"EVANGELIO SEGUN SAN MARCOS"
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1 Salió de allí y
vino a su patria, y sus discípulos le siguen.
2 Cuando llegó el
sábado se puso a enseñar en la sinagoga. La multitud, al oírle, quedaba
maravillada, y decía: «¿De dónde le viene esto? y ¿qué sabiduría es ésta que
le ha sido dada? ¿Y esos milagros hechos por sus manos?
3 ¿No es éste el
carpintero, el hijo de María y hermano de Santiago, Joset, Judas y Simón? ¿Y
no están sus hermanas aquí entre nosotros?» Y se escandalizaban a causa de
él.
4 Jesús les dijo:
«Un profeta sólo en su patria, entre sus parientes y en su casa carece de
prestigio.»
5 Y no podía
hacer allí ningún milagro, a excepción de unos pocos enfermos a quienes curó
imponiéndoles las manos.
6 Y se maravilló
de su falta de fe. Y recorría los pueblos del contorno enseñando.
7 Y llama a los
Doce y comenzó a enviarlos de dos en dos, dándoles poder sobre los espíritus
inmundos.
8 Les ordenó que
nada tomasen para el camino, fuera de un bastón: ni pan, ni alforja, ni
calderilla en la faja;
9 sino: «Calzados
con sandalias y no vistáis dos túnicas.»
10 Y les dijo:
«Cuando entréis en una casa, quedaos en ella hasta marchar de allí.
11 Si algún lugar
no os recibe y no os escuchan, marchaos de allí sacudiendo el polvo de la
planta de vuestros pies, en testimonio contra ellos.»
12 Y, yéndose de
allí, predicaron que se convirtieran;
13 expulsaban a
muchos demonios, y ungían con aceite a muchos enfermos y los curaban.
14 Se enteró el
rey Herodes, pues su nombre se había hecho célebre. Algunos decían: «Juan el
Bautista ha resucitado de entre los muertos y por eso actúan en él fuerzas
milagrosas.»
15 Otros decían:
«Es Elías»; otros: «Es un profeta como los demás profetas.»
16 Al enterarse
Herodes, dijo: «Aquel Juan, a quien yo decapité, ése ha resucitado.»
17 Es que Herodes
era el que había enviado a prender a Juan y le había encadenado en la cárcel
por causa de Herodías, la mujer de su hermano Filipo, con quien Herodes se
había casado.
18 Porque Juan
decía a Herodes: «No te está permitido tener la mujer de tu hermano.»
19 Herodías le
aborrecía y quería matarle, pero no podía,
20 pues Herodes
temía a Juan, sabiendo que era hombre justo y santo, y le protegía; y al
oírle, quedaba muy perplejo, y le escuchaba con gusto.
21 Y llegó el día
oportuno, cuando Herodes, en su cumpleaños, dio un banquete a sus magnates,
a los tribunos y a los principales de Galilea.
22 Entró la hija
de la misma Herodías, danzó, y gustó mucho a Herodes y a los comensales. El
rey, entonces, dijo a la muchacha: «Pídeme lo que quieras y te lo daré.»
23 Y le juró: «Te
daré lo que me pidas, hasta la mitad de mi reino.»
24 Salió la
muchacha y preguntó a su madre: «¿Qué voy a pedir?» Y ella le dijo: «La
cabeza de Juan el Bautista.»
25 Entrando al
punto apresuradamente adonde estaba el rey, le pidió: «Quiero que ahora
mismo me des, en una bandeja, la cabeza de Juan el Bautista.»
26 El rey se
llenó de tristeza, pero no quiso desairarla a causa del juramento y de los
comensales.
27 Y al instante
mandó el rey a uno de su guardia, con orden de traerle la cabeza de Juan. Se
fue y le decapitó en la cárcel
28 y trajo su
cabeza en una bandeja, y se la dio a la muchacha, y la muchacha se la dio a
su madre.
29 Al enterarse
sus discípulos, vinieron a recoger el cadáver y le dieron sepultura.
30 Los apóstoles
se reunieron con Jesús y le contaron todo lo que habían hecho y lo que
habían enseñado.
31 El, entonces,
les dice: «Venid también vosotros aparte, a un lugar solitario, para
descansar un poco.» Pues los que iban y venían eran muchos, y no les quedaba
tiempo ni para comer.
32 Y se fueron en
la barca, aparte, a un lugar solitario.
33 Pero les
vieron marcharse y muchos cayeron en cuenta; y fueron allá corriendo, a pie,
de todas las ciudades y llegaron antes que ellos.
34 Y al
desembarcar, vio mucha gente, sintió compasión de ellos, pues estaban como
ovejas que no tienen pastor, y se puso a enseñarles muchas cosas.
35 Era ya una
hora muy avanzada cuando se le acercaron sus discípulos y le dijeron: «El
lugar está deshabitado y ya es hora avanzada.
36 Despídelos
para que vayan a las aldeas y pueblos del contorno a comprarse de comer.»
37 El les
contestó: «Dadles vosotros de comer.» Ellos le dicen: «¿Vamos nosotros a
comprar doscientos denarios de pan para darles de comer?»
38 El les dice:
«¿Cuántos panes tenéis? Id a ver.» Después de haberse cerciorado, le dicen:
«Cinco, y dos peces.»
39 Entonces les
mandó que se acomodaran todos por grupos sobre la verde hierba.
40 Y se
acomodaron por grupos de cien y de cincuenta.
41 Y tomando los
cinco panes y los dos peces, y levantando los ojos al cielo, pronunció la
bendición, partió los panes y los iba dando a los discípulos para que se los
fueran sirviendo. También repartió entre todos los dos peces.
42 Comieron todos
y se saciaron.
43 Y recogieron
las sobras, doce canastos llenos y también lo de los peces.
44 Los que
comieron los panes fueron 5.000 hombres.
45 Inmediatamente
obligó a sus discípulos a subir a la barca y a ir por delante hacia
Betsaida, mientras él despedía a la gente.
46 Después de
despedirse de ellos, se fue al monte a orar.
47 Al atardecer,
estaba la barca en medio del mar y él, solo, en tierra.
48 Viendo que
ellos se fatigaban remando, pues el viento les era contrario, a eso de la
cuarta vigilia de la noche viene hacia ellos caminando sobre el mar y quería
pasarles de largo.
49 Pero ellos
viéndole caminar sobre el mar, creyeron que era un fantasma y se pusieron a
gritar,
50 pues todos le
habían visto y estaban turbados. Pero él, al instante, les habló,
diciéndoles: «¡Animo!, que soy yo, no temáis.»
51 Subió entonces
donde ellos a la barca, y amainó el viento, y quedaron en su interior
completamente estupefactos,
52 pues no habían
entendido lo de los panes, sino que su mente estaba embotada.
53 Terminada la
travesía, llegaron a tierra en Genesaret y atracaron.
54 Apenas
desembarcaron, le reconocieron en seguida,
55 recorrieron
toda aquella región y comenzaron a traer a los enfermos en camillas adonde
oían que él estaba.
56 Y dondequiera
que entraba, en pueblos, ciudades o aldeas, colocaban a los enfermos en las
plazas y le pedían que tocaran siquiera la orla de su manto; y cuantos la
tocaron quedaban salvados.
1 Se reúnen junto
a él los fariseos, así como algunos escribas venidos de Jerusalén.
2 Y al ver que
algunos de sus discípulos comían con manos impuras, es decir no lavadas,
3 - es que los
fariseos y todos los judíos no comen sin haberse lavado las manos hasta el
codo, aferrados a la tradición de los antiguos,
4 y al volver de
la plaza, si no se bañan, no comen; y hay otras muchas cosas que observan
por tradición, como la purificación de copas, jarros y bandejas -.
5 Por ello, los
fariseos y los escribas le preguntan: «¿Por qué tus discípulos no viven
conforme a la tradición de los antepasados, sino que comen con manos
impuras?»
6 El les dijo:
«Bien profetizó Isaías de vosotros, hipócritas, según está escrito: = Este
pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí. =
7 = En vano me
rinden culto, ya que enseñan doctrinas que son preceptos de hombres. =
8 Dejando el
precepto de Dios, os aferráis a la tradición de los hombres.»
9 Les decía
también: «¡Qué bien violáis el mandamiento de Dios, para conservar vuestra
tradición!
10 Porque Moisés
dijo: = Honra a tu padre y a tu madre = y: = el que maldiga a su padre o a
su madre, sea castigado con la muerte. = Pero vosotros decís:
11 Si uno dice a
su padre o a su madre: "Lo que de mí podrías recibir como ayuda lo declaro
Korbán - es decir: ofrenda -",
12 ya no le
dejáis hacer nada por su padre y por su madre,
13 anulando así
la Palabra de Dios por vuestra tradición que os habéis transmitido; y hacéis
muchas cosas semejantes a éstas.»
14 Llamó otra vez
a la gente y les dijo: «Oídme todos y entended.
15 Nada hay fuera
del hombre que, entrando en él, pueda contaminarle; sino lo que sale del
hombre, eso es lo que contamina al hombre.
16 Quien tenga
oídos para oír, que oiga.»
17 Y cuando,
apartándose de la gente, entró en casa, sus discípulos le preguntaban sobre
la parábola.
18 El les dijo:
«¿Conque también vosotros estáis sin inteligencia? ¿No comprendéis que todo
lo que de fuera entra en el hombre no puede contaminarle,
19 pues no entra
en su corazón, sino en el vientre y va a parar al excusado?» - así declaraba
puros todos los alimentos -.
20 Y decía: «Lo
que sale del hombre, eso es lo que contamina al hombre.
21 Porque de
dentro, del corazón de los hombres, salen las intenciones malas:
fornicaciones, robos, asesinatos,
22 adulterios,
avaricias, maldades, fraude, libertinaje, envidia, injuria, insolencia,
insensatez.
23 Todas estas
perversidades salen de dentro y contaminan al hombre.»
24 Y partiendo de
allí, se fue a la región de Tiro, y entrando en una casa quería que nadie lo
supiese, pero no logró pasar inadvertido,
25 sino que, en
seguida, habiendo oído hablar de él una mujer, cuya hija estaba poseída de
un espíritu inmundo, vino y se postró a sus pies.
26 Esta mujer era
pagana, sirofenicia de nacimiento, y le rogaba que expulsara de su hija al
demonio.
27 El le decía:
«Espera que primero se sacien los hijos, pues no está bien tomar el pan de
los hijos y echárselo a los perritos.»
28 Pero ella le
respondió: «Sí, Señor; que también los perritos comen bajo la mesa migajas
de los niños.»
29 El, entonces,
le dijo: «Por lo que has dicho, vete; el demonio ha salido de tu hija.»
30 Volvió a su
casa y encontró que la niña estaba echada en la cama y que el demonio se
había ido.
31 Se marchó de
la región de Tiro y vino de nuevo, por Sidón, al mar de Galilea, atravesando
la Decápolis.
32 Le presentan
un sordo que, además, hablaba con dificultad, y le ruegan imponga la mano
sobre él.
33 El,
apartándole de la gente, a solas, le metió sus dedos en los oídos y con su
saliva le tocó la lengua.
34 Y, levantando
los ojos al cielo, dio un gemido, y le dijo: = «Effatá», que quiere decir:
«¡Abrete!»
35 Se abrieron
sus oídos y, al instante, se soltó la atadura de su lengua y hablaba
correctamente.
36 Jesús les
mandó que a nadie se lo contaran. Pero cuanto más se lo prohibía, tanto más
ellos lo publicaban.
37 Y se
maravillaban sobremanera y decían «Todo lo ha hecho bien; hace oír a los
sordos y hablar a los mudos.»
1 Por aquellos
días, habiendo de nuevo mucha gente y no teniendo qué comer, llama Jesús a
sus discípulos y les dice:
2 «Siento
compasión de esta gente, porque hace ya tres días que permanecen conmigo y
no tienen qué comer.
3 Si los despido
en ayunas a sus casas, desfallecerán en el camino, y algunos de ellos han
venido de lejos.»
4 Sus discípulos
le respondieron: «¿Cómo podrá alguien saciar de pan a éstos aquí en el
desierto?»
5 El les
preguntaba: «¿Cuántos panes tenéis?» Ellos le respondieron: «Siete.»
6 Entonces él
mandó a la gente acomodarse sobre la tierra y, tomando los siete panes y
dando gracias, los partió e iba dándolos a sus discípulos para que los
sirvieran, y ellos los sirvieron a la gente.
7 Tenían también
unos pocos pececillos. Y, pronunciando la bendición sobre ellos, mandó que
también los sirvieran.
8 Comieron y se
saciaron, y recogieron de los trozos sobrantes siete espuertas.
9 Fueron unos
4.000; y Jesús los despidió.
10 Subió a
continuación a la barca con sus discípulos y se fue a la región de
Dalmanutá.
11 Y salieron los
fariseos y comenzaron a discutir con él, pidiéndole una señal del cielo, con
el fin de ponerle a prueba.
12 Dando un
profundo gemido desde lo íntimo de su ser, dice: «¿Por qué esta generación
pide una señal? Yo os aseguro: no se dará, a esta generación ninguna señal.»
13 Y, dejándolos,
se embarcó de nuevo, y se fue a la orilla opuesta.
14 Se habían
olvidado de tomar panes, y no llevaban consigo en la barca más que un pan.
15 El les hacía
esta advertencia: «Abrid los ojos y guardaos de la levadura de los fariseos
y de la levadura de Herodes.»
16 Ellos hablaban
entre sí que no tenían panes.
17 Dándose
cuenta, les dice: «¿Por qué estáis hablando de que no tenéis panes? ¿Aún no
comprendéis ni entendéis? ¿Es que tenéis la mente embotada?
18 = ¿Teniendo
ojos no véis y teniendo oídos no oís? = ¿No os acordáis de
19 cuando partí
los cinco panes para los 5.000? ¿Cuántos canastos llenos de trozos
recogisteis?» «Doce», le dicen.
20 «Y cuando
partí los siete entre los 4.000, ¿cuántas espuertas llenas de trozos
recogisteis?» Le dicen: «Siete.»
21 Y continuó:
«¿Aún no entendéis?»
22 Llegan a
Betsaida. Le presentan un ciego y le suplican que le toque.
23 Tomando al
ciego de la mano, le sacó fuera del pueblo, y habiéndole puesto saliva en
los ojos, le impuso las manos y le preguntaba: «¿Ves algo?»
24 El, alzando la
vista, dijo: «Veo a los hombres, pues los veo como árboles, pero que andan.»
25 Después, le
volvió a poner las manos en los ojos y comenzó a ver perfectamente y quedó
curado, de suerte que veía de lejos claramente todas las cosas.
26 Y le envió a
su casa, diciéndole: «Ni siquiera entres en el pueblo.»
27 Salió Jesús
con sus discípulos hacia los pueblos de Cesarea de Filipo, y por el camino
hizo esta pregunta a sus discípulos: «¿Quién dicen los hombres que soy yo?»
28 Ellos le
dijeron: «Unos, que Juan el Bautista; otros, que Elías; otros, que uno de
los profetas.»
29 Y él les
preguntaba: «Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?» Pedro le contesta: «Tú
eres el Cristo.»
30 Y les mandó
enérgicamente que a nadie hablaran acerca de él.
31 Y comenzó a
enseñarles que el Hijo del hombre debía sufrir mucho y ser reprobado por los
ancianos, los sumos sacerdotes y los escribas, ser matado y resucitar a los
tres días.
32 Hablaba de
esto abiertamente. Tomándole aparte, Pedro, se puso a reprenderle.
33 Pero él,
volviéndose y mirando a sus discípulos, reprendió a Pedro, diciéndole:
«¡Quítate de mi vista, Satanás! porque tus pensamientos no son los de Dios,
sino los de los hombres.»
34 Llamando a la
gente a la vez que a sus discípulos, les dijo: «Si alguno quiere venir en
pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame.
35 Porque quien
quiera salvar su vida, la perderá; pero quien pierda su vida por mí y por el
Evangelio, la salvará.
36 Pues ¿de qué
le sirve al hombre ganar el mundo entero si arruina su vida?
37 Pues ¿qué
puede dar el hombre a cambio de su vida?
38 Porque quien
se avergüence de mí y de mis palabras en esta generación adúltera y
pecadora, también el Hijo del hombre se avergonzará de él cuando venga en la
gloria de su Padre con los santos ángeles.»
1 Les decía
también: «Yo os aseguro que entre los aquí presentes hay algunos que no
gustarán la muerte hasta que vean venir con poder el Reino de Dios.»
2 Seis días
después, toma Jesús consigo a Pedro, Santiago y Juan, y los lleva, a ellos
solos, aparte, a un monte alto. Y se transfiguró delante de ellos,
3 y sus vestidos
se volvieron resplandecientes, muy blancos, tanto que ningún batanero en la
tierra sería capaz de blanquearlos de ese modo.
4 Se les
aparecieron Elías y Moisés, y conversaban con Jesús.
5 Toma la palabra
Pedro y dice a Jesús: «Rabbí, bueno es estarnos aquí. Vamos a hacer tres
tiendas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías»;
6 - pues no sabía
qué responder ya que estaban atemorizados -.
7 Entonces se
formó una nube que les cubrió con su sombra, y vino una voz desde la nube:
«Este es mi Hijo amado, escuchadle.»
8 Y de pronto,
mirando en derredor, ya no vieron a nadie más que a Jesús solo con ellos.
9 Y cuando
bajaban del monte les ordenó que a nadie contasen lo que habían visto hasta
que el Hijo del hombre resucitara de entre los muertos.
10 Ellos
observaron esta recomendación, discutiendo entre sí qué era eso de
«resucitar de entre los muertos.»
11 Y le
preguntaban: «¿Por qué dicen los escribas que Elías debe venir primero?»
12 El les
contestó: «Elías vendrá primero y restablecerá todo; mas, ¿cómo está escrito
del Hijo del hombre que sufrirá mucho y que será despreciado?
13 Pues bien, yo
os digo: Elías ha venido ya y han hecho con él cuanto han querido, según
estaba escrito de él.»
14 Al llegar
donde los discípulos, vio a mucha gente que les rodeaba y a unos escribas
que discutían con ellos.
15 Toda la gente,
al verle, quedó sorprendida y corrieron a saludarle.
16 El les
preguntó: «¿De qué discutís con ellos?»
17 Uno de entre
la gente le respondió: «Maestro, te he traído a mi hijo que tiene un
espíritu mudo
18 y, dondequiera
que se apodera de él, le derriba, le hace echar espurnarajos, rechinar de
dientes y le deja rígido. He dicho a tus discípulos que lo expulsaran, pero
no han podido.»
19 El les
responde: «¡Oh generación incrédula! ¿Hasta cuándo estaré con vosotros?
¿Hasta cuándo habré de soportaros? ¡Traédmelo!»
20 Y se lo
trajeron. Apenas el espíritu vio a Jesús, agitó violentamente al muchacho y,
cayendo en tierra, se revolcaba echando espumarajos.
21 Entonces él
preguntó a su padre: «¿Cuánto tiempo hace que le viene sucediendo esto?» Le
dijo: «Desde niño.
22 Y muchas veces
le ha arrojado al fuego y al agua para acabar con él; pero, si algo puedes,
ayúdanos, compadécete de nosotros.»
23 Jesús le dijo:
«¡Qué es eso de si puedes! ¡Todo es posible para quien cree!»
24 Al instante,
gritó el padre del muchacho: «¡Creo, ayuda a mi poca fe!»
25 Viendo Jesús
que se agolpaba la gente, increpó al espíritu inmundo, diciéndole: «Espíritu
sordo y mudo, yo te lo mando: sal de él y no entres más en él.»
26 Y el espíritu
salió dando gritos y agitándole con violencia. El muchacho quedó como
muerto, hasta el punto de que muchos decían que había muerto.
27 Pero Jesús,
tomándole de la mano, le levantó y él se puso en pie.
28 Cuando Jesús
entró en casa, le preguntaban en privado sus discípulos: «¿Por qué nosotros
no pudimos expulsarle?»
29 Les dijo:
«Esta clase con nada puede ser arrojada sino con la oración.»
30 Y saliendo de
allí, iban caminando por Galilea; él no quería que se supiera,
31 porque iba
enseñando a sus discípulos. Les decía: «El Hijo del hombre será entregado en
manos de los hombres; le matarán y a los tres días de haber muerto
resucitará.»
32 Pero ellos no
entendían lo que les decía y temían preguntarle.
33 Llegaron a
Cafarnaúm, y una vez en casa, les preguntaba: «¿De qué discutíais por el
camino?»
34 Ellos
callaron, pues por el camino habían discutido entre sí quién era el mayor.
35 Entonces se
sentó, llamó a los Doce, y les dijo: «Si uno quiere ser el primero, sea el
último de todos y el servidor de todos.»
36 Y tomando un
niño, le puso en medio de ellos, le estrechó entre sus brazos y les dijo:
37 «El que reciba
a un niño como éste en mi nombre, a mí me recibe; y el que me reciba a mí,
no me recibe a mí sino a Aquel que me ha enviado.»
38 Juan le dijo:
«Maestro, hemos visto a uno que expulsaba demonios en tu nombre y no viene
con nosotros y tratamos de impedírselo porque no venía con nosotros.»
39 Pero Jesús
dijo: «No se lo impidáis, pues no hay nadie que obre un milagro invocando mi
nombre y que luego sea capaz de hablar mal de mí.
40 Pues el que no
está contra nosotros, está por nosotros.»
41 «Todo aquel
que os dé de beber un vaso de agua por el hecho de que sois de Cristo, os
aseguro que no perderá su recompensa.»
42 «Y al que
escandalice a uno de estos pequeños que creen, mejor le es que le pongan al
cuello una de esas piedras de molino que mueven los asnos y que le echen al
mar.
43 Y si tu mano
te es ocasión de pecado, córtatela. Más vale que entres manco en la Vida
que, con las dos manos, ir a la gehenna, al fuego que no se apaga.
45 Y si tu pie te
es ocasión de pecado, córtatelo. Más vale que entres cojo en la Vida que,
con los dos pies, ser arrojado a la gehenna.
47 Y si tu ojo te
es ocasión de pecado, sácatelo. Más vale que entres con un solo ojo en el
Reino de Dios que, con los dos ojos, ser arrojado a la gehenna,
48 donde = su
gusano no muere y el fuego no se apaga; =
49 pues todos han
de ser salados con fuego.
50 Buena es la
sal; mas si la sal se vuelve insípida, ¿con qué la sazonaréis? Tened sal en
vosotros y tened paz unos con otros.»
1 Y levantándose
de allí va a la región de Judea, y al otro lado del Jordán, y de nuevo vino
la gente donde él y, como acostumbraba, les enseñaba.
2 Se acercaron
unos fariseos que, para ponerle a prueba, preguntaban: «¿Puede el marido
repudiar a la mujer?»
3 El les
respondió: ¿Qué os prescribió Moisés?»
4 Ellos le
dijeron: «Moisés permitió escribir el acta de divorcio y repudiarla.»
5 Jesús les dijo:
«Teniendo en cuenta la dureza de vuestro corazón escribió para vosotros este
precepto.
6 Pero desde el
comienzo de la creación, = El los hizo varón y hembra. =
7 = Por eso
dejará el hombre a su padre y a su madre, =
8 = y los dos se
harán una sola carne. = De manera que ya no son dos, sino una sola carne.
9 Pues bien, lo
que Dios unió, no lo separe el hombre.»
10 Y ya en casa,
los discípulos le volvían a preguntar sobre esto.
11 El les dijo:
«Quien repudie a su mujer y se case con otra, comete adulterio contra
aquélla;
12 y si ella
repudia a su marido y se casa con otro, comete adulterio.»
13 Le presentaban
unos niños para que los tocara; pero los discípulos les reñían.
14 Mas Jesús, al
ver esto, se enfadó y les dijo: «Dejad que los niños vengan a mí, no se lo
impidáis, porque de los que son como éstos es el Reino de Dios.
15 Yo os aseguro:
el que no reciba el Reino de Dios como niño, no entrará en él.»
16 Y abrazaba a
los niños, y los bendecía poniendo las manos sobre ellos.
17 Se ponía ya en
camino cuando uno corrió a su encuentro y arodillándose ante él, le
preguntó: «Maestro bueno, ¿ qué he de hacer para tener en herencia vida
eterna?»
18 Jesús le dijo:
«¿Por qué me llamas bueno? Nadie es bueno sino sólo Dios.
19 Ya sabes los
mandamientos: = No mates, no cometas adulterio, no robes, no levantes falso
testimonio, = no seas injusto, = honra a tu padre y a tu madre.» =
20 El, entonces,
le dijo: «Maestro, todo eso lo he guardado desde mi juventud.»
21 Jesús, fijando
en él su mirada, le amó y le dijo: «Una cosa te falta: anda, cuanto tienes
véndelo y dáselo a los pobres y tendrás un tesoro en el cielo; luego, ven y
sígueme.»
22 Pero él,
abatido por estas palabras, se marchó entristecido, porque tenía muchos
bienes.
23 Jesús, mirando
a su alrededor, dice a sus discípulos: «¡Qué difícil es que los que tienen
riquezas entren en el Reino de Dios!»
24 Los discípulos
quedaron sorprendidos al oírle estas palabras. Mas Jesús, tomando de nuevo
la palabra, les dijo: «¡Hijos, qué difícil es entrar en el Reino de Dios!
25 Es más fácil
que un camello pase por el ojo de la aguja, que el que un rico entre en el
Reino de Dios.»
26 Pero ellos se
asombraban aún más y se decían unos a otros: «Y ¿quién se podrá salvar?»
27 Jesús,
mirándolos fijamente, dice: «Para los hombres, imposible; pero no para Dios,
porque todo es posible para Dios.»
28 Pedro se puso
a decirle: «Ya lo ves, nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido.»
29 Jesús dijo:
«Yo os aseguro: nadie que haya dejado casa, hermanos, hermanas, madre,
padre, hijos o hacienda por mí y por el Evangelio,
30 quedará sin
recibir el ciento por uno: ahora al presente, casas, hermanos, hermanas,
madres, hijos y hacienda, con persecuciones; y en el mundo venidero, vida
eterna.
31 Pero muchos
primeros serán últimos y los últimos, primeros.»
32 Iban de camino
subiendo a Jerusalén, y Jesús marchaba delante de ellos; ellos estaban
sorprendidos y los que le seguían tenían miedo. Tomó otra vez a los Doce y
comenzó a decirles lo que le iba a suceder:
33 «Mirad que
subimos a Jerusalén, y el Hijo del hombre será entregado a los sumos
sacerdotes y a los escribas; le condenarán a muerte y le entregarán a los
gentiles,
34 y se burlarán
de él, le escupirán, le azotarán y le matarán, y a los tres días
resucitará.»
35 Se acercan a
él Santiago y Juan, los hijos de Zebedeo, y le dicen: «Maestro, queremos,
nos concedas lo que te pidamos.»
36 El les dijo:
«¿Qué queréis que os conceda?»
37 Ellos le
respondieron: «Concédenos que nos sentemos en tu gloria, uno a tu derecha y
otro a tu izquierda.»
38 Jesús les
dijo: «No sabéis lo que pedís. ¿Podéis beber la copa que yo voy a beber, o
ser bautizados con el bautismo con que yo voy a ser bautizado?»
39 Ellos le
dijeron: «Sí, podemos.» Jesús les dijo: «La copa que yo voy a beber, sí la
beberéis y también seréis bautizados con el bautismo conque yo voy a ser
bautizado;
40 pero, sentarse
a mi derecha o a mi izquierda no es cosa mía el concederlo, sino que es para
quienes está preparado.»
41 Al oír esto
los otros diez, empezaron a indignarse contra Santiago y Juan.
42 Jesús,
llamándoles, les dice: «Sabéis que los que son tenidos como jefes de las
naciones, las dominan como señores absolutos y sus grandes las oprimen con
su poder.
43 Pero no ha de
ser así entre vosotros, sino que el que quiera llegar a ser grande entre
vosotros, será vuestro servidor,
44 y el que
quiera ser el primero entre vosotros, será esclavo de todos,
45 que tampoco el
Hijo del hombre ha venido a ser servido, sino a servir y a dar su vida como
rescate por muchos.»
46 Llegan a
Jericó. Y cuando salía de Jericó, acompañado de sus discípulos y de una gran
muchedumbre, el hijo de Timeo (Bartimeo), un mendigo ciego, estaba sentado
junto al camino.
47 Al enterarse
de que era Jesús de Nazaret, se puso a gritar: «¡Hijo de David, Jesús, ten
compasión de mí!»
48 Muchos le
increpaban para que se callara. Pero él gritaba mucho más: «¡Hijo de David,
ten compasión de mí!»
49 Jesús se
detuvo y dijo: «Llamadle.» Llaman al ciego, diciéndole: «¡Animo, levántate!
Te llama.»
50 Y él,
arrojando su manto, dio un brinco y vino donde Jesús.
51 Jesús,
dirigiéndose a él, le dijo: «¿Qué quieres que te haga?» El ciego le dijo:
«Rabbuní, ¡que vea!»
52 Jesús le dijo:
«Vete, tu fe te ha salvado.» Y al instante, recobró la vista y le seguía por
el camino.