Versículo anterior >> Hechos 5:42
1 Por aquellos
días, al multiplicarse los discípulos, hubo quejas de los helenistas contra
los hebreos, porque sus viudas eran desatendidas en la asistencia cotidiana.
2 Los Doce
convocaron la asamblea de los discípulos y dijeron: «No parece bien que
nosotros abandonemos la Palabra de Dios por servir a las mesas.
3 Por tanto,
hermanos, buscad de entre vosotros a siete hombres, de buena fama, llenos de
Espíritu y de sabiduría, y los pondremos al frente de este cargo;
4 mientras que
nosotros nos dedicaremos a la oración y al ministerio de la Palabra.»
5 Pareció bien la
propuesta a toda la asamblea y escogieron a Esteban, hombre lleno de fe y de
Espíritu Santo, a Felipe, a Prócoro, a Nicanor, a Timón, a Pármenas y a
Nicolás, prosélito de Antioquía;
6 los presentaron
a los apóstoles y, habiendo hecho oración, les impusieron las manos.
7 La Palabra de
Dios iba creciendo; en Jerusalén se multiplicó considerablemente el número
de los discípulos, y multitud de sacerdotes iban aceptando la fe.
8 Esteban, lleno
de gracia y de poder, realizaba entre el pueblo grandes prodigios y señales.
9 Se levantaron
unos de la sinagoga llamada de los Libertos, cirenenses y alejandrinos, y
otros de Cilicia y Asia, y se pusieron a disputar con Esteban;
10 pero no podían
resistir a la sabiduría y al Espíritu con que hablaba.
11 Entonces
sobornaron a unos hombres para que dijeran: «Nosotros hemos oído a éste
pronunciar palabras blasfemas contra Moisés y contra Dios.»
12 De esta forma
amotinaron al pueblo, a los ancianos y escribas; vinieron de improviso, le
prendieron y le condujeron al Sanedrín.
13 Presentaron
entonces testigos falsos que declararon: «Este hombre no para de hablar en
contra del Lugar Santo y de la Ley;
14 pues le hemos
oído decir que Jesús, ese Nazoreo, destruiría este Lugar y cambiaría las
costumbres que Moisés nos ha transmitido.»
15 Fijando en él
la mirada todos los que estaban sentados en el Sanedrín, vieron su rostro
como el rostro de un ángel.
1 El Sumo
Sacerdote preguntó: «¿Es así?»
2 El respondió:
«Hermanos y padres, escuchad. El Dios de la gloria se apareció a nuestro
padre Abraham cuando estaba en Mesopotamia, antes de que se estableciese en
Jarán
3 = y le dijo:
Sal de tu tierra y de tu parentela y vete a la tierra que yo te muestre. =
4 Entonces salió
de la tierra de los caldeos y se estableció en Jarán. Y después de morir su
padre, Dios le hizo emigrar de allí a esta tierra que vosotros habitáis
ahora.
5 Y no le dio en
ella en heredad ni la medida de la planta del pie; sino que prometió =
dársela en posesión a él y a su descendencia después de él, = aunque no
tenía = ningún hijo. =
6 Dios habló así:
= Tus descendientes residirán como forasteros en tierra extraña y les
esclavizarán y les maltratarán durante cuatrocientos años. =
7 = Pero yo
juzgaré = - dijo Dios - = a la nación a la que sirvan como esclavos, y
después saldrán y me darán culto en este mismo = lugar.
8 Le dio, además,
= la alianza de la circuncisión; = y así, al engendrar a Isaac, = Abraham le
circuncidó el octavo día, = y lo mismo Isaac a Jacob, y Jacob a los doce
patriarcas.
9 «Los
patriarcas, = envidiosos de José, le vendieron con destino a Egipto. = Pero
= Dios estaba con él =
10 y le libró de
todas sus tribulaciones = y le dio gracia y = sabiduría ante Faraón, rey de
Egipto, = quien le nombró gobernador de Egipto y de toda su casa. =
11 = Sobrevino
entonces en todo Egipto y Canaán hambre y = gran tribulación; nuestros
padres no encontraban víveres.
12 = Pero al oír
Jacob que había trigo en Egipto, = envió a nuestros padres una primera vez;
13 la segunda vez
= José se dio a conocer a sus hermanos = y conoció Faraón el linaje de José.
14 José envió a
buscar a su padre Jacob y a toda su parentela que se componía de = 75
personas. =
15 Jacob bajó a
Egipto donde murió él y también nuestros padres;
16 y fueron
trasladados a Siquem y depositados en el sepulcro que había comprado Abraham
a precio de plata a los hijos de Jamor, padre de Siquem.
17 «Conforme se
iba acercando el tiempo de la promesa que Dios había hecho a Abraham, =
creció = el pueblo = y se multiplicó = en Egipto,
18 hasta que = se
alzó un nuevo rey en Egipto que no = se acordó = de José. =
19 = Obrando
astutamente = contra nuestro linaje, este rey = maltrató = a nuestros padres
hasta obligarles a exponer sus niños, = para que no vivieran. =
20 En esta
coyuntura nació Moisés, = que era hermoso = a los ojos de Dios. Durante =
tres meses = fue criado en la casa de su padre;
21 después fue
expuesto y = le recogió la hija de Faraón, = quien le crió = como hijo suyo.
=
22 Moisés fue
educado en toda la sabiduría de los egipcios y fue poderoso en sus palabras
y en sus obras.
23 «Cuando
cumplió la edad de cuarenta años, se le ocurrió la idea de visitar = a sus
hermanos, los hijos de Israel. =
24 Y al ver que
uno de ellos era maltratado, tomó su defensa y vengó al oprimido = matando
al egipcio. =
25 Pensaba él que
sus hermanos comprenderían que Dios les daría la salvación por su mano; pero
ellos no lo comprendieron.
26 Al día
siguiente se les presentó mientras estaban peleándose y trataba de ponerles
en paz diciendo: "Amigos, que sois hermanos, ¿por qué os maltratáis uno a
otro?"
27 Pero = el que
maltrataba a su compañero = le rechazó diciendo: "= ¿Quién te ha nombrado
jefe y juez sobre nosotros? =
28 = ¿Es que
quieres matarme a mí como mataste ayer al egipcio? ="
29 Al oír esto
Moisés huyó y = vivió como forastero en la tierra de Madián, = donde tuvo
dos hijos.
30 «Al cabo de
cuarenta años = se le apareció un ángel en el desierto del monte = Sinaí, =
sobre la llama de una zarza = ardiendo.
31 Moisés se
maravilló al ver la visión, = y al acercarse a mirarla, se dejó oír la voz
del Señor: =
32 "= Yo soy el
Dios de tus padres, el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob. =" Moisés
temblaba y = no se atrevía a mirar. =
33 El Señor le
dijo: = "Quítate las sandalias de los pies, pues el lugar donde estás es
tierra santa. =
34 = Bien vista
tengo la opresión de mi pueblo que está en Egipto y he oído sus gemidos y he
bajado a librarles. Y ahora ven, que te enviaré a Egipto." =
35 «A este
Moisés, de quien renegaron diciéndole: = ¿quién te ha nombrado jefe y juez?
=, a éste envió Dios como jefe y redentor por mano del ángel que se le
apareció en la zarza.
36 Este les sacó,
realizando = prodigios y señales en la tierra de Egipto, = en el mar Rojo y
= en el desierto durante cuarenta años. =
37 Este es el
Moisés que dijo a los israelitas: = Dios os suscitará un profeta como yo de
entre vuestros hermanos. =
38 Este es el
que, en = la asamblea = del desierto, estuvo con el ángel que le hablaba en
el monte Sinaí, y con nuestros padres; el que recibió palabras de vida para
comunicárnoslas;
39 este es aquel
a quien no quisieron obedecer nuestros padres, sino que le rechazaron = para
volver = su corazón = hacia Egipto, =
40 = y dijeron a
Aarón: "Haznos dioses que vayan delante de nosotros; porque este Moisés que
nos sacó de la tierra de Egipto no sabemos qué ha sido de él." =
41 = E hicieron =
aquellos días = un becerro y ofrecieron un sacrificio = al ídolo e hicieron
una fiesta a las obras de sus manos.
42 Entonces Dios
se apartó de ellos y los entregó al culto del ejército del cielo, como está
escrito en el libro de los Profetas: = ¿Es que me ofrecisteis víctimas y
sacrificios durante cuarenta años en el desierto, casa de Israel? =
43 = Os
llevasteis la tienda de Moloc y la estrella del dios Refán, las imágenes que
hicisteis = para adorarlas; = pues yo os llevaré más allá de = Babilonia.
44 «Nuestros
padres tenían en el desierto la Tienda del Testimonio, como mandó el que
dijo a Moisés que = la hiciera según el modelo = que había visto.
45 Nuestros
padres que les sucedieron la recibieron y la introdujeron bajo el mando de
Josué en el país ocupado por los gentiles, a los que Dios expulsó delante de
nuestros padres, hasta los días de David,
46 que halló
gracia ante Dios y pidió = encontrar una Morada para = la casa = de Jacob. =
47 Pero fue =
Salomón = el que = le edificó Casa, =
48 aunque el
Altísimo no habita en casas hechas por mano de hombre como dice el profeta:
49 = El cielo es
mi trono y la tierra el escabel de mis pies. Dice el Señor: ¿Qué Casa me
edificaréis? O ¿cuál será el lugar de mi descanso?
50 ¿Es que no ha
hecho mi mano todas estas cosas? =
51 «¡Duros de
cerviz, incircuncisos de corazón y de oídos! ¡Vosotros siempre resistís al
Espíritu Santo! ¡Como vuestros padres, así vosotros!
52 ¿A qué profeta
no persiguieron vuestros padres? Ellos mataron a los que anunciaban de
antemano la venida del Justo, de aquel a quien vosotros ahora habéis
traicionado y asesinado;
53 vosotros que
recibisteis la Ley por mediación de ángeles y no la habéis guardado.»
54 Al oír esto,
sus corazones se consumían de rabia y rechinaban sus dientes contra él.
55 Pero él, lleno
del Espíritu Santo, miró fijamente al cielo y vio la gloria de Dios y a
Jesús que estaba en pie a la diestra de Dios;
56 y dijo: «Estoy
viendo los cielos abiertos y al Hijo del hombre que está en pie a la diestra
de Dios.»
57 Entonces,
gritando fuertemente, se taparon sus oídos y se precipitaron todos a una
sobre él;
58 le echaron
fuera de la ciudad y empezaron a apedrearle. Los testigos pusieron sus
vestidos a los pies de un joven llamado Saulo.
59 Mientras le
apedreaban, Esteban hacía esta invocación: «Señor Jesús, recibe mi
espíritu.»
60 Después dobló
las rodillas y dijo con fuerte voz: «Señor, no les tengas en cuenta este
pecado.» Y diciendo esto, se durmió.
1 Saulo aprobaba
su muerte. Aquel día se desató una gran persecución contra la Iglesia de
Jerusalén. Todos, a excepción de los apóstoles, se dispersaron por las
regiones de Judea y Samaria.
2 Unos hombres
piadosos sepultaron a Esteban e hicieron gran duelo por él.
3 Entretanto
Saulo hacía estragos en la Iglesia; entraba por las casas, se llevaba por la
fuerza hombres y mujeres, y los metía en la cárcel.
4 Los que se
habían dispersado iban por todas partes anunciando la Buena Nueva de la
Palabra.
5 Felipe bajó a
una ciudad de Samaria y les predicaba a Cristo.
6 La gente
escuchaba con atención y con un mismo espíritu lo que decía Felipe, porque
le oían y veían las señales que realizaba;
7 pues de muchos
posesos salían los espíritus inmundos dando grandes voces, y muchos
paralíticos y cojos quedaron curados.
8 Y hubo una gran
alegría en aquella ciudad.
9 En la ciudad
había ya de tiempo atrás un hombre llamado Simón que practicaba la magia y
tenía atónito al pueblo de Samaria y decía que él era algo grande.
10 Y todos, desde
el menor hasta el mayor, le prestaban atención y decían: «Este es la
Potencia de Dios llamada la Grande.»
11 Le prestaban
atención porque les había tenido atónitos por mucho tiempo con sus artes
mágicas.
12 Pero cuando
creyeron a Felipe que anunciaba la Buena Nueva del Reino de Dios y el nombre
de Jesucristo, empezaron a bautizarse hombres y mujeres.
13 Hasta el mismo
Simón creyó y, una vez bautizado, no se apartaba de Felipe; y estaba atónito
al ver las señales y grandes milagros que se realizaban.
14 Al enterarse
los apóstoles que estaban en Jerusalén de que Samaria había aceptado la
Palabra de Dios, les enviaron a Pedro y a Juan.
15 Estos bajaron
y oraron por ellos para que recibieran el Espíritu Santo;
16 pues todavía
no había descendido sobre ninguno de ellos; únicamente habían sido
bautizados en el nombre del Señor Jesús.
17 Entonces les
imponían las manos y recibían el Espíritu Santo.
18 Al ver Simón
que mediante la imposición de las manos de los apóstoles se daba el
Espíritu, les ofreció dinero diciendo:
19 «Dadme a mí
también este poder para que reciba el Espíritu Santo aquel a quien yo
imponga las manos.»
20 Pedro le
contestó: «Vaya tu dinero a la perdición y tú con él; pues has pensado que
el don de Dios se compra con dinero.
21 En este asunto
no tienes tú parte ni herencia, pues tu corazón no es recto delante de Dios.
22 Arrepiéntete,
pues, de esa tu maldad y ruega al Señor, a ver si se te perdona ese
pensamiento de tu corazón;
23 porque veo que
tú estás en hiel de amargura y en ataduras de iniquidad.»
24 Simón
respondió: «Rogad vosotros al Señor por mí, para que no venga sobre mí
ninguna de esas cosas que habéis dicho.»
25 Ellos, después
de haber dado testimonio y haber predicado la Palabra del Señor, se
volvieron a Jerusalén evangelizando muchos pueblos samaritanos.
26 El Ángel del
Señor habló a Felipe diciendo: «Levántate y marcha hacia el mediodía por el
camino que baja de Jerusalén a Gaza. Es desierto.»
27 Se levantó y
partió. Y he aquí que un etíope eunuco, alto funcionario de Candace, reina
de los etíopes, que estaba a cargo de todos sus tesoros, y había venido a
adorar en Jerusalén,
28 regresaba
sentado en su carro, leyendo al profeta Isaías.
29 El Espíritu
dijo a Felipe: «Acércate y ponte junto a ese carro.»
30 Felipe corrió
hasta él y le oyó leer al profeta Isaías; y le dijo: «¿Entiendes lo que vas
leyendo?»
31 El contestó:
«¿Cómo lo puedo entender si nadie me hace de guía?» Y rogó a Felipe que
subiese y se sentase con él.
32 El pasaje de
la Escritura que iba leyendo era éste: = «Fue llevado como una oveja al
matadero; y como cordero, mudo delante del que lo trasquila, así él no abre
la boca. =
33 = En su
humillación le fue negada la justicia; ¿quién podrá contar su descendencia?
Porque su vida fue arrancada de la tierra.» =
34 El eunuco
preguntó a Felipe: «Te ruego me digas de quién dice esto el profeta: ¿de sí
mismo o de otro?»
35 Felipe
entonces, partiendo de este texto de la Escritura, se puso a anunciarle la
Buena Nueva de Jesús.
36 Siguiendo el
camino llegaron a un sitio donde había agua. El eunuco dijo: «Aquí hay agua;
¿qué impide que yo sea bautizado?»
38 Y mandó
detener el carro. Bajaron ambos al agua, Felipe y el eunuco; y lo bautizó,
39 y en saliendo
del agua, el Espíritu del Señor arrebató a Felipe y ya no le vio más el
eunuco, que siguió gozoso su camino.
40 Felipe se
encontró en Azoto y recorría evangelizando todas las ciudades hasta llegar a
Cesarea.
1 Entretanto
Saulo, respirando todavía amenazas y muertes contra los discípulos del
Señor, se presentó al Sumo Sacerdote,
2 y le pidió
cartas para las sinagogas de Damasco, para que si encontraba algunos
seguidores del Camino, hombres o mujeres, los pudiera llevar atados a
Jerusalén.
3 Sucedió que,
yendo de camino, cuando estaba cerca de Damasco, de repente le rodeó una luz
venida del cielo,
4 cayó en tierra
y oyó una voz que le decía: «Saúl, Saúl, ¿por qué me persigues?»
5 El respondió:
«¿Quién eres, Señor?» Y él: «Yo soy Jesús, a quien tú persigues.
6 Pero levántate,
entra en la ciudad y se te dirá lo que debes hacer.»
7 Los hombres que
iban con él se habían detenido mudos de espanto; oían la voz, pero no veían
a nadie.
8 Saulo se
levantó del suelo, y, aunque tenía los ojos abiertos, no veía nada. Le
llevaron de la mano y le hicieron entrar en Damasco.
9 Pasó tres días
sin ver, sin comer y sin beber.
10 Había en
Damasco un discípulo llamado Ananías. El Señor le dijo en una visión:
«Ananías.» El respondió: «Aquí estoy, Señor.»
11 Y el Señor:
«Levántate y vete a la calle Recta y pregunta en casa de Judas por uno de
Tarso llamado Saulo; mira, está en oración
12 y ha visto que
un hombre llamado Ananías entraba y le imponía las manos para devolverle la
vista.»
13 Respondió
Ananías: «Señor, he oído a muchos hablar de ese hombre y de los muchos males
que ha causado a tus santos en Jerusalén
14 y que está
aquí con poderes de los sumos sacerdotes para apresar a todos los que
invocan tu nombre.»
15 El Señor le
contestó: «Vete, pues éste me es un instrumento de elección que lleve mi
nombre ante los gentiles, los reyes y los hijos de Israel.
16 Yo le mostraré
todo lo que tendrá que padecer por mi nombre.»
17 Fue Ananías,
entró en la casa, le impuso las manos y le dijo: «Saúl, hermano, me ha
enviado a ti el Señor Jesús, el que se te apareció en el camino por donde
venías, para que recobres la vista y seas lleno del Espíritu Santo.»
18 Al instante
cayeron de sus ojos unas como escamas, y recobró la vista; se levantó y fue
bautizado.
19 Tomó alimento
y recobró las fuerzas. Estuvo algunos días con los discípulos de Damasco,
20 y en seguida
se puso a predicar a Jesús en las sinagogas: que él era el Hijo de Dios.
21 Todos los que
le oían quedaban atónitos y decían: «¿No es éste el que en Jerusalén
perseguía encarnizadamente a los que invocaban ese nombre, y no ha venido
aquí con el objeto de llevárselos atados a los sumos sacerdotes?»
22 Pero Saulo se
crecía y confundía a los judíos que vivían en Damasco demostrándoles que
aquél era el Cristo.
23 Al cabo de
bastante tiempo los judíos tomaron la decisión de matarle.
24 Pero Saulo
tuvo conocimiento de su determinación. Hasta las puertas estaban guardadas
día y noche para poderle matar.
25 Pero los
discípulos le tomaron y le descolgaron de noche por la muralla dentro de una
espuerta.
26 Llegó a
Jerusalén e intentaba juntarse con los discípulos; pero todos le tenían
miedo, no creyendo que fuese discípulo.
27 Entonces
Bernabé le tomó y le presentó a los apóstoles y les contó cómo había visto
al Señor en el camino y que le había hablado y cómo había predicado con
valentía en Damasco en el nombre de Jesús.
28 Andaba con
ellos por Jerusalén, predicando valientemente en el nombre del Señor.
29 Hablaba
también y discutía con los helenistas; pero éstos intentaban matarle.
30 Los hermanos,
al saberlo, le llevaron a Cesarea y le hicieron marchar a Tarso.
31 Las Iglesias
por entonces gozaban de paz en toda Judea, Galilea y Samaria; se edificaban
y progresaban en el temor del Señor y estaban llenas de la consolación del
Espíritu Santo.
32 Pedro, que
andaba recorriendo todos los lugares, bajó también a visitar a los santos
que habitaban en Lida.
33 Encontró allí
a un hombre llamado Eneas, tendido en una camilla desde hacía ocho años,
pues estaba paralítico.
34 Pedro le dijo:
«Eneas, Jesucristo te cura; levántate y arregla tu lecho.» Y al instante se
levantó.
35 Todos los
habitantes de Lida y Sarón le vieron, y se convirtieron al Señor.
36 Había en Joppe
una discípula llamada Tabitá, que quiere decir Dorcás. Era rica en buenas
obras y en limosnas que hacía.
37 Por aquellos
días enfermó y murió. La lavaron y la pusieron en la estancia superior.
38 Lida está
cerca de Joppe, y los discípulos, al enterarse que Pedro estaba allí,
enviaron dos hombres con este ruego: «No tardes en venir a nosotros.»
39 Pedro partió
inmediatamente con ellos. Así que llegó le hicieron subir a la estancia
superior y se le presentaron todas las viudas llorando y mostrando las
túnicas y los mantos que Dorcás hacía mientras estuvo con ellas.
40 Pedro hizo
salir a todos, se puso de rodillas y oró; después se volvió al cadáver y
dijo: «Tabitá, levántate.» Ella abrió sus ojos y al ver a Pedro se
incorporó.
41 Pedro le dio
la mano y la levantó. Llamó a los santos y a las viudas y se la presentó
viva.
42 Esto se supo
por todo Joppe y muchos creyeron en el Señor.
43 Pedro
permaneció en Joppe bastante tiempo en casa de un tal Simón, curtidor.
1 Había en
Cesarea un hombre, llamado Cornelio, centurión de la cohorte Itálica,
2 piadoso y
temeroso de Dios, como toda su familia, daba muchas limosnas al pueblo y
continuamente oraba a Dios.
3 Vio claramente
en visión, hacia la hora nona del día, que el Ángel de Dios entraba en su
casa y le decía: «Cornelio.»
4 El le miró
fijamente y lleno de espanto dijo: «¿Qué pasa, señor?» Le respondió: «Tus
oraciones y tus limosnas han subido como memorial ante la presencia de Dios.
5 Ahora envía
hombres a Joppe y haz venir a un tal Simón, a quien llaman Pedro.
6 Este se hospeda
en casa de un tal Simón, curtidor, que tiene la casa junto al mar.»
7 Apenas se fue
el ángel que le hablaba, llamó a dos criados y a un soldado piadoso, de
entre sus asistentes,
8 les contó todo
y los envió a Joppe.
9 Al día
siguiente, mientras ellos iban de camino y se acercaban a la ciudad, subió
Pedro al terrado, sobre la hora sexta, para hacer oración.
10 Sintió hambre
y quiso comer. Mientras se lo preparaban le sobrevino un éxtasis,
11 y vio los
cielos abiertos y que bajaba hacia la tierra una cosa así como un gran
lienzo, atado por las cuatro puntas.
12 Dentro de él
había toda suerte de cuadrúpedos, reptiles de la tierra y aves del cielo.
13 Y una voz le
dijo: «Levántate, Pedro, sacrifica y come.»
14 Pedro
contestó: «De ninguna manera, Señor; jamás he comido nada profano e impuro.»
15 La voz le dijo
por segunda vez: «Lo que Dios ha purificado no lo llames tú profano.»
16 Esto se
repitió tres veces, e inmediatamente la cosa aquella fue elevada hacia el
cielo.
17 Estaba Pedro
perplejo pensando qué podría significar la visión que había visto, cuando
los hombres enviados por Cornelio, después de preguntar por la casa de
Simón, se presentaron en la puerta;
18 llamaron y
preguntaron si se hospedaba allí Simón, llamado Pedro.
19 Estando Pedro
pensando en la visión, le dijo el Espíritu: «Ahí tienes unos hombres que te
buscan.
20 Baja, pues, al
momento y vete con ellos sin vacilar, pues yo los he enviado.»
21 Pedro bajó
donde ellos y les dijo: «Yo soy el que buscáis; ¿por qué motivo habéis
venido?»
22 Ellos
respondieron: «El centurión Cornelio, hombre justo y temeroso de Dios,
reconocido como tal por el testimonio de toda la nación judía, ha recibido
de un ángel santo el aviso de hacerte venir a su casa y de escuchar lo que
tú digas.»
23 Entonces les
invitó a entrar y les dio hospedaje. Al día siguiente se levantó y se fue
con ellos; le acompañaron algunos hermanos de Joppe.
24 Al siguiente
día entró en Cesarea. Cornelio los estaba esperando. Había reunido a sus
parientes y a los amigos íntimos.
25 Cuando Pedro
entraba salió Cornelio a su encuentro y cayó postrado a sus pies.
26 Pedro le
levantó diciéndole: «Levántate, que también yo soy un hombre.»
27 Y conversando
con él entró y encontró a muchos reunidos.
28 Y les dijo:
«Vosotros sabéis que no le está permitido a un judío juntarse con un
extranjero ni entrar en su casa; pero a mí me ha mostrado Dios que no hay
que llamar profano o impuro a ningún hombre.
29 Por eso al ser
llamado he venido sin dudar. Os pregunto, pues, por qué motivo me habéis
enviado a llamar.»
30 Cornelio
contestó: «Hace cuatro días, a esta misma hora, estaba yo haciendo la
oración de nona en mi casa, y de pronto se presentó delante de mí un varón
con vestidos resplandecientes,
31 y me dijo:
"Cornelio, tu oración ha sido oída y se han recordado tus limosnas ante
Dios;
32 envía, pues, a
Joppe y haz llamar a Simón, llamado Pedro, que se hospeda en casa de Simón
el curtidor, junto al mar."
33 Al instante
mandé enviados donde ti, y tú has hecho bien en venir. Ahora, pues, todos
nosotros, en la presencia de Dios, estamos dispuestos para escuchar todo lo
que te ha sido ordenado por el Señor.»
34 Entonces Pedro
tomó la palabra y dijo: «Verdaderamente comprendo que Dios no hace acepción
de personas,
35 sino que en
cualquier nación el que le teme y practica la justicia le es grato.
36 «El ha enviado
su Palabra a los hijos de Israel, = anunciándoles la Buena Nueva de la paz =
por medio de Jesucristo que es el Señor de todos.
37 Vosotros
sabéis lo sucedido en toda Judea, comenzando por Galilea, después que Juan
predicó el bautismo;
38 = cómo Dios =
a Jesús de Nazaret = le ungió con el Espíritu Santo = y con poder, y cómo él
pasó haciendo el bien y curando a todos los oprimidos por el Diablo, porque
Dios estaba con él;
39 y nosotros
somos testigos de todo lo que hizo en la región de los judíos y en
Jerusalén; a quien llegaron a matar colgándole de un madero;
40 a éste, Dios
le resucitó al tercer día y le concedió la gracia de aparecerse,
41 no a todo el
pueblo, sino a los testigos que Dios había escogido de antemano, a nosotros
que comimos y bebimos con él después que resucitó de entre los muertos.
42 Y nos mandó
que predicásemos al Pueblo, y que diésemos testimonio de que él está
constituido por Dios juez de vivos y muertos.
43 De éste todos
los profetas dan testimonio de que todo el que cree en él alcanza, por su
nombre, el perdón de los pecados.»
44 Estaba Pedro
diciendo estas cosas cuando el Espíritu Santo cayó sobre todos los que
escuchaban la Palabra.
45 Y los fieles
circuncisos que habían venido con Pedro quedaron atónitos al ver que el don
del Espíritu Santo había sido derramado también sobre los gentiles,
46 pues les oían
hablar en lenguas y glorificar a Dios. Entonces Pedro dijo:
47 «¿Acaso puede
alguno negar el agua del bautismo a éstos que han recibido el Espíritu Santo
como nosotros?»
48 Y mandó que
fueran bautizados en el nombre de Jesucristo. Entonces le pidieron que se
quedase algunos días.