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1 En llegando a
Jerusalén, reunió Roboam a la casa de Judá y Benjamín, 180.000 hombres,
guerreros escogidos, para combatir contra Israel y devolver el reino a
Roboam.
2 Pero fue
dirigida la palabra de Yahveh a Semaías, hombre de Dios, diciendo:
3 «Habla a
Roboam, hijo de Salomón, rey de Judá, y a todo Israel que está en Judá y
Benjamín, diciendo:
4 Así habla
Yahveh: No subáis a combatir con vuestros hermanos; que cada uno se vuelva a
su casa, porque esto es cosa mía.» Ellos escucharon la palabra de Yahveh y
desistieron de marchar contra Jeroboam.
5 Roboam habitó
en Jerusalén y edificó ciudades fortificadas en Judá.
6 Fortificó
Belén, Etam, Técoa,
7 Bet Sur, Sokó,
Adullam,
8 Gat, Maresá,
Zif,
9 Adoráyim,
Lakís, Azecá,
10 Sorá, Ayyalón
y Hebrón, ciudades fortificadas de Judá y Benjamín.
11 Reforzó las
fortificaciones y puso en ellas comandantes y provisiones de víveres, de
aceite y vino.
12 En todas estas
ciudades había escudos y lanzas, y las hizo sumamente fuertes. Estaban por
él Judá y Benjamín.
13 Los sacerdotes
y levitas de todo Israel se pasaron a él desde todos sus territorios;
14 pues los
levitas abandonaron sus ejidos y sus posesiones y se fueron a Judá y a
Jerusalén, porque Jeroboam y sus hijos les habían prohibido el ejercicio del
sacerdocio de Yahveh,
15 y Jeroboam
instituyó sus propios sacerdotes para los altos, los sátiros y los becerros
que había hecho.
16 Tras ellos
vinieron a Jerusalén, para ofrecer sacrificios a Yahveh, el Dios de sus
padres, aquellos de entre todas las tribus de Israel que tenían puesto su
corazón en buscar a Yahveh, el Dios de Israel;
17 y
fortalecieron el reino de Judá y consolidaron a Roboam, hijo de Salomón, por
tres años. Pues tres años siguió el camino de David y de Salomón.
18 Roboam tomó
por mujer a Majalat, hija de Yerimot, hijo de David y de Abiháyil, hija de
Eliab, hijo de Jesé.
19 Esta le dio
los hijos Yeús, Semarías y Zaham.
20 Después de
ésta tomó a Maaká, hija de Absalón, la cual le dio a Abías, Attay, Zizá y
Selomit.
21 Roboam amaba a
Maaká, hija de Absalón, más que a todas sus mujeres y concubinas, pues tuvo
dieciocho mujeres y sesenta concubinas; y engendró veintiocho hijos y
sesenta hijas.
22 Roboam puso a
la cabeza a Abías, hijo de Maaká, como príncipe de sus hermanos, porque
quería hacerle rey.
23 Repartió
hábilmente a todos sus hijos por toda la tierra de Judá y de Benjamín, en
todas las ciudades fortificadas, les dio alimentos en abundancia y les buscó
mujeres.
1 Cuando Roboam
hubo consolidado y afianzado el reino, abandonó la Ley de Yahveh y con él
todo Israel.
2 Y sucedió que
el año quinto del rey Roboam subió Sosaq, rey de Egipto, contra Jerusalén, -
pues no era fiel a Yahveh -
3 con 1.200
carros y 60.000 caballos; no se podía contar la gente que venía con él de
Egipto: libios, sukíes y etíopes.
4 Tomó las
ciudades fortificadas de Judá y llegó hasta Jerusalén.
5 El profeta
Semaías vino a Roboam y a los jefes de Judá que se habían reunido en
Jerusalén para hacer frente a Sosaq, y les dijo: «Así dice Yahveh: Vosotros
me habéis abandonado, y por esto también yo os abandono en manos de Sosaq.»
6 Entonces los
jefes de Israel y el rey se humillaron y dijeron: «¡Justo es Yahveh!»
7 Cuando Yahveh
vio que se habían humillado, fue dirigida la palabra de Yahveh a Semaáis,
diciendo: «Por haberse ellos humillado, no los destruiré, sino que dentro de
poco les daré la salvación y no se derramará mi cólera sobre Jerusalén por
mano de Sosaq.
8 Pero serán sus
siervos, para que sepan lo que es mi servidumbre y la servidumbre de los
reinos de las naciones.»
9 Subió, pues,
Sosaq, rey de Egipto, contra Jerusalén y se apoderó de los tesoros de la
Casa de Yahveh y de los tesoros de la casa del rey. De todo se apoderó.
Habiéndose llevado los escudos de oro que había hecho Salomón,
10 el rey Roboam
hizo en su lugar escudos de bronce, que confió a los jefes de la guardia que
custodiaban la entrada de la casa del rey.
11 Cuando el rey
entraba en la Casa de Yahveh, venían los de la guardia y los llevaban, y
después los devolvían a la sala de la guardia.
12 Gracias a su
humillación se apartó de él la ira de Yahveh y no le destruyó del todo; y
concedió algunas cosas buenas a Judá.
13 Se afianzó,
pues, el rey Roboam en Jerusalén, y reinó. Roboam tenía 41 años cuando
comenzó a reinar y reinó diecisiete años en Jerusalén, la ciudad que había
elegido Yahveh de entre todas las tribus de Israel para poner en ella su
Nombre. El nombre de su madre era Naamá, ammonita.
14 Hizo lo que
era malo, porque no había dispuesto su corazón para buscar a Yahveh.
15 Los hechos de
Roboam, los primeros y los postreros, ¿no están escritos en la historia del
profeta Semaías y del vidente Iddó? Hubo guerra continua entre Roboam y
Jeroboam.
16 Roboam se
acostó con sus padres y fue sepultado en la ciudad de David. Reinó en su
lugar su hijo Abías.
1 Abías comenzó a
reinar sobre Judá el año dieciocho del rey Jeroboam.
2 Reinó tres años
en Jerusalén. El nombre de su madre era Mikaía, hija de Uriel, de Guibeá.
Hubo guerra entre Abías y Jeroboam.
3 Abías entró en
combate con un ejército de valientes guerreros: 400.000 hombres escogidos;
Jeroboam se ordenó en batalla contra él con 800.000 guerreros escogidos y
valerosos.
4 Abías se
levantó en el monte Semaráyim, que está en la montaña de Efraím, y dijo:
«¡Oídme, Jeroboam y todo Israel!
5 ¿Acaso no
sabéis que Yahveh, el Dios de Israel, dio el reino de Israel para siempre a
David, a él y a sus hijos, con pacto de sal?
6 Pero Jeroboam,
hijo de Nebat, siervo de Salomón, hijo de David, se alzó en rebeldía contra
su señor.
7 Se juntaron con
él unos hombres fatuos y malvados y prevalecieron sobre Roboam, hijo de
Salomón, pues Roboam era joven y débil de corazón y no podía resistirles.
8 ¿Y ahora
tratáis vosotros de poner resistencia al reino de Yahveh, que está en manos
de los hijos de David, porque vosotros sois una gran muchedumbre? Pero
tenéis los becerros de oro que Jeroboam os puso por dioses.
9 ¿No habéis
expulsado a los sacerdotes de Yahveh, los hijos de Aarón y los levitas? ¿No
os habéis hecho sacerdotes a la manera de los pueblos de los demás países?
Cualquiera que viene con un novillo y siete carneros y pide ser consagrado,
es hecho sacerdote de los que no son dioses.
10 Cuanto a
nosotros, Yahveh es nuestro Dios y no le hemos abandonado; los sacerdotes
que sirven a Yahveh son los hijos de Aarón, igual que los levitas en su
ministerio.
11 Cada mañana y
cada tarde quemamos holocaustos a Yahveh, y tenemos el incienso aromático;
las filas de pan están sobre la mesa pura, y el candelabro de oro con sus
lámparas para ser encendidas cada tarde, pues nosotros guardamos el ritual
de Yahveh nuestro Dios, en tanto que vosotros le habéis abandonado.
12 He aquí que
con nosotros, a nuestra cabeza, está Dios con sus sacerdotes y las trompetas
del clamor, para lanzar el grito de guerra contra vosotros. Israelitas, no
hagáis la guerra contra Yahveh, el Dios de vuestros padres, porque nada
conseguiréis.»
13 Entre tanto,
Jeroboam hizo dar un rodeo para poner una emboscada y atacarles por detrás,
de manera que él estaba frente a Judá y la emboscada a espaldas de éstos.
14 Al volver Judá
la cabeza, vio que se presentaba combate de frente y por detrás.
15 Entonces
clamaron a Yahveh y, mientras los sacerdotes tocaban las trompetas, los
hombres de Judá lanzaron el grito de guerra; y al alzar el grito de guerra
los hombres de Judá, desbarató Dios a Jeroboam y a todo Israel delante de
Abías y de Judá.
16 Huyeron los
israelitas delante de Judá, y Dios los entregó en sus manos.
17 Abías y su
tropa les causaron una gran derrota; cayeron 500.000 hombres escogidos de
Israel.
18 Quedaron
entonces humillados los israelitas y prevalecieron los hijos de Judá por
haberse apoyado en Yahveh, el Dios de sus padres.
19 Abías
persiguió a Jeroboam y le tomó las ciudades de Betel con sus aldeas, Yesaná
con sus aldeas y Efrón con sus aldeas.
20 Jeroboam ya no
tuvo fuerza en los días de Abías, pues Yahveh le hirió y murió.
21 Pero Abías se
fortaleció; tomó catorce mujeres y engendró veintidós hijos y dieciséis
hijas.
22 El resto de
los hechos de Abías, sus hechos y sus acciones, están escritos en el midrás
del profeta Iddó.
23 Se acostó
Abías con sus padres y le sepultaron en la ciudad de David. Reinó en su
lugar su hijo Asá. En su tiempo el país estuvo en paz durante diez años.
1 Asá hizo lo que
era bueno y recto a los ojos de Yahveh su Dios.
2 Suprimió los
altares del culto extranjero y los altos; rompió las estelas, abatió los
cipos,
3 y mandó a Judá
que buscase a Yahveh, el Dios de sus padres, y cumpliese la ley y los
mandamientos.
4 Hizo
desaparecer de todas las ciudades de Judá los altos y los altares de
incienso; y el reino estuvo en paz bajo su reinado.
5 Edificó
ciudades fuertes en Judá, porque el país estaba en paz, y no hubo guerra
contra él por aquellos años; pues Yahveh le había dado tranquilidad.
6 Dijo a Judá:
«Edifiquemos estas ciudades, y cerquémoslas de murallas, torres, puertas y
barras, mientras el país esté a nuestra disposición; pues hemos buscado a
Yahveh, nuestro Dios, y por haberle buscado, él nos ha dado paz por todas
partes.» Edificaron, pues y prosperaron.
7 Asá tenía un
ejército de 300.000 hombres de Judá, que llevaban pavés y lanza, y 280.000
de Benjamín, que llevaban escudo y eran arqueros; todos ellos esforzados
guerreros.
8 Salió contra
ellos Zéraj el etíope, con un ejército de un millón de hombres y trescientos
carros, y llegó hasta Maresá.
9 Salió Asá
contra él y se pusieron en orden de batalla en el valle de Sefatá, junto a
Maresá.
10 Asá invocó a
Yahveh su Dios, y dijo: «¡Oh Yahveh, sólo tú puedes ayudar entre el poderoso
y el desvalido! ¡Ayúdanos, pues, Yahveh, Dios nuestro, porque en ti nos
apoyamos y en tu nombre marchamos contra esta inmensa muchedumbre! ¡Yahveh,
tú eres nuestro Dios! ¡No prevalezca contra ti hombre alguno!»
11 Yahveh derrotó
a los etíopes ante Asá y Judá; y los etíopes se pusieron en fuga.
12 Asá y la gente
que con él estaba los persiguieron hasta Guerar; y cayeron de los etíopes
hasta no quedar uno vivo, pues fueron destrozados delante de Yahveh y su
campamento; y se recogió un botín inmenso.
13 Batieron todas
las ciudades de los alrededores de Guerar, porque el terror de Yahveh cayó
sobre ellas; y saquearon todas las ciudades, pues había en ellas gran botín.
14 Asimismo
atacaron las majadas y capturaron gran cantidad de ovejas y camellos.
Después se volvieron a Jerusalén.
1 Vino entonces
el espíritu de Dios sobre Azarías, hijo de Oded,
2 el cual salió
al encuentro de Asá y le dijo: «¡Oídme vosotros, Asá y todo Judá y Benjamín!
Yahveh estará con vosotros mientras vosotros estéis con él; si le buscáis,
se dejará hallar de vosotros; pero si le abandonáis, os abandonará.
3 Durante mucho
tiempo Israel estará sin verdadero Dios, sin sacerdote que enseñe y sin ley.
4 Mas cuando en
su angustia se vuelva a Yahveh, el Dios de Israel, y le busque, él se dejará
hallar de ellos.
5 En aquellos
tiempos no habrá paz para los hombres, sino grandes terrores sobre todos los
habitantes de los países.
6 Chocarán pueblo
contra pueblo y ciudad contra ciudad, porque Dios los conturbará con toda
suerte de aflicciones.
7 ¡Vosotros,
pues, esforzaos, y que no se debiliten vuestras manos! Porque vuestras obras
tendrán recompensa."
8 Al oír Asá
estas palabras y esta profecía cobró ánimo e hizo desaparecer los monstruos
abominables de todo el país de Judá y Benjamín y de las ciudades que había
conquistado en la montaña de Efraím, y restauró el altar de Yahveh, que
estaba ante el vestíbulo de Yahveh.
9 Congregó a todo
Judá y Benjamín, y a los de Efraím, Manasés y Simeón que habitaban entre
ellos; pues se habían pasado a él muchos de los israelitas, viendo que
Yahveh su Dios estaba con él.
10 Se reunieron
en Jerusalén en el mes tercero del año quince del reinado de Asá.
11 Aquel día
ofrecieron a Yahveh sacrificios del botín que habían traído: setecientos
bueyes y 7.000 ovejas.
12 Y se obligaron
con un pacto a buscar a Yahveh, el Dios de sus padres, con todo su corazón y
con toda su alma;
13 y que todo
aquel que no buscase a Yahveh, el Dios de Israel, moriría, desde el pequeño
hasta el grande, hombre o mujer.
14 Juraron, pues,
a Yahveh en alta voz, con gritos de júbilo y al son de las trompetas y
cuernos.
15 Y todo Judá se
alegró con motivo del juramento, porque de todo corazón había prestado el
juramento, y con plena voluntad había buscado a Yahveh. Por eso él se dejó
hallar de ellos; y le dio paz por todas partes.
16 El rey Asá
llegó a quitar a Maaká, su madre, el título de Gran Dama, porque había hecho
un Horror para Aserá. Asá abatió este Horror, lo hizo pedazos y lo quemó en
el torrente Cedrón.
17 Pero no
desaparecieron los altos de en medio de Israel, aun cuando el corazón de Asá
fue perfecto todos sus días.
18 Llevó a la
Casa de Dios las ofrendas consagradas por su padre y sus propias ofrendas:
plata, oro y utensilios.
19 No hubo guerra
hasta el año 35 del reinado de Asá.
1 El año 36 del
reinado de Asá subió Basá, rey de Israel, contra Judá, y fortificó a Ramá,
para cortar las comunicaciones a Asá, rey de Judá.
2 Sacó entonces
Asá plata y oro de los tesoros de la Casa de Yahveh y de la casa del rey, y
envió mensajeros a Ben Hadad, rey de Aram, que habitaba en Damasco,
diciendo:
3 «Haya alianza
entre nosotros, como entre mi padre y tu padre; te envío plata y oro. Anda,
rompe tu alianza con Basá, rey de Israel, para que se aleje de mí.»
4 Ben Hadad
escuchó al rey Asá y envió a los jefes de su ejército contra las ciudades de
Israel; conquistó Iyyón, Dan, Abel Máyim y todos los depósitos de las
ciudades situadas en Neftalí.
5 Cuando Basá lo
supo, suspendió las fortificaciones de Ramá e hizo parar su obra.
6 Entonces el rey
Asá tomó a todo Judá y se llevaron de Ramá las piedras y maderas que Basá
había empleado para la construcción; y con ella fortificó Gueba y Mispá.
7 En aquel tiempo
el vidente Jananí fue donde Asá, rey de Judá, y le dijo: «Por haberte
apoyado en el rey de Aram, y no haberte apoyado en Yahveh tu Dios, por eso
se ha escapado de tu mano el ejército del rey de Aram.
8 ¿No eran un
ejército numeroso los etíopes y los libios, con carros y una muchedumbre de
hombres de carro? Y, sin embargo, por haber puesto tu confianza en Yahveh,
él los entregó en tu mano.
9 Porque los ojos
de Yahveh recorren toda la tierra, para fortalecer a los que tienen corazón
entero para con él. Has procedido neciamente en esto, y por eso de aquí en
adelante tendrás guerras.»
10 Irritóse
entonces Asá contra el vidente y lo metió en la cárcel, pues estaba enojado
con él por este asunto. En esa época también maltrató Asá a varios del
pueblo.
11 Estos son los
hechos de Asá, los primeros y los postreros; están escritos en el libro de
los reyes de Judá y de Israel.
12 El año 39 de
su reinado enfermó Asá de los pies, pero tampoco en su enfermedad buscó a
Yahveh, sino a los médicos.
13 Se acostó Asá
con sus padres. Murió el año 41 de su reinado,
14 y le
sepultaron en el sepulcro que se había hecho en la Ciudad de David. Lo
pusieron sobre un lecho lleno de bálsamo, de aromas y de ungüentos
preparados según el arte de los perfumistas; y le encendieron un fuego
enorme.
1 En su lugar
reinó su hijo Josafat, el cual se fortificó contra Israel.
2 Puso
guarniciones en todas las ciudades fortificadas de Judá y estableció
gobernadores en el país de Judá y en las ciudades de Efraím, que Asá su
padre había conquistado.
3 Estuvo Yahveh
con Josafat, porque anduvo por los caminos que había seguido anteriormente
su padre David y no buscó a los Baales,
4 sino que buscó
al Dios de sus padres andando en sus mandamientos, sin imitar los hechos de
Israel.
5 Yahveh
consolidó el reino en su mano; y todo Judá traía presentes a Josafat, que
adquirió grandes riquezas y honores.
6 Su corazón
cobró ánimo en los caminos de Yahveh, hasta hacer desaparecer de Judá los
altos y los cipos.
7 El año tercero
de su reinado envió a sus oficiales Ben Jáyil, Abdías, Zacarías, Natanael y
Miqueas para que enseñasen en las ciudades de Judá,
8 y con ellos a
los levitas Semaías, Netanías, Zebadías, Asahel, Semiramot, Jonatán,
Adonías, Tobías, y con estos levitas a los sacerdotes Elisamá y Yehoram,
9 los cuales
enseñaron en Judá, llevando consigo el libro de la Ley de Yahveh.
Recorrieron todas las ciudades de Judá, enseñando al pueblo.
10 El terror de
Yahveh se apoderó de todos los reinos de los países que rodeaban a Judá, de
manera que no hicieron guerra contra Josafat.
11 Los filisteos
trajeron a Josafat presentes y plata como tributo. También los árabes le
trajeron ganado menor: 7.700 carneros y 7.700 machos cabríos.
12 Así Josafat
iba engrandeciéndose cada vez más, hasta lo sumo, y edificó en Judá
castillos y ciudades de aprovisionamiento.
13 Llevó a cabo
muchas obras en las ciudades de Judá, y tuvo una guarnición de guerreros
escogidos en Jerusalén.
14 Esta es la
lista, por sus casas paternas: De Judá, jefes de millar: Adná, el jefe, y
con él 300.000 hombres esforzados.
15 A su lado el
jefe Yehojanán, y con él 280.000.
16 A su lado
Amasías, hijo de Zikrí, que se había consagrado espontáneamente a Yahveh, y
bajo su mando 200.000 hombres esforzados.
17 De Benjamín:
Elyadá, hombre valeroso, y con él, 200.000 armados de arco y escudo.
18 A su lado
Yehozabad, y con él, 180.000 equipados para la guerra.
19 Estos eran los
que servían al rey, sin contar los que el rey había puesto en las ciudades
fortificadas por todo Judá.
1 Josafat tuvo
grandes riquezas y honores; emparentó con Ajab,
2 y al cabo de
algunos años bajó a visitarle a Samaría. Ajab sacrificó gran número de
ovejas y de bueyes para él y la gente que le acompañaba; y le incitó a que
subiese con él contra Ramot de Galaad.
3 Dijo Ajab, rey
de Israel, a Josafat, rey de Judá: «¿Quieres venir conmigo a Ramot de
Galaad?» Le contestó: «Yo soy como tú, y tu pueblo como mi pueblo; contigo
estaremos en la batalla.»
4 Pero Josafat
dijo al rey de Israel: «Consulta antes, por favor, la palabra de Yahveh.»
5 El rey de
Israel reunió a los profetas, cuatrocientos hombres, y les dijo: «¿Debo
atacar a Ramot de Galaad o debo desistir?» Le respondieron: «Sube, porque
Dios la entregará en manos del rey.
6 Pero Josafat
dijo: «¿No hay aquí algún otro profeta de Yahveh a quien podamos consultar?»
7 Respondió el
rey de Israel a Josafat: «Queda todavía un hombre por quien podríamos
consultar a Yahveh, pero yo le aborrezco, pues nunca me profetiza el bien,
sino el mal. Es Miqueas, hijo de Yimlá.» A lo que respondió Josafat: «No
hable el rey así.»
8 Llamó el rey de
Israel a un eunuco y le dijo: «Trae enseguida a Miqueas, hijo de Yimlá.»
9 El rey de
Israel y Josafat, rey de Judá, estaban sentados cada cual en su trono,
vestidos de gala, en la era que hay a la entrada de la puerta de Samaría,
mientras que todos los profetas estaban en trance delante de ellos.
10 Sedecías, hijo
de Kenaaná, se había hecho unos cuernos de hierro, y decía: «Así dice
Yahveh: Con estos acornearás a Aram hasta acabar con ellos.
11 Y todos los
profetas profetizaban del mismo modo diciendo: «¡Sube contra Ramot de
Galaad! Tendrás éxito. Yahveh la entregará en manos del rey.»
12 El mensajero
que había ido a llamar a Miqueas le habló diciendo: «Mira que los profetas a
una voz predicen el bien al rey, procura hablar como uno de ellos y anuncia
el bien.»
13 Respondió
Miqueas "«¡Vive Yahveh, que lo que mi Dios me diga, eso anunciaré!»
14 Llegó donde el
rey; y el rey le dijo: «Miqueas, ¿debemos subir a Ramot de Galaad para
atacarla, o debo desistir?» Le respondió: «Subid, tendréis éxito. Serán
entregados en vuestras manos.»
15 Pero el rey le
dijo: «¿Cuántas veces he de conjurarte a que no me digas más que la verdad
en nombre de Yahveh?»
16 Entonces él
dijo: «He visto todo Israel disperso por los montes, como ovejas sin pastor;
Yahveh ha dicho: No tienen señor; que vuelvan en paz cada cual a su casa.»
17 El rey de
Israel dijo a Josafat: «¿No te dije que nunca me anuncia el bien sino el
mal?»
18 Miqueas
entonces dijo: «Escuchad, pues, la palabra de Yahveh: He visto a Yahveh
sentado en su trono, y todo el ejército de los cielos estaba a su derecha y
a su izquierda.
19 Preguntó
Yahveh: "¿Quién engañará a Ajab, rey de Israel, para que suba y caiga en
Ramot de Galaad?" Y el uno decía una cosa y el otro otra.
20 Entonces se
adelantó el Espíritu, se puso ante Yahveh y dijo: "Yo le engañaré" Le
preguntó Yahveh: "¿De qué modo?"
21 Respondió:
"Iré y me haré espíritu de mentira en la boca de todos sus profetas." Y
Yahveh dijo: "Tú conseguirás engañarle. Vete y hazlo así"
22 Ahora, pues,
Yahveh ha puesto un espíritu de mentira en la boca de todos estos profetas
tuyos, pues Yahveh ha predicho el mal contra ti.»
23 Se acercó
entonces Sedecías, hijo de Kenaaná, y dio una bofetada a Miqueas en la
mejilla, diciendo: «¿Por qué camino se ha ido de mí el espíritu de Yahveh
para hablarte a ti?».
24 Miqueas
replicó: «Tú mismo lo verás el día en que vayas escondiéndote de aposento en
aposento.»
25 El rey de
Israel dijo: «Prended a Miqueas y llevádselo a Amón, gobernador de la
ciudad, y a Joás, hijo del rey;
26 y les diréis:
"Así habla el rey: Meted a éste en la cárcel y racionadle el pan y el agua
hasta que yo vuelva victorioso."»
27 Miqueas dijo:
«Si es que vuelves victorioso, no ha hablado Yahveh por mí.»
28 El rey de
Israel y Josafat, rey de Judá, subieron contra Ramot de Galaad.
29 El rey de
Israel dijo a Josafat: «Yo voy a disfrazarme para entrar en combate,
mientras que tú te pondrás tus vestidos.» El rey de Israel se disfrazó, y
así entraron en la batalla.
30 Ahora bien, el
rey de Aram había ordenado a los jefes de sus carros: «No ataquéis ni a
chicos ni a grandes, sino tan sólo al rey de Israel.»
31 Cuando los
jefes de los carros vieron a Josafat, dijeron: «Seguro que es el rey de
Israel», y le rodearon para cargar sobre él. Pero Josafat gritó y Yahveh le
socorrió, alejándolos Dios de él.
32 Viendo los
jefes de los carros que no era el rey de Israel, se apartaron de él.
33 Entonces un
hombre disparó su arco al azar e hirió al rey de Israel por entre las placas
de la coraza; el rey dijo al auriga: «Da la vuelta y sácame de la batalla,
porque me siento mal.»
34 Pero arreció
aquel día la batalla, y el rey de Israel fue sostenido en pie en su carro
frente a los arameos hasta la tarde; y a la caída del sol murió.
1 Cuando Josafat,
rey de Judá, regresaba en paz a su casa, a Jerusalén,
2 salióle al
encuentro Jehú, hijo de Jananí el vidente, y le dijo al rey Josafat: «¿Tú
ayudas al malo y amas a los que aborrecen a Yahveh? Por esto ha caído sobre
ti la cólera de Yahveh.
3 Sin embargo,
han sido halladas en ti obras buenas, porque has quitado de esta tierra los
cipos, y has dispuesto tu corazón para buscar a Dios.»
4 Residía Josafat
en Jerusalén, pero volvió a visitar al pueblo desde Berseba hasta la montaña
de Efraím; y los convirtió a Yahveh, el Dios de sus padres.
5 Estableció
jueces en el país, en todas las ciudades fortificadas de Judá, de ciudad en
ciudad;
6 y dijo a los
jueces: «Mirad lo que hacéis; porque no juzgáis en nombre de los hombres,
sino en nombre de Yahveh, que está con vosotros cuando administráis
justicia.
7 ¡Que esté sobre
vosotros el temor de Yahveh! Atended bien a lo que hacéis, porque en Yahveh
nuestro Dios no hay iniquidad ni acepción de personas ni soborno.»
8 También en
Jerusalén estableció Josafat levitas, sacerdotes y cabezas de familia de
Israel, para la administración de la justicia de Yahveh y para los litigios.
Estos habitaban en Jerusalén.
9 Les dio esta
orden: «Obraréis en todo en el temor de Yahveh, con fidelidad y con corazón
perfecto.
10 En todo pleito
que venga a vosotros de parte de vuestros hermanos que habitan en sus
ciudades, sean causas de sangre o cuestiones de la Ley, de los mandamientos,
decretos y sentencias, habéis de esclarecerlos, a fin de que no se hagan
culpables para con Yahveh y se encienda su ira contra vosotros y contra
vuestros hermanos. Obrando así, no os haréis culpables.
11 «Amarías, como
sacerdote, será vuestro jefe en todos las asuntos de Yahveh; y Zebadías,
hijo de Ismael, jefe de la casa de Judá, en todos los asuntos del rey. Los
levitas os servirán de escribas. ¡Esforzaos, y manos a la obra! Y Yahveh sea
con el bueno.»
1 Después de
esto, los moabitas y ammonitas, y con ellos algunos maonitas, marcharon
contra Josafat para atacarle.
2 Vinieron
mensajeros que avisaron a Josafat diciendo: «Viene contra ti una gran
muchedumbre de gentes de allende el mar, de Edom, que están ya en Jasasón
Tamar, o sea, Engadí.»
3 Tuvo miedo y se
dispuso a buscar a Yahveh promulgando un ayuno para todo Judá.
4 Congregóse Judá
para implorar a Yahveh, y también de todas las ciudades de Judá vino gente a
suplicar a Yahveh.
5 Entonces
Josafat, puesto en pie en medio de la asamblea de Judá y de Jerusalén, en la
Casa de Yahveh, delante del atrio nuevo,
6 dijo: «Yahveh,
Dios de nuestros padres, ¿no eres tú Dios en el cielo, y no dominas tú en
todos los reinos de las naciones? ¿No está en tu mano el poder y la
fortaleza, sin que nadie pueda resistirte?
7 ¿No has sido
tú, oh Dios nuestro, el que expulsaste a los habitantes de esta tierra
delante de tu pueblo Israel, y la diste a la posteridad de tu amigo Abraham
para siempre?
8 Ellos la han
habitado, y han edificado un santuario a tu Nombre, diciendo:
9 "Si viene sobre
nosotros algún mal, espada, castigo, peste o hambre, nos presentaremos
delante de esta Casa, y delante de ti, porque tu Nombre reside en esta Casa;
clamaremos a tí en nuestra angustia, y tú oirás y nos salvarás."
10 «Pero ahora,
mira que los ammonitas y moabitas y los del monte Seír, a donde no dejaste
entrar a Israel cuando salía de la tierra de Egipto, por lo cual Israel se
apartó de ellos sin destruirlos,
11 ahora nos
pagan viniendo a echarnos de la heredad que tú nos has legado.
12 Oh Dios
nuestro, ¿no harás tú justicia con ellos? Pues nosotros no tenemos fuerza
contra esta gran multitud que viene contra nosotros y no sabemos qué hacer.
Pero nuestros ojos se vuelven hacia ti.»
13 Todo Judá
estaba en pie ante Yahveh con sus niños, sus mujeres y sus hijos.
14 Vino el
espíritu de Yahveh sobre Yajaziel, hijo de Zacarías, hijo de Benaías, hijo
de Yeiel, hijo de Mattanías, levita, de los hijos de Asaf, que estaba en
medio de la asamblea,
15 y dijo:
«¡Atended vosotros, Judá entero y habitantes de Jerusalén, y tú, oh rey
Josafat! Así os dice Yahveh: No temáis ni os asustéis ante esa gran
muchedumbre; porque esta guerra no es vuestra, sino de Dios.
16 Bajad contra
ellos mañana; mirad, ellos van a subir por la cuesta de Sis. Los
encontraréis en el valle de Sof, junto al desierto de Yeruel.
17 No tendréis
que pelear en esta ocasión. Apostaos y quedaos quietos, y veréis la
salvación de Yahveh que vendrá sobre vosotros, oh Judá y Jerusalén. ¡No
temáis ni os asustéis! Salid mañana al encuentro de ellos, pues Yahveh
estará con vosotros.»
18 Josafat se
inclinó rostro en tierra; y todo Judá y los habitantes de Jerusalén se
postraron ante Yahveh para adorar a Yahveh.
19 Y los levitas,
de los hijos de los quehatitas y de la estirpe de los coreítas, se
levantaron para alabar con gran clamor a Yahveh, el Dios de Israel.
20 Al día
siguiente se levantaron temprano y salieron al desierto de Técoa. Mientras
iban saliendo, Josafat, puesto en pie, dijo: «¡Oídme, Judá y habitantes de
Jerusalén! Tened confianza en Yahveh vuestro Dios y estaréis seguros; tened
confianza en sus profetas y triunfaréis.»
21 Después,
habiendo deliberado con el pueblo, señaló cantores que, vestidos de
ornamentos sagrados y marchando al frente de los guerreros, cantasen en
honor de Yahveh: «¡Alabad a Yahveh porque es eterno su amor!»
22 Y en el
momento en que comenzaron las aclamaciones y las alabanzas, Yahveh puso
emboscadas contra los ammonitas y moabitas y los del monte Seír, que habían
venido contra Judá, y fueron derrotados.
23 Porque se
levantaron los ammonitas y moabitas contra los moradores del monte Seír,
para entregarlos al anatema y aniquilarlos, y cuando hubieron acabado con
los moradores de Seír se aplicaron a destruirse mutuamente.
24 Judá había
venido a la atalaya del desierto y se volvieron hacia la multitud, pero no
había más que cadáveres tendidos por tierra; pues ninguno pudo escapar.
25 Josafat y su
pueblo fueron a saquear los despojos y hallaron mucho ganado, riquezas y
vestidos y objetos preciosos, y recogieron tanto que no lo podían llevar.
Emplearon tres días en saquear el botín, porque era abundante.
26 Al cuarto día
se reunieron en el valle de Beraká, y allí bendijeron a Yahveh; por eso se
llama aquel lugar valle de Beraká hasta el día de hoy.
27 Después todos
los hombres de Judá y de Jerusalén, con Josafat al frente, regresaron con
júbilo a Jerusalén, porque Yahveh les había colmado de gozo a costa de sus
enemigos.
28 Entraron en
Jerusalén, en la Casa de Yahveh, con salterios, cítaras y trompetas.
29 El terror de
Dios cayó sobre todos los reinos de los países cuando supieron que Yahveh
había peleado contra los enemigos de Israel.
30 El reinado de
Josafat fue tranquilo, y su Dios le dio paz por todos lados.
31 Josafat reinó
sobre Judá. Tenía 35 años cuando comenzó a reinar, y reinó veinticinco años
en Jerusalén. Su madre se llamaba Azubá, hija de Siljí.
32 Siguió en todo
el camino de su padre Asá, sin desviarse de él, haciendo lo que era recto a
los ojos de Yahveh.
33 Con todo no
desaparecieron los altos, pues el pueblo aún no había fijado su corazón en
el Dios de sus padres.
34 El resto de
los hechos de Josafat, los primeros y los postreros, están escritos en la
historia de Jehú, hijo de Jananí, que se halla inserta en el libro de los
reyes de Israel.
35 Después de
esto, Josafat, rey de Judá, se alió con Ocozías, rey de Israel, que le
impulsó a hacer el mal.
36 Se asoció con
él para construir naves que fueran a Tarsis; y fabricaron las naves en Esyón
Guéber.
37 Entonces
Eliezer, hijo de Dodaías, de Maresá, profetizó contra Josafat diciendo: «Por
haberte aliado con Ocozías, Yahveh ha abierto brecha en tus obras.» En
efecto, las naves se destrozaron y no pudieron ir a Tarsis.
1 Se acostó
Josafat con sus padres y fue sepultado con ellos en la ciudad de David. En
su lugar reinó su hijo Joram.
2 Joram tenía
seis hermanos, hijos de Josafat, que eran Azarías, Yejiel, Zacarías,
Azaryau, Miguel y Sefatías. Todos estos eran hijos de Josafat, rey de
Israel.
3 Su padre les
había hecho grandes donaciones de plata, oro y objetos preciosos, y ciudades
fuertes en Judá; pero entregó el reino a Joram, porque era el primogénito.
4 Joram tomó
posesión del trono de su padre; y cuando se afianzó en él pasó a cuchillo a
todos sus hermanos y también a algunos de los jefes de Israel.
5 32 años tenía
Joram cuando empezó a reinar, y reinó ocho años en Jerusalén.
6 Anduvo por el
camino de los reyes de Israel, como había hecho la casa de Ajab, porque se
había casado con una mujer de la familia de Ajab, e hizo el mal a los ojos
de Yahveh.
7 Pero Yahveh no
quiso destruir la casa de David, a causa de la alianza que había hecho con
David, porque le había prometido que le daría siempre una lámpara a él y a
sus hijos.
8 En sus días se
rebeló Edom de bajo la mano de Judá y se proclamaron un rey.
9 Pasó Joram con
sus jefes, y con todos sus carros. Se levantó por la noche y batió a los de
Edom que le tenían cercado, a él y a los jefes de los carros.
10 Así se rebeló
Edom de bajo la mano de Judá hasta el día de hoy. Por ese mismo tiempo se
rebeló Libná de bajo su mano, porque había abandonado a Yahveh, el Dios de
sus padres.
11 Construyó
asimismo altos en los montes de Judá, incitó a la prostitución a los
habitantes de Jerusalén y empujó a ella a Judá.
12 Le llegó un
escrito del profeta Elías, que decía: «Así dice Yahveh, el Dios de tu padre
David: Porque no has seguido los caminos de tu padre Josafat, ni los caminos
de Asá, rey de Judá,
13 sino que has
andado por los caminos de los reyes de Israel, y has prostituido a Judá y a
los habitantes de Jerusalén siguiendo las prostituciones de la casa de Ajab,
y también porque has dado muerte a tus hermanos de la casa de tu padre que
eran mejores que tú;
14 he aquí que
Yahveh castigará con terrible azote a tu pueblo, tus hijos, tus mujeres y
toda tu hacienda;
15 tú mismo
padecerás grandes enfermedades y una dolencia de entrañas tal, que día tras
día se te saldrán fuera a causa de la enfermedad.»
16 Excitó Yahveh
contra Joram el espíritu de los filisteos y de los árabes, vecinos de los
etíopes,
17 que subieron
contra Judá y lo invadieron llevándose todas las riquezas que hallaron en la
casa del rey, y también a sus hijos y a sus mujeres, no dejándole otro hijo
que Ocozías, el menor.
18 Después de
todo esto le hirió Yahveh con una enfermedad incurable de vientre.
19 Y al cabo de
cierto tiempo, al fin del año segundo, se le salieron las entrañas a causa
de su enfermedad, y murió en medio de terribles dolores. El pueblo no le
encendió fuego, como lo había encendido por su padre.
20 Tenía 32 años
cuando empezó a reinar, y reinó en Jerusalén ocho años. Se fue sin que nadie
le llorara; y le sepultaron en la ciudad de David, pero no en los sepulcros
de los reyes.
1 Los habitantes
de Jerusalén proclamaron rey en su lugar a su hijo menor Ocozías, porque una
banda de árabes que había invadido el campamento había dado muerte a todos
los mayores, de suerte que llegó a ser rey Ocozías, hijo de Joram, rey de
Judá.
2 Tenía Ocozías
cuarenta y dos años cuando empezó a reinar, y reinó un año en Jerusalén. Su
madre se llamaba Atalía, hija de Omrí.
3 También él
siguió los caminos de la casa de Ajab, pues su madre le instigaba a hacer el
mal.
4 Hizo el mal a
los ojos de Yahveh, como los de la casa de Ajab, porque después de la muerte
de su padre fueron ellos sus consejeros para su perdición.
5 También por
consejo de ellos fue con Joram, hijo de Ajab, rey de Israel, para combatir a
Jazael, rey de Aram, en Ramot de Galaad; los arameos hirieron a Joram,
6 que se retiró a
Yizreel, para curarse de las heridas que había recibido en Ramá, en la
batalla contra Jazael, rey de Aram. Ocozías, hijo de Joram, rey de Judá,
bajó a Yizreel para visitar a Joram, hijo de Ajab, que se hallaba enfermo;
7 esta visita a
Joram vino de Dios para ruina de Ocozías; pues llegado allí, salió con Joram
contra Jehú, hijo de Nimsí, a quien Yahveh había ungido para exterminar la
casa de Ajab.
8 Mientras Jehú
hacía justicia de la casa de Ajab, se encontró con los jefes de Judá y con
los hijos de los hermanos de Ocozías que se hallaban al servicio de Ocozías,
y los mató.
9 Buscó luego a
Ocozías, al que prendieron en Samaría, donde se había escondido. Lo llevaron
donde Jehú, que lo mató, pero le dieron sepultura, pues decían: «Es hijo de
Josafat, el que buscó a Yahveh con todo su corazón.» No quedó de la casa de
Ocozías nadie que fuese capaz de reinar.
10 Cuando Atalía,
madre de Ocozías, vio que había muerto su hijo, se levantó y exterminó a
toda la estirpe real de la casa de Judá.
11 Pero Yehosebá,
hija del rey, tomó a Joás, hijo de Ocozías, lo sacó de entre los hijos del
rey a quienes estaban matando y lo puso a él y a su nodriza en el
dormitorio. Yehosebá, hija del rey Joram, mujer del sacerdote Yehoyadá y
hermana de Ocozías, lo ocultó de la vista de Atalía, que no pudo matarle.
12 Seis años
estuvo escondido con ellos en la Casa de Dios, mientras Atalía reinaba en el
país.
1 El año séptimo,
Yehoyadá cobró ánimo y envió a buscar a los jefes de cien, a Azarías, hijo
de Yerojam; a Ismael, hijo de Yehojanán; a Azarías, hijo de Obed; a
Maaseías, hijo de Adaías, y a Elisafat, hijo de Zikrí; concertando un pacto
con ellos,
2 recorrieron
Judá y reunieron a los levitas de todas las ciudades de Judá, y a los
cabezas de familia de Israel, que vinieron a Jerusalén.
3 Toda la
asamblea hizo alianza con el rey en la Casa de Dios; Yehoyadá les dijo:
«Aquí tenéis al hijo del rey que ha de reinar, como dijo Yahveh de los hijos
de David.
4 Esto es lo que
tenéis que hacer: Un tercio de vosotros, así sacerdotes como levitas, los
que entráis el sábado, se quedarán de porteros en las entradas;
5 otro tercio, en
la casa del rey; y otro tercio, en la casa del Fundamento; mientras que todo
el pueblo estará en los atrios de la Casa de Yahveh.
6 Nadie podrá
entrar en la Casa de Yahveh fuera de los sacerdotes y los levitas que estén
de servicio; éstos podrán entrar por estar consagrados, pero todo el pueblo
tiene que guardar el precepto de Yahveh.
7 Los levitas se
pondrán en torno al rey, cada uno con sus armas en la mano, y cualquiera que
penetre en la Casa, morirá. Sólo ellos acompañarán al rey cuando entre y
cuando salga.»
8 Los levitas y
todo Judá hicieron cuanto les había mandado el sacerdote Yehoyadá. Tomó cada
uno a sus hombres, tanto los que entraban el sábado como los que salían el
sábado; pues el sacerdote Yehoyadá no exceptuó a ninguna de las secciones.
9 El sacerdote
Yehoyadá entregó a los jefes de cien las lanzas y los escudos, grandes y
pequeños, del rey David, que se hallaban en la Casa de Dios,
10 y apostó a
todo el pueblo, cada uno con sus armas en la mano, desde el ala oriental de
la Casa hasta el ala occidental, entre el altar y la Casa, para que rodeasen
al rey.
11 Hicieron salir
entonces al hijo del rey y le pusieron la diadema y el Testimonio. Le
proclamaron rey; Yehoyadá y sus hijos le ungieron y gritaron: «¡Viva el
rey!».
12 Al oír Atalía
los gritos del pueblo que corría y aclamaba al rey, vino a la Casa de
Yahveh, donde estaba el pueblo,
13 miró, y vio al
rey en pie junto a la columna, a la entrada, y a los jefes y las trompetas
junto al rey, a todo el pueblo de la tierra, lleno de alegría, que tocaba
las trompetas, y a los cantores que, con instrumentos de música, dirigían
los cánticos de alabanza. Entonces Atalía rasgó sus vestidos y gritó:
«¡Traición, traición!»
14 Pero el
sacerdote Yehoyadá dio orden a los jefes de cien, que estaban al frente de
las tropas, y les dijo: «Hacedla salir de las filas, y el que la siga que
sea pasado a espada.» Porque había dicho el sacerdote: «No la matéis en la
Casa de Yahveh.»
15 Así pues,
ellos echaron mano de ella, y cuando llegó a la casa del rey por el camino
de la Entrada de los Caballos, allí la mataron.
16 Entonces
Yehoyadá pactó alianza con todo el pueblo y el rey de que el pueblo sería
pueblo de Yahveh.
17 Fue después
todo el pueblo a la casa de Baal y la derribaron; rompieron sus altares y
sus imágenes, y mataron a Matán, sacerdote de Baal, ante los altares.
18 Yehoyadá puso
centinelas en la Casa de Yahveh, a los órdenes de los sacerdotes y levitas
que David había distribuido en la Casa de Yahveh, conforme a lo escrito en
la Ley de Moisés, para ofrecer los holocaustos con alegría y cánticos, según
las disposiciones de David.
19 Puso porteros
junto a las puertas de la Casa de Yahveh para que no entrase ninguno que por
cualquier causa fuese inmundo.
20 Después tomó a
los jefes de cien, a los notables, a los dirigentes del pueblo y al pueblo
entero de la tierra; y haciendo descender al rey de la Casa de Yahveh,
entraron por la puerta superior en la casa del rey y le sentaron en el trono
del reino.
21 Todo el pueblo
de la tierra estaba contento, y la ciudad quedó tranquila; en cuanto a
Atalía, la habían matado a espada.