CAPITULO VIII
EL PENSAMIENTO
El pensamiento es vibración del espíritu, manifestación de la inteligencia, poder espiritual.
Al alcanzar determinada faz evolutiva, siente el espíritu necesidad de dar expansión a sus conocimientos, alargar los horizontes de la inteligencia y, cada vez más, fortalecer los principios morales que fuere adoptando, de encarnación en encarnación, en la, ruta de la existência.
Pensar es raciocinar, es crear imágenes, concebir ideas, construir el presente y el futuro. Es por el pensamiento que la persona resuelve, soluciona, descubre y esclarece los problemas de la vida.
El espíritu imprime al pensamiento la propia fuerza de que es dotado. Al igual que el sonido y la luz, tabien el pensamiento hace todo su trayecto en ondas vibratorias que quedan registradas en el océano infinito de la materia substancial de que es provisto el Universo y, con facilidad, puede tornarse conocido de todos los espíritus, desde el instante en que es emitido. De ahí la imposibilidad de ser alterada la verdad, en la vida espiritual.
Todo el proceso de la evolución está fielmente impreso en el libro de la Vida. Las buenas como las malas acciones, los pensamientos inferiores, como los elevados, allí se encuentran grabados indeleblemente. Los pensamientos anteceden a las acciones. Asi, todo lo que es hecho, todos los actos dignos o indignos, son el resultado de pensamientos también dignos o indignos, Quien mal hace para si lo hace - dicen las leyes espirituales y con que razón lo dicen!
Los pensamientos quedan ligados a su fuente de origen, mientras permaneciere el sentimiento que los generó.
Ellos establecen verdaderos climas ambientales proporcionadores de salud o de enfermedades, de alegría o de tristeza, de triunfo o de fracaso, de bien o de malestar.
Formando corrientes que se cruzan en todas las direcciones, tienen como fuente alimentadora los propios seres encarnados y desencarnados que los emiten.
Muchas de esas corrientes son, más allá de enfermízas, terriblemente avasalladoras. Ellas llegan mismo a ejercer acentuada predominancia sobre las benéficas, por la gran inferioridad espiritual de que está saturada la atmósfera de este planeta.
Pensando mal, el ser humano no sólo transmite, pero también capta, en la misma intensidad, quiera o nó, pensamientos afines y los efectos de esos pensamientos maléficos. Esas corrientes producen los más serios daños en disturbios físicos y psíquicos.
La educación de la voluntad y el fortalecimiento de ésta, tienen importancia fundamental en la acción de gobernar a los pensamientos. Aprendiendo a fortalecerse con sentimientos repletos de valor, el ser humano creará en torno de si una barrera flúidica de tanta regidez, que los pensamientos maléficos de los espíritus obsesores no tendrán fuerza para romperlos o interferirlos.
Ánimo fuerte y resuelto para pensar y deliberar, es condición que se impone. Temores e indecisiones conducen a la derrota y a la ruina. El pensamiento racionalmente optimista debe prevalecer, siempre y siempre, porque - cuando aliado a la acción - se constituye en una fuerza capaz de demoler los más serios obstáculos.
Pensamientos de valor y de coraje, de firmeza y decisión, atraen las vibraciones de otros pensamientos de formación indéntica, produciendo un ambiente de confianza, capaz de conducir al suceso.
REVESES
Jamás el espíritu debe abatirse. Un revés no significa más que un accidente pasajero. Él debe servir para llamar la atención para algo que fue negligenciado o que era desconocido. Muchas veces, llega a ser mismo útil.
De cualquier modo, siempre habrá una experiencia a cosechar y una lección a guardar de cada insuceso que ocurre.
En la vida nada ocurre por acaso. Todo tiene su explicación, su motivo, su causa, su razón de ser. Nadie puede aprender sólo con el éxito, pues también se aprende, y mucho, con el insuceso. La felicidad, la salud y el bienestar no serían tan deseados, si fuesen desconocidas la desgracia, la enfermedad y la miseria.
Frente a eso, nadie debe desfallecer. El lema es sentir el mal para evitarlo, para combatirlo, para destruírlo, y concebir el bien para conquistarlo, para integrarlo en los hábitos y costumbres de todos los dias.
En esa conducta, es la acción soberana del pensamiento que sobressale,.por representar una fuerza motriz de prodigiosa capacidad para derrotar a los obstáculos.
Esa fuerza del pensamiento varía con la educación de la voluntad. La voluntad débil genera el pensamiento débil; la voluntad fuerte irradia pensamientos vigorosos.
No es, pues, dando acogimiento a las vibraciones enfermizas del pesimismo, del desánimo, de malquerencia, envidia, ingratitud, odios, venganza, de perversidad e indolencia, que el individuo se fortalece y resuelve sus problemas. Antes, por el contrario, entorpece la mente y se arruina con esas vibraciones.
SABER PENSAR
El pensamiento se cultiva, se perfecciona, se aprimora y fortalece, por el poder consciente de la voluntad. Pensamientos fuertes son claros, reflexionados y bien definidos.
Con mayor facilidad se concretiza un ideal cuando se sabe pensar firmemente y se pone en acción una voluntad repleta de energía.
Saber concentrarse en determinado asunto, dándole alas a la imaginación, con el propósito y el empeño de estudiarlo bien, de descubrir en él todos sus fatices, toda la multiplicidad de aspectos, todas la diferentes formas de interpretación y hasta mismo sus modalidades sofísticas, constituye objeto de ese estudio.
En todos los casos, sin embargo, necesita el estudioso ejercer severo control de si mismo, para no colocar, en la apreciación de los hechos en exámen, sus simpatías, los intereses egoísticos o mismo la influencia de la presunción y del convencimiento de que se encuentre poseído, pues estos ofrecen, invariablemente, una visión deformada de las cosas, y terminan por llevarlo a conclusiones erróneas.
Para ser constructivo, progresista, realizador y útil al Todo, el pensamiento debe ser límpido, cristalino y libre de las deformidades espirituales ocasionadas por un vivir indisciplinado, por la idolatria del ego y por la presupuesta infalibilidad de las opiniones que conducen al fanatismo de las ideas fijas.
Es común decirse que la unión hace la fuerza. Nada más exacto, tanto en el sentido material como en el espiritual. La influencia del medio es de mayor importancia para el bienestar del espíritu. Varios individuos de mala índole e inferior educación, ligados unos a los otros y a terceros, por pensamientos afines, producen vibraciones mucho más perniciosas de que las emitidas, apenas, por uno de ellos.
Por ese ejemplo se ve que todo individuo debe saber prepararse, mentalmente, siempre que tuviere que entrar en cualquier mal ambiente. Ese preparo consiste en el pensamiento vibrado con sabiduría, elevación, conciencia y confianza, en si mismo.
El vigor del pensamiento emitido por persona mentalmente sana y esclarecida, crece, en la medida de las necesidades del momento, se amplía, se expande y supera cualquier corriente de pensamientos inferiores, por la atracción que ejerce de la Fuerza afín Universal, cuyo poder es infinito.
FUERZA DEL PENSAMIENTO
La fuerza del pensamiento tiene, como medida, el grado de evolución del ser humano, y como límite la capacidad que este posea de utilizar sus propios atributos espirituales.
Esa fuerza deberá ser desarrollada siempre con el objetivo de favorecer el bien común. Desde que el ser humano se desarrolle en la conciencia de si mismo y se identifique con sus poderosas facultades latentes, encontrará en la fuerza del pensamiento el instrumento seguro y eficaz para la realización de todos sus anhelos y aspiraciones, y la protección de su salud física y mental.
La historia de la medicina registra innumerables casos de enfermedades graves cuyas curas, por muchos consideradas milagrosas, apenas se debieran a la reacción espiritual de los propios enfermos y a la atracción que supieron ejercer a las Fuerzas Superiores.
La sublimación del pensamiento produce un estado de conciencia sensible a la evolución del espíritu y propicio a la conquista de la felicidad interior y del bienestar por esa felicidad proporcíonada.
El espíritu concibe la imagen por el pensamiento, y solo después la materializa para determinado fin. Vean las maravillas de la pintura universal. Obsérvese la riqueza, la magnificencia de la obra, que consagró e inmortalizó tantos y tantos artistas, a través de los tiempos. Pues ninguna de elas fué estampada en la tela sin que el pintor la hubiese concebido mentalmente, en todos sus detalles.
Lo mismo acontece con el ingeniero. Antes de diseñar el edificio, la máquina, el aparato, el instrumento, la pieza, él los estudia y examina en todos sus pormenores.
Con el pensamiento en acción, engendra primero el esbozo, corrige después las probables deficiencias, hasta que la imagen de lo que va exteriorizar y materializar en el papel esté más o menos perfecta.
De toda la obra humana - toda, sin excepción - creó el espíritu la imagen por la acción del pensamiento, y solamente después la materializó. Y sí asi ocurre en la Tierra, mucho más en el Espacio, donde el poder del pensamiento creador es incomparablemente mayor.
Evolución significa, arriba de todo, poder creador. Cuanto mayor evolución tenga un espíritu, más poderoso se torna su pensamiento y, transcorrientemente, su capacidad de crear.
Um hombre atrasado, por más nefasta que sea su atividad, no puede ultrapassar ciertos límites impuestos por la indigencia del raciocinio o por la pobreza mental de que está dotado. Un espíritu de evolución, un científico, por ejemplo, si fuese utilizar los recursos de su inteligencia para el mal, podría causar una obra verdaderamente devastadora.
Y si esto es posible en un mundo tan modesto, de tan reducida evolución espiritual, imagínese la inmensa fuerza creadora de los espíritus de superior evolución cuyas actividades son ejercidas en planos más elevados. El pensamiento vigoroso emana del espíritu fuerte, adiestrado, experiente. En cada encarnación bien aprovechada, trabaja él conscientemente, para mejorar, cada vez más, su personalidad psíquica.
Y es en el orden de este progreso que crecen el poder del pensamiento y la capacidad de concibir, de criar, de realizar obras, cada cual más importante.
De las riquezas espirituales que la persona tiene forzosamente que conquistar en este planeta, asume papel de excepcional relieve la facultad del pensamiento, de cuyo poder concentrado y ceñido depende la racional solución de todos los problemas de la vida.