fasenlinea

com

ANÁLISIS COMENTARIO Y DEMÁS

Versión impresión

A lo mejor se acuerda: Elizabeth Aguilar en Playboy

Como participante en un concurso de belleza y actriz regular se convirtió en celebridad temporal al ser la primera Playmate hecha en México, algo que suavizó temporalmente lo que fue un sexenio atiborrado de malas noticias

FEBRERO. 2008. El país atravesaba por una profunda crisis económica, con una devaluación diaria del peso, un ritmo similar que llevaban los casos de corrupción reportados por los periódicos, los cuales habían sentido la indefensión cuando, el 30 de abril, el columnista Manuel Buendía fue asesinado en una concurrida calle de la capital mexicana. 1984 no fue un buen año, definitivamente. A excepción de una publicación que por años se había escondido en otros membretes, como si fuera la calentura que no se atrevía a decir su nombre; finalmente, y tras sus chuscas metamorfosis como Yo, Caballero, Mr. y Signore, aparecía en el país la primera edición mexicana del Playboy.

Un cuarto de siglo después suena a detalle absurdo, pero en 1984 la Secretaría de Educación Pública decía tener cierto pudor, algo muy relativo, por cierto, pues durante años habían circulado esas fotonovelitas dizque eróticas donde las muchachas aparecían como sirvientas o secretarias, con pequeñísimas faldas, seducidas por galancetes que no llegaban más que a despojarlas del brasier y dejarse fotografiar en un gozo rotundamente falso aunque eso sí, las "modelos" siempre lucían sus muy recatadas trenzas. Eran revistuchas que nunca preocuparon tanto a la SEP como todos los intentos por publicar la edición local del Playboy, la cual siempre fue boicoteada y repelida. A ello se agregaba otra limitante, que las "monas" debían ser extranjeras, por lo general ejemplares de los Países Bajos para arriba, aunque de repente se colaran mujeres sudamericanas, como una tal Mora Escudero, vedette bastante conocida en México.

Así pues, ese año hubo albricias. Playboy Inc. había logrado un acuerdo para lanzar Playboy México, y nada mejor que hacerlo con una chica natural, en todos sentidos, de estos lares. Hubo candidatas, claro, pero al momento de marcarles el principal requisito mostraban un pudor aun mayor al de la SEP, quizá con la idea que aparecer en sus páginas equivalía a dejarse fotografiar recién saliditas de la regadera medio envueltas en una toalla que cubría lo que se supone deberían estar mostrando; fue inútil la promesa de que con ese paso tendrían derecho de picaporte a la mansión Playboy y que recibirían una gratificación en dólares; eso que pudiéramos llamar "quediranismo" de las aspirantes y demás prejuicios heredados por siglos mantuvieron detenido el proyecto por un rato.

Finalmente hubo alguien que sí aceptó. Se trataba de una chica jalisciense que había aparecido en programas televisivos de comedia y con el Loco Valdés. Que si sus chistes eran malos, a nadie importaba: Elizabeth Aguilar poseía un cuerpazo marca ángel; desde que fue segundo lugar del concurso Miss Estado de México, en 1978, Aguilar había había sido vista esporádicamente en emisiones donde no desplegaba su talento como debiera, y Playboy le ofreció esa posibilidad.


Por cierto, la sesión fotográfica se llevó a cabo en Los Ángeles, duró alrededor de 10 días y antes de su publicación los editores aseguraban que una "celebridad" "adornaría" el primer número de Playboy México. Y así, la edición con el nombre que siempre debió haber tenido llegó a los estanquillos y a la líbido de los lectores: "Elizabeth Aguilar, Primera Playmate Mexicana ¡Divina", rezaba la portada, con un fondo rosa mexicano.

Eso no se discutía, francamente. No sólo la Aguilar aparecía en un póster tríptico sino que, además, mostraba absolutamente todo, desde la infaltable foto donde saborea una fruta cuyo jugo resbala por sus senos hasta un vestido blanco que solamente le cubría su vientre; en otra aparece con una prenda púrpura que cae hasta la mitad.

También resultaba extraña la experiencia al ver una mujer de rasgos mestizos en páginas en donde hasta entonces había habido sólo chicas sajonas o de piel blanca. La edición gringa del Playboy llevaba en su maravilloso haber varias p
laymates latinas y algunas de origen mexicano, aunque todas nacidas allá; cuando la revista mexicana presentó a una muchacha de hechura totalmente nacional quienes prestaron atención aquel año pudieron escuchar un crack, el de un tabú que se resquebrajaba, el de la pudibundez de las chicas locales para dejarse ver en piel y a todo color, en una publicación de tiraje internacional.

Y ahora sí que naturalmente, provocar ese crack no era el objetivo inmediato de la buena Elizabeth: en lo que comúnmente se llama career move, la jalisciense pensaba que ese despojo le traería cataratas de contratos, ofertas para aparecer en cine y estelares telenoveleros. Hubo algunos, cierto, pero fueron en la categoría que algunas consideran redundante, la del PePeME (Pésimas Películas Mexicanas), aunque por lo demás, la primera Playmate local no llegó muy lejos, no tanto, sin duda, a lo que ella esperaba. Aunque, para su consuelo, la única otra Playmate que alcanzó estatus de leyenda fue Marilyn Monroe, un blasón que recibió involuntariamente.

El tiraje de ese ejemplar fue asombroso (más de 70 mil) y quienes se molestaron en leer los textos encontraron una entrevista extensa con Ricardo Rocha, quien por entonces trabajaba en Televisa. Con todo, las altas ventas sólo sirvieron para que la revista, como aquel avión de Howard Hugues, volara tan sólo año y medio y para 1987 nuevamente había salido del mercado. Desde entonces ha reencarnado varias veces, y en estos días Playboy sigue con vida aunque saturada de problemas financieros.


Después de Elizabeth Aguilar varias chicas posaron para lo que mamertamente se ha llamado "conocida revista para caballeros", entre ellas la cantante María del Sol, quien salió "a la antigüita" y sólo mostró sus piernas, brazos y torso, es decir, una nadadora olímpica enseñaría más que ella. El anonimato del resto refrenda lo que sobradamente sabemos: una Playmate que deleita la vista no necesita probarnos nada más en la vida. Ello sonaría, inclusive, a redundancia.



Textos relacionados:

A lo mejor se acuerda: edición requisada

La llegada del Internet convirtió el obsoleta la confiscación de periódicos que contenían información comprometedora de altos...  [Diciembre, 2008]

A lo mejor se acuerda: Miguel Ángel Cornejo

Fue una especie de mensajero no oficial del salinismo y su buena suerte se acabó con ese sexenio, en una etapa... [Octubre 2008]

50 años como sibarita

La envidia es uno de los siete pecados capitales. Pero son pocos los hombres que no la experimentan al escuchar... [Junio, 2005]

 

© copyright, Derechos Reservados, 2009