CAPITULO IV

EL ESPACIO

Por más que el ser humano de expansión a sus conocimientos, por más que los analise y en ellos se profundice, no podrá penetrar - de la limitada posición que ocupa en este planeta - , toda la extensión infinita del Espacio.

La mente puede avanzar hasta un cierto punto, pero queda siempre sin alcanzar la meta extrema, que se encuentra bajo el dominio de los valores absolutos.

Pierden su tiempo los que se preocupan demasiadamente con la definición integral del problema espacial para abarcalo en su concepcion total, porque solamente la Inteligencia, Universal tien absoluto dominio de tan completo saber.

Antes de llegar a los problemas máximos del Universo, necesita la persona, adquirir, apenas, los conocimientos imprescindibles para su evolución, esforzándose por aprender las innumerables lecciones que aún ignora, y que anteceden, grandemente, a aquellas que envuelven las transcendentales concepciones del Espíritu.

Lo que a respecto del Espacio la inteligencia humana ya puede comprender, viene siendo revelado por la ciencia que estudia tales conocimientos.

Este planeta - que sirve, a un solo tiempo, de escuela y crisol depurador a más de cinco mil millones de seres encarnados es, como miríada de otros planetas, semejante a una particula de polvo, en relación al Espacio Infinito.

Él pertenece al modesto sistema solar de una gran familia estelar, que se llama GALAXIA.

El sistema solar, del cual hace parte la Tierra, se compone de reducido número de planetas, que giran alrededor del Sol.

Ninguno de esos planetas tiene luz propia. Ésta proviene de los rayos solares que en ellos se reflejan, como acontece con l .luna, cuyo brillo resulta de la luz solar reflejada en su mitad iluminada.

Excluídos los planetas, otras estrellas que brillan en el firmamento son soles y, por lo tanto, centros de sistemas solares. Hay sistemas solares menores de que el que contiene el nuestro planeta, como también los hay mucho mayores.

Existen otros todavía, bastante complejos, con varios soles, y estos de colores diferentes, producen cambiantes de luz de diversas tonalidades, en combinaciones que se alternan con el poner y el nascer de cada sol.

La luz emitida por los cuerpos solares - idéntica a la de cualquier cuerpo material - no puede ser confundida con la Luz Astral que representa la Fuerza inteligente y llena el Espacio Infinito, por ser ella de constitución enteramente diversa.

Las tinieblas de la noche nada significan para el espíritu, pues este ve a través de la Luz Astral que penetra todos los cuerpos, hasta el más recóndito lugar en el Espacio. Día y noche expresan períodos apenas relacionados con la vida material.

Varios son los movimientos de la Tierra en el Espacio, sobresaliendo el de rotación alrededor de su propio eje, el de translación alrededor del sol, el que es efectuado, con todo el sistema solar, en torno del eje de la galaxia, y el que resulta del movimiento de la propia galaxia.

Todos estos movimientos son perfectamente conjugados en velocidades uniformes y rigurosamente ajustadas.

La medida usada para avalorar las distancias astronómicas, es la extensión que la luz recorre en el Espacio, en un año, tomándose por base su velocidad que es, aproximadamente, de trescientos mil kilometros por segundo.

Con esa altísima velocidad, ella va, de un polo a otro de la Tierra, en una insignificante fracción de un segundo.

La distancia del Sol a la Tierra es atravesada en quinientos segundos, aproximadamente, Sin embargo, para atravesar la galaxia de nuestro sistema solar, de un extremo, opuesto al otro más alejado, demora millares de años.

Y es bueno no perder de vista que existen galaxias incomparablemente mayores, como también hay soles en la galaxia a que pertenece el pequeño planeta en que vivimos, decenas de millones de veces mayores de que el nuestro, a pesar de ser este tan grande, en relación a la Tierra, que llega a contener bien más de un millón de veces su volúmen.

UNIVERSO DE GALAXIAS

La galaxia es una inmensa familia de sistemas solares que se cuentan a millones. La de que nuestro planeta hace parte, tiene la forma aproximada de un lente biconvexo o huevo frito, y situase, más o menos, a un tercio de la distancia radial del eje a su periferia extrema.

Todo cuanto los ojos desarmados del cuerpo humano pueden ver en el firmamento, es parte integrante de esta galaxia, de la cual la Via-Láctea representa el aro exterior.

La distancia de una galaxia a la otra más próxima es de tal magnitud, que ultrapasa, la capacidad de apreciación del espíritu encarnado, de percepción normal.

A pesar de eso, una galaxia con sus millares de millones de sistemas solares, no representa más - en Comparación con la extensión infinita del Espacío - que una insignificante isla en el océano o, menos aún que un punto en el Universo.

Esa relación de grandezas invita a meditar en la magnificencia del Universo y en la modestísima participación de nuestro planeta en la composición del Todo.

Y si el planeta es de composición modesta, de igual modo deberán serlo sus habitantes, modestos en el saber, en la inteligencia, en la espiritualidad y en la evolución.

Si todos viviesen compentrados de esa realidad, no habría lugar para vanidades y presunciones, que apenas reflejan un estado propio de la Tierra, poniendo en evidencia la ignorancia y la inferioridad espiritual de sus habitantes.

Para hacerse una idea, aunque, sin precisión, de cuantos billones o trillones de espiritus están en evolución en cada galaxia, basta considerar que en torno de cada sistema solar gira incontable número de planetas.

Si en este mundo, que es de los menores, evolucionan más de tres mil millones de espíritus, lógicamente en los otros planetas, en promedio proporcional, esa cantidad no lo será menor.

La Inteligencia Universal, de la que el pensamiento, en su expresion máxima, emana, tiene poder ilimitado. Nada existe en el Universo sin su razón de ser. Ninguna creación fue obra del acaso, ya que todo obedeció a una determinación rigurosamente preestablecida, mismo en los más insignificantes pormenores.

El sentido de la creación, aqui empleado, indica, transformación de la materia por la acción de la Fuerza Inteligente. La idealización de los mundos corresponde a las exigencias de la evolución.

Asi, de encarnación en encarnación, promueve el espíritu su evolución en este planeta, hasta determinado límite. De ahí por delante, prosigue en otro medio, en que las condiciones psíquicas y físicas obedecen a una sistematización diferente.

Desarrollando una velocidad, en el Espacio, cercano a los treinta kilómetros por segundo, describe la Tierra su órbita, en torno del sol, con precisión matemática en un período de tiempo absolutamente exacto.

Arrastrando, por su vez, los componentes de su propio sistema, en una órbita que tiene por foco un punto en el eje de la galaxia, con velocidad semejantemente elevada, el Sol completa, de igual modo, su trayectoria en tiempo rigurosamente exacto.

También la galaxia, transportando, con perfecta uniformidad, todos los sistemas solares de que es compuesta, en una velocidad del mismo modo grande, cierra su órbita en un período no menos regular.

Toda esa revoloteante disposición de movimientos, precisos e inalterables, es obra de la Inteligencia Universal, con una sola finalidad: proporcionar medios a las partículas del Todo para poderen progresar y subir, uno a uno, los extensos peldaños de la evolución.

No hay cualquier exagero en afirmar que una única de esas partículas es tan importante cuanto el propio Todo, porque este no podría existir sin ella, y ni ella sin ÉL.

La obra de la naturaleza no contiene errores ni imperfecciones. Sus leyes son inmutables, los movimientos matemáticamente exactos y los acontecimientos mas sorprendentes que puedan ocurrir, en incursiones variantes, no pasan de consecuencia lógica del desdoblamiento de la propia vida, llena de acciones y reacciónes, de causas y efectos, pero siempre en busca del equilibrio final.

Asi como los satélites tienen sus movimientos combinados con los de los planetas, éstos con los de los soles de cada sistema y el de los sistemas solares con todos los movimientos de los otros sistemas de cada galaxia, también los espíritus accionan y evolucionan coordinados unos con los otros, en fiel obediencia a un régimen regulador de todas las funciones.

El espacio está repleto de Fuerza y Materia. Nada pierde ni gana. De lo que tiene, nada sobra, ni posee de menos. El equilibrio de las leyes se revela tanto en el macro como en el microcosmos, tanto en lo inconmensurablemente grande, como en lo inconmensurablemente pequeño.

Fuera del alcanze visual del cuerpo humano, en el infinito como en lo infinitesímal, la vida se expande sin interrupción, integral, armonizante, con la manifestación de las más variadas vibraciones.

ESPACIO Y TIEMPO

Para el espíritu, todas las grandezas se confunden, porque él está en toda parte y en cualquier tiempo.

Espacio y Tiempo, alias, con iniciales minusculas, son dos relatividades que solo interesan a los medios físicos. Con letras mayúsculas, entretanto, representan concepciones absolutas, que el lenguaje humano es demasiado pobre para definir, delante de la grandeza del Infinito.

Para la Inteligencia Universal hay, solamente, - con respecto a Espacio y Tiempo -, una especie de Presente Eterno, idea que no puede ser bien comprendida en este mundo de tamañas limitaciones.

Asi, las velocidades, por más altas que sean, no pasan de expresiones relativas, igualmente subordinadas al medio físico, pues en el campo espiritual otros principios, otras leyes rigen la vida..

En su esencia primordial, apenas como Fuerza, el cspiritu podrá hacerse presente, instantáneamente, tanto en un mundo como en otro, dentro de su radio de ácción, utilizándose, tan solamente, del campo imantado, afín, de la Fuerza Infinita, componente del Todo..

Esa Fuerza, penetrando y envolviendo todos los cuerpos del Universo, llena literalmente el Espacio.

Deteniéndose el hombre en la contemplación del Universo, en meditación sobre las inconmensurables grandezas del Infinito, a escrutar el sentido creador de la vida y el poder ilimitado de la Inteligencia Universal, habrá de percibir - si no estuviere demasiadamente dominado por las emociones terrenas -, que no pasa de un ser de reducidísimas dimensiones, delante de la grandiosidad del Universo.Y se compenetrará, entonces, de la inmensa caminata que tendrá que hacer en la larga, en la interminable senda de la evolución.

NI PADRES NI HIJOS

Los grandes espíritus que encarnaron en este mundo para auxiliar el progresso de la grey humana, lo hicieron impulsados por la acción consciente del deber. Nunca para atender la voluntad de quien quiera que sea, y mucho menos de un supuesto padre celestial.

En la esfera espiritual, no hay padres ni hijos. Lo que hay, lo que existe, en verdad, es una enorme co-munión de espíritus, en una infinita graduación evo-lutiva, en que todos los seres - todos, sin excepción, son constituidos de un mismo principio, denominado Fuerza.

En los mundos dispersos por el Espacio, se encuentran - usando de reducidos números para facilitar la comprensión humana - millones y millones de espíritus en cada plano de evolución

Aqui mismo, en la Tierra, han encarnado, aunque raramente, espíritus de evolución superior al medio ambiental, siendo que innúmeros otros, del mismo grado de evolución, están desarrollando actividades espirituales en otras regiones del Universo.

Cuanto más adelantado sea el espíritu, tanto mayor es el deseo que siente de auxiliar a evolucionar a su semejante.

De ahi la razón de someterse, voluntariamente, al sacrificio de encarnaren en mundos de la especie de este, cuando, en los planos correspondientes a su adelanto, la vida - aunque siempre trabajosa -, discurre en un ambiente de incomparable bienestar común.

Negar a Jesús el valor, el mérito de haber conquistado su evolución espiritual a costa de grandes luchas, de trabajos, de sufrimientos, de desencarnaciones, y reencarnaciones, atribuirse las cualidades, la nobleza, los altos atributos que posee ese gran espíritu al privilegio de una supuesta filiación divina, es error grave que cometen, además de una demonstración de lamentable ignorancia en lo que respecta a la vida espiritual.

Quién revela mayor valor, el líder que ascendió a su posición mediante el esfuerzo y méritos propios, después de haber vencido todas las etapas que lo elevaron a la más alta cumbre de la experiencia y del saber, o el que fué singularmente colocado en esa posicíón, con fundamento en la jerarquía de antepasados?

Los adoradores de Jesús lo clasifican, obcecadamente, en esta segunda posición, influenciados por la concepción deísta. Para esos, el valor de tan admirable y evolucionado espíritu está más en la filiación al hipotético dios padre, do que en sus propios méritos, cuando, en la realidad, lo debe exclusivamente a si mismo todo cuanto adquirió y continúa a adquirir para aumentar, aún más, sus valiosos atributos espirituales.

DIECISIETE CLASES

Los espíritus que hacen su evolución en este planeta, pertenecen a las primeras diecisiete clases, de una serie de treinta y tres.

Esas clases y esas series son aquí mencionadas, apenas, - tal la importancia. de la materia para facilitar la comprensión al lector.

De más arriba de la clase décima-séptima, sólo eventualmente uno u otro espíritu encarna en este mundo, no por exigencia de su evolución, pero para auxíliar a la humanidad a levantarse espiritualmente, en una bella y espontánea manifestación de abnegación y desprendimiento.

Millones de otros, de igual categoría, no obstante no encarnando, se dedican - principalmente por intermedio de las Casas Racionalistas Cristianas - a auxiliar astralmente el progreso de sus semejantes menos desarrollados espiritualmente, encarnados en este Planeta.

Distribuídos en la serie de treinta y tres clases, de acuerdo con el grado de desarrollo de cada uno, los espíritus hacen su evolución, partiendo de la siguiente orden de mundos:

a) mundos materializados espíritus de la 1ª a la 5ª clase
b) mundos opacos espíritus de la 6ª a la 11ª clase
c) mundos blancos espíritus de la 12ª a la 17ª clase
d) mundos diáfanos espíritus de la 18ª a la 25ª clase
e) mundos de luz puríssima espíritus de la 26ª a la 33ª clase

Los mundos se dividen, todavía, en dos grandes categorias: mundos espirituales y mundos-escuelas.

Para los primeros, van los espíritus que desencarnan y dejan la atmósfera de la Tierra, cada cual ascendiendo al mundo correspondiente a su propia clase, pues en ellos no permanecen espíritus de clases diferentes.

MUNDOS-ESCUELAS

A los mundos-escuelas llegan espíritus de varias clases, para promover, entre sí, intercambio de conocimientos intelectuales, morales y espirituales.

La Tierra es un mundo-escuela, en que las diecisiete primeras clases, de la serie de treinta y tres, promueven su evolución, partiendo de la primera y llegando a la décima-séptima, en períodos que varian mucho, de espíritu para espíritu, pero que se elevan, siempre, a millares y millares de años.

Para ascender de una clase a otra inmediatamente superior, no existen privilegios ni protecciones. El principio de la justicia se funda en la ley de la igualdad. Todos tienen que enfrentar idénticas dificultades y llegar al triunfo por el esfuerzo propio.

El mal aprovechamiento de una encarnación, resulta, inapelablemente, en la necesidad de repetirla, debiendo el espíritu repasar por las mismas tribulaciones hasta conseguir dominar los vicios y las debilidades, y recuperar el tiempo perdido.

Conforme está explicado en el Capítulo VI de ésta obra, en el mundo que le es propio le es dado al espíritu desencarnado el conocimiento de lo que pasa en los mundos de clases inferiores a la suya, pero ignora lo que ocurre en las superiores.

Sin embargo, constatando las enormes ventajas de la ascensión a clases más elevadas, vive bajo el incontenido deseo de pasar más al frente, a fin de alcanzar nuevos conocimientos y conquistar más amplios atributos espirituales.

En el mundo correspondiente a su clase, el espíritu traza los planes para la nueva encarnación, que desea, ardientemente, aprovecharla, en lo máximo. Su mayor esperanza es no perder tiempo en la Tierra, no fracasar, no tornar inútil el sacrificio de encarnar.

Los espíritus de las clases inferiores, especialmente los de la primera, encarnan bajo la orientación de otros que ya poseen más evolución. Ellos son, comparativamente, como los niños que necesitan de que alguien los acompañe para ir al Jardín de Infancia.

En los mundos-escuelas, las emociones hacen parte de la vida cuotidiana. Esas emociones son experimentadas, indistintamente, por todos sus habitantes. Cuando el hombre se toma superior a las sensaciones de la pobreza y de la fortuna, que completan el cuadro de las referidas emociones, ahí, sí, el sentido de la vida espiritual comienza a despertar en él.

A medida que evoluciona, va el espíritu tornándose conocedor de las cosas del Espacio. Si en la Tierra tanto hay para aprender, mucho más lo hay en el Universo. A éste, ofrece campo el Espacio. El Universo representa. la evolución en marcha.

Se sincronizan unas a las otras - como eslabones de una misma cadena - estas tres expresiones: Espacio, Universo y Evolución. Pesquisar el Espacio, por eso, es estudiar el Universo y reconocer la Evolución.

Existe un deber que les comprende a todos por igual: Trabajar para evolucionar. Cada cual necesita ocupar su lugar y esforzarse en el cumplimiento de sus atribuciones, seguro de que tiene en el Espacio una posición definida e insustituible.

Millones de espíritus encarnados en este planeta se sienten preocupados por la falta de una brújula orienladora.

Si la que trajo Jesús, hace aproximadamente veinte siglos, no hubiese sido parcialmente desimantada par la ganancia especuladora, muchos y muchos millones de seres aún encarnados habríam concluído, hace mucho tiempo, el curso. en la Tierra, y estarían ejerciendo sus actívidades en otras regiones del Espacio.

Tiempo perdido no se recupera. Es como agua ya pasada, que no mueve molinos. Al Racionalismo Cristiano le incumbe una gran y sublime misión, hasta entonces bien árdua y aún no comprendida por muchos: restablecer la Verdad y reimplantar los magníficos enseñamientos de Jesús en la Tierra.

Capítulo V - EL ESPÍRITU

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