"EVANGELIO SEGUN SAN MARCOS"
Versiculo anterior >> Marcos 10:52
1 Cuando se
aproximaban a Jerusalén, cerca ya de Betfagé y Betania, al pie del monte de
los Olivos, envía a dos de sus discípulos,
2 diciéndoles:
«Id al pueblo que está enfrente de vosotros, y no bien entréis en él,
encontraréis un pollino atado, sobre el que no ha montado todavía ningún
hombre. Desatadlo y traedlo.
3 Y si alguien os
dice: "¿Por qué hacéis eso?", decid: "El Señor lo necesita, y que lo
devolverá en seguida".»
4 Fueron y
encontraron el pollino atado junto a una puerta, fuera, en la calle, y lo
desataron.
5 Algunos de los
que estaban allí les dijeron: «¿Qué hacéis desatando el pollino?»
6 Ellos les
contestaron según les había dicho Jesús, y les dejaron.
7 Traen el
pollino donde Jesús, echaron encima sus mantos y se sentó sobre él.
8 Muchos
extendieron sus mantos por el camino; otros, follaje cortado de los campos.
9 Los que iban
delante y los que le seguían, gritaban: «= ¡Hosanna! ¡Bendito el que viene
en nombre del Señor! =
10 ¡Bendito el
reino que viene, de nuestro padre David! = ¡Hosanna = en las alturas!»
11 Y entró en
Jerusalén, en el Templo, y después de observar todo a su alrededor, siendo
ya tarde, salió con los Doce para Betania.
12 Al día
siguiente, saliendo ellos de Betania, sintió hambre.
13 Y viendo de
lejos una higuera con hojas, fue a ver si encontraba algo en ella;
acercándose a ella, no encontró más que hojas; es que no era tiempo de
higos.
14 Entonces le
dijo: «¡Que nunca jamás coma nadie fruto de ti!» Y sus discípulos oían esto.
15 Llegan a
Jerusalén; y entrando en el Templo, comenzó a echar fuera a los que vendían
y a los que compraban en el Templo; volcó las mesas de los cambistas y los
puestos de los vendedores de palomas
16 y no permitía
que nadie transportase cosas por el Templo.
17 Y les
enseñaba, diciéndoles: «¿No está escrito: = Mi Casa será llamada Casa de
oración para todas las gentes? = ¡Pero vosotros la tenéis hecha una = cueva
de bandidos! =»
18 Se enteraron
de esto los sumos sacerdotes y los escribas y buscaban cómo podrían matarle;
porque le tenían miedo, pues toda la gente estaba asombrada de su doctrina.
19 Y al
atardecer, salía fuera de la ciudad.
20 Al pasar muy
de mañana, vieron la higuera, que estaba seca hasta la raíz.
21 Pedro,
recordándolo, le dice: «¡Rabbí, mira!, la higuera que maldijiste está seca.»
22 Jesús les
respondió: «Tened fe en Dios.
23 Yo os aseguro
que quien diga a este monte: "Quítate y arrójate al mar" y no vacile en su
corazón sino que crea que va a suceder lo que dice, lo obtendrá.
24 Por eso os
digo: todo cuanto pidáis en la oración, creed que ya lo habéis recibido y lo
obtendréis.
25 Y cuando os
pongáis de pie para orar, perdonad, si tenéis algo contra alguno, para que
también vuestro Padre, que está en los cielos, os perdone vuestras ofensas.»
27 Vuelven a
Jerusalén y, mientras paseaba por el Templo, se le acercan los sumos
sacerdotes, los escribas y los ancianos,
28 y le decían:
«¿Con qué autoridad haces esto?, o ¿quién te ha dado tal autoridad para
hacerlo?»
29 Jesús les
dijo: «Os voy a preguntar una cosa. Respondedme y os diré con qué autoridad
hago esto.
30 El bautismo de
Juan, ¿era del cielo o de los hombres? Respondedme.»
31 Ellos
discurrían entre sí: «Si decimos: "Del cielo", dirá: "Entonces, ¿por qué no
le creísteis?"
32 Pero ¿vamos a
decir: "De los hombres?"» Tenían miedo a la gente; pues todos tenían a Juan
por un verdadero profeta.
33 Responden,
pues, a Jesús: «No sabemos.» Jesús entonces les dice: «Tampoco yo os digo
con qué autoridad hago esto.»
1 Y se puso a
hablarles en parábolas: «Un hombre plantó una viña, la rodeó de una cerca,
cavó un lagar y edificó una torre; la arrendó a unos labradores, y se
ausentó.
2 Envió un siervo
a los labradores a su debido tiempo para recibir de ellos una parte de los
frutos de la viña.
3 Ellos le
agarraron, le golpearon y le despacharon con las manos vacías.
4 De nuevo les
envió a otro siervo; también a éste le descalabraron y le insultaron.
5 Y envió a otro
y a éste le mataron; y también a otros muchos, hiriendo a unos, matando a
otros.
6 Todavía le
quedaba un hijo querido; les envió a éste, el último, diciendo: "A mi hijo
le respetarán".
7 Pero aquellos
labradores dijeron entre sí: "Este es el heredero. Vamos, matémosle, y será
nuestra la herencia."
8 Le agarraron,
le mataron y le echaron fuera de la viña.
9 ¿Qué hará el
dueño de la viña? Vendrá y dará muerte a los labradores y entregará la viña
a otros.
10 ¿No habéis
leído esta Escritura: = La piedra que los constructores desecharon, en
piedra angular se ha convertido; =
11 = fue el Señor
quien hizo esto y es maravilloso a nuestros ojos?» =
12 Trataban de
detenerle - pero tuvieron miedo a la gente - porque habían comprendido que
la parábola la había dicho por ellos. Y dejándole, se fueron.
13 Y envían donde
él algunos fariseos y herodianos, para cazarle en alguna palabra.
14 Vienen y le
dicen: «Maestro, sabemos que eres veraz y que no te importa por nadie,
porque no miras la condición de las personas, sino que enseñas con franqueza
el camino de Dios: ¿Es lícito pagar tributo al César o no? ¿Pagamos o
dejamos de pagar?»
15 Mas él,
dándose cuenta de su hipocresía, les dijo: «¿Por qué me tentáis? Traedme un
denario, que lo vea.»
16 Se lo trajeron
y les dice: «¿De quién es esta imagen y la inscripción?» Ellos le dijeron:
«Del César.»
17 Jesús les
dijo: «Lo del César, devolvédselo al César, y lo de Dios, a Dios.» Y se
maravillaban de él.
18 Se le acercan
unos saduceos, esos que niegan que haya resurrección, y le preguntaban:
19 «Maestro,
Moisés nos dejó escrito que si muere el hermano de alguno y deja mujer y no
deja hijos, que su hermano tome a la mujer para dar descendencia a su
hermano.
20 Eran siete
hermanos: el primero tomó mujer, pero murió sin dejar descendencia;
21 también el
segundo la tomó y murió sin dejar descendencia; y el tercero lo mismo.
22 Ninguno de los
siete dejó descendencia. Después de todos, murió también la mujer.
23 En la
resurrección, cuando resuciten, ¿de cuál de ellos será mujer? Porque los
siete la tuvieron por mujer.»
24 Jesús les
contestó: «¿No estáis en un error precisamente por esto, por no entender las
Escrituras ni el poder de Dios?
25 Pues cuando
resuciten de entre los muertos, ni ellos tomarán mujer ni ellas marido, sino
que serán como ángeles en los cielos.
26 Y acerca de
que los muertos resucitan, ¿no habéis leído en el libro de Moisés, en lo de
la zarza, cómo Dios le dijo: = Yo soy el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y
el Dios de Jacob? =
27 No es un Dios
de muertos, sino de vivos. Estáis en un gran error.»
28 Acercóse uno
de los escribas que les había oído y, viendo que les había respondido muy
bien, le preguntó: «¿Cuál es el primero de todos los mandamientos?»
29 Jesús le
contestó: «El primero es: = Escucha, Israel: El Señor, nuestro Dios, es el
único Señor, =
30 = y amarás al
Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, = con toda tu mente y
= con todas tus fuerzas. =
31 El segundo es:
= Amarás a tu prójimo como a ti mismo. = No existe otro mandamiento mayor
que éstos.»
32 Le dijo el
escriba: «Muy bien, Maestro; tienes razón al decir que = El es único y que
no hay otro fuera de El, =
33 = y amarle con
todo el corazón, con toda la inteligencia y con todas las fuerzas, y amar al
prójimo como a si mismo = vale más que todos los holocaustos y sacrificios.»
34 Y Jesús,
viendo que le había contestado con sensatez, le dijo: «No estás lejos del
Reino de Dios.» Y nadie más se atrevía ya a hacerle preguntas.
35 Jesús, tomando
la palabra, decía mientras enseñaba en el Templo: «¿Cómo dicen los escribas
que el Cristo es hijo de David?
36 David mismo
dijo, movido por el Espíritu Santo: = Dijo el Señor a mi Señor: Siéntate a
mi diestra hasta que ponga a tus enemigos debajo de tus pies. =
37 El mismo David
le llama Señor; ¿cómo entonces puede ser hijo suyo?» La muchedumbre le oía
con agrado.
38 Decía también
en su instrucción: «Guardaos de los escribas, que gustan pasear con amplio
ropaje, ser saludados en las plazas,
39 ocupar los
primeros asientos en las sinagogas y los primeros puestos en los banquetes;
40 y que devoran
la hacienda de las viudas so capa de largas oraciones. Esos tendrán una
sentencia más rigurosa.
41 Jesús se sentó
frente al arca del Tesoro y miraba cómo echaba la gente monedas en el arca
del Tesoro: muchos ricos echaban mucho.
42 Llegó también
una viuda pobre y echó dos moneditas, o sea, una cuarta parte del as.
43 Entonces,
llamando a sus discípulos, les dijo: «Os digo de verdad que esta viuda pobre
ha echado más que todos los que echan en el arca del Tesoro.
44 Pues todos han
echado de los que les sobraba, ésta, en cambio, ha echado de lo que
necesitaba todo cuanto poseía, todo lo que tenía para vivir.
1 Al salir del
Templo, le dice uno de sus discípulos: «Maestro, mira qué piedras y qué
construcciones.»
2 Jesús le dijo:
«¿Ves estas grandiosas construcciones? No quedará piedra sobre piedra que no
sea derruida.»
3 Estando luego
sentado en el monte de los Olivos, frente al Templo, le preguntaron en
privado Pedro, Santiago, Juan y Andrés:
4 «Dinos cuándo
sucederá eso, y cuál será la señal de que todas estas cosas están para
cumplirse.»
5 Jesús empezó a
decirles: «Mirad que no os engañe nadie.
6 Vendrán muchos
usurpando mi nombre y diciendo: "Yo soy", y engañarán a muchos.
7 Cuando oigáis
hablar de guerras y de rumores de guerras, no os alarméis; porque eso es
necesario que suceda, pero no es todavía el fin.
8 Pues se
levantará nación contra nación y reino contra reino. Habrá terremotos en
diversos lugares, habrá hambre: esto será el comienzo de los dolores de
alumbramiento.
9 «Pero vosotros
mirad por vosotros mismos; os entregarán a los tribunales, seréis azotados
en las sinagogas y compareceréis ante gobernadores y reyes por mi causa,
para que deis testimonio ante ellos.
10 Y es preciso
que antes sea proclamada la Buena Nueva a todas las naciones.
11 «Y cuando os
lleven para entregaros, no os preocupéis de qué vais a hablar; sino hablad
lo que se os comunique en aquel momento. Porque no seréis vosotros los que
hablaréis, sino el Espíritu Santo.
12 Y entregará a
la muerte hermano a hermano y padre a hijo; se levantarán hijos contra
padres y los matarán.
13 Y seréis
odiados de todos por causa de mi nombre; pero el que persevere hasta el fin,
ése se salvará.
14 «Pero cuando
veáis = la abominación de la desolación = erigida donde no debe (el que lea,
que entienda), entonces, los que estén en Judea, huyan a los montes;
15 el que esté en
el terrado, no baje ni entre a recoger algo de su casa,
16 y el que esté
por el campo, no regrese en busca de su manto.
17 ¡Ay de las que
estén encinta o criando en aquellos días!
18 Orad para que
no suceda en invierno.
19 Porque
aquellos días habrá = una tribulación cual no la hubo = desde el principio
de la creación, que hizo Dios, = hasta el presente, = ni la volverá a haber.
20 Y si el Señor
no abreviase aquellos días, no se salvaría nadie, pero en atención a los
elegidos que él escogió, ha abreviado los días.
21 Entonces, si
alguno os dice: "Mirad, el Cristo aquí" "Miradlo allí", no lo creáis.
22 Pues surgirán
falsos cristos y falsos profetas y realizarán señales y prodigios con el
propósito de engañar, si fuera posible, a los elegidos.
23 Vosotros,
pues, estad sobre aviso; mirad que os lo he predicho todo.
24 «Mas por esos
días, después de aquella tribulación, el sol se oscurecerá, la luna no dará
su resplandor,
25 las estrellas
irán cayendo del cielo, y las fuerzas que están en los cielos serán
sacudidas.
26 Y entonces
verán al Hijo del hombre que viene entre nubes con gran poder y gloria;
27 entonces
enviará a los ángeles y reunirá de los cuatro vientos a sus elegidos, desde
el extremo de la tierra hasta el extremo del cielo.
28 «De la higuera
aprended esta parábola: cuando ya sus ramas están tiernas y brotan las
hojas, sabéis que el verano está cerca.
29 Así también
vosotros, cuando veáis que sucede esto, sabed que El está cerca, a las
puertas.
30 Yo os aseguro
que no pasará esta generación hasta que todo esto suceda.
31 El cielo y la
tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán.
32 Mas de aquel
día y hora, nadie sabe nada, ni los ángeles en el cielo, ni el Hijo, sino
sólo el Padre.
33 «Estad atentos
y vigilad, porque ignoráis cuándo será el momento.
34 Al igual que
un hombre que se ausenta: deja su casa, da atribuciones a sus siervos, a
cada uno su trabajo, y ordena al portero que vele;
35 velad, por
tanto, ya que no sabéis cuándo viene el dueño de la casa, si al atardecer, o
a media noche, o al cantar del gallo, o de madrugada.
36 No sea que
llegue de improviso y os encuentre dormidos.
37 Lo que a
vosotros digo, a todos lo digo: ¡Velad!»
1 Faltaban dos
días para la Pascua y los Azimos. Los sumos sacerdotes y los escribas
buscaban cómo prenderle con engaño y matarle.
2 Pues decían:
«Durante la fiesta no, no sea que haya alboroto del pueblo.»
3 Estando él en
Betania, en casa de Simón el leproso, recostado a la mesa, vino una mujer
que traía un frasco de alabastro con perfume puro de nardo, de mucho precio;
quebró el frasco y lo derramó sobre su cabeza.
4 Había algunos
que se decían entre sí indignados: «¿Para qué este despilfarro de perfume?
5 Se podía haber
vendido este perfume por más de trescientos denarios y habérselo dado a los
pobres.» Y refunfuñaban contra ella.
6 Mas Jesús dijo:
«Dejadla. ¿Por qué la molestáis? Ha hecho una obra buena en mí.
7 Porque pobres
tendréis siempre con vosotros y podréis hacerles bien cuando queráis; pero a
mí no me tendréis siempre.
8 Ha hecho lo que
ha podido. Se ha anticipado a embalsamar mi cuerpo para la sepultura.
9 Yo os aseguro:
dondequiera que se proclame la Buena Nueva, en el mundo entero, se hablará
también de lo que ésta ha hecho para memoria suya.»
10 Entonces,
Judas Iscariote, uno de los Doce, se fue donde los sumos sacerdotes para
entregárselo.
11 Al oírlo
ellos, se alegraron y prometieron darle dinero. Y él andaba buscando cómo le
entregaría en momento oportuno.
12 El primer día
de los Azimos, cuando se sacrificaba el cordero pascual, le dicen sus
discípulos: «¿Dónde quieres que vayamos a hacer los preparativos para que
comas el cordero de Pascua?»
13 Entonces,
envía a dos de sus discípulos y les dice: «Id a la ciudad; os saldrá al
encuentro un hombre llevando un cántaro de agua; seguidle
14 y allí donde
entre, decid al dueño de la casa: "El Maestro dice: ¿Dónde está mi sala,
donde pueda comer la Pascua con mis discípulos?"
15 El os enseñará
en el piso superior una sala grande, ya dispuesta y preparada; haced allí
los preparativos para nosotros.»
16 Los discípulos
salieron, llegaron a la ciudad, lo encontraron tal como les había dicho, y
prepararon la Pascua.
17 Y al
atardecer, llega él con los Doce.
18 Y mientras
comían recostados, Jesús dijo: «Yo os aseguro que uno de vosotros me
entregará, el que come conmigo.»
19 Ellos
empezaron a entristecerse y a decirle uno tras otro: «¿Acaso soy yo?»
20 El les dijo:
«Uno de los Doce que moja conmigo en el mismo plato.
21 Porque el Hijo
del hombre se va, como está escrito de él, pero ¡ay de aquel por quien el
Hijo del hombre es entregado! ¡Más le valdría a ese hombre no haber nacido!»
22 Y mientras
estaban comiendo, tomó pan, lo bendijo, lo partió y se lo dio y dijo:
«Tomad, este es mi cuerpo.»
23 Tomó luego una
copa y, dadas las gracias, se la dio, y bebieron todos de ella.
24 Y les dijo:
«Esta es mi sangre de la Alianza, que es derramada por muchos.
25 Yo os aseguro
que ya no beberé del producto de la vid hasta el día en que lo beba nuevo en
el Reino de Dios.»
26 Y cantados los
himnos, salieron hacia el monte de los Olivos.
27 Jesús les
dice: «Todos os vais a escandalizar, ya que está escrito: = Heriré al pastor
y se dispersarán las ovejas. =
28 Pero después
de mi resurrección, iré delante de vosotros a Galilea.»
29 Pedro le dijo:
«Aunque todos se escandalicen, yo no.»
30 Jesús le dice:
«Yo te aseguro: hoy, esta misma noche, antes que el gallo cante dos veces,
tú me habrás negado tres.»
31 Pero él
insistía: «Aunque tenga que morir contigo, yo no te negaré.» Lo mismo decían
también todos.
32 Van a una
propiedad, cuyo nombre es Getsemaní, y dice a sus discípulos: «Sentaos aquí,
mientras yo hago oración.»
33 Toma consigo a
Pedro, Santiago y Juan, y comenzó a sentir pavor y angustia.
34 Y les dice:
«Mi alma está triste hasta el punto de morir; quedaos aquí y velad.»
35 Y
adelantándose un poco, caía en tierra y suplicaba que a ser posible pasara
de él aquella hora.
36 Y decía:
«¡Abbá, Padre!; todo es posible para ti; aparta de mí esta copa; pero no sea
lo que yo quiero, sino lo que quieras tú.»
37 Viene entonces
y los encuentra dormidos; y dice a Pedro: «Simón, ¿duermes?, ¿ni una hora
has podido velar?
38 Velad y orad,
para que no caigáis en tentación; que el espíritu está pronto, pero la carne
es débil.»
39 Y alejándose
de nuevo, oró diciendo las mismas palabras.
40 Volvió otra
vez y los encontró dormidos, pues sus ojos estaban cargados; ellos no sabían
qué contestarle.
41 Viene por
tercera vez y les dice: «Ahora ya podéis dormir y descansar. Basta ya. Llegó
la hora. Mirad que el Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los
pecadores.
42 ¡Levantaos!
¡vámonos! Mirad, el que me va a entregar está cerca.»
43 Todavía estaba
hablando, cuando de pronto se presenta Judas, uno de los Doce, acompañado de
un grupo con espadas y palos, de parte de los sumos sacerdotes, de los
escribas y de los ancianos.
44 El que le iba
a entregar les había dado esta contraseña: «Aquel a quien yo dé un beso, ése
es, prendedle y llevadle con cautela.»
45 Nada más
llegar, se acerca a él y le dice: «Rabbí», y le dio un beso.
46 Ellos le
echaron mano y le prendieron.
47 Uno de los
presentes, sacando la espada, hirió al siervo del Sumo Sacerdote, y le llevó
la oreja.
48 Y tomando la
palabra Jesús, les dijo: «¿Como contra un salteador habéis salido a
prenderme con espadas y palos?
49 Todos los días
estaba junto a vosotros enseñando en el Templo, y no me detuvisteis. Pero es
para que se cumplan las Escrituras.»
50 Y
abandonándole huyeron todos.
51 Un joven le
seguía cubierto sólo de un lienzo; y le detienen.
52 Pero él,
dejando el lienzo, se escapó desnudo.
53 Llevaron a
Jesús ante el Sumo Sacerdote, y se reúnen todos los sumos sacerdotes, los
ancianos y los escribas.
54 También Pedro
le siguió de lejos, hasta dentro del palacio del Sumo Sacerdote, y estaba
sentado con los criados, calentándose al fuego.
55 Los sumos
sacerdotes y el Sanedrín entero andaban buscando contra Jesús un testimonio
para darle muerte; pero no lo encontraban.
56 Pues muchos
daban falso testimonio contra él, pero los testimonios no coincidían.
57 Algunos,
levantándose, dieron contra él este falso testimonio:
58 «Nosotros le
oímos decir: Yo destruiré este Santuario hecho por hombres y en tres días
edificaré otro no hecho por hombres.»
59 Y tampoco en
este caso coincidía su testimonio.
60 Entonces, se
levantó el Sumo Sacerdote y poniéndose en medio, preguntó a Jesús: «¿No
respondes nada? ¿Qué es lo que éstos atestiguan contra ti?»
61 Pero él seguía
callado y no respondía nada. El Sumo Sacerdote le preguntó de nuevo: «¿Eres
tú el Cristo, el Hijo del Bendito?»
62 Y dijo Jesús:
«Sí, yo soy, y veréis = al Hijo del hombre sentado a la diestra del Poder y
venir entre las nubes del cielo.» =
63 El Sumo
Sacerdote se rasga las túnicas y dice: «¿Qué necesidad tenemos ya de
testigos?
64 Habéis oído la
blasfemia. ¿Qué os parece?» Todos juzgaron que era reo de muerte.
65 Algunos se
pusieron a escupirle, le cubrían la cara y le daban bofetadas, mientras le
decían: «Adivina», y los criados le recibieron a golpes.
66 Estando Pedro
abajo en el patio, llega una de las criadas del Sumo Sacerdote
67 y al ver a
Pedro calentándose, le mira atentamente y le dice: «También tú estabas con
Jesús de Nazaret.»
68 Pero él lo
negó: «Ni sé ni entiendo qué dices», y salió afuera, al portal, y cantó un
gallo.
69 Le vio la
criada y otra vez se puso a decir a los que estaban allí: «Este es uno de
ellos.»
70 Pero él lo
negaba de nuevo. Poco después, los que estaban allí volvieron a decir a
Pedro: «Ciertamente eres de ellos pues además eres galileo.»
71 Pero él, se
puso a echar imprecaciones y a jurar: «¡Yo no conozco a ese hombre de quien
habláis!»
72 Inmediatamente
cantó un gallo por segunda vez. Y Pedro recordó lo que le había dicho Jesús:
«Antes que el gallo cante dos veces, me habrás negado tres.» Y rompió a
llorar.
1 Pronto, al
amanecer, prepararon una reunión los sumos sacerdotes con los ancianos, los
escribas y todo el Sanedrín y, después de haber atado a Jesús, le llevaron y
le entregaron a Pilato.
2 Pilato le
preguntaba: «¿Eres tú el Rey de los judíos?» El le respondió: «Sí, tú lo
dices.»
3 Los sumos
sacerdotes le acusaban de muchas cosas.
4 Pilato volvió a
preguntarle: «¿No contestas nada? Mira de cuántas cosas te acusan.»
5 Pero Jesús no
respondió ya nada, de suerte que Pilato estaba sorprendido.
6 Cada Fiesta les
concedía la libertad de un preso, el que pidieran.
7 Había uno,
llamado Barrabás, que estaba encarcelado con aquellos sediciosos que en el
motín habían cometido un asesinato.
8 Subió la gente
y se puso a pedir lo que les solía conceder.
9 Pilato les
contestó: «¿Queréis que os suelte al Rey de los judíos?»
10 (Pues se daba
cuenta de que los sumos sacerdotes le habían entregado por envidia.)
11 Pero los sumos
sacerdotes incitaron a la gente a que dijeran que les soltase más bien a
Barrabás.
12 Pero Pilato
les decía otra vez: «Y ¿qué voy a hacer con el que llamáis el Rey de los
judíos?»
13 La gente
volvió a gritar: «¡Crucifícale!»
14 Pilato les
decía: «Pero ¿qué mal ha hecho?» Pero ellos gritaron con más fuerza:
«Crucifícale!»
15 Pilato,
entonces, queriendo complacer a la gente, les soltó a Barrabás y entregó a
Jesús, después de azotarle, para que fuera crucificado.
16 Los soldados
le llevaron dentro del palacio, es decir, al pretorio y llaman a toda la
cohorte.
17 Le visten de
púrpura y, trenzando una corona de espinas, se la ciñen.
18 Y se pusieron
a saludarle: «¡Salve, Rey de los judíos!»
19 Y le golpeaban
en la cabeza con una caña, le escupían y, doblando las rodillas, se
postraban ante él.
20 Cuando se
hubieron burlado de él, le quitaron la púrpura, le pusieron sus ropas y le
sacan fuera para crucificarle.
21 Y obligaron a
uno que pasaba, a Simón de Cirene, que volvía del campo, el padre de
Alejandro y de Rufo, a que llevara su cruz.
22 Le conducen al
lugar del Gólgota, que quiere decir: Calvario.
23 Le daban vino
con mirra, pero él no lo tomó.
24 Le crucifican
y se reparten sus vestidos, echando a suertes a ver qué se llevaba cada uno.
25 Era la hora
tercia cuando le crucificaron.
26 Y estaba
puesta la inscripción de la causa de su condena: «El Rey de los judíos.»
27 Con él
crucificaron a dos salteadores, uno a su derecha y otro a su izquierda.
29 Y los que
pasaban por allí le insultaban, meneando la cabeza y diciendo: «¡Eh, tú!,
que destruyes el Santuario y lo levantas en tres días,
30 ¡sálvate a ti
mismo bajando de la cruz!»
31 Igualmente los
sumos sacerdotes se burlaban entre ellos junto con los escribas diciendo: «A
otros salvó y a sí mismo no puede salvarse.
32 ¡El Cristo, el
Rey de Israel!, que baje ahora de la cruz, para que lo veamos y creamos.»
También le injuriaban los que con él estaban crucificados.
33 Llegada la
hora sexta, hubo oscuridad sobre toda la tierra hasta la hora nona.
34 A la hora nona
gritó Jesús con fuerte voz: = «Eloí, Eloí, ¿lema sabactaní?», - que quiere
decir - = «¡Dios mío, Dios mío! ¿por qué me has abandonado?» =
35 Al oír esto
algunos de los presentes decían: «Mira, llama a Elías.»
36 Entonces uno
fue corriendo a empapar una esponja en vinagre y, sujetándola a una caña, le
ofrecía de beber, diciendo: «Dejad, vamos a ver si viene Elías a
descolgarle.»
37 Pero Jesús
lanzando un fuerte grito, expiró.
38 Y el velo del
Santuario se rasgó en dos, de arriba abajo.
39 Al ver el
centurión, que estaba frente a él, que había expirado de esa manera, dijo:
«Verdaderamente este hombre era Hijo de Dios.»
40 Había también
unas mujeres mirando desde lejos, entre ellas, María Magdalena, María la
madre de Santiago el menor y de Joset, y Salomé,
41 que le seguían
y le servían cuando estaba en Galilea, y otras muchas que habían subido con
él a Jerusalén.
42 Y ya al
atardecer, como era la Preparación, es decir, la víspera del sábado,
43 vino José de
Arimatea, miembro respetable del Consejo, que esperaba también el Reino de
Dios, y tuvo la valentía de entrar donde Pilato y pedirle el cuerpo de
Jesús.
44 Se extraño
Pilato de que ya estuviese muerto y, llamando al centurión, le preguntó si
había muerto hacía tiempo.
45 Informado por
el centurión, concedió el cuerpo a José,
46 quien,
comprando una sábana, lo descolgó de la cruz, lo envolvió en la sábana y lo
puso en un sepulcro que estaba excavado en roca; luego, hizo rodar una
piedra sobre la entrada del sepulcro.
47 María
Magdalena y María la de Joset se fijaban dónde era puesto.
1 Pasado el
sábado, María Magdalena, María la de Santiago y Salomé compraron aromas para
ir a embalsamarle.
2 Y muy de
madrugada, el primer día de la semana, a la salida del sol, van al sepulcro.
3 Se decían unas
otras: «¿Quién nos retirará la piedra de la puerta del sepulcro?»
4 Y levantando
los ojos ven que la piedra estaba ya retirada; y eso que era muy grande.
5 Y entrando en
el sepulcro vieron a un joven sentado en el lado derecho, vestido con una
túnica blanca, y se asustaron.
6 Pero él les
dice: «No os asustéis. Buscáis a Jesús de Nazaret, el Crucificado; ha
resucitado, no está aquí. Ved el lugar donde le pusieron.
7 Pero id a decir
a sus discípulos y a Pedro que irá delante de vosotros a Galilea; allí le
veréis, como os dijo.»
8 Ellas salieron
huyendo del sepulcro, pues un gran temblor y espanto se había apoderado de
ellas, y no dijeron nada a nadie porque tenían miedo...
9 Jesús resucitó
en la madrugada, el primer día de la semana, y se apareció primero a María
Magdalena, de la que había echado siete demonios.
10 Ella fue a
comunicar la noticia a los que habían vivido con él, que estaban tristes y
llorosos.
11 Ellos, al oír
que vivía y que había sido visto por ella, no creyeron.
12 Después de
esto, se apareció, bajo otra figura, a dos de ellos cuando iban de camino a
una aldea.
13 Ellos
volvieron a comunicárselo a los demás; pero tampoco creyeron a éstos.
14 Por último,
estando a la mesa los once discípulos, se les apareció y les echó en cara su
incredulidad y su dureza de corazón, por no haber creído a quienes le habían
visto resucitado.
15 Y les dijo:
«Id por todo el mundo y proclamad la Buena Nueva a toda la creación.
16 El que crea y
sea bautizado, se salvará; el que no crea, se condenará.
17 Estas son las
señales que acompañarán a los que crean: en mi nombre expulsarán demonios,
hablarán en lenguas nuevas,
18 agarrarán
serpientes en sus manos y aunque beban veneno no les hará daño; impondrán
las manos sobre los enfermos y se pondrán bien.»
19 Con esto, el
Señor Jesús, después de hablarles, fue elevado al cielo y se sentó a la
diestra de Dios.
20 Ellos salieron
a predicar por todas partes, colaborando el Señor con ellos y confirmando la
Palabra con las señales que la acompañaban.