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Conducta barbuda  
ante todo has de cuidar. Con ella ganas dinero y tambi�n es lo primero que adorna tu melonar.
Los versos, seg�n los entendidos, no van muy all�, pero debemos reconocer que son inspirados y did�cticos. Al ciudadano Iscariote Recl�s, al principio la barba no le sal�a sino muy rala y por parroquias, pero despu�s se dio con petr�leo y hubo de verla lucida y rebosante de prosperidad. La receta se la aconsej� otro barbas, el Sime�n Calatayud, hombre de tendencias reformistas cuya residencia habitual era el castillo de Montjuich. El Sime�n Calatayud no era catal�n sino aragon�s, aunque llevaba viviendo desde ni�o en Barcelona y sol�a expresarse con m�s frecuencia en catal�n que en castellano. Era hombre muy propenso a la oratoria y, en cuanto sal�a de la c�rcel y llegaba a su casa, se asomaba al balc�n y arengaba a los obreros con unas soflamas incendiarias que, como era previsible, no quedaban del completo agrado de la autoridad, sino m�s bien al rev�s. La autoridad, por regla general, suele ser mani�tica y poco amiga de que se le lleve la contraria. El Calatayud, que era incansable, no interrump�a su discurso hasta que llegaban los civiles, a veces a las cuatro o cinco horas de haber empezado con las palabras sacramentales: �Ciudadanos con dignidad! �Hombres que anhel�is sacudiros el yugo de la tiran�a! �Esclavos que ma�ana ser�is libres como el ave! �Escuchadme! Al terminar su perorata, el Calatayud sal�a otra vez para Montjuich y as�, yendo y viniendo, estuvo durante a�os. Un d�a, sin previo aviso, el Sime�n Calatayud se cort� la coleta de la oratoria y la barba prof�tica, abri� una barber�a, �qu� paradoja!, y vivi� el resto de su vida como un burgu�s, sin acordarse siquiera de sus pret�ritas aficiones. El ciudadano Iscariote Recl�s, cuando se enter�, procur� disimular.
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