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¿Todo sigue
igual? (Introducción) |
"Para
consolidar la Revolución Bolivariana, es necesario castigar a los corruptos:
cárcel para Odremán y Ledezma".
La frase anterior no fue extraída de ninguna de las
alocuciones del presidente Hugo Chávez al frente del gobierno. Tampoco figuró en
la rendición de cuentas que el contralor Clodosbaldo Russián sometió a la
consideración del Parlamento el 3 de abril de 2001.
La cita estuvo contenida en una pancarta extendida por un
grupo de vecinos a todo lo ancho de la avenida Universidad, justo al frente de
la sede principal de la Fiscalía.
La tela fue colocada allí en medio de una de las múltiples
manifestaciones que tomaron por asalto a la capital en los convulsionados meses
de febrero y marzo del año pasado, período que finalizó con la orden
presidencial de lanzar a las calles a más de 10.000 efectivos de seguridad, por
tiempo indefinido.
Probablemente nunca se sabrá quiénes se encargaron de
desplegarla la mañana del 1º de marzo de 2001. Apenas sí fue firmada por un
grupo de vecinos autodenominado Los guerreros de La Vega.
Pero sus escasas veintiún palabras y ciento quince letras
describían una síntesis histórica de los últimos cuarenta y cuatro años de vida
republicana: la corrupción administrativa, sin duda, le socavó las bases a los
40 años de "democracia puntofijista", y comienza a minar los cimientos de la
llamada "revolución bolivariana".
Pero, ¿por qué figuraba en aquel cartel el apellido del ex
militante adeco y antiguo Alcalde de Caracas, Antonio Ledezma? ¿Y el del ex
líder de la intentona golpista del 27de Noviembre de 1992, también primer
Gobernador de Caracas de la era chavista y miembro en su momento del gabinete
del Presidente Chávez: el Contralmirante Hernán Grüber Odremán?