Los lectores de ciencia ficción
solemos encontrarnos ante situaciones como la siguiente: un buen día,
alguien se entera de que, oh sorpresa, leemos esa cosa de "marcianitos y
platillos voladores", y entonces nos preguntan cómo es que podemos
perder el tiempo leyendo semejantes tonterías. Picados en nuestro
ego, empezamos el discurso de justificación: la ciencia ficción
es un género que nació así (o asá), pero que
actualmente ha alcanzado un standard literario del mismo nivel que las obras
"de literatura" (sic). Es decir, es un género que ha llegado a la
madurez. Nuestro interlocutor, generalmente burlón, pedirá
un ejemplo de esas maravillosas obras dignas de parangonarse con El Quijote,
La Náusea y cualquier obra "clásica" que tengamos en mente.
La respuesta será casi siempre la misma: 1984, Un mundo feliz y
Fahrenheit 451. Listo. Resulta entonces que todo un siglo - el XX -
de ciencia ficción produjo solamente tres obras dignas de mención.
¿Y el resto?
¿Quiere decir entonces
que el resto de la ciencia ficción es basura? ¿Literatura de
segunda? ¿Subliteratura? Si así lo creemos, ¿entonces
por qué seguimos leyendo ciencia ficción? ¿Por posar
de contraculturales? ¿Por masoquistas? ¿Por imbéciles?
Por que sólo un imbécil leería algo a sabiendas de su
falta de calidad o de interés...
Lo que ocurre es que somos víctimas
de un falso dilema: si la ciencia ficción es o no es literatura, si
es o no un género "maduro". Esta falsa disyuntiva es tan inútil,
a mi juicio, como preguntarse si el "Ulises" de James Joyce es o no
una obra maestra, pues habrá quienes digan que si y quienes opinen
lo contrario. Igual se sigue leyendo. Y si alguien opina que Joyce es basura...
¿diríamos que con esta afirmación está calificando
a toda la obra de Joyce y sus epígonos? ¿Vale o no vale la
literatura "en general"?
El lector de ciencia ficción
es tan lector como el hipotético lector de Joyce. Tiene sus gustos,
sus fobias, sus preferencias, sus criterios. Y cada uno es tan válido
como el otro. Sin embargo, quizá es el único tipo de lector
que experimenta cierta vergüenza por sus gustos. No es del todo su culpa.
Existe una tradición asentada en la escuela y en las universidades
que podríamos denominar "denostar la ciencia ficción" (y el
terror. El género policial ha tenido mejor suerte), en la cual nos
criamos. En esta tradición, cultivada por los académicos de
buena parte del mundo, se da una paradoja: cuando se es más ignorante
respecto al género, se le menosprecia con más virulencia. En
la escuela, en las universidades, en las entrevistas a los tótems
de la literatura, existe ese pacto oficioso. Hasta parecería que hay
cierto interés en que no se lea ciencia ficción. O fantasía,
de ser el caso.
Ahora, existen quienes tienen
la suerte de toparse con el género a temprana edad, antes de ser acondicionado
por los tópicos. A esa raza (que debería ser feliz) pertenece
el lector de ciencia ficción. Una mente libre de prejuicios abarca
un campo mayor de la oferta literaria (y que campo).
Pero, a medida que va creciendo,
empieza a socializarse, a ser programado, a internalizar los criterios de
bueno, malo, decente, conveniente... y recién entonces toma conciencia
de que sus gustos no son los de la mayoría, que es un marginal. Pero
no un "marginal" políticamente correcto (esos que empiezan incendiarios
y ya se sabe que acabarán bomberos), sino un "marginal idiota", una
especie de subnormal, un lector de gustos infantiles. Esa es la versión
oficial de la ciencia ficción, la noción que maneja la sociedad.
De ahí viene ese estar
a la defensiva de los lectores de ciencia ficción. Sabemos que se
van a meter con nosotros, y no para cuestionarnos o conocernos, sino para
denostarnos por no ser "lectores maduros". Entonces, nuestra actitud defensiva
sólo puede seguir un camino: demostrar lo indemostrable: la madurez
del género.
Y así llegamos a la única
conclusión que apoya nuestro esfuerzo: la ciencia ficción es
un género literario que ha alcanzado la madurez porque trata temas
como la libertad del individuo, el peligro de las sociedades totalitarias,
el uso irresponsable de los adelantos científicos. ¿Ejemplos?
Los tres de siempre.
Y en cuanto a la madurez del
género, yo diría que, como cualquier otro, ya nació
maduro. Así como la novela pastoril nació "madura", el relato
de aventuras nació maduro, el dramón psicológico a la
Dostoievsky nació maduro, el realismo sucio nació maduro, el
ciberpunk nació maduro, y ese largo etcétera que
constituye la literatura (lo que leemos) nació maduro. Eso de exigir
que una obra tenga ciertos "elementos intrínsecos" para demostrar
madurez, complejidad, etc., es simplemente el pasto que permite el sustento
de los profesores de las facultades de lengua y literatura de las universidades
e institutos. He leído análisis de obras conocidísimas
según los cuales, o soy un mal lector, o el autor ha sido tan incomprendido
que nadie jamás llegará a saber qué es lo que en realidad
quiso escribir.
José B. Adolph, uno de
nuestros mejores escritores, comentó una vez que no existen géneros
buenos o malos, sino buenas o malas novelas. En base a este criterio, más
objetivo que el de la preeminencia de ciertos géneros sobre otros,
sí es posible apreciar en su justa medida lo que se presenta como
literatura. Hay, por supuesto, malas novelas de ciencia ficción, como
hay malas novelas de autores mágico-realistas, costumbristas, de la
generación del 98, de los seguidores de Faulkner o de Hemingway.
Olvidémonos pues, de
la tonta idea de "defender" nuestro gusto recurriendo a argumentos tan bobos
como ese de la "madurez del género" o el de los "elementos humanistas,
trascendentales, posmodernos, etc." No los necesitamos.
Y por favor, tampoco caigamos
en el extremo opuesto de considerar la ciencia ficción como el único
género decente, capaz de aportar nuevas ideas a la decadente producción
literaria mainstream...
Aunque estemos en lo cierto.
Daniel Salvo (c) octubre 2003