Autores peruanos
Ruido
Jorge Luis Revilla
Jorge Luis Revilla (Lima, 1976), ha estudiado Ingeniería
Industrial en la Universidad de Lima. A su vocación científica,
añade un gran interés por la informática, la mitología,
el arte y la astronomía. Ha publicado, también
con Manuel Antonio Cuba, el volumen de cuentos "Más allá
de". El presente cuento, "Ruido", ha sido publicado en
"Desde afuera", y nos muestra cuán relativo es el concepto de "belleza".
Cualquiera que observara
la escena se supondría loco. Un hombre de unos 30 años, con
espesa barba negra y gruesos lentes, vestido con un jean gastado y una camisa
a cuadros. A su lado, un humanoide metálico de un metro y medio de
altura con dos cámaras de alta resolución en lugar ojos y sujetando
un diccionario de sinónimos en una de sus manos de aluminio. Ambos
personajes se encontraban sentados sobre la arena de una playa privada en
América del Sur.
Afortunadamente, nadie más
se encontraba en aquel lugar para observarlos y eso era justamente parte
del plan.
Para Marko Parga, el barbudo
y miope Jefe del Laboratorio de Inteligencia Artificial de Industrias Luna,
su acompañante era un viejo conocido. Si bien sólo hacía
dos semanas había visto por primera vez su cuerpo de aluminio, Parga
tenía casi 35 años invertidos en la programación de
la inteligencia artificial que estaba en su interior.
El humanoide, conocido como
Lenny, era el primer prototipo de lo que Industrias Luna esperaba que fuera
el primer modelo de robot indudablemente inteligente. Parga, que había
crecido entre libros de ciencia ficción y que además era un
gran entusiasta de las películas clásicas del género,
había pensado en ponerle S4T4 o algo semejante. Pero algún
gracioso de marketing en la empresa pensó que un nombre más
humano podría ayudar a que el robot fuera más aceptado. En
fin, tal vez todavía podría pelear por “R. Lenny” al menos.
Los humanoides de aluminio no
eran algo tan insólito en esos días. Lo que era realmente novedoso
en Lenny era precisamente el modo en el que había sido programada
su inteligencia. El robot era sumamente hábil para establecer patrones
entre diferentes datos y para relacionar ideas. Eso le permitía percibir
el mundo de una manera similar a la de un ser humano, basado en experiencias
pasadas. El único problema que Marko había encontrado era que
el programa tendía a crear paradigmas y a veces asumía las
cosas sin comprobar antes su validez. Para compensar este detalle, Marko
había programado un muy alto nivel de curiosidad.
El plan de Marko, y lo que más
le había gustado a la alta dirección, era hacer que Lenny aprendiera
cuanto más fuera posible durante unos años. Luego toda esa
experiencia podía ser copiada en los modelos de producción
que salieran a la venta. Marko imaginaba cientos de Lennys en los lugares
más insólitos, continuando con su aprendizaje a medida que
realizaban sus labores diarias. Después de un par de años y
como parte del proceso de mantenimiento todas las experiencias nuevas serían
recuperadas y aumentadas a la fuente original. De esta manera, los nuevos
modelos de Lenny saldrían al mercado con mucho más conocimiento
y experiencia. Y el ciclo se repetiría hasta... ¿quién
podría decir hasta dónde llegarían? Marko se sentía
emocionado y feliz de sólo tratar de imaginarlo.
Luego de unos meses de probar
la última versión del prototipo sin inconvenientes, había
resultado obvio que las restricciones al aprendizaje inicial venían
del hecho de estar encerrados en un laboratorio. Marko había conseguido
autorización para mover el software de inteligencia a un nuevo prototipo
de cuerpo de aluminio para robots que se había desarrollado en una
de las empresas del grupo. De alguna manera, había logrado convencer
a la alta dirección que la mejor forma de seguir con la investigación
era llevarse el robot fuera del laboratorio para que aprendiera cosas nuevas.
La alta dirección no
aceptó de inmediato. Luego de varias negociaciones, se llegaron a
algunos acuerdos. Primero: el robot sería llevado a una propiedad
privada de la empresa en una zona segura y controlada. Segundo: la zona en
cuestión sería una de las playas privadas que la empresa mantenía
en la Tierra para sus altos ejecutivos, de manera que Lenny estuviera en
un ambiente similar al habitado por los posibles clientes futuros. Tercero:
Parga estaba obligado a presentar reportes diarios de los avances.
Las cosas no podían estar
saliendo mejor para Marko. Todos los días al despertarse se encontraba
en una casa de lujo frente a la playa y tenía a su disposición
la más potente inteligencia artificial inventada a la fecha. Además
Lenny realmente mostraba grandes avances. Y por si eso fuera poco, no había
ninguna otra persona a varios kilómetros a la redonda. Estupendo.
-¿Qué opinas Lenny?
–le dijo al robot. Habían estado observado la puesta del sol por tercera
vez.
-Fue más intensa que
la de hace dos días, pero no tanto como la de hace un día.
-¿Intensa? Ah, ya entiendo.
–Lenny estaba equipado con un gran conjunto de sensores que le permitían
detectar prácticamente todo el espectro electromagnético. Luz
visible, infrarrojo, microondas, rayos X, rayos ultravioleta, ondas de radio...
probablemente estaba juzgando la puesta de sol en base a los registros de
estas mediciones.
Marko sabía que resolver
ese problema era la siguiente etapa de su proyecto. Si bien Lenny era capaz
de entender qué era una puesta de sol y de reconocer una en cuanto
ésta sucediera, todavía no sabía valorarla en términos
de belleza. Si lograba hacer que Lenny entendiera eso habría dado
un gran paso.
-Mira Lenny –le dijo- Me gustaría
que seas capaz de evaluar ciertas cosas en términos de belleza, de
esa manera podrías mantener una conversación más interesante
con alguna persona. Sin embargo, es una tarea difícil, ya que yo mismo
no tengo claro cuáles son lo criterios que los humanos usamos para
definir la belleza. ¿Qué me sugieres?
Ya antes Marko había
usado ésta táctica con éxito: preguntarle al robot la
solución a algún problema de su propio aprendizaje. Lenny siempre
respondía en los términos de sus limitaciones, así Marko
evitaba el trabajar en la dirección equivocada.
Lenny pensó por unos
segundos y luego dijo:
-Es fácil. Observaremos
las cosas que quieres que evalué, primero los dos juntos. Luego de
la observación, tú me puedes dar tu opinión cualitativa
sobre la belleza del fenómeno observado. Después de un número
suficientemente grande de observaciones habré formado suficientes
patrones para juzgar la belleza de fenómenos futuros del mismo tipo.
-¡Ajá! No era lo
que tenía en mente, pero tendrá que ser de ese modo, me parece
lógico. Después de todo, ¿quién sabe? Tal vez
nosotros actuamos de una manera parecida. Dime, ¿cuántas observaciones
juzgas suficientes para formar un buen patrón?
-Depende de la complejidad del
fenómeno. Pero con unas 200 observaciones tendría una cantidad
suficiente de datos para una tasa de aciertos de más del 50%.
-En ese caso, tenemos que probar
con otra cosa y ya no con puestas de sol. ¿Obras de arte tal vez?
No, aquí no hay muchas y un holograma no es lo mismo... Te diré
algo, tengo en la casa unas 60 cintas de música clásica. Pediré
que me manden algunas más y toda esta semana quiero que te dediques
a escuchar las sinfonías, conciertos, cantatas y todo lo que puedas.
Al final de la semana me cuentas cómo te fue.
-Empiezo ahora mismo.
-No, no. Pensándolo bien,
que sea en las noches, mientras yo duermo. No importa si te toma dos semanas
pero así podemos aprovechar los días para seguir trabajando
en otras cosas.
Y esa noche, mientras Marko
se acostaba para dormir, Lenny se quedó en el estudio escuchando una
cinta de Bach.
A medida que pasaban los días,
Marko había notado un fuerte interés del robot en la música.
Sabía que todo era una respuesta programada por él mismo en
las rutinas que controlaban la curiosidad, pero no podía dejar de
sentir en Lenny algo que parecía un genuino interés.
Decidió no discutir sobre el tema hasta el
fin de las dos semanas, para mantener el experimento sin influencias externas
hasta conocer el resultado. Sólo se dedicaba a continuar durante el
día con ejercicios de modulación de voz y ciertas pruebas básicas
para llenar los reportes a la alta dirección.
A medida que se acercaba el
último día, Marko empezó a sentir algo de tristeza por
el pobre Lenny. Para el robot, las hermosas sinfonías no eran más
que un conjunto de ondas sonoras registradas en sus sensores; y si bien era
muy probable que llegara a determinar los componentes de la belleza en una
composición musical, jamás podría realmente apreciarlas
como lo hace un ser humano.
Simplemente no era lo mismo.
Marko se imaginaba a sí
mismo observando las ondas de sonido de una sinfonía en un espectroscopio.
Probablemente habría cierta belleza en las ondas y su movimiento.
Después de un tiempo podría, como Lenny, identificar patrones
en las ondas y decidir, sin oírla, cuándo una sinfonía
era hermosa. Pero la experiencia sería tristemente incompleta. Lo
mismo le pasaba a Lenny.
Y fue en medio de estos pensamientos que el día
llegó. Cuando Marko juzgó que era suficiente, Lenny había
escuchado y analizado más de 150 horas de música.
-Bueno Lenny –le dijo- ¿Cómo
te fue?
-Muy bien Marko. He logrado
identificar con un 99.98% de precisión los factores adecuados para
que una melodía sea considerada hermosa por un ser humano.
-Vaya. Excelente. Entonces te
preguntaré directamente, porque la curiosidad me mata. ¿Cuál
de todas las que has escuchado te parece la más hermosa?
-La que califica como la más
hermosa es por una gran ventaja la que estamos escuchando en este momento.
-¿Ahora? Un momento Lenny, no estamos escuchando
nada.
-Por supuesto, mis sensores
la registran. La han estado registrando desde que llegamos. ¿Tus sensores
no la registran Marko?
-¿Mis sensores? Mis oídos... no Lenny,
no registro nada... por favor explícame al detalle lo que me quieres
decir.
-Es
extraño Marko. ¿Cuál es el rango de respuesta de tus
sensores?
-¿Eh? Te refieres a...
bueno, creo que nunca te mencioné ese detalle. Un ser humano normal
puede sentir ondas de sonido entre unos 20 y unos 20000 hertz...
-Ya entiendo. En ese caso, no
puedes registrarla Marko. Es una pena, la sinfonía más hermosa,
según mis análisis, es una que se escucha permanentemente pero
en una frecuencia bastante más baja. Me parece que es el sonido de
tu mundo. Yo sí puedo sentirlo y estoy seguro de que, bajo tus estándares,
te parecería hermoso.
-Es... es una pena en realidad.
A mi me encantaría... no sabía que me estaba perdiendo de algo...
-He notado, Marko, que no es el caso solamente de
las ondas de sonido. Al parecer tus sensores están bastante limitados
y sólo puedes apreciar un segmento muy pequeño del espectro
electromagnético.
-¿Ah... si?
-Sí. Por ejemplo, estas puestas de sol. Tú
sólo las juzgas en base a las ondas que percibes y que son las que
se encuentran en el rango de lo que conoces como los colores violeta y rojo.
Pero eso es sólo una muy pequeña parte de la experiencia total.
Tu concepto de una puesta de sol hermosa es bastante incompleto.
-Lo es...
-Y ni qué decir de la radiación que
emite el universo mismo. Tal vez lo más hermoso que he registrado.
-Lenny. Por favor terminemos aquí el experimento.
Estoy algo cansado y quiero dormir. Hablamos mañana.
-Por supuesto.
Los dos se quedaron sentados,
mirando la puesta de sol.
© Jorge Revilla; 2004
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