Akhy - Egipto

 

Akhy-Egipto

 

Creaciones

Por Ankhsenamón / Khemet_Sematawy

 Bastet: una vez por generación

2.ª parte

La princesa Ankhesenpaatón creció feliz gracias al cariño de su padre y de la diosa Bastet.

Una mañana, cuando la princesa tendría unos cinco años, su nodriza y ella salieron a pasear mientras contemplaban la belleza de la capital que el faraón había hecho construir.

-¿Es la reina verdaderamente mi madre? –le preguntó la princesa mientras pasaban junto a una madre y una hija que compraban en un puesto del mercado de la ciudad.

Bastet comprendió al instante la pregunta, la pequeña princesa se preguntaba por qué su madre no la quería. ¿Cómo explicárselo?

La llevó a la zona más humilde de la ciudad y se pararon ante una gata que amamantaba a sus hijos al mismo tiempo que los limpiaba.

-Si me preguntas quién te trajo a este mundo, sí, Nefertiti fue la que te llevó durante nueve meses en su vientre. Pero observa a la madre gata, no sólo los pare. Quiero que veas que ella se ocupa de que sus hijos aprendan lo necesario para la vida, al mismo tiempo que los alimenta, limpia y protege. Madre es aquella que imita a la madre gata.

Ankhesenpaatón la abrazó diciendo:

-Tú eres mi madre.

No volvieron a hablar del tema, pero a partir de entonces, fue la princesa la que se fue alejando de la reina y acercándose más aún a su padre y a su nodriza.

Un día, Bastet decidió darle una importante lección a Ankhesenpaatón. Le llevó una pequeña gata y le dijo:

-Hay algo más que has de aprender de los gatos. Tú, aunque hija de los dioses, no eres más hija de los dioses que los demás seres del mundo, sean humanos o no. No eres el centro del mundo, aprenderás que todos los seres debemos colaborar entre nosotros para vivir.

La princesa apreció el presente de su nodriza más que a todos los ricos regalos que le ofrecía su padre de forma constante. La tercera hija de Akhenatón fue feliz durante largos años con su gata y son su nodriza. Y más feliz fue cuando llegó Tutankhatón a la ciudad para vivir.

Pero la desgracia llegó cuando falleció, debido a un parto, la segunda hija de la Pareja Real y esposa del faraón. Poco después, el faraón llamó a su tercera hija al lecho. Buscaba un heredero que siguiera sus pasos, y debía obtenerlo de su propia sangre.

-Creía que me quería –le dijo la princesa llorosa mientras Bastet restregaba su cabeza contra su pierna.

Bastet le contestó con voz tranquilizadora:

-Te quiere, pero se equivoca de medio. Yo impediré que siga errado respecto a ti.

Así fue cómo se presentó ante los aposentos del faraón. Pero éste no apreció en la oscuridad que se trataba de la nodriza de su hija y creyó consumir el matrimonio. A la mañana siguiente vio su error y preguntó:

-¿Dónde está mi hija?

-En sus habitaciones –respondió la diosa.

Después le dijo:

-Señor, he sido enviada por Atón para advertirle a Su Majestad que como consuma el matrimonio con cualquiera de sus hijas, las verá morir y no obtendrá heredero alguno.

No le dio al faraón tiempo para que replicase pues desapareció envuelta en luz. No había sido enviada por Atón, pero era mejor decirle eso que descubrirle que en realidad era la diosa Bastet. La diosa jamás le hablaría a Ankhesenpaatón acerca de su encuentro íntimo con su padre.

Pocos meses después, unos enamoradísimos Tutankhatón y Ankhesenpaatón se unirían en matrimonio. Mientras, Ankhesenpaatón le reconoció a su padre como propia a una hija de una sirvienta para que pareciera que habían consumado el matrimonio. No volvería a ver a Ankhesenpaatón-tasherit.

Sucedió por aquel entonces que faraón murió y que después de los setenta días de luto subieron al trono Smenkhare (el hermano de Tutankhamón) y su esposa la reina Meritaton (la primogénita de Akhenatón y hermana mayor de Ankhesenpaatón). Durante los pocos años de su reinado ambos príncipes siguieron al cuidado de Bastet.

En la intimidad de sus aposentos, Bastet les hablaba de la Historia y de sus antepasados empezando desde el principio de todo:

-Al principio todo era oscuridad…

-¿Y surgió Atón? –preguntó Tutankhatón sonriente con la gata de su hermana entre las piernas.

Bastet sonrió e hizo un gesto de asentimiento mientras contestaba:

-Muchas formas oiréis acerca del Principio y todas han de ser respetadas. Ninguna es superior y todas son interesantes para comprender a otras sociedades.

Sorprendió a todos la decisión del faraón de mudar la capital a Tebas. El traslado fue digno de ver. Las embarcaciones reales eran saludadas desde ambas orillas, sobre todo la de los príncipes, los únicos miembros de la Familia Real que se dejaron ver.

En Tebas se encontraron con otros dioses a los que adorar, pero los sacerdotes se asombraron cuando vieron que tanto Tutankhatón como Ankhesenpaatón conocían a las antiguas divinidades.

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