CAPITULO VI
ENCARNACIÓN DEL ESPIRITU
El planeta Tierra no es habitación permanente de ningún espíritu. Es un mundo-escuela, un laboratorio depurador, una oficina de aprendizaje, de trabajo, donde él se instruye, se perfecciona, se desarrolla, en tiempo más o menos largo y en ambiente adecuado para promover su evolución.
Conforme lo esclarece el capítulo IV de esta obra, los espíritus están distribuídos por clases, en mundos propios, de acuerdo con la evolución de cada uno.
Los espíritus que evolucionan en este planeta, pertenecen a las primeras diecisiete clases, separadas, unas de las otras, en el espacio, en el orden de su importancia.
Sin embargo, al encarnar, se mezclan, intensamente, para la formación de pueblos de estructura heterogenea, como conviene a un mundo escuela.
Los que saben más, los que disponen de mayor aprendizaje, de mayor lastre de experiencia, enseñan a los que saben menos aquello que, por su vez, aprendieron de otros. Exactamente por ese hecho es que se ven, con frecuencia, seres de espiritualidad bastante diferente en una misma familia.
Para bien aprender las lecciones de la vida, necesitan las personas encontrar, en su semejante, cualidades y conocimientos que aún no lo poseen.
El espíritu es inmaterial. Material es su cuerpo astral, también conocido como periespíritu o cuerpo animico, compuesto de flúido quintaesenciado - pero materia - de la misma naturaleza de la substancia flúidica del mundo en que se aloja, en el intervalo de las encarnaciones.
Semejantemente, su cuerpo carnal corresponde a la materia componente de este planeta. Cuanto más adelantados los mundos de luz a que va ascendiendo el espíritu, en su evolucionar, más diáfana es la materia quintaesenciada de que se compone su respectivo cuerpo astral.
Esto explica la razón de seren los cuerpos astrales - no obstante de substancia idéntica - más diáfanos unos de que otros.
Ningún hecho, ningún acontecimiento de la vída humana puede ser ocultado a los planos espirituales. Es que todo lo que pensamos o hacemos produce movimientos vibratorios que se cruzan en todas las direcciones.
Por eso es que tan prontamente se opera una fecundación, ésta es inmediatamente constatada en esos planos, y un espíritu acude a cumplir una de las más importantes determinaciones de las leyes naturales - la reencarnación - de entre los que aguardan, sin temor o reluctancia, dentro del más riguroso orden, cada uno por su vez, compenetrado de los deberes que le están designados.
Determinado a reencarnar, e identificada aquella que le va servir de madre, el espíritu acompaña la gestación hasta el tercero mes, cuando entonces toma ligazón, mediante cordones flúidicos, al cerebro y al corazón del feto
El cuerpo carnal, en formación, comienza a ser envuelto, molécula a molécula, por el cuerpo flúidico del espíritu, que sobre él irradia apostado en el lado de afuera del cuerpo de la gestante - hasta el momento de ser dado a luz, cuando entonces toma entera posesión de él.
Consumada la encarnación, queda el espíritu yuxtapuesto al cuerpo de la criatura, del lado izquierdo, apoyado en su cuerpo astral.
Seguidamente de la encarnación del espíritu, queda el ser humano constituído de tres cuerpos:
1 - cuerpo mental (espíritu)
2 - cuerpo astral (materia flúidica)
3 - cuerpo carnal (materia organizada compuesta)
Con esa constitución deberá ejercer sus funciones terrenas y vivir, distintamente, las dos vidas: la material y la espiritual.
El cuerpo mental - para el cual están dirigidas las atenciones de los estudiosos - es el agente vivo e inteligente que gobierna a los otros dos cuerpos - el astral y el material - siendo, por lo tanto, responsable por todas las manifestaciones de la vida.
La ley de transformación de la materia, a que están sujetos los dos últimos cuerpos, jamás lo alcanza. Eterno e inmutable, en su esencia, el ofrece, a medida que evoluciona, admirables demonstraciones de potencialidad y valor.
El cuerpo astral es la ligazón, la unión entre los cuerpos mental y carnal. Él está preso, partícula por particula, al cuerpo mental, en virtud de la vibración permanente de éste, y envuelve a todo el cuerpo carnal uniéndose, por cordones flúidicos, a sus órganos principales - el cerebro y el corazón.
Durante el sueño, el espiritu se aleja, con su cuerpo astral, (del cual no se aparta nunca) sin interrumpir, no obstante, la unión con el cuerpo carnal, al cual continúa transmitiéndole calor y vida, a través de los cordones flúidicos ya mencionados.
Por mayores, por más extensas que sean las distancias que separen el espíritu de su instrumento corpóreo, jamás interrumpe la ligazón con este, no solo porque tal interrupción significaria la desencarnación, sino porque la naturaleza de los cordones flúidicos les permite distanciarse, remotamente.
De este modo, solamente en el acto de la desencarnación dejan, los cuerpos mental y astral, definitivamente al carnal.
El cuerpo carnal es una máquina admirablemente concebida por la Inteligencia Universal para proporcionar al maquinista - el espíritu - los recursos, los elementos, los medios con los cuales lleva a efecto, en el planeta Tierra, un curso de perfeccionamiento, en múltiplas, en innumerables encarnaciones, indispensables para su ascensión a ambiente de mayor espiritualidad, en un plano más alto de evolución.
Toda ciencia médica de él se ocupa, estudiándolo, en sus mínimos detalles. Y no es pequeño el número de científicos que ya admiten ser los desordenes del espíritu - en los cuales se incluyen, con destaque, las perturbaciones emocionales -, la causa de gran parte de los desarreglos físicos, formando todo un cuadro, de anormalidades y enfermedades cuya etiología no constituye más un secreto para ellos.
Definido por trazos normales, el cuerpo carnal puede ser presentado como una perfecta y acabada pieza escultural.
El espíritu, cuando encarna, se aisla de su pasado, olvidándose, por completo, de las anteriores encarnaciones.
Esto representa, para él, un gran bien. Primero., porque la cortina de materia, impidiendo que se reconozcan desafectos de otras encarnaciones, posibilita la reconciliación de éstos, aproximándolos, sin resentimiéntos o malquerencias. Segundo, sin la visual temporaria. de los errores del pasado, que muchas veces disminuyen, avergüenzan y hasta subyungan y alienan la voluntad, el espíritu encarnado se ambienta como iniciándose en una nueva existencia, en cada pasaje terrena.
Asi lo han hecho, y continúan a hacerlo, miles de millones de ellos en su trayectoria por este mundo, en una larga serie de encarnaciones.
Cuando encarna, el espíritu apenas retiene, en su subconsciente, el resultado de las lecciones aprendidas, la experiencia de las pruebas por las cuales pasó y las lendencias del uso que hizo de su libre albedrío.
Todo cuanto de bueno adquirió, con esfuerzo y trabajo, conserva para siempre, y esa conquista, esos bienes, ese patrimonio le prestan valiosa colaboración en cada encarnación, facilitándole la adquisición de nuevos conocimientos, de nuevas cualidades y de mejor rectíficación de sus atributos.
DEBERES DEL ESPIRITU, DESPUÉS DE ENCARNADO
El espíritu cuando encarnado, pasa por fases distintas, en cada una de las cuales podrá cosechar valiosos enseñamientos.
Esas fases son: La infancia, la juventud, la madurez y la vejez. En todas ellas tiene deberes a cumplir, trabajos a realizar, obligaciones a satisfacer.
La dinámica de la vida exige acción permanente. Pero acción dignificante, provechosa y constructiva, en beneficio propio y del semejante.
Las cuatro fases mencionadas sólo poseen sentido en el plano físico. Ellas se relacionan, únicamente, con el desarrollo y duración de la máquina humana, sirviendo para establecer la diversidad de experiencias y enseñamientos, en el transcurso de una encarnación.
INFANCIA JUVENTUD Y MADUREZ
Al período que se prolonga del nacimiento a la pubertad, se le da el nombre de infancia. En ella se construye, por asi decirlo, toda la base, todo el soporte que habrá de sostener el edificio de la encarnación.
Por eso, es de fundamerítal importancia los enseñamientas que fueren suministrados al ser humano en esa delicadísima faz de la vida, a través de lecciones del más alto sentido moral y, sobre todo, de ejemplos repletos de valor, para que sean bien asimilados y contribuyan para la formación de una valerosa y noble personalidad
Le siguen a la infancia los años de la juventud que se sitúan entre lo que generalmente se conoce por menor y por adulto.
La juventud comieriza en la pubertad, prolongandose hasta la madurez. Es la edad de la razón, en la que están presentes, de un modo general, las más altas aspiraciones y, los grandes ideales de la vida, y a esas aspiraciones, a esos ideales, no es extraño el sentimiento de espiritualización, desde que en la infancia haya tenido el ser humano la felicidad de recibir principlos educativos elevados.
Una nación será más grande, en la medida en que pudiere confiar en su juventud, para la cual se dirigen, permanentemente, las esperanzas de los más viejos.
A la juventud le sigue la madurez, en la que el ser humano tiene, a su favor, la experiencia conquistada en los períodos anteriores de la vida. Podrá ser él en esta face, un timonero firme y competente, valiéndole de mucho la suma de conocimientos adquiridos.
En la madurez, alcanza la persona su apogeo. Sus células orgánicas - notablemente las cerebrales - alcanzaron la máxima vitalidad, permitiendo al espiritú, transmitir la plenitud de su capacidad constructiva.
VEJEZ
La vejez representa la última faz de la vida, en cada encarnación. Y esto es comprensible: el cuerpo físico nada más es de que una máquina, al servicio de la Fuerza, también denominada espíritu, de quien recibe el calor, la acción, el movimiento y la vida. Esa máquina - como todas las máquinas - está sujeta a la acción del tiempo, a los desarreglos y desgastes que son mayores o menores, de conformidad con el trato que le haya dispensado el maquinista - el espíritu.
Y, convengamos, no faltan los desatentos, los indiferentes y los despreocupados. No son pocos los que se entregan a los vicios, con lo que producen, en el cuerpo carnal, daños no raramente irreparables, ocasionando su ruina.
La vida bien vivida, conduce a una vejez saludable y feliz. En esa faz, sin embargo, mismo que.plenamente lúcido, no puede el espíritu, como es comprensible, manifestar la misma fortaleza.y el vigor y el dinamismo revelados en los periodos anteriores. Y esto, por el natural decaimiento de su instrumento corpóreo.
Felices los espíritus que saben dar al mundo, en cada pasaje por la Tierra, inequívocos ejemplos de valor y honradez.
El interés por el bienestar general, el comportamiento familiar, la preocupación constantemente dirigída para la educación de la prole, la disciplina y el amor al trabajo, son algunos de esos ejemplos.
MORAL SOCIAL Y AUTO EDUCACIÓN
Las actividades en este mundo son diversas, e muchos son los medios por los cuales se processa la evolucíón.
Mientras tanto, ni todos los seres disponen de iguales posibilidades, pero lo que interesa, por arriba de todo, es ennoblecer el sentido de la vida, mismo sometido a los trabajos más rudos y humildes.
La moral social se define por la formación espiritualista, por la intransigente defensa de las buenas costumbres y la práctica efectiva de hábitos saludables.
Cada pueblo posee una concepción propia de la vida. Pero cuanto más se camina, cuanto más se avanza en el terreno de la civilización, más visibles, más seguros, más fuertes se evidencian los preceptos de la moral y de la honra, principalmente en lo que dice respecto al hogar, cuya formación constituye - como se esclarece en el Capítulo XIV, de este libro, que trata de la Familia - un indeclinable deber de todo ciudadano.
La educación de los seres humanos no se limita, no se restringe, no se circunscribe al período de la infancia, en que más actúan los padres.
Preparados para dirigirse por si mismos, ya en mayoría de edad, deben ir recogiendo el más voluminoso lastre de experiencia que les fuere posible alcanzar, a través de la observación y del testimonio de las cosas que ocurren a su alrededor, o de que hayan tomado conocimiento.
El éxito o el fracaso de los otros, las causas, las razones, los motivos de las alegrías o de los sufrimientos de estos, constituyen valiosos enseñamientos, de los cuales deben tomar provecho todas las personas, a fin de no incurrir en los errores que causaron el dolor y el perjuicio ajeno, y para seguir por los mismos caminos que llevaron el semejante al triunfo y al bienestar.
Si el hombre se disminuye, moralmente, delante del prójimo, cuando, practica acciones condenables, reveladoras de indigencia de principios morales y educativos, aún se sentiría más inferiorizado y con vergüenza de si mismo, si disfrutara de una conciencia espiritual vigilante y en condiciones de poder apreciarlas.
Los varios niveles sociales que existen en la Tierra se justifican, parcialmente, no solo por tratarse de un mundo-escuela, sino también por las deficiencias que se observan en la educación de los seres humanos que lo habitan.
El individuo mal educado restringe su campo de acción al propio nivel en que vive, tornándose indeseable en los planos superiores de educación, y de ahí la necésidad que tiene el espíritu encarnado de no economizar esfuerzos en el sentido de mejorar sus condiciones sociales, contribuyendo para la elevación de los índices de moralización en el planeta.
EJEMPLOS DE HONRADEZ Y DE DEDICACIÓNAL AL TRABAJO
Los ejemplos de honradez constituyen la más alta contribución que los seres pueden dar a la sociedad.
La honradez no se restringe a la puntualidad en los pagamentos, la exactitud en las transacciones y la fidelidad en los ajustes, Ella exige, por arriba de todo, firmeza de caráter, intransigente lealtad e indesviable rectitud en el cumplimiento del deber.
Los que no poseen elevación de sentimientos, desprendimiento y valor, no pueden tener la pretensión de considerarse honrados, por seren esos importantes atributos inseparables de la honradez.
Los ejemplos de dedicación al trabajo son de los más útiles a la causa de la humanidad.
El Universo, considerado en si mismo, es todo movimiento y acción. Los grandes artífices del progreso del mundo, fueron trabajadores incansables.
Los que viven en la ociosidad no pasan de parásitos sociales y aprovechadores del trabajo ajeno, aún mismo cuando dispongan de fortuna y se juzguen grandes personajes.
Tanto se ennoblece y dignifica el ser humano en el trabajo brazal, como en el intelectual, artístico o científico.
Lo que da provecho al espíritu no es la naturaleza, pero si el valor moral del trabajo y la satisfacción en que este es realizado.
Deben, pues, todos procurar el trabajo que corresponda a su vocación, para ejecutarlo con alegría y entusiasmo, considerándolo, nó un castigo, pero si un premio, ya que, sin él, jamás darían un solo paso en el camino de la evolución.
ACCIONES MERITORIAS Y ERRORES
VOLUNTARIOS E INVOLUNTARIOS
Las obras culturales que se escriben, las escuelas. que se instalan, las bibliotecas que se fundan, las organizaciones científicas que se establecen. y los trabajos que se realizan con la finalidad de instituir e incrementar, en todas las latitudes, el intercambio intelectual, espiritual y material entre los seres, son acciones meritorias, del más alto interés humano.
Bajo este aspecto, se incluyen también las iniciativas destinadas a fomentar la producción industrial, mineral y agrícola, para elevar el padrón de vida de la colectividad.
Todos los habitantes de este mundo-escuela son imperfectos. Unos, evidentemente, más de que otros. No hay, pues, quien no esté sujeto a cometer errores. Muchos de esos errores son involuntarios. Otros resultan del mal uso del libre albedrío.
Se dice que errar es humano. Nada más exacto. Sin embargo, una vez advertido y convencido de haber cometido un error, cúmplele a la persona, honestamente, reconocerlo y esforzarse por errar - mismo involuntariamente - lo menos posible.
Esconder los errores, en vez de combatirlos, es práctica muy común, pero altamente perjudicial para él perfeccionamiento del espíritu.
Lá mayoría de los individuos, en la apreciación íntima de sus actos, raramente procede con imparcialidad y justicia
Mismo los que encaran severamente a las malas acciones ajenas, para las cuales siempre tienen palabras de censura y condenación, no huyen a la tendencia general con relación a las propias faltas, que es la de justificativa amplia, indulgente y absolutista.
Con ese procedimiento, los errores.pasan a incorporarse a los hábitos y costumbres humanos, perdiendo, el hombre el respeto que debe a si mismo, corrompiendo, el carácter y la dignidad.
Lo que todos deben y necesitan hacer, es encarar, corajosamente, a las faltas cometidas, y disponerse a eliminarlas, con el poder de su voluntad.
EL PERFECCIONAMIENTO Y EL MAL DE LA IGNORANCIA
El perfeccionamiento debe constituir la principal preocupación del ser humano, en todos los ramos de su actividad.
Todo individuo tiene necesidad de esmerarse en el desempeño de sus obligaciones, procurando ejecutar el trabajo con el devotamiento de que fuere capaz.
Sin atención, interés, conocimiento, esfuerzo, decisión, alegría, buen humor e inquebrantable disposición de alcanzar resultados positivos, no se camina para el perfeccionamiento, y éste, indisolublemente ligado a la evolución, es la razón principal de la venida del espíritu a la Tierra. No hay posibilidad de progreso espiritual fuera del campo del perfeccionamiento.
Nadie debe dejar de combatir a la ignorancía, por ser ella la causa de la mayoría de los males que afligen a la humanidad. La ignorancia es una fuerza enteramente negativa. Siempre hace mal y, sí no empuja para atrás, dificulta, en el terreno de la evolución, a dar un paso hacia el frente. Evolución significa luz, luz que cuanto más sea la claridad, cuanto más resplándece, cuanto más refulge, más ahuyenta, las tinieblas de la ignorancia.
Es la ignorancía, por eso mismo, la gran, la poderosa, la irreconciliable enemiga del espíritu encarnado. Combartirla, en todas las oportunidades y por todos los medíos, es deber que impone a los que.desean realmente progresar, aprovechando bien la encarnación.
Éstos, como no tienen tiempo para perder, procuran.aprender hoy lo que hasta ayer no lo sabían, conscientes de que cada conocimiento nuevo representa más un bien, más un valor que se incorpora al patrimonio espiritual.
A los que no tuvieron la felicidad de frecuentar escuelas, debemos recordarles que el propio mundo Tierra es una Escuela, donde podrán aprender las más variadas lecciones, pues enseñamientos buenos no faltan.
Muchas son las materias de que se compone el curso que compete al espíritu hacer en este mundo, en las innumerables reencarnaciones. Los alumnos despreocupados, desatentos y reincidentes están siempre a repetir las lecciones.
Si la humanidad se compenetrara de lo que representa, en la vida del espíritu, una encarnación bien aprovechada, no se constatarían tantas fallencias y tan enorme descaso en la Tierra por los valores espirituales.
Cuanto más adelantado sea el ser humano, más reconoce la distancia que le separa del saber absoluto que exige una eternidad de estudios. Los verdaderos sabios no pierden la conciencia de sus limitaciones, esforzándose para aprender más y más. Por lo general, son modestos y sencillos, lo contrario de los mediocres, siempre preocupados en exhibirse y hacerse pasar por personas de gran talento e importancia.
Muchos no se perciben del ridículo a que se exponen, cuando hacen de si mismos - de su inteligencia, de su bondad, de su valor - el objeto de la conversación.
Ese alarde de atributos hipotéticos o reales no queda bien a nadie. Por eso hay necesidad de comedimiento, de moderación en todos los gestos y actitudes, que deberán constituír un saludable hábito en la vida del ser humano, para poder conducirse siempre con ejemplar dignidad.
PRINCIPIO DE AUTORIDAD
Inseparable de la fidelidad a los dictámenes de la moral, de la moderación y de la justicia, el principio, de la autoridad jamás podrá ser ejercido con despotismo y intolerancia.
A pesar de que muchos se impongan por el temor que sus actos infunden, la verdadera autoridad, la más auténtica, la más legítima, es magnánima y justa., y por eso se torna querida y respetada.
Esto no quiere decir que renuncie ella al derecho - y hasta el deber - de usar de energía y severidad, cuando se tornen necesarias. Lo que no debe, nunca, es excederse el individuo que la tenga, tornándose prepotente y arbitrario.
Antes de adoptar cualquier medida, debe la autoridad reflexionar detenidamente, para reducir al mínimo la posibilidad de incurrir en error y practicar injusticias.
ECONOMIA
Siempre que los recursos permitieren, la economía no debe afectar la buena presentación ni la plena suficiencia en la vida material, moral e intelectual del ser humano.
Tan condenable es la disipación, como la mezquindad y la avaricia. Todos deben. abstenerse de lo supérfluo repeler los vicios, oponerse al desperdicio y al derroche, pero sin privarse de lo que necesita.
Es necesario que se comprenda que los bienes materiales pertenecen a la Tierra y en ella quedarán, no siendo los seres humanos más que administradores o depositarios temporarios de esos bienes.
Proceder egoisticamente, esclavizar-se a los valores puramente materiales, en la falsa suposición de que de ellos depende la felicidad, es error, y de los más graves, en que incurre un gran número de seres.
El patrimonio que el espíritu acumula, en el transcurso de cada jornada terrena, es representado, exclusivamente, por las acciones meritorias que pratica.
Esos son, en verdad, los únicos bienes que lleva consigo al desencarnar - bienes que habrán de llenarlo de alegría y felicidad en el plano espiritual.
EL MIEDO, LA EFICIENCIA E EL RESPETO
El miedo es uno de los perniciosos males que más .inquietan, angustian y martirizan a la humanidad. Él tiene raices profundas que comienzan a crecer en la primera infancia, cuando tantas cosas equivocadas son inculcadas en el espíritu de los niños.
Las historietas ridículas que les son. contadas, en que configuran bichos-papón, fantasmas, duendes y tantas ficciones, responden por el complejo de temor que se apodera de los niños, y por la nefasta influencia que tal complejo pasa a ejercer, durante toda su vida.
Combatir, en el proceso de educación de los ninos, todo cuanto pueda contribuír para tornarlos tímidos, miedosos, evitando, necesariamente, los extremos, que conducen a la imprevisión y la temeridad, es deber que se impone a todos los que tuvieren una parcela de responsabilidad para con ellos.
Vivir con eficiencia, quiere decir vivir plenamente, en el buen sentido, esto es, cuidar de la salud moral y física, participar activamente del esfuerzo común de la humanidad para mejorar las condiciones del mundo, y proceder, siempre, con disciplina, método y orden.
Los seres deben respetarse a si mismos y al prójimo, ya que no es concebible una existencia terrena digna y bien ajustada, al interés común, sin respeto.
El respeto debe existir entre padres e hijos, entre marido y mujer, entre hermanos y, de un modo general, de individuo para individuo. No hay germen más pernicioso, más contaminador, más destructivo del sentimiento de amistad, de que la falta de respeto. La intimidad no díspensa, de manera alguna, el tratamiento respetuoso.
Tratar sin respeto al semejante, es revelar carencia de principios educativos y cometer una indignidad, pasible de toda condenación. Sin embargo, para que sea respetado y tratado con consideración, debe el ser humano proceder corectamente en todos los actos de su vida.
EL CELO Y EL TRABAJO
El desempeño de cualquier función exige celo, dedicación e interés por alcanzar el mejor resultado posible. Mientras tanto, es de arriba que deben partir los ejemplos, puesto que solo tiene autoridad para exigir aquel que sabe cumplir.
La falta de celo en el desempeño de cualquier funcíón, hiere el carácter, disminuye al individuo e inferioriza la conducta. Yerra contra si mismo el ser cuya actividad se caracteriza por el descuido, por el abandono y por el relajamiento.
El trabajo humano, mismo cuando parezca aislado es de coordinación, estando directamente interesado en el todos los seres encarnados. Los que ejecutan mal su parte, por falta de celo y dedicación, revelan cualidades negativas e indigencia en el sentido de la responsabilidad.
Para ser bien aprovechado el tiempo, debe cada uno organizar un plan inteligente de trabajo, de manera que cada compromiso sea ejecutado en su hora propia. Trabajar, recrear y descansar, son tres necesidades igualmente imperiosas para producir un mismo resultado, que es el bienestar físico y espiritual.
Cada cual debe elegir el horario que mejor atienda a sus conveniencias y a las exigencias del trabajo, pero sin descuidar del reposo y del recreo.
Asi procediendo, encontrará placer en el trabajo, provecho en el descanso y alegría en el divertimiento, - factores que contribuirán, decisivamente, para su salud y bienestar
INTEGRIDAD
La integridad deberá constituírse en permanente preocupación del espíritu encarnado, que mucho lucrará si en cada existencia en este mundo consiguiere pulir una de las muchas faces, por lo menos, de ese precioso tesoro moral.
Nadie puede llegar al fin de las encarnaciones terrenas sin haber alcanzado el más alto nivel de integridad.
No faltan pretextos en este mundo astuciosamente creados para proporcionar situaciones ventajosas, pero deshonestas.
Los débiles, ente ellos, capitulan siempre. Los fuertes resisten, los que resisten, vencen, y las victorias fortalecen. Pues es de la suma de esas victorias, precisamente, que se forma la personalidad verdaderamente íntegra. Pero, entiéndase: no se perfecciona la conducta moral apenas por el hecho de que no se venda la conciencia. Es necesario más, es necesario sentir la vida, en toda su grandeza y plenitud, para reconocer que solo es perfectamente íntegro quien - además de la honra - está siempre dispuesto a contribuir para el bien general, y es justiciero, digno, leal y valeroso.
EL RACIOCINIO
Si tantas cosas erradas se hacen en la Tierra, es porque los seres humanos no se toman el trabajo de raciocinar, maduramente, antes de practicar cualquier acto, para poderem prever sus consecuencias. El raciocinio, cuanto más ejercitado, más se desarrolla.
Por comodismo, por indolencia, por pereza mental, muchos atribuyen a los otros la tarea de pensar por ellos, y pasan a aceptar, como propias, las ídeas ajenas.
De ahí nacen los movimientos sectarios, con numerosos rebaños, estos siempre propensos a creer en lo que los otros creen o fingen creer, por más absurdo que sea el objeto de la creencia, principalmente en el terreno estrecho y resbaladizo del misticismo, en que la investigación espiritualista, para la identificación de la Verdad, no es admitida.
Con el poder penetrante de pesquisa que el raciocinio posee, no es difícil distinguir lo racional del absurdo, lo que es lógico de lo que no lo es, lo cierto de lo equivocado, y divisar el camino que conduce a la persona convictamente hacia la Verdad.
ATRAER EL BIEN, REPELER EL MAL Y CUMPLIR EL DEBER
Todos los seres humanos son dotados, de entre otras, de la facultad de intuición - facultad más sensible en unos de que en otros.
Por medio de ella, espíritus desencarnados que deambulan por la atmósfera de la Tierra, en estado de perturbación, (en esta obra mencionados, genéricamente, por la designación de astral inferior) interfieren en la vida y en los pensamientos de los seres encarnados, llevándolos - cuando estos no reaccionan por el pensamiento, accionado por la voluntad consciente - a cometer las peores acciones, y haciéndolos llegar, frecuentemente, a la obsesion.
Contra esas influencias, son totalmente inútiles los pedidos a los hipotéticos dioses y santos, generalmente formulados por los que desconocen estos principios básicos y fundamentales de la Vida Universal: ATRACCIÓN Y REPULSIÓN - ACCIÓN Y REACCIÓN -CAUSA Y EFECTO.
Por eso mismo, necesitan los seres conocer la acción del pensamiento, el poder de la voluntad, la fuerza psíquica de atracción - que tanto podrá ser ejercitada para el bien, com o para el mal, conforme la naturaleza de los pensamientos que la dinamizaron y, consecuentemente, los recursos, los medios, los elementos que todos, indistintamente, poseen para atraer el bien y repeler el mal.
Solamente los ignorantes podrán no aceptar la Verdad espiritualizadora - tan claramente consubstanciada en los principios racionales de esta obra - para entregarse al materialismo, religioso o nó, que tantos y tantos fracasos y fallencias ha producido en los seres humanos.
Los deberes materiales y morales necesitan estar ciempre presentes en la conciencia de cada uno.
La vida reclama de todo individuo, a cada paso, una actitud, un movimiento, un gesto, una palabra que traduzcan el cumplimiento del deber.
Cumplir el deber significa ser honrado, respetarse a si propio y proceder con dignidad, elevación y conciencia esclarecida.
Cada deber cumplido significa el rescate de una obligación, un paso adelante, la marcación de más un punto en el cuadro de la evolución.
Cúmplele, al espíritu encarnado, mantenerse siempre vigilante, siempre alerta, siempre atento a sus deberes, convencido de que no cumpliéndolos en una encarnación los estará aumentando, infaliblemente, para las encarnaciones subsiguientes.