Prólogo
a "Cuentos sociales de ciencia- ficción"
La idea de que en un futuro
aún muy lejano la ciencia y la tecnología habrán avanzado
tanto que determinarán cambios en el discurrir de la vida cotidiana
del hombre y en la fisonomía de su habitat, impulsa básicamente
la imaginación del escritor de relatos de ciencia-ficción.
Por contraste con lo que hasta el momento llevan conseguido la ciencia y
la tecnología, los hechos y situaciones que se anticipan de esta supuesta
realidad futura hacen del relato de ciencia-ficción una modalidad
del género fantástico. Pero lo que no pocas veces ha resultado
en el cultivo de las otras modalidades que conforman el amplio espectro del
género se ha dado también en el relato de ciencia-ficción:
unas veces, obedeciendo al propósito de deslumbrar al lector con un
texto presuntuoso que le valga al autor el reconocimiento a su "genial capacidad
imaginativa", se ha recurrido al amontonamiento de escenas fantásticas
que naturalmente no han logrado hilvanar ni el más inofensivo sentido
y en cambio han dejado curiosamente la imagen de una suerte de competencia descabellada por mostrarse
cada cual como la más insólita; otras veces - incuestionablemente
de peligrosidad por su propósito embrutecedor - el producto ha sido
la historia de aventuras acartonadas, de pretendidos misterios y enigmas
pues la historia ha carecido de la atmósfera misteriosa y enigmática
(tan cara a los narradores que con justicia llevan ganando un nombre en este
terreno; en suma, la historia que se vale de canallas presentados tramposamente
como depositarios de valores excelsos, para justificar y perpetuar aquellas
ideas y actitudes causantes de los padecimientos que sufren actualmente los
pueblos expoliados y pauperizados. Dando por un hecho el tratamiento eficaz
de los elementos de la historia - sin lo cual las mejores intenciones se
van al diablo en el arte de narrar -, los frutos memorables del género
fantástico se han logrado por el papel de mero servicio que han sabido
desempeñar los elementos fantásticos en provecho de una intencionalidad
no precisamente fantástica
sino muy real y concreta: aquella que se afinca en la condición humana
para revelarnos con sentido crítico sus grandezas y miserias. La pervivencia
de las miserias humanas en esa sociedad futura donde el hombre cree haberse
elevado espiritualmente por el conocimiento de la ciencia y por el vencimiento
de los obstáculos que le impedían antaño rodearse de
comodidades materiales, otorga al relato de ciencia-ficción, así
concebido un carácter esclarecedor y premonitorio: si en la humanidad
futura algunas sociedades mantienen la existencia de clases, las ventajas
de una avanzadísima ciencia y tecnología estarán al
servicio de los torvos intereses de la minoría dominante, que las
usará para perfeccionar sus mecanismos de poder y mantener sus privilegios.
Así, el futuro imaginado revierte en el presente, pues por entre la
maraña y laberintos fantásticos el lector siente reflejada
de modo impactante la problemática fundamental que aqueja a la humanidad
presente. Este es el mérito más importante que se percibe en Cuentos sociales de ciencia - ficción
de Juan Rivera Saavedra.
Para impregnar de futurabilidad
los hechos que narra, Rivera Saavedra desecha la exuberancia descriptiva,
el recargo referencial al exotismo de situaciones, personajes y objetos condicionados
por la supuesta ciencia y tecnología del futuro (exuberancia y recargo
más acordes con el relato de ciencia-ficción extenso, que requiere
de multiplicar escenarios, personajes y anécdotas). Usa la mención
parca. Le es suficiente, por ejemplo, una máquina del tiempo en la
escena, un robot o un ser extraterrestre como personaje, algún artefacto
de viaje interestelar, el cambio operado en el color de la piel del hombre
al arribar a otro planeta, la absurda metamorfosis que sufre un día
la Tierra o la existencia de una golosina elaborada con una materia repugnante.
Igual parquedad asume en los hechos que integran las historias. No se trata,
sin embargo, de la parquedad gratuita o mezquina; la sobriedad y economía
de los elementos descriptivos y narrativos obedecen en Rivera Saavedra a
su propósito de lograr el cuento breve y a la conciencia que tiene de que ello
sólo es posible recurriendo a la selección de lo estrictamente
funcional como para configurar un universo narrativo circular y cerrado,
en el que el poder de las significaciones de la materia narrativa en su transcurso
se enriquece con la revelación final hacia la que confluyen los hechos.
Así, el universo narrativo construido solo de síntesis se ensancha
por las implicitaciones que contiene. Dentro del ejercicio de esta concepción
del cuento breve, Rivera Saavedra construye las historias de modo lineal
y usa el lenguaje con llaneza. Aunsentes, pues, el retorcimiento de la construcción,
los matices de atmósfera y los efectos estilísticos, es la
índole misma de los hechos lo que impregna la materia narrativa del
tono que Rivera Saavedra se propone para entregarnos sus intencionalidades.
Y el tono que predomina en el conjunto de estas breves historias es la burla,
unas veces cargada de humor y otras intercalada de acrimonias, ya para denunciar
convicciones y actos cavernarios de quienes han hecho su propiedad los medios
de poder del Estado, ya para poner en ridículo preocupaciones deshumanizantes,
ya para descubrir y destruir falsos valores que alienan, ya simplemente para
recrearnos por lo festivo con situaciones o preocupaciones absurdas y estúpidas
que aprisionan la individualidad del hombre.
La conquista espacial por los
norteamericanos con la finalidad de "librar" a la Tierra de una raza que
detestan o para abandonar el planeta porque les incomoda la convivencia con
los pueblos pobres del mundo o para desembarazarse en un nuevo planeta alcanzado
de quienes no poseen la "privilegiada naturaleza de ser blancos", son algunos
de los motivos con que Rivera Saavedra denuncia irónicamente algunas
taras del imperialismo norteamericano y, en suma, de la estupidez humana.
En medio de ese mundo supuestamente elevado por el conocimiento científico
y por el uso de una tecnología superior, perviven también los
métodos civiles de lucha antisubversiva empleados por el imperialismo
y sus servidores para impedir la liberación de los pueblos; la secreta
eliminación física de los luchadores sociales y la reducción,
igualmente por muerte, del número de hombres cuya situación
paupérrima es un peligro en potencia al "orden" establecido por los
opresores. En una de las historias que forman un ciclo de cinco con el robot como personaje, la naturaleza mecánica
del robot - tomada en el sentido de que no puede albergar ningún sentimiento
humano- sirve para denunciar, bajo un símil aterrador, la naturaleza
semejante que pueden adquirir los hombres que frecuentan la actividad que
implica la posesión y el uso de las armas, cuando con ellas se ejerce
la sinrazón de la fuerza bruta como garantía del abuso, la
miseria, la destrucción y, en suma, de todas las injusticias se nos
entrega de un modo ostensible en una historia en que desatada la guerra entre
las naciones del mundo hay un país donde reina la paz como si estuviera
en otro planeta, sencillamente porque en ese país, como dice la breve
historia "se guardan los tesoros de los más grandes ladrones y asesinos
del mundo", es decir, de los que tienen el poder en las sociedades explotadas.
Cuando Rivera Saavedra penetra en los sombríos pensamientos y sentimientos
del explotador, la estupidez que descubre da relieve al tono de burla con
que concibe la historia: de una de las historias se infiere que el explotador, envenenado por
la codicia de riquezas a fuerza de empobrecer a los explotados, no percibe
en ello su autodestrucción, pues cuanto más hambre padezcan
sus víctimas menos será la cantidad que éstas puedan
arrojar de cierta materia con que el explotador fabrica una golosina para
enriquecerse.Asimismo, por otra historia - cuya modalidad se aleja de la
ciencia-ficción para situarse en el realismo - nos enteramos de que
los explotadores deciden eliminar a los explotados, pero se indignan cuando
reparan en que si la eliminación la llevan a cabo no habrá
quienes trabajen para ellos. Pero Rivera Saavedra penetra también
en el mundo personal de los explotados para señalarnos - en una historia
de índole realista - la alienación que los adormece y les
impide distinguir las causas de su condición paupérrima; en
este caso la denuncia fustiga tácitamente al poder que propicia la
alienación por el deporte en una sociedad cuya mayoría ha sido
frustrada y anda sedienta por satisfacer sus necesidades espirituales con cualquier cosa
que le ofrezcan.
Con todos estos motivos como
materia de una no despreciable cantidad de historias, no es de extrañar
que Rivera Saavedra nos entregue en otras que integran la colección
una visión deshumanizada del futuro de la humanidad: la pérdida
de los valores que diferencian al hombre de lo cósico y lo animal.
Si en una historia se da una imagen deshumanizada del hombre al otorgársele
las mismas características de indolencia que particularizan al robot
en la realidad, en otra el hombre se ve degradado por la humanización
profunda del robot, pues esta humanización concebida en el universo
narrativo invade las zonas más preciadas del espíritu, le pone
un toque de ternura realmente conmovedor y convierte al artefacto en un verdadero
ser humano, mientras que al hombre, por su conducta inhumana, en un frío
e indolente artefacto. La visión deshumanizada de ese futuro se acentúa
como a través de una escalada, pues la vemos desde la instancia en
que ya sólo la niñez existen la bondad, el amor, la solidaridad,
hasta la instancia en
que la niñez no sólo ha perdido los valores como el resto de
la humanidad sino que además los ha invertido; el ideal del mundo
es todo el conjunto de antivalores.
Por entre los textos de ciencia-ficción
se intercalan algunos que escapan a esta modalidad y, en cierto modo, a la
índole de sociales que señala el título del conjunto,
pero pertenecen al género fantástico. Los motivos que toman
como materia son variados: la incorporación de lo real en el mundo
de la irrealidad, la exaltación del conocimiento científico
en relación a la frivolidad de la mujer, el extraño modo de
solucionar el caso de un doblaje, el amor como causa de la paralización
del tiempo entre los amantes, la venganza que se toman los objetos contra
el hombre para demostrar que también tienen sentimientos, la muerte
como precio de la curiosidad estúpida, el animismo de dos entes cósicos
que inician una persecución amorosa, la muerte de dos enemigos a la
misma hora y en diferentes lugares por acciones recíprocas de ambos...
El humor cruel, en unos casos, y la burla risueña e inofensiva en
otros casos impregnan estos textos fantásticos, aunque es verdad que
de pronto algunos nos sacuden con la revelación y destrucción de un mito, como
aquellas dos historias que ponen al descubierto en la actividad de los siquiatras
y en la condición de ciudadano extranjero, respectivamente, el mito
bobalicón que reconoce a priori una esplendente lucidez en los siquiatras
y el mito no menos bobalicón que da en todos los casos por bienvenido
al extranjero, aunque los unos sean -como puntual y respectivamente dicen
los textos de Rivera Saavedra - unos "locos de mierda" y el otro, en algunos
casos, "un hijo de puta".
Lima, marzo de 1976.
Antonio GALVEZ RONCEROS