Akhy - Egipto

 

Akhy-Egipto

 

Creaciones

Por Ankhsenamón / Khemet_Sematawy

 La Misteriosa Dama

La Misteriosa Dama como Esposa Real

Reshera en una pequeña silla de Tutankhamón

4.ª Parte

Lo único que recuerdo es que me desperté en mi lecho mientras me reanimaban. Por unos instantes pensé que todo había sido un mal sueño y que mi hermano estaría ya ocupándose de los asuntos de gobierno. Mas el mismo hecho de oír los lamentos de las plañideras y ver que los presentes vestían de luto, comprendí que no había sido un sueño.

Pero todavía no había acabado mi desgracia, pues  cuando intenté levantarme, el médico me dijo:

-Mi señora debería descansar. Ha de recuperar las fuerzas.

Ante mi mirada de extrañeza, el médico no sabía cómo explicarse:

-Ha perdido al niño que llevaba en su vientre.

Los despedí a todos (sólo autorizando a Reshera para que aliviara mi dolor) y lloré por mi hermano y nuestro hijo no nacido. 

Al día siguiente, mientras Horemheb y Ay se ocupaban del entierro y de Egipto, me dediqué a pasear por los jardines junto a Reshera. Me preguntaba qué era lo que debía hacer, no había en las Dos Tierras nadie cuyo estatus fuera del mismo nivel que el mío, pues de esa manera contraeríamos matrimonio y gobernaríamos la Tierra Negra al mismo tiempo que yo aportaría un heredero.

Decidí pues contactar con el pueblo hitita, el cual estaba suponiendo una amenaza. Sí contraía matrimonio con uno de esos príncipes, yo tendría un esposo, Egipto un faraón y el pueblo hitita la paz. Debía de darme prisa, sólo tenía los días de luto por la muerte de mi esposo. Mandé una carta pues a ese reino, y grande fue mi sorpresa cuando vi que el pueblo hitita dudaba de mis palabras. El tiempo corría y, desesperada, insistí una segunda vez.

No recibí respuesta alguna y no me alerté pues pensaba que la tardanza de mi futuro marido era algo normal. Sólo sospeché cuando el día en que enterramos a mi hermano no había llegado el príncipe.

Horemheb y Ay habían descubierto mis intenciones y en una reunión secreta me vi obligada por ellos a casarme con Ay pues amenazaban con matarme acusada de traición. En esa reunión, descubrí que había sido una de mis sirvientas la que les había hecho entrega de mi correo.

-Traidora –dijo escupiéndome a la cara.

La despedí, no la volvería a ver. Pero quien sí la vería sería Reshera pues encontré se cuerpo acuchillado en mi lecho. Ordené que la momificaran y la introdujeran en un sarcófago que yo coloqué después junto a mi lecho, deseando, la noche en la que debía consumar mi matrimonio con Ay, reunirme con ella.

Pero Ay jamás consumó nuestro matrimonio, todas las noches las pasaba con las concubinas. Ello hizo que me tranquilizara, que creyera que seguiría como Gran Esposa Real, hasta que  tras unos pocos días de enfermedad, el médico me informó:

-El Halcón ha volado.

          Era la segunda vez que oía esa frase y ahora me veía atada de pies y manos.

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