le dijo: Vete a tu casa.»
1 Cuando se
acercaron los días de la muerte de David, dio órdenes a su hijo Salomón:
2 «Yo me voy por
el camino de todos. Ten valor y sé hombre.
3 Guarda las
observancias de Yahveh tu Dios, yendo por su camino, observando sus
preceptos, sus órdenes, sus sentencias y sus instrucciones, según está
escrito en la ley de Moisés, para que tengas éxito en cuanto hagas y
emprendas.
4 Para que Yahveh
cumpla la promesa que me hizo diciendo: "Si tus hijos guardan su camino para
andar en mi presencia con fidelidad, con todo su corazón y toda su alma,
ninguno de los tuyos será arrancado de sobre el trono de Israel."
5 También sabes
lo que me hizo Joab, hijo de Sarvia, lo que hizo a los dos jefes de los
ejércitos de Israel: a Abner, hijo de Ner, y a Amasá, hijo de Yéter, que los
mató y derramó en la paz sangre de guerra; ha puesto sangre inocente en el
cinturón de mi cintura y en la sandalia de mis pies.
6 Harás según tu
prudencia y no dejarás bajar en paz sus canas al seol.
7 Tratarás con
benevolencia a los hijos de Barzillay de Galaad y estarán entre los que
comen a tu mesa, porque también ellos se acercaron a mí cuando yo huía ante
tu hermano Absalón.
8 Ahí tienes
contigo a Semeí, hijo de Guerá, el benjaminita de Bajurim, que me lanzó
atroces maldiciones el día que yo iba a Majanáyim; pero bajó a mi encuentro
al Jordán y le juré por Yahveh: No te mataré a espada.
9 Pero tú no le
dejarás impune, pues eres hombre avisado y sabes qué tienes que hacer para
que sus canas bajen en sangre al seol.»
10 David se
acostó con sus padres y le sepultaron en la Ciudad de David.
11 David reinó
sobre Israel cuarenta años; reinó en Hebrón siete años; reinó en Jerusalén
33 años.
12 Salomón se
sentó en el trono de David su padre y el reino se afianzó sólidamente en su
mano.
13 Adonías, hijo
de Jagguit, fue donde Betsabé, madre de Salomón. Ella dijo: «¿Es de paz tu
venida?» Respondió: « De paz.»
14 Y añadió:
«Quiero hablarte.» Ella dijo: «Habla.»
15 El dijo:
«Sabes bien que la realeza me pertenecía y que todos los israelitas habían
vuelto hacia mí sus rostros para que yo reinara; pero la realeza se volvió y
fue para mi hermano, pues de Yahveh le ha venido.
16 Ahora quiero
pedirte una sola cosa, no me la niegues.» Ella le dijo: «Habla.»
17 Dijo: «Habla,
por favor, al rey Salomón, que no te rechazará, para que me dé a Abisag la
sunamita por mujer.»
18 Betsabé
contestó: «Está bien. Hablaré al rey Salomón por ti.»
19 Entró Betsabé
donde el rey Salomón para hablarle acerca de Adonías. Se levantó el rey, fue
a su encuentro y se postró ante ella, y se sentó después en su trono;
pusieron un trono para la madre del rey y ella se sentó a su diestra.
20 Ella dijo:
«Tengo que hacerte una pequeña petición, no me la niegues.» Dijo el rey:
«Pide, madre mía, porque no te la negaré.»
21 Ella dijo:
«Que se dé Abisag la sunamita por mujer a tu hermano Adonías.»
22 El rey Salomón
respondió a su madre: «¿Por qué pides tú a Abisag la sunamita para Adonías?
Pues ya pide el reino para él, pues es mi hermano mayor y tiene de su parte
al sacerdote Abiatar y a Joab, hijo de Sarvia.»
23 Y el rey
Salomón juró por Yahveh: «Esto me haga Dios y esto me añada, si Adonías no
ha dicho esta palabra a costa de su vida.
24 Y ahora, por
Yahveh que me ha confirmado y me ha hecho sentar en el trono de David mi
padre, y le ha dado una casa como había prometido, que hoy mismo morirá
Adonías.»
25 El rey Salomón
encargó de ello a Benaías, hijo de Yehoyadá, que le hirió y murió.
26 Dijo el rey al
sacerdote Abiatar: «Vete a Anatot, a tus tierras, porque eres reo de muerte,
pero no quiero hacerte morir hoy porque llevaste el arca de mi Señor Yahveh
en presencia de mi padre David y te afligiste con todas las aflicciones de
mi padre.»
27 Y expulsó
Salomón a Abiatar del sacerdocio de Yahveh cumpliendo la palabra que Yahveh
pronunció contra la casa de Elí en Silo.
28 Llegó la
noticia a Joab; como Joab se había inclinado por Adonías, aunque no se había
inclinado por Absalón, se refugió Joab en la Tienda de Yahveh y se agarró a
los cuernos del altar.
29 Avisaron al
rey Salomón: «Joab se ha refugiado en la Tienda de Yahveh y está al lado del
altar.» Envió Salomón a decir a Joab: «¿Qué te sucede, que te refugias en el
altar?» Respondió Joab: «He tenido miedo de ti y me he refugiado junto a
Yahveh.» Envió Salomón a Benaías, hijo de Yehoyadá, con esta orden: «Vete y
mátale.»
30 Entró Benaías
en la Tienda de Yahveh y le dijo: «Así dice el rey: Sal.» Respondió: «No.
Moriré aquí.» Benaías llevó la respuesta al rey diciendo: «Esto ha dicho
Joab y esto me ha respondido.»
31 El rey le
dijo: «Haz como él dijo. Mátale y sepúltale, y apartarás de sobre mí y de
sobre la casa de mi padre la sangre inocente que derramó Joab.
32 Yahveh hará
recaer su sangre sobre su cabeza porque ha matado dos hombres más justos y
mejores que él, matándolos a espada sin saberlo mi padre, a Abner, hijo de
Ner, jefe del ejército de Israel, y a Amasá, hijo de Yéter, jefe del
ejército de Judá.
33 Que su sangre
caiga sobre la cabeza de Joab y de su descendencia para siempre, y que David
y su descendencia, su casa y su trono tengan paz para siempre de parte de
Yahveh.»
34 Subió Benaías,
hijo de Yehoyadá, hirió a Joab y le mató y le sepultó en su casa en el
desierto.
35 El rey puso en
su lugar al frente del ejército a Benaías, hijo de Yehoyadá, y puso el rey
al sacerdote Sadoq en el puesto de Abiatar.
36 Envió el rey a
llamar a Semeí y le dijo: «Hazte una casa en Jerusalén y vive en ella y no
salgas ni acá ni allá.
37 El día que
salgas y cruces el torrente Cedrón ten por sabido que sin remedio morirás y
tu sangre caerá sobre tu cabeza.»
38 Semeí dijo al
rey: «Tu palabra es buena. Como ha dicho mi señor el rey, así hará su
siervo.» Semeí habitó en Jerusalén mucho tiempo.
39 Al cabo de
tres años, dos de los siervos de Semeí huyeron a donde Akís, hijo de Maaká,
rey de Gat; avisaron a Semeí: «Mira, tus siervos están en Gat.»
40 Se levantó
Semeí, aparejó su asno y se fue a Gat, donde Akís, para buscar a sus
siervos; fue Semeí y trajo a sus siervos de Gat.
41 Avisaron a
Salomón: «Semeí ha ido de Jerusalén a Gat y ha vuelto.»
42 Mandó el rey
llamar a Semeí y le dijo: «¿Acaso no te hice jurar por Yahveh y te advertí:
El día que salgas para ir acá o allá ten por sabido que sin remedio morirás
y tú me has dicho: Buena es la palabra que he oído?
43 ¿Por qué no
has guardado el juramento de Yahveh y la orden que te di?»
44 Dijo el rey a
Semeí: «Tú sabes todo el mal que hiciste a David mi padre; Yahveh hace caer
todo tu mal sobre tu cabeza,
45 mientras el
rey Salomón será bendito y el trono de David permanecerá ante Yahveh para
siempre.»
46 Dio orden el
rey a Benaías, hijo de Yehoyadá, que salió e hirió a Semeí; éste murió. Y el
reino se consolidó en las manos de Salomón.
1 Salomón fue
yerno de Faraón, rey de Egipto; tomó la hija de Faraón y la llevó a la
Ciudad de David, mientras terminaba de construir su casa, la casa de Yahveh
y la muralla en torno a Jerusalén.
2 Con todo, el
pueblo ofrecía sacrificios en los altos, porque en aquellos días no había
sido aún construida una casa para el Nombre de Yahveh.
3 Salomón amaba a
Yahveh y andaba según los preceptos de David su padre, pero ofrecía
sacrificios y quemaba incienso en los altos.
4 Fue el rey a
Gabaón para ofrecer allí sacrificios, porque aquel es el alto principal.
Salomón ofreció mil holocaustos en aquel altar.
5 En Gabaón
Yahveh se apareció a Salomón en sueños por la noche. Dijo Dios: «Pídeme lo
que quieras que te dé.»
6 Salomón dijo:
«Tú has tenido gran amor a tu siervo David mi padre, porque él ha caminado
en tu presencia con fidelidad, con justicia y rectitud de corazón contigo.
Tú le has conservado este gran amor y le has concedido que hoy se siente en
su trono un hijo suyo.
7 Ahora Yahveh mi
Dios, tú has hecho rey a tu siervo en lugar de David mi padre, pero yo soy
un niño pequeño que no sabe salir ni entrar.
8 Tu siervo está
en medio del pueblo que has elegido, pueblo numeroso que no se puede contar
ni numerar por su muchedumbre.
9 Concede, pues,
a tu siervo, un corazón que entienda para juzgar a tu pueblo, para discernir
entre el bien y el mal, pues ¿quién será capaz de juzgar a este pueblo tuyo
tan grande?»
10 Plugo a los
ojos del Señor esta súplica de Salomón,
11 y le dijo
Dios: «Porque has pedido esto y, en vez de pedir para ti larga vida,
riquezas, o la muerte de tus enemigos, has pedido discernimiento para saber
juzgar,
12 cumplo tu
ruego y te doy un corazón sabio e inteligente como no lo hubo antes de ti ni
lo habrá después.
13 También te
concedo lo que no has pedido, riquezas y gloria, como no tuvo nadie entre
los reyes.
14 Si andas por
mis caminos, guardando mis preceptos y mis mandamientos, como anduvo David
tu padre, yo prolongaré tus días.»
15 Se despertó
Salomón y era un sueño. Entró en Jerusalén y se puso delante del arca de la
alianza del Señor; ofreció holocaustos y sacrificios de comunión y dio un
banquete a todos sus servidores.
16 Vinieron por
entonces al rey dos prostitutas y se presentaron ante él.
17 Una de las
mujeres dijo: «Oyeme, mi señor. Yo y esta mujer vivíamos en una misma casa,
y yo he dado a luz, estando ella conmigo en la casa.
18 A los tres
días de mi alumbramiento, también dio a luz esta mujer; estábamos juntas, no
había ningún extraño con nosotras en la casa, fuera de nosotras dos.
19 El hijo de esa
mujer murió una noche, porque ella se había acostado sobre él.
20 Se levantó
ella durante la noche y tomó a mi hijo de mi lado, mientras tu sierva
dormía, y lo acostó en su regazo, y a su hijo muerto lo acostó en mi regazo.
21 Cuando me
levanté por la mañana para dar de mamar a mi hijo, lo hallé muerto; pero
fijándome en él por la mañana vi que no era mi hijo, el que yo había dado a
luz.»
22 La otra mujer
dijo: «No, todo lo contrario, mi hijo es el vivo y tu hijo es el muerto.»
Pero la otra replicó: «No; tu hijo es el muerto y mi hijo es el vivo.» Y
discutían delante del rey.
23 Dijo el rey:
«Esta dice: "Mi hijo es éste, el vivo, y tu hijo es el muerto." Pero la otra
dice: "No, tu hijo es el muerto, y mi hijo es el vivo."
24 Dijo el rey:
«Traedme una espada.» Llevaron una espada ante el rey.
25 Dijo el rey:
«Partid en dos al niño vivo y dad una mitad a una y otra a la otra».
26 La mujer de
quien era el niño vivo habló al rey, porque sus entrañas se conmovieron por
su hijo, y dijo: «Por favor, mi señor, que le den el niño vivo y que no le
maten.» Pero la otra dijo: «No será ni para mí ni para ti: que lo partan.»
27 Respondió el
rey: «Entregad a aquélla el niño vivo y no le matéis; ella es la madre.»
28 Todo Israel
oyó el juicio que hizo el rey y reverenciaron al rey, pues vieron que había
en él una sabiduría divina para hacer justicia.
1 El rey Salomón
fue rey de todo Israel,
2 y estos fueron
los jefes, que estaban con él: Azarías, hijo de Sadoq, sacerdote;
3 Elihaf y Ajías,
hijos de Seraya, secretarios; Josafat, hijo de Ajilud, heraldo;
4 (Benaías, hijo
de Yehoyadá, jefe del ejército; Sadoq y Abiatar, sacerdotes);
5 Azarías, hijo
de Natán, jefe de los gobernadores; Zabud, hijo de Natán, amigo del rey
6 Ajisur
mayordomo; Eliab, hijo de Joab, jefe del ejército; Adoram hijo de Abdá,
encargado de las levas.
7 Salomón tenía
doce gobernadores sobre todo Israel que proveían al rey y a su casa; cada
uno proveía un mes del año.
8 Estos eran sus
nombres: hijo de Jur, en la montaña de Efraím.
9 ... hijo de
Dequer, en Mahás, Saalbim, Bet Semes, Ayyalón, hasta Bet Janán.
10 ... hijo de
Jésed, en Arubbot; tenía Soko y toda la tierra de Jéfer.
11 hijo de
Abinadab: todo el distrito de Dor. Tabaat, hija de Salomón, fue su mujer.
12 ... Baaná,
hijo de Ajilud, en Tanak y Meguiddó hasta más allá de Yoqmeam, y sobre todo
Bet Seán, por debajo de Yizreel, desde Bet Seán hasta Abel Mejolá, que está
hacia Sartán.
13 ... hijo de
Guéber, en Ramot de Galaad; tenía los aduares de Yaír, hijo de Manasés, que
están en Galaad; tenía la región de Argob en el Basán, sesenta ciudades
fortificadas, amuralladas y con cerrojos de bronce.
14 Ajinadab, hijo
de Iddó, en Majanáyim.
15 Ajimaas en
Neftalí; también se casó con una hija de Salomón, llamada Basmat.
16 Baaná, hijo de
Jusay, en Aser y las subidas.
17 Josafat, hijo
de Paruaj, en Isacar.
18 Semeí, hijo de
Elá, en Benjamín.
19 Guéber, hijo
de Urí, en la tierra de Gad, el país de Sijón, rey de los amorreos, y de Og,
rey de Basán. Y había, además, un gobernador que estaba en el país.
20 Judá e Israel
eran numerosos como la arena en la orilla del mar, y comían, bebían y se
alegraban.
1 Salomón
dominaba todos los reinos, desde el Río hasta el país de los filisteos y
hasta la frontera de Egipto. Pagaban tributo y servían a Salomón todos los
días de su vida.
2 Los víveres de
Salomón eran treinta cargas de flor de harina y sesenta cargas de harina
cada día,
3 diez bueyes
cebados y veinte bueyes de pasto, cien cabezas de ganado menor, aparte los
ciervos y gacelas, gamos y las aves cebadas.
4 Porque dominaba
en toda la Transeufratina, desde Tafsaj hasta Gaza, sobre todos los reyes de
más acá del Río; tuvo paz en torno a todas sus fronteras.
5 Judá e Israel
vivieron en seguridad, cada uno bajo su parra y bajo su higuera, desde Dan
hasta Berseba, todos los días de Salomón.
6 Tenía Salomón
4.000 establos de caballos para sus carros y 12.000 caballos.
7 Los
gobernadores proveían un mes cada uno al rey Salomón y a todos los que se
acercaban a la mesa de Salomón, de modo que nada les faltara.
8 Llevaban la
cebada y la paja para los caballos y los animales de tiro al lugar donde él
estaba, cada uno según su turno.
9 Dios concedió a
Salomón sabiduría e inteligencia muy grandes y un corazón tan dilatado como
la arena de la orilla del mar.
10 La sabiduría
de Salomón era mayor que la sabiduría de todos los hijos de Oriente y que
toda la sabiduría de Egipto.
11 Fue más sabio
que hombre alguno, más que Etán el ezrajita, que Hemán, Kalkol y Dardá,
hijos de Majol; su nombre se extendió por todos los pueblos circunvecinos.
12 Pronunció
3.000 parábolas y proverbios, y sus cánticos fueron 1.005.
13 Habló sobre
las plantas, desde el cedro del Líbano hasta el hisopo que brota en el muro;
habló de los cuadrúpedos, de las aves, de los reptiles y de los peces.
14 Venían de
todos los pueblos para oír la sabiduría de Salomón, y de parte de todos los
reyes de la tierra que tuvieron noticia de su sabiduría.
15 Jiram, rey de
Tiro, envió sus servidores a Salomón, porque oyó que había sido ungido rey
en lugar de su padre, y Jiram fue siempre amigo de David.
16 Salomón envió
a decir a Jiram:
17 «Sabes bien
que mi padre David no pudo edificar una Casa al Nombre de Yahveh su Dios a
causa de las guerras en que sus enemigos le envolvieron hasta que Yahveh los
puso bajo la planta de sus pies.
18 Al presente,
Yahveh mi Dios me ha concedido paz por todos lados. No hay adversario ni
maldad.
19 Ahora me he
propuesto edificar una Casa al Nombre de Yahveh mi Dios según lo que Yahveh
dijo a David mi padre: "El hijo tuyo que yo colocaré en tu lugar sobre tu
trono edificará una Casa a mi Nombre."
20 Así pues,
ordena que se corten para mí cedros del Líbano. Mis servidores estarán con
tus servidores: te pagaré como salario de tus servidores todo lo que me
digas, pues tú sabes que no hay nadie entre nosotros que sepa talar los
árboles como los sidonios.»
21 Cuando Jiram
oyó las palabras de Salomón se alegró mucho y dijo: «Bendito sea hoy Yahveh,
pues ha dado a David un hijo sabio para jefe de este pueblo numeroso.»
22 Jiram envió a
decir a Salomón: «He oído lo que me enviaste a decir. Yo haré cuanto deseas
en madera de cedro y de ciprés.
23 Mis siervos
los bajarán desde el Líbano hasta el mar, y yo los pondré en balsas y los
llevaré al lugar a que me mandes; allí se soltarán y tú los cargarás, y por
tu parte harás según mi deseo dando víveres a mi casa.»
24 Jiram dio a
Salomón toda la madera de cedro y ciprés que deseaba.
25 Salomón dio a
Jiram 20.000 cargas de trigo para la manutención de su casa y 20.000 medidas
de oliva molida. Esto daba Salomón a Jiram cada año.
26 Yahveh dio
sabiduría a Salomón, como se lo había prometido, y hubo paz entre Jiram y
Salomón pactando una alianza entrambos.
27 Hizo el rey
Salomón una leva en todo Israel; la leva fue de 30.000 hombres.
28 Los envió al
Líbano, 10.000 cada mes, por turnos; un mes estaban en el Líbano y dos meses
en sus casas. Adoram estaba al frente de la leva.
29 Tenía además
Salomón 70.000 porteadores y 80.000 canteros en el monte
30 aparte los
capataces de los prefectos puestos por Salomón al frente de los trabajos,
3.300 que mandaban a la gente empleada en los trabajos.
31 El rey mandó
arrancar grandes piedras, piedras selectas, para fundamentar la Casa con
piedras de sillería.
32 Los obreros de
Salomón, los obreros de Jiram y los guiblitas cortaron y dispusieron la
madera y las piedras para construir la Casa.
1 En el año 480
de la salida de los israelitas de la tierra de Egipto, el año cuarto del
reinado de Salomón sobre Israel, en el mes de Ziv, que es el segundo mes,
emprendió la construcción de la Casa de Yahveh.
2 La Casa que
edificó el rey Salomón a Yahveh tenía sesenta codos de largo, veinte de
ancho y veinticinco de alto.
3 El Ulam delante
del Hekal de la Casa tenía veinte codos de largo en el sentido del ancho de
la Casa y diez codos de ancho en el sentido de largo de la Casa.
4 Hizo en la Casa
ventanas con celosías.
5 Edificó junto
al muro de la Casa una galería en torno al Hekal y al Debir, e hizo
habitaciones laterales en derredor.
6 La galería
inferior tenía cinco codos de ancho, la intermedia seis codos de ancho y la
tercera siete codos de ancho, porque fue rebajando alrededor de la Casa, por
la parte exterior, para no empotrar en los muros de la Casa.
7 (La Casa fue
construida con piedras preparadas en la cantera; durante su construcción no
se oyeron en la Casa martillazos ni sierras ni instrumentos de hierro.)
8 La entrada del
piso inferior estaba en el ala derecha de la Casa, y por una escalera de
caracol se subía al piso intermedio y del intermedio al tercero.
9 Edificó la
Casa, la acabó y la techó con artesonado de cedro.
10 Edificó la
galería, adosada a toda la Casa, de cinco codos de alta y estaba unida a la
Casa por vigas de cedro.
11 Fue dirigida a
Salomón la palabra de Yahveh diciendo:
12 «Por esta Casa
que estás edificando, si caminas según mis preceptos, obras según mis
sentencias y guardas todos mis mandamientos para andar conforme a ellos, yo
cumpliré mi palabra contigo, la que dije a David tu padre,
13 habitaré en
medio de los hijos de Israel y no abandonaré a mi pueblo Israel.»
14 Edificó
Salomón la Casa y la terminó.
15 Revistió los
muros de la Casa en el interior con planchas de cedro desde el suelo de la
Casa hasta las vigas del techo; revistió de madera el interior y recubrió el
suelo de la Casa con planchas de ciprés.
16 Construyó los
veinte codos del fondo de la Casa con planchas de cedro desde el suelo hasta
las vigas, formando así por la parte interior el Debir, el Santo de los
Santos;
17 cuarenta codos
tenía la Casa, es decir, el Hekal, delante del Debir.
18 El cedro del
interior de la Casa estaba esculpido con figuras de calabazas y capullos
abiertos; todo era cedro, no se veía la piedra.
19 Había
preparado un Debir al fondo de la Casa en el interior para colocar en él el
arca de la alianza de Yahveh.
20 El Debir tenía
veinte codos de largo, veinte codos de ancho y veinte codos de alto ; lo
revistió de oro fino; y alzó un altar de cedro
21 delante del
Debir y lo revistió de oro.
22 Revistió de
oro también la Casa, absolutamente toda la Casa.
23 Hizo en el
Debir dos querubines de madera de acebuche de diez codos de altura.
24 Un ala del
querubín tenía cinco codos y la otra ala del querubín cinco codos: diez
codos desde la punta de una de sus alas hasta la punta de la otra de sus
alas.
25 El segundo
querubín tenía diez codos, las mismas medidas y la misma forma para los dos
querubines.
26 La altura de
un querubín era de diez codos y lo mismo el segundo querubín.
27 Colocó los
querubines en medio del recinto interior; y las alas de los querubines
estaban desplegadas; el ala de uno tocaba un muro y el ala del segundo
querubín tocaba el otro muro, y sus alas se tocaban en medio del recinto,
ala con ala.
28 Revistió de
oro los querubines.
29 Esculpió todo
en torno los muros de la Casa con grabados de escultura de querubines,
palmeras, capullos abiertos, al interior y al exterior.
30 Recubrió de
oro el piso de la Casa al interior y al exterior.
31 Hizo la puerta
del Debir con batientes de madera de acebuche, y el dintel y las jambas
ocupaban la quinta parte;
32 los dos
batientes eran de madera de acebuche; esculpió sobre ellos esculturas de
querubines, palmas y capullos abiertos, y los revistió de oro, poniendo
láminas de oro sobre los querubines y las palmeras.
33 Hizo lo mismo
en la puerta del Hekal: los montantes de madera de acebuche que ocupaban la
cuarta parte;
34 dos batientes
de madera de abeto: dos planchas de un batiente eran giratorias y también
eran giratorias otras dos planchas del otro batiente.
35 Esculpió
querubines, palmeras, capullos abiertos y embutió oro sobre la escultura.
36 Edificó el
patio interior; tres filas de piedras talladas y una fila de tablones de
cedro.
37 El año cuarto,
en el mes de Ziv, se pusieron los cimientos de la Casa de Yahveh,
38 y el año once,
en el mes de Bul - que es el mes octavo - fue acabada la Casa en todas sus
partes, según todo su proyecto. Salomón la levantó en siete años.
1 Salomón edificó
su casa, y en trece años la concluyó del todo.
2 Edificó la Casa
«Bosque del Líbano», de cien codos de longitud, cincuenta codos de anchura y
treinta codos de altura, sobre cuatro filas de columnas de cedro; había
capiteles de cedro sobre las columnas.
3 Había un
artesonado de cedro sobre la parte superior de las planchas que estaban
sobre las columnas.
4 Había tres
filas de ventanas con celosías, 45 en total, quince por cada fila, y una
daba frente a la otra tres veces.
5 Todas las
puertas y montantes eran cuadrangulares y una daba frente a la otra tres
veces.
6 Hizo el Pórtico
de las columnas de cincuenta codos de longitud, treinta codos de anchura...
con un pórtico por delante.
7 Hizo el
Vestíbulo del trono donde administraba justicia, que es el Vestíbulo del
Juicio; estaba recubierto de cedro desde el suelo hasta las vigas.
8 La casa en que
vivía en el otro recinto, el opuesto al Vestíbulo, tenía la misma
configuración; hizo también una casa como este Vestíbulo para la hija de
Faraón que Salomón había tomado por mujer.
9 Todo esto era
de piedras selectas, talladas a medida, serradas con sierra por dentro y por
fuera, desde los cimientos hasta las cornisas.
10 El cimiento
era de piedras excelentes, grandes piedras, unas de diez codos y otras de
ocho;
11 en la parte
superior había piedras excelentes, talladas a medida, y cedro.
12 Al exterior,
el patio grande tenía en derredor tres filas de piedras talladas y una fila
de planchas de cedro, igual que el patio interior de la Casa de Yahveh y el
vestíbulo de la Casa.
13 El rey Salomón
envió a buscar a Jiram de Tiro;
14 era hijo de
una viuda de la tribu de Neftalí; su padre era de Tiro; trabajaba en bronce
y estaba lleno de ciencia, pericia y experiencia para realizar todo trabajo
en bronce; fue donde el rey Salomón y ejecutó todos sus trabajos.
15 Fundió las dos
columnas de bronce; la altura de una columna era de dieciocho codos, un hilo
de doce codos medía la circunferencia; y lo mismo la segunda columna.
16 Hizo dos
capiteles fundidos en bronce para colocarlos sobre la cima de las columnas,
de cinco codos de altura un capitel y de cinco codos de altura el capitel
segundo.
17 Hizo dos
encajes y dos trenzados a modo de cadenas para los capiteles de la cima de
las columnas, un trenzado para un capitel y otro trenzado para el capitel
segundo.
18 Hizo granadas:
dos filas alrededor de cada trenzado,
19 Los capiteles
que estaban en la cima de las columnas tenían forma de azucenas,
cuatrocientas en total,
20 colocadas
sobre la prominencia que estaba detrás del trenzado; doscientas granadas
alrededor del segundo capitel.
21 Erigió las
columnas ante el Ulam del Hekal; erigió la columna de la derecha y la llamó
Yakín; erigió la columna de la izquierda y la llamó Boaz.
22 Y quedó
acabado el trabajo de las columnas.
23 Hizo el Mar de
metal fundido que tenía diez codos de borde a borde; era enteramente
redondo, y de cinco codos de altura; un cordón de treinta codos medía su
contorno.
24 Debajo del
borde había calabazas todo en derredor; daban vuelta al Mar a largo de
treinta codos; había dos filas de calabazas fundidas en una sola pieza.
25 Se apoyaba
sobre doce bueyes, tres mirando al Norte, tres mirando al Oeste, tres
mirando al Sur y tres mirando al Este; el Mar estaba sobre ellos, quedando
sus partes traseras hacia el interior.
26 Su espesor era
de un palmo y su borde era como el borde del cáliz de la flor de la azucena.
Contenía 2.000 medidas.
27 Hizo también
las diez basas de bronce de cuatro codos de largo cada basa, cuatro codos su
anchura y tres su altura.
28 Las basas
estaban hechas así: tenían paneles y los paneles estaban entre listones.
29 Sobre el panel
que estaba entre los listones había leones, bueyes y querubines. Lo mismo
sobre los listones. Por encima y por debajo de los leones y de los toros
había volutas...
30 Cada basa
tenía cuatro ruedas de bronce y ejes de bronce; sus cuatro pies tenían asas
debajo de la jofaina, y los apliques estaban fundidos...
31 Su boca, desde
el interior de las asas hasta arriba, tenía un codo; la boca era redonda,
teniendo un soporte de codo y medio; había también sobre la boca esculturas,
pero los paneles eran cuadrados, no redondos.
32 Las cuatro
ruedas estaban bajo los paneles, y los ejes de las ruedas estaban en la
basa; la altura de cada rueda era de codo y medio.
33 La forma de
las ruedas era como la forma de la rueda de un carro, y sus ejes, sus
llantas, sus radios y sus cubos, todo era de fundición.
34 Había cuatro
asas en los cuatro ángulos de cada basa; la basa formaba un cuerpo con su
asa.
35 En la cima de
la basa había un soporte de medio codo de altura completamente redondo; y en
la cima de la basa, los ejes y el armazón formaban un cuerpo con ella.
36 Grabó sobre
las tablas querubines, leones y palmeras... y volutas alrededor.
37 De esta forma
hizo las diez basas: una misma fundición y un mismo tamaño para todas.
38 Hizo diez
pilas de bronce de cuarenta medidas cada una; cada pila medía cuatro codos;
había una pila sobre cada una de las diez basas.
39 Colocó las
basas, cinco al lado derecho de la Casa y cinco al lado izquierdo de la
Casa. El Mar lo colocó del lado derecho de la Casa hacia el sureste.
40 Jiram hizo los
ceniceros, las paletas y los acetres. Jiram terminó de hacer toda la obra
que el rey Salomón le encargó que hiciera para la Casa de Yahveh:
41 dos columnas,
las molduras de los capiteles que estaban sobre la cima de las dos columnas,
los dos trenzados para recubrir las dos molduras de los capiteles que
estaban en la cima de las columnas;
42 las
cuatrocientas granadas para los dos trenzados; dos filas de granadas para
cada trenzado;
43 las diez basas
y las diez pilas sobre las basas;
44 el Mar y los
doce bueyes debajo del Mar;
45 los ceniceros,
las paletas y los acetres. Todos estos objetos que hizo Jiram al rey Salomón
para la Casa de Yahveh eran de bronce bruñido.
46 El rey los
hizo fundir en la vega del Jordán, en el mismo suelo, entre Sukkot y Sartán;
47 en tan enorme
cantidad que no se pudo calcular el peso del bronce.
48 Puso Salomón
todos los objetos que había hecho en la Casa de Yahveh; el altar de oro y la
mesa de oro sobre la que se ponían los panes de la presencia;
49 los
candelabros de oro fino, cinco a la derecha y cinco a la izquierda delante
del Debir; las flores, las lámparas y las despabiladeras de oro;
50 las cucharas,
los cuchillos, los acetres, las copas y los braseros de oro fino, los goznes
de oro para las puertas de la cámara interior, el Santo de los Santos, y
para las puertas de la Casa y el Hekal.
51 Así fue
concluida toda la obra que hizo el rey Salomón para la Casa de Yahveh;
Salomón hizo traer todo lo consagrado por David su padre, la plata, el oro y
los objetos, y lo puso en los tesoros de la Casa de Yahveh.
1 Entonces
congregó Salomón a los ancianos de Israel en Jerusalén para hacer subir el
arca de la alianza de Yahveh desde la ciudad de David, que es Sión.
2 Se reunieron
junto al rey Salomón todos los hombres de Israel, en el mes de Etanim, (que
es el mes séptimo) en la fiesta,
3 y los
sacerdotes llevaron el arca,
4 y la Tienda del
Encuentro, con todos los objetos sagrados que había en la Tienda.
5 El rey Salomón
y todo Israel con él sacrificaron ante el arca ovejas y bueyes en número
incalculable e innumerable.
6 Los sacerdotes
llevaron el arca de la alianza de Yahveh a su sitio, al Debir de la Casa, en
el Santo de los Santos, bajo las alas de los querubines,
7 porque los
querubines extendían las alas por encima del sitio del arca, cubriendo los
querubines el arca y su varales por encima.
8 Los varales
eran tan largos que se veían sus puntas desde el Santo, desde la parte
anterior del Debir, pero no se veían desde fuera. Están allí hasta el día de
hoy.
9 En el arca no
había nada más que las dos tablas de piedra que Moisés hizo poner en ella,
en el Horeb, las tablas de la alianza que pactó Yahveh con los israelitas
cuando salieron de la tierra de Egipto.
10 Al salir los
sacerdotes del Santo, la nube llenó la Casa de Yahveh.
11 Y los
sacerdotes no pudieron continuar en el servicio a causa de la nube, porque
la gloria de Yahveh llenaba la Casa de Yahveh.
12 Entonces
Salomón dijo: «Yahveh quiere habitar en densa nube.
13 He querido
erigirte una morada un lugar donde habites para siempre.»
14 Se volvió el
rey y bendijo a toda la asamblea de Israel mientras que toda la asamblea de
Israel estaba en pie.
15 El dijo:
«Bendito sea Yahveh, Dios de Israel, que habló por su boca a mi padre David
y ha cumplido por su mano lo que dijo:
16 "Desde el día
en que saqué de Egipto a mi pueblo Israel no he elegido ninguna ciudad entre
todas las tribus de Israel para edificar una Casa en la que esté mi Nombre,
pero he elegido a David para que esté al frente de mi pueblo Israel."
17 Mi padre David
pensó en su corazón edificar una Casa al Nombre de Yahveh, Dios de Israel,
18 pero Yahveh
dijo a David mi padre: "Cuanto a haber pensado en tu corazón edificar una
Casa a mi Nombre, bien has hecho en tener tal voluntad,
19 pero no
edificarás tú la Casa, sino que un hijo tuyo, salido de tus entrañas, ése
será quien edifique la Casa a mi Nombre."
20 Yahveh ha
cumplido la promesa que dijo; he sucedido a mi padre David, me he sentado
sobre el trono de Israel, como Yahveh había dicho, y he construido la Casa
al Nombre de Yahveh, Dios de Israel,
21 y he señalado
en ella un lugar al arca en que está la alianza que Yahveh pactó con
nuestros padres cuando los sacó de la tierra de Egipto.»
22 Salomón se
puso ante el altar de Yahveh en presencia de toda la asamblea de Israel;
extendió sus manos al cielo
23 y dijo:
«Yahveh, Dios de Israel, no hay Dios como tú en lo alto de los cielos ni
abajo sobre la tierra, tú que guardas la alianza y el amor a tus siervos que
andan en tu presencia con todo su corazón,
24 tú que has
mantenido a mi padre David la promesa que le hiciste, pues por tu boca lo
prometiste y por tu mano lo has cumplido este día.
25 Ahora, pues,
Yahveh, Dios de Israel, mantén a tu siervo David mi padre la promesa que le
hiciste diciéndole: " Nunca será quitado de mi presencia uno de los tuyos
que se siente en el trono de Israel, con tal que tus hijos guarden su camino
andando en mi presencia como has andado tú delante de mí."
26 Ahora, Dios de
Israel, que se cumpla la palabra que dijiste a tu siervo David, mi padre.
27 ¿Es que
verdaderamente habitará Dios con los hombres sobre la tierra? Si los cielos
y los cielos de los cielos no pueden contenerte, ¡cuánto menos esta Casa que
yo te he construido!
28 Atiende a la
plegaria de tu siervo y a su petición, Yahveh Dios mío, y escucha el clamor
y la plegaria que tu siervo hace hoy en tu presencia,
29 que tus ojos
estén abiertos día y noche sobre esta Casa, sobre este lugar del que
dijiste: "En él estará mi Nombre"; escucha la oración que tu servidor te
dirige en este lugar.
30 «Oye, pues, la
plegaria de tu siervo y de tu pueblo Israel cuando oren en este lugar.
Escucha tú desde el lugar de tu morada, desde el cielo, escucha y perdona.
31 «Cuando un
hombre peque contra su prójimo y éste pronuncie una imprecación sobre él
haciéndole jurar delante de tu altar en esta Casa,
32 escucha tú
desde los cielos y obra; juzga a tus siervos, declarando culpable al malo,
para hacer recaer su conducta sobre su cabeza y declarando inocente al justo
para darle según su justicia.
33 «Cuando tu
pueblo Israel sea batido por su enemigo por haber pecado contra ti, si se
vuelven a ti y alaban tu Nombre, orando y suplicando ante ti en esta Casa,
34 escucha tú
desde los cielos y perdona el pecado de tu pueblo Israel y vuélvelos a la
tierra que diste a sus padres.
35 «Cuando los
cielos estén cerrados y no haya lluvia porque pecaron contra ti, si oran en
este lugar y alaban tu Nombre y se convierten de su pecado porque les
humillaste,
36 escucha tú
desde los cielos y perdona el pecado de tu siervo y de tu pueblo Israel,
pues les enseñarás el camino bueno por el que deberán andar, y envía lluvia
sobre tu tierra, la que diste a tu pueblo en herencia.
37 «Cuando haya
hambre en el país, cuando haya peste, tizón, añublo, langosta o pulgón,
cuando su enemigo le asedie en una de sus puertas, en todo azote y toda
enfermedad,
38 si un hombre
cualquiera, experimentando remordimiento en su corazón, eleva cualquier
plegaria o cualquier súplica y extiende las manos hacia esta Casa,
39 escucha tú
desde los cielos, lugar de tu morada, perdona y da a cada uno según sus
caminos, pues tú conoces su corazón y sólo tú conoces el corazón de todos
los hijos de los hombres,
40 para que te
teman todos los días que vivan sobre la faz de la tierra que has dado a
nuestros padres.
41 «También al
extranjero que no es de tu pueblo Israel, al que viene de un país lejano a
causa de tu Nombre,
42 porque oirá
hablar de tu gran Nombre, de tu mano fuerte y de tu tenso brazo, y vendrá a
orar a esta Casa,
43 escucha tú
desde los cielos, lugar de tu morada, y haz según cuanto te pida el
extranjero, para que todos los pueblos de la tierra conozcan tu Nombre y te
teman como tu pueblo Israel, y sepan que tu Nombre es invocado en esta Casa
que yo he construido.
44 «Si tu pueblo
va a la guerra contra su enemigo por el camino por el que tú le envíes, y
suplican a Yahveh vueltos hacia la ciudad que has elegido y hacia la Casa
que yo he construido para tu Nombre,
45 escucha tú
desde los cielos su oración y su plegaria y hazles justicia.
46 Cuando pequen
contra ti, pues no hay hombre que no peque, y tú irritado contra ellos los
entregues al enemigo, y sus conquistadores los lleven al país enemigo,
lejano o próximo,
47 si se
convierten en su corazón en la tierra a que hayan sido llevados, si se
arrepienten y te suplican en la tierra de sus deportadores diciendo: "Hemos
pecado, hemos sido perversos, somos culpables",
48 si se vuelven
a ti con todo su corazón y con toda su alma en el país de los enemigos que
los deportaron, y te suplican vueltos hacia la tierra que tú diste a sus
padres y hacia la ciudad que has elegido y hacia la Casa que he edificado a
tu Nombre,
49 escucha tú
desde los cielos, lugar de tu morada,
50 y perdona a tu
pueblo, que ha pecado contra ti, todas las rebeliones con que te han
traicionado, y concédeles que hallen compasión entre sus deportadores para
que éstos les tengan piedad,
51 porque son tu
pueblo y tu heredad, los que sacaste de Egipto, de en medio del crisol del
hierro.
52 «Que tus ojos
estén abiertos a las súplicas de tu siervo y a la súplica de tu pueblo
Israel, para escuchar todos sus clamores hacia ti.
53 Porque tú los
separaste para ti como herencia tuya de entre todos los pueblos de la
tierra, como dijiste por boca de Moisés tu siervo cuando sacaste a nuestros
padres de Egipto, Señor Yahveh.»
54 Cuando Salomón
acabó de dirigir a Yahveh toda esta plegaria y esta súplica, se levantó de
delante del altar de Yahveh, del lugar donde se había arrodillado con las
manos extendidas hacia el cielo,
55 y se puso de
pie para bendecir a toda la asamblea de Israel, diciendo en alta voz:
56 «Bendito sea
Yahveh que ha dado reposo a su pueblo Israel, según todas sus promesas; no
ha fallado ninguna de las palabras de bien que dijo por boca de Moisés su
siervo.
57 Que Yahveh,
nuestro Dios, esté con nosotros como estuvo con nuestros padres, que no nos
abandone ni nos rechace.
58 Que incline
nuestros corazones hacia él para que andemos según todos sus caminos y
guardemos todos los mandamientos, los decretos y las sentencias que ordenó a
nuestros padres.
59 Que estas
palabras con que he suplicado ante Yahveh permanezcan día y noche junto a
Yahveh, nuestro Dios, para que dé lo justo a su siervo y justicia a su
pueblo Israel, según las necesidades de cada día,
60 para que todos
los pueblos de la tierra sepan que Yahveh es Dios y no hay otro,
61 y vuestros
corazones estarán enteramente con Yahveh, nuestro Dios, para caminar según
sus decretos y para guardar sus mandamientos como hoy.»
62 El rey, y todo
Israel con él, ofrecieron sacrificios ante Yahveh.
63 Salomón
sacrificó, como sacrificios de comunión que ofreció en sacrificio a Yahveh,
22.000 bueyes y 120.000 ovejas; así inauguraron la Casa de Yahveh el rey y
todos los hijos de Israel.
64 Aquel día
consagró el rey el interior del patio que está delante de la Casa de Yahveh,
pues ofreció allí el holocausto, la oblación y las grasas de los sacrificios
de comunión, porque el altar de bronce que estaba ante Yahveh era demasiado
pequeño para contener el holocausto, la oblación y las grasas de los
sacrificios de comunión.
65 En aquella
ocasión celebró Salomón la fiesta con todos los israelitas en magna asamblea
desde la entrada de Jamat hasta el torrente de Egipto, ante Yahveh nuestro
Dios, durante siete días.
66 El día octavo
despidió al pueblo. Bendijeron al rey y se fueron a sus tiendas, gozosos y
con el corazón alegre por todo el bien que Yahveh había hecho a su siervo
David y a su pueblo Israel.
1 Cuando Salomón
hubo acabado de construir la Casa de Yahveh, la casa del rey y todo cuanto
Salomón quiso hacer,
2 se apareció
Yahveh a Salomón por segunda vez, como se le había aparecido en Gabaón.
3 Yahveh le dijo:
«He escuchado la plegaria y la súplica que has dirigido delante de mí. He
santificado esta Casa que me has construido para poner en ella mi Nombre
para siempre; mis ojos y mi corazón estarán en ella siempre.
4 Ahora, si andas
en mi presencia como anduvo David tu padre, con corazón perfecto y con
rectitud, haciendo todo lo que te ordene y guardando mis decretos y mis
sentencias,
5 afirmaré para
siempre el trono de tu realeza sobre Israel como prometí a David tu padre
cuando dije: "Ninguno de los tuyos será arrancado de sobre el trono de
Israel."
6 Pero si
vosotros, y vuestros hijos después guardáis los mandamientos y los decretos
que os he dado, y os vais a servir a otros dioses postrándoos ante ellos,
7 yo arrancaré a
Israel de la superficie de la tierra que les he dado; arrojaré de mi
presencia esta Casa que yo he consagrado a mi Nombre, e Israel quedará como
proverbio y escarnio de todos los pueblos.
8 Todos los que
pasen ante esta Casa sublime quedarán estupefactos, silbarán y dirán: "¿Por
qué ha hecho así Yahveh a esta tierra y a esta Casa?"
9 Y se
responderá: "Porque abandonaron a Yahveh su Dios, que sacó a sus padres de
la tierra de Egipto, y han seguido a otros dioses, se han postrado ante
ellos y les han servido, por eso ha hecho venir Yahveh todo este mal sobre
ellos"»
10 Al cabo de los
veinte años, durante los cuales edificó Salomón las dos casas, la Casa de
Yahveh y la casa del rey,
11 como Jiram,
rey de Tiro, había proporcionado a Salomón madera de cedro y madera de
ciprés y todo el oro que deseaba, entonces el rey Salomón dio a Jiram veinte
ciudades de la tierra de Galilea.
12 Salió Jiram de
Tiro para ver las ciudades que le había dado Salomón y no le agradaron,
13 Y dijo: «¿Qué
ciudades son éstas que me has dado, hermano mío?» Y las llamó: «Tierra de
Kabul», hasta el día de hoy.
14 Jiram envió al
rey 120 talentos de oro.
15 Esto es lo
referente a la prestación personal que el rey Salomón estableció para
construir la Casa de Yahveh y su propia casa, el Milló y la muralla de
Jerusalén, Jasor, Meguiddó y Guézer,
16 (pues Faraón
rey de Egipto había subido y se había apoderado de Guézer, la incendió y
mató a los cananeos que habitaban en la ciudad, y se la dio en dote a su
hija, la mujer de Salomón,
17 y Salomón
reconstruyó Guézer) Bet Jorón de abajo,
18 Baalat y Tamar
en el desierto del país,
19 todas las
ciudades de aprovisionamiento que tenía Salomón, las ciudades de los carros
y las ciudades para los caballos, y todo cuanto Salomón quiso edificar en
Jerusalén, en el Líbano y en toda la tierra de su dominio.
20 Con toda la
gente que había quedado de los amorreos, de los hititas, de los perizitas,
de los jivitas, de los jebuseos, que no eran israelitas,
21 cuyos
descendientes habían quedado después de ellos en el país y a los que los
israelitas no habían podido entregar al anatema, hizo Salomón una leva que
dura hasta el día de hoy.
22 Pero Salomón
no empleó a ninguno de los israelitas como esclavo para sus obras, sino que
eran sus hombres de guerra, sus oficiales y sus jefes, sus escuderos y jefes
de sus carros y de su caballería.
23 Estos eran los
capataces de los prefectos que estaban al frente de las obras de Salomón;
550 que mandaban a la gente que trabajaba en las obras.
24 Cuando la hija
de Faraón subió de la ciudad de David a la casa que había hecho para ella,
entonces edificó el Milló.
25 Salomón
ofrecía holocaustos y sacrificios de comunión tres veces por año en el altar
que había edificado a Yahveh y hacía quemar ante Yahveh las ofrendas
abrasadas, cuando hubo terminado la Casa.
26 El rey Salomón
construyó una flota en Esyón Guéber, que está cerca de Elat, a orillas del
mar de Suf, en la tierra de Edom.
27 Jiram envió a
las naves a sus servidores, marineros, conocedores del mar, con los
servidores de Salomón.
28 Llegaron a
Ofir, y trajeron de allí 420 talentos de oro que llevaron al rey Salomón.
1 La reina de
Sabá había oído la fama de Salomón... y vino a probarle por medio de
enigmas.
2 Llegó a
Jerusalén con gran número de camellos que traían aromas, gran cantidad de
oro y piedras preciosas; llegada que fue donde Salomón, le dijo todo cuanto
tenía en su corazón.
3 Salomón
resolvió todas sus preguntas. No hubo ninguna proposición oscura que el rey
no le pudiese resolver.
4 Cuando la reina
de Sabá vio toda la sabiduría de Salomón y la casa que había edificado,
5 los manjares de
su mesa, las habitaciones de sus servidores, el porte de sus ministros y sus
vestidos, sus coperos y los holocaustos que ofrecía en la Casa de Yahveh, se
quedó sin aliento,
6 y dijo al rey:
«¡Verdad es cuanto oí decir en mi tierra de tus palabras y tu sabiduría!
7 No daba yo
crédito a lo que se decía hasta que he venido y lo he visto con mis propios
ojos, y hallo que no dijeron ni la mitad. Tu sabiduría y tu prosperidad
superan todo lo que oí decir.
8 Dichosas tus
mujeres, dichosos estos tus servidores que están siempre en tu presencia y
escuchan tu sabiduría.
9 Bendito Yahveh
tu Dios que se ha complacido en ti y te ha colocado en el trono de Israel
para siempre, a causa del amor de Yahveh a Israel, y te ha puesto como rey
para administrar derecho y justicia.»
10 Dio al rey 120
talentos de oro, gran cantidad de aromas y piedras preciosas. Nunca llegaron
aromas en tanta abundancia como los que la reina de Sabá dio al rey Salomón.
11 La flota de
Jiram, la que transportó el oro de Ofir, trajo también madera de almugguim
en gran cantidad, y piedras preciosas.
12 Con la madera
de almugguim hizo el rey balaustradas para la Casa de Yahveh y para la casa
del rey, cítaras y salterios para los cantores. No vino más madera de
almugguim y no se ha vuelto a ver hasta el día de hoy.
13 El rey Salomón
dio a la reina de Sabá todo cuanto ella quiso pedirle, aparte lo que Salomón
le dio con magnificencia de un rey como Salomón. Ella se volvió y regreso a
su país con sus servidores.
14 El peso del
oro que llegaba a Salomón cada año era de 666 talentos de oro,
15 sin contar las
contribuciones de los mercaderes, las ganancias de los comerciantes y de
todos los reyes árabes y de los inspectores del país.
16 El rey Salomón
hizo doscientos grandes escudos de oro batido, aplicando seiscientos siclos
de oro batido en cada escudo,
17 y trescientos
escudos pequeños de oro batido, aplicando tres minas de oro en cada escudo.
El rey los colocó en la casa «Bosque del Líbano».
18 Hizo el rey un
gran trono de marfil y lo revistió de oro finísimo.
19 El trono tenía
seis gradas y un respaldo redondo en su parte posterior con brazos a uno y
otro lado del asiento; dos leones de pie junto a los brazos
20 más doce
leones de pie sobre las seis gradas, a uno y otro lado. No se hizo cosa
semejante en ningún reino.
21 Todas las
copas de beber del rey Salomón eran de oro y toda la vajilla de la casa
«Bosque del Líbano» era de oro fino; la plata no se estimaba en nada en
tiempo del rey Salomón,
22 porque el rey
tenía una flota de Tarsis en el mar con la flota de Jiram, y cada tres años
venía la flota de Tarsis, trayendo oro, plata, marfil, monos y pavos reales.
23 El rey Salomón
sobrepujó a todos los reyes de la tierra en riqueza y sabiduría.
24 Todo el mundo
quería ver el rostro de Salomón para oír la sabiduría que Dios había puesto
en su corazón.
25 Y cada uno de
ellos traía su presente: objetos de plata, objetos de oro, vestidos, armas y
aromas, caballos y mulos, año tras año.
26 Salomón reunió
carros y caballos; tuvo 1.400 carros y 12.000 caballos que llevó a las
ciudades de los carros y junto al rey en Jerusalén.
27 Hizo el rey
que la plata fuera tan abundante en Jerusalén como las piedras, y los cedros
como los sicómoros de la Tierra Baja.
28 Los caballos
de Salomón procedían de Musur y de Cilicia. Los mercaderes del rey los
compraban en Cilicia por su precio en dinero.
29 Un carro que
subía de Egipto valía seiscientos siclos de plata y un caballo 150. Los
traían también como intermediarios para todos los reyes de los hititas y
todos los reyes de Aram.