CAPÍTULO XV
EDUCACIÓN DE LOS HIJOS
Un viejo y sabio aforismo enseña que nadie puede dar lo que no posee. En la faz actual por la que el mundo atraviesa, los hombres y las mujeres preparados para suministrar a los hijos una educación a la altura de las exigencias de la vida espiritual y material, están en lamentable minoría.
Los padres, verdaderamente dignos de ese nombre, no son los que se limitan a procrear, irresponsablemente, y si los que miden y pesan las responsabilidades consecuentes del matrimonio, y se preparan para cumplir, conscientemente, los serios. deberes que la paternidad impone
El acto de reproducir, por fuerza de la naturaleza de los cuerpos de los animales en general, es meramente instintivo pero tratándose de los seres humanos, las consecuencias que de él resultan son las más serias y graves.
Los hijos, via de regla, son el retrato de los padres. Con el inmenso poder de asimilación que poseen en la infancia, graban, indeleblemente, en el subconsciente, lo que ven hacer los adultos, y procuran imitarlos.
Por eso, no es posible disociar el hogar de la escuela, que él también es, arriba de todo, - escuela buena o mala, de la cual los padres, que son los maestros, están continuamente a suministrar a los alumnos - los hijos - lecciones y ejemplos de disciplina o indisciplina, de virtud o de vicios, de trabajo o de ociosidad, de honradez o de deshonra, de coraje o cobardía, de verdad o de impostura, de dignidad o de envilecimiento, de orden o de desorden, de vergüenza o de desfachatez, de lealtad o de traición, de sinceridad o de hipocresia.
El trabajo de educar tiene su inicio en la cuna. Con pocos días de nacido, comienza la criatura a manifestar inclinaciones y tendencias que necesitan recibir estímulo, cuando buenas, y represión severa e intransigente, siempre que se revelen desrazonables e inconvenientes.
Las responsabilidades del matrimonio, durante la infancia de los hijos, son inmensas, exigiendo de la mujer y del, esposo, para la educación de éstos, además de vigilancia permanente, todo el valor, sacrificio y espíritu de renuncia de que fueren capaces. Esa educación deberá ocupar el primer lugar en el interés de los padres, no substrayéndose nunca de suministrarla.
COMPRENSIÓN Y ENTENDIMIENTO
Los padres no deben atemorizar a los hijos con gritos y amenazas, pero proceder, si, con calma, comprensión y entendimiento, para conquistarles la confianza, la amistad y el respeto. Um buen procedimiento educativo consiste en mantener el hábito de entablar con ellos frecuentes conversaciones, de las cuales aprovecharán, inteligentemente, para abordar las faltas que le hayan observado y auxiliarlos a corregírse, indicándoles lo que deben y precisan hacer para eso.
En lo más íntimo del alma, los hijos, aunque no lo demuestren, siempre sienten gratitud hacia los padres, desde que perciban en ellos el interés por su futuro, por su seguridad, felicidad y bienestar.
Al castigo físico, que debe ser aplicado en casos extremos, y moderadamente, los padres deben preferir la supresión de regalías, por un determinado lapso de tiempo.
Todavia, si la gravedad de la falta de exigiene, ese castigo solamente será propiciado si el padre o la madre estuvieren absolutamente serenos, pues el nerviosismo y la consecuente alteración del tono usual de la voz, no solo les substrae toda autoridad para hacerlo, como produce en el alma de los hijos, además del sentimiento, de rebeldía, un efecto. contrario a lo que tenían en vista los genitores.
Toda acción educativa debe tener como finalidad y fuente de inspiración el deseo sincero de los padres de fortalecer la personalidad y el carácter de los hijos. Reprenderlos en presencia de extraños, es del todo inconveniente, porque, además de humillarlos al niños, los hieren en su sensibilidad.
PROCEDIMIENTO DELICTIVO
El modo de proceder de muchos padres descargando sobre los hijos la ira de que se sienten poseídos, haciendo de ellos una válvula de escape para su nerviosismo y mal humor, no es, apenas, una actitud errada, pero profundamente delictiva, por contribuir para que ellos los vean como unos brutos, unos desalmados, y se tornen falsos y desimulados, pasando a esconder las acciones (que anteriormente las practicaban en presencia de los padres), a fin de huir del castigo.
Los consejos del padre y de la madre deben ser suministrados siempre que se hicieren
necesarios y oportunos.
La vigilancia atenta y permanente, con la finalidad de descubrir las insuficiencias del carácter que fueren siendo reveladas, indicará el momento en que deben ser dados.
Tendencias vanidosas, impuntualidad, dejadez, negligencia, chismear, mentiras, dscortesías, falta de respeto, incivilidad, delación, pusilanimidad, malvadez, farsa, deslealtad y fingimiento, son índices reveladores de grandes fallas en el carácter, exigiendo que los niños de ellas tomen conocimiento y escuchen, con la atención y debido respeto, las amonestaciones educativas de sus padres, que deberán ser suministradas con amor e interés, en consideraciones claras, objetivas e incisivas.
En la educación de los hijos, precisa imperar siempre - y por arriba de todo - la sinceridad, la lealtad, la justicia y la verdad. La curiosidad natural de los pequeños seres debe ser satisfecha, nunca por medio de artificiosas mentiras convencionales, siempre desacreditadoras, pero con explicaciones racionales y convincentes, al alcance del intelecto infantil.
En la obra de la naturaleza nada existe de feo o vergonzoso, cuando los límites de las leyes naturales son respetados. Vergonzosos son los vicios, la licenciosidad, la ofensa a las buenas costumbres y la falta de respeto y de sentido moral.
A los que se predispongan a raciocinar y a hacer buen uso de la inteligencia, no le faltarán recursos de lenguaje para transmitir a los hijos una idea sana, relacionada con las delicadas funciones de la existencia terrena.
CONFIANZA EN LOS PADRES
Los hijos deben habituarse a confiar en los padres, para que estos puedan orientarlos, esclarecerlos y ayudarlos a buscar la solución para sus problemas.
Sin embargo, esa confianza dejará de existir, si los genitores no tuvieren moralidad, decencia, comedimiento, sensatez, brio, coherencia y conducta ejemplar, en una palabra: si no procedieren como desean que sus hijos procedan.
Control y vigilancia discretas son dos prácticas que deberán estar siempre presentes en la acción educativa suministrada por los padres.
- Dime con quien andas y te diré quien eres - he ahi lo que un viejo adagio previene. Las malas compañias son siempre perjudiciales, y la tendencia para el mal es una realidad, tanto más, por concurrir para ella la nefasta influencia del astral inferior, como asi también los errores acumulados en encarnaciones pretéritas.
Son incontables los desvios que se verifican por influencias de las malas compañias, de las excesivas libertades, de las contemporizaciónes por arriba de lo razonable y de las facilidades y concepciones aparentemente inofensivas.
Muchachos y chiquilinas, jóvenes y señoritas deben procurar en el hogar, y nunca fuera de él, el agasajo consejero, el ambiente ameno y confortador y el refugio contra las tentaciones y los peligros.
Aunque las transformaciones radicales no sean posibles, ni mismo en el propio convivio del hogar, en él, entretanto, pueden ser alcanzadas grandes conquistas para el perfeccionamiento de la personalidad. Pero cuando esto no pudiere ser conseguido, debido a la rebeldia temperamental de ciertos espíritus encarnados, cualquier mejoramiento deberá ser motivo de regocijo, porque esa conquista, por diminuta que parezca, tendrá siempre su valor.
Por corresponder a una acción constructiva cuyos resultados se multiplican, de generación en generación, nunca serán demasiados los esfuerzos consumados por los padres en la educación de los hijos, que deberá ser fundamentada, invariablemente, en esta importante trilogia: trabajo, honradez y disciplina.