CAPITULO X

LA AUREOLA

La aureola de todos los cuerpos que las personas que tuvíeren desarrollada la facultad medúnmica de la videncia pueden observar, es una emanación de los mismos cuerpos.

Más densa junto a la periferia del cuerpo, ella se diafaniza, gradualmente, desde ahí hacia su propia periferia externa.

La visión astral, cuando comienza a desarrollarse, apenas distingue la porción de mayor densidad de la .aureola. Su observación más profunda, mientras tanto, solamente es posible a aquellos que poseen la videncia lo suficientemente desarrollada.

La coloración de la aureola de los cuerpos minerales se presenta, en cierto modo, constante. En los cuerpos vegetales, la vida ya demuestra acción evolutiva mas avanzada y varíable. Los árboles en la mayor frondosidad de su existencia, y las maderas, en su utilización industrial, presentan aureolas diferentes que corresponden a la transformación ocurrida.

En los animales inferiores, aumenta la variación de los colores áuricos, que se alteran de acuerdo a sus estados de salud, de calma o de irritabilidad, de coraje, o de temor, de buena o de mala nutrición y, todavía, por la edad viril o senectud, respectivamente.

Es la aureola humana que, por la gran variedad de colores, presenta mayor complejidad para su análisis, pues, además de revelar el estado de evolución de cada individuo, expone sus tendencias, índole, grado de inteligencia, capacidad de raciocinio, sensibilidad de consciencia y, finalmente, la naturaleza de sus pensamientos.

Aunque parezca ser sólo una, en realidad son tres las aureolas humanas: la del espíritu, la del cuerpo flúidico y la del cuerpo físico, cada una de ellas correspondiendo a la naturaleza del cuerpo de donde emana.

La aureola del cuerpo físico, que es la emanación de todas las partículas de la materia organizada en el contenidas, puede ser observada, durante el sueño, sin la interferencia de las dos otras, cuando el espíritu y el cuerpo flúidico de el se alejan.

Se constata, entonces, ser ella blanquecina y trasparente (como si estuviese constituída de hilos de cabellos retesados), si el cuerpo estuviere sano, y curvos y caídos, cuando enfermo.

La aureola del cuerpo flúidico, de tenuidad inferior a los otros dos cuerpos, es casi invariable. Mientras tanto, ninguna se compara con la del espíritu que, por su intensidad y variedad de colores, define, con fidelidad, la naturaleza de sus vibraciones espirituales.

Los dos extremos opuestos en la gama de los sentimientos alimentados por el espíritu, son identificados en la aureola por los colores negro y blanco.

El blanco, límpido, cristalino, sin manchas, exterioriza la modalidad más elevada del desarrollo espintual

La negra, los más bajos y animalizados sentimientos.

Entre las aureolas negra y blanca, existe, de un extremo al otro, inmensa variedad de colores, cada cual definiendo un estado, una emoción, un sentimiento, imperfectos, es obvio, porque la meta que deberá ser alcanzada es la perfección, cuyo máximo exponente es el blanco.

La vista humana apenas puede distinguir los colores del espectro solar y sus asociaciones. Entretanto, existen innumerables otros que, no obstante no seren percibidos por los ojos físicos, hacen parte de una ordenada serie de colores de la aureola del espíritu.

La aureola humana varía de color, de acuerdo con el pensamiento emitido por el propio espíritu. En estado de calma y tranquilidad, ella se manifiesta por una coloración propia, reveladora del grado de evolución del mismo.

Siendo que la evolución se promove mediante la eliminación progresiva de los sentimientos inferiores, los colores de la aureola, representantivos del éstado de evolución, son compuestos de numerosos otros colores combinados, cada uno significando la presencia de un determinado sentimiento, emoción o pasión.

En el orden evolutivo, cada individuo bien intencionado procura despojarse de los defectos que va percibiendo en su propia personalidad, pero conserva aquellos que se les escapan. Ese procedimiento, asi mismo, varia de persona para persona.

Unos, mientras procuran dar combate a la vanidad, se olvidan de la avaricia, otros, esforzándose por dominar la envidia, se dejan llevar por la lujuria, y asi por delante.

De eso resulta modificarse el color habitual o propia de la aureola, de individuo para individuo. Y ese calor habitual o propio, va cambiando, paulatinamente, en la medida que el carácter vaya mejorando.

Está ella sujeta, todavía, a mutaciones repentinas y pasajeras. Basta que el ser se deje asaltar por una emoción cualquiera, para que su aureola adopte, inmediatamente, el color que esa emoción traduce. Es que la emoción produce una vibración correspondiente, y ésta, dominando el campo de la aureola, se impone con su color propia, característica y latente.

Los colores habituales de la aureola definen, de un modo general, el carácter del individuo, al paso que los colores pasajeros expresan las pasiones que aún no han sido dominadas y destruídas.

La lectura de la aureola solo podrá ser hecha, con exactitud, por espíritus de superior evolución, conocedores de toda la sutileza de la alternación y combinación de colores, una vez que en un mismo color cada tonalidad posee una expresión o significado particular, y cada combinación de dos o más colores, la tonalidad exige nuevas definiciones.

Los componentes del Astral Superior tienen la aureola invariablemente blanca porque, después de alcanzar aquel estado, su naturaleza pasa a ser inviolable.

No obstante que la aureola esté parcialmente oculta a la visión humana, la persona necesita habituarse a ser honesta, no por el miedo de que otros descubran la inferioridad de su personalidad interior, pero, si, por el deber de conciencia, por dignidad propia, por el respeto que debe a si mismo y por el esclarecimiento relacionado con la vida.

Solo asi el carácter del ser humano se pule, se bruñe, se perfecciona, se consolida, bajo condiciones estructurales indestructibles, para que, en cualquier situación, las actitudes que practica revelen siempre la alta calidad de sus atributos morales.

Capítulo XI - LA EVOLUCIÓN

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