V I S I T
A
La plateada nave se deslizaba
suave y vertiginosamente por los espacios siderales. En sus entrañas,
era imperceptible el funcionamiento de los sincrotones que regulaban el generador
gravitatorio. Una suave fosforescencia liliácea iluminaba los ductos
de reposo.
Al producirse luego el automático
cambio a un verde ambarino, despertaron los treintiséis jóvenes
cadetes que conformaban la expedición hacia el tercer planeta. Incorporándose
prestamente, iniciaron la jornada culminante de su visita, paso previo a
su graduación como vigilantes galácticos.
Izar, el más adelantado
de los estudiantes, permanecía especialmente expectante: conocía
detalladamente los datos obtenidos en la visita abterior a ese planeta, efectuada
hacía poco más de dos mil años terráqueos, y
le fascinaban las arduas contradicciones, perspectivas y problemas de aquellos
seres inteligentes, estudiados por los avanzadísimos y altamente sensitivos
instrumentos con que realizaban sus prospecciones.
En un aparente silencio, pletórico
de intercambios mentales (pues utilizaban las comunicaciones orales sólo
para casos singulares), los gallardos jóvenes, de resplandeciente
apariencia, claros rostros y ceñidas vestimentas color naranja, se
dirigieron al refectorio. Hacía ya mucho tiempo que su civilización
había superado la necesidad del aseo personal: en virtud de un cristalino
metabolismo, mantenían sus organismos en limpio y sano funcionamiento,
siendo evacuadas y procesadas sus secreciones al mismo tiempo que reposaban.
Se hallaron, pues, ubicados en
el amplio refectorio de la nave, alrededor de una espaciosa mesa ovoide,
y sentàronse a la espera de su instructor, quien no tardó en
presentarse, siendo recibido con sonrisas alegres pero respetuosas, que él
correspondió con una inclinación del sereno rostro: las ropas
de color marrón claro y un aire de suave gravedad lo caracterizaban
como el guía y el maestro de aquella pléyade de jóvenes
escogidos.
Poniéndose todos de pie
y juntando el Instructor delante del rostro las manos de largos dedos, exclamó
con voz melodiosa: "Henos aquí, Señor de la Luz, entregados
siempre a tus altos designios. Somos parte de Tí, porque Tú
eres dueño de nosotros, así como eres Señor del Cosmos.
Nos alimentamos de Tí, así como Tú de nosotros. El día
de hoy te pedimos especial orientación, pues culmina el destino de
nuestro viaje. En nombre mío y de tud hijos (aquí mencionó
los treintiséis nombres), agradecemos tu guía, tu confianza
y tuy amor".
Y después de una pàusa
reverente, dispuso con un ademán tomar asiento, haciéndolo
él mismo. Luego presionó algunos controles ubicados en la cabecera
de la ancha mesa donde se hallaban, y de ella surgieron treintisiete receptáculos
con nutrientes, que los jóvenes cadetes consumieron en breves momentos,
en compañía de su instructor, con fruición y juvenil
apetito.
"Ahora estamos listos", dijo el
maestro terminado el ritual de la alimentación, "para observsar de
cerca el tercer planeta del sistema solar. Luego que recorramos todas las
órbitas programadas y según lo que arroje el detalle de nuestras
computadoras, Izar, a quien hemos designado brigadier de esta operación
de observación cercana, nos efectuará un resumen del estudio,
de cuyos resultados consultaremos con los Consejeros acerca de un posible
descenso".
Al oir esto último, un
murmullo de excitación recorrió los juveniles corazones: ¡descender
en el turbulento tercer planeta! En sus expresiones se notaba un emocionado
anhelo, no exento de cierto reservado temor.
Pasaron entonces a un ambiente
repleto de paneles, instrumentos y videoramas murales que, en nítidas
imágenes tridimensionales a colores, mostraban una completa gama de
aspectos de la muy cercana Tierra: su topografía, sus relieves, cordilleras,
ríos, océanos, valles, ciudades... Ante dichos videoramas,
anchos y que ocupaban la mitad del ambiente, tomaron asiento los estudiantes
en semicírculo, con su instructor al frente quien, acompañado
por Izar, manipulabndo un pequeño telemando cilíndrico en el
que se veían multitud de pequeñas llaves, botones y controles,
podía obtener aproximaciones desde cincuenta kilómetros hasta
cincuenta metros en medidas terrestres. Además, las sofisticadas computadoras
se aprestaban ya a trabajar, también por telemando, comparando, complementando
datos anteriores, procesando y, por fin, informando a velocidades vertiginosas.
Llegado el instante preciso, la
nave se incrustó en la atmósfera terráquea y, neutralizando
fácilmente la incandescencia producida por la altísima fricción,
los visitantes procedieron a examinar, hurgar, investigar y estudiar minuciosa
y detalladamente una ingente cantidad de datos acerca del planeta, su vida
y los conflictos de la humanidad que lo puebla...
Terminada la prolija observación
y procesados raudamente los resultados, el instructor invitó a Izar,
el destacado cadete, a resumir las observaciones y los estudios efectuados.
Con la ayuda de un telemando que
le permitía ilustrar sus explicaciones en los videoramas, Izar procedió
entonces a sintetizar la historia de la Tierra, su geografía, sus
climas, sus recursos, sus formas de vida... y al llegar al punto de su humanidad,
resumió sus evoluciones, su actual diversidad de razas, idiomas, creencias,
religiones y costumbres, sus diferentes civilizaciones sucedidas en el transcurso
de milenios, hasta que le tocó detallar las características
del dilema y los graves problemas que penden sobre la actual civilización:
sobrepoblación incontrolada, creciente contaminación, el aumentante
abismo entre la riqueza de los poderosos paìses del hemisferio norte
frente a la miseria desesperante de los del hemisferio sur, las hambrunas,
las guerras, las enfermedades, los delitos, los vicios ("sus valores morales
están en rápido deterioro: existen lugares donde grupos de
personas, parodiando uno de sus ritos religiosos, comulgan con cocaína,
y en estos momentos tienen millones de personas involucradas en la drogadicción"); abundó
también Izar en lo gravemente perturbada que está la ecología
del planeta por la irracional utilización del agua y de los recursos,
en base a una ciencia insconsciente cuya aplicación no respeta los
más bien lentos ciclajes de la naturaleza. Terminó refiriéndose
a la crisis de energía, a la codicia y al caos en que se debate el
mundo que observaban, y que repercute en especial sobre los países
menores, llamados "subdesarrollados".
Si bien todos los cadetes habían
observado por sí mismos los hechos cuyo resumen acababan de escuchar,
la exposición de Izar los dejó pensativos, notando algunos
de ellos que aun su instructor permanecía un poco más grave
que de costumbre.
- ¿No deseas añadir
algo más a tu exposición? -preguntó éste al joven
cadete-. ¿Tal vez algo relacionado con la contraparte de la negatividad
que nos has expuesto?
- Para analizar las determinantes
de los terráqueos sería preciso, señor -contestó
Izar-, utilizar el telegravímetro o el sincrómetro de...
Pero en eso se produjo una seria
contravención a los reglamentos: Búden, cadete impetuoso y
vehemente, preguntó, antes de que el instructor hubiera dado por terminada
la manifestación de Izar y autorizado el debate:
- ¿Por qué razones,
señor, esta civilización, que todavía posee abundancia
de recursos naturales, los utiliza mal, y por otra parte sus habitantes son
tan codiciosos y crueles?
El instructor lo mirò serio
y sereno a la vez. Y pasando por alto la reconvención que el arrebato
implicaba, dirigióse a todos diciendo:
-Búden ha formulado una
pregunta que, en resumen, se reduce a lo siguiente: ¿por qué
estos seres son negativos pudiendo ser colectivamente positivos? ¿Y
por qué tiendeen a ser "malos" pudiendo ser "buenos"? Hagan ustedes
mismos el análisis. El debate queda abierto.
Los adelantados jóvenes
reflexionaron y tardaron en opinar. El problema era arduo. Entonces Izar
pensò que debía empezar él como brigadier:
- Tal vez, señor, porque
no han logrado un completo adelanto científico todavía. Al
no poseer la ciencia completa, son incapaces aún de aprovechar sus
recursos armoniosamente, y sus limitaciones técnicas los impulsas
a enfrentarse los unos con los otros.
- Esa es una posibilidad que también
puede enfocarse a la inversa -apuntño el instructor-. Al poseer una
técnica todavía limitada, bien podrían aunar esfuerzos
para extraer el mejor fruto de ella.
- Entonces les hace falta algo
más que ciencia, señor -dijo el impaciente Búden-. ¿Qué
es ello?
- El análisis debe ser
vuestro y no mío: vosotros sois quienes vais a graduaros como vigilantes
galácticos. ¿Cuál es la opinión de Nun? -era
éste un joven de espíritu meditativo y reservado-.
- Parecería que a estos
seres les hace falta lo que ellos mismos llaman... serenidad. Hay en ellos
demasiada voilencia, lo cual no sólo manifiestan en sus guerras y
delitos, sino también en sus propios deportes y aficiones: lidian
toros, hacen pelear aves, "juegan" pateando o arrebatándose un balón,
disparan y cazan fieras por placer, practican diferentes clases de lucha...
y obtienen placer de ello.
- En efecto -dijo el instructor-.
Has tocado de cerca el problema: son seres turbulentos y rudos, pero de ser
pasivos y pacíficos, por contradictorio que ello parezca, no habrían
llegado a colocar satèlites alrededor de su globo, ni a viajar a su
luna, ni a prospeccionar sus planetas vecinos. Es esa misma cualidad de impetuosos
la que los ha llevado por el camino de la ciencia, pues a su naturaleza intensa
añaden curiosidad, tenacidad y también, como contrapartes de
su negatividad, lo que ellos llaman "virtudes", tales como la adaptabilidad,
el nervio, la constancia en alcanzar sus propósitos. Y muchos de ellos
no son ya violentos, pues se han disciplinado para ser sabios y tranquilos.
También son solidarios, y se ayudan en caso de hecatombes en su mundo
convulso, pues aún no tienen el control de su ecosistema.
Por otro lado, cuentan con médicos,
con misioneros y voluntarios que luchan por acrecentar la positividad y por
paliar la miseria. Es decir, son seres de contrastes, ambivalentes, capaces
de ser muy brutales pero también, en el otro extremo, de alcanzar
un alto grado de lo que llaman "espiritualidad". Tienen asimismo notables
artistas que han producido y producen bellas obras de arte: pinturas, esculturas,
mùsica, poesía... El análisis que ha efectuado Izar
es de la negatividad colectiva, por ser lo más notorio y saltante.
Pero cuando interrumpió Búden tal vez hubiera recordado que
poseen además hospitales para el cuidado y rehabilitación de
sus enfermos, sociedades protectoras de animales, reservaciones para la protección
de su fauna y flora, museos, bibliotecas, universidades, centros de investigación
cientìfica; en particular su ciencia llamada "psicotrónica"
podría llevarles a tecnificar lo que ahora es espiritualidad críptica,
con resultados que serían prodigiosos para el incremento de sus potencialidades positivas. En fin, la ambivalencia de
estas gentes y el detalle de sus ragsos "buenos" que acabo de hacer me faculta
a informarles que, dentro de nuestra más antigua historia nosotros
mismos, es decir, los más remotos de nuestros antepasados, fueron
alguna vez tan violentos y agrestes como hoy nos parecen estos seres. Por
supuesto, de esto han transcurrido eones y a ustedes ello les parecerá
inconcebible.
En efecto, una expresión
de asombro e incredulidad pareció recorrer los jóvebnes rostros.
Ante tal revelación, efectuada por el maestro como oportuno bagaje
a estos jóvenes selectos, fueron espontáneas las exclamaciones
de Búden, Nun, Izar, Módem... "¡Entonces debemos hacer
algo por ellos, señor! ¡No debe seguir peligrando su evolución
hacia lo positivo!". "¡Es preciso ayudcomunicándonos con ellos!
¡Decirles cómo deben desarrollarse en base a lo que ya poseen,
de modo que de su mundo desaparezcan la pobreza y la miseria!"
El instructor sonrió complacido.
Esperaba esta reacción de sus discípulos. Era llegado el momento
de que profundizaran en el tema, de modo que les dijo:
- ¿Entonces pensáis
que debemos ayudarles? Bien. Pero para hacerlo concienzudamente deberíamos
primero asegurarnos de que nuestra ayuda les será útil y provechosa,
¿verdad?
- Desde luego, dijo Búden-.
Podemos efectuar, siendo la miseria y las desigualdades el principal problema,
la necesaria inducción sobre ellos y sus gobernantes para que, actuando
con equidad, desaparezcan los pobres. Que todos y cada uno tengan el suficiente
alimento, abrigo y techo. Y que no olviden la educación-
- Olvidas tú -dijo el instructor-
que son de naturaleza voluntariosa y ambivalente. A menos que deseemos someterlos
completamente, convirtiéndolos en robots sin pensamientos y sin sentimientos,
esta inducción no sería eficaz ni permanente en aquellos que
son de mente y espíritu vigoroso. Y existen no sólo los místicos
que practican disciplinas espirituales positivas, sino también quienes
utilizan sus poderes espirituales para el mal. De estos últimos, los
que no podamos inducir completamente gobernarían a su manera. Bastarían
unos cuantos fuertes y malvados para tiranizar a toda una humanidad robotizada.
- Entonces retiremos a los malvados
- dijo Izar- y aislémoslos. Proteegiendo a los sabios y bondadosos,
inevitablemente su mundo deberá mejorar.
- Lamentablemente en todos y cada
uno de ellos, aun en los mejores, son indesligables lo "bueno" de lo "malo".
No existen malvados absolutos, ni tampoco humanos totalmente positivos. Hay
un axioma que rige para esta humanidad: lo blanco va junto con lo negro,
lo cristalino con lo turbio. Son rasgos indesligables. Al aquietarlos, como
propone Búden, los haríamos como sus ovejas o sus reses, y
si quisiéramos retirar a sus malos, tendríamos que extraer
lo "malo" que hay en todos ellos.
- Entonces veamos de acentuar
sus espiritualidad -dijo el reflexivo Nun-. Ayudémosles en su adelanto
científico para que puedan utilizar mejor sus recursos, pero que este
progrreso vaya de la mano con el acrecentamiento de su positividad. Así
podrán disminuir su pobreza, domeñando al mismo tiempo su malevolencia.
- Ya trató de hacerse esto,
aunque ustedes no lo sabíais, pues no estaba hasta ahora para decíroslo.
El último intento del Señor de la Luz se cumplió hace
podo más de dos mil años terrícolas. Ahmé, quien
para vosotros constituye una leyenda, fue un personaje real, especialmente
preparado y enviado con esa misión a este planeta, y no sólo
para espiritualizarlo, sino para morir en él y quedarse. Aún
está, transfundido en cuarenta mil hombras sabios y buenos. Pero no
parece que cuarenta mil pesen lo suficiente para más de seis mil millones
de estos seres.
La expresión de los cadetes
fue entonces de desilusión. Pasaron largos instantes. Serios, graves
y algunos de ellos desolados, no sabían qué decir ni qué
pensar. El instructor vio entonces llegado el momento:
- Jóvenes cadetes de esta
expedición: Habéis sido escogidos para descender en este planeta
y prepararos después para decantarlo. Losa cuarenta mil humanos mejores
resultantes del trabajo espiritual de nuestro venerable Ahmé, necesitan
apremiante ayuda para serenar su turbulento mundo. Todos vosotros habéis
sido seleccionados como aptos para ello. Pero no podemos obligaros a aceptar.
Es preciso obtener nueve voluntarios de estre ustedes.
El movimiento fue casi unánime.
No nueve, ni quince, ni veinte, sino casi todos se adelantaron. Tan sólo
cuatro se mostraron reticentes. El instructor sonrió:
- Gracias, valientes jóvenes.
No esperábamos menos de vosotros. Seleccionaremos no nueve, sino dieciocho
voluntarios. Y con vuestro aporte, dentro de quinientos años terrícolas
este planeta se habrá convertido en lo que puede llegar a ser: un
muindo donde reine no la disensión sino la concordia, no la violencia
sino la paz, no la pobreza sino la abundancia.
Descenderemos ahora en una visita
preliminar. Luego regresaremos y en nuestro mundo seréis minuciosamente
preparados para retornar y trabajar aquí como intensos catalizadore
espirituales. Seréis incomprendidos, maltratados y aun sacrificados,
pero estaréis preparados para todo ello. Seréis los dignos
continuadores de Ahmé, el venerado. El nuevo nombre de nuestra nave,
pues yo también retornaré con ustedes, es hermoso y simbólico.
Será llamada "Esperanza".
Carlos Bancayán Llontop