CAPÍTULO III
GRANDE FOCO
Dioses y Religiones
Este capítulo es destinado especialmente a aquellos que estuvieren dispuestos a romper con las cadenas sectáricas para, por la liberación espiritual, tornarse capaces de ascender a las regiones que el materialismo religioso jamás podrá alcanzar.
Es perfectamente comprensible que el indio de las selvas no tenga una concepción de la espiritualidad que vaya más allá de la mística de adoración al fuego, al rayo, al sol o a los animales inferiores, por faltarle bases de raciocinio para demoverlo de la perplejidad adoratoria a que se entrega.
La primera idea de dios repelida por los más civilizados y acepta por esos seres primitivos, surge, precisamente, en las condiciones precitadas.
La lei de la evolución es infalible. En lo que respecta al espíritu, ella se procesa - como ya fué explicado - a través de incontables encarnaciones, y solo por medio de ellas el raciocinio se va desarrollando en el amplio camino de la espiritualidad, bajo cuya luz el misticismo pierde la forma, el sentido, la significación, para dar lugar solamente a aquello que el buen sentido y la lógica admiten como verdadero, con fundamento en las lecciones aprendidas en el voluminoso libro de la vida.
Luego que comienza e raciocinar, en la primera fase de encarnadol en forma humana, el espíritu siente, no obstante de una manera vaga y confusa, la existencia de una Inteligencia Superior que no le es posible definir.
Y de ahí nace su inclinación adorátoria, perfectamente justificada por las condiciones de ignorancia en que vive.
Al observador atento no le es difícil avaliar el grado de espiritualid de los seres, por la tendencia que manifestan hacia la adoración.
De un modo general, se adora para mendigar favores y protección. La adoración, pués, acusa una condición de inferioridad espiritual.
Es en el estado primitivo en la condición. de salvaje, que el individuo siente el primer impulso, el primer gesto, el primer movimiento adoratorio.
De encarnación en encarnación, asciende él a las clases dichas civilizadas, conservando ese mismo sentimiento, aunque modificado en la forma, ya más pulido, más refinado para satisfacer las condiciones sociales del medio ambiente per aún manteniendo en lo más hondo de su. Yo, el mismo pensamiento y la misma idea generada. en el pasado.
Las religiones recurren siempre a. la aparatosidad, a las pompas para impresionar a sus adeptos e incentivar la adoración.
DIOS - CREACIÓN HUMANA
Grupos análogos se reúnen para adorar, de un cierto modo, a un cierto dios. Cada pueblo, cada raza, creó la imagen de ese dios a su propia semejanza.
Un chinés, por ejemplo, jamás admitiría un dios con facciones occidentales, asi como un occidental, encontraría absurda, y hasta ridícula la idea de la divinidad en um rostro asiático.
Los dioses poseen, invariablemente, los caracteres físicos de los seres umanos que los concibieron.
No importa que é, stos, invirtiendo la realidad de los hechos, sostengam que fué Dios quien al hombre a su imagen. Sin embargo la verdad es otra, y no es necessario poseer gran imaginación para identificar el engaño multisecular de que ha sido víctima la humanidad.
Fué el hombre quien imaginó, quien concibió, quien creó los dioses. Los crió mentalmente, con la misma forma y las mismas cualidades y defectos que posee.
Em esa creación están claramente reflejados los sentimientos de los creadores.
El dios corpóreo figura en todas las religiones. En el credo - que es la oración principal de una de ellas - aparece con el hijo sentado a su lado derecho, componiendo un cuadro común de la vida material.
El concepto de la divinidad, aunque variando de raza para raza, no modifica la tendencia generalizada relativamente a la concepción del dios-rey todo poderoso, distribuyendo premios y castigos.
En la Biblia, en el Viejo Testamento - libro sagrado e intocable para tantos adoradores - existen varias referencias al dios de temperamento iracundo y vengativo de la época.
Ese vergonzozo sentimiento, especialmente en un dios, nada más es de que el reflejo dele sentimiento del propio pueblo que lo imaginó.
La carencia de conocimientos impone cierta condición de dependencia. Esta verdad, que se constata en la vida terrena, aún es mas evidente cuando envuelve cuestiones espirituales.
Lo que interesa resaltar - para que quede bien claro - es el modo por el cual se procesa su marcha evolutiva, en que conquista, paso a paso, la independencia espiritual.
Cuando la criatura humana, de evolución en evolución, llega a comprender lo que es como espíritu, Fuerza, Inteligencia y Poder; cuando se convence de que posee atributos morales para vencer, racionalmente, cualesquiera dificultades, cuando adquiere la conciencia de su condición de partícula de un Todo armonioso - de Él inseparable -, que es el propio Universo Espiritual, caen por tierra, por ridículas e inaceptables, las ideas primitivas del dios protector, a que vivía uncido.
Las religiones subsistirán mientras pudieren contar con adoradores para protejerlas y sustentarlas. No importa que los objetos de adoración sean los astros, las manifestaciones de la naturaleza, los animales inferiores o las imágenes alegóricas de barro, de madera o mismo de oro.
La verdad es que los adoradores pertenecen todos a una clase idéntica, no obstante de diferentes categorias. Son candidatos a reencarnaciones sucesivas en este laboratorio psíquico, que es el mundo Tierra, hasta que el amaduramiento espiritual los haga comprender la realidad de las cosas.
En el conocimiento de la vida fuera de la materia, están los lúcidos elementos de convicción, por medio de los cuales el ser humano adquiere suficiente valor para liberarse de las falsas concepciones que lo mantienen prisionero en las doradas fantasías de los misterios, del milagro y de lo sobrenatural.
CONOCIMIENTOS SECRETOS
Ya es tiempo de que la humanidad pase a entender que no existen conocimientos secretos. Existen, eso si, intereses secretos, inconfesables, y por causa de ellos, la verdad ha sido duramente sacrificada.
Es lamentable que en un siglo de tanto avanzo tecnológico, predomine, todavía, arraigado en tantos espíritus, la concepción deísta, divinal, del sentido adoratorio.
El espíritu es Fuerza, es Inteligencia, es Poder, con iniciales mayúsculas. Todos, sin excepción, están sujetos a los mismos principios, a las mismas reglas, al mismo proceso evolutivo. No hay espíritus privilegiados, como lo serían los dioses y sus supuestos hijos.
La sistemática de la evolución se encuadra en el régimen de las leyes naturales e inmutables, que son absolutamente iguales para todos. Invariablemente todos hacen el mismo curso, recorren el mismo derrotero, lo que constituye un alto y meritorio principio de justicia.
Los que hoy rinden culto a un dios abstracto, juzgarán - al cabo de tantas encarnaciones cuantas fueren necesarias para alcanzar el suficiente esclarecimiento tan necio ese culto, como ridícula los civilizados entienden, ahora, ser la idea, que también ya alimentaron, de adorar dioses representados por elementos de la naturaleza o de animales inferiores.
Para la mayoría, dios es una entidad que se presta para promover castigos, distribuir gracias y labrar, en carácter éterno, o temporario, condenaciones o absoluciones.
Grandes espíritus, portadores de ideas reformadoras, se transladoron a este planeta, encarnando, con enorme sacrificio, en la intención educativa de desbrutalizar la mente humana, absorbida por el sentimiento de gozo y de los placeres apenas materiales.
Sin embargo, esos valerosos espíritus, más allá de no haber sido comprendidos, resultaron ser divinizados por la masa ignara, como aconteció con Jesús, Buda, Confúcio y Mahoma.
Concretizada la idea de la divinización fueron criadas las religiones respectivas que corresponden a varias formas especuladoras de adoración, sumándose, en seguida, los adeptos de cada una.
En un mundo como este, en que se confunden almas encarnadas, de varias clases, y en el cual la mayoría aún vive mas para la materia de que para los valores espirituales, no fué difícil agrupar, bajo la flámula de cada religión, millones de adoradores.
Obsérvese en la estadística que se cita, a continuación, el numero aproximado de adeptos de las religiones mas conocidas. (*)
| Católicos ... | 578 millones |
| Musulmanos.. | 529 millones |
| Brahamanismo.. | 478 millones |
| Protestantes... | 323 millones |
| Confucionistas.. | 303 millones |
| Ortodoxos. | 123 millones |
(*) Esos datos son del Almanaque Abril, 1975, página 346, que reproduce estimativas del "The Official Associated Press Almanac" extraídas, a su vez, del 1973 Britannica Book Of The Year".
Existen, además de estos, millones de adoradores distribuidos en todo el planeta en alrededor de ocho mil sectas.
En el Brasil, y en muchos otros países se adora a Jesús. No hay, entretanto, cualquier diferencia entre tales adoradores y los otros que se inclinan para Buda, Confúcio y Mahoma.
Por detrás de las apariencias de todos ellos, se esconde la acción servil y adulatoria, con la cual esperan recibir mayores recompensas, presentes o futuras, o el perdón para sus faltas.
Esas actitudes constituyen una práctica destructiva que promueve el debilitamiento del propio carácter
Si a los seres encarnados, esclarecidos, repugnan las adulaciones, los actos de servilismo y los inciensos, no es difícil imaginarse lo que eso produciría en espíritus desencarnados de alta evolución, si tales sentimientos pudiesen llegar a ellos.
Los fieles pueden adorar un pedazo de palo tallado con formas humanas, porque el libre albedrío no les niega el derecho de satisfazer su irracional voluntad adorativa.
Ningún adorador será capaz de disociar la idea de adorar, de la de pedir. La razón es obvia: adorar y pedir son dos muletas iguales, para una sola invalidez mental.
Y, obsérvese: el dios, a quien son dirigidos los pedidos, es de tal manera inadvertido y vive tan ajeno, tan retraído, tan indiferente a los problemas humanos, que su atención para esos problemas solamente es despertada por los llamamientos que le llegan.
Es necesario que se le pida piedad, para que pueda apiadarse; que se le suplique misericordia, para tornarse misericordioso; que se le implore paz, para que pacifique; que se le ruegue justicia, para que sea justo.
FANATISMO CONDENABLE
Si todo el fanatismo es condenable por el poder que tiene de obliterar la razón e impedir el raciocinio, el religioso es más nocivo todavía, porque generando odios y pasiones, es capaz de llevar a las criaturas humanas a cometer los actos más desalmados y los crímenes más abominables.
En la historia de la, humanidad no existen guerras tan bárbaras, tan implacables, tan cruentas, tan feroces, tan brutales, tan espantosamente perversas y deshumanas, como las religiosas.
Jamás el mundo asistió a acciones de tamaña crueldad y vandalismo como las que practicaron los cruzados, cuyo odio los llevó a despedazar indefensos y aterrorizados viejos, mujeres y niños.
La pavorosa noche de S. Bartolomé, y las hogueras encendidas por la Inquisición para quemar, vivas, después de horriblemente martirizadas y mutiladas, las víctimas del odio que el fanatismo religioso generara en el espíritu de los propios sacerdotes inquisidores, son un ejemplo bien ilustrativo de los extremos a que ese fanatismo puede llevar al hombre.
En la mejor de las hipótesis, el fanatismo religioso - y nadie, por mas que demuestre estar por él dominado, se considera fanático -, debilita, aliena y reduce a la impotencia la voluntad humana.
El hombre, que es un espíritu creador por excelencia, influenciado por la falsa idea del milagro y de la ayuda divina, a la espera de los cuales se detiene, inerte, en lugar de esforzarse, para ayudarse a si mismo, llega, muchas y muchas veces, al fracaso, por no saber utilizar las dos poderosas fuerzas que posee en si mismo y que, debidamente ejercitadas, pueden conducirlo al triunfo.
Esas fuerzas que, en la mayoría de los seres, yacen ignoradas y adormecidas, se llaman - VOLUNTAD y PENSAMIENTO.
Los dioses mitológicos también hicieron milagros, en la imaginación fantasiosa de los adoradores, y de ahí la autoridad y el prestigio que ejercieron junto a sus fieles.
Por eso, no existe diferencia sensible entre los dioses milagreros de la mitología y los no menos milagreros de las varias religiones actuales. Estas apenas han progresado y perfeccionado los métodos de adorar, que se tornaron, como ya fué dicho, más distintos, más elevados.
LIBROS SAGRADOS
Las religiones poseen, en regla general, libros considerados sagrados por sus adeptos. Se entiende por sagrado lo que es puro, lo que no posee mácula, lo que es perfecto e intocable. Dentro de esos libros, sin embargo, pueden existir los mayores absurdos, la más clara ofensa al decoro y al buen sentido, puede la verdad ser transformada en mentira, lo justo en injusto, lo honrado en deshonrado, puede, la lógica sufrir todas las agresiones y violencias, que, ninguna crítica es admitida.
Leyendo tales cosas y observando tantos disparates, el lector puede indignarse, pero no tiene el derecho de hablar, y mucho menos de analisar.
En la Bíblia, todos lo saben, fueron alterados diversos textos originales, con la finalidad de favorecer a un ventajoso sistema capaz de propiciar fondos suficientes para sostener la legión sacerdotal que se sirve del referido sistema.
Solamente la palabra "perdón", habilmente intruducida en aquel libro, proporciona enorme, incalculable renta.
Durante muchos siglos, las religiones propugnaron por la ignorancia de los seres. Esa ignorancia convenia a los intereses de los orientadores religiosos. Estos, porque ricos e ignorantes, siempre vivieron a las mil maravillas con las sectas religiosas que introducieron, en la Bíblia, este versiculo, repleto de malicia: "Bien aventurados los pobres de espíritu, porque de los tales es el reino de los cielos."
OBSESIÓN RELIGIOSA
La obsesión religiosa tiene sus fuentes, sus orígenes en la infancia de los seres humanos, cuando comienzan a sentirse deslumbrados delante de los cuadros que les pintan del cielo, del infierrno, del padre celestial y de la corte de ángeles, arcángeles y querubines.
Lo que más los impresiona, por sobre todo, son las narraciones en torno de los milagros, de las recompensas y de los castigos divinos.
No es necesario poseer mucha imaginación para comprender lo que esas fantasías representan en el delicado período de la formación del carácter y de la personalidad del ser humano, y de como ellas contribuyen para embotarles el raciocinio y dificultar, o tornar imposible, su expansión en el amplio terreno de la espiritualidad.
De entre los más graves errores de las religiones, ocupa lugar de destacado relieve el perdón para las faltas y, hasta mismo, para los crímenes cometidos por sus adeptos. La absolución de los pecados satisface al rebaño, produciendo gran alivio en la conciencia de este. El alma queda supuestamente libre de culpas. Con esa impunidad que la absolución le asegura, no titubea en cometer nuevas faltas, nuevos errores, nuevos crímenes, de los cuales sabe que recibirá absolución en el confesionario, o cuando le sea dada la extrema-unción, en el momento final.
Se rescatan las deudas morales mediante las confesiones, como las mercantiles con el dinero. Y el buen pagador mantiene siempre abierto el crédito, para nuevas, operaciones...
Es comfin atribuirse a dios, cuyos designios afirman ser impenetrables, la responsabilidad de gran parte de las cosas que acontecen en la Tierra.
De esta manera, si desencarna una persona de la familia, fué dios quien la llevó. Si acontece un desastre, dios asi lo quiso. Si alguien escapa de quedar bajo las ruedas de un automóvil, a dios se atribuye la salvación de la casi víctima.
La individualidad siempre queda subordinada a la acción de una tercera entidad, y esa subordinación ejerce aplastante influencia sobre el espíritu humano.
Por ahi se ve cuanto las religiones son incapaces de transmitir a sus adeptos la verdadera noción de la vida espiritual, por la completa ignorancia en que se mantienen con relación a la existencia de la vida fuera de la materia.
POR QUE NEGAR LA REENCARNACIÓN ?
Por que las religiones occidentales tanto se empeñan, tanto se obstinan en negar la reenearnación? Por que tan intransigentemente la combaten, a pesar de las resonantes e irrefutables pruebas de su existencia real? Por que persisten en el desconocimiento de tantos y tantos hechos que exaustivamente la comprueban, de los cuales está llena la historia de la humanidad?
La respuesta es fácil: reenearnación y salvación, son ideas que se rozan, que se agriden, que se chocan, porque son antagónicas e irreductiblemente incompatibles,
y en el concepto de la salvación - íntimamente ligado a los favores del perdón - está, precisamente, la base en que se apoyan esas religiones.
Si las organizaciones religiosas revelasen la verdad a sus adeptos, en lo referente a la fantasía de los perdones, de la salvación eterna, de la mansión celeste, del divino padre, del infierno, del diablo, del purgatorio y de tantas otras invenciones, ninguna de ellas se mantendría de pié.
Desaparecerían las fuentes de renta representadas por la industria de los santos de madera y de barro, de las reliquias, de los diezmos del "señor", de las limosnas para los "santos", de rezos y de muchas otras prácticas artificiosas.
Cuando el individuo se convenciere de que al practicar el mal, tendrá, sin ninguna clase de apelación, que rescatarlo, sin posibilidad de perdón; que en una encarnación se prepara para la encarnación siguiente; que esta será más o menos penosa, de conformidad con el uso que haya hecho de su libre albedrío, en la práctica del Bien o del Mal; que las acciones buenas revertirán en su beneficio y las malas en su perjuicío; que no puede contar con el auxilio de nadie para liberarlo, de las consecuencias de las faltas que cometiere y que tendrá que rescatarlas con acciones elevadas cualquiera sea el número de encarnaciones necesarias para eso, por cierto pensará más detenidamente, antes de consumar un acto indigno.
Los que saben avaliar el peso de la responsabilidad que arrastran con sus propios actos, hacen todo lo posible para consubstanciarse en los enseñamientos reales que transmiten el conocimiento de la Verdad, rompiendo con las entorpecentes mentiras religiosas.
DESPERTAR PARA. LA REALIDAD
El Racionalismo Cristiano - sin otra ídea, otro intento, otro interés que no sea el de hacer, despertar a la humanidad para la realidad de la Vida - se propone revelarle los esclarecimientos que ella necesita para salir, de la oscuridad espiritual en que todavía se encuentra, tan dañosa, tan perjudicial a su, evolución.
Por no ser religión, y sí una escuela espiritualizadora, es que esta doctrina no posee dioses ni adoradores.
Almas liberadas de la esclavitud sectárica, los estudiosos del Racionalismo Christiano aprendieron a confiar en si mismos, en su capacidad espiritual y en el poder de la voluntad para luchar y vencer.
Por eso, no son adoradores ni pidientes, ni quejumbrosos ni harapos mentales. Todos saben que son grandes los obstáculos que surgen, a cada paso, en el camino de la vida, pero que podrán vencerlos, con los propios recursos morales, de que disponen.
En toda esta obra se enseña que el espíritu es una pequeñita fracción de la Inteligencia., Universal, en evolución. En ella también se demuestra que el Universo es compuesto de Fuerza y Materia. La Fuerza, presentada, en esta obra, bajo una denominación común (Fuerza, Inteligencia Universal o, todavía, Grande Foco), incita y movimenta todos los cuerpos que llenan el Espacio Infinito, utilizando, para esso, la Materia, en sus muchos estados.
Fuerza es la expresión empleada cuando consubstanciada em su asociación con la Materia, y Grande Foco, cuando se quiere exprimir el agente Universal, en su concepción infinita. Sin embargo, son términos sinónimos, de igual sentido.
Nadie, por más sofista que sea, podrá señalar, en cualquiera de esas dos expresiones, la más leve afinidad con el vocablo "dios", ya tan desmoralizado - por el sentido mezquino y materialista que le han adjudicado los adoradores de todas las religiones.
No se puede expresar la grandeza infinita de un valor absoluto, con palabras de sentido relativo, como son las del lenguaje común.
Las palabras Grande Foco o Fuerza, aún cuando no expresan toda la realidad de su sentido, son adoptadas en falta de términos más expresivos.
Grande Foco da la idea de luz y también de intensidad de brillo.
Ese Grande, con "G" mayúscula, quiere decir Total.
Es, sin duda, una expresión bastante accesible a aquellos cuya mentalidad todavía. no puede penetrar, más profundamente; en las cuestiones demasiadamente abstratas
Los que se interesan, realmente por esre estudio de transcendental importancia, encontrarán, en el Capítulo "Fuerza y Materia", los elementos de que necesitan para un juzgamiento perfecto.