A propósito de
un reciente libro de Walter Graziano
LAS ETAPAS DEL
IMPERIO DE HOLLYWOOD:
DE RAMBO A
MATRIX
Introducción:
En otras oportunidades hemos
hecho notar que una de las características principales que tiene el actual
imperio norteamericano es su carácter mediático (1). A diferencia de otras figuras similares en
la historia que priorizaron el uso de las armas o de la diplomacia para el
dominio de los pueblos, oficiando en ellos la propaganda como un recurso
subordinado, dicho "imperio" es principalmente propagandístico y
cultural, tratando de lograr en la mayoría de los casos, mediante una serie
de sugestiones, producidas a través de un gran despliegue tecnológico como
nunca existiera antes, una sensación de sometimiento que en cambio no puede
obtener en igual medida con otros procedimientos. A través de las mismas ha
tratado de brindar entre las diferentes poblaciones del planeta, a partir de
los efectos especiales producidos principalmente por el cine y la televisión,
ciertas imágenes e ideas fijas proclives en generar una convicción absoluta e
indubitable respecto de que se trata de un poder universal, omnímodo e
invencible que todo lo puede y ante el cual cualquier resistencia que intentara
oponérsele estaría, o condenada anticipadamente al fracaso, o en última
instancia utilizada astutamente por aquel al que se pretende combatir.
Agreguemos también que este
imperio mediático, en función de un mejor logro de su objetivo de sometimiento,
ha intentado vincular esta imagen de dominio universal con una idea solidaria y
equivalente de justicia que el mismo encarnaría, tratando así de asociar,
simultáneamente al miedo y admiración que suscita, junto a una infinidad de
chucherías tecnológicas que ha producido con la finalidad de impresionar a sus
sometidos, una adhesión incondicional hacia la causa que dice sustentar. Pero,
en caso de que ello no hubiese sido posible de obtener por diferentes razones
que no enumeraremos ahora, entonces no ha hesitado en sacrificar esta última
idea en aras del triunfo de la primera consistente en la sensación de
eficiencia y de invencibilidad por él representada, por lo que el miedo y el
sentimiento de desasosiego, resignación y derrota deberán ser en cualquiera de
los casos los temples que primen en el sometido. Esto es lo que explica también
la existencia de dos eras en las que podría dividirse la historia de este
imperio mediático, en función del tipo de sugestión que resulta conveniente
aplicar en relación al logro de su fin. Acotando además que, tal como sucede
habitualmente, junto a las cintas difundidas con suma asiduidad por dicho
imperio para ejercer su dominio mediático, existe en forma solidaria también
una serie interminable de corifeos y "críticos" encargados de
ensalzarnos su gran valor e idoneidad a fin de que concurramos prontamente a
"informarnos" de tales producciones y caigamos rápidamente víctimas
de alguna de sus diferentes sugestiones.
1)
La era de Rambo
La primera de todas las eras es
la que hemos denominado como de Rambo, y consiste justamente en aquella
etapa en la que el mismo pretende manifestarse simultáneamente como justo e
invencible. Y, si bien esta figura tiene antecedentes muy importantes en el
siglo pasado con personajes míticos que actuaban en circunstancias inventadas,
tales como Superman, Marvin, Tarzán, Batman, etc., se ha ido con el tiempo
introduciendo la idea de que había que darle a tal figura un sesgo más humano y
no tan alejado de la historia cotidiana, haciéndola participar alternativamente
sea de la pantalla grande como de la más pequeña representada por la política
diaria, tales como los casos del supercowboy Reagan, convertido en presidente,
y del hombre-robot Terminator, en la actualidad gobernador de un Estado, etc. Y
dentro del contexto cada vez más perfeccionado especialmente en las últimas
décadas del pasado siglo, la política holywoodense ha contado con la presencia
emblemática de una figura especial, consistente en un supersoldado
que, a través de una inigualable destreza y valor, hacía vencer siempre a la
causa norteamericana a la que se asociaba en todos los casos con los más nobles
ideales de libertad y de justicia. Ha sido así como hemos visto, entre sus
tantas acciones victoriosas, al superhéroe Rambo,
peleando siempre por el triunfo de la democracia en el planeta, en las
escarpadas montañas de Afganistán habiendo sido él quien, con la ayuda
subsidiaria de unos siempre incondicionales y solícitos mujaidines
a quienes dirigía, derrotaba en forma contundente a los soviéticos. De esta
manera la idea que a través de Rambo se ha generado
es que han sido los EEUU a quienes les habría correspondido el mérito principal
de haber derrotado al último de los enemigos de la "democracia" y de
los "derechos humanos" que todavía quedaba en el mundo. Digamos
también que la obra de Fukuyama, entre otras,
hablándonos de un final de la historia producido por los EEUU convertido en la
única y última superpotencia vencedora, es nada más que una consecuencia
literaria y filosófica de los contenidos mentados en las películas de Rambo.
Demás está decir que todo esto
no es sino una ficción en el más amplio sentido de la palabra. No solamente Rambo nunca existió en la realidad, sino que la famosa
guerra de Afganistán que se iniciara en 1980 y concluyera en febrero de 1989 no
contó con la participación de un solo soldado norteamericano y, si bien es
cierto que EEUU, por razones de estricta conveniencia, brindó algún apoyo con armas a los mujaidines
que vencieron a los soviéticos, fueron aquellos los que las usaron y no las
armas norteamericanas las que se sirvieron de los mujaidines para ganar la
guerra, tal como en las diferentes películas e interpretaciones de los
distintos corifeos del "imperio" se suele manifestar.
La idea que Rambo ha intentado
generarnos tiene además vastas proyecciones que aun duran en el común de las
conciencias sugestionadas por Hollywood. Como luego de la derrota de Afganistán
a los pocos meses cayó el muro de Berlín y se desintegró la Unión Soviética, entonces
la propaganda debía crearnos por extensión la certeza de que tal mérito le
correspondía principalmente a los EEUU que era el que había ganado la guerra.
Sin embargo la realidad es muy distinta, a pesar de los ingentes esfuerzos del
simpático Silvester Stallone por convencernos de lo contrario. La antigua URSS
invadió Afganistán no para disputarle espacios estratégicos a los EEUU, sino
porque quería ponerle coto a la rebelión islamista que se gestaba en sus
repúblicas satélites, tales como Azerbadján, Turkistán, Uzbekistán, Tajikistán, Kazakistán, Kirgistán, e incluso en territorios de la misma Federación
Rusa tales como Chechenia, Daguestán, Ingushetia. En
la medida que en esa guerra de casi diez años resultó derrotada, las
consecuencias de este hecho fueron los triunfos de los movimientos
independentistas en tales repúblicas y por extensión también en otras de
carácter cristiano ortodoxo. Por lo tanto la
derrota de Afganistán fue el comienzo del proceso de disolución de la URSS y, si bien EEUU vio en tal guerra una
interesante posibilidad para sacar partido de tal hecho político, el mérito
principal de la victoria ha sido de los mujaidines y por extensión del
fundamentalismo islámico que hizo con la misma un aprendizaje esencial para
luego extenderlo hacia los mismos EEUU.
Pero sin embargo, a pesar de tal
realidad, la propaganda de Rambo tuvo igualmente sus efectos muy grandes entre
los múltiples consumidores de tal producto en el mundo entero. En la República
Argentina, por ejemplo, en ese mismo año en que según la ficción tal superhéroe
le ganaba la guerra a los soviéticos, accedía al poder un político que había
sostenido en su campaña que "las Malvinas iban a ser recuperadas con
sangre", que no se iba a privatizar una sola empresa pública, que se iba a
investigar el origen de nuestra deuda externa, etc. Pero gracias al efecto
Rambo y gracias también a que pertenecía al partido cuyo principal apotegma era
que "La realidad es la única verdad", una traducción criolla del
hegeliano "lo racional es real y lo real es racional", consideró que
en ese año en que le tocaba asumir, el mismo en el que EEUU se convirtiera en
“la única potencia”, pues según la sugestión de Rambo
había derrotado a los rusos en Afganistán, los vientos de la historia estaban
cambiando y por lo tanto había que adaptarse a la realidad que "era la
única verdad". Fue entonces que, con sorprendente versatilidad, de un día
para el otro cambió su plataforma y sostuvo, en vez de la guerra contra el
enemigo sajón, las "relaciones carnales" con el mismo, en vez de
nacionalizar, privatizarlo absolutamente todo y en vez de investigar nuestra
deuda externa, profundizar nuestro sometimiento a los organismos
multinacionales mediante una ley siniestra de convertibilidad de nuestra moneda
por la cual, para imprimir un billete de un peso en nuestro banco central debía
haber un equivalente en dólares. De esta manera, para hacerse de tal papel
pintado y sin otro respaldo que no fuera el prestigio que las cintas de
Hollywood y otros hechos subsidiarios brindaban al país que lo emitía, se
rifaron todas las empresas públicas al mejor postor, pues ésta era la forma más
adecuada de tener suficientes reservas en dólares que permitieran la liquidez
necesaria para que pudiese funcionar nuestra economía. Demás está decir que
esta rambización de nuestra política argentina
no hubiera sido posible nunca si un siniestro superministro, gestor de tal
plan, no hubiera estado acompañado también por los aludidos corifeos y
"críticos" que desde diferentes medios periodísticos y televisivos
cantaban floripondios al mejor de los planes económicos posibles, tales los
artículos justamente del aludido Walter Graziano en Ámbito Financiero,
en el programa de Grondona y en otros del mismo tenor que exaltaban a la figura
de Menem como el mejor de los estadistas de la historia argentina. En relación
a lo cual y en una actitud similar, es decir de encorsetar nuestra moneda a
alguna divisa extranjera o “plan”, aunque no con el posterior rigor dogmático
del superministro Cavallo, Graziano había sido funcionario del gobierno de
Alfonsín con el también fatídico plan
Austral que generara la primera gran hecatombe económica de la nueva
democracia argentina y la peor hiperinflación de toda nuestra historia.
2)
El derrumbe del efecto Rambo
Pero mientras Rambo, Fukuyama y
Menem, con el aval de Graziano y de otros, continuaban con la exaltación de la
única potencia vencedora existente en el planeta con la que trataban de
acomodarse y cambiaban incesantemente nuestras riquezas por los papeles
pintados de color verde que ésta producía junto a sus cintas cinematográficas,
uno de quienes combatiera en Afganistán contra los soviéticos continuaba
profundizando sus experiencias. En octubre de 1993 participó con los suyos de
la batalla del hotel Olimpic en Mogadiscio, Somalia, por la cual un grupo de
insurgentes, en una acción sorpresiva, eliminaba a 18 miembros del ejército
norteamericano y dejaba mal heridos a otros 78 destruyéndole varios
helicópteros. Es de recordar también que, a pesar de que meses antes dicho país
había enviado a sus tropas a tal territorio en "misión humanitaria",
esa muy salvaje población a la que se quería "ayudar" en forma
multitudinaria arrastró los cuerpos de esos soldados por las calles como un
signo de victoria quemando también su bandera. Pero su asombro se incrementó
aun más cuando, a los pocos días, el presidente Clinton, en vez de enviar una
expedición para vengar tal afrenta a su ejército, resolvía en cambio retirarse
del país dejándolo así abandonado a las posteriormente vencedoras Cortes
Islámicas. En razón de estos hechos presenciados, Bin
Laden, quien junto a Al Zawahiri organizó todo esto, pudo llegar a una
conclusión muy distinta de las películas de Rambo. Constató que se estaba
topando con un enemigo que era más fácil que la Unión Soviética, en tanto
que carecía de voluntad de lucha, y que por lo tanto era, tal como lo
definiera magistralmente Mao tse tung, "un tigre de papel".
Fue así como, mientras la
economía argentina seguía "creciendo" y "modernizándose",
Al Qaeda en un camino exactamente inverso, continuaba con sus ataques contra
los norteamericanos hasta que llegamos al 11S del 2001 que es el momento en el
cual, junto a la profundización de la acción del hotel Olimpic y la consecuente
constatación de que se trataba realmente de un tigre de papel al cual con
escasísimos medios se le pueden destruir importantes objetivos y obligarlo a
efectuar acciones de guerra no deseadas por el mundo entero, en el ámbito
hollywoodense tuvo que operarse un reacomodamiento mediático en sus producciones
ante esta nueva circunstancia que se estaba viviendo; es cuando se inaugurará
la segunda era, la de Matrix.
Antes de adentrarnos en estas
nuevas sugestiones que relataremos seguidamente digamos que sin duda alguna los
atentados de las Torres Gemelas y el Pentágono fueron un impacto de inmensas
proporciones en el mundo entero que generó una crisis incalculable cuyos
efectos estamos viviendo aun hoy en día. Y ello se debe a que la economía del
mundo en la era en que nos encontramos, con EEUU a la cabeza, se basa
principalmente en un factor psicológico centrado en la confianza que otorga el
prestigio que pueda tener el país que emite la moneda que los demás atesoran
como respaldo de la propia. Si antes de la Segunda Gran Guerra era el oro el
factor objetivo que determinaba el valor de un signo monetario, ahora existe
uno de ellos, el dólar, que se emite sin
ningún respaldo y cuya posesión oficia a su vez de sostén para los otros que lo
acumulan en sus bancos centrales. Pero sucede que, cuando el país que lo
produce deja de tener prestigio y pierde confiabilidad en cuanto a su función
de potencia, entonces es que se genera en las distintas personas y naciones que
lo atesoran una acción por desprenderse de la misma, lo que determina una
pérdida de valor que puede llegar a ser galopante. Ha sido un hecho indubitable
que desde el 11S del 2001 hasta nuestros días, en razón de los incesantes
impactos recibidos por tal país, la economía norteamericana y su moneda han
perdido paulatinamente su valor con respecto a otros bienes. Antes de esa
fecha el barril del petróleo valía 25 dólares, hoy vale 100, el euro 0,80
centavos, hoy 1 dólar con cincuenta, el oro 250 dólares la onza, hoy ya supera
los 900. Y esto a su vez se ha ido incrementando con el tiempo y paulatinamente
lo hará aun más en la medida que tal pérdida de prestigio se encuentra
vinculada con el hecho de que Norteamérica demuestra su incapacidad por ejercer
su hegemonía y dominio en tanto no logra vencer a aquel enemigo que le ha
producido los atentados y le ha extendido la guerra en otras regiones del
planeta con resultados que le resultan a todas luces adversos. Tan
sólo si EEUU logra vencer a la red de Al Qaeda, capturando a sus principales
jefes, entre ellos principalmente a Bin Laden y a Al Zawahiri, la crisis
galopante por la que atraviesa tal imperio dejará de incrementarse hasta
límites insospechados.
Agreguemos además que esta
crisis también puede proyectarse a lo sucedido expresamente en aquellos países
que, como el nuestro, más creyeron en el efecto Rambo.
Digamos al respecto que pocas personas, o por lo que sabemos, nadie, ha hecho
una relación precisa entre lo que sucediera en septiembre de 2001 en las torres
de Manhattan con lo que aconteciera en diciembre del mismo año en nuestro país.
El hecho de que dos meses después
del derrumbe de la Torres se producía lo mismo con nuestro plan de
convertibilidad y con todo nuestro sistema económico, ha sido concebido
habitualmente como dos circunstancias yuxtapuestas sin ninguna relación de
causalidad. Sin embargo fue el ministro Cavallo quien, en vísperas de la
catástrofe que se veía venir con la moneda a la cual irresponsablemente había
encadenado la nuestra, quiso cambiar la paridad con el dólar por una bolsa de
monedas en la que estuviera el ya creciente euro. Pero fue demasiado tarde, la
crisis irreversible de la economía norteamericana arrastraba en primer lugar a
aquellos países que, víctimas en mayor medida de la sugestión de Rambo, al haber férreamente sujetado a la misma la propia
moneda estaban destinados también a ser los primeros y de la manera más dura en
pagar las consecuencias del derrumbe.
3)
La
nueva era de Matrix y sus actuales corifeos
Claro que toda esta cruda verdad
no es conveniente que se difunda y sí en cambio una nueva sugestión, para lo
cual la red hollywoodense ha acudido a sus incalculables capacidades inventivas
a través de una forma mitológica que permitiría subsanar el inconveniente
relativo al descreimiento respecto del efecto Rambo que mentaba la
invencibilidad y al mismo tiempo justicia del imperio, lo cual ya no sería
factible luego de las Torres Gemelas, de Irak, de Afganistán y de los
permanentes fracasos de los norteamericanos en el mundo, debiéndose renunciar
al menos a uno de estos dos valores. Con el nuevo efecto Matrix se produce un acto de
resignación, ahora se deja de exaltar la justicia de la causa estadounidense
para en cambio estereotipar su potencia universal, lo cual siempre será lo más
importante a fin de obtener la sumisión de las personas por el miedo y el
asombro. El mismo consiste en generarnos la idea de que el imperio
norteamericano tiene bajo su control más absoluto lo que acontece en el
universo, con la capacidad de producirlo todo, aun aquello que en apariencias
se le contrapone. Por ejemplo, de acuerdo al efecto Matrix, Bin Laden deja de
ser el enemigo de los norteamericanos capaz de producirle daños incalculables y
con una gran escasez de medios a su alcance, para convertirse en cambio en un
amigo secreto de los mismos en tanto agente que
trabaja para sus intereses. Del mismo modo que el Mullah Omar, tal como en su
momento lo demostrara en las películas de Rambo colaborando
juntos en la expulsión de los rusos de Afganistán, sigue trabajando codo a codo
con los compatriotas del mismo. Pero ahora en cambio, en función del nuevo mito
elaborado, lo efectúa cumpliendo con el papel del villano que permite, como en
las películas, que el imperio de la libertad y de la democracia pueda seguir
triunfando por el mundo entero, aunque ello suceda escribiendo la historia con
renglones torcidos. Por lo cual entonces, si ello es así, las Torres y el
Pentágono se los habrían destruido en última instancia los mismos
norteamericanos y todo lo demás que habría sucedido luego también habría sido
querido por éstos. La intención de ello sería doble, por un lado atemorizar al
planeta entero a fin de que no se pierda la confianza en la existencia de un
poder semejante y por otro ocupar una zona muy rica en petróleo, materia prima
de la que el mismo carece en la actualidad.
Agreguemos al respecto que el
efecto Matrix tiene mayores inconvenientes que el anterior, el de Rambo, en el
sentido de que si antes Norteamérica era representada como un adalid de paz,
libertad y justicia, ahora aparece en cambio como una nación cínica e
inescrupulosa, capaz de acudir a los medios más infames para hacer triunfar sus
objetivos. Pero para la seguridad y estabilidad del mundo ello siempre será
mejor antes de que se la considere como un tigre de papel, débil y vulnerable.
En todos los casos el miedo será preferible antes que la burla y el desprecio.
Pero además el otro inconveniente del efecto Matrix
es que el mismo exige, a medida que el tiempo pasa, generar siempre nuevos
sofismas, nuevas confabulaciones, de lo más intrincadas e inverosímiles en
tanto que aquel enemigo que se ha "inventado" progrese y produzca
daños cada vez mayores a los norteamericanos los que, merced a una gran
capacidad alquímica, deben ser expuestos en cambio como verdaderos
beneficiarios de todo lo que pasa, por lo cual se les hace cada vez más difícil
y complicado explicar lo que resulta siempre más inexplicable, y a los
libretistas de Hollywood se les presentan nuevos desafíos a la imaginación; es
por ello que existen tantos premios de estímulo. Esto es lo que explica también
que esta vez, a diferencia del período anterior en donde era la imagen la que
hablaba por sí sola, sea en cambio muy importante la acción esclarecedora de
los corifeos y “críticos” quienes nos inundan de "explicaciones"
respecto de lo que pasa, los cuales, principalmente a través de libros,
repletos de datos para hacerlos más serios y "científicos" y que son
rápidamente convertidos en best sellers, han tenido
en los últimos tiempos un trabajo realmente desgarrador y admirable... y por
supuesto además muy bien rentado.
Por lo general quienes habían
sido antes los cultores de Rambo no lo fueron también
del género Matrix. Hollywood supo acudir a nuevos
actores para la nueva etapa, pero en el caso de nuestro país ha habido una
verdadera excepción. El principal pregonero mediático de la nueva era
inaugurada ha sido aquí alguien que lo fuera antes también de la anterior. Si
bien reciclado y ya no de pelo corto y corbata, sino con aspecto más desgarbado
y hipón a fin de aparecérsenos esta vez como
contestatario, le ha tocado nuevamente a Walter Graziano
la función apologética de la etapa inaugurada tras el 11S. Justamente, en
concordancia con su exaltación de la nueva etapa, su obra principal y más
voluminosa, aunque sin embargo la que no ha alcanzado un mayor éxito editorial
que la primera, es una explícita apologética de la era de Matrix
-tal el título de la misma- a quien hastaa ahora "nadie habría visto",
menos por supuesto él quien estaría encargado de explicarnos todos los
mecanismos de engaño y de opresión al que acude el imperio de acuerdo a las
característica de dicha era.
Es un dogma esencial del mito de
Matrix, tal como nos expone el autor, considerar que
en este universo, en el que los EEUU se han convertido en la única
superpotencia, todo se encuentra controlado y nada escapa de la misma. Ante lo
cual lo primero que él nos tendría que haber demostrado, a no ser que piense lo
contrario, es que al menos su obra y la de otros autores afines a sus mismos
puntos de vista no se encuentran incluidas en tal montaje universal. Es decir
que si, tal como se dice, todo es producido por la CIA, ¿por qué no lo sería
también el libro de Graziano? Esto es lo que
tendría que habernos demostrado en primer lugar y representa la laguna esencial
de su obra.
Pero tratemos igualmente de
verlo nosotros a través del análisis de la misma. En la tapa aparece una imagen
de la aludida película en la cual estaría formulado el eje principal de todo el
problema. Se nos ofrecen allí dos píldoras de distinto color: la azul sería aquella
por la cual uno consumiría la realidad cotidiana que nos inventan los medios,
en este caso Matrix, concebido como la figura
constructora de este super-poder, y la roja en cambio
que es la que nos devela la verdad y que él nos propone a través de la lectura
de su obra. ¿Pero es realmente esta segunda la que nos ofrece Graziano? Veamos: Dice por un lado el autor en su misma
introducción, que vivimos en un mundo decadente en el cual el ideal es el
consumo y en el que por lo tanto son los valores meramente económicos los que
gobiernan a las personas (pg. 16), lo cual por supuesto podríamos compartir en
un todo. Pero a renglón seguido este mismo objetivo es contestado por él mismo
cuando manifiesta que "son (esos mismos) factores económicos el verdadero
motor de la historia" (pg. 27), no sólo en la época actual a la que ha
criticado, sino en todos los tiempos. Por lo cual ya vemos en esta primera
premisa que no es la píldora roja lo que nos propone, sino seguir consumiendo
como hasta ahora la azul consistente en considerar que en todo momento es
la economía el destino del ser humano. Y esto no es una mera cuestión
secundaria en la totalidad de su obra, sino que representa su idea principal y
aquello que lo determina a lo largo de toda su exposición. Lo que según él
moviliza siempre a cualquier figura política que se ha desarrollado hasta
alcanzar su forma imperial es un afán descontrolado por conseguir riquezas y
bienes económicos. Pero, en tanto éste es infinito y los recursos del planeta
finitos, en algún momento, víctima de tal contradicción, tal organismo debería
llegar a sucumbir por sí solo. Por lo que sería entonces una fatalidad que
gobierna la historia lo que llevaría siempre a la finalización de todos los
imperios y no en cambio la acción voluntaria de algunos para destruirlos.
Digamos al respecto que es
indudable que el factor economicista y materialista otorgado como esencial en
el ser humano es algo propio de la modernidad, la cual ha a su vez tratado de
comprender con tales categorías propias y decadentes a la totalidad de los
períodos de la historia y de las diferentes civilizaciones. El autor demuestra
compartir tal punto de vista cuando en sus primeros capítulos nos sostiene que
los EEUU son una reiteración moderna del antiguo Imperio Romano, el que también
habría sucumbido en razón de sus contradicciones económicas motorizadas por su
desaforado afán de riquezas materiales que es el mismo que moviliza a las
actuales élites dirigentes del imperio norteamericano. Lo repetimos: esto es
consumir la píldora azul pues significa concebir a la historia y al hombre con
las categorías vigentes en la actualidad. Si bien, tal como hemos dicho, es
verdad que la época moderna está caracterizada por haber hecho de la economía
su meta, ello no tiene por qué significar
necesariamente que siempre haya sido así. Claro que Hollywood, a través de
las diferentes sugestiones y reduccionismos brindados por sus películas
históricas, se ha encargado de pintarnos de este modo a todos los períodos de
la humanidad, no salvando de ello ni siquiera y especialmente a la pobre Roma,
la que ha sido víctima de tales distorsiones, al querer comprendérsela con las
categorías propias de la sociedad norteamericana, con sus mismos vicios,
"virtudes" y defectos. Lo que se ignora es que Roma, a diferencia de los EEUU, fue un imperio tradicional, por lo tanto movilizado por valores muy
distintos de este conglomerado moderno. En estrecha oposición con este último
estuvo determinado por móviles espirituales y religiosos,
concibiendo su acción política no como un medio para enriquecerse, sino como
una actividad ordenadora del cosmos a fin de ponerlo en armonía con el
macrocosmos con el que se quería unir. En tal aspecto, si tuviésemos que hacer
una analogía con América, históricamente Roma tuvo más afinidades con lo que
fueran el Imperio Inca, el Mochica, el Maya o el Azteca que con la actual
distorsión materialista representada por los EEUU. Pero esto es un tema
demasiado vasto que escapa totalmente al contenido principal de la obra de Graziano que comentaremos aquí, aunque no por ello no sea
un componente esencial de su ideología.
Una segunda cuestión, también
vinculada con la primera, y que podría inducir a confusión, es que el autor, en
aras de sostener su posición principal, ha tomado ciertos contenidos
pertenecientes a una literatura conspirativa de la historia que ha tratado de
ubicar, detrás de los bastidores de la misma, a un enemigo oculto y poderoso el
que, disponiendo de grandes medios y astucia, tiene también la capacidad de
dirigir los acontecimientos hacia un determinado fin. Varios autores de tal
escuela han señalado como agente principal de la misma a la masonería o a los
judíos. En este último caso Graziano se cuida de
hacer cualquier alusión, no sabemos si por razones prudenciales, puesto que una
obra esencial de tal género, como Los Protocolos de los Ancianos Sabios de
Sión, no aparece mencionada ni siquiera una vez en su texto ni en su
bibliografía de consulta. Pero de cualquier forma el uso que el mismo hace de
tales trabajos, los que por sí mismos poseen un contenido valioso y rescatable,
es totalmente distorsionado y por lo tanto capcioso en razón de la postura
antes aludida. Y al respecto es bueno señalar la diferencia que existe con el
pensamiento tradicional. Cuando el mismo nos habla de un enemigo oculto no se
está refiriendo en momento alguno a una fuerza motivada por razones
materialistas como la que él señala constantemente, sino a una instancia
metafísica que tiene como objetivo específico destruir en el ser humano
cualquier dimensión sagrada y trascendente y en la que el demonismo por la
economía, respecto del cual, tal como vimos, el mismo Graziano
queda determinado, es un instrumento adecuado para tal fin pues consiste
en la degradación del hombre a su dimensión más baja e inferior. De esta
manera, en tanto no considera que sea el factor material y económico el
determinante, la doctrina de la guerra
oculta manifiesta que todos los grandes acontecimientos de la historia y
sus revoluciones no fueron obras de una fatalidad, propia de la que
existe en cambio en el mundo de la naturaleza física y material, sino producto
de la voluntad humana que es libre en sí misma. Así pues, a diferencia de las
distintas concepciones modernas, no considera que la Revolución Francesa o la Rusa, o cualquier otra de las que fundan a nuestra era
actual, hayan sido acontecimientos necesarios. Podrían no haber sido de esta
manera y la humanidad podría haberse ahorrado la posibilidad de descender en la
modernidad. Del mismo modo, en tanto es nuevamente la libertad y no la
fatalidad lo que prima en la historia, tampoco
resultan signados por una fuerza coercible los acontecimientos y acciones
producidas por los diferentes poderes que hoy nos gobiernan, tal como en
cambio considera Graziano. Así como el hombre no es
determinado por la historia, ni por sus factores económicos u otros similares,
éste será siempre superior a la máquina, del mismo modo que también el héroe
será capaz de vencer a la acumulación de fuerza material representada en este
caso por los EEUU. Ello por supuesto dependerá de la voluntad que se sea capaz
de tener para doblegar todo el despliegue y resistencias opuestas en su contra
especialmente en la época actual con las distintas sugestiones mediáticas que
el mismo nos presente, incluso a través de la misma obra de Graziano
y de tantas otros que, en razón del fatalismo materialista y moderno que
pregonan, nos invitan a someternos ante tal poder ilimitado e invencible. Es
esto último lo esencial que ignora nuestro autor y que explica todo el conjunto
de formulaciones que aparecen en su libro.
Es pues en connivencia con tal
concepción que él niega la existencia de una libertad en el hombre y en la
historia convirtiendo a la totalidad de sus acciones, especialmente las
heroicas como las del 11S y otras similares, como formando parte de montajes
ejecutados por un ser que los ha producido y determinado, encontrándose así en
la misma como un simple esclavo de una potencia superior representada, en el
caso específico de su obra, en la figura mítica y hollywoodense de Matrix. Por lo cual, por extensión, cualquier acción de
antagonismo que se efectuara en contra de este mismo poder, en tanto que éste
lleva aparejada consigo la fuerza de la fatalidad y necesidad, terminaría
incluida como formando parte de la misma. Esto es en última instancia
justamente lo que quiere hacernos creer el enemigo oculto del hombre: que éste se conciba a sí mismo como un mero medio de una instancia
superior que lo determina en sus acciones y que convierte en un mero espejismo
a su libertad. Por lo que en verdad
la obra de Graziano no escapa para nada al universo
de Matrix.
Es a partir de estas premisas
esenciales que tiene para nosotros sentido la refutación que efectuaremos
puntualmente a dicha obra, tratando de contestar a la idea de que todas aquellas
acciones heroicas que se han cometido en contra de aquel poder, especialmente
el 11S y las resistencias en Irak y Afganistán, han sido producidas por el
mismo.
4)
Refutaciones
puntuales del mito de Matrix
a)
Pearl Harbour y 11S
Tal como
dijéramos, la obra de Graziano está dirigida a
demostrarnos que todas las acciones de resistencia efectuadas en contra de la
potencia norteamericana han sido expresamente inducidas por ésta en tanto nada
puede escapar de su dominio. En función de ello intenta efectuar ciertas
analogías históricas con lo acontecido el 11S a fin de reducirlo en su valor. Graziano cree encontrar una muy importante con lo sucedido
en Pearl Harbour en 1942,
hecho que determinara el ingreso de EEUU en la 2ª guerra mundial, considerando
así que tales atentados fueron también los que otorgaron excusas suficientes
para invadir Afganistán y a partir de allí luego además Irak, aunque en este
último caso las razones fueron diferentes.
Sin embargo, a
pesar de poderse reconocer algunas similitudes entre los dos hechos, existen en los mismos ciertas diferencias
esenciales que en ningún caso son
tenidas en cuenta. Si bien ambos fueron ataques producidos contra los
norteamericanos determinado el ingreso de este país a una guerra, en la
circunstancia de Pearl Harbour
el mismo se operó en forma inmediata
luego de producido el hecho. En el
segundo en cambio tuvo que pasar más de un mes para que se concretara. Y
ello fue porque si en el primero la declaración fue incondicional, es decir, no se le exigió a Japón ninguna otra
alternativa que no fuera la guerra; al régimen talibán en cambio se lo intimó
como condición previa a entregar a la cúpula de Al Qaeda. Nos preguntamos: ¿Qué
hubiera pasado si el Mullah Omar lo hubiese entregado a Bin
Laden, tal como se le requería? La guerra se hubiera
evitado. Al respecto este hecho es importante también para contestar a otra
“prueba” que Graziano nos aportaría respecto de la
inexistencia de Bin Laden y
de la consecuente no realización del atentado por parte de Al Qaeda. Él nos
dice que en un primer momento tal organización negó su responsabilidad en el
hecho y que luego, por conveniencia para los norteamericanos, lo hizo. Soslaya
la circunstancia antes señalada. Como Bin Laden quería evitar la invasión a Afganistán, la que como
bien sabemos produjo el arresto de un importante número de cuadros de su
organización, los que fueron derivados luego a Guantánamo, lo obvio de su parte
fue negar en un primer momento la autoría de ese atentado. La situación es
análoga a la de Hezbollah en relación a lo acontecido
con la AMIA. Si es cierto que tal organización efectuó tal magnicidio, sería
absurdo de su parte, tal como dicen en cambio algunos desinformadores
profesionales, que reconociera su autoría. Pues de esta manera le estaría dando
a aquellos sectores que quieren invadir Irán argumentos adicionales. Por ello
en cualquier caso, lo haya hecho o no, debe negar su participación en el
atentado. Volviendo al caso de Al Qaeda y el 11S resulta también obvio que, una
vez que se produjera la invasión a Afganistán, tuviera finalmente la libertad
de reconocer su autoría en el hecho. Por lo tanto, a diferencia de lo
manifestado por Graziano, Pearl
Harbour y 11S fueron sustancialmente diferentes entre
sí.
b)
La
invasión de Irak y el petróleo que brinda Al Qaeda
No puede en
este caso atribuirle el autor a Al Qaeda ser la causa directa de tal invasión,
pues a quien se atacaba en ese entonces era, como nos reconoce, un gobernante
que había sido enemigo declarado de dicha organización. Sin embargo acude a
argumentos muy poco creíbles para encontrar un origen de la misma. Nos dice que
ello era porque Saddam Hussein, lo mismo que nuestro ministro Cavallo, estaba a
punto de cambiar el dólar por el euro como divisa de reserva. ¡Qué extraño que
no diga también que fueron los EEUU los que lo tumbaron a De la Rúa para evitar
que aquí también se consumara un hecho similar! La realidad es en cambio muy
diferente. Son muchos los países que efectúan tales amenazas, (por ejemplo
Chávez) y que nunca las cumplen por razones de estricta conveniencia económica.
¿Pero puede Graziano creer que ante la posibilidad
inminente de una invasión una persona con tan escasos principios y pragmatismo
como Saddam Hussein no hubiera dado marcha atrás en un objetivo que nunca
alcanzó a realizar?
Sin embargo, a
pesar de no haber sido la causa más cercana, según el autor Al Qaeda habría
igualmente cumplido y lo seguiría haciendo en Irak una función necesaria para
los EEUU. Nos dice que su presencia, con sus actos de terrorismo y de
resistencia, es lo que brinda justificaciones para que los norteamericanos
continúen ocupando el país, pues curiosamente a ellos no les interesaría ganar la guerra, sino simplemente quedarse en
Irak en la medida que es allí en donde se encuentra el petróleo. E incluso nos
agrega que aun en Arabia Saudita, que es un país amigo, existen fuerzas de
seguridad privadas de las empresas petroleras norteamericanas las que,
obviamente, si bien no lo diga, están allí presentes para evitar que Al Qaeda
les vuele los oleoductos. Este razonamiento sería lo mismo que decir que gracias a los ladrones existe también la
policía. Sin embargo no sé si habrá reparado el autor en el alcance que pueden
tener sus dichos. Nos está dando a entender que lo conveniente, a fin de que
los norteamericanos se vayan de tal país y de otros es que no se les oponga
resistencia. Digamos primeramente que ello es consecuente con su pasado
alfonsinista. También dicho gobierno, que calificara a nuestra gesta malvinense
como “un carro atmosférico”, sostenía que si queríamos que los ingleses nos
devolvieran las Malvinas debíamos hacer los deberes y convertirnos a la
democracia. A lo cual con seguridad Bin Laden, o aun Galtieri, le habrían
respondido a Graziano o a Alfonsín que el problema
principal no es que nos devuelvan,
ni tampoco que se retiren, sino que seamos
capaces de expulsarlos. Desde tal óptica Irak y Malvinas no deben ser devueltos, sino reconquistados. Si tal
cosa no sucede ello significa que si los Norteamericanos se van de Irak es
porque dicho país se encuentra pacificado y democrático, lo cual es mucho peor
que la misma presencia de una fuerza extranjera en tales territorios, pues no
sería otra cosa que habernos rendido a la misma, tal como nos ha sucedido en la
Argentina en donde tal presencia se hace innecesaria para ellos. Pero por otra
parte el autor pareciera olvidar que el
petróleo no está solamente en Irak, sino, para EEUU principalmente, en
Venezuela, Méjico, Canadá, Arabia Saudita. No
ha necesitado invadir tales países para obtenerlo, pues con el flujo de sus
dólares ha sido suficiente. Pero lo que Graziano
tampoco nos explica en su obra es por qué, si Al Qaeda trabaja para los EEUU en
Irak en función de satisfacer sus apetitos petroleros, le destruye sus oleductos (como el de Mosul) y sus refinerías
(como la de Baijí). Y además lo hace o ha intentado
hacerlo no solamente en Irak, sino también en Nigeria, en Yemen, en la misma
Arabia Saudita ¿Cómo nos explicará esta contradicción? Hubiera sido interesante
escuchar su interpretación al respecto, si es que puede darla y no tener que
esperar para ello un nuevo libro.
c)
Una
pausa para la sonrisa: por qué no pueden existir según Graziano
terroristas rengos
Nos vamos
acercando ahora al elemento grotesco y de sainete que posee esta obra de manera
sumamente abundante, respecto de la cual esperamos no suceda como con la
anterior, “Hitler ganó la guerra”,
que fue leída por más de 100.000 personas, engrosando así los bolsillos del “protestario”. Si no hubiera de por medio tantos mártires,
entraría todo ello en el terreno de la diversión. Son realmente de Hollywood
las razones por las cuales nos demuestra que Al Qaeda solamente puede haber
sido traída a Irak por los norteamericanos y no ser un fenómeno “autóctono”. Se
pregunta cómo puede ser que en un país ocupado -y nada menos que por una
potencia tan eficiente como los EEUU- puedan ingresar por sus fronteras tantos
voluntarios extranjeros de Al Qaeda. Este argumento está en relación también
con el de los cuchillitos de plástico utilizados para secuestrar los aviones
con los cuales se les destruyeron las Torres a los norteamericanos y que para Graziano representaría un verdadero absurdo. En especial
teniendo en cuenta que sea Rambo como Matrix nos han demostrado hasta el cansancio que se trata
de un imperio sumamente eficiente que no puede perder ninguna guerra, salvo que
lo quiera permitir. En este caso sería imposible para él concebir que no pueda
controlar el tráfico de las fronteras. Pero además de no compartir su fervor
religioso, digámosle que los miembros del Estado
Islámico de Irak, la rama política de Al Qaeda en tal país, no son
solamente extranjeros, sino principalmente nativos que no creen en la
democracia norteamericana como lo hiciera Graziano a
lo largo de toda su vida.
Pero donde el
sainete ya se aproxima a la farsa es con las interpretaciones relativas a la
suerte corrida por el anterior jefe de Al Qaeda en Irak, Al Zarqawi,
quien, tal como sabemos, muriera luchando contra los EEUU. Lo cual sin embargo Graziano nos demostrará que no es verdad. Resulta que de
todos los jefes de Al Qaeda, como Bin Laden y Al Zawahiri, el autor nos
dice que no existe ninguno salvo que lo maten y si existe se trataría de un
agente de la CIA o de un actor. De Bin Laden nos dice, como Fidel Castro, que se trata de una
ilusión óptica creada por los norteamericanos para hallar justificativos a sus
acciones. Indudablemente siempre, de acuerdo al fanatismo religioso del autor,
debería ser imposible que existan personas capaces de crearles inconvenientes a
los norteamericanos. Por ello si a Bin Laden y a los otros no los pueden agarrar nunca es por la
sencilla razón de que no existen. En el caso del primero llega a decirnos que
se trata de un actor que lo interpreta. Ahora bien, ¿cómo resolver el
inconveniente de Al Zarqawi quien indudablemente
estuvo vivo en tanto que se murió? (El día que llegara a morirse Bin Laden va a decir que mataron
al actor). En este caso el problema se resuelve diciéndonos que en
realidad se trataba de un agente que
trabajaba en secreto para los norteamericanos. Las pruebas que nos brinda para
ello son verdaderamente contundentes y muy convincentes. Resulta que él había
ido a Irak desde Jordania para hacerse cortar una pierna enterado de que
gracias a la invasión habían llegado importantes cirujanos de los EEUU. Claro,
ello sería así porque no pueden existir guerrilleros rengos y que por lo tanto
la carencia de alguna parte del propio cuerpo sería un signo distintivo de que
se trata de agentes encubiertos. Notemos al respecto que ello sería una nueva
evidencia para explicar también que el Mullah Omar, que aparentemente existe,
en tanto es tuerto, trabajaría para los norteamericanos, lo mismo que el Mullah
Duadullah a quien también le faltaba una pierna.
Además no podría haber sido nunca que los norteamericanos no se hubiesen dado
cuenta de que mentía cuando quiso cruzar la frontera con esta excusa. Los
infalibles detectores de verdad que tiene la superpotencia Matrix
no se lo habrían permitido. Además como los errores son un signo no de
debilidad del imperio, sino de que nos quiere engañar, resulta que en 2004
cuando lo detuvieron a Zarqawi y lo dejaron ir, no
fue por equivocación, sino porque lo estuvieron adoctrinando respecto de lo que
tenía que hacer ¿Pero sin embargo por qué se murió a pesar de ser funcional
para los norteamericanos? Resulta que él cumplía muy bien con su trabajo con
una fidelidad plena e irrenunciable hacia la causa yanqui. En un primer momento
con las acciones de violencia que se le habían ordenado había logrado despoblar
Irak, impedir por lo tanto su democracia que en el fondo los norteamericanos no
querrían, a pesar de ser el mejor de los sistemas posibles y haber hecho de
todo para imponer un gobierno de tal tipo en el país, a fin de que éstos
pudiesen disfrutar por sí solos del petróleo que fluye en abundancia por sus
oleoductos. Aunque olvidemos por un momento que Al Qaeda se los destruye, lo
cual será explicado con seguridad en otra obra. Pero sucedió después que Donald
Runsfeld, el anterior secretario de defensa y
principal ideólogo de la invasión a Irak, estaba muy desprestigiado porque le
objetaban que la guerra no estaba andando bien, lo cual no deja de ser una
contradicción pues según Graziano en Irak está
sucediendo exactamente lo que EEUU desea y Al Qaeda está cumpliendo a
rajatablas todas sus órdenes. Pero como esto también con seguridad será
explicado en otro libro, sigamos con el relato.
Se habría reunido entonces a solas con Zarqawi
para darle una última orden. Le habría dicho casi textualmente: “Por el amor
que le tienes a los EEUU te tienes que dejar matar así yo conservo el puesto
que es la única manera por la cual nuestra nación triunfe”. “Lo que Ud. diga,
mi comandante en jefe. No existe nada más bello en la vida que morir por el american way of life”, le habría contestado entonces Zarqawi a quien además la gangrena que tenía en la pierna
que no se había amputado todavía, debido al agobiante trabajo que se le había
encargado, ya le habría estado llegando al cerebro y quería asegurar a los
suyos una buena pensión de por vida, por supuesto que en dólares, su moneda
venerada. Lástima sin embargo que este tan noble y abnegado sacrificio no le
sirviera a Runsfeld para conservar el cargo. Al
parecer había generales norteamericanos que no habían leído el libro de Graziano y no se habían enterado de que a EEUU les estaba
yendo muy bien en Irak. Nos agrega que en razón de tales
"incomprensiones" hay otros voluntarios que están en la lista
ansiosos por inmolarse por Gates, Condolezza, Petraeus, y tantos otros. Tal como veremos un razonamiento
similar es efectuado para “explicar” los atentados de Londres del 7J.
Pero ahora
preguntamos. Si Bush, Runsfeld y los demás halcones,
tal como nos dice Graziano, se tomaron tantos
trabajos como para destruirse las Torres, el Pentágono, poner al mundo entero
en zozobra, hacerlo suicidar al pobre Zarqawi, todo
ello para poder invadir Afganistán e Irak, ¿por qué no hicieron algo mucho más
pequeño y fácil como inventar unas armas de destrucción masiva en un país que
tenían ocupado? Quizás esto también Graziano nos lo
conteste en la obra que no ha escrito todavía.
Ah, nos
olvidábamos. A Irak lo habrían invadido por el petróleo aunque lamentablemente
no lo puedan extraer como quisieran y se lo tengan que comprar a Chávez y
aguantarse en cambio todos sus agravios. ¿Por cuál razón entonces lo habrían
hecho con Afganistán, país que carece de
tal vital elemento? Según el autor ello habría sido por el opio, en tanto que
su explotación brinda unas ganancias elevadísimas. Claro que lo que Graziano debería habernos agregado es que justamente los
ingleses, que de tal país saben mucho, manifestaron que ha sido la producción
de tal alucinógeno lo que ha financiado la ofensiva talibán. Le sugerimos una
explicación para resolver este inconveniente de acuerdo a la lógica de Matrix. Como los talibanes son aliados de Al Qaeda y esta
organización trabaja para los EEUU, entonces, en tanto también ellos lo hacen,
son en última instancia los norteamericanos los que se hacen de la explotación….
Brindemos ahora
nuestra explicación. Nosotros no creemos de ninguna manera que se trate de Matrix ni de Rambo. Se suelen
equivocar y mucho y también se les pueden hacer cosas. ¿Por qué invadieron
Irak? Las razones son las siguientes. Bush estaba convencido realmente de que
existían las famosas armas de destrucción masiva. Tiempo atrás la cadena CBS de
televisión pudo dar con un químico irakí que fue quien convenció a la CIA de
que Saddam Hussein tenía arsenales de armas químicas y bacteriológicas. Se le
hizo creer también en ese entonces que estaba en inteligencia con Bin Laden. Este último, que es un
gran estratega y no un actor, sabía que la única manera de debilitar a las
fuerzas que ocupaban Afganistán era abrirles un nuevo frente de combate. Algo
parecido a lo que hiciera Churchill cuando indujo a Hitler a invadir Rusia. En
este caso la astucia fue inducirlo a invadir Irak haciéndoles creer que Saddam
Hussein le guardaba un gran rencor al régimen de Bush en razón de su anterior
invasión del 90 y que estaba dispuesto a aliarse con un antiguo enemigo como Al
Qaeda. Bush picó el anzuelo y de esta manera descuidó el frente afgano por lo
que a partir de ese momento pudo lanzarse la contraofensiva talibán. Además que
la invasión a Irak permitió la caída de un régimen laico y que fuera Al Qaeda
el movimiento que liderara en el país la resistencia.
d)
El
atentado de Atocha y el islote Perejil
Dejamos para el
final las “pruebas” que Graziano nos brinda respecto
del "autoatentado" de las Torres y el
Pentágono que, como sabemos, se habrían efectuado según él para desencadenar
distintas invasiones por el mundo entero. Ahora bien, nos reconoce que en
cambio el de Atocha produjo un efecto contrario cual fue la salida de España de
la guerra de Irak. ¿Cómo entonces poder explicar que también éste fue un autoatentado? El equipo hollywoodense de Matrix tuvo que trabajar mucho para encontrarle una
explicación a tal inconveniente que podía tirar abajo toda la producción. Hasta
que a Graziano se le prendió la lamparita: ¡El islote
Perejil! Veamos la explicación que nos da. Resulta que el presidente Aznar, al
que todos creíamos hasta ahora un lacayo de los norteamericanos, en realidad
era un verdadero patriota. Poco antes del 11M había invadido el islote Perejil
que ocupaban ilegalmente los marroquíes generando un conflicto internacional de
grandes proporciones en el que tuviera que intervenir el secretario de Estado
norteamericano Colin Powel
para resolverlo. ¿Cuál era según el autor la razón de este hecho? Nuevamente el
petróleo que había en esa región y que quería explotar la empresa Repsol, pero
que en cambio los norteamericanos, esos insaciables codiciadores de tal materia
prima, querían también para sí. Fue entonces que, para evitar tal patriada de
Aznar, le ordenaron a sus agentes de Al Qaeda que hicieran el atentado y así
ocasionar su caída, no importándoles mayormente que luego de ello España
retirara “los pocos centenares de soldados” que tenía combatiendo en Irak.
Oído el verso alfonsínico, ahora la realidad. En primer lugar que España
no tenía algún centenar de soldados combatiendo en tal país, sino más
precisamente 1.300 asentados en la zona sur y luchando codo a codo con los
ingleses en contra de la insurgencia chiíta. Su retirada fue un inconveniente
muy importante para EEUU en tanto que, además de agravar la situación militar,
debilitó sobremanera la causa de la invasión a Irak al acentuar su aislamiento
internacional sobre ese conflicto. La fuga precipitada de España de la guerra
induciría más tarde otras en forma sucesiva, como la de Italia, Filipinas,
Corea, Polonia, etc. Con respecto al islote Perejil no tenía absolutamente nada
que ver con el petróleo, sino que se trataba apenas de una superficie rocosa
despoblada de unas 10 hectáreas que era utilizada por los inmigrantes ilegales
marroquíes para esconderse en tanto contaba con una cueva importante en la cual
podían caber hasta 200 personas de las que pensaban ingresar ilegalmente por
barco. Ésa fue la razón de la ocupación de tal islote y no el petróleo como
dice en forma delirante el autor, olvidando además que en su obra anterior nos
había reconocido que gran parte de la compañía Repsol había pasado a capitales
norteamericanos. Por lo que mal podía preocupar a Bush que fuera la empresa
encargada de explotarlo en el Sahara marroquí.
e)
El
atentado de Londres y los "suicidas" que pagan peaje
También nos
tiene que explicar algo similar con el nuevo atentado acontecido un año después
del de Madrid en la ciudad de Londres un 7 de julio. El mismo se habría realizado,
según él, para aumentar las medidas de seguridad en todo el Reino Unido y
además para incrementar el prestigio ya alicaído de Blair luego de que se
supiera que no existían las famosas armas de destrucción masiva. Aunque por
supuesto que los resultados obtenidos por tal acción no fueron tantos como para
no originar al poco tiempo su caída y el posterior retiro también del sur de
Irak por parte de los británicos. Una vez más la opinión pública no había aun
leído la obra de Graziano que nos indica que les está
yendo muy bien en tal país.
Las pruebas que
nos aporta para explicar que se ha tratado de un montaje son de un infantilismo
sin límites, casi similares a las que luego nos brindará para explicarnos el
famoso 11S. Vayamos a un par de ellas por economía ya que en su mayoría son del
mismo tenor. Resulta que para él es llamativo que personas que se van a
“suicidar”, como los kamikaze que se inmolaron en los
subtes de Londres, dejen un auto estacionado en una playa y paguen con anticipación el
estacionamiento por un día entero, o que saquen un pasaje de ida y vuelta. Si
se iban a morir ¿para qué tenían que pagar de más? Se pregunta Graziano contentísimo por haber dado con una prueba
decisiva respecto de un nuevo montaje. Claro que la pregunta se podría hacer
también en un sentido diferente ¿qué valor puede representar el dinero para
alguien que está a punto de inmolarse? O también podía pensarse que ello se
hizo ante la eventualidad de que fracasara el atentado y que se tuviesen que
volver raudamente y que para ello no era conveniente perder tiempo pagando el
abono de una playa o de un pasaje. De la misma manera hay un largo análisis
respecto del hecho de que se le avisara al dirigente israelí Netanyahu quien se encontraba ocasionalmente en Londres
que no se moviera de donde estaba pues había habido un atentado y se pregunta
por qué eso no se le avisó a todo el mundo. Indudablemente "todo el
mundo" no tiene la misma importancia que Netanyahu quien por supuesto es
siempre un blanco para el fundamentalismo.
En fin, la
mayoría de las pruebas aportadas aquí son todas del mismo tenor y refutarlas
una por una resultaría sumamente aburrido y monótono. Pero vayamos a lo
principal, Graziano se pregunta qué hacían en
Inglaterra tales terroristas, muchos de ellos con prontuario y pedido de
captura en sus países de origen, por lo que era de pensar que trabajaban para
el Intelligence Service. Este
argumento sirvió por un tiempo para ciertas personas, recuerdo entre ellas al
carapintada Ricciardelli, para decirnos que ello era
una demostración de que el fundamentalismo islámico operaba para los ingleses y
que por tal razón en tal país no iba a haber nunca atentados. Lamentablemente
para ellos el 7J les rompió los esquemas y afortunadamente se llamaron a
silencio con tal delirante afirmación. A ninguno se le había ocurrido que esto
formaba parte de una política británica de ser más abiertos con ciertos
sectores del islamismo a fin de neutralizarlos y obtener una cierta impunidad,
cosa que no les sucedió ni en tal circunstancia ni en Afganistán cuando
pactaron con sectores tribales la entrega de la localidad de Musa Qala que debían haber mantenido bajo su control. Esta
política les resultó también equivocada porque al poco tiempo los líderes
tribales terminaron entregando tal localidad al sector más combativo del
movimiento talibán. A raíz de tal error, similar al cometido con la insurgencia
islámica en el propio país, en estos días se están librando durísimos combates
en los alrededores de tal ciudad la que se quiere recuperar ahora. Pero no le
pidamos a nuestro best seller que ahonde tanto en sus explicaciones. Vayamos de
una buena vez al tema que tanto le preocupa y es el relativo a los atentados.
f)
Los “autoatentados” del 11S y sus "evidencias"
En verdad en
este aspecto la obra no hace sino repetir una serie de argumentaciones
difundidas por diferentes medios y autores, respecto de las cuales
indudablemente el periodista francés Thierry Meyssan,
a quien refutáramos en otra oportunidad (2), ha sido un verdadero antecedente y
promotor.
Graziano nos brinda unas 30 pruebas, las que
intentarían demostrarnos que el 11S se trató nada más que de un montaje
realizado con la finalidad de justificar por un lado intervenciones militares
de los EEUU por el mundo entero y por el otro poder dictar una legislación
sumamente represiva por la cual se les habrían quitado a los habitantes
derechos fundamentales en aras de la búsqueda de la seguridad interior. En
relación a esto último digamos que si fuera solamente ello lo que habría que
reprocharle a los atentados, entonces la conclusión que debería sacarse de lo
dicho es que, a fin de evitarse tales represiones, no debería hacerse violencia
ni resistirse al poder norteamericano. Y al respecto ¿no podría decirse acaso
que tal invitación a la pasividad es justamente lo que más desea este último y la finalidad última de toda su
obra?
En segundo
lugar, dos palabras relativas a las “pruebas” presentadas. Digamos que una característica general de todas ellas es que
habitualmente cuando se las expone se suele olvidar que han sido presentadas
por los mismos norteamericanos y por sus organismos de seguridad, los cuales al
hacerlas públicas habrían demostrado también la existencia de varias “zonas
oscuras” en la investigación las que han sido resaltadas luego por tales
“investigadores”. Pero si ello es así ¿por qué debemos pensar necesariamente
que las mismas nos están señalando la existencia de un auto-atentado? ¿Por qué
no creer también en la posibilidad de que si las pruebas resultan tan endebles
y las zonas oscuras, como bien dice el mismo Graziano,
son tantas, y a su vez hechas públicas por tales organismos de seguridad, ello no haya sido hecho a propósito a fin
de que se escriban obras de este tipo? Esto último podría estar en perfecta
relación con el mismo mensaje que se difunde en su obra. El poder de Matrix sería tan grande y omnicomprensivo que aun podría
utilizar en su provecho a aquellos textos que se atribuyen a sí mismos ser los
encargados de ponerlo en evidencia. Vayamos al respecto a un par de “pruebas” que
se indican a fin de hacer más comprensible lo que queremos manifestar, dejando
a su vez otras que ya han sido analizadas en el aludido artículo sobre la obra
de Meyssan.
Lo que personas
como Graziano califican como “versión oficial”
respecto del 11S consiste en hacernos ver que la CIA que ha acusado a Al Qaeda
de realizar el atentado ha esgrimido como prueba principal y contundente el
hallazgo del pasaporte de Mohamed Atta, el terrorista
que dirigiera uno de los aviones que se estrellaran contra las Torres, entre
las mismas ruinas del atentado. Esta prueba sería a todas luces falsa pues es
prácticamente imposible que, con semejante explosión e incendio, pudiese
haberse conservado intacto un rastro de tal tipo. La pregunta es ¿por qué se
acude a un elemento que es indudablemente absurdo para incriminar a Al Qaeda?
¿No podría pensarse también en la posibilidad de que ello se hace a propósito a
fin de que se diga que fue un auto-atentado? Obviamente que esto último se
trata de una conjetura, pero también lo es la otra y ello es justamente lo que
no se quiere reconocer. Pero para determinar cuál de las dos tiene más asidero
a nuestro entender habría que preguntarse: ¿qué es lo que le conviene más a los
EEUU que se diga? ¿Que fueron ellos mismos los que lo hicieron o que existe en
el mundo una fuerza capaz de producirles daños y a la cual no pueden derrotar
al no ser capaces de detener a sus líderes principales? No nos cabe duda de que
a tal potencia siempre le resultará conveniente que se universalicen las
hipótesis de Graziano y que se diga que Bin Laden no existe, en tanto no
lo pueden atrapar y que Al Qaeda es un invento de ellos en la medida que no hay
ningún poder por afuera de ellos mismos que los pueda afectar.
El autor nos
insiste varias veces en una pretendida "evidencia" que no es para
nada tal y que no es otra cosa que una consecuencia de una creencia que lo
determina a lo largo de toda su obra: la de la omnipotencia de los EEUU. Graziano considera permanentemente que todos los atentados
se efectuaron con los más mínimos daños para los norteamericanos. Las Torres
fueron atacadas en un horario en que había pocos empleados. El Pentágono lo fue
en un área en donde no se encontraban las oficinas de Runsfeld.
En Londres atacaron los subtes y no una zona en que se estaban reunidos
importantes funcionarios, etc. Es decir, en todos los casos se ha atacado a gente
humilde, pero no a personalidades
significativas y siempre se habría tratado de producir daños menores. Esto
podría ser cierto únicamente si se prueba en primer lugar que en tanto Al Qaeda
es una institución dirigida por la CIA, entonces tiene a su disposición un
vasto espectro de acciones. Si ello no se prueba entonces hay que aceptar que
actúa con escasez de medios y realiza sus atentados cuándo y en donde puede
hacerlo. Si atacó en un determinado horario posiblemente ello haya sido porque
era aquel en donde había más posibilidades de éxito puesto que, en tanto no se
trataba de un organismo oficial, como cree Graziano y
no lo demuestra, realiza sus acciones en condiciones de espacio y tiempo
limitados. Por lo tanto vemos aquí la presencia de una pretendida evidencia que
no es tal.
Pero además de
elementos a todas luces al menos dudosos, hay otras “pruebas” que están basadas
en notorias desinformaciones. Por ejemplo nuestro autor insiste mucho en un
cierto reconocimiento implícito por parte de Bush que demostraría que estaba en
conocimiento del atentado con anticipación. En dos oportunidades el mismo
habría reconocido haber visto por la televisión el primer avión que se
estrellaba, cuando según él sólo se filmó en directo únicamente el segundo
avión que chocara contra las Torres. Sin embargo, más allá de que el presidente
norteamericano es un habitual generador de furcios y
errores en sus declaraciones, pareciera ignorar en su obra que también el primer avión fue filmado y
su choque contra la primer Torre fue propalado por la televisión. En ese
momento se estaba efectuando una ceremonia de homenaje a los bomberos de Nueva
York justo a pocas cuadras del lugar y la televisión difundió en vivo el primer
choque -aunque por supuesto no en todos los canales- el que en un primer
momento fue atribuido a un accidente. Por lo tanto es muy probable que Bush lo
haya visto en directo y que luego, pensando que se trataba de un simple
accidente, se haya ido a un acto escolar en donde al poco tiempo se le informó
del segundo atentado. Por lo cual manifestar que debía estar en conocimiento
anticipado del hecho carece de cualquier sustento.
Otra “prueba”
es la relativa a ciertas declaraciones de testigos del accidente que nos
hablaban de la existencia de explosiones en las Torres que, según él, fueron
las que verdaderamente originaron su derrumbe pues considera que el mismo no se
podría haber producido en ningún momento por el choque de los aviones. Más allá
de que en un momento de pánico generalizado, en donde hubo muchas personas que
llegaron a lanzarse al vacío desde grandes alturas a fin de escapar del
incendio, haya sido posible también que se generaran ilusiones sonoras y
ópticas, habría que preguntarse cuáles pueden haber sido las razones como para
que, además de haber hecho estrellar tres aviones en lugares muy sensibles para
la opinión pública norteamericana y mundial, hubiese sido necesario también
haber agregado explosivos en los cimientos para hacer derrumbar tales
edificios. Un país que ha hallado argumentos banales para invadir a otros, como
el caso de Panamá en donde se lo hizo a fin de arrestar al presidente Noriega
al que se acusaba de narcotraficante, ¿por cuál razón necesitó tantas excusas
para hacerlo con Afganistán?
Otra prueba es
para él la “evidencia” respecto de que sería un verdadero absurdo suponer que
con “cuchillitos de plástico” se hubiesen podido secuestrar aviones y luego
lanzarlos en contra de las Torres. Más allá de que hasta el día de la fecha no
se sepa a ciencia cierta qué fue lo que se utilizó para realizar los secuestros
y es muy probable que Al Qaeda nunca lo revele a fin de no coartar la
posibilidad de nuevas acciones, el argumento sustentado aquí sirve una vez más
para poner de relieve el carácter invulnerable que tendrían los EEUU y para
refutar la teoría de que se trata de un “tigre de papel” al cual se le pueden
hacer cosas con procedimientos rudimentarios. Pero donde en verdad se nos
muestra el espíritu hollywoodense del autor es su intento permanente por poner
de relieve la superioridad e invulnerabilidad que según él tiene la actual
sociedad tecnológica, lo cual es insistentemente sustentado en la cinta de Matrix, en donde la única manera de poder superar tal
dominio y liberarse del mismo sería paradojalmente utilizando los mismos
procedimientos y técnicas de quien oprime superándolo en tecnología. El valor
del 11S, a diferencia de la cinta aludida, es el de haber puesto de relieve en
cambio la superioridad que tiene el ser
humano, arquetípicamente expresado a través del héroe, sobre la máquina, lo
cual es obviamente lo opuesto exacto a lo formulado por Matrix,
para quien es a la inversa únicamente a través de los medios que nos brinda la
tecnología a la cual en sí misma no se objeta, que es posible vencer al que la
dirige y produce.
Merecen unas
pocas palabras las pruebas que nos da respecto de la no existencia de Bin Laden y su sustitución por un
actor o por ciertos efectos especiales. Por un lado se esmera en mostrarnos
contradicciones en las filmaciones que se han propalado del mismo, como si
acaso nuevamente ello no pudiera servir en cambio para mostrarnos la existencia
de una prueba más del montaje relativo a la omnipotencia norteamericana. Sigue
quedando en pié la misma pregunta: ¿Por qué si son tan hábiles en efectuar
tales montajes han debido acudir a errores tan banales e infantiles como los
que nos muestra Graziano? Esto es lo principal que él
debería contestarnos. Por otro el hecho de que la CIA haya difundido que tenía
una enfermedad terminal no tiene por qué ser tomado en serio. En todo caso si
de lo que se trata es de engaños, también éste puede serlo y con mayor razón.
Pero lo esencial en su argumentación es la insistencia en decirnos que cuando
estaba vivo era un agente de la CIA. Obviamente que se cuida mucho de
brindarnos pruebas al respecto. Resulta curioso que nos haya citado la obra
de Paul Bergen, Guerra Santa S.A.,
quien fuera la única persona que lo entrevistara a Bin
Laden, y haya soslayado justamente el hecho que aquí
manifestamos y que aquel reconoce. Que no
hay pruebas de ningún tipo que demuestren que era un agente de tal organización,
que manifestó posturas anti-norteamericanas en la misma guerra de Afganistán de
la que participara, que no hablaba inglés, que nunca estuvo en los EEUU, etc.
Su prueba
principal es la de que según él las apariciones de Bin
Laden lo favorecerían siempre a Bush quien sería
además su antiguo socio. Pero una vez más ¿por qué hay que interpretarlo
siempre de una sola manera y no de otra? Por ejemplo, si bien podemos decir que
es verdad que la aparición pública de Bin Laden en vísperas de las últimas elecciones en los EEUU lo
favoreció a Bush al hacérselas ganar, también se podría afirmar que eso era
justamente lo que Bin Laden
quería, ya que en última instancia es Bush el que ha estado trabajando a su
favor, más que lo contrario.
El mismo Graziano lo termina reconociendo varias
veces sin darse cuenta. Nos dice con razón que cuando Saddam Hussein estaba en
el poder Al Qaeda no existía en Irak. Gracias a que Bush lo invadiera, pudo
convertirse en la fuerza política principal. Quienes dicen que Bin Laden es un agente de Bush
deberían reconocerles el derecho a los otros de decir lo contrario. Y al
respecto esta segunda posibilidad nos
parece la más real. De la puja que ha habido hasta ahora entre ambos es sin
lugar a dudas el que ha resultado más ganancioso. En todo este tiempo Al Qaeda
se ha centuplicado operando, gracias a las acciones de Bush, en muchos
países en los cuales antes no había estado nunca, este último en cambio es el
presidente con menos popularidad en toda la historia de los EEUU. Entonces, a
la luz de los resultados, ¿quién es agente de quién?
Pero Graziano no se rinde y pone el acento esta vez en la
pretendida connivencia que habría existido entre Bush y Bin
Laden cuando aparentemente aun estaba vivo, y ello
quedaría demostrado por el hecho de que a las pocas horas del atentado se hizo
salir de los EEUU a toda su familia. Esta circunstancia tiene una explicación
muy diferente de la que nos da el autor. En realidad Bin
Laden es apenas uno de los 40 hijos de un
multimillonario petrolero que estuviera asociado con una de las empresas de
Bush padre. Pero ni antes ni ahora ha
tenido algo que ver con su familia. Ha sido repudiado por ésta y hasta por
uno de sus mismos hijos que se ha casado con una noble inglesa y recorre el
mundo rechazando la jihad emprendida por su padre.
También tiene un hermano que fabrica perfumes que obviamente tampoco tiene nada
que ver con él. Resulta entonces comprensible que Bush, que conocía estas
diferencias entre los miembros de la familia de Bin Laden vinculados con su gran aliado el rey saudita y el
hijo pródigo, haya querido ahorrarles cualquier tipo de persecución luego de
los atentados haciéndolos salir del país…
Insisto. Contestar a todas las pretendidas "pruebas" y
"evidencias" que nos brinda Graziano en su
libro nos obligaría a escribir otro de extensión similar y no es ésta la
intención de esta nota en la que creemos haber cumplido con nuestra meta
brindando algunos botones significativos de muestra. Lo que queremos agregar
ahora para finalizar es lo relativo a las soluciones o modelos que el autor
propone como alternativa ante el islamismo radical que según él, tal como
viéramos, es un agente de los norteamericanos con lo cual queda manifestado
definitivamente el sentido que ha tenido la totalidad de su obra. Por supuesto
que, como todo se encuentra bajo el control de Matrix, aquellos movimientos que habrían actuado en
el Oriente bajo los mismos principios de los yanquis y que por lo tanto habrían
sido combatidos por los islamistas y derrotados por éstos, tienen que ser
concebidos en cambio como obstáculos y enemigos para aquellos, de la misma
manera que lo fuera Aznar con su invasión del islote Perejil. Así pues nos
enteramos ahora por su libro que EEUU habría estado detrás de la Revolución de Khomeini que lo derrocara al Sha
de Irán, del que hasta ahora todos creíamos que era amigo de los
norteamericanos. Lo mismo que lo habría asesinado también al papá de Bhutto, a pesar de cumplir con las mismas condiciones que
el Sha y de toda la corrupción consecuente, muy
parecida a la de nuestra clase política colonial. Con seguridad en su próximo
libro nos dirá que también lo hicieron con su hija a fin de justificar una
invasión a Pakistán. Nasser, el gestor de la paródica
guerra de seis días que les permitiera a los israelíes triplicar su territorio,
habría sido enemigo de los norteamericanos a quien eliminaron por esto. No así
en cambio Hezbollah quien derrotando a los israelíes
en la última guerra del Líbano habría justificado de esta manera el
armamentismo de tal país. En fin los esfuerzos de Graziano
si por un lado nos hacen recordar al "Creo porque es absurdo" de
Tertuliano, por el otro no son sino un
intento implícito por justificar no sólo actitudes de sumisión a tal imperio, ante
el cual nada se puede hacer sino “conocerlo”, sino también su anterior adhesión
al menemismo y al alfonsinismo quienes también habrían sido
"obstáculos" eliminados por Matrix.
Conclusión
En fin, son
tantas las cosas descabelladas que se dicen en tal obra y que fueran reiteradas
antes en la anterior que realmente no podemos menos que lamentar el alto grado
de decadencia que estamos viviendo hoy en día en donde textos como el aludido
puedan haberse convertido en best sellers y que personalidades de este tipo puedan fungir
como pensadores contestatarios y alternativos. Todo esto está en relación con
otros fenómenos mediáticos de un tenor similar que se viven en nuestro país y
que sirven como signos indicativos del grado de disolución en el que nos
encontramos, tales como El Gran Hermano
o el Baile del caño, encargados en
todos los casos de atontar y confundir. Forman parte, en su conjunto, de un
mismo fenómeno terminal que esperamos en algún momento ver finalizado.
Esta réplica obviamente
que carecerá de cualquier difusión masiva, tal como sucede en cambio con obras
como la de Graziano editada por los principales
sellos del país, propiedad de capitales yanquis a los que este último
"combate". Las mismas seguirán siendo consumidas hasta en escuelas
fungiendo como un texto antinorteamericano y antisistema.
Pero como no escribimos para la masa, sino para las personas, esperamos que
alguna de estas ideas pueda ayudar a abrir ciertas conciencias al conocimiento
de otra verdad y que ayuden a desbaratar el nefasto imperio de Hollywood.
Marcos Ghio
Buenos
Aires, 1-02-08