Mientras contemplaba el ocaso
Jonás tuvo la impresión de que la realidad se había
tornado endeble como una costra reseca. Impelido por el asombro volvió
sobre sus pasos para determinar las condiciones en las que se encontraba
el mundo del cual provenía. Con esa idea en mente Jonás hundió
su magra figura en la penumbra de aquel crepúsculo desolador, y su
cabeza principio a oír miles de voces que surgían de todas
partes provocándole un intenso pavor hacia la morfología
que le rodeaba.
De repente una masa luminosa
se desprendió del firmamento y empezó a orbitar enloquecidamente
a su alrededor, aquel fenómeno inaudito le sirvió para comprobar
que había ingresado en una senda que lo apartaba definitivamente de
todo lo que había conocido. Conforme se adentraba en aquel terreno
observo con estupefacción como la naturaleza que lo rodeaba empezaba
a perder simetría y proporción como si una fuerza externa desvirtuara
su aspecto. Y para completar su espanto el mundo que tenia enfrente se transfiguro
en una imagen sobrecogedoramente prehumana.
Después de unos minutos
un deslumbrante efluvio de energía se desprendió de la minúscula
esfera que le seguía y penetro en su mente asumiendo la forma de
una voz que prometía otorgarle un don portentoso a cambio de una sumisión
absoluta a sus designios. De inmediato Jonás sintió que una
sensación placentera, muy semejante a un orgasmo, se difundía
por todo su cuerpo como si la entidad que lo había invadido intentara
ablandar su resistencia.
Desde ese momento Jonás
comprendió que se hallaba en un mundo regido por la omnipotencia de
una deidad que se complacía en ejercitar el arte de la tortura. En
efecto la voluntad de aquella entidad propicio la génesis de una criatura
protoplasmática que apareció en lontananza reptando con la
parsimoniosa lentitud de una babosa, y que apenas estuvo cerca se arrojo
sobre el con la manifiesta intención de asimilarlo. A toda prisa
Jonás empezó a correr a través del desierto buscando
eludir el acoso de aquel descomunal depredador, sin embargo cada segundo
que pasaba parecía acercar más y más la aberrante presencia
de la criatura anulando sus posibilidades de fuga.
Y entonces percibió
que su cuerpo se desintegraba en un millón de moléculas que
el poder de la deidad recompuso en otra parte de aquel mundo.
Apenas recupero la conciencia
Jonás fue obligado por la entidad que lo había capturado a
ejecutar una serie de cabriolescas genuflexiones que reafirmaban su condición
subordinada, sin embargo pese a la humillación sufrida Jonás
todavía conservaba su voluntad de resistir alojada en algún
páramo neuronal que permanecía ajeno a la intrusión
de la deidad.
De esta manera fue conducido
de tropiezo en tropiezo hasta que su peregrinaje le condujo ante los reverberantes
tabiques de un cubículo hecho de neocristal- El brillo que despedía
aquella materia translucida consiguió cegar por un momento al involuntario
visitante, sin embargo una vez transpuesto el umbral Jonás no pudo
evitar.
Una exclamación que
resumía el horror que le inspiraba la quimérica bestia que
moraba en el interior de aquel aposento. Se trataba de otro ser tan aberrante
como el anterior, pero dotado de una decena de pequeñas cabezas que
permanecían atentas a lo que pudiera pasar sobre la cambiante superficie
de un portentoso obelisco que había emergido del subsuelo como una
estalagmita dispuesta a acribillar el corazón del cielo raso.
Enfrentado contra aquella
quimera la fracción de conciencia que todavía dominaba Jonás
se pregunto cual seria la intención que perseguía aquella entidad
para transportarlo a ese lugar. Era probable que dicha deidad pretendiera
probar su temple para la misión que había reservado para el.
En aquel momento una imagen grandilocuente, una mixtificación tal
vez, arribo a su memoria, y se percibió como un epígono del
profeta hebreo que también había llevado su nombre., pues asi
como el antiguo Jonás permaneció cautivo en el vientre de la
Gran Ballena durante un espacio de tres días, nuestro Jonás
se encontraba preso en el interior de un mundo que era completamente extraño
a su comprensión. La imagen describía con precisión
su condición de secuestrado, pero no le daba mayores luces al respecto
axial que decidió dejar de lado su cavilación para desafiar
el acoso de aquella legión de ojos telescopicos que dotaban de percepción
a la gris aglomeración de células que tenia enfrente.
De inmediato el cerebro de
Jonás empezó a captar las órdenes que la deidad le enviaba
a través de aquella criatura, y se dio cuenta de que permanecía
sojuzgado. En un acto de incipiente rebeldía Jonás se cubrió
el rostro demudado por el horror de saber que se estaba convirtiendo en un
instrumento en manos de aquella entidad distante.
Pero su temor le duro poco,
y se animo a abrir los ojos para ahuyentar el miedo como si fuera un macabro
fantasma que le impidiera ejecutar la tarea que le habían impuesto:
sondear el tropel de pensamientos que estaban llegando a su mente. Su trabajo
era captar la dirección que adquirían aquellas ideas, para
modificarlas en el acto asignándoles un nuevo contenido que variaba
por completo la existencia de las personas que recepcionaban su transmisión...
Y aquel imponente obelisco alrededor del cual pululaba aquellas morfología
aberrante era el dispositivo que le servia para diseminar un nuevo credo
en el mundo del hombre.
Sin embargo su afán
de rebelarse permanecía incólume y la deidad se veía
obligada a desalentar sus deseos administrándole, de vez en cuando,
una considerable dosis de dolor que hacia estremecer su cuerpo cada vez que
intentaba apartarse de su tarea ante el obelisco. Y asi Jonás continuo
ejerciendo, a su pesar, su forzado papel de seductor de conciencias conduciendo
a millones de seres al esquema de posibilidades prevista por la deidad que
lo había esclavizado.
Poco a poco la presión
de aquella mente exógeno ejercía sobre el empezó a menguar
en la medida que el mundo del hombre quedaba sojuzgado a la voluntad de aquella
inteligencia cósmica. A estas alturas la faz de su planeta de origen
se había modificado por completo, ahora la Tierra había adquirido
la condición de un mundo primitivo habitado de culturas emergentes
que estaban escribiendo una nueva historia. El sentimiento de haber contribuido
a ese trastorno le indujo a intentar la rebelión definitiva ahora
que su cerebro había dejado de recibir las transmisiones mentales
que emanaban del obelisco duras penas Jonás empezó a alejarse
de allí con la intención de ganar la salida antes de que circunstancias
volvieran a serle desfavorables , afuera le esperaba un espacio menos ominoso,
un ámbito que su percepción no concebiría como una de
las tantas imágenes especulares que lo habían anonadado, y
aunque sabia que corría el riesgo de perder la razón decidió
trasponer el umbral que lo había sumergido en esta locura a todo trance.
Nuevamente aquellas diabólicas
criaturas cobraron animación y empezaron a hostilizarlo como si
pretendieran culminar la faena que su creador había empezado. Pese
a la amenaza la única intención que persistía en la
liberada mente de Jonás era abandonar, de alguna manera, aquel horroroso
mundo pese a que las condiciones de su mente se hallaran en el límite
de su resistencia.
Entonces sombras perversas
empezaron a surcar las paredes del cubículo semejando las retorcidas
ramas de un árbol milenario , sin embargo no se trataba de seres inofensivos
pues eran los vástagos de la enorme criatura poliploide cuyos ojos
los habían hipnotizado, y aquella morfología reptante se acercaba
lentamente amenazando engullir su cuerpo atrapado en medio de aquel templo
del horror.Era obvio que debía hacer algo para rehuir la aniquilación
, pero necesitaba concentrarse y reunir todas las fuerzas que le quedaban
para ejecutar la operación de transposición que le permitiría
eximirse de la muerte que le habían deparado.
Y Jonás cerro los ojos
intentando ubicar la imagen de su cuerpo tridimensional en alguna comarca
de la Tierra alejada de la influencia de esas criaturas.En aquel momento
le importaba muy poco perder el acervo de conocimientos que le hacían
parte de la humanidad teniendo en cuenta que esta ya no existía tal
como la había conocido. Más bien ahora que se percibía
etéreo e inespacial tenía plena conciencia de que la horrible
dimensión que lo había albergado carecía del espanto
que antes le había inspirado. Desde la lejanía le eclosión
de voces e imágenes que lo habían acosado le parecía
na mera simulación, pues sumergido, como estaba, en la cuarta dimensión
del universo le parecía el momento ideal para elegir un nuevo estadio
de persistencia.
De esta manera su mente evoco
la imagen de una remota isla del Pacifico meridional, antiguamente dotada
de un nombre místico y ahora cubierta de un suelo infértil,
que solo servia de pedestal a una serie de enigmáticas efigies de
piedra que contemplaban el océano como si estuvieran conjeturando
algo. Poco a poco la isla se acercaba a el y su psicoforma empezaba a sobrevolar
aquel minúsculo trozo de tierra con el deseo de recalar en el interior
de una de aquellas cabezas silentes.
Pronto su psicoforma se abalanzo
sobre el mohai penetrando en su interior, y la oscuridad que le recibió
le recordó, por analogía, la cerrazón del útero
materno. Ahora podía considerarse, con razón, una especie de
neo feto inmerso en la cavidad mas intima de aquel mohai.
Un momento después
la percepción de Jonás consiguió asomarse hacia el mundo
exterior y contemplo aquel triste paisaje oceánico, tan pleno de
soledad, y se sintió conmovido por su valentía de abjurar de
su condición humana para convertirse en el alma de un fúnebre
mohai cuya piel se desgastaba bajo la calcinante mirada del
sol.
Y ahora que sabia que el mohai
seria su puerto definitivo llego a comprender que el juego de las posibilidades
le había otorgado, entre la vastedad de estadios posibles, esta perpetua
quietud acorde con el estado de equilibrio que su mente concebía
como perfecto en contraposición con los deseos de aquella voluntad
que se había hecho suyos el discurrir de todas las cosas.
Chiclayo 1995-2005