"PROVERBIOS"
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30,
31.
1 Proverbios de
Salomón, hijo de David, rey de Israel:
2 para aprender
sabiduría e instrucción, para entender los discursos profundos,
3 para alcanzar
instrucción y perspicacia, - justicia, equidad y rectitud -,
4 para enseñar a
los simples la prudencia, a los jóvenes ciencia y reflexión,
5 Que atienda el
sabio y crecerá en doctrina, y el inteligente aprenderá a hacer proyectos.
6 para descifrar
proverbios y enigmas, los dichos de los sabios y sus adivinanzas.
7 El temor de
Yahveh es el principio de la ciencia; los necios desprecian la sabiduría y
la instrucción.
8 Escucha, hijo
mío, la instrucción de tu padre y no desprecies la lección de tu madre:
9 corona graciosa
son para tu cabeza y un collar para tu cuello.
10 Hijo mío, si
los pecadores te quieren seducir, no vayas.
11 Si te dicen:
«¡Vente con nosotros, estemos al acecho para derramar sangre, apostémonos
contra el inocente sin motivo alguno,
12 devorémoslos
vivos como el seol, enteros como los que bajan a la fosa!;
13 ¡hallaremos
toda clase de riquezas, llenaremos nuestras casas de botín,
14 te tocará tu
parte igual que a nosotros, para todos habrá bolsa común!»:
15 no te pongas,
hijo mío, en camino con ellos, tu pie detén ante su senda,
16 = porque sus
pies corren hacia el mal y a derramar sangre se apresuran; =
17 pues es inútil
tender la red a los ojos mismos de los pajarillos.
18 Contra su
propia sangre están acechando, apostados están contra sus propias vidas.
19 Esa es la
senda de todo el que se entrega a la rapiña: ella quita la vida a su propio
dueño.
20 La Sabiduría
clama por las calles, por las plazas alza su voz,
21 llama en la
esquina de las calles concurridas, a la entrada de las puertas de la ciudad
pronuncia sus discursos:
22 «¿Hasta
cuándo, simples, amaréis vuestra simpleza y arrogantes os gozaréis en la
arrogancia y necios tendréis odio a la ciencia?
23 Convertíos por
mis reprensiones: voy a derramar mi espíritu para vosotros, os voy a
comunicar mis palabras.
24 Ya que os he
llamado y no habéis querido, he tendido mi mano y nadie ha prestado
atención,
25 habéis
despreciado todos mis consejos, no habéis hecho caso de mis reprensiones;
26 también yo me
reiré de vuestra desgracia, me burlaré cuando llegue vuestro espanto,
27 cuando llegue,
como huracán, vuestro espanto, vuestra desgracia sobrevenga como torbellino,
cuando os alcancen la angustia y la tribulación.
28 Entonces me
llamarán y no responderé, me buscarán y no me hallarán.
29 Porque
tuvieron odio a la ciencia y no eligieron el temor de Yahveh,
30 no hicieron
caso de mi consejo, ni admitieron de mí ninguna reprensión;
31 comerán del
fruto de su conducta, de sus propios consejos se hartarán.
32 Su propio
descarrío matará a los simples, la despreocupación perderá a los insensatos.
33 Pero el que me
escucha vivirá seguro, tranquilo, sin temor a la desgracia.»
1 Hijo mío, si
das acogida a mis palabras, y guardas en tu memoria mis mandatos,
2 prestando tu
oído a la sabiduría, inclinando tu corazón a la prudencia;
3 si invocas a la
inteligencia y llamas a voces a la prudencia;
4 si la buscas
como la plata y como un tesoro la rebuscas,
5 entonces
entenderás el temor de Yahveh y la ciencia de Dios encontrarás.
6 Porque Yahveh
es el que da la sabiduría, de su boca nacen la ciencia y la prudencia.
7 Reserva el
éxito para los rectos, es escudo para quienes proceden con entereza,
8 vigila las
sendas de la equidad y guarda el camino de sus amigos.
9 Entonces
entenderás la justicia, la equidad y la rectitud: todos los senderos del
bien.
10 Cuando entre
la sabiduría en tu corazón y la ciencia sea dulce para tu alma,
11 velará sobre
ti la reflexión y la prudencia te guardará,
12 apartándote
del mal camino, del hombre que propone planes perversos,
13 de los que
abandonan el recto sendero para ir por caminos tenebrosos,
14 de los que se
gozan en hacer el mal, se regocijan en la perversidad,
15 cuyos senderos
son tortuosos y sus sendas llenas de revueltas.
16 Ella te
apartará de la mujer ajena, de la extraña de melosas palabras,
17 que ha dejado
al amigo de su juventud y ha olvidado la alianza de su Dios;
18 su casa está
inclinada hacia la muerte, hacia las sombras sus tortuosos senderos.
19 Nadie que
entre por ella volverá, no alcanzará las sendas de la vida.
20 Por eso has de
ir por el camino de los buenos, seguirás las sendas de los justos.
21 Porque los
rectos habitarán la tierra y los íntegros se mantendrán en ella;
22 pero los malos
serán cercenados de la tierra, se arrancará de ella a los desleales.
1 Hijo mío, no
olvides mi lección, en tu corazón guarda mis mandatos,
2 pues largos
días y años de vida y bienestar te añadirán.
3 La piedad y la
lealtad no te abandonen; átalas a tu cuello, escríbelas en la tablilla de tu
corazón.
4 Así hallarás
favor y buena acogida a los ojos de Dios y de los hombres.
5 Confía en
Yahveh de todo corazón y no te apoyes en tu propia inteligencia;
6 reconócele en
todos tus caminos y él enderezará tus sendas.
7 No seas sabio a
tus propios ojos, teme a Yahveh y apártate del mal:
8 medicina será
para tu carne y refrigerio para tus huesos.
9 Honra a Yahveh
con tus riquezas, con las primicias de todas tus ganancias:
10 tus trojes se
llenarán de grano y rebosará de mosto tu lagar.
11 No desdeñes,
hijo mío, la instrucción de Yahveh, no te dé fastidio su reprensión,
12 porque Yahveh
reprende a aquel que ama, como un padre al hijo querido.
13 Dichoso el
hombre que ha encontrado la sabiduría y el hombre que alcanza la prudencia;
14 más vale su
ganancia que la ganancia de plata, su renta es mayor que la del oro.
15 Más preciosa
es que las perlas, nada de lo que amas se le iguala.
16 Largos días a
su derecha, y a su izquierda riqueza y gloria.
17 Sus caminos
son caminos de dulzura y todas sus sendas de bienestar.
18 Es árbol de
vida para los que a ella están asidos, felices son los que la abrazan.
19 Con la
Sabiduría fundó Yahveh la tierra, consolidó los cielos con inteligencia;
20 con su ciencia
se abrieron los océanos y las nubes destilan el rocío.
21 Hijo mío,
guarda la prudencia y la reflexión, no se aparten nunca de tus ojos:
22 serán vida
para tu alma y adorno para tu cuello.
23 Así irás
tranquilo por tu camino y no tropezará tu pie.
24 No tendrás
miedo al acostarte, una vez acostado, será dulce tu sueño.
25 No temerás el
espanto repentino, ni cuando llegue la tormenta de los malos,
26 porque Yahveh
será tu tranquilidad y guardará tu pie de caer en el cepo.
27 No niegues un
favor a quien es debido, si en tu mano está el hacérselo.
28 No digas a tu
prójimo: «Vete y vuelve, mañana te daré», si tienes algo en tu poder.
29 No trames mal
contra tu prójimo cuando se sienta confiado junto a ti.
30 No te
querelles contra nadie sin motivo, si no te ha hecho ningún mal.
31 No envidies al
hombre violento, ni elijas ninguno de sus caminos;
32 porque Yahveh
abomina a los perversos, pero su intimidad la tiene con los rectos.
33 La maldición
de Yahveh en la casa del malvado, en cambio bendice la mansión del justo.
34 Con los
arrogantes es también arrogante, otorga su favor a los pobres.
35 La gloria es
patrimonio de los sabios y los necios heredarán la ignominia.
1 Escuchad,
hijos, la instrucción del padre, estad atentos para aprender inteligencia,
2 porque es buena
la doctrina que os enseño; no abandonéis mi lección.
3 También yo fui
hijo para mi padre, tierno y querido a los ojos de mi madre,
4 El me enseñaba
y me decía: «Retén mis palabras en tu corazón, guarda mis mandatos y
vivirás.
5 Adquiere la
sabiduría, adquiere la inteligencia, no la olvides, no te apartes de los
dichos de mi boca.
6 No la abandones
y ella te guardará, ámala y ella será tu defensa.
7 El comienzo de
la sabiduría es: adquiere la sabiduría, a costa de todos tus bienes adquiere
la inteligencia.
8 Haz acopio de
ella, y ella te ensalzará; ella te honrará, si tú la abrazas;
9 pondrá en tu
cabeza una diadema de gracia, una espléndida corona será tu regalo».
10 Escucha, hijo
mío, recibe mis palabras, y los años de tu vida se te multiplicarán.
11 En el camino
de la sabiduría te he instruido, te he encaminado por los senderos de la
rectitud.
12 Al andar no se
enredarán tus pasos, y si corres, no tropezarás.
13 Aférrate a la
instrucción, no la sueltes; guárdala, que es tu vida.
14 No te metas
por la senda de los perversos, ni vayas por el camino de los malvados.
15 Evítalo, no
pases por él, apártate de él, pasa adelante.
16 Porque ésos no
duermen si no obran el mal, se les quita el sueño si no han hecho caer a
alguno.
17 Es que su pan
es pan de maldad, y vino de violencia es su bebida.
18 La senda de
los justos es como la luz del alba, que va en aumento hasta llegar a pleno
día.
19 Pero el camino
de los malos es como tinieblas, no saben dónde han tropezado.
20 Atiende, hijo
mío, a mis palabras, inclina tu oído a mis razones.
21 No las apartes
de tus ojos, guárdalas dentro de tu corazón.
22 Porque son
vida para los que las encuentran, y curación para toda carne.
23 Por encima de
todo cuidado, guarda tu corazón, porque de él brotan las fuentes de la vida.
24 Aparta de ti
la falsía de la boca y el enredo de los labios arrójalo de ti.
25 Miren de
frente tus ojos, tus párpados derechos a lo que está ante tí.
26 Tantea bien el
sendero de tus pies y sean firmes todos tus caminos.
27 No te tuerzas
ni a derecha ni a izquierda, aparta tu pie de la maldad.
1 Presta, hijo
mío, atención a mi sabiduría, aplica tu oído a mi prudencia,
2 para que
guardes tú la reflexión y tus labios conserven la ciencia. No hagas caso de
la mujer perversa,
3 pues miel
destilan los labios de la extraña, su paladar es más suave que el aceite;
4 pero al fin es
amarga como el ajenjo, mordaz como espada de dos filos.
5 Sus pies
descienden a la muerte, sus pasos se dirigen al seol.
6 Por no seguir
la senda de la vida, se desvía por sus vericuetos sin saberlo.
7 Así pues, hijo
mío, escúchame, no te apartes de los dichos de mi boca:
8 aleja de ella
tu camino, no te acerques a la puerta de su casa;
9 no sea que ella
dé tu honor a otro y tus años a un hombre cruel;
10 no se harten
de tus bienes los extraños, ni paren tus fatigas en casa del extranjero;
11 no sea que
gimas a la postre cuando tu cuerpo y tu carne se consuman,
12 y digas: «Ay
de mí, que he odiado la instrucción, mi corazón ha despreciado los
reproches,
13 no he
escuchado la voz de mis maestros ni he prestado oídos a los que me
instruían.
14 A punto he
estado de cualquier desgracia, en medio de la asamblea y la comunidad.»
15 Bebe el agua
de tu cisterna, la que brota de tu pozo.
16 ¿Se van a
desbordar por fuera tus arroyos, las corrientes de agua por las plazas?
17 Que sean para
ti solo, no para que las beban contigo los extraños.
18 - Sea tu
fuente bendita. Gózate en la mujer de tu mocedad,
19 cierva amable,
graciosa gacela: embriáguente en todo tiempo sus amores, su amor te apasione
para siempre.
20 ¿Por qué
apasionarte, hijo mío, de una ajena, abrazar el seno de una extraña?
21 Pues los
caminos del hombre están en la presencia de Yahveh, él vigila todos sus
senderos.
22 El malvado
será presa de sus propias maldades, con los lazos de su pecado se le
capturará.
23 Morirá por su
falta de instrucción, por su gran necedad se perderá.