EL LAGO DE FUEGO Y AZUFRE


Publicado en 1670.

Salmos 11, 6

¡Llueva sobre los impíos brasas y azufre, y un viento abrasador por porción de su copa!

Las llamas y el fiero diluvio de fuego que llovió desde el cielo sobre Sodoma y Gomorra hace tiempo, y las que emergieron de las profundidades de la tierra en las erupciones del volcán Etna más tarde (cuatro años antes el Etna sufrió una de sus erupciones más violentas), no son sino sombras de las futuras llamas infernales; como un fuego pintado en la pared en comparación con las tempestades de fuego y azufre que en el infierno quemarán a los malvados eternamente. Así como la gloria del cielo, (mientras estamos en el tenebroso valle de este mundo) excede de lejos a toda concepción, y, por lo tanto no puede ser en absoluto narrada por ninguna descripción; y nadie intenta siquiera describir el Cielo mientras él mismo está sobre la Tierra, ya que su discurso sobre este tema sería igual a los oscuros sueños e imaginaciones de un niño concernientes a los asuntos de este mundo, mientras se encuentra aún cubierto y protegido en el vientre de su madre. El mismo Apóstol Pablo, habló de que en una ocasión había sido arrebatado al Tercer Cielo, y allí había hecho tales descubrimientos, que no encontraba palabras para describir lo que vio, como en II Corintios 12, 2-4, reconoce que él entiende igual que un niño, y no tuvo sino oscuras y difusas visiones de toda esta gloria, como a través de un cristal, I Corintios 13, 11-12. De la misma manera, el tormento del infierno por medio del lago de fuego y azufre, que quemará a los malvados, está más allá de todo lo imaginable, o lo que las palabras podrían expresar. Y aún cuando hayamos forzado nuestras concepciones hasta el más alto nivel, cuando hayamos hecho mención de las más espantosas y tremendas descripciones que nunca pudiesen venir a nuestros ojos y oídos, o de cualquier modo a nuestro entendimiento, para ayudarnos a formar unas nociones sobre el horrible castigo que los condenados soportarán en las inextinguibles llamas del infierno, todo se reducirá a una lejana y miserable sombra de la realidad, todas nuestras representaciones se quedarán muy cortas en relación a la realidad, como nuestra visión de los colores en la noche, los cuales, sino en su totalidad, la mayor parte son indistinguibles e inútiles en la oscuridad.

Aúnque seamos capaces de entender estos acontecimientos futuros, solamente a través de sombras y representaciones difusas, nada puede representar los futuros ardores del infierno, ni siquiera el mayor fuego que tenemos sobre la Tierra, sin embargo, podemos recibir alguna ayuda por el relato de Sodoma y por las tempestades y ríos de fuego y azufre del Etna para concebir algo de todo esto, con lo cual los malvados del infierno serán eternamente atormentados.





Doctrina


Que, como su parte correspondiente por sus maldades, Dios hará llover una horrible tormenta de fuego y azufre sobre los pecadores del infierno.





Para considerar este gran tema, mostraré:


Primero: que existe un lugar como el infierno, donde los pecadores condenados serán atormentados.





Segundo: que es un lugar de fuego y azufre.





Tercero: cuales son las propiedades de este fuego.





Cuarto: quiénes son las personas que arderán eternamente en estas llamas.





Quinto: la razón del eterno tormento de fuego de los condenados.





Sexto y último, y lo principal: me esforzaré en aplicar esta doctrina en algunos usos concretos.







Capítulo 2



Que existe un lugar como el infierno, donde los condenados serán atormentados.





Los antiguos paganos estaban persuadidos de esto, a pesar de que ignoraban a Jesucristo, y Su primera venida para redimir al mundo, como también Su Resurrección, y Su segunda venida para juzgar al mundo; pero por las luces de la naturaleza y sus razonamientos sobre ella, llegaron al descubrimiento de la Deidad, la Cual fue después considerada Justa y Buena; asimismo, descubrieron también que el alma era inmortal, y que sería premiada o castigada con recompensas o tormentos preparados para después de esta vida, de acuerdo a que fuese encontrada virtuosa o viciosa; y entonces entrarían en un lugar como los Campos Elíseos, donde los hombres virtuosos pasarían la eternidad entre placeres, o en un lugar llamado Tártaro o infierno, donde los viciosos e impíos serían eternamente atormentados. Este Tártaro, los poetas lo imaginaron con muchas ficciones, para espantar al pueblo de sus viciosas prácticas, tales como los cuatro lagos de Acheron, Stix, Phlegethon, y Cocytus, sobre los cuales, Caronte, en su barca, acarreaba las almas que partían al otro mundo; los tres jueces: Aeacus, Minos, y Rhadamanthys, quienes llamaban a las almas para contarlas y juzgarlas sobre su estado definitivo; o las tres furias: Tisiphone, Megaera, y Alecto, que intimidaban con violencia a las almas para que confesasen sus culpas; o Cerbero, el perro infernal de tres cabezas, que no permitía que nadie escapase una vez que estaba dentro; y también varias maneras de infligir castigos: cadenas de hierro, horrorosas criaturas monstruosas, buítres carniceros, potros de tortura, grandes piedras rodantes, y similares.

Y Virgilio describió este lugar, que Eneas habría visitado (Lib. 6), como un lugar donde los pecadores son castigados, un lugar de furiosos ríos de fuego donde el estruendo de cadenas, crueles heridas, martillazos y gritos desgarradores no cesa ni de día ni de noche.

A pesar de que la mayoría de estas cosas que podemos encontrar en muchos poetas y otros autores antiguos son ficciones de sus propios cerebros, aún así, existe un tal lugar; el infierno es real, y el castigo es real, y va mucho más allá de lo que ningún pagano podría imaginar siquiera. Sin embargo, consultemos la Escritura, con la cual tendremos una luz más clara sobre este asunto, donde Dios, Que ha creado y preparado el infierno para los malvados, ha dado a conocer estos hechos y además amenazó con castigar allí a los pecadores para siempre jamás.

Leamos en el Antiguo Testamento, Salmo 9, 17. Los malvados serán lanzados al infierno, así como todas las naciones que olvidaron a Dios. Yo sé que la palabra original del infierno significa tumba; pero aquí debe tener otra significación distinta a la tumba, que sea apropiada para los pecadores, y para aquéllos que olvidaron a Dios; por otro lado, verdaderamente podemos afirmar que el que no sea hallado entre los justos será lanzado al infierno, y aquéllos que se acuerdan, y temen, y aman, y sirven a Dios retornarán de la tumba.

Así Isaías 14, 12-15. ¡Cómo caíste del cielo (hablando del rey de Babilonia), oh Lucifer, hijo de la mañana! Cortado fuiste por tierra, tú que debilitabas a las naciones. Tú que decías en tu corazón: Subiré al cielo; en lo alto, junto a las estrellas de Dios, levantaré mi trono, y en el monte del testimonio me sentaré, a los lados del norte; sobre las alturas de las nubes subiré, y seré semejante al Altísimo. Mas tú derribado eres hasta el Seol, a los lados del abismo. Este infierno descrito no puede ser entendido simplemente como una tumba, sino además como el lugar donde los malvados serán atormentados; si comparas este lugar con Isaías 30, 33 donde el Profeta habla del mismo rey de Babilonia, dice:

Porque Tofet ya de tiempo está dispuesto y preparado para el rey, profundo y ancho, cuya pira es de fuego, y mucha leña; el soplo de Jehová, como torrente de azufre, lo enciende. Descripción que es aplicable no a un lugar, sino a un lugar de fuego sin fin, que el Señor ha preparado para los pecadores. Por supuesto que el Tofet es un lugar real sobre la Tierra, donde algunos israelitas idólatras ofrecían a sus hijos en sacrificio a Moloch; pero aquí el infierno es llamado Tofet en alusión a un lugar porque los lamentos y lloros de los condenados eran allí peores que el de los niños abandonados en el Tofet, cuando eran sacrificados por sus crueles padres.

En el Nuevo Testamento, queda aún más claro que existe un lugar como el infierno preparado para que el cuerpo y el alma de los pecadores sean atormentados en él.

Mateo 5, 29-30: Por tanto, si tu ojo derecho te es ocasión de caer, sácalo, y échalo de ti; pues mejor te es que se pierda uno de tus miembros, y no que todo tu cuerpo sea echado al infierno. Y si tu mano derecha te es ocasión de caer, córtala, y échala de ti; pues mejor te es que se pierda uno de tus miembros, y no que todo tu cuerpo sea echado al infierno. En este versículo, es evidente que el infierno no significa la tumba, dentro de la cual el cuerpo será enterrado, porque aquéllos que se cortan la mano derecha, o se arrancan su ojo derecho que les ofende, (que pecaminosos resultan estos ofensivos vicios, los cuales son tan queridos para el vicioso como tan duro resulta cortarse los miembros del cuerpo) serán excluídos del castigo eterno y salvados de este infierno; pero de la tumba nadie será excluído en ningún caso, aún habiendo llegado muy santo y mortificado a la muerte. Sí, y de este infierno se dice que ambos, cuerpo y alma, serán destruidos.

Mateo 10, 28: Y no temáis a los que matan el cuerpo, mas el alma no pueden matar; temed más bien a Aquel que puede destruir el alma y el cuerpo en el infierno. Por lo tanto, el alma no es destruída con el cuerpo en la tumba, como lo será (si son pecadores) después de la resurreción en el infierno. Más aún, este infierno amenazado por nuestro Salvador a los que no se cortan la mano derecha, aparece claramente situado en el lugar de tormento preparado para los malvados por la descripción repetida tres veces en Mateo 9, 43-48. Ir a este infierno, a este fuego que nunca se extinguirá, donde su gusano no morirá y el fuego no se apagará. Por el fuego que no se extinguirá, debemos entender el fuego que quemará el cuerpo. Por el gusano que nunca muere, entendemos el gusano de la conciencia, que roerá eternamente el alma.

Este infierno es denominado prisión en I Pedro 3, 19-20, a la cual también fue Jesucristo y predicó a los espíritus encarcelados, los que en otro tiempo desobedecieron, cuando una vez abusaron de la gran misericordia de Dios en los días de Noé, mientras se preparaba el arca, en la cual pocas personas, es decir, ocho, fueron salvadas del agua. Por los espíritus encarcelados, podemos entender las almas en el infierno, las almas de estos malvados y desobedientes en el viejo mundo, que no escucharon la predicación de Jesucristo a través de Su espíritu en Noé, y por lo tanto, la totalidad de su mundo fue enviado a la prisión del infierno, junto a los cuales son enviadas las almas de todos los que después han muerto en sus pecados, donde están atados en las cadenas de la oscuridad a la espera del Juicio del Gran Día. El infierno es también llamado el lugar de las tinieblas exteriores, donde hay llanto, y lamentos y crujir de dientes; Mateo 25, 30. Es llamado también el horno de fuego, donde todos los que ofenden y obran la iniquidad serán lanzados; Mateo 13, 41-42. Es llamado el gran lagar de la ira de Dios, donde todos los pecadores serán prensados bajo el enorme y eterno peso de Su ira, Apocalipsis 14, 19-20. Pero especialmente es descrito como un lugar de fuego en el siguiente capítulo.

Muchas han sido las conjeturas de los teólogos concernientes al lugar donde está el infierno. Algunos pensaron que estaba en las profundidades de la Tierra, porque es nombrado como un lugar bajo, y llamado por el nombre de abismo, del abismo sin fondo, fuera del cual ascienden humo y langostas, Apocalipsis 9, 2; y en el cual Satanás fue lanzado y encerrado como en una prisión, Apocalipsis 20, 1-3 y 7. Y se considera que el abismo del que se habla en Números 16, 33, al cual Korah, Dathan, y Abirán bajaron vivos tras abrirse la tierra y devorarlos, es el abismo del infierno, en el cual yacen sus cuerpos y almas. Esta es la opinión mayormente aceptada, debido al enorme fuego subterráneo que emerge de las profundidades de la tierra; otros a menudo han pensado que está más allá de este mundo visible; (que desaparecerá en el último día), y situado a la mayor distancia del lugar donde los justos habitarán eternamente. Pero la Escritura guarda silencio sobre todo esto, todo lo que se hable sobre el tema de dónde está el infierno, debe necesariamente ser solamente tenido como mera conjetura. El Señor regala el conocimiento de lo que nadie de nosotros puede conocer por experiencia. Nuestra máxima preocupación debe ser la de escapar a tal castigo, y no ser inquisitivos acerca de lo que el Señor no ha deseado revelarnos. Debe ser suficiente para nosotros saber que existe un lugar como el infierno, donde los malvados serán atormentados para siempre jamás.







Capítulo 3



Que el infierno es un lugar de fuego y azufre.





No existe nada más exacto para describir el infierno en toda la Escritura que el fuego, y algunas veces, como fuego mezclado con azufre.

Es llamado fuego; Mateo 3, 10: y ya también el hacha está puesta a la raíz de los árboles; por tanto, todo árbol que no da buen fruto es cortado y echado en el fuego;

fuego infernal. Marcos 9, 47, Y si tu ojo te fuere ocasión de caer, sácalo; mejor te es entrar en el reino de Dios con un ojo, que teniendo dos ojos ser echado al fuego del infierno;

horno de fuego, Mateo 13, 42; y los echarán en el horno de fuego; allí será el lloro y el crujir de dientes.

Es llamado el lugar donde los pecadores serán atormentados con fuego y azufre, Apocalipsis 14, 10; él también beberá del vino de la ira de Dios, que ha sido vaciado puro en el cáliz de Su ira; y será atormentado con fuego y azufre delante de los santos ángeles y del Cordero;

un lago que arde con fuego y azufre, Apocalipsis 21, 8; Pero los cobardes e incrédulos, los abominables y homicidas, los fornicarios y hechiceros, los idólatras y todos los mentirosos tendrán su parte en el lago que arde con fuego y azufre, que es la muerte segunda.

Sé que existe una gran discusión entre los teólogos, sobre si el fuego del infierno, que quemará a los pecadores, es un fuego real o un fuego metafórico. Hay hombres de gran renombre, que aseguran que se trata simplemente de un fuego metafórico, a causa de que es llamado fuego preparado para el diablo y sus ángeles, que no pueden ser dañados por un fuego real; y porque el gusano que nunca muere es metafóricamente utilizado para denominar los eternos remordimientos de conciencia; y porque la Nueva Jerusalem, es también metafóricamente descrita, como de oro puro, radiante como el cristal, los cimientos serán ornamentados con toda clase de piedras preciosas, y las puertas serán perlas, Apocalipsis 21, 18-19. Y por la misma razón, ellos dicen que la descripción del infierno en la Escritura es metafórica; sin embargo, éstos que afirman que el fuego del infierno es metarórico, están tan lejos de aliviar el tormento infernal que este fuego infligirá, que así aún lo agravan más; porque este fuego metafórico, dicen, afligirá todavía más que si fuese un fuego real; porque la gloria de la Nueva Jerusalem, construída por Dios y hecha por Sus manos eternas en los Cielos, sobrepasa ampliamente toda metáfora, cualquiera que se pueda describir. Estas metáforas están hechas para el exclusivo uso de ayudar a entender y concebir Su gloria. Así también, la pena y tortura de los condenados en el infierno, será más horrible e intolerable que si fuesen lanzados dentro del espantoso horno de Nabucodonosor, cuando fue calentado siete veces más de lo normal; de la misma forma, la metáfora debe ser inferior a la realidad aludida, la cual es usada para hacer una representación.

Otros son del juicio de que el fuego del infierno será un fuego real, porque es tan positivamente, tan claramente y tan frecuentemente aseverado que es fuego, fuego con llamas, fuego que quema, y porque nada puede causar mayor dolor al cuerpo que el fuego, y porque es propio del cuerpo ser atormentado con alguna substancia real o material. Y cuando el Espíritu Santo nos dice que será fuego, por qué convertir este fuego en una metáfora, la cual tendería a debilitar enormemente nuestras concepciones de su horror más que a aumentarlo. Contra este argumento algunos detractores se apresurarían a decir que presenta la gran objección de que está prepararado para los diablos, que tal fuego será no solamente tormento de las almas, sino también de los demonios; y respondemos que Dios tiene poder para hacer un fuego así. Se hace uso de otras metáforas, pero la del fuego es casi la constante expresión de la Escritura, para describir el infierno.

Confieso que no juzgo estas respuestas como totalmente satisfactorias; pero, si las almas de los pecadores pueden por simpatía con el cuerpo ser atormentadas por fuego real, entonces, Dios, habiendo hecho diablos, que son totalmente espíritus y por lo tanto incorpóreos, no comprendo por que ningún fuego o sustancia corporal puede tener ninguna impresión sobre ellos; o quizás de alguna forma este fuego, aire, tierra o agua, son todo la misma cosa para ellos, y ellos son incapaces de sufrir por ninguno de ellos, así como el agua no puede ahogarlos, así tampoco puede el fuego quemarlos, ni el aire puede refrescarlos, ni tampoco el fuego puede afligirlos. Incluso era la opinión de algunos viejos teólogos la de que los diablos tenían cuerpos, pero más puros y refinados, los cuales no pueden ser vistos, como el aire; entonces un fuego real podía ser hecho tan puro por Dios como para atormentar a los diablos. Pero estoy totalmente convencido con el juicio de que los diablos son totalmente espirituales, la Escritura lo asevera, y hay muchas razones que pueden acreditarlo, pero esto sería una desviación excesiva del tema. Más aún, el fuego del infierno, creo que puede afligir inmediatamente a las almas de los pecadores, y no sólo por simpatía con el cuerpo; porque de otra manera, la tortura del cuerpo podría ser mayor que la angustia del alma por simpatía, cuando la necesidad de castigar el alma es mayor, porque es mucho más altamente culpable que el cuerpo, ya que que el cuerpo no es más que un mero instrumento del alma.

Por lo tanto no puedo estar de acuerdo con la opinión de que el fuego del infierno podría ser enteramente metafórico por las razones antes dadas. Por consiguiente, juzgo que ambas opiniones pueden ser reconciliadas con ellas mismas y con la verdad, aseverando que este fuego del infierno puede ser en parte metafórico y en parte real.

Primero, concibo que el fuego del infierno puede ser en parte metafórico, y que esto también puede ser aún más grave y atormentador, pienso no en los sentidos, sino en el alma de los diablos, quienes no pueden ser atormentados por otro fuego. En mi opinión, el fuego podría ser metafórico, esto sería entendido como la inmensa furia e ira de Dios vengándose del pecador, lo que es llamado fuego consumidor en Hebreos 12, 19, y esta furia es a menudo expresada por la metáfora del fuego en la Escritura. Y así el fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles y para las almas de los hombres y mujeres pecadores, (que estarán también sumergidos en un fuego real, preparado para sus cuerpos, del que hablaremos en el próximo capítulo) es la eterna ira de Dios, que ha sido atesorada para el día de la ira, cuando abra el cofre y extraiga estos tesoros, para hacer inmediata impresión sobre todos los espíritus condenados; los cuales arderán peor que en el fuego, y causará mayor angustia en el espíritu de la que ningún fuego puede provocar en los sentidos. Por esta razón fue dicho en Hebreos 10, 31, Cosa terrible es caer en las manos del Dios vivo; y esto a causa del inmediato impacto de la venganza de Dios, que caerá sobre los espíritus condenados. Él los toma entre Sus propias manos para castigarlos en el infierno, lo que entre todas las cosas será lo más intolerable. El Apóstol dice en II Tesalonicenses 1, 8, que los malvados serán castigados con la eterna destrucción en la presencia de Dios y en la gloria de Su poder. Esto es para entenderlo causalmente; como si él hubiese dicho, que la destrucción de los pecadores emergerá de la presencia de Dios y Su glorioso poder, el cual se mostrará a Sí mismo tan poderoso, como para glorificarse Él mismo en el castigo de los malvados en el infierno. Dios aparecerá en el Cielo a los ángeles y santos, en una llama de amor, y hará la más inmediata y dulce impresión sobre ellos, lo que será su mayor felicidad. Y Dios aparecerá en el infierno a los demonios y condenados en una llama de ira, como un fuego consumidor; y hará impresiones inmediatas de Su ira sobre ellos, lo cual será su mayor miseria. Para los pecadores, ser tomados en las manos de Dios, y ser castigados por el fuego de Su ira, será más horrible, que si la más fiera jauría de bestias del mundo fuese lanzada sobre ellos para despedazarlos y devorarlos. Si fuesen atormentados con los más refinados tormentos que fuese posible imaginar en la Tierra, no sería más que un pinchazo de alfiler en comparación con estos inmediatos impactos de la venganza divina, y arder bajo el fuego de Su indignación.

En segundo lugar, el fuego del infierno, pienso que será en parte real, quiero decir que donde quiera que el cuerpo sea afligido, juzgo que la tortura debe ser real, así que el fuego donde quiera que torture, será también real. Todos los sentidos son hábiles para sentirse angustiados y afligidos, y de entre todas las cosas, el fuego se siente como el más angustiante y doloroso, y por lo tanto Dios ha señalado el fuego para ser el castigo del cuerpo. Por supuesto los sentidos serán afligidos también de otras maneras, los oídos con horribles estruendos, lamentos y quejidos de pavor de los pecadores condenados; el ojo con horribles, horripilantes y espantosos espectáculos; el olfato con sofocantes, odiosos y nauseabundos olores, peores que el de la putrefacción o los que emanan de una sepultura abierta. Pero los sentidos serán mayormente afectados por el devorante y eternamente ardiente fuego, en el cual serán arrojados los pecadores.

No disputaré sin embargo si este fuego real del infierno será como el fuego usado en una cocina, o en un horno, o como el que algunas veces se expande por toda la casa, incluso con tan enorme fuerza como para quemar ciudades enteras, y crecer sobre toda materia combustible a su alcance, pero que se apaga cuando no es alimentado por tal materia; o si por el contrario será más bien un simple fuego conceptual, como el que los filósofos afirman que existe en las regiones superiores del aire y la más baja órbita de los cielos; o si por la contra será tal fuego como el que a veces emerge de las profundidades de la tierra, en la boca de los volcanes en llamas, el cual algunos piensan que existe en vastas extensiones bajo nuestros pies, donde el ojo no puede llegar, tal como sugieren las imagenes de los llameantes y ardientes ríos de lava que emergieron desde las profundidades del monte Etna, un volcán que muy bien puede ayudarnos a concebir algo sobre lo que es el lago de fuego y azufre; o por el contrario será un fuego creado expresamente por Dios, sulfuroso e irrespirable, como el descrito más arriba; pero aún así, mucho peor del soportado por los pecadores de Sodoma y Gomorra, el cual, de entre todos los incendios habidos nunca en el mundo, concibo como el que más vivamente representa los abrasadores fuegos del lago infernal. No puedo determinarlo en este caso, pero estoy más inclinado a pensar que este fuego será directamente creado por Dios, difiriendo en su fiereza de todos los demás fuegos que nunca hubo, tan fiero como puede crear el poder de Dios, y el aliento de Su indignación puede encender y mantener vivo por la eternidad sin necesidad de alimentarlo, a excepción de los cuerpos de los condenados, los cuales serán atormentados por él, y nunca serán consumidos.







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