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- Los sofás y las lamparas de la suite estaban cubiertos con algunas piezas de encaje
que tamizaban la luz y neutralizaban la anónima frialdad de los cuartos de hotel. No era
una decoración muy recargada,
solo unos cuantos toques primorosos.
- -Mmm, esta muy acogedor.
- -Gracias. He puesto algunas cosas.
- -¿Siempre redecora los cuartos en los que se aloja?
- -No siempre.
- -No debe ser muy relajante vivir casi siempre en
hoteles...
- -Yo me encuentro más tranquilo en un hotel.
- -¿Si? Supongo que era porque la mayoría de sus viajes son para actuar... Y para usted la
música es lo más importante.
- -Si.
- -¿Nunca ha tenido problemas de creatividad?
- -Nunca... ¿Has visto mi último vídeo?
- -¿El de The Gold Experience? creo que me lo van a enseñar luego.
- -Te lo enseño yo.
- Se levanto, fue hasta el televisor, metió el cartucho. Se movía de una manera rara, pero no exenta de
gracia, la espalda muy recta, las manos ondulantes, el cuello erguido, los pasos cortos y
algo danzarines, como una bailarina de indonesia o como si caminara sobre la punta de los
pies, cosa que, en realidad, era lo que hacia, porque calzaba unos zapatos negros con un tacos de aguja de vertiginosa altura. Y a
pesar de eso, de los tacones, apenas si me llegaba a la nariz, y no mido mas que 1.,64. Es
diminuto, brevísimo de carnes y de huesos, y solo su cabeza parece ocupar con alguna
rotundidad un lugar en el espacio. Michael Jackson ha dedicado media vida a convertirse en
un tipo físicamente anormal, pero el hoy llamado Artist ha debido de rozar la
excepcionalidad desde muy niño.
No creo que sea fácil atravesar la adolescencia metido en ese cuerpo.
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