La isla de Fuerteventura es la más larga del Archipiélago. Separan Punta de Tiñosa, al Norte, de la de Jandía, en el extremo meridional, 210 kilómetros de distancia. Su superficie es de aproximadamente 1.659'7 kilómetros cuadrados (incluida la Isla de Lobos), por tanto, es la segunda en extensión del Archipiélago, tras Tenerife. Es, asimismo, la más próxima al vecino continente africano, pues distan unas 52 millas marinas entre Punta Entallada y Saquía-el-Hamra en el Sahara Occidental.
El principal rasgo que caracteriza a la isla es el relieve maduro, producto de una continuada erosión que ha incidido y originado profundos y amplios valles en forma de "U", debido al relleno del lecho por glacis poligénicos. Estos valles se encuentran flanqueados por escarpados interfluvios que reciben el nombre genérico de cuchillos. El techo de la isla se halla en Jandía (Pico de la Zarza, 807 metros).
Es muy probable que Fuerteventura en su devenir histórico nunca haya poseído una masa forestal relevante, como sí tuvieron otras islas, por la escasa altura de sus relieves, pero no cabe duda que debió contar con una mayor densidad de matorrales y arbustos propios de zonas costeras como: palmeras, tarajales, acacias, etc., que retenían los suelos de sus estribaciones montañosas y facilitaban la infiltración del agua de la lluvia.
Por otro lado, la mala calidad de las aguas, debido al alto contenido de sales, propicia que las tierras que se riegan de una forma sistemática terminen salitrádose e impidiendo su aprovechamiento por largo tiempo. Esta serie de inconvenientes junto a otros factores favorables, son los que de forma articulada han ido configurando el paisaje de la isla.
La isla cuenta con diez parajes naturales protegidos con un total de 43.725 ha, es decir, el 25% de la superficie de Fuerteventura.
A pesar de la primera apariencia de homogeneidad, Fuerteventura presenta cuatro grandes unidades o macroestructuras diferenciadas, a saber: el Macizo de Jandía, el Macizo de Betancuria, una tercera macroestructura que conforma la zona septentrional y la cuarta y última gran unidad la constituiría el resto del espacio insular, es decir, el sector centro y sureste de la isla.
Asímismo también se puede establecer otra clasificación, dividiendo la isla en dos mitades: Norte y Sur. El Norte es menos poblado y dedicado desde el punto de vista agrícola al cultivo de cereales y leguminosas, mientras el Sur ofrece unas densidades de población mayor y es la zona de asentamiento de los cultivos de riego sistemático y de exportación (tomates y alfalfa).
El resto de la isla es muy llano (llanura litoral nororiental, llanura interior y la llanura costera). Las tres están formadas por multitud de barrancos que se encuentran a su vez divididos por una serie de cuchillos que terminan de compartimentar el suelo de Fuerteventura. Los valles que se forman entre los cuchillos tienen forma de "U", ello se debe a que su lecho se encuentra tapizado por acumulaciones sedimentarias antiguas. Las costas son en su mayoría bajas y arenosas, excepto la parte occidental que es acantilada.
En la formación geológica de la isla diferenciamos los sedimentos mesozoicos (turbiditas) que constituyen el zócalo de la isla. Sobre éstos se asienta el denominado complejo basal (peridotitas, gabros, dioritas, lavas almohadilladas y tobas traquíticas soldadas) que conforman un conjunto muy particular y altamente inyectado por diques. Se superponen a dicha formación geológica las sucesivas series volcánicas, donde destacan por su volumen las series intermedias; y prácitamente testimonial es el vulcanismo reciente (Malpaís de Bayuyo, Malpaís Grande y Chico y Malpaís de Jacomar).
En cuanto a las series volcánicas, destaca la Serie basáltica I que comprende todo el Macizo de Jandía, y buena parte del subsuelo de la vertiente oriental; asimismo, aflora al Norte del municipio de Puerto del Rosario y alrededores de La Oliva. Son coladas de escaso espesor que se superponen (plateaux), y parten de una fisura que generalmente sigue la dirección NE-SO. Al final de esta serie hay un período de volcanismo explosivo y puntual en algunas zonas de la isla que da paso, tras un período de erosión, a la Serie basáltica II, con los característicos volcanes en escudos que originan coladas espesas y extensas, recubriendo buena parte de los antiguos materiales y, sobre todo, ganado terreno al mar. De igual manera, en esta serie hay todo un conjunto de conos de piroclastos y lavas escoriáceas que conformaron numerosos malpaíses, hoy altamente alterados por la erosión. Por su parte, a la Serie basáltica III corresponden las erupciones habidas en el Pleistoceno, destacando los edificios de Montaña Escafranga, Montaña Roja, la Caldera de Fimapaire y Montaña de los Apartaderos. Estos conos están relativamente bien conservados. Por último, la Serie basáltica IV son los edificios y conos mejor conservados, y prácticamente no ha transcurrido suficiente tiempo para que la erosión los modifique, al menos de forma sustancial.
No obstante, la actual configuración de la isla no sólo obedece a la litología y a la propia evolución geológica, sino que, igualmente, es necesario tener presente la acción del clima.
En efecto, la
formación de las amplias llanuras, los valles en "U" y los cuchillos,
sólo se explican por la existencia de unas condiciones climáticas diferentes a
las actuales, sobre todo, de mayores y más regulares precipitaciones. En
cualquier caso, la aridez es un hecho, asimismo, constatable en el clima
pretérito de Fuerteventura, pues estas condiciones son las únicas que pueden
explicar la formación de numerosos glacis y tableros que se reparten por la
isla. Estos, debido a la dinámica climática actual, se encuentran altamente
seccionados y compartimentados, ofreciendo un paisaje similar al bad lands.
Los rasgos climáticos:
La isla de Fuerteventura puede englobarse dentro de los climas áridos con la particularidad de que es auténticamente desértico en la costa y buena parte del interior, y estepario en las zonas de mayores alturas.
Se caracteriza, en líneas generales, por las escasas e irregulares precipitaciones y por unas altas temperaturas a lo largo de todo el año, lo cual deriva en una igualmente fuerte evaporación y evapotranspiración potencial que condiciona altamente la vida vegetal y animal de la isla.
A diferencia del resto de las islas del Archipiélago, no se puede establecer en Fuerteventura una dicotomía barlovento-sotavento, por la escasa envergadura del relieve. Sin embargo, la presencia de estribaciones montañosas que superan los 500 metros de altitud nos permite señalar una serie de pisos climáticos en particular y biogeográficos en general, dentro del conjunto de la isla.
A lo largo del año se registran una temperatura y humedad relativa bastante uniformes. Las lluvias son escasas, siendo más habituales de septiembre a mayo. Los vientos dominantes son del NE o del N, suaves durante el otoño y el invierno y algo fuertes en primavera y verano. La temperatura media anual oscila entre los 19,6º C y los 18,8º C, y la humedad relativa entre el 19% y el 38%. El grado de insolación es bastante elevado, siendo la media anual de 2.800 horas de sol. La temperatura del agua oscila entre los 17º C y los 23º C en superficie, siendo enero y febrero los meses más fríos y agosto y septiembre los más cálidos. Las corrientes de agua son intensas en el lado de Sotavento, y discurren la mayor parte del tiempo en dirección NE-SO, paralelas a los flancos de la isla.
A grosso modo, el clima de la isla se puede dividir en el existente en la zona costera, desértico; el comprendido entre los 400-500 metros de altitud que se suaviza y se convierte en estepario y, por último, en las altas cotas de los principales macizos montañosos podemos encontrar un clima templado.
La red hidrográfica de la isla está formada por
numerosos barrancos. Son de destacar los barrancos de Jarubio, Molinos, Vega de
Santa Inés y Río Palmas, en la parte más occidental de la isla. Merecen
citarse, por el Sureste, los de Pozo Negor y Gran Tarajal, entre otros.
Flora y Fauna
Fuerteventura es la cuarta región natural a nivel mundial en cuanto a endemismos florísticos se refiere, donde perviven plantas de la Era Terciaria que han desaparecido de la mayor parte del planeta. Debido a la baja altitud de la isla, los vientos alisios no descargan su humedad, por lo que no existen en Fuerteventura bosques como en las islas más altas. La formación vegetal que ocupa una mayor superficie en la isla es el matorral espinoso, que se extiende por llanos y lomadas. La aulaga es una de las especies más comunes, además de espinos, matamoros y rama. El verode, las tabaibas y los cardones representan los elementos más puros de la que se supone fue la formación original. Las palmeras y tarajales, casi los únicos representantes arbóreos de la vegetación autóctona, están ligados al cauce de los barrancos y el fondo de los valles. En áreas de trasplayas, inundadas periódicamente por la marea, aparece una comunidad denominada saladar. En este hábitat, junto con otras especies, se halla presente un matorral denso denominado matamoros. Fuerteventura dispone de las mejores representaciones de saladar del Archipiélago (Saladar del Matorral en Morro Jable). Estas zonas húmedas tienen una gran importancia debido a su vinculación con la avifauna. También en la costa, y generalmente cerca de los saladares, se encuentra el jable. Los campos de dunas se extienden hacia el interior a favor de los vientos dominantes. Destacan en estas zonas la uva de mar y los balancones. Tierra adentro, el arenal contiene una rica vegetación representada por corazoncillos, algahuera, salado blanco, saladillo, trufa, melosa, cebolla, etc. En la isla existen zonas declaradas de interés ecológico protegidas por la Ley 12/1987 de 19 de junio de la Red de Espacios Naturales de Canarias. Bajo la denominación de Parajes Naturales de Interés Nacional se encuentran la Montaña de Tindaya, la Ladera de Vallebrón, la Montaña Cardón, el Malpaís de la Arena, El Saladar y la Caldera de Gairía; como Parques Naturales están las Dunas de Corralejo y Lobos, el Pozo Negro, Jandía y Betancuria.
En cuanto a la fauna, los invertebrados, y entre éstos los insectos, son el grupo faunístico más representado en Fuerteventura. Especial interés tiene la cochinilla, insecto que vive y se desarrolla sobre las hojas de la tunera, que llegó a estar protegido por una ley de 1827. Frente a la abundancia de invertebrados, Fuerteventura no destaca por la presencia de vertebrados; las aves son los únicos representantes (con un número importante de especies, especialmente las nidificantes muchas endémicas y migratorias). Las costas vírgenes de Fuerteventura y las escasas salinas y presas sirven de parada a estas especies, concentrándose en ellas una comunidad cuyos componentes varían estacionalmente. Las aves más representativas de los llanos tanto arenosos como terrosos son la hubara canaria o avutarda, el corredor, el alcavarán, el alcaudón real, el cernícalo y la abubilla. En los barrancos se encuentran la terrera marismeña, la tarabilla canaria, el herrerillo, el gorrión moruno, etc. En las áreas montañosas abundan el guirre, la aguililla, el camachuelo trompetero, el águila pescadora, la lechuza común, etc. Tanto el águila pescadora como el guirre están en inminente peligro de extinción. De entre las aves marinas destacan la pardela como ave nidificante y el chorlitejo grande, el chorlitejo gris, el correlimos, la garcela, etc. como aves migratorias. Quedan escasos ejemplares de charranes comunes de la numerosa colonia existente anteriormente. En la Isla de Lobos, la avifauna está compuesta por el petrel, la pardela chica y cenicienta y el paíño común. Las diferencias de salinidad y temperatura de las aguas, debido a las corrientes marinas, permiten la presencia de especies pertenecientes a regiones diversas. La zona de barlovento, azotada por el mar de fondo, más rica en plancton y algo más fría, presenta más variedad y abundancia de especies. Por familias predominan los espáridos (bogas, salemas, sargos, chopas, galanas, roqueras, samas, brecas, bocinegros, besugos, etc.). Los túnidos y similares están representados principalmente por especies de bonitos, patudos, rabiles y sierras, además de ubicuas y caballas. Entre los pelágicos están los siguientes: agujas, voladores, dorados, pejerreyes, peces espada, sardinas y picuíllos. Las más importantes especies de cangrejos son las siguientes: santorra, centolla (que se coge con frecuencia en las nasas caladas a poca profundidad), cangrejos blanco y colorado, camarones, langostas canarias (muy abundantes en las cuevas del mar del norte), percebes (popularmente llamados "patas de cabra" y localizados en los lugares umbríos de los rompientes del Mar de Norte). Los moluscos más abundantes son los mejillones, los burgaos, las canaillas y las lapas. Entre los cefalópodos abundan en especial los pulpos, calamares, chocos y potas. En alta mar son frecuentes las tortugas careta o bobas, al igual que las tortugas laúd, que anidan en algunas playas de la isla. Los mamíferos marinos más frecuentes son las toninas (delfines), ruasos y algunas ballenas, habiéndose constatado recientemente la presencia ocasional de focas monjes. Los anfibios están representados por la rana común; los reptiles más significativos son los lagartos, la lisa majorera o lisneja y los perenquenes. En cuanto a los mamíferos, todos los que habitan en la isla han sido introducidos por el hombre (a excepción de los murciélagos). En esta clase se engloban los perros (siendo el bardino una raza autóctona), la cabra, el cerdo, la oveja, el caballo, el dromedario, el burro, el gato, etc. Entre los mamíferos no domesticados se encuentran el erizo, la musaraña, el murciélago, el conejo, la rata, el ratón y la ardilla moruna (especie esta última introducida recientemente en la isla desde África).
Rasgos característicos de la población
La población es escasa en comparación con la superficie y, sobre todo, con respecto a otras áreas del Archipiélago. Estos bajos efectivos poblacionales hay que entenderlos por la importante emigración y no por un escaso crecimiento natural. En efecto, en la isla hubo importantes crisis carenciales, relacionadas con la pertinaz sequía, que derivaron en hambre, y por consiguiente motivaron importantes éxodos de población, constituyendo ésto un hecho casi estructural en la isla. Dichas salidas se efectúan fundamentalmente a Gran Canaria y Tenerife, y en menor medida a ultramar (América).
La demografía insular ha experimentado un aumento regular acelerado en el último decenio en la capital, Puerto del Rosario (con cerca de 19.000 habitantes), que contrasta con su ancestral estancamiento. La densidad demográfica continúa siendo muy baja: 10,9 h/km2. Según el último censo elaborado en 1991 por el Instituto Canario de Estadística (ISTAC) la población asciende a 36.908 habitantes.
Un
rasgo característico de la población majorera es su peculiar forma de
poblamiento. Son núcleos concentrados y de escasa entidad, quedando, por
consiguiente, extensas áreas deshabitadas en el conjunto del espacio insular.
Esta tendencia hacia la concentración de sus efectivos poblacionales se ha
incremntado de forma paulatina, acelerándose en el mencionado proceso en los
últimos años.
Economía
La actividad económica majorera, hoy día, se sustenta en tres pilares, dos de ellos han tenido tradicional representación en el espacio majorero (agricultura y ganadería), mientras el tercero es de reciente instalación (turismo).
La ganadería apenas ha sufrido variación en los últimos tiempos, pues se mantienen los tradicionales sistemas de explotación y pastoreo extensivo con bajos índices de capitalización. Hoy día, la situación comienza a cambiar con la instalación de queserías para la elaboración de productos lácteos. Esta mejora es incluso extensible al proceso productivo on la introducción de ordeñadoras mecánicas por parte de algunas explotaciones.
La agricultura ha tenido un importante proceso de reconversión, tanto por la mayor penetración de capital y el consiguiente desarrollo de las fuerzas productivas, como por la sucesión de cultivos. En efecto, en tiempos pasados dominaron los cereales, cultivados sobre gavias, y algunas leguminosas y frutales, todos ellos en secano. En cambio, a partir de los años treinta se introduce el tomate, ya en regadío, primero por el tradicional sistema de inundación y posteriormente con formas de riego localizado (aspersión y, sobre todo, goteo). Asimismo, el suelo se recubre con lapilli (arenado) reportando una serie de beneficios a la planta, pues permite un mayor ahorro de agua, gracias al efecto higroscópico del picón. De igual manera, la planta crece sin excesivas alteraciones de temperatura del suelo. El picón impide, asimismo, la escorrentía de las aguas superficiales y consiguientemente la pérdida de suelo.
En cualquier caso, el regadío se utiliza en la isla sólo para los cultivos del tomate y la alfalfa, ambos altamente resistentes a las aguas de gran contenido en sales.
El turismo es una actividad reciente, aunque por su espectacular crecimiento constituye el principal eje de la actividad económica majorera. Este fenómeno se ha desarrollado en dos zonas principalmente: Corralejo, en el Norte, donde predominan las instalaciones hoteleras; y Jandía, en el Sur, con una mayor importancia de las residencias extrahoteleras (bungalows y apartamentos). Otro núcleo de turismo y ocio es la costa de Antigua (Caleta de Fuste), aunque con un número muy inferior de camas.
El turismo es mayoritariamente comunitario, destacando los de nacionalidad alemana, y seguidos a distancia por otros países comunitarios (Holanda, Reino Unido y Francia). Asimismo, y sobre todo en los últimos años el turismo procedente de la Península Ibérica, en los meses de estío, ha cobrado un gran auge.
La isla de Fuerteventura es uno de los siete territorios insulares que integran la Comunidad Autónoma de Canarias. Administrativamente la isla se encuentra dividia en seis municipios, que son:
El órgano de gobierno y administración insular es el Cabildo, que tiene autonomía plena en los términos que establece la Constitución (REC 1978/2836) y su legislación específica conforme al artículo 32 del Estatuto de Autonomía de Canarias (aprobado por Ley Orgánica de 10 de agosto de 1982), que es su norma institucional básica.

Logotipo de la isla de Fuerteventura