1 Salomón, hijo
de David, se afianzó en su reino; Yahveh, su Dios, estaba con él y le
engrandeció sobremanera.
2 Salomón habló a
todo Israel, a los jefes de millar y de cien, a los jueces y a todos los
jefes de todo Israel, cabezas de casas paternas.
3 Después Salomón
fue con toda la asamblea al alto de Gabaón, porque allí se hallaba la Tienda
del Encuentro de Dios, que Moisés, siervo de Yahveh, había hecho en el
desierto.
4 Cuanto al arca
de Dios, David la había llevado de Quiryat Yearim al lugar preparado para
ella, pues le había alzado una tienda en Jerusalén.
5 El altar de
bronce que había hecho Besalel, hijo de Urí, hijo de Jur, estaba también
allí delante de la Morada de Yahveh. Fueron, pues, Salomón y la asamblea
para consultarle.
6 Subió Salomón
allí, al altar de bronce que estaba ante Yahveh, junto a la Tienda del
Encuentro, y ofreció sobre él mil holocaustos.
7 Aquella noche
se apareció Dios a Salomón y le dijo: «Pídeme lo que quieras que te dé.»
8 Salomón
respondió a Dios: «Tú tuviste gran amor a mi padre David, y a mí me has
hecho rey en su lugar.
9 Ahora, pues, oh
Yahveh Dios, que se cumpla la promesa que hiciste a mi padre David, ya que
tú me has hecho rey sobre un pueblo numeroso como el polvo de la tierra.
10 Dame, pues,
ahora sabiduría e inteligencia, para que sepa conducirme ante este pueblo
tuyo tan grande.»
11 Respondió Dios
a Salomón: «Ya que piensas esto en tu corazón, y no has pedido riquezas ni
bienes ni gloria ni la muerte de tus enemigos; ni tampoco has pedido larga
vida, sino que has pedido para ti sabiduría e inteligencia para saber juzgar
a mi pueblo, del cual te he hecho rey,
12 por eso te son
dadas la sabiduría y el entendimiento, y además te daré riqueza, bienes y
gloria como no las tuvieron los reyes que fueron antes de ti, ni las tendrá
ninguno de los que vengan después de ti.»
13 Salomón
regresó a Jerusalén desde el alto de Gabaón, de delante de la Tienda del
Encuentro, y reinó sobre Israel.
14 Salomón reunió
carros y caballos, tuvo 1.400 carros y 12.000 caballos que llevó a las
ciudades de los carros y junto al rey en Jerusalén.
15 Hizo el rey
que la plata y el oro fuese tan abundante en Jerusalén como las piedras y
los cedros, como los sicómoros de la Tierra Baja.
16 Los caballos
de Salomón procedían de Musur y de Cilicia; los mercaderes del rey los
adquirían en Cilicia por su precio en dinero.
17 Traían de
Egipto un carro por seiscientos siclos de plata, y un caballo por 150. Los
traían también como intermediarios para todos los reyes de los hititas y
todos los reyes de Aram.
18 Decidió, pues,
Salomón edificar una Casa al Nombre de Yahveh y una casa real para sí.
1 Salomón señaló
70.000 hombres para transportar cargas, 80.000 canteros en el monte y 3.600
capataces para ellos.
2 Salomón envió a
decir a Juram, rey de Tiro: «Haz conmigo como hiciste con mi padre David,
enviándole maderas de cedro para que se construyera una casa en que habitar.
3 Te hago saber
que voy a edificar una Casa al Nombre de Yahveh, mi Dios, para
consagrársela, para quemar ante él incienso aromático, para la ofrenda
perpetua de los panes presentados, y para los holocaustos de la mañana y de
la tarde, de los sábados, novilunios y solemnidades de Yahveh nuestro Dios,
como se hace siempre en Israel.
4 La Casa que voy
a edificar será grande, porque nuestro Dios es mayor que todos los dioses.
5 Pero ¿quién
será capaz de construirle una Casa, cuando los cielos y los cielos de los
cielos no pueden contenerle? ¿Y quién soy yo para edificarle una Casa,
aunque esté destinada tan sólo para quemar incienso en su presencia?
6 Envíame, pues,
un hombre diestro en trabajar el oro, la plata, el bronce, el hierro, la
púrpura escarlata, el carmesí y la púrpura violeta, y que sepa grabar;
estará con los expertos que tengo conmigo en Judá y en Jerusalén, y que mi
padre David ya había preparado.
7 Envíame también
madera de cedro, de ciprés y algummim del Líbano; pues bien sé que tus
siervos saben talar los árboles del Líbano, y mis siervos trabajarán con tus
siervos,
8 para prepararme
madera en abundancia; pues la Casa que voy a edificar ha de ser grande y
maravillosa.
9 Daré para el
sustento de tus siervos, los taladores de los árboles, 20.000 cargas de
trigo, 20.000 cargas de cebada, 20.000 medidas de vino y 20.000 medidas de
aceite.»
10 Juram, rey de
Tiro, respondió en una carta que envió al rey Salomón: «Por el amor que
tiene Yahveh a su pueblo te ha hecho rey sobre ellos.»
11 Y añadía
Juram: «Bendito sea Yahveh, el Dios de Israel, hacedor del cielo y de la
tierra, que ha dado al rey David un hijo sabio, prudente e inteligente, que
edificará una Casa a Yahveh y una casa real para sí.
12 Te envío,
pues, ahora a Juram Abí, hombre hábil, dotado de inteligencia;
13 es hijo de una
danita, y su padre es de Tiro. Sabe trabajar el oro, la plata, el bronce, el
hierro, la piedra y la madera, la púrpura escarlata, la púrpura violeta, el
lino fino y el carmesí. Sabe también hacer toda clase de grabados y ejecutar
cualquier obra que se le proponga, a una con tus artífices y los artífices
de mi señor David, tu padre.
14 Que mande,
pues, a sus siervos el trigo, la cebada, el aceite y el vino de que ha
hablado mi señor,
15 y por nuestra
parte cortaremos del Líbano toda la madera que necesites y te la llevaremos
en balsas, por mar, hasta Joppe, y luego tú mandarás que la suban a
Jerusalén.»
16 Salomón hizo
el censo de todos los forasteros residentes en Israel, tomando por modelo el
censo que había hecho su padre David; y se halló que eran 153.600.
17 De ellos
destinó 70.000 para el transporte de cargas, 80.000 para las canteras en las
montañas y 3.600 como capataces para hacer trabajar al pueblo.
1 Empezó, pues,
Salomón a edificar la Casa de Yahveh en Jerusalén, en el monte Moria, donde
Dios se había manifestado a su padre David, en el lugar donde David había
hecho los preparativos, en la era de Ornán el jebuseo.
2 Dio comienzo a
las obras el segundo mes del año cuarto de su reinado.
3 Este es el
plano sobre el que Salomón edificó la Casa de Dios: sesenta codos de
longitud, en codos de medida antigua, y veinte codos de anchura.
4 El Ulam que
estaba delante del Hekal de la Casa tenía una longitud de veinte codos,
correspondiente al ancho de la Casa, y una altura de 120. Salomón lo
recubrió por dentro de oro puro.
5 Revistió la
Sala Grande de madera de ciprés y la recubrió de oro fino, haciendo esculpir
en ella palmas y cadenillas.
6 Para adornar la
Casa la revistió también de piedras preciosas; el oro era oro de Parvayim.
7 Recubrió de oro
la Casa, las vigas, los umbrales, sus paredes y sus puertas, y esculpió
querubines sobre las paredes.
8 Construyó
también la sala del Santo de los Santos, cuya longitud, correspondiente al
ancho de la Casa, era de veinte codos, y su anchura igualmente de veinte
codos. Lo revistió de oro puro, que pesaba seiscientos talentos.
9 Los clavos de
oro pesaban cincuenta siclos. Cubrió también de oro las salas altas.
10 En el interior
de la sala del Santo de los Santos hizo dos querubines, de obra esculpida,
que revistió de oro.
11 Las alas de
los querubines tenían veinte codos de largo. Un ala era de cinco codos y
tocaba la pared de la sala; la otra ala tenía también cinco codos y tocaba
el ala del otro querubín.
12 El ala del
segundo querubín era de cinco codos y tocaba la pared de la sala; la otra
ala tenía también cinco codos y pegaba con el ala del primer querubín.
13 Las alas
desplegadas de estos querubines medían veinte codos. Estaban de pie, y con
sus caras vueltas hacia la sala.
14 Hizo también
el velo de púrpura violeta, púrpura escarlata, carmesí y lino fino, y en él
hizo poner querubines.
15 Delante de la
sala hizo dos columnas de 35 codos de alto. El capitel que las coronaba
tenía cinco codos.
16 En el Debir
hizo cadenillas y las colocó sobre los remates de las columnas; hizo también
cien granadas, que puso en las cadenillas.
17 Erigió las
columnas delante del Hekal, una a la derecha y otra a la izquierda, y llamó
a la de la derecha Yakín y a la de la izquierda Boaz.
1 Construyó
también un altar de bronce de veinte codos de largo, veinte codos de ancho y
diez codos de alto.
2 Hizo el Mar de
metal fundido, de diez codos de borde a borde. Era enteramente redondo y de
cinco codos de alto. Un cordón de treinta codos medía su contorno.
3 Debajo del
borde había en todo el contorno unas como figuras de bueyes, diez por cada
codo, colocadas en dos órdenes, fundidas en una sola masa.
4 Se apoyaba
sobre doce bueyes; tres mirando al norte, tres mirando al oeste, tres
mirando al sur y tres mirando al este. El Mar estaba sobre ellos, quedando
sus partes traseras hacia el interior.
5 Su espesor era
de un palmo, y su borde como el borde del cáliz de la flor de lirio. Cabían
en él 3.000 medidas.
6 Hizo diez pilas
para las abluciones y colocó cinco de ellas a la derecha y cinco a la
izquierda para lavar en ellas lo que se ofrecía en holocausto. El Mar era
para las abluciones de los sacerdotes.
7 Hizo diez
candelabros de oro según la forma prescrita, y los colocó en el Hekal, cinco
a la derecha y cinco a la izquierda.
8 Hizo diez
mesas, que puso en el Hekal, cinco a la derecha y cinco a la izquierda. Hizo
también cien acetres de oro.
9 Construyó
también el atrio de los sacerdotes y el atrio grande con sus puertas,
revistiendo las puertas de bronce.
10 Colocó el Mar
al lado derecho, hacia el sureste.
11 Juram hizo
también los ceniceros, las paletas y los acetres. Así concluyó Juram la obra
que le había encargado el rey Salomón en la Casa de Dios:
12 Las dos
columnas; las molduras de los capiteles que coronaban las columnas; los dos
trenzados para cubrir las dos molduras de los capiteles que estaban sobre
las columnas;
13 las
cuatrocientas granadas para cada trenzado;
14 las diez
basas, y las diez pilas sobre las basas;
15 el Mar con los
doce bueyes debajo de él;
16 los ceniceros,
las paletas y los acetres. Todos estos utensilios los hizo Juram Abí para el
rey Salomón, para la Casa de Yahveh, de bronce bruñido.
17 El rey los
hizo fundir en la vega del Jordán, en el mismo suelo, entre Sukkot y Seredá.
18 Salomón
fabricó todos estos utensilios en tan enorme cantidad que no se pudo
calcular el peso del bronce.
19 Salomón hizo
todos los objetos destinados a la Casa de Dios: el altar de oro, las mesas
para el pan de la Presencia,
20 los
candelabros con sus lámparas de oro fino, para que ardieran, según el rito,
delante del Debir;
21 las flores,
las lámparas y las despabiladeras de oro, de oro purísimo;
22 y los
cuchillos, los acetres, los vasos y los braseros, de oro puro. Eran también
de oro las puertas interiores de la Casa a la entrada del Santo de los
Santos, y las puertas de la Casa para el Hekal.
1 Así fue
concluida todo la obra que hizo Salomón para la Casa de Yahveh. Salomón hizo
traer todo lo consagrado por su padre David, la plata, el oro y todos los
objetos, y lo puso en los tesoros de la Casa de Dios.
2 Entonces
congregó Salomón en Jerusalén a todos los ancianos de Israel, a todos los
jefes de las tribus y a los principales de las casas paternas de los hijos
de Israel, para hacer subir el arca de la alianza de Yahveh desde la Ciudad
de David, que es Sión.
3 Se reunieron
junto al rey todos los hombres de Israel, en la fiesta del mes séptimo.
4 Cuando llegaron
todos los ancianos de Israel, los levitas alzaron el arca;
5 y llevaron el
arca y la Tienda del Encuentro y todos los utensilios del santuario que
había en la Tienda; lo llevaron los sacerdotes levitas.
6 El rey Salomón,
con toda la comunidad de Israel que se había reunido en torno a él,
sacrificaron ante el arca ovejas y bueyes en incalculable e innumerable
abundancia.
7 Los sacerdotes
llevaron el arca de la alianza de Yahveh a su lugar, al Debir de la Casa, al
Santo de los Santos, bajo las alas de los querubines.
8 Pues los
querubines extendían las alas por encima del emplazamiento del arca,
cubriendo el arca y los varales por encima.
9 Los varales
eran tan largos que se veían sus puntas desde el Santo, desde la parte
anterior al Debir, pero no se veían desde fuera; y allí están hasta el día
de hoy.
10 En el arca no
había nada más que las dos tablas que hizo poner Moisés en ella, en el
Horeb, cuando Yahveh hizo alianza con los israelitas a su salida de Egipto.
11 Cuando los
sacerdotes salieron del santuario, porque todos los sacerdotes que se
hallaban presentes se habían santificado, sin guardar orden de clases,
12 y todos los
levitas cantores, Asaf, Hemán y Yedutún, con sus hijos y hermanos, vestidos
de lino fino, estaban de pie al oriente del altar, tocando címbalos,
salterios y cítaras, y con ellos 120 sacerdotes que tocaban las trompetas;
13 se hacían oír
al mismo tiempo y al unísono los que tocaban las trompetas y los cantores,
alabando y celebrando a Yahveh; alzando la voz con las trompetas y con los
címbalos y otros instrumentos de música, alababan a Yahveh diciendo: «Porque
es bueno, porque es eterno su amor»; la Casa se llenó de una nube, la misma
Casa de Yahveh.
14 Y los
sacerdotes no pudieron continuar en el servicio a causa de la nube, porque
la gloria de Yahveh llenaba la Casa de Dios.
1 Entonces dijo
Salomón: «Yahveh quiere habitar en densa nube.
2 He querido
erigirte una morada, un lugar donde habites para siempre».
3 Se volvió el
rey y bendijo a toda la asamblea de Israel, mientras toda la asamblea de
Israel estaba en pie.
4 Dijo: «Bendito
sea Yahveh, Dios de Israel, que habló por su boca a mi padre David, y ha
cumplido por su mano lo que dijo:
5 "Desde el día
en que saqué a mi pueblo de la tierra de Egipto, no he elegido ninguna
ciudad entre todas las tribus de Israel, para edificar una Casa en la que
esté mi Nombre; ni elegí varón que fuese caudillo de mi pueblo Israel;
6 pero elijo a
Jerusalén, para que esté allí mi Nombre, y elijo a David para que sea jefe
de mi pueblo Israel."
7 «Mi padre David
pensó en su corazón edificar una Casa al Nombre de Yahveh, Dios de Israel.
8 Pero Yahveh
dijo a mi padre David: "Cuanto a haber pensado en tu corazón edificar una
Casa a mi Nombre, bien has hecho en tener tal voluntad.
9 Pero no
edificarás tú la Casa, sino que será un hijo tuyo, salido de tus entrañas,
quien edifique la Casa a mi Nombre."
10 Yahveh ha
cumplido la promesa que dijo; he sucedido a mi padre David, me he sentado en
el trono de Israel, como Yahveh había dicho, y he construido la Casa al
Nombre de Yahveh, Dios de Israel;
11 y he puesto
allí el arca, en la cual está la alianza de Yahveh, que él pactó con los
israelitas.»
12 Salomón se
puso ante el altar de Yahveh en presencia de toda la asamblea de Israel y
extendió las manos.
13 Salomón había
hecho un estrado de bronce de cinco codos de largo, cinco codos de ancho, y
tres codos de alto, que había colocado en medio del atrio; poniéndose sobre
él se arrodilló frente a toda la asamblea de Israel. Y extendiendo sus manos
hacia el cielo,
14 dijo: «Yahveh,
Dios de Israel, no hay Dios como tú ni en el cielo ni en la tierra; tú que
guardas la alianza y el amor a tus siervos que andan en tu presencia con
todo su corazón;
15 tú que has
mantenido a mi padre David la promesa que le hiciste, pues por tu boca lo
prometiste, y con tu mano lo has cumplido este día.
16 Ahora, pues
Yahveh, Dios de Israel, mantén a tu siervo David, mi padre, la promesa que
le hiciste, diciendo: " Nunca será quitado de mi presencia uno de los tuyos,
que se siente en el trono de Israel, con tal que tus hijos guarden su camino
andando en mi Ley, como tú has andado delante de mí."
17 Ahora, Yahveh,
Dios de Israel, que se cumpla la palabra que dijiste a tu siervo David.
18 Pero ¿es que
verdaderamente habitará Dios con los hombres sobre la tierra? Si los cielos
y los cielos de los cielos no pueden contenerte, ¡cuánto menos esta Casa que
yo te he construido!
19 Atiende a la
plegaria de tu siervo y a su petición, Yahveh, Dios mío, y escucha el clamor
y la plegaria que tu siervo hace en tu presencia.
20 ¡Que tus ojos
estén abiertos día y noche sobre esta Casa, sobre este lugar del que dijiste
que pondrías en él tu Nombre para escuchar la oración que dirige tu siervo
hacia este lugar!
21 «Oye, pues,
las plegarias de tu siervo Israel, tu pueblo, cuando oren hacia este lugar.
Escucha tú desde el lugar de tu morada, desde los cielos; escucha y perdona.
22 «Cuando un
hombre peque contra su prójimo, y éste pronuncie una imprecación sobre él,
haciéndole jurar delante de tu altar en esta Casa,
23 escucha tú
desde los cielos y obra; juzga a tus siervos. Da su merecido al inicuo,
haciendo recaer su conducta sobre su cabeza y declarando inocente al justo,
para darle según su justicia.
24 «Si Israel, tu
pueblo, es batido por el enemigo por haber pecado contra ti, y ellos se
vuelven y alaban tu Nombre orando y suplicando ante ti en esta Casa,
25 escucha tú
desde los cielos, perdona el pecado de tu pueblo Israel, y vuélvelos a la
tierra que les diste a ellos y a sus padres.
26 «Cuando los
cielos estén cerrados y no haya lluvia porque pecaron contra ti, si oran en
este lugar y alaban tu nombre, y se convierten de su pecado porque les
humillaste,
27 escucha tú
desde los cielos y perdona el pecado de tus siervos y de tu pueblo Israel,
pues les enseñarás el camino bueno por el que deben andar, y envía lluvia
sobre tu tierra, la que diste a tu pueblo por herencia.
28 «Cuando haya
hambre en esta tierra, cuando haya peste, tizón, añublo, langosta o pulgón,
cuando su enemigo le asedie en una de sus puertas, en todo azote y toda
enfermedad,
29 si un hombre
cualquiera, o todo Israel, tu pueblo, hace oraciones y súplicas, y,
reconociendo su pena y su dolor, tiende sus manos hacia esta Casa,
30 escucha tú
desde los cielos, lugar de tu morada, y perdona, dando a cada uno según
todos sus caminos, pues tú conoces su corazón - y sólo tú conoces el corazón
de todos los hijos de los hombres -
31 para que teman
y sigan tus caminos todos los días que vivan sobre la haz de la tierra que
has dado a nuestros padres.
32 «También al
extranjero, que no es de tu pueblo Israel, el que viene de un país lejano a
causa de tu gran Nombre, tu mano fuerte y tu tenso brazo, cuando venga a
orar en esta Casa,
33 escucha tú
desde los cielos, lugar de tu morada, y haz cuanto te pida el extranjero,
para que todos los pueblos de la tierra conozcan tu Nombre y te teman, como
tu pueblo Israel, y sepan que tu Nombre es invocado sobre esta Casa que yo
he construido.
34 «Si tu pueblo
va a la guerra contra sus enemigos por el camino por el que tú le envíes, si
oran a ti, vueltos hacia esta ciudad que tú has elegido, y hacia la Casa que
yo he construido a tu Nombre,
35 escucha tú
desde los cielos su oración y su plegaria y hazles justicia.
36 Cuando pequen
contra ti - pues no hay hombre que no peque - y tú, irritado contra ellos,
los entregues al enemigo, y sus conquistadores los lleven cautivos a un país
lejano o cercano,
37 si se
convierten en su corazón en la tierra a que hayan sido llevados, si se
arrepienten y te suplican en la tierra de su cautividad, diciendo: "Hemos
pecado, hemos sido perversos, somos culpables";
38 si se vuelven
a ti con todo su corazón y con toda su alma en el país de la cautividad al
que fueren deportados, y te suplican vueltos hacia la tierra que tú diste a
sus padres y hacia la ciudad que tú has elegido y hacia la Casa que yo he
edificado a tu Nombre,
39 escucha tú
desde los cielos, lugar de tu morada, su oración y su plegaria; hazles
justicia y perdona a tu pueblo los pecados cometidos contra ti.
40 «Que tus ojos,
Dios mío, estén abiertos, y tus oídos atentos a la oración que se haga en
este lugar.
41 Y ahora
¡levántate, Yahveh Dios, hacia tu reposo, tú y el arca de tu fuerza! ¡Que
tus sacerdotes, Yahveh Dios, se revistan de salvación. y tus fieles gocen de
la felicidad!
42 Yahveh, Dios
mío, no rehaces el rostro de tu Ungido; acuérdate de las misericordias
otorgadas a David tu siervo.»
1 Cuando Salomón
acabó de orar, bajó fuego del cielo que devoró el holocausto y los
sacrificios; y la gloria de Yahveh llenó la Casa.
2 Los sacerdotes
no podían entrar en la Casa de Yahveh, porque la gloria de Yahveh llenaba la
Casa de Yahveh.
3 Entonces todos
los hijos de Israel, viendo descender el fuego y la gloria de Yahveh sobre
la Casa, se postraron rostro en tierra sobre el pavimento y adoraron y
alabaron a Yahveh «porque es bueno, porque es eterno su amor».
4 Luego el rey y
todo el pueblo ofrecieron sacrificios ante Yahveh.
5 El rey Salomón
ofreció en sacrificio 22.000 bueyes y 120.000 ovejas. Así inauguraron la
Casa de Dios el rey y todo el pueblo.
6 Los sacerdotes
atendían a su ministerio, mientras los levitas glorificaban a Yahveh con los
instrumentos que el rey David fabricó para acompañar los cánticos de Yahveh,
«porque es eterno su amor», ejecutando los cánticos compuestos por David.
Los sacerdotes estaban delante de ellos tocando las trompetas, y todo Israel
se mantenía en pie.
7 Salomón
consagró el interior del patio, que está delante de la Casa de Yahveh, pues
ofreció allí los holocaustos y las grasas de los sacrificios de comunión, ya
que el altar de bronce que había hecho Salomón no podía contener el
holocausto, la oblación y las grasas.
8 Entonces
Salomón celebró la fiesta durante siete días y con él todo Israel, en magna
asamblea, venida desde la Entrada de Jamat hasta el Torrente de Egipto.
9 El día octavo
tuvo lugar la asamblea solemne, pues habían hecho la dedicación del altar
por siete días, de manera que la fiesta duró siete días.
10 El día
veintitrés del mes séptimo, Salomón envió al pueblo a sus tiendas alegre y
contento en su corazón por el bien que Yahveh había hecho a David, a Salomón
y a su pueblo Israel.
11 Acabó Salomón
la Casa de Yahveh y la casa del rey y llevó a cabo todo cuanto se había
propuesto hacer en la Casa de Yahveh y en su propia casa.
12 Aparecióse
entonces Yahveh a Salomón por la noche y le dijo: «He oído tu oración, y me
he elegido este lugar como Casa de sacrificio.
13 Si yo cierro
el cielo y no llueve, si yo mando a la langosta devorar la tierra, o envío
la peste entre mi pueblo;
14 y mi pueblo,
sobre el cual es invocado mi Nombre, se humilla, orando y buscando mi
rostro, y se vuelven de sus malos caminos, yo les oiré desde los cielos,
perdonaré su pecado y sanaré su tierra.
15 Mis ojos
estarán abiertos, y mis oídos atentos a la oración que se haga en este
lugar;
16 pues ahora he
escogido y santificado esta Casa, para que en ella permanezca mi Nombre por
siempre. Allí estarán mis ojos y mi corazón todos los días.
17 Y en cuanto a
ti, si andas en mi presencia como anduvo tu padre David, haciendo todo lo
que he mandado y guardando mis decretos y mis sentencias,
18 afianzaré el
trono de tu realeza como pacté con tu padre David diciendo: "No te faltará
un hombre que domine en Israel."
19 Pero si os
apartáis, abandonando los decretos y los mandamientos que os he dado, y vais
a servir a otros dioses, postrándoos ante ellos,
20 os arrancaré
de mi tierra que os he dado; arrojaré de mi presencia esta Casa que yo he
consagrado a mi Nombre y la haré objeto de proverbio y de escarnio entre
todos los pueblos.
21 Y esta Casa
que es tan sublime vendrá a ser el espanto de todos los que pasen cerca de
ella, de modo que dirán: "¿Por qué ha hecho así Yahveh a esta tierra y a
esta Casa?"
22 Y se
responderá: "Porque abandonaron a Yahveh, el Dios de sus padres que los sacó
de la tierra de Egipto, y han seguido a otros dioses, se han postrado ante
ellos y les han servido; por eso ha hecho venir sobre ellos todo este mal."»
1 Al cabo de los
veinte años que empleó Salomón en edificar la Casa de Yahveh y su propia
casa,
2 reconstruyó las
ciudades que Juram le había dado, y estableció allí los israelitas.
3 Salomón marchó
contra Jamat de Sobá y se apoderó de ella;
4 reedificó
Tadmor en el desierto, y todas las ciudades de avituallamiento que construyó
en Jamat;
5 reconstruyó Bet
Jorón de arriba y Bet Jorón de abajo, ciudades fortificadas, con murallas,
puertas y barras,
6 y Baalat, con
todas las ciudades de avituallamiento que pertenecían a Salomón, todas las
ciudades de carros y las ciudades para los caballos, y todo cuanto quiso
edificar en Jerusalén, en el Líbano y en toda la tierra de su dominio.
7 Con toda la
gente que había quedado de los hititas, los amorreos, los perizitas, los
jivitas y los jebuseos, que no eran israelitas,
8 cuyos
descendientes habían quedado después de ellos en el país y a los que los
israelitas no habían exterminado, hizo Salomón una leva que dura hasta el
día de hoy.
9 Pero no empleó
Salomón a ninguno de los israelitas como esclavo para sus obras, sino como
hombres de guerra, jefes y escuderos, comandantes de sus carros y de sus
caballos.
10 Los jefes de
las guarniciones que tenía el rey Salomón eran 250, que gobernaban al
pueblo.
11 Salomón hizo
subir a la hija de Faraón desde la Ciudad de David a la casa que había
edificado para ella; pues se decía: «No debe habitar mujer mía en la casa de
David, rey de Israel; porque los lugares donde ha estado el arca de Yahveh
son sagrados.»
12 Entonces
empezó a ofrecer Salomón holocaustos a Yahveh sobre el altar de Yahveh, que
había erigido delante del Ulam;
13 ofreció
holocaustos según el rito de cada día, conforme a los prescrito por Moisés,
en los sábados, los novilunios y en las solemnidades, tres veces al año: en
la fiesta de los Ázimos, en la fiesta de las Semanas y en la fiesta de las
Tiendas.
14 Estableció
también las secciones de los sacerdotes en sus servicios conforme al
reglamento de su padre David, a los levitas en sus cargos de alabar y servir
junto a los sacerdotes, según el rito de cada día; y a los porteros con
arreglo a sus secciones, en cada puerta; porque ésta era la orden de David,
hombre de Dios.
15 No se
apartaron en nada de la orden del rey en lo tocante a los sacerdotes y los
levitas, ni tampoco en lo relativo a los tesoros.
16 Así fue
dirigida toda la obra de Salomón, desde el día en que se echaron los
cimientos de la Casa de Yahveh hasta su terminación. Así fue acabada la Casa
de Yahveh.
17 Entonces
Salomón fue a Esyón Guéber y a Elat, a orillas del mar, en el país de Edom,
18 y Juram le
envió, por medio de sus siervos, navíos y marinos conocedores del mar, que
fueron con los siervos de Salomón a Ofir, de donde tomaron 450 talentos de
oro, que trajeron al rey Salomón.
1 La reina de
Sabá había oído la fama de Salomón, y vino a Jerusalén para probar a Salomón
por medio de enigmas, con gran séquito y con camellos que traían aromas,
gran cantidad de oro y piedras preciosas. Llegada que fue donde Salomón, le
dijo todo cuanto tenía en su corazón.
2 Salomón
resolvió todas sus preguntas; y no hubo ninguna proposición oscura que
Salomón no pudiese resolver.
3 Cuando la reina
de Sabá vio la sabiduría de Salomón y la casa que había edificado,
4 los manjares de
su mesa, las habitaciones de sus servidores, el porte de sus ministros y sus
vestidos, sus coperos con sus trajes y los holocaustos que ofrecía en la
Casa de Yahveh, se quedó sin aliento,
5 y dijo al rey:
«Verdad es cuanto oí decir en mi tierra de tus palabras y de tu sabiduría.
6 No daba yo
crédito a lo que se decía, hasta que he venido y lo he visto con mis propios
ojos; y encuentro que no se me había contado ni la mitad de la grandeza de
tu sabiduría, pues tú superas todo lo que oí decir.
7 ¡Dichosas tus
gentes! ¡Dichosos estos tus servidores, que están siempre en tu presencia y
escuchan tu sabiduría!
8 ¡Bendito sea
Yahveh, tu Dios, que se ha complacido en ti, poniéndote sobre su trono como
rey de Yahveh, tu Dios, por el amor que tu Dios tiene hacia Israel para
conservarle por siempre, y te ha puesto por rey sobre ellos para administrar
derecho y justicia!»
9 Dio al rey 120
talentos de oro, gran cantidad de aromas y piedras preciosas. Nunca hubo
aromas como los que la reina de Sabá dio al rey Salomón.
10 Los siervos de
Juram y los siervos de Salomón, que habían traído oro de Ofir, trajeron
también madera de algummim y piedras preciosas.
11 Con la madera
de algummim hizo el rey entarimados para la Casa de Yahveh y la casa del
rey, cítaras y salterios para los cantores. No se había visto nunca en la
tierra de Judá madera semejante.
12 El rey Salomón
dio a la reina de Sabá todo cuanto ella quiso pedirle, aparte lo que ella
había traído al rey. Después se volvió y regresó a su país con sus
servidores.
13 El peso del
oro que llegaba a Salomón cada año era de 666 talentos de oro,
14 sin contar las
contribuciones de los mercaderes y comerciantes. Todos los reyes de Arabia y
los inspectores del país traían oro y plata a Salomón.
15 Hizo el rey
Salomón doscientos grandes escudos de oro batido, aplicando seiscientos
siclos de oro batido en cada escudo,
16 y trescientos
escudos pequeños de oro batido, aplicando trescientos siclos de oro en cada
escudo; el rey los colocó en la casa «Bosque del Líbano».
17 Hizo el rey un
gran trono de marfil y lo revistió de oro puro.
18 El trono tenía
seis gradas y un cordero de oro al respaldo, y brazos a uno y otro lado del
asiento, y dos leones, de pie, junto a los brazos.
19 Más doce
leones de pie sobre las seis gradas a uno y otro lado. No se hizo cosa
semejante en ningún reino.
20 Todas las
copas de beber del rey Salomón eran de oro, y toda la vajilla de la casa
«Bosque del Líbano» era de oro fino. La plata no se estimaba en nada en
tiempo del rey Salomón.
21 Porque el rey
tenía naves que navegaban a Tarsis con los siervos de Juram, y cada tres
años venía la flota de Tarsis trayendo oro y plata, marfil, monos y pavos
reales.
22 Así el rey
Salomón sobrepujó a todos los reyes de la tierra en riqueza y sabiduría.
23 Todos los
reyes de la tierra querían ver el rostro de Salomón, para oír la sabiduría
que Dios había puesto en su corazón.
24 Y cada uno de
ellos traía su presente, objetos de plata y objetos de oro, vestidos, armas,
aromas, caballos y mulos, año tras año.
25 Tenía Salomón
4.000 caballerizas para sus caballos y carros, y 12.000 caballos, que puso
en cuarteles en las ciudades de los carros y en Jerusalén junto al rey.
26 Dominaba sobre
todos los reyes desde el Río hasta el país de los filisteos y hasta la
frontera de Egipto.
27 Hizo el rey
que la plata fuese tan abundante en Jerusalén como las piedras, y los cedros
como los sicómoros de la Tierra Baja.
28 Traían también
caballos para Salomón de Musur y de todos los países.
29 El resto de
los hechos de Salomón, los primeros y los postreros, ¿no están escritos en
la historia del profeta Natán, en la profecía de Ajías el silonita, y en las
visiones de Yedó el vidente, sobre Jeroboam, hijo de Nebat?
30 Salomón reinó
en Jerusalén sobre todo Israel cuarenta años.
31 Se acostó
Salomón con sus padres, y le sepultaron en la ciudad de su padre David. En
su lugar reinó su hijo Roboam.
1 Fue Roboam a
Siquem, porque todo Israel había ido a Siquem para proclamarle rey.
2 Apenas lo supo
Jeroboam, hijo de Nebat, que estaba todavía en Egipto, adonde había ido
huyendo del rey Salomón, volvió de Egipto,
3 pues habían
enviado a llamarle. Vino entonces Jeroboam con todo Israel, y hablaron a
Roboam diciendo:
4 «Tu padre ha
hecho pesado nuestro yugo; ahora tú aligera la dura servidumbre de tu padre
y el pesado yugo que puso sobre nosotros y te serviremos.»
5 El les dijo:
«Volved a mí de aquí a tres días.» Y el pueblo se fue.
6 El rey Roboam
pidió consejo a los ancianos que habían servido a su padre Salomón, en vida
de éste, diciendo: « ¿Qué me aconsejáis que responda a este pueblo?»
7 Ellos le
respondieron: «Si eres bueno con este pueblo y les sirves y les das buenas
palabras, serán siervos tuyos para siempre.»
8 Pero él
abandonó el consejo que los ancianos le aconsejaron y pidió consejo a los
jóvenes que se habían criado con él y estaban a su servicio.
9 Les dijo: «¿Qué
me aconsejáis que responda a este pueblo que me ha hablado diciendo:
"Aligera el yugo que tu padre puso sobre nosotros?"»
10 Los jóvenes
que se habían criado con él le respondieron diciendo: «Esto debes responder
al pueblo que te ha dicho: "Tu padre hizo pesado nuestro yugo, ahora tú
aligera nuestro yugo", esto debes responder: "Mi dedo meñique es más grueso
que los lomos de mi padre.
11 Un yugo pesado
os cargó mi padre, mas yo haré más pesado vuestro yugo; mi padre os ha
azotado con azotes, pero yo os azotaré con escorpiones."»
12 Volvieron,
pues, Jeroboam y todo el pueblo al tercer día donde Roboam, según lo que
había dicho el rey: «Volved a mí al tercer día»;
13 y el rey les
respondió con dureza, abandonando el consejo de los ancianos,
14 y hablándoles
según el consejo de los jóvenes, diciendo: «Mi padre hizo pesado vuestro
yugo, yo lo haré más pesado todavía; mi padre os azotó con azotes, pero yo
os azotaré con escorpiones.»
15 No escuchó el
rey al pueblo, pues se trataba de una intervención de Dios para dar
cumplimiento a la palabra que Yahveh había anunciado a Jeroboam, hijo de
Nebat, por medio de Ajías de Silo.
16 Viendo todo
Israel que el rey no le oía, replicó el pueblo al rey diciendo: «¿Qué parte
tenemos nosotros con David? No tenemos herencia en el hijo de Jesé. ¡A tus
tiendas, Israel! Mira ahora por tu casa, David.» Y todo Israel se fue a sus
tiendas.
17 Roboam reinó
sobre los israelitas que habitaban en las ciudades de Judá.
18 El rey Roboam
envió a Adoram, jefe de la leva, pero los israelitas le mataron a pedradas y
murió. Entonces el rey Roboam se apresuró a subir a su carro para huir a
Jerusalén.
19 Israel está en
desobediencia contra la casa de David hasta el día de hoy.