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1 Siete años
tenía Joás cuando empezó a reinar, y reinó cuarenta años en Jerusalén. Su
madre se llamaba Sibía de Berseba.
2 Joás hizo lo
recto a los ojos de Yahveh durante toda la vida del sacerdote Yehoyadá.
3 Este le casó
con dos mujeres, y engendró hijos e hijas.
4 Después de esto
resolvió Joás restaurar la Casa de Yahveh.
5 Reunió a los
sacerdotes y a los levitas y les dijo: «Recorred las ciudades de Judá y
juntad cada año plata en todo Israel para reparar la Casa de vuestro Dios; y
daos prisa en ello.» Pero los levitas no se dieron prisa.
6 Llamó entonces
el rey a Yehoyadá, sumo sacerdote, y le dijo: «¿Por qué no has tenido
cuidado de que los levitas trajesen de Judá y de Jerusalén la contribución
que Moisés, siervo de Yahveh, y la asamblea de Israel prescribieron para la
Tienda del Testimonio?»
7 Pues la impía
Atalía y sus hijos habían arruinado la Casa de Dios, llegando incluso a
emplear para los Baales todas las cosas consagradas a la Casa de Yahveh.
8 Mandó, pues, el
rey que se hiciera un cofre, que fue colocado junto a la puerta de la Casa
de Yahveh, por la parte exterior;
9 y echaron bando
en Judá y en Jerusalén de que trajesen a Yahveh la contribución que Moisés,
siervo de Dios, había impuesto a Israel en el desierto.
10 Todos los
jefes y todo el pueblo se alegraron; y traían la contribución y la echaban
en el cofre hasta que se llenaba.
11 Cuando
llevaban el cofre a los inspectores del rey, por medio de los levitas, si
veían que había mucho dinero, venía el secretario del rey y el inspector del
sumo sacerdote para vaciar el cofre; luego, lo tomaban y lo volvían a su
lugar. Así lo hacían cada vez, y recogían dinero en abundancia.
12 El rey y
Yehoyadá se lo daban a los encargados de las obras del servicio de la Casa
de Yahveh, y éstos tomaban a sueldo canteros y carpinteros para restaurar la
Casa de Yahveh, y también a los que trabajaban en hierro y bronce, para
reparar la Casa de Yahveh.
13 Trabajaron,
pues, los encargados de la obra, y con sus trabajos adelantaron las
reparaciones del edificio; restituyeron la Casa de Dios a su primer estado y
la consolidaron.
14 Acabado el
trabajo, entregaron al rey y a Yehoyadá el resto del dinero, con el cual
hicieron objetos para la Casa de Yahveh, utensilios para el ministerio y
para los holocaustos, vasos y objetos de oro y plata. Durante toda la vida
de Yehoyadá se ofrecieron siempre holocaustos en la Casa de Yahveh.
15 Envejeció
Yehoyadá, y murió colmado de días. Tenía 130 años cuando murió.
16 Le sepultaron
en la Ciudad de David, con los reyes, porque había hecho el bien en Israel,
con Dios y con su Casa.
17 Después de la
muerte de Yehoyadá vinieron los jefes de Judá a postrarse delante del rey, y
entonces el rey les prestó oído.
18 Abandonaron la
Casa de Yahveh, el Dios de sus padres, y sirvieron a los cipos y a los
ídolos; la cólera estalló contra Judá y Jerusalén a causa de esta culpa
suya.
19 Yahveh les
envió profetas que dieron testimonio contra ellos para que se convirtiesen a
él, pero no les prestaron oído.
20 Entonces el
espíritu de Dios revistió a Zacarías, hijo del sacerdote Yehoyadá que,
presentándose delante del pueblo, les dijo: «Así dice Dios: ¿Por qué
traspasáis los mandamientos de Yahveh? No tendréis éxito; pues por haber
abandonado a Yahveh, él os abandonará a vosotros.»
21 Mas ellos
conspiraron contra él, y por mandato del rey le apedrearon en el atrio de la
Casa de Yahveh.
22 Pues el rey
Joás no se acordó del amor que le había tenido Yehoyadá, padre de Zacarías,
sino que mató a su hijo, que exclamó al morir: «¡Véalo Yahveh y exija
cuentas!»
23 A la vuelta de
un año subió contra Joás el ejército de los arameos, que invadieron Judá y
Jerusalén, mataron de entre la población a todos los jefes del pueblo, y
enviaron todo el botín al rey de Damasco,
24 pues aunque el
ejército de los arameos había venido con poca gente, Yahveh entregó en sus
manos a un ejército muy grande; porque habían abandonado a Yahveh, el Dios
de sus padres. De este modo los arameos hicieron justicia con Joás.
25 Y cuando se
alejaron de él, dejándole gravemente enfermo, se conjuraron contra él sus
servidores, por la sangre del hijo del sacerdote Yehoyadá, le mataron en su
lecho y murió. Le sepultaron en la Ciudad de David, pero no le sepultaron en
los sepulcros de los reyes.
26 Los que
conspiraron contra él fueron Zabad, hijo de Simat la ammonita, y Yehozabad,
hijo de Simrit la moabita.
27 Lo tocante a
sus hijos, la gran cantidad de impuestos que percibió y la restauración de
la Casa de Dios, se halla escrito en el midrás del libro de los reyes. En su
lugar reinó su hijo Amasías.
1 Veinticinco
años tenía Amasías cuando comenzó a reinar, y reinó veintinueve años en
Jerusalén. Su madre se llamaba Yehoaddán, de Jerusalén.
2 Hizo lo recto a
los ojos de Yahveh, aunque no de todo corazón.
3 Cuando se
afianzó en su reinado, dio muerte a los servidores que habían matado al rey
su padre.
4 Pero no hizo
morir a los hijos de ellos, conforme a lo escrito en la Ley, en el libro de
Moisés, donde Yahveh tenía prescrito: «No han de morir los padres por los
hijos ni los hijos han de morir por los padres, sino que cada uno morirá por
su propio pecado.»
5 Amasías
congregó a Judá y estableció por todo Judá y Benjamín, según las casas
paternas, jefes de millar y jefes de cien; hizo el censo de ellos, desde los
veinte años para arriba, y halló 300.000 hombres escogidos, aptos para la
guerra y el manejo de lanza y pavés.
6 Tomó también a
sueldo en Israel, por cien talentos de plata, a 100.000 hombres valientes.
7 Pero vino donde
él un hombre de Dios que le dijo: «Oh rey, que no salga contigo el ejército
de Israel, porque Yahveh no está con Israel, ni con ninguno de los
efraimitas.
8 Si vienen
contigo, tú te portarás esforzadamente en la batalla, pero Dios te hará caer
ante el enemigo, porque Dios tiene poder para ayudar y para derribar.»
9 Respondió
Amasías al hombre de Dios: «¿Y qué hacer con los cien talentos que he dado a
la tropa de Israel?» Contestó el hombre de Dios: «Tiene Yahveh poder para
darte mucho más que eso.»
10 Y Amasías
apartó los destacamentos que le habían venido de Efraím, para que se
volviesen a sus lugares. Ellos se irritaron mucho contra Judá y se volvieron
a sus casas ardiendo en cólera.
11 Amasías cobró
ánimo y, tomando el mando de su pueblo, marchó al valle de la Sal, y dio
muerte a 10.000 hombres de los seiríes.
12 Los hijos de
Judá apresaron vivos a otros 10.000 y, llevándolos a la cumbre de la peña,
los precipitaron desde allí, quedando todos ellos reventados.
13 Entretanto, la
tropa que Amasías había hecho volver, para que no fuesen con él a la guerra,
se desparramaron por las ciudades de Judá, desde Samaría hasta Bet Jorón,
pero fueron derrotados 3.000 de ellos y se recogió mucho botín.
14 Después de
regresar Amasías de su victoria sobre los edomitas, introdujo los dioses de
los seiríes; eligió los dioses de ellos, postróse ante ellos y les quemó
incienso.
15 Se encendió la
ira de Yahveh contra Amasías y le envió un profeta, que le dijo: «¿Por qué
has buscado a los dioses de ese pueblo, que no han podido librar de tu mano
a su propia gente?»
16 Mientras él le
hablaba, Amasías le interrumpió: «¿Acaso te hemos hecho consejero del rey?
¡Cállate! ¿Por qué te han de matar?» El profeta concluyó diciendo: «Yo sé
que Dios ha determinado destruirte, porque hiciste eso y no quieres escuchar
mi consejo.»
17 Amasías, rey
de Judá, después de haber deliberado, envió mensajeros a Joás, hijo de
Joacaz, hijo de Jehú, rey de Israel, para decirle: «¡Sube y nos veremos las
caras!»
18 Pero Joás, rey
de Israel, mandó decir a Amasías, rey de Judá: «El cardo del Líbano mandó a
decir al cedro del Líbano: Dame tu hija para mujer de mi hijo. Pero las
bestias salvajes del Líbano pasaron y pisotearon el cardo.
19 Tú te dices:
"He derrotado a Edom." Por eso te lleva tu corazón a jactarte. Sé glorioso,
pero quédate ahora en tu casa. ¿Por qué exponerte a una calamidad y a caer
tú y Judá contigo?»
20 Pero Amasías
no le escuchó, pues era disposición de Dios entregarlos en manos de sus
enemigos, por haber buscado a los dioses de Edom.
21 Subió Joás,
rey de Israel, y se enfrentaron, él y Amasías, rey de Judá, en Bet Semes de
Judá.
22 Judá fue
derrotado por Israel y huyeron cada uno a su tienda.
23 Joás, rey de
Israel, capturó a Amasías, rey de Judá, hijo de Joás, hijo de Ocozías, en
Bet Semes y le llevó a Jerusalén; y abrió una brecha de cuatrocientos codos
en la muralla de Jerusalén desde la puerta de Efraím hasta la puerta del
Angulo.
24 Tomó todo el
oro y la plata y todos los objetos que se hallaban al cuidado de Obededom en
la Casa de Dios, y los tesoros de la casa del rey, así como también rehenes,
y se volvió a Samaría.
25 Amasías, hijo
de Joás, rey de Judá, sirvió quince años después de la muerte de Joás, hijo
de Joacaz, rey de Israel.
26 El resto de
los hechos de Amasías, los primeros y los postreros, ¿no están escritos en
el libro de los reyes de Judá y de Israel?
27 Después que
Amasías se apartó de Yahveh, se conjuraron contra él en Jerusalén, por lo
que huyó a Lakís; pero enviaron gente en su persecución hasta Lakís y allí
lo mataron.
28 Trajéronle a
caballo y le sepultaron con sus padres en la Ciudad de David.
1 Todo el pueblo
de Judá tomó a Ozías, que tenía dieciséis años, y le proclamaron rey en
lugar de su padre Amasías.
2 Reconstruyó
Elat y la devolvió a Judá, después que el rey se hubo acostado con sus
padres.
3 Dieciséis años
tenía Ozías cuando empezó a reinar, y reinó 52 años en Jerusalén. Su madre
se llamaba Yekoliá, de Jerusalén.
4 Hizo lo recto a
los ojos de Yahveh, enteramente como lo había hecho su padre Amasías.
5 Buscó a Dios
durante la vida de Zacarías, que le instruyó en el temor de Dios; y mientras
buscó a Yahveh, Dios le dio prosperidad.
6 Salió a campaña
contra los filisteos y abrió brecha en el muro de Gat, en el muro de Yabné y
en el muro de Asdod; restauró las ciudades en la región de Asdod y entre los
filisteos.
7 Dios le ayudó
contra los filisteos, contra los árabes que habitaban en Gur Báal y contra
los meunitas.
8 Los ammonitas
pagaron tributo a Ozías, y su fama llegó hasta la frontera de Egipto, porque
se había hecho sumamente poderoso.
9 Ozías construyó
torres en Jerusalén sobre la puerta del Angulo, sobre la puerta del Valle y
en el Angulo, y las fortificó.
10 Construyó
también torres en el desierto y excavó muchas cisternas, pues poseía
numerosos ganados en la Tierra Baja y en la llanura, así como labradores y
viñadores en las montañas y en los campos fértiles, porque le gustaba la
agricultura.
11 Ozías tenía un
ejército que hacía la guerra; salía a campaña por grupos, conforme al número
de su censo hecho bajo la vigilancia de Yeiel el escriba, y Maaseías el
notario, a las órdenes de Jananías, uno de los jefes del rey.
12 El número
total de los jefes de familia era de 2.600 hombres esforzados.
13 A sus órdenes
había un ejército de campaña de 307.500 hombres, que hacían la guerra con
gran valor, para ayudar al rey contra el enemigo.
14 Ozías
proporcionó a todo aquel ejército en cada una de sus campañas escudos y
lanzas, yelmos y corazas, arcos y hondas, para tirar piedras.
15 Hizo construir
en Jerusalén ingenios inventados por expertos, para colocarlos sobre las
torres y los ángulos y para arrojar saetas y grandes piedras. Su fama se
extendió lejos, porque fue prodigioso el modo como supo buscarse
colaboradores hasta hacerse fuerte.
16 Mas, una vez
fortalecido en su poder, se ensoberbeció hasta acarrearse la ruina, y se
rebeló contra Yahveh su Dios, entrando en el Templo de Yahveh para quemar
incienso sobre el altar del incienso.
17 Fue tras él
Azarías, el sacerdote, y con él ochenta sacerdotes de Yahveh, hombres
valientes,
18 que se
opusieron al rey Ozías y le dijeron: «No te corresponde a ti, Ozías, quemar
incienso a Yahveh, sino a los sacerdotes, los hijos de Aarón, que han sido
consagrados para quemar el incienso. ¡Sal del santuario porque estás
prevaricando, y tú no tienes derecho a la gloria que viene de Yahveh Dios!»
19 Entonces
Ozías, que tenía en la mano un incensario para ofrecer incienso, se llenó de
ira, y mientras se irritaba contra los sacerdotes, brotó la lepra en su
frente, a vista de los sacerdotes, en la Casa de Yahveh, junto al altar del
incienso.
20 El sumo
sacerdote Azarías y todos los sacerdotes volvieron hacía él sus ojos, y
vieron que tenía lepra en la frente. Por lo cual lo echaron de allí a toda
prisa; y él mismo se apresuró a salir, porque Yahveh le había herido.
21 El rey Ozías,
quedó leproso hasta el día de su muerte, y habitó en una casa aislada, como
leproso, porque había sido excluido de la Casa de Yahveh; su hijo Jotam
estaba al frente de la casa del rey y administraba justicia al pueblo de la
tierra.
22 El resto de
los hechos de Ozías, los primeros y los postreros, los escribió el profeta
Isaías, hijo de Amós.
23 Acostóse Ozías
con sus padres y lo sepultaron con sus padres en el campo de los sepulcros
de los reyes, porque decían: «Es un leproso.» En su lugar reinó su hijo
Jotam.
1 Tenía Jotam
veinticinco años cuando comenzó a reinar, y reinó dieciséis años en
Jerusalén. Su madre se llamaba Yerusá, hija de Sadoq.
2 Hizo lo recto a
los ojos de Yahveh, enteramente como lo hizo su padre Ozías, salvo que no
penetró en el Templo de Yahveh. El pueblo, sin embargo, seguía
corrompiéndose.
3 Construyó la
Puerta Superior de la Casa de Yahveh, e hizo muchas obras en los muros de
Ofel.
4 Edificó también
ciudades en la montaña de Judá, y edificó castillos y torres en las tierras
de labor.
5 Hizo guerra
contra el rey de los ammonitas, a los que venció. Los ammonitas le dieron
aquel año cien talentos de plata, 10.000 cargas de trigo y 10.000 de cebada.
Los ammonitas le trajeron lo mismo el año segundo y el tercero.
6 Jotam llegó a
ser poderoso, porque se afirmó en los caminos de Yahveh su Dios.
7 El resto de los
hechos de Jotam, todas sus guerras y sus obras, están escritos en el libro
de los reyes de Israel y de Judá.
8 Tenía
veinticinco años cuando comenzó a reinar, y reinó dieciséis años en
Jerusalén.
9 Acostóse Jotam
con sus padres, y le sepultaron en la Ciudad de David. En su lugar reinó su
hijo Ajaz.
1 Tenía Ajaz
veinte años cuando empezó a reinar, y reinó dieciséis años en Jerusalén. No
hizo lo recto a los ojos de Yahveh, como David su padre.
2 Siguió los
caminos de los reyes de Israel, llegando a fundir estatuas para los Baales.
3 Quemó incienso
en el valle de Ben Hinnom e hizo pasar a sus hijos por el fuego, según los
ritos abominables de las gentes que Yahveh había arrojado de delante de los
israelitas.
4 Ofrecía
sacrificios y quemaba incienso en los altos, sobre los collados y bajo todo
árbol frondoso.
5 Yahveh su Dios
le entregó en manos del rey de los arameos, que le derrotaron, haciéndole
gran número de prisioneros, que fueron llevados a Damasco. Fue entregado
también en manos del rey de Israel, que le causó una gran derrota.
6 Pecaj, hijo de
Remalías, mató en Judá en un solo día a 120.000, todos ellos hombres
valientes; porque habían abandonado a Yahveh, el Dios de sus padres.
7 Zikrí, uno de
los valientes de Efraím, mató a Maasías, hijo del rey, a Azricam, mayordomo
de palacio, y a Elcaná, segundo después del rey.
8 Los israelitas
se llevaron de entre sus hermanos 200.000 prisioneros: mujeres, hijos e
hijas. Se apoderaron también de un enorme botín, que se llevaron a Samaría.
9 Había allí un
profeta de Yahveh, llamado Oded, que salió al encuentro del ejército que
volvía a Samaría, y les dijo: «He aquí que Yahveh, el Dios de vuestros
padres, irritado contra Judá, los ha entregado en vuestras manos, mas
vosotros los habéis matado con un furor que ha subido hasta el cielo.
10 Y ahora
pensáis en someter a los hijos de Judá y de Jerusalén como siervos y siervas
vuestros. ¿Es que vosotros mismos no sois culpables contra Yahveh vuestro
Dios?
11 Oídme, pues, y
dejad volver a vuestros hermanos que habéis tomado prisioneros, porque el
furor de la ira de Yahveh viene sobre vosotros.»
12 Entonces
algunos hombres de los jefes de Efraím: Azarías, hijo de Yehojanán;
Berekías, hijo de Mesillemot; Ezequías, hijo de Sallum, y Amasá, hijo de
Jadlay, se levantaron contra los que venían de la guerra,
13 y les dijeron:
«No metáis aquí a estos prisioneros. ¿Por qué, además de la culpa contra
Yahveh que ya tenemos contra nosotros, habláis de aumentar todavía nuestros
pecados y nuestro delito?; pues grande es nuestro delito y el furor de la
ira amenaza a Israel.»
14 Entonces la
tropa dejó a los prisioneros y el botín delante de los jefes y de toda la
asamblea.
15 Levantáronse
entonces los hombres nominalmente designados, reanimaron a los prisioneros y
vistieron con el botín a todos los que estaban desnudos, dándoles vestido y
calzado. Les dieron de comer y de beber y los ungieron; y transportaron en
asnos a todos los débiles, los llevaron a Jericó, ciudad de las palmeras,
junto a sus hermanos. Luego se volvieron a Samaría.
16 En aquel
tiempo el rey Ajaz envió mensajeros a los reyes de Asiria para que le
socorriesen.
17 Porque los de
Edom habían venido otra vez y habían derrotado a Judá, llevándose algunos
prisioneros.
18 También los
filisteos invadieron las ciudades de la Tierra Baja y del Négueb de Judá, y
tomaron Bet Semes, Ayyalón, Guederot, Sokó con sus aldeas, Timná con sus
aldeas y Guimzó con sus aldeas, y se establecieron allí.
19 Porque Yahveh
humillaba a Judá a causa de Ajaz, rey de Israel, que permitía el desenfreno
de Judá, y se había rebelado contra Yahveh.
20 Vino contra él
Teglatfalasar, rey de Asiria; y le puso sitio, pero no le dominó.
21 Porque Ajaz
despojó la Casa de Yahveh y la casa del rey y de los jefes, para dárselo al
rey de Asiria, pero de nada le sirvió.
22 Aun en el
tiempo del asedio, el rey Ajaz persistió en su rebeldía contra Yahveh.
23 Ofrecía
sacrificios a los dioses de Damasco que le habían derrotado, pues se decía:
«Los dioses de los reyes de Aram les ayudan a ellos; les ofreceré
sacrificios, y me ayudarán a mí.» Ellos fueron la causa de su ruina y de la
de todo Israel.
24 Ajaz juntó
algunos de los utensilios de la Casa de Dios e hizo añicos otros; cerró las
puertas de la Casa de Yahveh y fabricó altares en todas las esquinas de
Jerusalén.
25 Erigió altos
en cada una de las ciudades de Judá, para quemar incienso a otros dioses,
provocando así la ira de Yahveh, el Dios de sus padres.
26 El resto de
sus hechos y todas sus obras, las primeras y las postreras, está escrito en
el libro de los reyes de Judá e Israel.
27 Se acostó Ajaz
con sus padres y lo sepultaron dentro de la Ciudad, en Jerusalén: pues no le
colocaron en los sepulcros de los reyes de Israel. En su lugar reinó su hijo
Ezequías.
1 Ezequías tenía
veinticinco años cuando comenzó a reinar y reinó veintinueve años en
Jerusalén. Su madre se llamaba Abía, hija de Zacarías.
2 Hizo lo recto a
los ojos de Yahveh, enteramente como David su padre.
3 En el año
primero de su reinado, el primer mes, abrió las puertas de la Casa de Yahveh
y las reparó.
4 Hizo venir a
los sacerdotes y levitas, los reunió en la plaza oriental,
5 y les dijo:
«¡Escuchadme, levitas! Santificaos ahora y santificad la Casa de Yahveh, el
Dios de vuestros padres; y sacad fuera del santuario la inmundicia.
6 Porque nuestros
padres han sido infieles haciendo lo malo a los ojos de Yahveh, nuestro
Dios; le han abandonado, y apartando sus rostros de la Morada de Yahveh, le
han vuelto la espalda.
7 Hasta llegaron
a cerrar las puertas del Vestíbulo, apagaron las lámparas, y no quemaron
incienso ni ofrecieron holocaustos en el santuario al Dios de Israel.
8 Por eso la ira
de Yahveh ha venido sobre Judá y Jerusalén, y él los ha convertido en objeto
de espanto, terror y rechifla, como lo estáis viendo con vuestros ojos.
9 Por esto han
caído a espada nuestros padres; y nuestros hijos, hijas y mujeres se hallan
en cautividad.
10 Pero ahora he
decidido en mi corazón hacer alianza con Yahveh, el Dios de Israel, para que
aparte de nosotros el furor de su ira.
11 Hijos míos, no
seáis ahora negligentes; porque Yahveh os ha elegido a vosotros para que
estéis en su presencia y le sirváis para ser sus ministros y para quemarle
incienso.»
12 Levantáronse
entonces los levitas Májat, hijo de Amasay, y Joel, hijo de Azarías, de los
hijos de Quehat; Quis, hijo de Abdí, y Azarías, hijo de Yallelel, de los
hijos de Merarí; Yoaj, hijo de Zimmá, y Eden, hijo de Yoaj, de los hijos de
los guersonitas;
13 Simrí y Yeiel,
de los hijos de Elisafán; Zacarías y Mattanías, de los hijos de Asaf;
14 Yejiel y Simí,
de los hijos de Hemán; Semaías y Uzziel, de los hijos de Yedutún.
15 Estos
reunieron a sus hermanos, se santificaron y vinieron a purificar la Casa de
Yahveh, conforme al mandato del rey, según las palabras de Yahveh.
16 Los sacerdotes
entraron en el interior de la Casa de Yahveh para purificarla, y sacaron al
atrio de la Casa de Yahveh todas las impurezas que encontraron en el
santuario de Yahveh. Los levitas, por su parte, las amontonaron para
llevarlas fuera, al torrente de Cedrón.
17 Comenzaron la
consagración el día primero del primer mes, y el día octavo del mes llegaron
al Vestíbulo de Yahveh; pasaron ocho días consagrando la Casa de Yahveh y el
día dieciséis del mes primero habían acabado.
18 Fueron luego a
las habitaciones del rey Ezequías y le dijeron: «Hemos purificado toda la
Casa de Yahveh, el altar del holocausto con todos sus utensilios, y la mesa
de las filas de pan con todos sus utensilios.
19 Hemos
preparado y santificado todos los objetos que profanó el rey Ajaz durante su
reinado con su infidelidad, y están ante el altar de Yahveh.»
20 Entonces se
levantó el rey Ezequías de mañana, reunió a los jefes de la ciudad y subió a
la Casa de Yahveh
21 Trajeron siete
novillos, siete carneros, siete corderos y siete machos cabríos para el
sacrificio por el pecado en favor del reino, del santuario y de Judá; y
mandó a los sacerdotes, hijos de Aarón, que ofreciesen holocaustos sobre el
altar de Yahveh.
22 Inmolaron los
novillos, y los sacerdotes recogieron la sangre y rociaron el altar; luego
inmolaron los carneros y rociaron con su sangre el altar; degollaron
igualmente los corderos y rociaron con la sangre el altar.
23 Acercaron
después los machos cabríos por el pecado, ante el rey y la asamblea, y éstos
pusieron las manos sobre ellos;
24 los sacerdotes
los inmolaron y ofrecieron la sangre en sacrificio por el pecado junto al
altar como expiación por todo Israel; porque el rey había ordenado que el
holocausto y el sacrificio por el pecado fuese por todo Israel.
25 Luego
estableció en la Casa de Yahveh a los levitas con címbalos, salterios y
cítaras, según las disposiciones de David, de Gad, vidente del rey, y de
Natán, profeta; pues de mano de Yahveh había venido ese mandamiento, por
medio de sus profetas.
26 Cuando
ocuparon su sitio los levitas con los instrumentos de David, y los
sacerdotes con las trompetas,
27 mandó Ezequías
ofrecer el holocausto sobre el altar. Y al comenzar el holocausto,
comenzaron también los cantos de Yahveh, al son de las trompetas y con el
acompañamiento de los instrumentos de David, rey de Israel.
28 Toda la
asamblea estaba postrada, se cantaban cánticos y las trompetas sonaban. Todo
ello duró hasta que fue consumido el holocausto.
29 Consumido el
holocausto, el rey y todos los presentes doblaron las rodillas y se
postraron.
30 Después, el
rey Ezequías y los jefes mandaron a los levitas que alabasen a Yahveh con
las palabras de David y del vidente Asaf; y ellos cantaron alabanzas hasta
la exaltación, e inclinándose, adoraron.
31 Después tomó
Ezequías la palabra y dijo: «Ahora estáis enteramente consagrados a Yahveh;
acercaos y ofreced víctimas y sacrificios de alabanza en la Casa de Yahveh.»
Y la asamblea trajo sacrificios en acción de gracias, y los de corazón
generoso, también holocaustos.
32 El número de
los holocaustos ofrecidos por la asamblea fue de setenta bueyes; cien
carneros y doscientos corderos; todos ellos en holocausto a Yahveh.
33 Se consagraron
también seiscientos bueyes y 3.000 ovejas.
34 Pero como los
sacerdotes eran pocos y no bastaban para desollar todos estos holocaustos,
les ayudaron sus hermanos los levitas, hasta que terminaron la labor, y los
sacerdotes se santificaron, pues los levitas estaban más dispuestos que los
sacerdotes para santificarse.
35 Hubo, además,
muchos holocaustos de grasa de los sacrificios de comunión y libaciones para
el holocausto. Así quedó restablecido el culto de la Casa de Yahveh.
36 Ezequías y el
pueblo entero se regocijaron de que Dios hubiera dispuesto al pueblo; pues
todo se hizo rápidamente.
1 Ezequías envió
mensajeros a todo Israel y Judá, y escribió también cartas a Efraím y
Manasés, para que viniesen a la Casa de Yahveh, en Jerusalén, a fin de
celebrar la Pascua en honor de Yahveh, el Dios de Israel.
2 Pues el rey y
sus jefes y toda la asamblea de Jerusalén habían determinado celebrar la
Pascua en el mes segundo,
3 ya que no fue
posible celebrarla a su debido tiempo, porque los sacerdotes no se habían
santificado en número suficiente y el pueblo no se había reunido en
Jerusalén.
4 Pareció bien
esto a los ojos del rey y de toda la asamblea.
5 Y decidieron
enviar aviso a todo Israel, desde Berseba hasta Dan, para que vinieran a
Jerusalén a celebrar la Pascua en que eran muchos los que no la habían
celebrado según lo escrito.
6 Los correos,
con las cartas del rey y de sus jefes, recorrieron todo Israel y Judá, como
el rey lo había mandado y decían: «Hijos de Israel, volveos a Yahveh, el
Dios de Abraham, de Isaac y de Israel, y él se volverá al resto que ha
quedado de vosotros, los que han escapado de la mano de los reyes de Asiria.
7 No seáis como
vuestros padres y vuestros hermanos, que fueron infieles a Yahveh, el Dios
de sus padres; por lo cual él los entregó a la desolación, como estáis
viendo.
8 Ahora, no
endurezcáis vuestra cerviz como vuestros padres; dad la mano a Yahveh, venid
a su santuario, que él ha santificado para siempre; servid a Yahveh, vuestro
Dios, y se apartará de vosotros el furor de su ira.
9 Porque si os
volvéis a Yahveh, vuestros hermanos y vuestros hijos hallarán misericordia
ante aquellos que los llevaron cautivos, y volverán a esta tierra, pues
Yahveh vuestro Dios es clemente y misericordioso, y no apartará de vosotros
su rostro, si vosotros os convertís a él.»
10 Los correos
pasaron de ciudad en ciudad por el país de Efraím y de Manasés, llegaron
hasta Zabulón; pero se reían y se burlaban de ellos.
11 Sin embargo,
hubo hombres de Aser, de Manasés y de Zabulón que se humillaron y vinieron a
Jerusalén.
12 También en
Judá se dejó sentir la mano de Dios, que les dio corazón unánime para
cumplir el mandamiento del rey y de los jefes, según la palabra de Yahveh.
13 Se reunió en
Jerusalén mucha gente para celebrar la fiesta de los Ázimos en el mes
segundo; era una asamblea muy grande.
14 Y se
levantaron y quitaron los altares que había en Jerusalén; quitaron también
todos los altares de incienso y los arrojaron al torrente Cedrón.
15 Inmolaron la
Pascua el día catorce del mes segundo. También los sacerdotes y los levitas,
llenos de confusión, se santificaron y trajeron holocaustos a la Casa de
Yahveh.
16 Ocuparon sus
puestos según su reglamento, conforme a la Ley de Moisés, hombre de Dios; y
los sacerdotes rociaban con la sangre que recibían de mano de los levitas.
17 Y como muchos
de la asamblea no se habían santificado, los levitas fueron encargados de
inmolar los corderos pascuales para todos los que no se hallaban puros, a
fin de santificarlos para Yahveh.
18 Pues una gran
parte del pueblo, muchos de Efraím, de Manasés, de Isacar y de Zabulón, no
se habían purificado, y con todo comieron la Pascua sin observar lo escrito.
Pero Ezequías oró por ellos diciendo: «¡Que Yahveh, que es bueno, perdone a
todos aquellos
19 cuyo corazón
está dispuesto a buscar al Dios Yahveh, el Dios de sus padres, aunque no
tengan la pureza requerida para las cosas sagradas!»
20 Y oyó Yahveh a
Ezequías y dejó salvo al pueblo.
21 Los israelitas
que estaban en Jerusalén celebraron la fiesta de los Ázimos por siete días
con gran alegría; mientras los levitas y los sacerdotes alababan a Yahveh
todos los días con todas sus fuerzas.
22 Ezequías habló
al corazón de todos los levitas que tenían perfecto conocimiento de Yahveh.
Comieron durante los siete días las víctimas de la solemnidad, sacrificando
sacrificios de comunión y alabando a Yahveh, el Dios de sus padres.
23 Toda la
asamblea resolvió celebrar la solemnidad por otros siete días, y la
celebraron con júbilo siete días más.
24 Porque
Ezequías, rey de Judá, había reservado para toda la asamblea mil novillos y
7.000 ovejas. Los jefes, por su parte, habían reservado para la asamblea mil
novillos y 10.000 ovejas, pues ya se habían santificado muchos sacerdotes.
25 Toda la
asamblea de Judá, los sacerdotes y los levitas y también toda la asamblea
que había venido de Israel y los forasteros venidos de la tierra de Israel,
lo mismo que los que habitaban en Judá, se llenaron de alegría.
26 Hubo gran gozo
en Jerusalén; porque desde los días de Salomón, hijo de David, rey de
Israel, no se había hecho cosa semejante en Jerusalén.
27 Después se
levantaron los sacerdotes y los levitas, y bendijeron al pueblo; y fue oída
su voz, y su oración penetró en el cielo, su santa morada.
1 Terminado todo
esto, salieron todos los israelitas que se hallaban presentes a recorrer las
ciudades de Judá; y rompieron las estelas, abatieron los cipos y derribaron
los altos y los altares en todo Judá y Benjamín, y también en Efraím y
Manasés, hasta acabar con ellos. Después volvieron todos los hijos de
Israel, cada cual a su propiedad, a sus ciudades.
2 Ezequías
restableció las clases de los sacerdotes y de los levitas, cada uno en su
sección, según su servicio, ya fuera sacerdote, ya levita, ya se tratara de
holocaustos y sacrificios de comunión, ya de servicio litúrgico, acción de
gracias o himnos, en las puertas del campamento de Yahveh.
3 Destinó el rey
una parte de su hacienda para los holocaustos, holocaustos de la mañana y de
la tarde y holocaustos de los sábados, de los novilunios y de las
solemnidades, según lo escrito en la Ley de Yahveh.
4 Mandó al pueblo
que habitaba en Jerusalén que entregase la parte de los sacerdotes y levitas
a fin de que pudiesen perseverar en la Ley de Yahveh.
5 Cuando se
divulgó esta disposición, los israelitas trajeron en abundancia las
primicias del trigo, del vino, del aceite y de la miel y de todos los
productos del campo; presentaron igualmente el diezmo de todo en abundancia.
6 Los hijos de
Israel y de Judá que habitaban en las ciudades de Judá trajeron también el
diezmo del ganado mayor y menor y el diezmo de las cosas sagradas
consagradas a Yahveh, su Dios, y lo distribuyeron por montones.
7 En el mes
tercero comenzaron a apilar los montones y terminaron el mes séptimo.
8 Vinieron
Ezequías y los jefes a ver los montones y bendijeron a Yahveh y a su pueblo
Israel.
9 Cuando Ezequías
preguntó a los sacerdotes y a los levitas acerca de los montones,
10 respondió el
sumo sacerdote Azarías, de la casa de Sadoq, y dijo: «Desde que se
comenzaron a traer las ofrendas reservadas a la Casa de Yahveh, hemos comido
y nos hemos saciado, y aún sobra muchísimo, porque Yahveh ha bendecido a su
pueblo; y esta gran cantidad es lo que sobra.»
11 Entonces mandó
Ezequías que se preparasen salas en la Casa de Yahveh. Las prepararon,
12 y metieron
allí en lugar seguro las ofrendas reservadas, los diezmos y las cosas
consagradas. El levita Konanías fue nombrado intendente, y Simí, hermano
suyo, era el segundo.
13 Yejiel,
Azazías, Najat, Asahel, Yerimot, Yozabad, Eliel, Jismakías, Májat y Benaías
eran inspectores, a las órdenes de Konanías y de Simí, su hermano, bajo la
vigilancia del rey Ezequías y de Azarías, príncipe de la Casa de Dios.
14 El levita
Qoré, hijo de Yimná, portero de la puerta oriental, estaba encargado de las
ofrendas voluntarias hechas a Dios, y de repartir la ofrenda reservada a
Yahveh y las cosas sacratísimas.
15 En las
ciudades sacerdotales estaban permanentemente bajo sus órdenes Eden,
Minyamín, Yesúa, Semaías, Amarías y Sekanías, para repartir a sus hermanos,
así grandes como chicos, según sus clases,
16 dejando aparte
a los hombres de treinta años para arriba, inscritos en las genealogías, a
todos los que entraban en la Casa de Yahveh, según la tarea de cada día,
para cumplir los servicios de su ministerio, conforme a sus clases.
17 Los sacerdotes
estaban inscritos en las genealogías, conforme a sus casas paternas, igual
que los levitas, desde los veinte años en adelante, según sus obligaciones y
sus clases.
18 Estaban
también inscritos en las genealogías todos sus niños, sus mujeres, sus hijos
y sus hijas, de toda la asamblea, porque se santificaban fielmente por medio
de las cosas sagradas.
19 Para los
sacerdotes, hijos de Aarón, que vivían en el campo, en los ejidos de sus
ciudades, había en cada ciudad hombres designados nominalmente, para dar las
porciones a todos los varones de los sacerdotes, y a todos los levitas
inscritos en las genealogías.
20 Esto hizo
Ezequías en todo Judá haciendo lo bueno y recto y verdadero ante Yahveh su
Dios.
21 Todas las
obras que emprendió en servicio de la Casa de Dios, la Ley y los
mandamientos, las hizo buscando a su Dios con todo su corazón y tuvo éxito.
1 Después de
todas estas pruebas de fidelidad, vino Senaquerib, rey de Asiria, invadió
Judá, puso sitio a las ciudades fortificadas y mandó forzar las murallas.
2 Cuando vio
Ezequías que Senaquerib venía con intención de atacar a Jerusalén,
3 tomó consejo
con sus jefes y sus valientes en orden a cegar las fuentes de agua que había
fuera de la ciudad; y ellos le apoyaron.
4 Juntóse mucha
gente, y cegaron todas las fuentes y el arroyo que corría por medio de la
región, diciendo: «Cuando vengan los reyes de Asiria, ¿por qué han de hallar
tanta agua?»
5 Y cobrando
ánimo, reparó toda la muralla que estaba derribada, alzando torres sobre la
misma, levantó otro muralla exterior, fortificó el Milló en la Ciudad de
David, y fabricó una gran cantidad de armas arrojadizas y escudos.
6 Puso jefes de
combate sobre el pueblo, los reunió a su lado en la plaza de la puerta de la
ciudad, y hablándoles al corazón, dijo:
7 «Sed fuertes y
tened ánimo; no temáis, ni desmayéis ante el rey de Asiria, ni ante toda la
muchedumbre que viene con él, porque es más el que está con nosotros que el
que está con él.
8 Con él está un
brazo de carne, pero con nosotros está Yahveh nuestro Dios para ayudarnos y
para combatir nuestros combates.» Y el pueblo quedó confortado con las
palabras de Ezequías, rey de Judá.
9 Después de
esto, Senaquerib, rey de Asiria, que estaba sitiando Lakís, con todas sus
fuerzas, envió sus siervos a Jerusalén, a Ezequías, rey de Judá, y a todos
los de Judá que estaban en Jerusalén para decirles:
10 «Así dice
Senaquerib, rey de Asiria: ¿En qué ponéis vuestra confianza, para que
permanezcáis cercados en Jerusalén?
11 ¿No os engaña
Ezequías para entregaros a la muerte por hambre y sed, cuando dice: "Yahveh
nuestro Dios nos librará de la mano del rey de Asiria"?
12 ¿No es este el
mismo Ezequías que ha quitado sus altos y sus altares y ha dicho a Judá y
Jerusalén: "Ante un solo altar os postraréis y sobre él habréis de quemar
incienso"?
13 ¿Acaso no
sabéis lo que yo y mis padres hemos hecho con todos los pueblos de los
países? ¿Por ventura los dioses de las naciones de estos países han sido
capaces de librar sus territorios de mi mano?
14 ¿Quién de
entre todos los dioses de aquellas naciones que mis padres dieron al anatema
pudo librar a su pueblo de mi mano? ¿Es que vuestro Dios podrá libraros de
mi mano?
15 Ahora, pues,
que no os engañe Ezequías ni os embauque de esa manera. No le creáis; ningún
dios de ninguna nación ni de ningún reino ha podido salvar a su pueblo de mi
mano, ni de la mano de mis padres, ¡cuánto menos podrá vuestro Dios libraros
a vosotros de mi mano!»
16 Sus siervos
dijeron todavía más cosas contra Yahveh Dios y contra Ezequías su siervo.
17 Escribió
además cartas para insultar a Yahveh, Dios de Israel, hablando contra él de
este modo: «Así como los dioses de las naciones de otros países no han
salvado a sus pueblos de mi mano, así tampoco el Dios de Ezequías salvará a
su pueblo de mi mano.»
18 Los enviados
gritaban en voz alta, en lengua judía, al pueblo de Jerusalén, que estaba
sobre el muro, para atemorizarlos y asustarlos, y poder conquistar la
ciudad,
19 y hablando del
Dios de Jerusalén como de los dioses de los pueblos de la tierra, que son
obra de manos de hombre.
20 En esta
situación, el rey Ezequías y el profeta Isaías, hijo de Amós, oraron y
clamaron al cielo.
21 Y Yahveh envió
un ángel que exterminó a todos los guerreros esforzados de su ejército, a
los príncipes y a los jefes que había en el campamento del rey de Asiria; el
cual volvió a su tierra cubierta la cara de vergüenza, y al entrar en la
casa de su dios, allí mismo, los hijos de sus propias entrañas le hicieron
caer a espada.
22 Así salvó
Yahveh a Ezequías y a los habitantes de Jerusalén de la mano de Senaquerib,
rey de Asiria, y de la mano de todos sus enemigos, y les dio paz por todos
lados.
23 Muchos
trajeron entonces ofrendas a Yahveh, a Jerusalén, y presentes a Ezequías,
rey de Judá; el cual de allí en adelante adquirió gran prestigio a los ojos
de todas las naciones.
24 En aquellos
días Ezequías cayó enfermo de muerte; pero hizo oración a Yahveh, que le
escuchó y le otorgó una señal maravillosa.
25 Pero Ezequías
no correspondió al bien que había recibido, pues se ensoberbeció su corazón,
por lo cual la Cólera vino sobre él, sobre Judá y Jerusalén.
26 Mas después de
haberse ensoberbecido en su corazón, se humilló Ezequías, él y los
habitantes de Jerusalén; y por eso no estalló contra ellos la ira de Yahveh
en los días de Ezequías.
27 Ezequías tuvo
riquezas y gloria en gran abundancia. Adquirió tesoros de plata, oro,
piedras preciosas, bálsamos, joyas y de toda suerte de objetos de valor.
28 Tuvo también
almacenes para las rentas de trigo, de mosto y de aceite; pesebres para toda
clase de ganado y apriscos para los rebaños.
29 Se hizo con
asnos y poseía ganado menor y mayor en abundancia, pues Dios le había dado
muchísima hacienda.
30 Este mismo
Ezequías cegó la salida superior de las aguas del Guijón y las condujo, bajo
tierra, a la parte occidental de la Ciudad de David. Ezequías triunfó en
todas sus empresas;
31 cuando los
príncipes de Babilonia enviaron embajadores para investigar la señal
maravillosa ocurrida en el país, Dios le abandonó para probarle y descubrir
todo lo que tenía en su corazón.
32 El resto de
los hechos de Ezequías y sus obras piadosas están escritos en las visiones
del profeta Isaías, hijo de Amós, y en el libro de los reyes de Judá y de
Israel.
33 Se acostó
Ezequías con sus padres, y le sepultaron en la subida de los sepulcros de
los hijos de David; y todo Judá y los habitantes de Jerusalén le rindieron
honores a su muerte. En su lugar reinó su hijo Manasés.
1 Manasés tenía
doce años cuando comenzó a reinar, y reinó 55 años en Jerusalén.
2 Hizo el mal a
los ojos de Yahveh según las abominaciones de las gentes que Yahveh había
expulsado delante de los israelitas.
3 Volvió a
edificar los altos que su padre Ezequías había derribado, alzó altares a los
Baales, hizo cipos, se postró ante todo el ejército de los cielos y les
sirvió.
4 Construyó
también altares en la Casa de Yahveh, de la que Yahveh había dicho: «En
Jerusalén estará mi Nombre para siempre.»
5 Edificó altares
a todo el ejército de los cielos en los dos patios de la Casa de Yahveh,
6 e hizo pasar a
sus hijos por el fuego en el valle de Ben Hinnom; practicó los presagios,
los augurios y la hechicería, e hizo traer nigromantes y adivinos, haciendo
mucho mal a los ojos de Yahveh y provocando su cólera.
7 Colocó la
imagen del ídolo, que había fabricado, en la Casa de Dios, de la cual había
dicho Dios a David y a Salomón, su hijo: «En esta Casa y en Jerusalén, que
he elegido de entre todas las tribus de Israel, pondré mi Nombre para
siempre.
8 Y no apartaré
más el pie de Israel de sobre la tierra que di a vuestros padres, con tal
que procuren hacer según todo lo que les he mandado, según toda la Ley, los
decretos y las normas ordenados por Moisés.»
9 Manasés desvió
a Judá y a los habitantes de Jerusalén para que hicieran mayores males que
las gentes que Yahveh había exterminado delante de los israelitas.
10 Habló Yahveh a
Manasés y a su pueblo, pero no hicieron caso.
11 Entonces
Yahveh hizo venir sobre ellos a los jefes del ejército del rey de Asiria,
que apresaron a Manasés con ganchos, le ataron con cadenas de bronce y le
llevaron a Babilonia.
12 Cuando se vio
en angustia, quiso aplacar a Yahveh su Dios, humillándose profundamente en
presencia del Dios de sus padres.
13 Oró a él y
Dios accedió, oyó su oración y le concedió el retorno a Jerusalén, a su
reino. Entonces supo Manasés que Yahveh es el Dios.
14 Después de
esto edificó la muralla exterior de la Ciudad de David al occidente de
Guijón, en el torrente, hasta la entrada de la Puerta de los Peces, cercando
el Ofel, y la elevó a gran altura. Puso también jefes del ejército en todas
las plazas fuertes de Judá.
15 Quitó de la
Casa de Yahveh los dioses extraños, el ídolo y todos los altares que había
erigido en el monte de la Casa de Yahveh y en Jerusalén, y los echó fuera de
la ciudad.
16 Reedificó el
altar de Yahveh y ofreció sobre él sacrificios de comunión y de alabanza, y
mandó a Judá que sirviese a Yahveh, el Dios de Israel.
17 Sin embargo,
el pueblo ofrecía aún sacrificios en los altos, aunque sólo a Yahveh su
Dios.
18 El resto de
los hechos de Manasés, su oración a Dios, y las palabras de los videntes que
le hablaron en nombre de Yahveh, Dios de Israel, se encuentran escritos en
los Hechos de los reyes de Israel.
19 Su oración y
cómo fue oído, todo su pecado, su infidelidad, los sitios donde edificó
altos y donde puso cipos e ídolos antes de humillarse: todo está escrito en
los Hechos de Jozay.
20 Se acostó
Manasés con sus padres, y le sepultaron en su casa. En su lugar reinó su
hijo Amón.
21 Amón tenía
veintidós años cuando empezó a reinar, y reinó dos años en Jerusalén.
22 Hizo el mal a
los ojos de Yahveh, como había hecho su padre Manasés. Amón ofreció
sacrificios y sirvió a todos los ídolos que había fabricado su padre
Manasés.
23 Pero no se
humilló delante de Yahveh, como se había humillado su padre Manasés; al
contrario, Amón cometió aún más pecados.
24 Se conjuraron
contra él sus siervos, y le dieron muerte en su casa.
25 Pero el pueblo
de la tierra mató a todos los conjurados contra el rey Amón, y proclamó rey
en su lugar a su hijo Josías.
1 Josías tenía
ocho años cuando comenzó a reinar, y reinó 31 años en Jerusalén.
2 Hizo lo recto a
los ojos de Yahveh, siguiendo los caminos de su padre David; sin apartarse a
derecha ni a izquierda.
3 El año octavo
de su reinado, siendo todavía joven, comenzó a buscar al Dios de su padre
David; y en el año doce empezó a purificar a Judá y Jerusalén de los altos,
de los cipos, de las estatuas y de los ídolos fundidos.
4 Derribaron en
su presencia los altares de los Baales, hizo arrancar los altares de aromas
que había sobre ellos, y rompió los cipos, las imágenes y los ídolos
fundidos reduciéndolos a polvo, que esparció sobre las sepulturas de los que
les habían ofrecido sacrificios.
5 Quemó los
huesos de los sacerdotes sobre los altares y purificó a Judá y Jerusalén.
6 En las ciudades
de Manasés, de Efraím y de Simeón, y hasta en Neftalí y en los territorios
asolados que las rodeaban,
7 derribó los
altares, demolió los cipos y las estatuas y las redujo a polvo, y abatió los
altares de aromas en toda la tierra de Israel. Después regresó a Jerusalén.
8 El año
dieciocho de su reinado, mandó a Safán, hijo de Asalías, a Maasías,
comandante de la ciudad, y a Yoaj, hijo de Yoajaz, heraldo, que reparasen la
Casa de Yahveh su Dios para purificar la tierra y la Casa.
9 Fueron ellos
donde el sumo sacerdote Jilquías y le entregaron el dinero traído a la Casa
de Dios, que los levitas y porteros habían recibido de Manasés y de Efraím y
de todo el resto de Israel, de todo Judá y Benjamín y de los habitantes de
Jerusalén.
10 Lo pusieron en
manos de los que hacían el trabajo, los encargados de la Casa de Yahveh, y
éstos se lo dieron a los obreros para reparar y restaurar la Casa.
11 Lo dieron a
los carpinteros y obreros de la construcción para comprar piedras de
cantería y madera y vigas de trabazón para el maderamen de los edificios
destruidos por los reyes de Judá.
12 Estos hombres
ejecutaban los trabajos honradamente. Estaban bajo la vigilancia de Yájat y
Abdías, levitas de los hijos de Merarí, y de Zacarías y Mesul-lam, de los
hijos de Quehat, que les dirigían, y de otros levitas; todos ellos maestros
en tañer instrumentos músicos.
13 Dirigían
también a los peones de carga y a todos los que trabajaban en la obra, en
los distintos servicios. Entre los levitas había además, escribas, notarios
y porteros.
14 Cuando estaban
sacando el dinero traído a la Casa de Yahveh, el sacerdote Jilquías encontró
el libro de la Ley de Yahveh dada por Moisés;
15 y Jilquías
tomó la palabra y dijo al secretario Safán: «He encontrado el libro de la
Ley en la Casa de Yahveh»; y Jilquías entregó el libro a Safán.
16 Safán llevó el
libro al rey, y le rindió cuentas diciendo: «Tus siervos están haciendo todo
lo que les ha sido encargado.
17 Han fundido el
dinero traído a la Casa de Yahveh y lo han entregado a los encargados y a
los que trabajan en la obra.»
18 El secretario
Safán anunció al rey: «El sacerdote Jilquías me ha entregado un libro.» Y
Safán leyó una parte en presencia del rey.
19 Cuando el rey
oyó las palabras de la Ley, rasgó sus vestidos,
20 y ordenó a
Jilquías, a Ajicam, hijo de Safán, a Abdón, hijo de Miká, a Safán,
secretario, y a Asaías, servidor del rey:
21 «¡Id!;
consultad a Yahveh por mí y por el resto de Israel y de Judá, acerca de las
palabras del libro que ha sido encontrado, porque grande es la cólera de
Yahveh que se derrama sobre nosotros; pues nuestros padres no han guardado
la palabra de Yahveh haciendo conforme a todo lo escrito en este libro.»
22 Jilquías y los
enviados del rey fueron donde la profetisa Juldá, mujer de Sallum, hijo de
Toqhat, hijo de Jasrá, encargado del vestuario; vivía ella en Jerusalén, en
la ciudad nueva; y ellos le hablaron conforme a lo indicado;
23 ella les
respondió: «Así habla Yahveh, el Dios de Israel: Decid al hombre que os ha
enviado a mí:
24 Así habla
Yahveh: Voy a traer el mal sobre este lugar y sobre sus habitantes; todas
las maldiciones escritas en el libro que se ha leído delante del rey de
Judá;
25 porque ellos
me han abandonado y han quemado incienso a otros dioses, irritándome con
todas las obras de sus manos; mi cólera se ha derramado sobre este lugar y
no se apagará.
26 Y al rey de
Judá que os ha enviado para consultar a Yahveh, le diréis: Así dice Yahveh,
Dios de Israel, acerca de las palabras que has oído...
27 Porque tu
corazón se ha conmovido y te has humillado delante de Dios al oír sus
palabras contra este lugar y sus habitantes, y porque te has humillado ante
mí, has rasgado tus vestidos y has llorado ante mí, por eso yo, a mi vez, he
oído, oráculo de Yahveh.
28 Voy a reunirte
con tus padres y serás recibido en paz en tu sepulcro; y no verán tus ojos
ninguno de los males que voy a traer sobre este lugar y sus moradores.»
Ellos llevaron la respuesta al rey.
29 Entonces el
rey hizo reunir a todos los ancianos de Judá y de Jerusalén.
30 Subió el rey a
la Casa de Yahveh con todos los hombres de Judá y los habitantes de
Jerusalén, los sacerdotes y los levitas, y todo el pueblo desde el mayor
hasta el menor, y leyó a sus oídos todas las palabras del libro de la
alianza que había sido encontrado en la Casa de Yahveh.
31 Y puesto en
pie junto a la columna, hizo el rey alianza en presencia de Yahveh, para
andar tras de Yahveh y guardar sus mandamientos, sus testimonios y sus
preceptos, con todo su corazón y con toda su alma, cumpliendo las palabras
de la alianza escritas en aquel libro.
32 Hizo que la
aceptaran cuantos se hallaban en Jerusalén y en Benjamín. Y los habitantes
de Jerusalén hicieron conforme a la alianza de Dios, el Dios de sus padres.
33 Josías hizo
desaparecer todas las abominaciones de todas las regiones de los israelitas,
y obligó a todos los que se hallaban en Israel a servir a Yahveh su Dios. Y
mientras él vivió no se apartaron de Yahveh, el Dios de sus padres.
1 Josías celebró
una Pascua en honor de Yahveh en Jerusalén; inmolaron la Pascua el día
catorce del primer mes.
2 Restableció a
los sacerdotes en sus ministerios y los animó al servicio de la Casa de
Yahveh.
3 Dijo a los
levitas que tenían inteligencia para todo Israel y estaban consagrados a
Yahveh: «Colocad el arca santa en la Casa que edificó Salomón, hijo de
David, rey de Israel, porque ya no habréis de llevarla a hombros; servid
ahora a Yahveh vuestro Dios y a Israel, su pueblo.
4 Estad
preparados según vuestras casas paternas y vuestras clases, conforme a lo
escrito por David, rey de Israel, y lo escrito por su hijo Salomón.
5 Ocupad vuestros
sitios en el santuario según los grupos de casas paternas a disposición de
vuestros hermanos, los hijos del pueblo; los levitas tendrán parte en la
familia paterna.
6 E inmolad la
Pascua, santificaos y preparadla para vuestros hermanos, cumpliendo la orden
de Yahveh, dada por medio de Moisés.
7 Josías reservó
para la gente del pueblo ganado menor, así corderos como cabritos, en número
de 30.000, todos ellos como víctimas pascuales para cuantos se hallaban
presentes, y 3.000 bueyes. Todo ello de la hacienda del rey.
8 También sus
jefes reservaron ofrendas voluntarias para el pueblo, los sacerdotes y los
levitas. Jilquías, Zacarías y Yejiel, intendentes de la Casa de Dios, dieron
a los sacerdotes, como víctimas pascuales, 2.600 ovejas y trescientos
bueyes.
9 Konanías,
Semaías y Natanael, su hermano, y Jasabías, Yeiel y Yozabad, jefes de los
levitas, reservaron para los levitas 5.000 corderos pascuales y quinientos
bueyes.
10 Preparado así
el servicio, ocuparon los sacerdotes sus puestos, lo mismo que los levitas,
según sus clases, conforme al mandato del rey.
11 Se inmolaron
las víctimas pascuales, y mientras los sacerdotes rociaban con la sangre que
recibían de mano de los levitas, los levitas las desollaban
12 y apartaban lo
destinado al holocausto para darlo a las secciones de las casas paternas de
los hijos del pueblo, a fin de que lo ofreciesen a Yahveh conforme a lo
escrito en el libro de Moisés. Lo mismo se hizo con los bueyes.
13 Asaron la
Pascua al fuego, según el ritual; cocieron las cosas sagradas en ollas,
calderos y cazuelas, y las repartieron con presteza entre todos los hijos
del pueblo.
14 Después
prepararon la Pascua para sí y para los sacerdotes; porque los sacerdotes,
hijos de Aarón, estuvieron ocupados hasta la noche en ofrecer los
holocaustos y las grasas. Por eso los levitas la prepararon para sí y para
los sacerdotes, hijos de Aarón.
15 También los
cantores, hijos de Asaf, estaban en su puesto, conforme a lo dispuesto por
David, Asaf, Hemán y Yedutún, vidente del rey; lo mismo los porteros, cada
uno en su puerta. No tenían necesidad de retirarse de su servicio, porque
sus hermanos, los levitas, se lo preparaban todo.
16 De esta manera
se organizó aquel día todo el servicio de Yahveh para celebrar la Pascua y
ofrecer los holocaustos sobre el altar de Yahveh, según la orden del rey
Josías.
17 Los israelitas
que se hallaban allí celebraron en ese tiempo la Pascua y la fiesta de los
Ázimos durante siete días.
18 No se había
celebrado Pascua como ésta en Israel desde los días de Samuel, profeta; y
ningún rey de Israel celebró una Pascua como la que celebraron Josías, los
sacerdotes y los levitas, todo Judá e Israel, que allí se hallaban
presentes, y los habitantes de Jerusalén.
19 Esta Pascua se
celebró el año dieciocho del reinado de Josías.
20 Después de
todo lo que hizo para reparar el Templo, subió Nekó, rey de Egipto, para
combatir en Karkemis, junto al Eufrates; y Josías le salió al encuentro.
21 Nekó le envió
mensajeros para decirle: «¿Qué tengo yo que ver contigo, rey de Judá? No he
venido hoy contra ti, sino contra la casa con la cual estoy en guerra; y
Dios me ha mandado que me apresure. Deja de oponerte a Dios, que está
conmigo, no sea que él te destruya.»
22 Pero Josías no
se apartó de él, pues estaba decidido a darle batalla, sin escuchar las
palabras de Nekó, que venían de boca de Dios. Y avanzó para librar batalla
en la llanura de Meguiddó.
23 Los arqueros
tiraron contra el rey Josías, y dijo el rey a sus siervos: «Llevadme fuera,
pues estoy gravemente herido.»
24 Sus siervos le
sacaron del carro, y pasándole a otro carro que tenía, le llevaron a
Jerusalén, donde murió. Fue sepultado en los sepulcros de sus padres y todo
Judá y Jerusalén hicieron duelo por Josías.
25 Jeremías
compuso una elegía sobre Josías, y todos los cantores y cantoras hablan
todavía hoy de Josías en sus elegías; lo cual se ha hecho costumbre en
Israel. Están escritas entre las Lamentaciones.
26 El resto de
los hechos de Josías, sus obras piadosas conforme a lo escrito en la Ley de
Yahveh,
27 y sus obras
primeras y postreras, están escritas en el libro de los reyes de Israel y de
Judá.
1 El pueblo de la
tierra tomó a Joacaz, hijo de Josías, y le proclamó rey en Jerusalén, en
lugar de su padre.
2 Joacaz tenía
veintitrés años cuando comenzó a reinar, y reinó tres meses en Jerusalén.
3 El rey de
Egipto le destituyó en Jerusalén, e impuso al país una contribución de cien
talentos de plata y un talento de oro.
4 El rey de
Egipto proclamó rey de Judá y Jerusalén a Eliaquim, hermano de Joacaz,
cambiándole el nombre por el de Yoyaquim. Y a Joacaz, su hermano, le tomó
Nekó y lo llevó a Egipto.
5 Yoyaquim tenía
veinticinco años cuando comenzó a reinar, y reinó once años en Jerusalén.
Hizo el mal a los ojos de Yahveh su Dios.
6 Nabucodonosor,
rey de Babilonia, subió contra él y le ató con cadenas de bronce para
conducirle a Babilonia.
7 Nabucodonosor
llevó también a Babilonia algunos objetos de la Casa de Yahveh que depositó
en su santuario, en Babilonia.
8 El resto de los
hechos de Yoyaquim, las abominaciones que cometió y todo lo que le sucedió,
está escrito en el libro de los reyes de Israel y de Judá. En su lugar reinó
su hijo Joaquín.
9 Joaquín tenía
ocho años cuando empezó a reinar, y reinó tres meses y diez días en
Jerusalén; hizo el mal a los ojos de Yahveh.
10 A la vuelta de
un año mandó el rey Nabucodonosor que le llevasen a Babilonia, juntamente
con los objetos más preciosos de la Casa de Yahveh, y puso por rey en Judá y
Jerusalén a Sedecías, hermano de Joaquín.
11 Sedecías tenía
veintiún años cuando comenzó a reinar, y reinó once años en Jerusalén.
12 Hizo el mal a
los ojos de Yahveh su Dios, y no se humilló ante el profeta Jeremías que le
hablaba por boca de Yahveh.
13 También él se
rebeló contra el rey Nabucodonosor, que le había hecho jurar por Dios;
endureció su cerviz y se obstinó en su corazón, en vez de volverse a Yahveh,
el Dios de Israel.
14 Del mismo
modo, todos los jefes de los sacerdotes y el pueblo multiplicaron sus
infidelidades, según todas las costumbres abominables de las gentes, y
mancharon la Casa de Yahveh, que él se había consagrado en Jerusalén.
15 Yahveh, el
Dios de sus padres, les envió desde el principio avisos por medio de sus
mensajeros, porque tenía compasión de su pueblo y de su Morada.
16 Pero ellos se
burlaron de los mensajeros de Dios, despreciaron sus palabras y se mofaron
de sus profetas, hasta que subió la ira de Yahveh contra su pueblo a tal
punto que ya no hubo remedio.
17 Entonces hizo
subir contra ellos al rey de los caldeos, que mató a espada a los mejores en
la Casa de su santuario, sin perdonar a joven ni a doncella, a viejo ni a
canoso; a todos los entregó Dios en su mano.
18 Todos los
objetos de la Casa de Dios, grandes y pequeños, los tesoros de la Casa de
Yahveh y los tesoros del rey y de sus jefes, todo se lo llevó a Babilonia.
19 Incendiaron la
Casa de Dios y derribaron las murallas de Jerusalén: pegaron fuego a todos
sus palacios y destruyeron todos sus objetos preciosos.
20 Y a los que
escaparon de la espada los llevó cautivos a Babilonia, donde fueron esclavos
de él y de sus hijos hasta el advenimiento del reino de los persas;
21 para que se
cumpliese la palabra de Yahveh, por boca de Jeremías: «Hasta que el país
haya pagado sus sábados, descansará todos los días de la desolación, hasta
que se cumplan los setenta años.»
22 En el año
primero de Ciro, rey de Persia, en cumplimiento de la palabra de Yahveh, por
boca de Jeremías, movió Yahveh el espíritu de Ciro, rey de Persia, que mandó
publicar de palabra y por escrito en todo su reino:
23 «Así habla
Ciro, rey de Persia: Yahveh, el Dios de los cielos, me ha dado todos los
reinos de la tierra. El me ha encargado que le edifique una Casa en
Jerusalén, en Judá. Quien de entre vosotros pertenezca a su pueblo, ¡sea su
Dios con él y suba!»