LA ISLA DE LA PALMA


Introducción

La Palma esta situada en la parte noroccidental del Archipélago Canario, es una de las islas que ofrece un paisaje más variado en relación con su superficie. Esta variedad paisajística es resultado de los significativos contrastes que se aprecian en su morfología general, cuyos elementos principales, en relación con el clima, dirigen la distribución de la vegetación. A La Palma se la conoce también por el nombre de Isla Bonita o Isla Verde, por la exuberancia de sus bosques. Tiene una superficie de 706 km² y dista 85 km de Tenerife y 1.440 km de la Península Ibérica (Cádiz). Es la única isla canaria que tiene arroyos o pequeños ríos.

La Palma tiene forma de triángulo isósceles con el vértice más agudo hacia el S, y es de origen volcánico. El centro de la isla está ocupada por la caldera de Taburiente, con su altura máxima en el Roque de los Muchachos (2.426 m), mientras que en la otra mitad existen dos interrupciones que permiten el acceso a la mencionada caldera: el collado de la Cumbrecita y el barranco de las Angustias.

El medio físico

La contrastada geomorfología está estrechamente ligada a la historia volcánica de la Isla y es consecuencia de las relaciones espaciales y temporales existentes entre la actividad eruptiva y los procesos erosivos. De dicha historia resultan extensas áreas caracterizadas por la mayor importancia de uno u otro elemento creador de formas, aunque en ellas se observer sectores en los que el paisaje está definido por los resultados de los dos tipos de procesos: volcanes y barrancos.

Las unidades volcánicas en el espacio insular

En el transcurso de la evolución geomorfológica de la isla de La Palma, la actividad volcánica ha emigrado desde el Norte, donde se localiza el área más antigua, hacia el Sur, en cuyo extremo tuvo lugar la erupción más reciente del Archipiélago. Este desplazamiento está guiado por una de las pautas de debilidad de la corteza que operan en Canarias: la tendencia tectónica de dirección Norte-Sur, de escasa importancia en otras islas, pero que condiciona la forma de La Palma y la disposición espacial de sus principales unidades geomorfológicas.

La Isla de La Palma comenzó a construirse con el levantamiento de un fragmento de corteza oceánica, integrado por rocas volcánicas submarinas, sedimentarias y plutónicas, hoy conocido como Complejo Basal. A partir de ese momento se inició a actividad volcánica subaérea, mediante la concentración de numerosas erupciones basálticas que tuvieron lugar principalmente durante el Plioceno. Los materiales resultantes se superpusieron al Complejo Basal y dieron forma y volumen al área septentrional de la Isla, caracterizada por la Serie Antigua I, que afecta a los actuales conjuntos de la Caldera de Taburiente y sus vertientes externas y de la Cumbre Nueva. La actividad volcánica posterior, que corresponde a las Series Recientes tuvo lugar a lo largo del Pleistoceno y el Holoceno, y construyó el sector conocido hoy como Cumbre Vieja, mientras que afectó sólo de un modo puntual al área septentrional de la Isla.

Esta clara organización espacial de la evolución temporal de la actividad volcánica en la Isla de La Palma es la razón de que existan dos unidades geomorfológicas bien diferenciadas: el macizo antiguo septentrional y la dorsal volcánica meridional.

La primera unidad es una estructura volcánica compleja, edificada por la sucesión de múltiples episodios eruptivos, en la que la erosión ha actuado sin interrupción desde finales del Plioceno. Aunque existen formas volcánicas, lo dominante y característico de los macizos antiguos volcánicos son las formas de erosión. El aspecto cupuliforme y la planta elíptica de este macizo se explican, porque se ha construido a partir del cruce de tres pautas tectónicas, la Nordeste-Suroeste, la Noroeste-Sureste y la Norte-Sur.

La dorsal volcánica refleja una mayor pervivencia de la actividad eruptiva y acoge todas las erupciones históricas de la Isla. Es una estructura mucho más sencilla que la del macizo antiguo pero su geomorfología de detalle es muy variada, ya que el predominio de formas de carácter volcánico introduce gran cantidad de matices morfológicos relacionados directamente con el estilo de las erupciones. Las dorsales siempre se construyen siguiendo una única pauta tectónica en este caso la Norte-Sur, por lo que tiene una disposición rectilínea; está configurada por una espina central en la que se produce una aglomeración de conos volcánicos recientes e incluso históricos, a partir de la cual se derraman de un modo divergente múltiples coladas de lava muy fluida, que originan la formación de la laderas de la dorsal. Esta se configura, por tanto, con forma de tejado “a dos aguas”.

El desplazamiento hacia el Sur de la actividad volcánica en La Palma es el hecho fundamental que explica gran parte del paisaje de la Isla, al especializar distintos espacios por influencia predominante de procesos volcánicos o torrenciales. Estos procesos no sólo difieren en su origen y mecanismos, sino que, además tienen una dinámica temporal distinta, y mientras que los erosivos son paulatinos, con resultados constatables sólo tras largos períodos de tiempo, los eruptivos pueden producir grandes modificaciones del paisaje morfológico en cuestión de horas, por lo que introducen discontinuidades en el desarrollo normal de las actividades del hombre y, por su más lenta adaptación a las nuevas condiciones del medio, en la articulación de los paisajes vegetales.

La huella de la erosión torrencial

Las formas resultantes de la erosión torrencial constituyen el elemento morfológico característico del área septentrional de La Palma. Desde que cesaron las manifestaciones volcánicas, los barrancos se han ido excavando de un modo progresivo bajo la influencia generalizada de unas lluvias irregulares, espasmódicas y más o menos violentas.

En la parte más elevada y central del macizo antiguo se abre una gran depresión calderiforme de origen erosivo, cuyas aguas drenan hacia el litoral a través del Barranco de Las Angustias. Se trata de una cuenca de recepción espectacular, constituida por numerosos afluentes, cuyas cabeceras han hecho retroceder progresivamente sus límites, dotándola de una gran amplitud. Las diferencias morfológicas de este barranco con los restantes de La Palma no hay que relacionarlas con una incidencia desigual del clima, sino de las estructuras volcánicas.

Esta cabecera de gran amplitud y profundidad se ha formado en el lugar en el que la acumulación de los basaltos de la Serie Antigua I tiene un menor espesor; cuando la excavación torrencial alcanza el Complejo Basal, roquedo muy vulnerable a la acción erosiva, la capacidad de desalojo de materiales de los agentes torrenciales es mayor y, por tanto, su efecto morfológico también lo es. Del mismo modo, el trazado del límite de la Caldera y la disposición del Barranco de Las Angustias manifiestan la adaptación de los procesos erosivos a las pautas tectónicas; el primero sigue las directrices NE-SW, NW-SE y N-S y el barranco explota la pauta de debilidad de la corteza de dirección NE-SW.

Las vertientes de la cúpula, externas a la Caldera, están surcadas por numerosos barrancos estrechos y relativamente profundos que, con una disposición radial, dejan en resalte interfluvios de culminación plana que desciende suavemente hacia la costa y que están, a su vez, incididos por barranqueras poco encajadas y de escasa jerarquización hidrográfica. Estos rasgos morfológicos, que caracterizan de modo general a las áreas medias y bajas de las vertientes, muestran matices diferenciadores en los sectores Norte, Nordeste y Este, donde los barrancos son más amplios y profundos y se alternan con interfluvios en forma de cresta. La razón de esta diferencia parece estar en relación con una mayor vulnerabilidad de los basaltos en el sector oriental y la existencia de una mayor importancia de los volcanes cuaternarios en el Oeste, cuyos procesos generadores han interferido la labor torrencial en este espacio y han atenuado localmente su efecto.

Pero las huellas de la erosión torrencial no se reflejan sólo en los barrancos. Estos parecen ser la consecuencia última de un proceso en el que la excavación no fue constante y debió alternar con fases de sedimentación de las que sólo quedan las huellas más recientes. Las laderas y los lechos de los barrancos muestran hoy depósitos, que corresponden a momentos de escasa capacidad de evacuación por parte de la escorrentía, y que se encuentran por lo general ocupados por cultivos, lo que indica que hoy no se están regenerando. El cauce actual del Barranco de Las Angustias deja a los lados un depósito de barranco cuya magnitud y potencia no se encuentran en ningún otro lugar de Archipiélago; los materiales que lo integran corresponden al vaciado de la Caldera de Taburiente, Al mismo tiempo que la erosión torrencial ha idc labrando los barrancos, la acción del mar ha ejercido un efecto morfológico importante y las costas del Norte de La Palma se caracterizan por su acantilamiento y muestran grandes escarpes verticales que sólo están interrumpidos por los barrancos. En los lugares afectados por erupciones cuaternarias, el desbordamiento de los acantilados por parte de las coladas lávicas ha formado pequeñas plataformas litorales al pie de los escarpes marinos.

Aunque la morfología del área meridional está definida por el predominio de las formas volcánicas directas, también se reconocen en ella las huellas de los procesos erosivos. En la dorsal existen barrancos aislados y poco encajados que no presentan cabecera, sino que se esbozan suavemente en los flancos de la cumbre; el abarrancamiento tiene, por tanto, una escasa entidad geomorfológica y es más importante numéricamente en la vertiente oriental, la menos afectada por erupciones recientes e históricas.

El litoral meridional está también muy acantilado, sobre todo en el Oeste. En gran parte de este litoral occidental los cantiles marinos han dejado de ser funcionales y aparecen retranqueados con respecto a la línea de costa actual por la formación de plataformas lávicas costeras que han ganado terreno al mar.

Los rasgos climáticos

La localización de La Palma en el extremo noroccidental del Archipiélago, con una posición más adentrada en el Océano Atlántico que el resto de las Islas, ocasiona que sea ella la que goce de unas condiciones generales de mayor humedad y de temperaturas algo más suaves, aunque sin romper el marco general de semiaridez que caracteriza al conjunto del Archipiélago. Pero, si consideramos las diferencias espaciales de la influencia de dichas condiciones se observa que existen diferencias llamativas con respecto a las demás Islas.

La configuración de la Isla, alargada en sentido meridiano, y la disposición general Norte-Sur de la línea de cumbres provocan una particular organización de las áreas climáticas, resultado de la relación del alisio con el relieve. El alisio húmedo, proveniente del Nordeste, afecta de un modo directo a la vertiente Norte, como en el resto de las Islas centrales y occidentales, pero también lo hace al amplio espacio abierto al Este, si bien esta influencia se atenúa progresivamente hacia el extremo Sur de la Isla. Como consecuencia, la idea muy extendida que identifica barlovento con Norte y sotavento con Sur no se adapta totalmente a la realidad en la Geografía del clima y la vegetación de La Palma.

La banda de barlovento

El espacio conocido como «banda» de barlovento incluye la vertiente septentrional, hasta que ésta comienza a incurvarse hacia el Oeste, y la vertiente oriental de la Isla. Es, en conjunto, el área más lluviosa, de mayor humedad atmosférica, la menos soleada y la de temperaturas más suaves de La Palma.

Por lo que respecta a las precipitaciones, por su calidad de barlovento es el espacio en el que descargan la mayor parte de las situaciones atmosféricas de inestabilidad que afectan a la Isla. También es el sector de influencia más intensa del alisio, cuya capa baja, fresca y húmeda, es obligada a ascender por el relieve y se incrementa su inestabilidad, dando lugar a la formación del mar de nubes; la presencia de la capa de estratocúmulos, que en La Palma tiene un límite inferior más bajo, es la razón de una insolación atenuada que repercute en las temperaturas, sobre todo en las estivales. En toda la franja costera, hasta la cota de los 200 m, se registra una temperatura media de 20º C. Superada esta altura, la temperatura desciende hasta llegar incluso a los 0º C en invierno en las partes altas de la isla, mientras que en verano las temperaturas en estas zonas altas superan con facilidad los 30º C.

La banda de sotavento

Al contrario que la oriental, la vertiente occidental de La Palma está protegida de la llegada directa de las masas de aire inestables, así como del flujo del alisio húmedo. De ello se deriva una menor humedad ambiental general y un total de precipitaciones más bajo que en barlovento. Por otra parte, la ausencia del mar de nubes aumenta la insolación, que favorece la elevación de las temperaturas, a lo que también contribuye el descenso por esta vertiente de un aire seco y progresivamente más cálido que descargó su humedad en barlovento. Esta diferencia es evidente sobre todo en las medias estivales, que se sitúan entre 15 grados centígrados en Enero y 22’3 grados centígrados en Agosto en Los Llanos de Aridane, mientras que en Buenavista se alcanzan 14’5ºC y 20’2ºC.

En La Palma se encuentran los principales manantiales de Canarias, así como los únicos arroyos de corriente continua, entre los cuales figuran los de la Caldera de Taburiente, Marcos y Corderos (en los Sauces), junto con los del barranco del Río (en Santa Cruz de La Palma).

Flora y Fauna

También en la vegetación de La Palma se pueden distinguir dos zonas predominantes por la influencia del clima, la zona de barlovento y la zona de sotavento.

La zona de barlovento

Los rasgos climáticos generales de barlovento tienen un inmediato reflejo en el paisaje vegetal. Las áreas bajas están ocupadas por el matorral xerófilo de costa. Esta formación vegetal tiene una superficie muy reducida debido a la conjunción de tres factores: la localización en este ámbito de los principales núcleos de poblamiento; el carácter oceánico de la Isla, evidente de un modo particular en el Norte, donde la vegetación más exigente en humedad desciende hacia la costa, restringiendo el matorral xerófilo a una estrecha orla costera; las erupciones recientes e históricas que han afectado al sector Sur de la Isla y en cuyos terrenos aún no se ha regenerado la vegetación que les corresponde climáticamente.

El tabaibal-cardonal palmero tiene, como en las demás Islas, múltiples expresiones (tabaibal dulce, tabaibal amargo, cardonal, etc) que responden a distintas combinaciones de factores ecológicos, aunque están ausentes los aulagares (Launaea arbo-rescens), comunidades que toleran una mayor aridez. En el extremo Sur de esta «banda» de barlovento destacan los retamares (Retama monosperma ssp. rhodorhizoidis), que realmente están marcando la transición del matorral xerófilo al pinar.

La modificación del clima con la altitud se manifiesta en la vegetación mediante la presencia de elementos de transición al monteverde. Esta manifestación está muy alterada por la antropización, pero aún se conservan reductos donde está muy bien representada por la sabina (Juniperus phoenicea), el peralillo (Maytenuscanariensis), Rhamnus crenulata, Olea europaea ssp. cerasiformis e Hypericum canariense, como especies más destacadas.

En el espacio afectado por el mar de nubes se desarrolla el monteverde. Es una formación forestal que incluye el fayal-brezal y la laurisilva, con un predominio de las Lauráceas en las áreas más húmedas y del brezo (Erica arborea) y la faya (Myrica faya) en los lugares donde la influencia de las nieblas es menor, como el sector meridional de este área de barlovento. El monteverde palmero, del mismo modo que el de La Gomera, es menos rico florísticamente que el de Tenerife, no obstante, dada la gran diversidad específica de este bosque, éste sigue caracterizándose por la presencia de un gran número de elementos arbóreos. En cuanto a su organización interna presenta algunos matices de diferenciación con respecto al monteverde de las demás Islas, pues mientras en Tenerife y La Gomera las especies más exigentes en humedad aparecen restringidas a las vaguadas, en La Palma tienen una distribución más amplia y se desarrollan también en las laderas de exposición favorables debido al carácter más oceánico de esta Isla. Son de destacar las comunidades de tilos (Ocotea foetens) en los barrancos húmedos y umbríos del Nordeste (Los Tilos y La Galga).

Por encima del mar de nubes se sitúa el bosque de pinos (Pinus canariensis). La gran amplitud ecológica de esta especie y la vasta superficie que ocupa este bosque en La Palma determinan que exista una gran variedad de unidades de vegetación cuyas diferencias se manifiestan en la composición florística del sotobosque. El pinar con fayal-brezal marca el paso del monteverde al bosque de pinos; esta transición se muestra también por encima de Santa Cruz de La Palma y de Breña Alta por la alternancia de uno y otro tipo de vegetación según la orientación de las laderas de los barrancos dispuestos perpendicularmente al soplo del alisio. Hacia el Sur, el ambiente ligeramente más seco provoca la sustitución del fayal-brezal arbustivo por un matorral de codesos (Adenocarpus foliolosus) bajo los pinos. El pinar con jara (Gistus symphytifolius) es la manifestación más típica del pinar sin influencia del alisio húmedo. En los espacios de desarrollo potencial del pinar que han experimentado erupciones históricas aparece un matorral de Plantago webbi, que constituye una vegetación pionera en la colonización de los conos volcánicos.

Igual que ocurre en Tenerife, la altitud que alcanza La Palma permite la presencia de un matorral de cumbres por encima de los 1.800-1 .900 metros. Es un matorral más pobre que el de Tenerife, con un predominio muy marcado del codeso (Adenocarpus viscosus) y la presencia de endemismos de la Isla como Teline benehoavensis, Viola palmensis, Echium gentíanoides, Tolpis calderae, etc.

La zona de barlovento

La disimetría climática se refleja, lógicamente, en una desigualdad de la organización espacial de la vegetación en esta «banda». La diferencia más llamativa es la reducción de la superficie de ocupación del monteverde, que sólo aparece en el Noroeste de la Isla en sus expresiones menos puras. No obstante, el desbordamiento del mar de nubes por encima de la Cumbre Nueva provoca una local prolongación del bosque húmedo en el sector más alto de la vertiente de sotavento.

La masa forestal característica de las medianías de sotavento es, por tanto, el pinar, cuyo limite inferior desciende considerablemente y en el área de Puntagorda se observan manchas de bosque aisladas entre los cultivos desde los 300 metros de altitud. Este pinar es internamente menos variado que el de sotavento, pues no están presentes sus manifestaciones más higrófilas; sin embargo, en los escarpes culminantes de La Caldera de Taburiente se Iocaliza una variedad ausente en barlovento, el pinar con cedro (Juniperus cedrus), que constituye la manifestación forestal más abierta y más elevada de La Palma. La importancia superficial del pinar y la continuidad espacial que tiene este bosque en La Palma, añadidas al espectacular relieve de la Caldera de Taburiente, han sido las razones de la clasificación de este espacio como Parque Nacional en 1954.

Al matorral xerófilo y a la vegetación de transición les corresponde una área de desarrollo potencial superior a la de la «banda» contraria, pero han sido sustituidos en gran parte por cultivos y, además, la superficie ocupada por las coladas lávicas históricas procedentes de la Cumbre Vieja es mayor aquí que en barlovento.

 

Rasgos característicos de la población

La población de La Palma ha experimentado un continuo ascenso hasta el año 1960, momento a partir del cual comienza a descender hasta los 73.749 habitantes de 1970, si bien vuelve a relanzarse de nuevo hasta alcanzar los 78.867 en 1991 (según refleja el último censo de 1991 elaborado por el Instituto Canario de Estadística (ISTAC). Estimaciones posteriores vuelven a elevar la población hasta los 80.000 habitantes de 1996.

Los núcleos de población se concentran en el litoral, especialmente, en la zona costera y medianía oriental, donde se registra una densidad demográfica incluso superior a los 300 h/km2, y donde se sitúa Santa Cruz de La Palma, la capital insular. En el oeste está bastante poblada la comarca de los Llanos de Aridane, sobre todo, la localidad del mismo nombre y la de Tazacorte. Sin embargo, están escasamente poblados el NO, el centro y la punta meridional, donde se registra una densidad de población de entre 20 y 50 h/km2.

Economía

La principal fuente de ingresos de la economía palmera procede del cultivo del plátano, con unas exportaciones superiores a los 130 millones de kilos.

Otros complementos a la economía insular son, la ganadería caprina, la pequeña industria tabaquera, el vino, el cultivo del aguacate y la incipiente industria turística.

Administración y Gobierno

La isla de La Palma es uno de los siete territorios insulares que integran la Comunidad Autónoma de Canarias. Pertenecen a la isla los municipios de Barlovento, Breña Alta, Breña Baja, Fuencaliente de La Palma, Garafía, Los Llanos de Aridane, El Paso, Puntagorda, Puntallana, San Andrés y Sauces, Tazacorte, Tijarafe, Villa de Mazo y Santa Cruz de La Palma, capital insular. El órgano de Gobierno y administración insular es el Cabildo que tiene autonomía plena en los términos que establece la Constitución (REC 1978/2836) y su legislación específica conforme al artículo 32 del Estatuto de Autonomía de Canarias aprobado por Ley Orgánica de 10 de agosto de 1982, que es su norma institucional básica.


Logotipo de la isla de La Palma


Introducción El méedio físico Los rasgos climáticos Flora y Fauna Rasgos característicos de la población Economía Administración y Gobierno

 

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