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1 Los apóstoles y
los hermanos que había por Judea oyeron que también los gentiles habían
aceptado la Palabra de Dios;
2 así que cuando
Pedro subió a Jerusalén, los de la circuncisión se lo reprochaban,
3 diciéndole:
«Has entrado en casa de incircuncisos y has comido con ellos.»
4 Pedro entonces
se puso a explicarles punto por punto diciendo:
5 «Estaba yo en
oración en la ciudad de Joppe y en éxtasis vi una visión: una cosa así como
un lienzo, atado por las cuatro puntas, que bajaba del cielo y llegó hasta
mí.
6 Lo miré
atentamente y vi en él los cuadrúpedos de la tierra, las bestias, los
reptiles, y las aves del cielo.
7 Oí también una
voz que me decía: "Pedro, levántate, sacrifica y come."
8 Y respondí: "De
ninguna manera, Señor; pues jamás entró en mi boca nada profano ni impuro."
9 Me dijo por
segunda vez la voz venida del cielo: "Lo que Dios ha purificado no lo llames
tú profano."
10 Esto se
repitió hasta tres veces; y al fin fue retirado todo de nuevo al cielo.
11 «En aquel
momento se presentaron tres hombres en la casa donde nosotros estábamos,
enviados a mí desde Cesarea.
12 El Espíritu me
dijo que fuera con ellos sin dudar. Fueron también conmigo estos seis
hermanos, y entramos en la casa de aquel hombre.
13 El nos contó
cómo había visto un ángel que se presentó en su casa y le dijo: "Manda a
buscar en Joppe a Simón, llamado Pedro,
14 quien te dirá
palabras que traerán la salvación para ti y para toda tu casa."
15 «Había
empezado yo a hablar cuando cayó sobre ellos el Espíritu Santo, como al
principio había caído sobre nosotros.
16 Me acordé
entonces de aquellas palabras que dijo el Señor: = Juan bautizó con agua,
pero vosotros seréis bautizados con el Espíritu Santo. =
17 Por tanto, si
Dios les ha concedido el mismo don que a nosotros, por haber creído en el
Señor Jesucristo, ¿quién era yo para poner obstáculos a Dios?»
18 Al oír esto se
tranquilizaron y glorificaron a Dios diciendo: «Así pues, también a los
gentiles les ha dado Dios la conversión que lleva a la vida.»
19 Los que se
habían dispersado cuando la tribulación originada a la muerte de Esteban,
llegaron en su recorrido hasta Fenicia, Chipre y Antioquía, sin predicar la
Palabra a nadie más que a los judíos.
20 Pero había
entre ellos algunos chipriotas y cirenenses que, venidos a Antioquía,
hablaban también a los griegos y les anunciaban la Buena Nueva del Señor
Jesús.
21 La mano del
Señor estaba con ellos, y un crecido número recibió la fe y se convirtió al
Señor.
22 La noticia de
esto llegó a oídos de la Iglesia de Jerusalén y enviaron a Bernabé a
Antioquía.
23 Cuando llegó y
vio la gracia de Dios se alegró y exhortaba a todos a permanecer, con
corazón firme, unidos al Señor,
24 porque era un
hombre bueno, lleno de Espíritu Santo y de fe. Y una considerable multitud
se agregó al Señor.
25 Partió para
Tarso en busca de Saulo,
26 y en cuanto le
encontró, le llevó a Antioquía. Estuvieron juntos durante un año entero en
la Iglesia y adoctrinaron a una gran muchedumbre. En Antioquía fue donde,
por primera vez, los discípulos recibieron el nombre de «cristianos».
27 Por aquellos
días bajaron unos profetas de Jerusalén a Antioquía.
28 Uno de ellos,
llamado Ágabo, movido por el Espíritu, se levantó y profetizó que vendría
una gran hambre sobre toda la tierra, la que hubo en tiempo de Claudio.
29 Los discípulos
determinaron enviar algunos recursos, según las posibilidades de cada uno,
para los hermanos que vivían en Judea.
30 Así lo
hicieron y se los enviaron a los presbíteros por medio de Bernabé y de
Saulo.
1 Por aquel
tiempo el rey Herodes echó mano a algunos de la Iglesia para maltratarlos.
2 Hizo morir por
la espada a Santiago, el hermano de Juan.
3 Al ver que esto
les gustaba a los judíos, llegó también a prender a Pedro. Eran los días de
los Azimos.
4 Le apresó,
pues, le encarceló y le confió a cuatro escuadras de cuatro soldados para
que le custodiasen, con la intención de presentarle delante del pueblo
después de la Pascua.
5 Así pues, Pedro
estaba custodiado en la cárcel, mientras la Iglesia oraba insistentemente
por él a Dios.
6 Cuando ya
Herodes le iba a presentar, aquella misma noche estaba Pedro durmiendo entre
dos soldados, atado con dos cadenas; también había ante la puerta unos
centinelas custodiando la cárcel.
7 De pronto se
presentó el Ángel del Señor y la celda se llenó de luz. Le dio el ángel a
Pedro en el costado, le despertó y le dijo: «Levántate aprisa.» Y cayeron
las cadenas de sus manos.
8 Le dijo el
ángel: «Cíñete y cálzate las sandalias.» Así lo hizo. Añadió: «Ponte el
manto y sígueme.»
9 Y salió
siguiéndole. No acababa de darse cuenta de que era verdad cuanto hacía el
ángel, sino que se figuraba ver una visión.
10 Pasaron la
primera y segunda guardia y llegaron a la puerta de hierro que daba a la
ciudad. Esta se les abrió por sí misma. Salieron y anduvieron hasta el final
de una calle. Y de pronto el ángel le dejó.
11 Pedro volvió
en sí y dijo: «Ahora me doy cuenta realmente de que el Señor ha enviado su
ángel y me ha arrancado de las manos de Herodes y de todo lo que esperaba el
pueblo de los judíos.»
12 Consciente de
su situación, marchó a casa de María, madre de Juan, por sobrenombre Marcos,
donde se hallaban muchos reunidos en oración.
13 Llamó él a la
puerta y salió a abrirle una sirvienta llamada Rode;
14 quien, al
reconocer la voz de Pedro, de pura alegría no abrió la puerta, sino que
entró corriendo a anunciar que Pedro estaba a la puerta.
15 Ellos le
dijeron: «Estás loca.» Pero ella continuaba afirmando que era verdad.
Entonces ellos dijeron: «Será su ángel.»
16 Pedro
entretanto seguía llamando. Al abrirle, le vieron, y quedaron atónitos.
17 El les hizo
señas con la mano para que callasen y les contó cómo el Señor le había
sacado de la prisión. Y añadió: «Comunicad esto a Santiago y a los
hermanos.» Salió y marchó a otro lugar.
18 Cuando vino el
día hubo un alboroto no pequeño entre los soldados, sobre qué habría sido de
Pedro.
19 Herodes le
hizo buscar y al no encontrarle, procesó a los guardias y mandó ejecutarlos.
Después bajó de Judea a Cesarea y se quedó allí.
20 Estaba Herodes
fuertemente irritado con los de Tiro y Sidón. Estos, de común acuerdo, se le
presentaron y habiéndose ganado a Blasto, camarlengo del rey, solicitaban
hacer las paces, pues su país se abastecía del país del rey.
21 El día
señalado, Herodes, regiamente vestido y sentado en la tribuna, les arengaba.
22 Entonces el
pueblo se puso a aclamarle: «¡Es un dios el que habla, no un hombre!»
23 Pero
inmediatamente le hirió el Ángel del Señor porque no había dado la gloria a
Dios; y convertido en pasto de gusanos, expiró.
24 Entretanto la
Palabra de Dios crecía y se multiplicaba.
25 Bernabé y
Saulo volvieron, una vez cumplido su ministerio en Jerusalén, trayéndose
consigo a Juan, por sobrenombre Marcos.
1 Había en la
Iglesia fundada en Antioquía profetas y maestros: Bernabé, Simeón llamado
Níger, Lucio el cirenense, Manahén, hermano de leche del tetrarca Herodes, y
Saulo.
2 Mientras
estaban celebrando el culto del Señor y ayunando, dijo el Espíritu Santo:
«Separadme ya a Bernabé y a Saulo para la obra a la que los he llamado.»
3 Entonces,
después de haber ayunado y orado, les impusieron las manos y les enviaron.
4 Ellos, pues,
enviados por el Espíritu Santo, bajaron a Seleucia y de allí navegaron hasta
Chipre.
5 Llegados a
Salamina anunciaban la Palabra de Dios en las sinagogas de los judíos.
Tenían también a Juan que les ayudaba.
6 Habiendo
atravesado toda la isla hasta Pafos, encontraron a un mago, un falso profeta
judío, llamado Bar Jesús,
7 que estaba con
el procónsul Sergio Paulo, hombre prudente. Este hizo llamar a Bernabé y
Saulo, deseoso de escuchar la Palabra de Dios.
8 Pero se les
oponía el mago Elimas - pues eso quiere decir su nombre - intentando apartar
al procónsul de la fe.
9 Entonces Saulo,
también llamado Pablo, lleno de Espíritu Santo, mirándole fijamente,
10 le dijo: «Tú,
repleto de todo engaño y de toda maldad, hijo del Diablo, enemigo de toda
justicia, ¿no acabarás ya de torcer los rectos caminos del Señor?
11 Pues ahora,
mira la mano del Señor sobre ti. Te quedarás ciego y no verás el sol hasta
un tiempo determinado.» Al instante cayeron sobre él oscuridad y tinieblas y
daba vueltas buscando quien le llevase de la mano.
12 Entonces,
viendo lo ocurrido, el procónsul creyó, impresionado por la doctrina del
Señor.
13 Pablo y sus
compañeros se hicieron a la mar en Pafos y llegaron a Perge de Panfilia.
Pero Juan se separó de ellos y se volvió a Jerusalén,
14 mientras que
ellos, partiendo de Perge, llegaron a Antioquía de Pisidia. El sábado
entraron en la sinagoga y tomaron asiento.
15 Después de la
lectura de la Ley y los Profetas, los jefes de la sinagoga les mandaron a
decir: «Hermanos, si tenéis alguna palabra de exhortación para el pueblo,
hablad.»
16 Pablo se
levantó, hizo señal con la mano y dijo: «Israelitas y cuantos teméis a Dios,
escuchad:
17 El Dios de
este pueblo, Israel, eligió a nuestros padres, engrandeció al pueblo durante
su destierro en la tierra de Egipto y los sacó con su brazo extendido.
18 Y durante unos
cuarenta años = los rodeó de cuidados en el desierto; =
19 después, =
habiendo exterminado siete naciones en la tierra de Canaán, les dio en
herencia = su tierra,
20 por unos 450
años. Después de esto les dio jueces hasta el profeta Samuel.
21 Luego pidieron
un rey, y Dios les dio a Saúl, hijo de Cis, de la tribu de Benjamín, durante
cuarenta años.
22 Depuso a éste
y les suscitó por rey a David, de quien precisamente dio este testimonio: =
He encontrado a David, = el hijo de Jesé, = un hombre según mi corazón, que
realizará todo lo que yo quiera. =
23 De la
descendencia de éste, Dios, según la Promesa, ha suscitado para Israel un
Salvador, Jesús.
24 Juan predicó
como precursor, ante su venida, un bautismo de conversión a todo el pueblo
de Israel.
25 Al final de su
carrera, Juan decía: "Yo no soy el que vosotros os pensáis, sino mirad que
viene detrás de mí aquel a quien no soy digno de desatar las sandalias de
los pies."
26 «Hermanos,
hijos de la raza de Abraham, y cuantos entre vosotros temen a Dios: a
vosotros ha sido enviada esta Palabra de salvación.
27 Los habitantes
de Jerusalén y sus jefes cumplieron, sin saberlo, las Escrituras de los
profetas que se leen cada sábado;
28 y sin hallar
en él ningún motivo de muerte pidieron a Pilato que le hiciera morir.
29 Y cuando
hubieron cumplido todo lo que referente a él estaba escrito, le bajaron del
madero, y le pusieron en el sepulcro.
30 Pero Dios le
resucitó de entre los muertos.
31 El se apareció
durante muchos días a los que habían subido con él de Galilea a Jerusalén y
que ahora son testigos suyos ante el pueblo.
32 «También
nosotros os anunciamos la Buena Nueva de que la Promesa hecha a los padres
33 Dios la ha
cumplido en nosotros, los hijos, al resucitar a Jesús, como está escrito en
los salmos: = Hijo mío eres tú; yo te he engendrado hoy. =
34 Y que le
resucitó de entre los muertos para nunca más volver a la corrupción, lo
tiene declarado: = Os daré las cosas santas de David, las verdaderas. =
35 Por eso dice
también en otro lugar: = No permitirás que tu santo experimente la
corrupción. =
36 Ahora bien,
David, después de haber servido en sus días a los designios de Dios, murió,
se reunió con sus padres y = experimentó la corrupción. =
37 En cambio
aquel a quien Dios resucitó, = no experimentó la corrupción. =
38 «Tened, pues,
entendido, hermanos, que por medio de éste os es anunciado el perdón de los
pecados; y la total justificación que no pudisteis obtener por la Ley de
Moisés
39 la obtiene por
él todo el que cree.
40 Cuidad, pues,
de que no sobrevenga lo que dijeron los Profetas:
41 = Mirad, los
que despreciáis, asombraos y desapareced, porque en vuestros días yo voy a
realizar una obra, que no creeréis aunque os la cuenten.»
42 Al salir les
rogaban que les hablasen sobre estas cosas el siguiente sábado.
43 Disuelta la
reunión, muchos judíos y prosélitos que adoraban a Dios siguieron a Pablo y
a Bernabé; éstos conversaban con ellos y les persuadían a perseverar fieles
a la gracia de Dios.
44 El sábado
siguiente se congregó casi toda la ciudad para escuchar la Palabra de Dios.
45 Los judíos, al
ver a la multitud, se llenaron de envidia y contradecían con blasfemias
cuanto Pablo decía.
46 Entonces
dijeron con valentía Pablo y Bernabé: «Era necesario anunciaros a vosotros
en primer lugar la Palabra de Dios; pero ya que la rechazáis y vosotros
mismos no os juzgáis dignos de la vida eterna, mirad que nos volvemos a los
gentiles.
47 Pues así nos
lo ordenó el Señor: = Te he puesto como la luz de los gentiles, para que
lleves la salvación hasta el fin de la tierra.» =
48 Al oír esto
los gentiles se alegraron y se pusieron a glorificar la Palabra del Señor; y
creyeron cuantos estaban destinados a una vida eterna.
49 Y la Palabra
del Señor se difundía por toda la región.
50 Pero los
judíos incitaron a mujeres distinguidas que adoraban a Dios, y a los
principales de la ciudad; promovieron una persecución contra Pablo y Bernabé
y les echaron de su territorio.
51 Estos
sacudieron contra ellos el polvo de sus pies y se fueron a Iconio.
52 Los discípulos
quedaron llenos de gozo y del Espíritu Santo.
1 En Iconio,
entraron del mismo modo en la sinagoga de los judíos y hablaron de tal
manera que gran multitud de judíos y griegos abrazaron la fe.
2 Pero los judíos
que no habían creído excitaron y envenenaron los ánimos de los gentiles
contra los hermanos.
3 Con todo se
detuvieron allí bastante tiempo, hablando con valentía del Señor que les
concedía obrar por sus manos señales y prodigios, dando así testimonio de la
predicación de su gracia.
4 La gente de la
ciudad se dividió: unos a favor de los judíos y otros a favor de los
apóstoles.
5 Como se alzasen
judíos y gentiles con sus jefes para ultrajarles y apedrearles,
6 al saberlo,
huyeron a las ciudades de Licaonia, a Listra y Derbe y sus alrededores.
7 Y allí se
pusieron a anunciar la Buena Nueva.
8 Había allí,
sentado, un hombre tullido de pies, cojo de nacimiento y que nunca había
andado.
9 Este escuchaba
a Pablo que hablaba. Pablo fijó en él su mirada y viendo que tenía fe para
ser curado,
10 le dijo con
fuerte voz: «Ponte derecho sobre tus pies.» Y él dio un salto y se puso a
caminar.
11 La gente, al
ver lo que Pablo había hecho, empezó a gritar en licaonio: «Los dioses han
bajado hasta nosotros en figura de hombres.»
12 A Bernabé le
llamaban Zeus y a Pablo, Hermes, porque era quien dirigía la palabra.
13 El sacerdote
del templo de Zeus que hay a la entrada de la ciudad, trajo toros y
guirnaldas delante de las puertas y a una con la gente se disponía a
sacrificar.
14 Al oírlo los
apóstoles Bernabé y Pablo, rasgaron sus vestidos y se lanzaron en medio de
la gente gritando:
15 «Amigos, ¿por
qué hacéis esto? Nosotros somos también hombres, de igual condición que
vosotros, que os predicamos que abandonéis estas cosas vanas y os volváis al
Dios vivo que hizo el cielo, la tierra, el mar y cuanto en ellos hay,
16 y que en las
generaciones pasadas permitió que todas las naciones siguieran sus propios
caminos;
17 si bien no
dejó de dar testimonio de sí mismo, derramando bienes, enviándoos desde el
cielo lluvias y estaciones fructíferas, llenando vuestros corazones de
sustento y alegría...»
18 Con estas
palabras pudieron impedir a duras penas que la gente les ofreciera un
sacrificio.
19 Vinieron
entonces de Antioquía e Iconio algunos judíos y, habiendo persuadido a la
gente, lapidaron a Pablo y le arrastraron fuera de la ciudad, dándole por
muerto.
20 Pero él se
levantó y, rodeado de los discípulos, entró en la ciudad. Al día siguiente
marchó con Bernabé a Derbe.
21 Habiendo
evangelizado aquella ciudad y conseguido bastantes discípulos, se volvieron
a Listra, Iconio y Antioquía,
22 confortando
los ánimos de los discípulos, exhortándoles a perseverar en la fe y
diciéndoles: «Es necesario que pasemos por muchas tribulaciones para entrar
en el Reino de Dios.»
23 Designaron
presbíteros en cada Iglesia y después de hacer oración con ayunos, los
encomendaron al Señor en quien habían creído.
24 Atravesaron
Pisidia y llegaron a Panfilia;
25 predicaron en
Perge la Palabra y bajaron a Atalía.
26 Allí se
embarcaron para Antioquía, de donde habían partido encomendados a la gracia
de Dios para la obra que habían realizado.
27 A su llegada
reunieron a la Iglesia y se pusieron a contar todo cuanto Dios había hecho
juntamente con ellos y cómo había abierto a los gentiles la puerta de la fe.
28 Y
permanecieron no poco tiempo con los discípulos.
1 Bajaron algunos
de Judea que enseñaban a los hermanos: «Si no os circuncidáis conforme a la
costumbre mosaica, no podéis salvaros.»
2 Se produjo con
esto una agitación y una discusión no pequeña de Pablo y Bernabé contra
ellos; y decidieron que Pablo y Bernabé y algunos de ellos subieran a
Jerusalén, donde los apóstoles y presbíteros, para tratar esta cuestión.
3 Ellos, pues,
enviados por la Iglesia, atravesaron Fenicia y Samaria, contando la
conversión de los gentiles y produciendo gran alegría en todos los hermanos.
4 Llegados a
Jerusalén fueron recibidos por la Iglesia y por los apóstoles y presbíteros,
y contaron cuanto Dios había hecho juntamente con ellos.
5 Pero algunos de
la secta de los fariseos, que habían abrazado la fe, se levantaron para
decir que era necesario circuncidar a los gentiles y mandarles guardar la
Ley de Moisés.
6 Se reunieron
entonces los apóstoles y presbíteros para tratar este asunto.
7 Después de una
larga discusión, Pedro se levantó y les dijo: «Hermanos, vosotros sabéis que
ya desde los primeros días me eligió Dios entre vosotros para que por mi
boca oyesen los gentiles la Palabra de la Buena Nueva y creyeran.
8 Y Dios,
conocedor de los corazones, dio testimonio en su favor comunicándoles el
Espíritu Santo como a nosotros;
9 y no hizo
distinción alguna entre ellos y nosotros, pues purificó sus corazones con la
fe.
10 ¿Por qué,
pues, ahora tentáis a Dios queriendo poner sobre el cuello de los discípulos
un yugo que ni nuestros padres ni nosotros pudimos sobrellevar?
11 Nosotros
creemos más bien que nos salvamos por la gracia del Señor Jesús, del mismo
modo que ellos.»
12 Toda la
asamblea calló y escucharon a Bernabé y a Pablo contar todas las señales y
prodigios que Dios había realizado por medio de ellos entre los gentiles.
13 Cuando
terminaron de hablar, tomó Santiago la palabra y dijo: «Hermanos,
escuchadme.
14 Simeón ha
referido cómo Dios ya al principio intervino para procurarse entre los
gentiles un pueblo para su Nombre.
15 Con esto
concuerdan los oráculos de los Profetas, según está escrito:
16 = «Después de
esto volveré y reconstruiré la tienda de David que está caída; reconstruiré
sus ruinas, y la volveré a levantar. =
17 = Para que el
resto de los hombres busque al Señor, y todas las naciones que han sido
consagradas a mi nombre, dice el Señor que hace =
18 = que estas
cosas = sean conocidas desde la eternidad.
19 «Por esto
opino yo que no se debe molestar a los gentiles que se conviertan a Dios,
20 sino
escribirles que se abstengan de lo que ha sido contaminado por los ídolos,
de la impureza, de los animales estrangulados y de la sangre.
21 Porque desde
tiempos antiguos Moisés tiene en cada ciudad sus predicadores y es leído
cada sábado en las sinagogas.»
22 Entonces
decidieron los apóstoles y presbíteros, de acuerdo con toda la Iglesia,
elegir de entre ellos algunos hombres y enviarles a Antioquía con Pablo y
Bernabé; y estos fueron Judas, llamado Barsabás, y Silas, que eran
dirigentes entre los hermanos.
23 Por su medio
les enviaron esta carta: «Los apóstoles y los presbíteros hermanos, saludan
a los hermanos venidos de la gentilidad que están en Antioquía, en Siria y
en Cilicia.
24 Habiendo
sabido que algunos de entre nosotros, sin mandato nuestro, os han perturbado
con sus palabras, trastornando vuestros ánimos,
25 hemos decidido
de común acuerdo elegir algunos hombres y enviarlos donde vosotros,
juntamente con nuestros queridos Bernabé y Pablo,
26 que son
hombres que han entregado su vida a la causa de nuestro Señor Jesucristo.
27 Enviamos,
pues, a Judas y Silas, quienes os expondrán esto mismo de viva voz:
28 Que hemos
decidido el Espíritu Santo y nosotros no imponeros más cargas que éstas
indispensables:
29 abstenerse de
lo sacrificado a los ídolos, de la sangre, de los animales estrangulados y
de la impureza. Haréis bien en guardaros de estas cosas. Adiós.»
30 Ellos, después
de despedirse, bajaron a Antioquía, reunieron la asamblea y entregaron la
carta.
31 La leyeron y
se gozaron al recibir aquel aliento.
32 Judas y Silas,
que eran también profetas, exhortaron con un largo discurso a los hermanos y
les confortaron.
33 Pasado algún
tiempo, fueron despedidos en paz por los hermanos para volver a los que los
habían enviado.
35 Pablo y
Bernabé se quedaron en Antioquía enseñando y anunciando, en compañía de
otros muchos, la Buena Nueva, la palabra del Señor.
36 Al cabo de
algunos días dijo Pablo a Bernabé: «Volvamos ya a ver cómo les va a los
hermanos en todas aquellas ciudades en que anunciamos la palabra del Señor.»
37 Bernabé quería
llevar también con ellos a Juan, llamado Marcos.
38 Pablo, en
cambio, pensaba que no debían llevar consigo al que se había separado de
ellos en Panfilia y no les había acompañado en la obra.
39 Se produjo
entonces una tirantez tal que acabaron por separarse el uno del otro:
Bernabé tomó consigo a Marcos y se embarcó rumbo a Chipre;
40 por su parte
Pablo eligió por compañero a Silas y partió, encomendado por los hermanos a
la gracia de Dios.
41 Recorrió Siria
y Cilicia consolidando las Iglesias.»
1 Llegó también a
Derbe y Listra. Había allí un discípulo llamado Timoteo, hijo de una mujer
judía creyente y de padre griego.
2 Los hermanos de
Listra e Iconio daban de él un buen testimonio.
3 Pablo quiso que
se viniera con él. Le tomó y le circuncidó a causa de los judíos que había
por aquellos lugares, pues todos sabían que su padre era griego.
4 Conforme iban
pasando por las ciudades, les iban entregando, para que las observasen, las
decisiones tomadas por los apóstoles y presbíteros en Jerusalén.
5 Las Iglesias,
pues, se afianzaban en la fe y crecían en número de día en día.
6 Atravesaron
Frigia y la región de Galacia, pues el Espíritu Santo les había impedido
predicar la Palabra en Asia.
7 Estando ya
cerca de Misia, intentaron dirigirse a Bitinia, pero no se lo consintió el
Espíritu de Jesús.
8 Atravesaron,
pues, Misia y bajaron a Tróada.
9 Por la noche
Pablo tuvo una visión: Un macedonio estaba de pie suplicándole: «Pasa a
Macedonia y ayúdanos.»
10 En cuanto tuvo
la visión, inmediatamente intentamos pasar a Macedonia, persuadidos de que
Dios nos había llamado para evangelizarles.
11 Nos embarcamos
en Tróada y fuimos derechos a Samotracia, y al día siguiente a Neápolis;
12 de allí
pasamos a Filipos, que es una de las principales ciudades de la demarcación
de Macedonia, y colonia. En esta ciudad nos detuvimos algunos días.
13 El sábado
salimos fuera de la puerta, a la orilla de un río, donde suponíamos que
habría un sitio para orar. Nos sentamos y empezamos a hablar a las mujeres
que habían concurrido.
14 Una de ellas,
llamada Lidia, vendedora de púrpura, natural de la ciudad de Tiatira, y que
adoraba a Dios, nos escuchaba. El Señor le abrió el corazón para que se
adhiriese a las palabras de Pablo.
15 Cuando ella y
los de su casa recibieron el bautismo, suplicó: «Si juzgáis que soy fiel al
Señor, venid y quedaos en mi casa.» Y nos obligó a ir.
16 Sucedió que al
ir nosotros al lugar de oración, nos vino al encuentro una muchacha esclava
poseída de un espíritu adivino, que pronunciando oráculos producía mucho
dinero a sus amos.
17 Nos seguía a
Pablo y a nosotros gritando: «Estos hombres son siervos del Dios Altísimo,
que os anuncian un camino de salvación.»
18 Venía haciendo
esto durante muchos días. Cansado Pablo, se volvió y dijo al espíritu: «En
nombre de Jesucristo te mando que salgas de ella.» Y en el mismo instante
salió.
19 Al ver sus
amos que se les había ido su esperanza de ganancia, prendieron a Pablo y a
Silas y los arrastraron hasta el ágora, ante los magistrados;
20 los
presentaron a los pretores y dijeron: «Estos hombres alborotan nuestra
ciudad; son judíos
21 y predican
unas costumbres que nosotros, por ser romanos, no podemos aceptar ni
practicar.»
22 La gente se
amotinó contra ellos; los pretores les hicieron arrancar los vestidos y
mandaron azotarles con varas.
23 Después de
haberles dado muchos azotes, los echaron a la cárcel y mandaron al carcelero
que los guardase con todo cuidado.
24 Este, al
recibir tal orden, los metió en el calabozo interior y sujetó sus pies en el
cepo.
25 Hacia la media
noche Pablo y Silas estaban en oración cantando himnos a Dios; los presos
les escuchaban.
26 De repente se
produjo un terremoto tan fuerte que los mismos cimientos de la cárcel se
conmovieron. Al momento quedaron abiertas todas las puertas y se soltaron
las cadenas de todos.
27 Despertó el
carcelero y al ver las puertas de la cárcel abiertas, sacó la espada e iba a
matarse, creyendo que los presos habían huido.
28 Pero Pablo le
gritó: «No te hagas ningún mal, que estamos todos aquí.»
29 El carcelero
pidió luz, entró de un salto y tembloroso se arrojó a los pies de Pablo y
Silas,
30 los sacó fuera
y les dijo: «Señores, ¿qué tengo que hacer para salvarme?»
31 Le
respondieron: «Ten fe en el Señor Jesús y te salvarás tú y tu casa.»
32 Y le
anunciaron la Palabra del Señor a él y a todos los de su casa.
33 En aquella
misma hora de la noche el carcelero los tomó consigo y les lavó las heridas;
inmediatamente recibió el bautismo él y todos los suyos.
34 Les hizo
entonces subir a su casa, les preparó la mesa y se alegró con toda su
familia por haber creído en Dios.
35 Llegado el
día, los pretores enviaron a los lictores a decir al carcelero: «Pon en
libertad a esos hombres.»
36 El carcelero
transmitió estas palabras a Pablo: «Los pretores han enviado a decir que os
suelte. Ahora, pues, salid y marchad.»
37 Pero Pablo les
contestó: «Después de habernos azotado públicamente sin habernos juzgado, a
pesar de ser nosotros ciudadanos romanos, nos echaron a la cárcel; ¿y ahora
quieren mandarnos de aquí a escondidas? Eso no; que vengan ellos a
sacarnos.»
38 Los lictores
transmitieron estas palabras a los pretores. Les entró miedo al oír que eran
romanos.
39 Vinieron y les
rogaron que saliesen de la ciudad.
40 Al salir de la
cárcel se fueron a casa de Lidia, volvieron a ver a los hermanos, los
animaron y se marcharon.
1 Atravesando
Anfípolis y Apolonia llegaron a Tesalónica, donde los judíos tenían una
sinagoga.
2 Pablo, según su
costumbre, se dirigió a ellos y durante tres sábados discutió con ellos
basándose en las Escrituras,
3 explicándolas y
probando que Cristo tenía que padecer y resucitar de entre los muertos y que
«este Cristo es Jesús, a quien yo os anuncio».
4 Algunos de
ellos se convencieron y se unieron a Pablo y Silas así como una gran
multitud de los que adoraban a Dios y de griegos y no pocas de las mujeres
principales.
5 Pero los
judíos, llenos de envidia, reunieron a gente maleante de la calle, armaron
tumultos y alborotaron la ciudad. Se presentaron en casa de Jasón
buscándolos para llevarlos ante el pueblo.
6 Al no
encontrarlos, arrastraron a Jasón y a algunos hermanos ante los magistrados
de la ciudad gritando: «Esos que han revolucionado todo el mundo se han
presentado también aquí,
7 y Jasón les ha
hospedado. Además todos ellos van contra los decretos del César y afirman
que hay otro rey, Jesús.»
8 Al oír esto, el
pueblo y los magistrados de la ciudad se alborotaron.
9 Pero después de
recibir una fianza de Jasón y de los demás, les dejaron ir.
10
Inmediatamente, por la noche, los hermanos enviaron hacia Berea a Pablo y
Silas. Ellos, al llegar allí, se fueron a la sinagoga de los judíos.
11 Estos eran de
un natural mejor que los de Tesalónica, y aceptaron la palabra de todo
corazón. Diariamente examinaban las Escrituras para ver si las cosas eran
así.
12 Creyeron,
pues, muchos de ellos y, entre los griegos, mujeres distinguidas y no pocos
hombres.
13 Pero cuando
los judíos de Tesalónica se enteraron de que también en Berea había
predicado Pablo la Palabra de Dios, fueron también allá, y agitaron y
alborotaron a la gente.
14 Los hermanos
entonces hicieron marchar a toda prisa a Pablo hasta el mar; Silas y Timoteo
se quedaron allí.
15 Los que
conducían a Pablo le llevaron hasta Atenas y se volvieron con una orden para
Timoteo y Silas de que fueran donde él lo antes posible.
16 Mientras Pablo
les esperaba en Atenas, estaba interiormente indignado al ver la ciudad
llena de ídolos.
17 Discutía en la
sinagoga con los judíos y con los que adoraban a Dios; y diariamente en el
ágora con los que por allí se encontraban.
18 Trababan
también conversación con él algunos filósofos epicúreos y estoicos. Unos
decían: «¿Qué querrá decir este charlatán?» Y otros: «Parece ser un
predicador de divinidades extranjeras.» Porque anunciaba a Jesús y la
resurrección.
19 Le tomaron y
le llevaron al Areópago; y le dijeron: «¿Podemos saber cuál es esa nueva
doctrina que tú expones?
20 Pues te oímos
decir cosas extrañas y querríamos saber qué es lo que significan.»
21 Todos los
atenienses y los forasteros que allí residían en ninguna otra cosa pasaban
el tiempo sino en decir u oír la última novedad.
22 Pablo, de pie
en medio del Areópago, dijo: «Atenienses, veo que vosotros sois, por todos
los conceptos, los más respetuosos de la divinidad.
23 Pues al pasar
y contemplar vuestros monumentos sagrados, he encontrado también un altar en
el que estaba grabada esta inscripción: «Al Dios desconocido.» Pues bien, lo
que adoráis sin conocer, eso os vengo yo a anunciar.
24 «El Dios que
hizo el mundo y todo lo que hay en él, que es Señor del cielo y de la
tierra, no habita en santuarios fabricados por manos humanas,
25 ni es servido
por manos humanas, como si de algo estuviera necesitado, el que a todos da
la vida, el aliento y todas las cosas.
26 El creó, de un
solo principio, todo el linaje humano, para que habitase sobre toda la faz
de la tierra fijando los tiempos determinados y los límites del lugar donde
habían de habitar,
27 con el fin de
que buscasen la divinidad, para ver si a tientas la buscaban y la hallaban;
por más que no se encuentra lejos de cada uno de nosotros;
28 pues en él
vivimos, nos movemos y existimos, como han dicho algunos de vosotros:
"Porque somos también de su linaje."
29 «Si somos,
pues, del linaje de Dios, no debemos pensar que la divinidad sea algo
semejante al oro, la plata o la piedra, modelados por el arte y el ingenio
humano.
30 «Dios, pues,
pasando por alto los tiempos de la ignorancia, anuncia ahora a los hombres
que todos y en todas partes deben convertirse,
31 porque ha
fijado el día en que va a juzgar al mundo según justicia, por el hombre que
ha destinado, dando a todos una garantía al resucitarlo de entre los
muertos.»
32 Al oír la
resurrección de los muertos, unos se burlaron y otros dijeron: «Sobre esto
ya te oiremos otra vez.»
33 Así salió
Pablo de en medio de ellos.
34 Pero algunos
hombres se adhirieron a él y creyeron, entre ellos Dionisio Areopagita, una
mujer llamada Damaris y algunos otros con ellos.
1 Después de esto
marchó de Atenas y llegó a Corinto.
2 Se encontró con
un judío llamado Aquila, originario del Ponto, que acababa de llegar de
Italia, y con su mujer Priscila, por haber decretado Claudio que todos los
judíos saliesen de Roma; se llegó a ellos
3 y como era del
mismo oficio, se quedó a vivir y a trabajar con ellos. El oficio de ellos
era fabricar tiendas.
4 Cada sábado en
la sinagoga discutía, y se esforzaba por convencer a judíos y griegos.
5 Cuando llegaron
de Macedonia Silas y Timoteo, Pablo se dedicó enteramente a la Palabra,
dando testimonio ante los judíos de que el Cristo era Jesús.
6 Como ellos se
opusiesen y profiriesen blasfemias, sacudió sus vestidos y les dijo:
«Vuestra sangre recaiga sobre vuestra cabeza; yo soy inocente y desde ahora
me dirigiré a los gentiles.»
7 Entonces se
retiró de allí y entró en casa de un tal Justo, que adoraba a Dios, cuya
casa estaba contigua a la sinagoga.
8 Crispo, el jefe
de la sinagoga, creyó en el Señor con toda su casa; y otros muchos corintios
al oír a Pablo creyeron y recibieron el bautismo.
9 El Señor dijo a
Pablo durante la noche en una visión: «No tengas miedo, sigue hablando y no
calles;
10 porque yo
estoy contigo y nadie te pondrá la mano encima para hacerte mal, pues tengo
yo un pueblo numeroso en esta ciudad.»
11 Y permaneció
allí un año y seis meses, enseñando entre ellos la Palabra de Dios.
12 Siendo Galión
procónsul de Acaya se echaron los judíos de común acuerdo sobre Pablo y le
condujeron ante el tribunal
13 diciendo:
«Este persuade a la gente para que adore a Dios de una manera contraria a la
Ley.»
14 Iba Pablo a
abrir la boca cuando Galión dijo a los judíos: «Si se tratara de algún
crimen o mala acción, yo os escucharía, judíos, con calma, como es razón.
15 Pero como se
trata de discusiones sobre palabras y nombres y cosas de vuestra Ley, allá
vosotros. Yo no quiero ser juez en estos asuntos.»
16 Y los echó del
tribunal.
17 Entonces todos
ellos agarraron a Sóstenes, el jefe de la sinagoga, y se pusieron a
golpearlo ante el tribunal sin que a Galión le diera esto ningún cuidado.
18 Pablo se quedó
allí todavía bastantes días; después se despidió de los hermanos y se
embarcó rumbo a Siria; con él iban Priscila y Aquila. En Cencreas se había
cortado el pelo porque tenía hecho un voto.
19 Arribaron a
Éfeso y allí se separó de ellos. Entró en la sinagoga y se puso a discutir
con los judíos.
20 Le rogaron que
se quedase allí más tiempo, pero no accedió,
21 sino que se
despidió diciéndoles: «Volveré a vosotros otra vez, si Dios quiere.» Y
embarcándose marchó de Éfeso.
22 Desembarcó en
Cesarea, subió a saludar a la Iglesia y después bajó a Antioquía.
23 Después de
pasar allí algún tiempo marchó a recorrer una tras otra las regiones de
Galacia y Frigia para fortalecer a todos los discípulos.
24 Un judío,
llamado Apolo, originario de Alejandría, hombre elocuente, que dominaba las
Escrituras, llegó a Éfeso.
25 Había sido
instruido en el Camino del Señor y con fervor de espíritu hablaba y enseñaba
con todo esmero lo referente a Jesús, aunque solamente conocía el bautismo
de Juan.
26 Este, pues,
comenzó a hablar con valentía en la sinagoga. Al oírle Aquila y Priscila, le
tomaron consigo y le expusieron más exactamente el Camino.
27 Queriendo él
pasar a Acaya, los hermanos le animaron a ello y escribieron a los
discípulos para que le recibieran. Una vez allí fue de gran provecho, con el
auxilio de la gracia, a los que habían creído;
28 pues refutaba
vigorosamente en público a los judíos, demostrando por las Escrituras que el
Cristo era Jesús.
1 Mientras Apolo
estaba en Corinto, Pablo atravesó las regiones altas y llegó a Éfeso donde
encontró algunos discípulos;
2 les preguntó:
«¿Recibisteis el Espíritu Santo cuando abrazasteis la fe?» Ellos
contestaron: «Pero si nosotros no hemos oído decir siquiera que exista el
Espíritu Santo.»
3 El replicó:
«¿Pues qué bautismo habéis recibido?» - «El bautismo de Juan», respondieron.
4 Pablo añadió:
«Juan bautizó con un bautismo de conversión, diciendo al pueblo que creyesen
en el que había de venir después de él, o sea en Jesús.»
5 Cuando oyeron
esto, fueron bautizados en el nombre del Señor Jesús.
6 Y, habiéndoles
Pablo impuesto las manos, vino sobre ellos el Espíritu Santo y se pusieron a
hablar en lenguas y a profetizar.
7 Eran en total
unos doce hombres.
8 Entró en la
sinagoga y durante tres meses hablaba con valentía, discutiendo acerca del
Reino de Dios e intentando convencerles.
9 Pero como
algunos, obstinados e incrédulos, hablaban mal del Camino ante la gente,
rompió con ellos y formó grupo aparte con los discípulos; y diariamente les
hablaba en la escuela de Tirano.
10 Esto duró dos
años, de forma que pudieron oír la Palabra del Señor todos los habitantes de
Asia, tanto judíos como griegos.
11 Dios obraba
por medio de Pablo milagros no comunes,
12 de forma que
bastaba aplicar a los enfermos los pañuelos o mandiles que había usado y se
alejaban de ellos las enfermedades y salían los espíritus malos.
13 Algunos
exorcistas judíos ambulantes intentaron también invocar el nombre del Señor
Jesús sobre los que tenían espíritus malos, y decían: «Os conjuro por Jesús
a quien predica Pablo.»
14 Eran siete
hijos de un tal Esceva, sumo sacerdote judío, los que hacían esto.
15 Pero el
espíritu malo les respondió: «A Jesús le conozco y sé quién es Pablo; pero
vosotros, ¿quiénes sois?»
16 Y arrojándose
sobre ellos el hombre poseído del mal espíritu, dominó a unos y otros y pudo
con ellos de forma que tuvieron que huir de aquella casa desnudos y
cubiertos de heridas.
17 Llegaron a
enterarse de esto todos los habitantes de Éfeso, tanto judíos como griegos.
El temor se apoderó de todos ellos y fue glorificado el nombre del Señor
Jesús.
18 Muchos de los
que habían creído venían a confesar y declarar sus prácticas.
19 Bastantes de
los que habían practicado la magia reunieron los libros y los quemaron
delante de todos. Calcularon el precio de los libros y hallaron que subía a
50.000 monedas de plata.
20 De esta forma
la Palabra del Señor crecía y se robustecía poderosamente.
21 Después de
estos sucesos, Pablo tomó la decisión de ir a Jerusalén pasando por
Macedonia y Acaya. Y decía: «Después de estar allí he de visitar también
Roma.»
22 Envió a
Macedonia a dos de sus auxiliares, Timoteo y Erasto, mientras él se quedaba
algún tiempo en Asia.
23 Por entonces
se produjo un tumulto no pequeño con motivo del Camino.
24 Cierto
platero, llamado Demetrio, que labraba en plata templetes de Artemisa y
proporcionaba no pocas ganancias a los artífices,
25 reunió a éstos
y también a los obreros de este ramo y les dijo: «Compañeros, vosotros
sabéis que a esta industria debemos el bienestar;
26 pero estáis
viendo y oyendo decir que no solamente en Éfeso, sino en casi toda el Asia,
ese Pablo persuade y aparta a mucha gente, diciendo que no son dioses los
que se fabrican con las manos.
27 Y esto no
solamente trae el peligro de que nuestra profesión caiga en descrédito, sino
también de que el templo de la gran diosa Artemisa sea tenido en nada y
venga a ser despojada de su grandeza aquella a quien adora toda el Asia y
toda la tierra.»
28 Al oír esto,
llenos de furor se pusieron a gritar: «¡Grande es la Artemisa de los
efesios!»
29 La ciudad se
llenó de confusión. Todos a una se precipitaron en el teatro arrastrando
consigo a Gayo y a Aristarco, macedonios, compañeros de viaje de Pablo.
30 Pablo quiso
entrar y presentarse al pueblo, pero se lo impidieron los discípulos.
31 Incluso
algunos asiarcas, que eran amigos suyos, le enviaron a rogar que no se
arriesgase a ir al teatro.
32 Unos gritaban
una cosa y otros otra. Había gran confusión en la asamblea y la mayoría no
sabía por qué se habían reunido.
33 Algunos de
entre la gente aleccionaron a Alejandro a quien los judíos habían empujado
hacia delante. Alejandro pidió silencio con la mano y quería dar
explicaciones al pueblo.
34 Pero al
conocer que era judío, todos a una voz se pusieron a gritar durante casi dos
horas: «¡Grande es la Artemisa de los efesios!»
35 Cuando el
magistrado logró calmar a la gente, dijo: «Efesios, ¿quién hay que no sepa
que la ciudad de los efesios es la guardiana del templo de la gran Artemisa
y de su estatua caída del cielo?
36 Siendo, pues,
esto indiscutible, conviene que os calméis y no hagáis nada
inconsideradamente.
37 Habéis traído
acá a estos hombres que no son sacrílegos ni blasfeman contra nuestra diosa.
38 Si Demetrio y
los artífices que le acompañan tienen quejas contra alguno, audiencias y
procónsules hay; que presenten sus reclamaciones.
39 Y si tenéis
algún otro asunto, se resolverá en la asamblea legal.
40 Porque,
además, corremos peligro de ser acusados de sedición por lo de hoy, no
existiendo motivo alguno que nos permita justificar este tumulto.» Dicho
esto disolvió la asamblea.
1 Cuando hubo
cesado el tumulto, Pablo mandó llamar a los discípulos, los animó, se
despidió de ellos y salió camino de Macedonia.
2 Recorrió
aquellas regiones y exhortó a los fieles con largos discursos; después
marchó a Grecia.
3 Pasó allí tres
meses. Los judíos tramaron una conjuración contra él cuando estaba a punto
de embarcarse para Siria; entonces él tomó la determinación de volver por
Macedonia.
4 Le acompañaban
Sópatros, hijo de Pirro, de Berea; Aristarco y Segundo, de Tesalónica; Gayo,
de Doberes, y Timoteo; Tíquico y Trófimo, de Asia.
5 Estos se
adelantaron y nos esperaron en Tróada.
6 Nosotros,
después de los días de los Azimos, nos embarcamos en Filipos y al cabo de
cinco días nos unimos a ellos en Tróada donde pasamos siete días.
7 El primer día
de la semana, estando nosotros reunidos para la fracción del pan, Pablo, que
debía marchar al día siguiente, conversaba con ellos y alargó la charla
hasta la media noche.
8 Había
abundantes lámparas en la estancia superior donde estábamos reunidos.
9 Un joven,
llamado Eutico, estaba sentado en el borde de la ventana; un profundo sueño
le iba dominando a medida que Pablo alargaba su discurso. Vencido por el
sueño se cayó del piso tercero abajo. Lo levantaron ya cadáver.
10 Bajó Pablo, se
echó sobre él y tomándole en sus brazos dijo: «No os inquietéis, pues su
alma está en él.»
11 Subió luego;
partió el pan y comió; después platicó largo tiempo, hasta el amanecer.
Entonces se marchó.
12 Trajeron al
muchacho vivo y se consolaron no poco.
13 Nosotros nos
adelantamos a tomar la nave y partimos hacia Asso, donde habíamos de recoger
a Pablo; así lo había él determinado; él iría por tierra.
14 Cuando nos
alcanzó en Asso, le tomamos a bordo y llegamos a Mitilene.
15 Al día
siguiente nos hicimos a la mar y llegamos a la altura de Quíos; al otro día
atracamos en Samos y, después de hacer escala en Trogilión, llegamos al día
siguiente a Mileto.
16 Pablo había
resuelto pasar de largo por Éfeso, para no perder tiempo en Asia. Se daba
prisa, porque quería estar, si le era posible, el día de Pentecostés en
Jerusalén.
17 Desde Mileto
envió a llamar a los presbíteros de la Iglesia de Éfeso.
18 Cuando
llegaron donde él, les dijo: «Vosotros sabéis cómo me comporté siempre con
vosotros, desde el primer día que entré en Asia,
19 sirviendo al
Señor con toda humildad y lágrimas y con las pruebas que me vinieron por las
asechanzas de los judíos;
20 cómo no me
acobardé cuando en algo podía seros útil; os predicaba y enseñaba en público
y por las casas,
21 dando
testimonio tanto a judíos como a griegos para que se convirtieran a Dios y
creyeran en nuestro Señor Jesús.
22 «Mirad que
ahora yo, encadenado en el espíritu, me dirijo a Jerusalén, sin saber lo que
allí me sucederá;
23 solamente sé
que en cada ciudad el Espíritu Santo me testifica que me aguardan prisiones
y tribulaciones.
24 Pero yo no
considero mi vida digna de estima, con tal que termine mi carrera y cumpla
el ministerio que he recibido del Señor Jesús, de dar testimonio del
Evangelio de la gracia de Dios.
25 «Y ahora yo sé
que ya no volveréis a ver mi rostro ninguno de vosotros, entre quienes pasé
predicando el Reino.
26 Por esto os
testifico en el día de hoy que yo estoy limpio de la sangre de todos,
27 pues no me
acobardé de anunciaros todo el designio de Dios.
28 «Tened cuidado
de vosotros y de toda la grey, en medio de la cual os ha puesto el Espíritu
Santo como vigilantes para pastorear la Iglesia de Dios, que él se adquirió
con la sangre de su propio hijo.
29 «Yo sé que,
después de mi partida, se introducirán entre vosotros lobos crueles que no
perdonarán al rebaño;
30 y también que
de entre vosotros mismos se levantarán hombres que hablarán cosas perversas,
para arrastrar a los discípulos detrás de sí.
31 Por tanto,
vigilad y acordaos que durante tres años no he cesado de amonestaros día y
noche con lágrimas a cada uno de vosotros.
32 «Ahora os
encomiendo a Dios y a la Palabra de su gracia, que tiene poder para
construir el edificio y daros la herencia con todos los santificados.
33 «Yo de nadie
codicié plata, oro o vestidos.
34 Vosotros
sabéis que estas manos proveyeron a mis necesidades y a las de mis
compañeros.
35 En todo os he
enseñado que es así, trabajando, como se debe socorrer a los débiles y que
hay que tener presentes las palabras del Señor Jesús, que dijo: Mayor
felicidad hay en dar que en recibir.»
36 Dicho esto se
puso de rodillas y oro con todos ellos.
37 Rompieron
entonces todos a llorar y arrojándose al cuello de Pablo, le besaban,
38 afligidos
sobre todo por lo que había dicho: que ya no volverían a ver su rostro. Y
fueron acompañándole hasta la nave.