Akhy - Egipto
Akhy-Egipto
Creaciones
Por Ankhsenamón / Khemet_Sematawy
La Misteriosa Dama
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La misteriosa Dama adorando a la diosa gata Bastet |
Tutankhamón |
Varias de mis hermanas fallecieron debido a la enfermedad, y otra, Maketaton, debido a un parto. Era la favorita de la Pareja Real, y sé que Padre no me llevó a su lecho debido a ello, aunque fingió haber tenido una hija conmigo para contentar a las Dos Tierras.
Después todo fue muy rápido, Padre enfermó, según los médicos, por adorar tanto a Atón bajo sus rayos sin protección alguna. Pero tanto Tuankhatón como yo pensamos que habían sido los sacerdotes de Amón, aquellos a los que la Pareja Real había arrebatado el poder que llegó a competir con el de la Casa Real.
Nefertiti, mi madre, ocupó el lugar de mi padre, y se hizo coronar como Smenkhare. Fue ella la que hizo abandonar Akhet-Atón para volver a Waset y volver a restaurar el culto a los antiguos dioses. También nos unió a Tutankhatón y a mí en matrimonio al mismo que cambiaba el nombre de Atón por el de Amón en nuestros nombres.
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Nefertiti |
Durante la boda, Tutankhamón me obsequió con un papiro en el que, por lo visto, había estado trabajando la noche anterior. Éramos él y yo, como pareja real, sentados ante una mesa rodeados de las hijas que tendríamos. Incluso estaban Reshera y otro gato.
-Deseo que seamos una familia –me dijo y luego aclaró- una verdadera familia.
No como lo había sido mi familia, después de unos pocos años, cada hija casi nos habíamos ido, sin figura materna que no se arrodillara ante nosotras.
Junto a mi esposo tuve que aprender las antiguas tradiciones y junto a mi madre adorar a los antiguos dioses, sobre todo a la diosa Bastet que me había enviado a Reshera aquella que me hacía compañía cuando tenía que estar sola.
Madre nos tenía más vigilados que nunca, temerosa tal vez, de un atentado contra nosotros. No nos gustaba nada la idea, no creíamos que tuviéramos enemigos… ¿quién iba a matarnos entonces?
Poco después madre falleció y mi hermano y yo subimos al Trono de Horus.
Casi inmediatamente después de que madre falleciera, descubrí que estaba encinta, Tutankhamón se alegró y se aseguró de que recibiera los mejores cuidados. Pero yo no podía dar a luz a príncipes de las Dos Tierras, los murmullos hablaban de una maldición de los hijos de la herejía. A pesar de todos los fracasos, Tutankhamón seguía teniendo la esperanza de concebir un hijo conmigo.
-Prueba con las mujeres de harén –le solía decir.
El me besaba y respondía:
-Tú eres mi reina y mi hermana. Sólo un hijo de tu carne será Faraón.
-El hijo que tengas en otro lecho lo adoptaré como mío –le comenté.
Pero él siempre contestaba:
-Yo sólo te amo a ti, y quiero que nuestro hijo sienta nuestro amor desde su concepción.
Llegó un momento en que por fin parecía que iba a darle un hijo, pues llevaba seis meses sin dificultad alguna. Visto aquello, y que Egipto parecía que por fin ponía rumbo de nuevo hacia el esplendor (según Horemheb íbamos recuperando las antiguas fronteras y según Ay Las Dos Tierras habían recuperado la prosperidad), Tutankhamón decidió organizar una gran fiesta insistiéndome en que:
-Tú no te preocupes por nada.
No había motivos de preocupación, Egipto iba bien, por fin iba a dar un heredero que gobernaría las Dos Tierras, los dioses nos habían sonreído, habían vuelto a Egipto. Pero ningún dios pudo evitar que la fiesta acabase de una forma tan brusca. Tutankhamón cayó inconsciente delante de todos en un trono a mi lado.
-¡Que venga el médico! –ordené mientras trataba por mis medios de reanimar a mi hermano.
Cuando llegó, el mundo se me cayó encima, pues después de tocar aquí y allá en el cuerpo de Tutankhamón, sentenció:
-El Halcón ha volado.
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