Los humanoides
Jack Williamson
La lectura de esta novela me
ha convencido de lo siguiente: no te dejes llevar por consejos de terceros.
Si quieres saber realmente cómo es un libro, tienes que leerlo.
En efecto, la mayoría
de opiniones acerca de "Los humanoides" son negativas, calificándola
de simplona, anticuada y otras cosas peores. La verdad, estamos ante una
obra maestra del entretenimiento, con su aderezo de reflexión más,
pero esta reflexión está planteada de una forma tan irónica,
tan en clave de tomadura de pelo al lector, que no cae pesada. Williamson
se ríe de muchos convencionalismos en la ciencia ficción, y
en su burla nos muestra que reflexionar sobre algo no es privativo de espíritus
solemnes o grandilocuentes.
Williamson es un escritor que
juega al susto con el lector. Cada episodio es una vuelta de tuerca respecto
a los acontecimientos seguidos en esta novela. Por ejemplo, en el primer
capítulo (y es que son muchos capítulos), se nos presenta a
los principales protagonistas de la historia, quienes parecen estar situados
en un prosaico laboratorio ubicado en algún desierto... para luego
soltarnos, como un golpe, que en realidad nos encontramos en sabe Dios qué
planeta y sabrá Dios en que año, pues la humanidad hace tiempo
que dejó la Tierra (un mundo más o menos legendario aquí),
y en sus peripecias por la galaxia ha olvidado y recuperado diversos conocimientos.
Este primer capítulo es de antología, pues tiene una trama
que parece no tener nada que ver con el título o con la historia que
presenta la contraportada.
Los humanoides del título
no son extraterrestres, sino robots. Robots creados con el altruista propósito
de evitar todas las guerras entre los seres humanos. Para este fin, siguen
a ultranza lo que podría ser una versión sin límites
de la Primera Ley de la Robótica de Isaac Asimov: evitar que un ser
humano sufra cualquier daño, de cualquier tipo.
Estos humanoides, que no intentan
ocultar su apariencia robótica, son la creación de un científico
que ha redescubierto los principios y aplicaciones del rodomagnetismo (sea
lo que sea), y ha decidido emplearlas para lo que considera el fin más
altruista de todos: la creación de robots que se encarguen de administrar
todos los asuntos humanos, de modo que estos no sufran nunca más hambre,
miseria, y sobre todo, guerra. En este contexto, el protagonista será
advertido de la llegada a su mundo de estos humanoides, quienes ofrecen sus
"servicios" en base a convenios. Nuestro protagonista, un científico
que también ha redescubierto los principios del rodomagnetismo y que
hasta la llegada de los humanoides se encontraba trabajando en un arma secreta,
considera que estos humanoides se convertirán en una amenaza para
la humanidad, puesto que al pretender privarnos de todos nuestros males,
nos privarían también de aquello que nos hace libres: la capacidad
de elección.
En efecto, los humanoides impiden
que la gente sufra: los dopan con sedantes si están tristes, les impiden
fumar, los alejan de la lluvia para que no se resfríen... son una
especie de madres sobreprotectoras. Pero hay una célula de humanos
dotados con poderes "parafísicos" (a los cuales puede acceder cualquier
hijo del vecino, como se nos revela después), quienes estarán
dispuestos a dar batalla a los humanoides, buscando su planeta de origen
a fin de destruir la computadora central que los controla...
Williamson juega con el lector
con cierta crueldad: nos presenta a un grupo de personajes que encarnan,
por llamarlo así, vicios y virtudes mas o menos estereotipadas: el
científico heróico, los rebeldes superdotados, el traidor despreciable
y los enemigos de la humanidad, los humanoides del título. Pero al
final, ni el científico es tan heróico, ni los poderes de los
rebeldes son tan formidables, ni el traidor es malo y, sobre todo, los enemigos
de la humanidad en realidad son... bueno, eso tendrán que descubrirlo
leyendo la novela.
Tras el sorprendente final,
uno se ríe con cierta amargura, y empieza a preguntarse ¿Qué
es la libertad? ¿Qué pasaría si todas nuestras necesidades
pudieran ser satisfechas por las máquinas? En forma de novela, Williamson
nos ha dado su opinión al respecto, y tal vez no se equivoque.
Daniel Salvo (c) junio de 2004