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LITERATURA/Libros
Lita Ford, la autobiografía Verdadera leyenda del hard rock, esta cantante británica narra sus orígenes, sus vivencias, sus matrimonios de pesadilla y todo lo que tuvo que a pasar para lograr y mantener su estatus dentro de un género que había estado dominado por sus colegas masculinos. Repaso a un libro duro, cierto, pero más que aleccionador
ABRIL, 2019. Uno de los argumentos más irritantes que escuchamos con frecuencia es el "machismo" y la "misoginia" del hard rock, críticas por lo general creadas por ignorantes de la historia del género. No es casual tampoco que estos ataques suelan ser obra de "feministas" que jamás han rasgado, ni de chiste las cuerdas de una guitarra eléctrica. El hard rock --y por extensión sus consanguíneo, el heavy metal-- durante un buen rato fueron monopolio de los músicos varones, pero no a causa de la "masculinidad tóxica" ni tonterías afines; era, simplemente, un género donde la mayoría de sus fans eran por definición adolescentes hombres en busca de su propia identidad (irónicamente, estos músicos a su vez tenían sus fans mujeres, llamadas groupies, con quienes solían acostarse durante las giras). Fue hasta ya avanzada la década de los 70 cuando comenzaron a surgir las primeras figuras femeninas en el rock, básicamente las chicas Wilson, del grupo Heart, la generalmente subestimada Suzi Quatro y por supuesto, Lita Ford, surgida de The Runaways, primer prototipo de lo que luego en el ambiente se conocería como las riot grrls. En esta apasionante biografía, Lita Ford, quien ya cuenta con 60 años de edad, da cuenta de que su vida ha sido cualquier cosa, menos fácil, no solo por lo que tuvo que luchar para ganarse un lugar en la escena del rock sino por, como ella lo admite, "su mal tino para escoger pareja", factor que la sigue desconcertando dado que, escribe, "mis padres tuvieron una relación ejemplar", algo que tampoco parecía fácil de predecir dado que la legendaria cantante proviene de un hogar bicultural. Nacida en Gran Bretaña en 1958, Lita Rossana Ford llegó al mundo luego de un primer embarazo que no se logró, "algo que mi madre siempre resintió", escribe. Sus padres se conocieron durante los años de la segunda guerra y se casaron poco después pero Isabella, su madre, jamás pudo acostumbrarse al clima húmedo y nublado de las islas inglesas. Finalmente una prima radicada en Estados Unidos les sugiere cambiar allá su residencia, primero en la costa este y poco después en la soleada California. El repunte de la pubertad de Lisa Ford coincidirá con el auge del hard rock, al punto que a los 11 años, en vez de tener pegados en su habitación los pósters de los Beatles o los Jackson Five, lo suyo era escuchar a Black Sabbath, a Led Zeppelin y a Deep Purple. "Siempre sentí atracción por lo tenebroso y el riesgo, y creo que ni siquiera los Rolling Stones cumplían esa exigencia mía", escribe. Cuando sus padres le regalan una guitarra eléctrica, Lita Ford supo que ya no habría vuelta atrás: "Sabía, sin duda, que algún día estaría sobre un escenario y que, sin duda también, compartiría escenario con mis ídolos". De todos esos grupos el que más le apasiona es Black Sabbath, y no tanto el rubio cantante (Ozzy Osburne, para más señas) sino su guitarra Tommy Iommi. "Me enamoré de su imagen, de la hombría de de él emanaba", dice. De hecho, el que le gustara el hard rock le hacía ver "poco femenina" en su comunidad e incluso cuenta sobre un incidente ocurrido a las afueras de una nevería angelina: "Un tipo se me acerca y lo rechazo, llega su novia y me echa en cara ¡que hubiera respondido a su novio con un insulto!" Se trenzan a golpes pero la adolescente Lita regresa y derrama sobre su enemiga todo el contenido de una malteada helada; "aún sigo disfrutando esa venganza", dice. En 1976 llega el gran momento cuando asiste a un casting para formar un grupo musical completamente femenino llamado The Runaways. El grupo lanza su disco y tiene tal éxito que incluso las lleva en gira a Gran Bretaña, el país natal de Lita. Ahí van a convivir con varias figuras del rock, y con éstas, a compartir el abuso de cocaína, alcohol y orgías, orgías y más orgías. "Veía todo aquello como si todos fuéramos hippies a nuestro modo", dice. Pero el sueño poco a poco comienza a derrumbarse: después de cena romántica abundante en detalles a la que siguió una noche de sexo maratónico, el bajista de un grupo conocidísimo la despierta a golpes, la obliga a vestirse entre insultos y la corre a patadas de la habitación: "el galán de unas horas antes se había convertido en un energúmeno luego de haber conseguido lo que deseaba", escribe. ¿Quiere conocer la identidad del bajista? Ahí sí hay que adquirir el libro, disponible en Amazon. Ese episodio recuerda lo dicho por varios críticos, y aun músicos, en el sentido de que el circuito del rock en los 70 en el fondo era una red de prostitución amarrada con cuerdas de guitarra. La gira es un desastre; entre sus compañeras en The Runaways se encuentra Joan Jett, una diminuta pero aguerrida neoyorquina quien adora a los Sex Pistols y no solo eso (aquí sí lo podemos decir) se va a la cama con su bajista Steve Jones aunque ambos estaban hasta el tope de anfetaminas. Al regresar a Norteamérica ("y convencida de que tres de mis compañeras eran lesbianas, lo cual me resultaba incómodo), Joan Jett exige dar un giro artístico hacia el punk rock pero Lita Ford ya traía otros planes y el grupo se desintegra en 1979. Entonces Ford acepta una invitación de Iommi, su máximo ídolo. Se convierten en pareja aunque ella se acostumbra a tolerar el carácter "horriblemente inestable" del miembro de Black Sabbath. Como muestra, apenas despega el avión que llevará a Gran Bretaña a la pareja lo primero que hace el legendario guitarra es darle un brutal puñetazo en la nariz. Sería el inicio de una pesadilla: "esa fue mi bienvenida al mundo como mujer recién casada". El matrimonio dura un par de años con todo y que Iommi le produce un disco que nunca llega a publicarse. Abandona a Iommi y regresa a Norteamérica sin un plan en mente, pero decidida a seguir adelante como intérprete de hard rock y lanza un disco del que saldrían hits como "Kiss Mee Deadly" y poco después --con Sharon sbourne como su mánager-- Lita graba un dueto con Ozzy Osbourne, quien pese a que en ese tiempo aún consumía drogas, se porta bien con Lita: "En vez de ponerse agresivo, luego probar drogas Ozzy se recostaba, dormitaba y se despertaba con un fuck cada 15 segundos y se volvía a dormir", recuerda. Tras un breve matrimonio con el vocalista de la banda angelina WASP, la cantante se liga con Jim Gillete, vocalista de un grupo efímero. Gillete era un tipo excéntrico que se la lleva a vivir a una isla a mitad de la nada en el Caribe. "Perdí contacto con mis amigos, mi familia, mis colegas, con todos", escribe. Tiene dos hijos y prácticamente abandona su carrera. Tras regresar de California para negociar un posible reality show, uno de sus hijos la agrede físicamente; su padre los puso en su contra, acusándola de querer llevarse en exclusiva los derechos del reality show y Lita Ford termina por exigirle el divorcio. Al publicarse el libro el asunto aún estaba en trámite. Muchos de sus colegas ya ingresaron al Salón de la Fama del Rock and Roll, aunque Lita Ford no piensa que algún día la convoquen con todo y que es una auténtica pionera que abrió el camino en el género a otras mujeres (Joan Jett, su ex compañera en The Runaways, ya entró al recinto). Mientras tanto, le recomendamos la lectura de Living Like a Runaway (también disponible en español, aunque en versión castiza, coño). Vale asomarse a la vida de esta mujer, la verdad, indomable.
Ford,
Lita
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