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Nació en Minneapolis, Estados Unidos, hace 36 años. es una figura mítica del mundo del pop, un músico de gran creatividad y un personaje en apariencia un tanto excéntrico que oculta tras sus exagerados afeites una personalidad frágil e inocente, casi virginal. Hasta hace un par de años se llamaba Prince, pero ahora es conocido como El Artista y asegura estar viviendo una nueva vida que se desbordada imparable a partir de 1989, cuando, libre de contratos con casas discográficas, logre su sueño: hacer absolutamente lo que quiera con el inagotable caudal de su música.

Come, el último disco de Prince (perdón, el Artista antes llamado, Prince, porque ahora él ya no es él: pero de todo eso hablaremos más tarde), muestra en la portada una foto de la sagrada familia de Gaudí, motivo por el cual Barcelona le ha nombrado amic de la ciutat. el homenaje municipal debió de conmover el corazón algo torturado del músico, porque consintió en recibir a un medio de comunicación español. En los últimos diez años sólo ha concedido dos entrevistas, una a la revista Q y otra a las calebérrima Rolling Stone, de manera que cuando se nos ofreció la oportunidad de hablar con él nos quedamos pasmados.

Pasmo que aumentó, acompañado de cierta tribulación, al recibir un contrato previo a nuestra cita en Londres en el que se estipulaba las condiciones del encuentro. Según ese papel, nos comprometíamos a no llevar ninguna grabadora, bloc de notas ni bolígrafo a la entrevista, que debía desarrollar se cómo una charla y ser recogida simplemente en los pliegues de la memoria del periodista. Además, en el texto no podría referirme a él llamándole Prince, sino en todo caso, "el artista antes conocido por Prince" y preferiblemente usaría su nuevo nombre, el signo, carente, por cierto, de todo sonido pronunciable, un símbolo mudo con el que el músico se autobautizó hará unos dos años. Por último, la entrevista tendría que incluir en algún momento la frase "Prince ha muerto " así como una referencia a que todos los fans y empleados del artista llevan pulseras de oro "en memoria de The Gold Experience (la experiencia de oro), disco que quizá nunca sea editado". Esta última cláusula, sobre todo, me hizo suponer que la mente del músico había despegado definitivamente hacia la estratosfera, e incluso sospechar, o más bien temer, que el encuentro fuera digno de la película Psicosis.

 

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