CAPITULO V

EL ESPIRITU

El espíritu es luz, es inteligencia, es vida, es poder creador. En él no hay materia en ninguno de sus estados. Es, por lo tanto, inmaterial. Partícula individuafizada, asi se conserva en toda la trayectoria que hace en el proceso de su evolución.

Él es indestructible, indivisible, eterno, y evoluciona para el perfeccionamiento, cada vez mayor. Como partícula del Todo, es inseparable, de él y subsiste a cualquier transformación, nada habiendo que lo pueda destruír.

En el Capítulo “Fuerza y Materia”, quedó evidente la evolución de las partículas de la Fuerza, desde su estado primario, inicial, hasta cuando adquiere suficíente desarrollo para incitar y movimentar un cuerpo humano.

Se le da a la partícula de la Fuerza, desde que inicia el proceso evolutivo en cuerpo humano, la denominación de espíritu, denominación que mantiene, de ahí por delante, en su larga caminata evolucionaria.

En el espacio inconmensurable del Universo, en que la Inteligencia vibra, sin interrupción, acusando permanente acción consciente y constantes demonstraciones de vida, agita el espíritu su fuerza intranuclear, que se exprime, en todas sus actividades, por movimientos vibratorios.

Son essos movimientos irradiados por un núcleo de Fuerza, que es el espíritu, en el océano de una esencia idéntica, que es el Todo, señalando el poder atractivo que hace con que atributos de ese Todo converjan para el núcleo, desarrollándolo y dándole mayor potencialidad.

Son atributos del espíritu, inherentes al Todo:

a) la fuerza de voluntad

b) la conciencia de si mismo

c) la capacidad de percepción

d) la inteligencia

e) el poder del raciocinio

f) la facultad de concepción

g) el equilibrio mental

h) la lógica

i) el dominio de si propio

j) la sensibilidad

k) la firmeza de carácter

FUERZA DE VOLUNTAD Y CONCIENCIA DE SI MISMO

La fuerza de voluntad es la más poderosa palanca de que dispone el espíritu para llegar al triunfo, no existiendo dificultad u obstáculo - dentro, naturalmente, de las limitaciones humanas que no sea capaz de superar.

Ella no conoce la timidez ni permite el desánimo o el debilitamiento, y tiene el poder de subyugar todas las flaquezas, todas las pasiones, todos los vicios, todos los deseos intemperados, cuando el ser humano, sabe utilizar, conscientemente, ese superior atributo.

Es común en los seres confundir la voluntad con el deseo, muy a pesar sean verdaderamente elementos completamente antagónicos.

Cuando el espíritu encarnado es asaltado por un deseo inferior y posee la voluntad suficientemente ejercitada, esta interviene, dominadoramente, venciendo ese deseo.

Llama interior que conduce a la víctoria a los que la saben alimentar, mismo en las luchas más árduas y difíciles de la vida, la fuerza de voluntad es el resultado de una serie de sucesos alcanzados, con esfuerzo y decisión, en las encarnaciones anteriores, y como expresión de valor, una fortaleza inexpugnable para el espíritu.

La conciencia de si mismo hace con que el espíritu no ultrapase sus posibilidades, en pura pérdida, dispersando las energias que posee.

Ella significa, pues, la auto-apreciación, en su real, en su verdadero sentido, no dando lugar a la exaltación de la vanidad ni a la falsa modestia, ya que la magnitud y el valor espiritual son encarados siempre dentro de una rigurosa visual normal

En posesión de la conciencia de si mismo, procede el espíritu con sencillez, ecuanimidad y respecto a su semejante, por saber que todos tienen un origen común y hacen, sin distinción, el mismo curso evolutivo.

CAPACIDAD DE PERCEPCIÓN E INTELIGENCIA

En la capacidad de percepción, pesan determinados factores psicológicos que el lenguaje común no los puede definir, no obstante representen valores reales y fácilmente reconocibles.

De ella son fuertes componentes los recursos de la intuición y de la inspiración, que poseen destacada importancia entre los demás atributos espirituales y las propias acciones humanas.

La capacidad de percepción, que está íntimamente ligada al poder de penetración del espíritu, a su agudez, perspicacia y sensibilidad, ejerce, más allá de eso, notable influencia en el terreno de la observación, revelándole aquello que las conveniencias tantas veces escondem.

Cuando la prudencia interviene, cautelosa, en las disposiciones del ser humano, es también la capacidad de percepción que le provee los elementos de decisión.

La inteligencia, como facultad maestra del espíritu, interviene en las demás, purificándolas y contribuyendo para tornarlas mejores y más eficientes.

De la inteligencia dependen los otros atributos espirituales que se crean, expanden, crecen, amplian y perfeccionan, a medida que el espíritu evoluciona.

Gran aliada de la perfección, la inteligencia hace al espíritu reconocer sus errores para. corregirse.

Permanece ella detrás del raciocinio, proveyéndole los medios necesarios par a su desarrollo.

Facultad iluminativa, por excelencia, la inteligencia dilata los horizontes del espíritu y es el instrumento capaz de disipar las tinieblas y destruír la ignorancia donde quiera que ellas se encuentren.

PODER DEL RACIOCINIO Y FACULTAD DE CONCEPCIÓN

El poder del raciocinio constituye valioso atributo de que dispone el espíritu para analisar los acontecimientos de la vida, extrayendo de los hechos las lecciones que le pudieren ser útiles.

El raciocinio es como una luz que se proyecta sobre los problemas difíciles de la existencia, para tornarlos claros y comprensibles.

Más allá de nortear al espíritu en el transcurso de sua evolución, representa él, todavía, una poderosa arma de defensa contra el convencionalismo mundano, contra las creencias místicas que producen la ceguera de la fé y otras subordinaciones indicativas de formas agudas o amenas de avasallamiento.

En la facultad de concepción están las creaciones del pensamiento, el genio inventor y la ingeniosa fuerza realizadora de todas las transformaciones y mejoramientos.

Esencialmente constructiva, a ella se debe, como elemento propulsor, el desarrollo progresivo de la evolución universal.

Tanto en las artes, como en las ciencias y letras, ocupa posición de inconfundible relieve.

La formación de las riquezas se debe a su concepción, así como las abnegaciones, los desprendimientos y las renuncias, por ser ella cultivada, via de regla, en beneficio de la colectividad.

EL EQUILIBRIO MENTAL Y LA LÓGICA

El equilibrio mental proviene de la purificación de. los sentidos, del temperamento bien ajustado a las realidades de la vida, de la serenidad, de la comprensión. exacta de las posibilidades y de la justa apreciación delos hechos.

La calma, la serenidad, la moderación, las actitudes ponderadas, la reflexión, el criterio y el buen sentido, son cualidades reveladoras del equilibrio mental, por medio del cual el espíritu, en el torbellino de la existencia terrena, procede con más seguridad y se abstiene de la práctica de los errores comunes.

El perfeccionamiento de esa facultad deberá ser motivo de constantes cuidados e interés del espíritu encarnado, por desempeñar ella un papel de la más alta significación en el desarrollo de su evolución.

La lógica es un atributo que proporciona, a cada uno, coherencia en sus actitudes, congruencia en la condensación de las ideas y ordenación en los pensamientos.

Sin educación, sin esmeramiento espiritual, la lógica es del todo imposible.

Ella es, por excelencia, una facultad que resulta de la educación y de la superación del espíritu, possibilitando a éste la formulación de sus conjeturas sobre bases firmes, seguras, objetivas y reales.

Ninguna afirmación, pues, podrá tener bases sólidas, si no fuere firmemente apoyada en ese importante atributo.

DOMINIO DE SI MISMO Y SENSIBILIDAD

El dominio de sí mismo asegura al espíritu humano el control íntimo, evitando los actos impulsivos y las actitudes impensadas que puedan conducirlo a cometer desatinos irreparables, de los cuales viene a arrepentirse, más tarde, como acontece en la mayoría de las veces.

El ser humano necesita permanecer siempre alerta y vigilante, consciente de que es una fuerza que trabaja incesantemente, vibrando, atrayendo o repelendo. Corrientes favorables y desfavorables a su progreso y bienestar llenan el espacio, cruzándose en todas las direcciones.

De ahí la necesidad del dominio propio, para no dejarse influenciar por las irradiaciones adversas, procediendo, únicamente, de acuerdo con su voluntad.

La sensibilidad es la facultad de que dispone el espíritu para sentir las corrientes vibratorias del medio ambiente y, por detrás del involucro de las apariencias, la verdad.

Es por la sensibilidad que se percibe el sentimiento afin que congrega, que une, que hermana los seres de idénticos ideales y de iguales aspiraciones.

Es la sensibilidad, todavía, el intrumento de la alegría y del dolor - dolor que hace, no pocas veces, al espírítu desatento, indiferente y transviado concentrar-se en si mismo, despertar y enfrentar a la realidad de la vida.

FIRMEZA DE CARÁCTER

La firmeza de carácter, como tantas otras facultades, patentiza, inequivocadamente, la evolución espiritual del ser humano.

Los que la poseen, siempre dan los mejores, los más nobles, los más admirables ejemplos de rectitud en todos los actos de la vida.

Como resultado de su combinación armónica con los demás atributos ya mencionados, revela suficiente amaduramiento espiritual y efectivas condiciones para ascensión a clase evolutiva más elevada.

Son innumerables los atributos del espíritu, que aumentan y se desenvuelven en la razón directa de su crecimiento, como ser evolucionario.

Capítulo VI - ENCARNACIÓN DEL ESPÍRITU

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