Akhy - Egipto

 

Akhy-Egipto

 

Creaciones

Por Ankhsenamón / Khemet_Sematawy

 Bastet: una vez por generación

3.ª Parte

A Tebas llegó la noticia de que el único miembro de la familia real que permanecía en Akhet-Atón, la capital de Akhenatón, había fallecido. Según decían se trataba de una fiebre; otros apuntaban a un asesinato. Al contrario que con la muerte de su padre, Ankhesenpaatón no derramó ni una sola lágrima por aquella que la había traído al mundo, la que había sido la reina más hermosa de Egipto, Nefertiti.

Pero sólo celebraron los setenta días de luto cuando Smenkhare falleció debido a la enfermedad. Tutankhatón y Ankhesenpaatón serían coronados como Tutankhamón y Ankhesenamón.

Lo que más le preocupaba a la reina era el hecho de que no podía darle un heredero a su esposo. Bastet sólo se atrevió a decirle la verdad, cuando la joven reina dio a luz a un hijo muerto:

-Sois de la misma sangre, una misma sangre que ha sido demasiado mezclada. Por ello no podrás darle un hijo a las Dos Tierras.

Fue la única vez en que la reina se enfadó con Bastet. Pero ni una de las dos se percató de que alguien las había espiado. Fue lo que marcaría el destino de los últimos miembros de la dinastía empezada por el gran faraón Ahmosis.

Las relaciones amorosas de la Pareja Real aumentaron, en un intento de la reina por desmentir lo que le había dicho su nodriza. Una noche, en un gran banquete, Ankhesenamón bebió del baso de Tutankhamón y él del de su reina entrecruzando sus brazos. Instantes después de ingerir la bebida del baso de su esposa, el faraón cayó muerto.

Un grito de dolor salió de la garganta de la reina. Llorosa, intentó reanimar a su esposo y sólo paró cuando Bastet le dijo:

-Está muerto. Pero el veneno no iba dirigido a él.

Empezaron los días de luto y la reina viuda tuvo que sobreponerse. A pesar de que le dolía hacerlo, pensó que lo mejor para Khemet era que contrajera matrimonio y hacer así que las Dos Tierras tuvieran un nuevo hijo de Horus en el trono.

-Pero no hay nadie en todo Egipto que en dignidad me equivalga para poder desposarme. –pensó la reina.

Entonces recurrió a algo que después sería considerado como una traición. A pesar de la desconfianza del rey de los hititas, el mayor enemigo de las Dos Tierras, la reina logró que le enviara un príncipe para desposarla. Tarde supo que su prometido fue víctima de una emboscada del general Horemheb, pues el Divino Padre Ay le obligó a contraer matrimonio con él mientras decía:

-Si valoras tu vida, cásate conmigo.

Pero su boda con Ay, que jamás llegaría a consumarse, sólo le daría contados años de vida; pues tras su muerte, Horemheb, casado con una hermana de Nefertiti, se coronó Señor de las Dos Tierras y después la acusó de traición llevándola al juicio del visir. La noche anterior el General la visitó en sus aposentos y le dijo:

-Tú eras el destino del veneno que ingirió Tutankhamón, tú eras la que debía morir, para que él se desposara con alguna noble y pudiera tener un heredero.

-¡Asesino! –gritó la reina intentando golpearle.

Horemheb sonreía cuando dijo:

-Si lograras matarme, serías acusada de asesinato.

Después de un juicio en el que no pudo defenderse, fue condenada a muerte por envenenamiento encerrada en una mazmorra. Era una habitación oscura y vacía en la que solamente se encontraban el baso con el veneno y ella.

Entonces, apareció una luz que dejó paso a su nodriza elegantemente vestida.

-¿Quién eres tú? –preguntó asustada.

Bastet sonrió y respondió:

-Soy la diosa Bastet y he cuidado de ti desde que llegaste a este mundo.

-¿Por qué no me lo dijiste antes? –preguntó Ankhesenamón asustada.

Bastet contestó tendiéndole una mano:

-No me habrías querido de forma sincera. Ahora, por tu cariño, te invito a que vengas conmigo.

-¿Es una fuga?

-No, es tu reencuentro con Tutankhamón.

Ankhesenamón le dio la mano y diosa y reina fueron envueltas en luz. Cuando la luz desapareció, en la celda sólo quedó el cuerpo de una anciana y el baso lleno de veneno.

Bastet se encontraba junto a Ankhesenamón y Tuankhamón contemplando las Dos Tierras cuando sentenció:

-En cada generación habrá una niña que yo protegeré y enseñaré. Los dioses hemos de intervenir para que la Historia siga su curso, pues nuestro trabajo de creación nunca acaba.

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