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No se puede
decir que el mundo de las grandes estrellas del pop y del rock sea uno de los ambientes mas apropiados para mantener
la cabeza serena. Lou Reed me contó con pelos y señales como una voz que salía del
asiento trasero y (vacío) de su coche le insto un buen dia a dejar la heroína, cosa que, por supuesto, él
hizo (y quien no, en semejante circunstancia), y Keith Richards, el Rolling Stones mas truculento, podía pasarse cinco largas
minutos mirándote y sonriendo amablemente con su cara de ogro sin pronunciar una sola
palabra. Quiero decir que una esta ya acostumbrada a cierta extravagancia; pero mientras
esperaba en el vestíbulo del hotel de Londres a que bajara a buscarme un tal Karen Lee, pense que el artista que antes era conocido como Prince podía batir
todos los récords de rareza. El hotel, por cierto, era el exclusivo Conrad, y frente a mí, sentada al otro lado de una mesa en el vestíbulo, había una mujer de unos 65 años con un vaso en la mano. "Perdone", dijo de repente, por supuesto, en ingles: "¿Es usted escritora?". Tuve que admitir que, en efecto, lo era y exprese mi asombro ante su pregunta. "La vida es asombrosa", contesto ella; para entonces yo ya había tenido ocasión de advertir que, mas agarrar la copa, se sujetaba a ella, de modo que si alguien le hubiera quitado el whisky de la mano, probablemente la mujer se habría desplomado sobre la gruesa alfombra. En ese momento unos gritos rompieron el silencio de lujo del hotel. "¡Ah!", Exclamo mi interlocutora, "ahí vienen". Y en efecto, ahí vinieron, una muchacha de unos veinte años, alta y espectacular, con todo el aspecto de una modelo, forcejeando con un hombre elegante de mediana edad que la arrastra por un brazo. La chica se tambaleaba y farfullaba: "¡No es así, no es así!", Con la voz emborronada por alguna sustancia intoxicante. La mujer del vaso se acerco a ellos: "¡Cállate! ¡Cállate ! Ahora mismo!", Le chillo a la chica con sorprendente energía y la chica se callo, y el hombre la arrastro hacia el ascensor y desaparecieron los dos en un instante. "¿Que le pasaba a la muchacha?", no pude por menos que preguntarle a la mujer. "No se, es la primera vez que la veo en mi vida": En ese momento empece a pensar que el hotel Conrad debía de estar especializado en excéntricos ricos .llegaron Karen y un mastodonte vestido de negro y con el símbolo , hecho en oro e hincado en la solapa, y todos subimos en el ascensor, el gorila ocupando las dos terceras partes del espacio. "Después de la entrevista te haré escuchar Gold, una canción del álbum The Gold Experience", dijo Karen. "¿Que es eso de que el disco quizá no sea nunca publicado?", quise enterarme un poco más que nada por conocer un poco mejor el terreno del juego. "Oh, no te preocupes", contesto ella, agitando la mano en el aire como quien espanta una nube de moscas: "Tu simplemente no le llames Prince y todo irá bien: en realidad, es un encanto". En ese instante se abrió silenciosamente la puerta de una suite frente a mí, y en el quicio apareció él, minúsculo y relumbrado en la penumbra. Entre yo sola, la puerta se cerro, nos dijimos hola, no nos dimos la mano, me miro con esa cara entre confiada y tímida con que mira un cachorro a un visitante nuevo. |
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