CAPITULO VII
DESENCARNACIÓN DEL ESPÍRITU
La vida humana está de tal manera organizada, que los acontecimientos ocurren en época propia, así considerada cuando no son contrariadas las Leyes Naturales, en el transcurrir de la existencia.
Es la violación de esas leyes la causa frecuente de perturbaciones y desequilibrios que, alterando el ritmo natural de la vida, acarrean para el espíritu profundos sufrimientos.
La evolución requiere tiempo, trabajo y sacrificio. Normalmente, la desencarnación deberá ocurrir en la vejez. Pero, para que esto acontezca, es necesario cuidar de la salud física y mental.
Muchos factores. en la Tierra, tales como las mudanzas bruscas de temperatura, el aire sucio, la insalubridad de ciertas regiones, los brotes epidémicos, las abundantes vias de contaminación y la influencia perniciosa de los espíritus del astral inferior, contribuyen para la desencarnación prematura de los seres humanos.
Todavía hay a considerar determinados fenómenos socíales, generadores de conflictos y guerras de extermínio.
De cualquier modo, la desencarnación, antes de la época propia, representa siempre un lapso en la evolución, y solamente existe un recurso para su reparación: es la reencarnación inmediata.
Pero esta reencarnación no es un problema fácil. Los candidatos a reencarnar son numerosísímos, ultrapasando las posibilidades existentes. De ahí la necesidad de espera.
Para no perder tiempo, muchos espíritus deciden encarnar en medios desfavorables, dispuestos a enfrentar cualesquiera dificultades.
La constatación de que otros, de la misma clase, porque se esforzaron más y supieron mejor aprovechar el tiempo en la vida terrena ascendieron a clase superior no que deja de causarles sufrimientos, no propiamente por esa ascención, pero:por el hecho de no poderlos acompañar y de ellos , tener que distanciarse, en la jornada evolutiva
El espíritu de una determinada clase puede abservar lo que se pasa con otros espíritus de la suya y de las clases inferiores. No lo puede hacer, mientras tanto, en lo quese relacion con las clases superiores.
Los que quedan, los que estacionan, pierden el contacto con viejos y queridos amigos, compañeros de largas jornadas en muchas y muchas encarnaciones, y sufren, por eso, el dolor que sienten los que ven en la Tierra desencarnar los entes queridos.
Ese contacto entretanto - lo saben los seres en los planos espirituales - podrá ser restablecido. Pero, de que manera? La respuesta es obvia. Si una persona anda más despacio en conparación con otra que camina más de prisa, luego se distancian ambos. Y si el que vá adelante no está dispuesto a reducir sus pasos, el que está en desventaja tendrá que aumentarlos, si quisiere alcanzarlo.
Pues es precisamente eso que hacen muchos espiritus cuando toman la decisión de encarnar, dispuestos a enfrentar todoslos sufrimientos de la vida terrena, que saben ser pasajeros, para enriquecerse de conocimientos y valores morales que los habiliten a ascender a la clase inmediata
Con ánimo fuerte y redoblado esfuerzo, consiguen recuperar el tiempo que perdieron y reaproximarse, fraternalmente, de los que les habían pasado al frente.
La desencarnación deberá ocurrir, normalmente, en la vejez. El cuerpo humano es como una flor o un fruto: nace, cresce, alcanza el máximo desarrollo y, finalmente, fenece. Cuando fenece, deja de tener cualquier utilidad para el espíritu. Se impone, pues, una solución natural, espontánea y sabia, que es la desencarnación.
Solamente en casos excepcionales, la desencarnación podrá darse antes del encarnado haber completado las cuatro fases de la existencia terrena, sin perjuicio para él. Es cuando, por ejemplo el espíritu pertenece a clase superior a la 17ª y baja a la Tierra en mísion especial de hacer despertar a la humanidad o contríbuír para transformaciones morales que puedan acelerar el ritmo de la evolución en el planeta.
Qué es, al final, la desencarnación? En qué consiste? Cómo se procesa?
DESENCARNACIÓN, FENÓMENO NATURAL
La desencarnación es un fenómeno natural en la vida de todos los animales. Ella significa lo opuesto a la encarnación. El espíritu encarna en la ocasión en que se posesiona del cuerpo, en la natalidad, y desencarna, en el exacto momento en que abandona definitivamente ese cuerpo.
Cuando esto acontece, el espíritu hace con que se desprendan los lazos flúidicos que transmitían la vida al cuerpo físico, anteríormente ligados al cerebro y al corazón de éste, y de el se aleja, con su cuerpo astral.
No perdamos de vista, entretanto, que la denominación de espíritu solamente es dado a la partícula de la fuerza que haya adquirido condiciones evolutivas para encarnar en cuerpo humano.
Una vez abandonado, por el espíritu, el cuerpo físico, nada más es de que un compuesto de materia. Su fuente de vida ya no existe. Al cesar ésta, por el alejamiento del espíritu, cae en el dominio de las leyes químicas, desintegrándose, y sus moléculas pasan a componer otras formas y a constituír otros organismos.
Es natural el sentimiento de los que quedan, por la ausencia de los que van. El sentimiento, si, el desespero, nó. La añoranza es comprensible, y se admite. La mortificación jamás.
El esclarecimiento a respecto de como se procesa la evolución es un gran bien, por ser el único medio capaz de llevar la persona a encarar, con naturalidad, la desencarnación, por el reconocimiento de tratarse de acontecimiento normal en el desdoblamiento de la vida.
Por no perder de vista a sus amigos encarnados, el espíritu desencarnado no siente, como estos, la separación. En verdad él no puede conversar como lo hacia anteriormente. Dispone, entretanto, del sentido telepático, por medio del cual es capaz de transmitir pensamientos al espíritu de los seres encarnados, que los reciben como si fuesen sus propios pensamientos.
Y, lo que es peor: no transmiten, mientras aprisionados a las influencias terrenas, apenas pensamientos. También transmiten sentimientos, muchos enfermizos, perniciosos, obececantes.
Necesitan, pues, los seres encarnados auxiliar, con pensamientos elevados, a los entes queridos a ascender a sus mundos, donde la vida es sentida en toda su realidad, sin las influencias perturbadoras del plano terrestre.
CREENCIA INFUNDADA
Ya es tiempo de abandonar la creencia de que los espíritus desencarnados necessitan de rezos, de preces u oraciones. Esto no es verdad. En el campo espiritual, donde las influencias perturbadoras no existen, la vida es sentida con entera, realidad. La lucidez del espíritu es completa. Este tiene plena conciencia de la eternidad de la vida y del proceso de su evolución.
Cielos beatíficos y paradisíacos, purgatorios estacionarios e infiernos o demonios y calderas incandescentes, son imaginarias creaciones humanas que el propio buen sentido repele. Lo mismo acontece con relación a un supuesto enjuiciamento divino. Es pura ficción. No existen dioses para juzgar a los que desencarnan.
Al dejar la atmósfera terrestre - y con ella todos los factores de confusión y perturbación - los espíritus ven, con alegría, lo que hicieron de bien, y con profundo pesar, las acciones condenables.
Los cementerios y las iglesias donde se hacen mentalmente evocaciones de seres desencarnados, constituyen puntos de atracción de los espíritus del astral inferior, por las corrientes flúidicas afínes que los pensamientos de encarnados y desencarnados forman en esos locales. Por eso, siempre que el ser humano tuviere que penetrar en tales medios, debe hacerlo con la conciencia esclarecida, para no tomar parte en la vibración de esas corrientes.
Cuando se viere, por ejemplo, en la obligación moral de acompañar los restos materiales de una existencia humana, debe desviar el pensamiento de la comunidad acongojada, y elevarlo, sereno, claro, límpido, consciente, al Astral Superior, que es la meta para donde se dirigen todos los espíritus libres de sus ligaduras con la materia y de las influencias flúidicas originarias de las emociones inferiores, de las cuales este planeta se encuentra saturado.
ESTACIONAMIENTO EN LA ATMÓSFERA DE LA TIERRA
Ya sabemos como se opera la desencarnación del espíritu. Al abandonar, definitivamente, al cuerpo carnal , se retira con el cuerpo astral que es, como también sabemos, formado de materia flúidica. imponderable a los sentidos comunes.
Cuando, el ser desencarna, si no posee, esclarecimiento a respecto de la vida espiritual, son las cosas íntimamente relacionadas con la materia que más lo influyen, en los momentos que anteceden y suceden a la desencarnación, de la cual comunmente no se apercibe.
Esa influencia es más fuerte, más dominadora, todavía, cuando el espíritu vivió atollado en los vicios, con el pensamiento dirigido hacia los placeres materiales.
En tal estado - y porque el cuerpo astral le da la impresión del carnal - deambula por la superficie de la Tierra,. andando como cualquier transeúnte, aburrido con la falta de atención de los encarnados que no se perciben, es claro, de su presencia. Sin embargo, no le faltan oportunidades para entrar en relaciones con otros espíritus desencarnados, en situación idéntica.
Los movimientos de los espíritus desencarnados, en la superficie terrestre, obedecen a las condiciones de sus cuerpos astrales. Si estos están impregnados de elementos groseros, por la conducta viciosa mantenidas por aquéllos, se transladan, paso a paso, como lo hacen los seres encarnados.
Entretanto, aquellos que vivieron una existencia terrena menos materializada, deslizan en el ambiente atmosférico, de acuerdo con la densidad de sus cuerpos astrales, impelidos por la acción del pensamiento.
A pesar de que esos espíritus comprenden, con relativa facilidad, el fenómeno de la desencarnación, sus pensamientos se prenden demasiadamente a los acontecimientos de la vida terrena, con el deseo de continuaren sintiendo las emociones y los placeres de esa misma, vida, pasando entonces a actuar sobre los seres humanos, y esa actuación, cuando persistente, acaba tornándose obsesiva. Es ese el deseo que los induce a permanecer en la atmósfera de la Tierra, en una actividad semejante a la que desarrollaron como encarnados.
Los que fueron médicos, por ejemplo, continúan procurando ejercer sus actividades donde encuentran receptividad mediúnica desarrollada y desprotegida de la disciplina Racionalista Cristiana.
Acontece, sin embargo, que no disponiendo los espíritus, en la Tierra, de medios para ampliar sus conocimientos, no pueden evitar las mistificaciones ni librarse de las influencias deletéreas del ambiente en que actúan.
Por eso, siempre son perjudiciales sus actuaciones, qualquiera que sea el grado de evolución a que hayan alcanzado.
ASTRAL INFERIOR
La camada atmosférica que envuelve al planeta Tierra, se denomina astral inferior. En esa camada permanecen espíritus que pertenecieron a todas las clases sociales y que, en su vida de encarnados, se dejaron dominar por las emociones materiales.
Esas emociones no faltan en el astral inferior, que es también ambiente impregnado de misticismo religioso.
Innúmeros de aquellos que engañaron al prójimo con promesas del cielo y amenazas del infierno, alli también se encuentran presentes. Es el paraiso de todos los materialistas y gozadores.
Ningún espíritu encarna teniendo como punto de partida el astral inferior. Él deberá passar indefectiblemente del astral inferior para el mundo correspondiente a su clase, y solamente de ese mundo podrá venir a reencarnar.
En el astral inferior, los conocimientos del espíritu son limitados a los que tuvo en la Tierra. Los que fueron materialistas, aún más se aferran a esa idea, ya que el medio ambiente no es favorable para la mudanza de opinión.
Alli constatan que no hay dios, ni demonio, ni santos, ni cielo, ni infierno, y se ríen de los adoradores que aún continúan entorpecidos por la influencia de sus creencias.
Los religiosos, educados en el régimen del temor, se acobardan, inicialmente, al penetrar en el astral inferior, pensando en el purgatorio y en el infierno.
Observan, seguidamente, que fueron engañados y se perturban, pierden la noción de su estado, en una situación de completa perplejidad. Desorientados, acuden a las iglesias, como en busca de un derrotero, de un guía, de una tabla de salvación.
Con el transcurrir del tiempo, se van familiarizando con el embiente y compartiendo conocimientos con otros desencarnados, en idéntica situación.
No es sin decepción y sufrimientos que muchos ven destruírse, deshacerse el castillo de fantasías que arquitectaron en su mente, con el abundante material sugestivo de la mística religiosa.
Mismo asi, es tal el apego a los santos y a los dioses, y tan grande, tan profundamente enraizado el terror de verse castigados, que ni mismo en ese estado de semiconciencia espiritual son capaces de hacer funcionar el atrofiado raciocinio para la liberación que tantos beneficios les proporcionaría
Es relativamente pequeña la transformación que observa el desencarnado al penetrar en el astral inferior: ve que posee un cuerpo igual al carnal, y observa el cuadro de la vida material terrena, como siempre lo conoció.
Expresándose, como los demás desencarnados, por la acción del pensamiento, como si estuviese hablando, puede mismo oír el timbre del sonido que le da la idea de ser de la propia voz.
Ese fenómeno es perfectamente compreensible: los pensamientos poseen diferente densidad y, consecuentemente, un sonido especial, característico e individual.
Todos esos hechos contribuyen para que el desencarnado se adapte en el astral inferior, ignorando los males que le sobrevendrán de esa permanencia en un medio ambiente en que la evolución se estanca, con el agravante de almacenar, para rescate futuro, cargas más o menos pesadas, conforme la actividad a que se entregó en ese sector de baja espiritualidad.
EXPANSIÓN A LOS VICIOS Y CONTACTO PELIGROSO
Los espíritus desencarnados dan expansión, en el astral inferior, a los vicios que mantenían en cuerpo humano. Asi, si tienen voluntad de fumar, se recuestan al encarnado que está fumando, y experimentan, por inducción, el mismo placer que aquél siente.
De igual modo proceden con relación a los demás deseos, y de ahí se llega a la conclusión que todos los espíritus encarnados, portadores de vicios, se entregan, como instrumentos inconscientes, a la satisfacción de los que alimentan los espíritus del astral inferior.
Hay, todavía, un punto a esclarecer: ni siempre los deseos viciosos parten de la criatura encarnada.
Muchas veces son los obsessores viciados que la ocompañan (y con los cuales ella anda, sin saberlo, asociada) que los provocan e instigan para saciarlos.
El peligro del contacto con los espíritus del astral inferior no está solamente en tornarse pasivo el ser humano a las malas influencias intuitivas, que resultan siempre en desatinos, en obsesiones, en conflictos domésticos, en resentimentos infundados, en desentenmiento con la familia, en prevaricaciones e infidelidades.
Hay también el riesgo de accidentes o desastres, motivados por el estado de perturbación a que ellos pueden hacer llegar al ser humano. A esos males se agregan las molestias infecciosas que los espíritus del astral inferior generalmente ocasionan o agravan, provocándole a la persona, su desencarnación prematura.
El proceso es relativamente sencillo para ellos: recogen, en los focos de materia en estado de putridez, miasmas contaminadores y los arrojan en el cuerpo de la víctima, aprovechándose de las lesiones o heridas expuestas, de la debilidad del paciente y de todos los elementos favorables a la propagación a desarrollo del mal.
PERVERSIDAD SIN LIMITES
La perversidad en que pueden accionar los espíritus del astral inferior, es casi sin límites. La acción deletérea de esos espíritus, constituy la causa promotora de muchas y muchas desgracias.
Y aún serían mayores, si los espíritus del Astral Superior no contaran con el dispositivo de corrientes más fuertes, formadas por las vibraciones de pensamientos de seres encarnados y esclarecidos a respecto de sus deberes espirituales, que pueden conservar limpio su mental y matenerse en condiciones de reaccionar contra cualquier influencia maléfica.
Como los espíritus del astral inferior no ignoran que todos los seres poseen mediumnidad intuitiva, de ella se aprovechan para inculcar en el mental de los mismos ideas absurdas y disparatadas.
De ahí la razón de andaren ciertos individuos con manías de persecución, otros viendo las cosas siempre por el lado negro, o todavía de suponerse víctimas de enfermedades diversas.
Cumple acentuar - y este detalle es de mayor importancia -, que ni todos los males de que es víctima la humanidad son provocados por la acción de los espíritus del astral inferior. Cada individuo posee tendencias, temperamento, modo particular de sentir y ver las cosas, libre albedrío para tomar decisiones, e individualidad propia. Él tiene, consecuentemente, la responsabilidad directa por los sucesos o fracasos que tuviere en la vida.
Es verdad que las fuerzas del astral inferior, cuando atraídas por pensamientos afines, intervienen en la vida de los seres humanos, provocando males o agravando los ya existentes, pero no es menos verdad que ellos pueden defenderse perfectamente de esas fuerzas inferiores, con las poderosas armas del pensamiento y de la voluntad
FORMACIÓN DE FALANGES
Existen, en la Tierra, individuos que gobiernan, y otros que son gobernados. Si esos individuos no fueren capaces de imprimir a las actividades terrenas a que se entregan un sentido espiritualista, ingresan, cuando desencarnan, en el astral inferior, conservando las mismas inclinaciones de mando y de obediencia.
Asi se forman las falanges, dirigidas por un jefe. Si su comandante es perverso, también lo son los comandados, pues lo que los une es, precisamente, la afinidad de sentimientos.
Esas falanges coordinan sus actividades pernciosas con las de los encarnados que se entregan a la práctica de la magia negra y sus numerosas derivaciones.
El grado de perversidad de cada falange depende de la inferioridad espiritual de sus miembros. A las que se disponen a colaborar en los más requintados actos de salvajismo, asisten los individuos encarnados más violentos y feroces, del mismo modo que otras, de instintos perversos menos agresivos, intuyen a médiums de sentimientos idénticos: los macumberos, los oráculos, a los arregladores de negócios, a los cartomantes y todos los embusteros que trafican con la felicidad ajena.
La gran mayoría de los suicidios, de los casos de locura, de las desavenencias, disturbios callejeros, de los conflictos, de las agresiones, de las discusiones, de los desórdenes, de las intrigas y de las convulsiones por pasión política, es provocada por la interferencia de las fuerzas del astral inferior.
Los espíritus que alli estacionan están todos envueltos por flúidos densos y groseros, impregnados de corrientes vibratorias malsanas, como la envidia, los celos, la corrupción, el odio, la mentira, la ingratitud, la hipocresía, la traición, la falsedad y otros sentimientos equivalentes.
Esos espíritus accionan, frecuentemente, con maña y suavidad, exteriorizando en los centros espiritistas en que actúan (que no deben ser confundidos con las Casas Racionalistas Cristianas), los más puros y nobles sentimientos y las más dulces y melodiosas expresíones de amor al prójimo.
ESPÍRITUS BIEN INTENCIONADOS
No se suponga que en el astral inferior impere solamente la maldad. En el mismo ambiente de almas pervertidas, encuéntranse otras que tuvieron la intención de ser buenas, cuando encarnadas, pero que fracasaron en ese propósito, por haber conservado adormecido el raciocinio, en lamentable inconciencia de lo que representa, en el transcurso de la vida, el sentimiento de justicia y la prática efectiva - y no solamente en pensamientos - del bien.
Es bueno insistir en que nada pueden hacer las fuerzas del astral inferior de útil a la humanidad, a pesar de encontrarse, en ese medio, espíritus bien intencionados.
La razón fácilmente se comprende: las mejores intenciones de esos espíritus son neutralizadas por la acción flúidica del ambiente, acabando por producir males cuya intensidade varía, de acuerdo con su grado de espiritualidad.
Solamente en el mundo relativo a la clase a que pertenecen, para donde tendrán que seguir, antes de volver a encarnar, es que los espíritus - libres de toda perturbación y en plena lucidez - reconocen el gran atraso que produce a la evolución del ser humano la desencarnación prematura.
En la atmósfera de la Tierra, de un modo general, consideran mejor la vida que llevan, bajo ciertos aspectos, de que la de los encarnados. Por eso, muchas veces desean que los amigos que dejaron en la Tierra desencarnen también, para hacerles compañia, y pasan a trabajar astralmente para eso, sin que estén movidos por cualquier sentimiento de hostilidad.
ASCENCIÓN A LOS MUNDOS A QUE PERTENECEN
Es error suponer que todos los espíritus que desencarnan ingresan en el astral inferior. Muchos ascienden, inmediatamente, a los mundos de su clase, sin detenerse un solo instante en la atmósfera de la Tierra.
Esos son los que saben vivir espiritual y materialmente, los que ven en el trabajo honrado una de las serias razones de la vida, los que mantienen puros, limpios e incontaminados sus pensamientos.
Los que asi viven y piensan, atraen, frecuentemente, a las Fuerzas Superiores que los asisten, principalmente en el momento de la desencarnación, auxiliándolos a transladarse para sus mundos.
Ya hemos visto que el Astral Superior cuenta, para. su obra de saneamiento del planeta, con varios puntos de apoyo en la Tierra, pues, sin tal apoyo su trabajo, se tornaría más difícil, sino mismo imposible.
Donde quiera que se encuentre una persona a irradiar pensamientos de alto sentido espiritualista, con el sincero deseo de beneficiar el prójimo, ahí está un polo de atracción, un instrumento de apoyo a la acción de las Fuerzas Superiores. La Limpeza Psíquica que las Casas Racionalistas Cristianas realizan, no tiene otra finalidad.
Con el auxilio de las corrientes flúidicas allí formadas, penetran los Espíritus del Astral Superior en la atmósfera de la Tierra, de ella arrebatando obsessores. de toda especie, de los más pacatos a los más agresivos.
Se cuentan, entre los espíritus arrebatados por la corriente flúidica.organízada por esas Fuerzas del Bien, cuya luz esplendente ilumina y despierta a las conciencias, mismo a las más empedernidas - innumerables perturbadores del equilibrio de la vida terrena, unos de gran inteligencia, otros de enorme obtusión, otros, todavía, de intelectualidad incipiente, pero todos sumergidos en el más profundo materialismo: escamoteadores contumaces, magistrados venales, audaces mistificadores, impenitentes charlatanes, ministros vanidosos, presidentes pseudo-patriotas, reyes magalomaníacos, papas adoradores y de mental oscurecido por los dogmas, etc.
El primer deber del espíritu, después que desencarna, es elevarse al mundo a que pertenece, sin detenerse en la atmósfera de la Tierra.
Sin embargo, como nadie puede cumplir el deber sin estar para eso preparado, los espíritus desencarnan, en su mayoria, envueltos en la niebla embriagadora de las sensaciones materiales, agravadas por, las fantasías creadas por las místicas religiosas, y pasan, asistidos por obsesores, a engrosar las huestes de los que estacionan en la atmósfera de la Tierra.
Solamente los que no se olvidan, cuando encarnados, de los deberes espirituales, y a ellos condicionan toda la grandeza de la vida, están preparados para la ascención a los mundos a que pertenecen, sin resbalar por las corrientes impuras del astral inferior.
Si la humanidad pudiese comprender que todos los acontecimientos ocurren dentro de condiciones naturales, de acuerdo con el estado del alma, o supeditados al desarrollo espiritual de cada individuo, no se mortificaría ni se dejaría abatír por el desespero y las amarguras a que constantemente se entrega.
Todos los espíritus del Astral Superior tienen esa conciencia. Y porque la poseen, observan, con el entendimiento esclarecido, las desgracias que se lamentan en el planeta, sin que ellas produzcan cualquier alteración en sus sentimientos y actividades.
VIDA ES ACCIÓN
Vida es acción. Donde hay acción, está el cumplimiento del deber. Como la vida es dinámica y sin interrupciones, los deberes que recaen sobre el espíritu están siempre presentes, y su cumplimiento representa una imposición impostergable que en el Astral Superior es cumplida rigurosamente.
Allí no se conocen el cansacio, la pereza, la indolencia o la displicencia, ni se deja para después lo que debe ser hecho en el momento exacto. La fatiga resulta de los trabajos materiales que no afectan al espíritu.
En el Espacio Superior no existen el dia y la noche. La luz que lo ilumina y satura, permanentemente, es la Fuerza Inteligente en acción en el océano infinito del Universo. Los espíritus estacionados en el astral inferior se encuentran fuera de la ley, impedidos de cumplír sus deberes, por, ser aquél un medio creado por el error, por el abandono de las obligaciones, por la sumisión a los vicios, por la atrofia y embrutecimiento del sentido espiritualista y por la expansión de las tendencias inferiores provenientes de encarnaciones anteriores, que no se preocuparon por extinguirlas.
En tal ambiente, los espíritus permanecen completamente, ilusos a respecto da la vida, y en la dependencia de ser despertados para ella. Y ese despertar no es fácil, debido a la influencia de los flúidos perturbadores que los envuelven.
Sin la lucidez indispensable para la clarificación del embotado sentido del deber, vegetan en una situación inferior a la que soportaban cuando encarnados, por no disponerem allí de ninguna posibilidad de mejorar su estado espiritual.
Engañosos aspectos de la vida material pueden seducir al espíritu, pero apenas durante su situación de encarnado o en la atmósfera terrestre. En su mundo, libre de todas las influencias terrenas, la vida real se presenta con la limpidez de la verdad. En él, los deberes tienen una sola interpretación, no habiendo, por eso, sofismas, modos de ver, alternativas, situaciones indecisas, vacilaciones, dudas e incertidumbres. Deber firmado y deber cumplido, son principios que se confunden en una sola consumación.
En el mundo correspondiente a su clase, no puede - como esta obra lo esclarece - el espiritu evolucionar. Esa imposibilidad resulta de que todos allí poseen el mismo nivel intelectual y, pues, idéntico grado de desarrollo. Nada tienen, asi, para enseñarse unos a los otros.
Pero este planeta está - como ya fué dicho - preparado para recibir espíritus de diecisiete clases diferentes, que aqui se mezclan, se auxilian, se confraternizan, permutando conocimientos.
No es necesario resaltar, más una vez, la ventaja que esa desigualdad de valores representa, en el proceso evolutivo de la humanidad. Ella es tan importante, tan valiosa, tan necesaria, que hasta los miembros de una misma familia son, en regla, de espiritualidad diferente.
VISIÓN DEL PASADO
A las facultades de los espíritus, no escapan ningún detalle, ningún movimiento, ningún hecho referente a su vida anterior. Tienen ellos grabado en materia flúdica, por la acción vibratoria del pensamiento - y con la más absoluta fidelidad -, toda la vida pasada, desde su origen, y la continúan grabando, eternamente.
No es difícil hacer una idea de lo que significa el registro en esa inmensa, en esa interminable estera flúidica, en que todos los cuadros de la vida de cada ser están enfocados, como si fuesen peliculas cinematográficas, cuyas escenas pueden ser vistas en cualquier época.
Tan pronto alcanza el mundo a que pertenece, el espíritu pasa revista a toda su vida pasada. La examina, detenida y minuciosamente, hace confrontaciones, observa las encarnaciones pérdidas, calcula el tiempo que desperdició en las parcialmente aprovechadas, raciocinia, analiza y estudia la posición en que se encuentra, con el fin de establecer un nuevo plan para la encarnación siguiente.
Si verifica que hizo estacionamiento en el astral inferior, deplora, íntimamente, no haber utilizado mejor sus propios recursos espirituales, con los cuales habría adiccionado otros valores a su patrimonio moral.
POLOS DE ATRACCIÓN
Ya sabemos - porque esto fué explicado en las páginas anteriores - que los espíritus realizan su progreso reencarnando en este mundo, hasta alcanzar el décímo-séptimo grado de evolución.
De ahí para arriba, la evolución es procesada en el Espacio que, - como también fue dicho -, es denominado Astral Superior.
Entre otros muchos deberes, tienen los espíritus del Astral Superior el de contribuir para el progreso de los seres encarnados, respectando, en regla general, el libre albedrío de estos.
Sin el establecimiento de polos de atracción suficientemente fuertes, sería del todo imposible, a los espíritus del Astral Superior llegar en la Tierra. Para eso, además de los seres humanos esclarecidos que en este planeta le sirven de instrumentos, disponen de la participación de los espíritus de los mundos opacos, que están a su servicio.
Esos espíritus deberían de hacer su evolución reencarnando, como generalmente acontece. Sin embargo, fueron tantas las encarnaciones perdidas, y tan grandes los sufrimientos por los que pasaron, sin provecho, que se decidieron a trabajar en el Espacio, no obstante sabiendo que allí su progreso espiritual es muy lento.
Entretanto, hay, a favor de ese proceso, la circunstancia de no haber pérdida de tiempo, como acontece en la Tierra, donde millones y millones de encarnados atollan en las bajas pasiones mundanas.
Los espíritus clasificados en los mundos opacos son de la sexta a la décima-primeira clase. Sus cuerpos astrales se componen de materia flúidica, más o menos densa, y con ellos pueden locomoverse, fácilmente, por la superficie de este planeta. Rigurosamente disciplinados por las Fuerzas Superiores, su actividad es valiosa, ya que pueden penetrar en cualquier ambiente, por peor que él sea.
Ofrecen, todavía, los espíritus de los mundos opacos estrecha colaboración a los encarnados, cuando en desdoblamiento en el régime doctrinario explanado en esta obra, pára que las Fuerzas Superiores puedan promover grandes limpiezas psíquicas en el astral inferior, de él arrebatando a terribles obsesores. En el Astral Superior, disponen los espíritus de los más amplios recursos para el cumplimiento de sus deberes.
ESPACIO Y TIEMPO
Espacio y tiempo son dos relatividades terrenas desconocidas en el Espacio. El campo de vista del ser humano está circunscrito a las tres dimensiones. Cuando a ciencia terrena registra la velocidad de la luz, nada puede informar a respecto de la velocidad con que los Espíritus Superiores - que de igual modo son Luz - pueden transladarse en el Espacio. Y nada puede informar porque, en el presente estado de evolución de la humanidad, ese conocimiento aún no hace falta.
Espacio y tiempo - abstraídas las condiciones de la relatividad - son dos expresiones que se confunden en una sola.
Cuando el intelecto humano estuviere en condiciones de ejercitar su facultad deductiva, imaginativa y analitica, en la órbita de esa comprensión, entonces el aspecto del Universo cambiará por completo, y el problema de las grandezas inconmensurables pasará a tener nueva significación. Es justamente bajo tal modalidad de vida que se efectúan los movimientos de los espíritus del Astral Superior, teniendo por campo de acción extensiones que escapan a los límites de la comprensión existente en el horizonte del mental humano, y por deberes, transcorrientemente, atribuciones que no se asemejan a las del vivir terreno.
Las minucias de la vida del Astral Superior interesan apenas a los que allá se encuentran. Al espíritu encarnado, ninguna contribución podrán, por ahora, ofrecer.