Casa, de Enrique Prochazka
Lluvia editores, 2004.
Un libro que mereció
elogios de escritores y críticos de la talla de Francisco Angeles,
Ivan Thays y Javier Agreda, al punto de ser considerado La Novela del año
2004. Si bien se trata de excelentes comentarios que revelan aspectos significativos
de Casa, a los comentaristas ya citados se les escapan algunos aspectos,
precisamente aquellos que permiten una lectura más enriquecedora
de Casa. Y es que, a estas alturas del siglo XXI, simplemente
ya no se puede ignorar a la ciencia ficción (como pretende mas de
un “consagrado”), aunque la obra parezca no pertenecer al género…
aparentemente.
A grandes trazos, la trama
puede resumirse así: Hal Durbeyfield, famoso arquitecto y creador de
la corriente denominada “albismo”, despierta un día sin recordar lo
ocurrido durante los últimos quince años de su vida. Así
pues, de golpe, debe asumir que sus hijos son ya adolescentes y que ha enviudado.
Además, debe acostumbrarse a vivir en la “casa” del título,
construida bajos los principios del “albismo” y que esconde más de
un secreto. Un gran apoyo es el eficiente servicio de su mayordomo, Clarke…
Ahí está una
de las claves. Hal y Clarke. Hal nos remite, obviamente, a HAL 9000, la computadora
que asesina a los astronautas de la nave Discovery en “2001, Odisea
del Espacio”, novela escrita por Arthur C. Clarke y adaptada para el cine
por Stanley Kubrick.
Con estas pistas, podemos
ahora leer la novela desde una nueva perspectiva. La casa ofrece grandes
superficies pintadas de un blanco deslumbrante y acaso aséptico,
como los interiores de la nave Discovery mostrados en el film de
Kubrick. Más aún, el despertar de Hal (ojo con este detalle,
al que volveremos después) remite al extraño espacio-tiempo
al que accede el astronauta Bowman luego de cruzar el Monolito en “2001”.
Así, podría
decirse que Casa empieza con “el despertar de Hal”, Hal Durbeyfield,
que bien podría ser un aspecto de HAL 9000. Recordemos que en “2001”
la computadora es desconectada temporalmente. Dicha desconexión,
¿qué efectos puede tener en una inteligencia artificial? ¿Es
como la muerte? ¿O es que HAL sufre también la influencia
del monolito en el espacio, y se le hace “vivir” algún tipo de experiencia?
¿Y no podría consistir esta experiencia en “despertar” como
un reputado arquitecto, sin memoria de los acontecimientos recientes… pero
siempre bajo la batuta de Clarke? Después de todo, HAL 9000 es un
producto de la imaginación de Arthur C. Clarke, por lo que bien
podría decirse que habita la “casa” de sus pensamientos.
Volviendo al Hal protagonista
de Casa, resulta que además de tener que volver a relacionarse
con unos hijos que recuerda como niños, descubre que la morada que
el mismo ha diseñado tiene además una serie de trampas (los
inquietantes espantapájaros) y cuartos secretos… Es decir, su entorno
familiar, edificado por el mismo, se convierte en un espacio prácticamente
alienígena, al cual debe volver a adaptarse para recuperar la clave
de su existencia, siempre y cuando la casa se lo permita. Como los astronautas
de la nave Discovery, ahora resulta que Hal (Durbeyfield) puede convertirse
en la víctima de su propia creación.
Por cierto, no quiero decir
que Casa se lee como una continuación de la novela de Arthur
C. Clarke, sino que la relación entre los personajes Hal y Clarke
es más relevante de lo que parece. Clasificarla es un reto que no
creo poder asumir, sin embargo, estas referencias a una de las obras capitales
de la ciencia-ficción escrita y cinematográfica son ya una
muestra de lo que un talento libre (recordemos el, al final, improductivo
debate entre “andinos” y “criollos”) puede ofrecer a nuestro panorama literario.
Ivan Thays se refirió a esta novela como “un tanque de oxígeno
para la literatura peruana”. Yo diría que es toda una nueva atmósfera,
una bienvenida ruptura con lo ya conocido hasta el hartazgo. Será
por eso que no lo incluyeron en el debate (curiosamente, tampoco a José
B. Adolph o Juan Rivera Saavedra).
Eso si, cabe precisar que
el lector flojo (el “lector hembra”, que diría Cortázar) difícilmente
podrá disfrutar de Casa en su totalidad. La cultura filosófica
que se trasmite en cada página está fuera del alcance de quien
busca malditismo efectista o chauvinismo trasnochado.
Quizá me aventuro más
allá de lo que es el texto y de lo que se supone debe ser una reseña.
Solo quiero expresar, de manera harto incompleta, el efecto que esta novela
me ha causado. Todos los elogios son más que merecidos, Enrique Prochazka
ha escrito una magnífica novela. Y por suerte, está escribiendo
más.
Daniel Salvo, agosto 2005.