Juegos tradicionales
y aprendizaje
By María Regina
Öfele <[email protected]>
South America Representative
of Austrian Institute for Research in Play and Games, Argentina
Acerca del juego
Antes de introducirnos en
el concepto de juego tradicional, deberíamos comenzar con una aproximación
al juego, con las complicaciones que este tema y sus definiciones trae
consigo.
Todos tenemos del juego
alguna idea más o menos acabada, podríamos hasta ensayar
alguna aproximación basada ya sea en nuestras vivencias infantiles,
juveniles y adultas, ya sea en alguna lectura que hayamos hecho sobre el
tema. Este fenómeno es tan inherente al hombre, que todos
hemos tenido alguna experiencia aunque sea mínima, si bien, en la
mayoría de los casos –y por lo menos en cuanto a la infancia se
trata- bastante más que mínima. Cuando le preguntamos
a alguien sobre el juego, inmediatamente se remonta a un tiempo y espacio
diferente, recordando una serie de vivencias positivas y aún negativas.
No hay hombre sin juego ni juego sin el hombre. Las características
de lo juegos que hemos jugado podrán ser diferentes, de intensidades
diversas, de momentos evolutivos distintos, pero aún así
podremos encontrar elementos en común, más allá de
nuestra cultura. El juego es aquella dimensión del hombre
que lo remonta a un mundo diferente, con otras reglas, donde se muestra
la esencia de cada uno de nosotros, sin máscaras ni caretas, donde
todo – o casi todo – se puede, es el sueño hecho realidad, todo
se transforma según nuestro deseo y el hombre se remonta a lo más
profundo de su ser.
Muchos teóricos,
representantes de las más diversas disciplinas, han intentado definir
el juego, encontrándose con las consecuentes limitaciones al pretender
encerrar en pocas palabras una dimensión casi inabarcable del ser
humano. Así podremos encontrar posturas psicológicas,
pedagógicas, filosóficas, biológicas, históricas,
antropológicas, etc. En cada una de ellas hallaremos una óptica
del juego, pero que no deja de ser una óptica parcial. En
relación a esto Buland escribe : “El concepto de juego, como objeto
de la investigación científica del juego no debe ser definido,
debería permanecer siendo un concepto precientífico.”(Buland,
1996) Y más adelante continúa: “ La pregunta por la esencia
del juego lleva a una cortada, contrariamente sería mucho más
rico, agrupar los juegos y preguntar por semejanzas.”(Buland, 1996)
A pesar de ello igualmente
podremos hallar puntos en común que se pueden hallar prácticamente
en todas las expresiones lúdicas. Se podría sintetizar
de alguna manera que es un fenómeno/una actividad que transcurre
en un tiempo y espacio diferente al de la vida cotidiana, tiene reglas
propias y se desarrolla en un “como sí”. Otro aspecto importante
es la libertad, entendida la misma desde una actividad “libremente” aceptada,
libertad en tanto y en cuanto el jugador elige jugar o no, y elige el tema
y material de juego. Tanto el “como sí”, como la libertad,
fueron aspectos cuestionados por otros investigadores más modernos.
Diferentes investigadores postulan al respecto que, mientras el niño
está jugando y en su juego transformó objetos de la realidad
en objetos de fantasía estos últimos “son” estos otros objetos
con su significación real para el niño.
En relación a la
libertad en el juego, Buland en una de sus últimas investigaciones
(Buland, 1997) desarrolla todo un análisis respecto de este punto,
donde entre otros, cuestiona la libertad de decisión de participar
en un juego, hecho que por otros autores se da de alguna manera por supuesto.
Luego de un exhaustivo análisis este autor propone una clasificación
de los juegos según los momentos de libertad que se abren dentro
del juego, respondiendo la pregunta “¿Dónde exactamente está
la libertad del sujeto que juega?”.
De cualquier manera, más
allá de estos cuestionamientos de algunos autores, las diferentes
definiciones del juego coinciden en los aspectos arriba mencionados.
Así podemos decir que el juego es parte de nuestra realidad y en
su carácter más profundo es al mismo tiempo algo diferente.
El juego no tiene el grado de fijación y no tiene las ataduras de
nuestra vida seria. El juego es más libre, más pasajero,
es abierto en su tendencia. El juego es el límite incierto
de nuestra realidad. El juego une realidad y posibilidad. Es
un área intermedia del hombre, en el que se forman nuevas realidades
y las realidades antiguas se pueden desvanecer. El juego es un motor
para la extensión del hombre en lo material como en lo espiritual.
El juego no se limita a una actividad lúdica determinada.
Aparece mucho más en todas las actividades del hombre: desde el
juego de pensamiento a través de un jugueteo previo a una acción
hasta la conducta lúdica en las situaciones serias de la vida.(Fritz,
1992) Lavega se expresa así: “En ese complejo universo de relaciones
y de manifestaciones socioculturales, el juego ha de entenderse como una
realidad que a pesar de su intrascendencia, gratuidad y espontaneidad,
aparece como un espejo revelador de sus protagonistas. La persona
cuando juega verdaderamente, es decir, cuando participa de una práctica
lúdica reglamentada olvidándose de todo el resto de actividades
“racionales” y “serias” que constituyen parte de su vida cotidiana más
formal, acostumbra a mostrarse tal como es, sin usar máscaras ni
vestimentas artificiales más propias de otros escenarios más
“serios”. El lenguaje del juego universal y a la vez singular en
cada geografía y época histórica muestra en cada momento
la combinación de la ontogénesis con la filogénesis
lúdica, ya que si cada individuo es capaz de “inventar” o
improvisar una aventura lúdica original, ésta se apoya en
los cimientos de la evolución de todo lo que ha venido generando
el colectivo humano al que pertenece.”(Lavega Burgués, 1996)
Las diferencias se basan
también desde el ángulo en que se esté estudiando
el fenómeno lúdico. Así por ejemplo, desde el
estudio antropológico “el juego es una actividad en la que no sólo
se proyectan cosmovisiones colectivas bien establecidas, sino que además,
refiere a otros mundo posibles en lo simbólico, expresivo e imaginario”,
como lo expresa Dupey en su reciente publicación (Dupey, 1998).
Así para la psicología evolutiva el juego es visto como parte
del desarrollo evolutivo del niño que se manifiesta en las diferentes
formas de expresión lúdica. Para el psicoanálisis
el juego es una instancia intermedia entre el inconciente y el conciente,
entre principio de realidad y principio de placer. La pedagogía
ve en el juego un instrumento para transmitir conceptos, valores, conocimientos
diversos. Para la fenomenología el juego es un fenómeno
original, poniendo el acento en el carácter libre de objetivo del
juego. Estos son algunos ejemplos de las diferentes ópticas
que podemos encontrar en el análisis del juego.
Las teorías más
antiguas con algunos de sus autores como Spencer, Lazarus, Groos, etc.,
dan cuenta también de la importancia que ha tenido el juego en el
pasado siendo objeto de estudio de tantos investigadores.
Pero investigaciones históricas
sobre el juego y los juguetes, muestran aún más la significación
que este fenómeno aporta al hombre, a la sociedad y a la cultura.
Se han encontrado elementos referidos al juego y a los juguetes de tiempos
muy antiguos, incluso desde antes de Cristo. Elementos que refieren
diferentes simbologías e importancia para el hombre en dichas épocas.
Así por ejemplo se han encontrado tableros de juego en las sepulturas
de reyes en Ur de la época del 2500 a.C. (Glonnegger, 1996) El hecho
de haber encontrado numerosos juegos en tumbas de altas personalidades,
por ejemplo, hace referencia a que se les daba a los muertos como entretenimiento
y esparcimiento en el viaje al más allá (Glonnegger, 1996).
A través de los diferentes estudios y análisis históricos
se pueden ver las diferentes dimensiones y grados de importancia sociocultural
por a que atraviesa el juego (y los juguetes), así como también
las manifestaciones y expresiones lúdicas diversas en cada una de
las épocas desde la antigüedad hasta la actualidad.
La importancia del juego
en diferentes sectores sociales y épocas, ha tomado tal envergadura,
que hasta hubo juegos que han sido prohibidos por las autoridades que gobernaban.
De cualquier manera si de prohibiciones de juego se trata, no hay que remontarse
únicamente al pasado. Hoy día, y especialmente en instituciones
educativas también encontramos prohibiciones de juego, y no precisamente
de juegos de azar. Si bien por un lado se ponderan las bondades del
juego y especialmente de los juegos infantiles, por el otro, encontraremos
una serie de juegos prohibidos. Al respecto Pavía, quien investiga
en el sur de la Argentina el juego popular en los patios escribe: “...
muchos maestros consultados por nosotros sostienen que en sus escuelas
‘no existen juegos prohibidos’. Admiten sí, restricciones
en ciertas actividades, generalmente fundadas en razones de seguridad e
higiene. Sus alumnos, en cambio, suelen recitar con total seguridad
la lista de juegos no permitidos en la escuela. La única y
esencial diferencia radica aquí en que para los chicos, esos que
están prohibidos son sin lugar a dudas, juegos; mientras que para
los maestros eso que está prohibido lo está, precisamente,
porque desde su óptica no son juegos. ‘En mi escuela –textual- no
hay juegos prohibidos y lo que está prohibido no son juegos’”(Pavía,
1994).
La importancia del juego
y los juguetes está ligada también a la naturaleza, siendo
que muchos juegos se jugaban en determinados momentos y no en otros, como
por ejemplo en época invernal o primaveral con el fin de actuar
o influenciar a través de los juegos determinados fenómenos
naturales. Se puede mencionar, por ejemplo, el juego del trompo para
asegurar una buena cosecha, las muñecas que simbolizan la fertilidad
femenina y se les regalaba a las jóvenes con tal fin. Otros juegos
estaban estrechamente relacionados con la divinidad y tenían un
alto contenido simbólico (juegos de pelota, por ejemplo), donde,
a través de poner en práctica determinadas expresiones lúdicas,
determinadas jugadas o partidas, se buscaba influenciar o agradar a los
dioses, estando por lo tanto estos juegos estrechamente ligados a rituales
(Öfele, 1999).
Podemos concluir, entonces,
luego de este rastreo, y más allá de la postura teórica
desde donde se enfoque el juego, que éste es un fenómeno
inherente al ser humano, que lo “acompaña” durante toda la vida.
No hay persona humana sin juego y no hay juego sin el hombre. El
fenómeno lúdico ha estado presente desde el hombre primitivo
hasta la actualidad, adoptando en ocasiones modalidades diferentes, pero
ha tenido siempre un espacio y un tiempo importante para el hombre.
Así lo demuestran numerosos documentos y hallazgos encontrados en
la actualidad.
Juego y Aprendizaje
Son numerosos los autores
que ya han escrito sobre la relación del juego y el aprendizaje,
desde la antigüedad hasta la actualidad. En relación
a ello podemos citar a Platón que en Las Leyes ya considera la importancia
del juego infantil para formar ciudadanos perfectos, relacionándolo
especialmente con el respeto a las reglas de juego. Alrededor del
juego y el aprendizaje se han postulado diferentes teorías dando
diversos grados de importancia al vínculo entre ambos aspectos.
En consecuencia hubo diferentes teorías que han comenzado a incluir
el juego en el ámbito educativo formal, dándole un marco
más sistematizado y organizado.
A su vez han surgido diferentes
corrientes de juegos y juguetes didácticos buscando orientar el
juego hacia fines pedagógicos y de aprendizaje, lo que ha sido cuestionado
también por muchos autores, especialmente aquellos defensores del
juego libre de objetivos, considerando que, al utilizar un juego o un juguete
con un fin determinado, ya no se puede considerar dicha actividad como
juego.
Pero si consideramos el
juego libre como tal, al juego que surge espontánemente en un grupo,
aquel juego que un niño o un grupo de niños elige, organiza
y recrea libremente, dirigiéndolo ellos mismos y dándole
por lo tanto el rumbo que desean, podemos descubrir una variedad importante
de aprendizajes.
El juego es uno de los primeros
lenguajes del ser humano. El niño pequeño deambula
por su medio creando e inventando juegos, conectándose a través
de expresiones lúdicas. A través del juego se van comunicando
con el otro, con los otros y con el medio. A medida que va creciendo
sus juegos se van complejizando y sus posibilidades de conocimiento se
van ampliando. Así también lo expresa Hetzer (1978)
al referirse al juego como contenido principal de la vida de los niños
en determinadas etapas evolutivas.
“Para el jugador (y para
el juego) todo es posible: cada cosa puede ser múltiples cosas.
Para el niño, basta querer que sea y la cosa es lo que se desea.
El juego es el reino de la imaginación, donde no hay imposibles.
Todo es posible. Es el reconocimiento de la dimensión ilimitada
del hombre y del mundo” (Sepúlveda Llanos, 1999). El juego
es hechizo, representación de lo Diferente, anticipación
de lo que viene, negación de la realidad que pesa (Rahner, 1990)
y en ese contexto podemos deducir, por lo tanto, una multiplicidad de transformaciones
como resultado, transformaciones que enriquecen al niño y al hombre
en general, transformaciones que se traducen en aprendizajes.
Muchos son aún los
preconceptos, los prejuicios que se observan en el mundo adulto respecto
del juego, en cuanto es considerado valioso únicamente como pasatiempo,
válido para determinadas edades (primeros años y no mucho
más), o en determinadas ocasiones excepcionales como puede ser en
un contexto especial como por ejemplo, una fiesta. Pero en
demasiadas ocasiones, más allá del permiso para el juego
que el/los adultos puedan otorgar, no es considerado el juego como una
actividad donde las personas que participan –los jugadores- realmente estén
aprendiendo “algo”, más allá de qué, o que el juego
sea considerado una actividad seria. La excepción puede
estar dada en ocasiones en los llamados “juegos didácticos”, donde
de alguna manera se “disfraza” la actividad específica de aprendizaje
en un contexto más lúdico, se “pedagogiza” el juego, obteniendo
no siempre los resultados que se desean.
En cuanto a la relación
de juego y aprendizaje, se pueden distinguir en principio tres posturas
básicas en algunos autores (Walter, 1993) que discuten la relación
entre ambos fenómenos:
1) Jugar y aprender como
procesos coherentes, donde el juego siempre lleva a un aprendizaje y por
lo tanto no hay juego sin aprendizaje, postura defendida por EInsiedler.
2) El juego y el aprendizaje
son estructuralmente diferente, donde en el juego se juega y no se aprende,
como lo expresa Piaget y Berlyne.
3) El juego es acompañado
por aprendizaje cuando se dan las condiciones para un verdadero juego,
considerado por Röhrs y Sutton-Smith.
Pero más allá
de las diferencias que manifiesten estas tres posturas, no se puede negar
que siempre algo se aprende al jugar, si bien esto no está claro
para el jugador.
En el juego ante todo está
el placer de jugar, en el juego el niño en primer lugar aprende
a jugar. Aprende la agilidad, los modos de comportamiento, técnicas,
improvisaciones, sistemas sociales que se requieran para las diferentes
formas de juego. Se adapta a una forma de vida que es imprescindible
para la humanidad y para la afirmación del hombre dentro de límites
de un sistema y que le ayudan a mantener espacios de libertad y felicidad
en un mundo de rendimiento y constante búsqueda de objetivos no
siempre accesibles.(Flitner, 1986) En el juego el niño combina
acción y pensamiento, y a través del juego encuentra satisfacción
y se siente exitoso. El juego toca todos los aspectos de la vida;
a través del juego el niño aprende a vivir (Westland y Knight,
1982).
En el juego el niño
aprende el juego mismo, sus formas de funcionamiento, sus reglas más
o menos complejas. En el juego el niño aprende a establecer
comunicaciones de juego con los otros y relacionarse de una forma diferente
–de jugador a jugador-. Las posibilidades de aprendizaje a través
del juego libre y espontáneo son múltiples, dependiendo del
tipo de juego, el grupo que participa, etc. Es importante remarcar
aquí que en este tipo de juego, elegido por el niño o el
grupo no hay ningún tipo de objetivo previo más que el sólo
hecho de jugar. Todos los otros objetivos que uno desde afuera pudiese
“leer”, observar o deducir, son secundarios y de ninguna manera propuestos
por los niños. Estos aprendizajes en el juego, son “intrínsecos”
al juego y al jugador mismo.
Veamos un ejemplo: dos niñas
A (5 años) y B (7 años) (que no se conocen entre sí)
llegan a una plaza. En un comienzo cada una juega por su lado, A
había traído balde, pala y otras formas para jugar en la
arena, que en ese momento no utiliza porque se hamaca. B se acerca
y pide a la madre jugar con esos elementos. Al tiempo, A se va de
la hamaca y comienza a jugar también con sus juguetes para la arena.
Comienzan a entablar un diálogo y a programar un juego de búsquedas
de tesoros. B dirige a A durante todo el tiempo, diciendo dónde
juegan, qué recorrido hacer, qué modificaciones hay dentro
del juego. B acepta sugerencias e intervenciones de A pero sigue
dirigiendo claramente el juego (lo cual es aceptado sin inconvenientes
por A). Luego de un período considerable de juego se acerca
otra niña C (7 años) y pide permiso para integrarse al juego,
lo cual le es concedido. Continúa la temática del juego,
pero comienzan a notarse fricciones entre B y C, permaneciendo A aliada
a B. B continúa intentando dirigir el juego del grupo, lo
cual no siempre consigue, logrando sin embargo durante un tiempo que A
se siga plegando y C no. Luego de un tiempo de juego en común
de las tres participantes, B le dice claramente a C: “Vos no mandás,
yo mando”. Luego de un breve momento B se aísla y C continúa
jugando con A, quien comienza a aliarse a C. A continuación
B intenta algunas intervenciones, pero no siempre es escuchada. Finalmente
B se retira de la plaza con su madre (por pedido de la madre, que es independiente
de la situación de juego). B no quiere saludar a A y
C, por estar peleada con las otras dos jugadoras, pero finalmente –a pedido
de su madre- se despide de A y C.
De esta escena podremos
concluir varios aprendizajes tanto de A, B y de C. El aprendizaje
quizá más obvio es el de B, quien después de este
momento aprendió que no siempre puede ser líder en un grupo
de juego, debiendo “ceder terreno” a otro niño.
En muchas ocasiones se puede
observar también cómo los niños van incorporando conceptos
y modalidades de los demás, ya sea términos, formas de conducta,
modalidades de juego, modos de relacionarse con los otros niños,
etc. En ocasiones mantienen luego estos cambios y en otras los desechan
por no serles útiles.
Cabe hacer mención
aquí también de la riqueza que tienen estos grupos espontáneos
donde se agrupan niños de diferentes edades. El intercambio
en estos casos es mucho mayor y por ello también los aprendizajes.
Por los diferentes niveles de maduración los niños van aprendiendo
otras cosas, conceptos, modalidades, etc. que en un grupo donde todos los
niños tienen la misma edad y nivel madurativo semejante.
El juego favorece el intercambio
real del pensamiento, creando la necesidad de la tarea grupal. Desde
el punto de vista intelectual, la cooperación educa el espíritu
crítico, la objetividad y la reflexión discursiva.
Desde el punto de vista moral, la cooperación conduce a la moral
autónoma fundada en la conciencia del bien común y en la
aceptación de leyes universales que, preservando la libertad y el
crecimiento individual, aseguran el progreso real de la comunidad.(Radrizzani
Goñi, y González, 1987)
Si observamos el juego de
un niño de aproximadamente un año y medio, podremos observar
sucesivas etapas durante el mismo: una primer aproximación al objeto
nuevo, sucesivas manipulaciones hasta conocerlo un poco mejor y luego podremos
observar cómo el niño juega con el objeto de diversas maneras.
Estamos allí nuevamente frente a un verdadero aprendizaje, sin que
nadie se lo halla propuesto desde afuera ni tampoco el niño como
participante primordial.
Los aprendizajes que pueden
incorporar los niños en el juego son muy amplios y diversos, dependerá
naturalmente del juego que algunos aspectos se desarrollen más que
otros: en lo social, motriz, cognitivo, afectivo-emocional. Cabe
mencionar también el valor psicohigiénico que tiene el juego,
por medio del cual el niño logra resolver situaciones traumáticas
y conflictivas y ampliar así también su propia experiencia
y vivencia (Mogel, 1994).
El juego, como expresión
libre y espontánea de los niños, implica un movimiento externo
e interno, desencadenando una serie de transformaciones de diversos órdenes,
con su consecuente enriquecimiento, aprendizajes que serán mayores
cuanto más posibilidades de juego tengan los niños.
Juegos Tradicionales y Aprendizaje
Con el término “juegos
tradicionales” se definen aquellos juegos que van perdurando de generación
en generación, de abuelos a padres, de padres a hijos manteniendo
su esencia aunque pudiesen manifestar ciertas modificaciones. Son
juegos que se transmiten en forma oral, lo que entre otros aspectos, explica
la fuerza de dichos juegos, como afirma Kishimoto. (Kishimoto, 1994).
Son juegos que se encuentran en numerosas generaciones, con las mismas
reglas y la misma utilización del juego (Trautmann, 1997).
Son juegos que se caracterizan por ser anónimos en cuanto no hay
un autor conocido, si bien se estima el origen de muchos de ellos, se desconoce
sin embargo el autor mismo. Son universales encontrándose
huellas de los mismos en todas partes del mundo, en algunos casos aún
con surgimientos paralelos en lugares totalmente diferentes. Estos
juegos están plasmados de características culturales de los
pueblos, transmitiendo formas de vida, cosmovisiones, creencias y leyendas,
como también lo afirma Lavega Burgués (Lavega Burgués,
1995). Se puede decir que en los juegos de los niños – y agregando,
en los juegos tradicionales infantiles – se esconde un verdadero cosmos
(Richman Beresin, 1995). Esto se incrementa aún más
cuando estudiamos con mayor profundidad los juegos tradicionales y descubrimos
la carga simbólica que se encuentra en todos ellos, referenciando
así una serie de otros valores, más allá de la mera
recreación.
Al estudiar los juegos tradicionales
es importante por lo tanto, no hacer una mirada superficial, dada la riqueza
que esconden todos ellos y cada uno. Es importante rescatar el contexto
en el que se jugaban y se juegan, a fin de rescatar una serie de
valores culturales que estos mismos juegos transmiten. A partir de
una mirada más profunda de estos juegos podremos descubrir importantes
aspectos histórico-culturales de nuestras propias raíces.
Esto también se puede trasladar a los juguetes (o juguetes tradicionales)
que, como afirma Retter, “la historia de los juguetes es parte de la historia
de la cultura del hombre” (Retter, 1979).
Si bien no se conocen los
autores de los juegos, se conocen algunos orígenes que hacen referencia
que estos juegos tienen relación con prácticas ahora abandonadas
por los adultos. “El origen de los juegos es contemporáneo al de
las sociedades. En épocas lejanas, en lugar de ser propiedades
de los niños, constituían el bien personal del mago, del
chamán, que al utilizarlos con fines religiosos atribuían
su invención y su primer uso a los dioses. Desechados por
el sacerdote para sus prácticas, en lugar de extinguirse cambiaron
de destino y emprendieron un nuevo rumbo. (...) Después quedaron
relegados a juegos de los hombres, luego de las mujeres y finalmente de
los niños.” (Plath, 1998) Retter en su exhaustiva investigación
sobre el juego y los juguetes cita a diferentes autores que expresan que
aún en las primeras etapas del desarrollo cultural del hombre las
expresiones culturales del hombre –dentro de lo que se incluyen los juguetes-
no eran únicamente a efectos religiosos, sino que en todos los tiempos
estuvo también al servicio del juego y del esparcimiento.
De esto concluye que la teoría de que la función de los juguetes
haya aparecido en sus comienzos en relación a cultos religiosos
pareciera ser una de las fuentes de origen de los juguetes (Retter, 1979).
Esto hace referencia a la importancia que el juego, y en este caso el juego
tradicional, ha tenido para el hombre en tiempos pasados, y vale destacar
aquí, no sólo para el niño sino también y en
algunos casos especialmente para el adulto.
El juego tradicional es
un tipo de juego espontáneo, libre, donde ante todo está
el placer de jugar. El único fin que tienen estos juegos es
la placer y la necesidad de juego de los niños. En líneas
generales se puede afirmar también que estos juegos se caracterizan
porque:
? son jugados por los niños
por el mismo placer de jugar. Son los mismos niños quienes
deciden cuándo, dónde y cómo se juegan
? responden a necesidades
básicas de los niños
? tienen reglas de fácil
comprensión, memorización y acatamiento. Las reglas
son negociables
? no requieren mucho material
ni costoso
? son simples de compartir
? practicables en cualquier
momento y lugar
Uno de los puntos más
importantes a rescatar es que estos juegos responden a necesidades básicas
de los niños. Primero y ante todo, el placer y la necesidad
de jugar. “Los juegos tradicionales son indicados como una faceta –aún
en niños de ciudad- para satisfacer necesidades fundamentales y
ofrecer formas de aprendizaje social en un espectro amplio.”(Trautmann,
1997)
Pero, ¿cuáles
son los aprendizajes que se pueden dar en los juegos tradicionales?
Primero, y ante todo, repito una vez más, está el placer
de jugar y el aprender a jugar. Porque para participar en juego como
jugador se debe haber aprendido a jugar lo que implica poder permanecer
en el juego en el mismo nivel que los demás jugadores. Esto
es un aprendizaje que se va dando paulatinamente desde que el niño
nace, donde en un comienzo de su desarrollo evolutivo está imposibilitado
para jugar un juego de grupo, por ejemplo.
Otro aspecto importante
de aprendizaje son las reglas. Todos los niños que quieran
participar de estos juegos se deben “plegar” a las reglas de común
acuerdo, y también a las modificaciones que deseen hacer.
Esto implica que, dado que la mayoría de estos juegos son grupales,
deberá haber un consenso entre todos, sin que uno sólo pudiese
imponerse sobre los demás muy fácilmente. Si bien estos
juegos tienen cada uno su regla preestablecida, puede haber diferentes
versiones, sobre las que haya que ponerse de acuerdo previamente o también
un mismo juego puede jugarse de diferentes maneras, para lo cual deberán
escoger primeramente cuál es el tipo de juego que desean jugar.
Esto implica de alguna manera, que, no sólo los niños aprenden
a convivir en el grupo aceptando las reglas entre todos y llegando a diferentes
acuerdos, sino que esto es también un notable ejercicio de su libertad:
eligen participar o no, de una manera o de otra, compartir un juego con
otros niños, permanecer bajo ciertas condiciones o quedarse fuera
del juego – por propia elección-. Para ello requieren poner
en funcionamiento importantes aspectos necesarios para un óptimo
aprendizaje: analizan diferentes posibilidades, elaboran estrategias, planifican
y construyen diferentes planos y modos del proceso lúdico. Esto
conduce a un importante aprendizaje social, en cuanto convivencia con un
grupo de niños que puede ser similar o diferente a cada uno y donde
a su vez pueden llegar a participar niños de diferentes edades,
lo que implica también distintas modalidades de emprender una actividad.
Muchos de estos juegos van
acompañados de cánticos, rimas u otras expresiones verbales,
lo que favorece también el desarrollo del lenguaje en los niños,
que deberán adaptarse a dichas expresiones. En esto también
se encuentran diversas versiones, según la zona, el país,
etc. por lo cual pueden surgir intercambios culturales interesantes en
algunos casos. Este es un aspecto muy característico también
de estos juegos, siendo que por un lado se encuentran en todas las culturas
y por otro, varían las denominaciones y el modo de juego según
la zona, según el país. Esto lleva a que, en un ámbito
donde conviven diferentes culturas, como se da en algunos países
o, por ejemplo, en algunas grandes ciudades y barrios de determinadas ciudades,
los grupos de juego sean precisamente multiculturales. Es allí
donde se produce un intercambio y enriquecimiento en este aspecto por la
versión que cada niño pueda traer al grupo. Muy ligado
al tema del lenguaje en los juegos tradicionales, está el aprendizaje
del ritmo, que tanto se da en los cánticos, rimas, formas de contar,
etc. Ritmo que no sólo es verbal, sino que en ocasiones está
acompañado por movimientos corporales acordes.
En relación con lo
mencionado anteriormente, el aprendizaje y desarrollo motriz es otro aspecto
característico de muchos de estos juegos, que son de movimiento,
que implican un claro aprendizaje y con ello manejo del cuerpo, de inhibición
de movimientos, manejo de velocidad, en algunos casos coordinación
óculo-manual y ojo-pie, motricidad fina en juegos de habilidad.(De
Lanuza, 1980)
En algunos casos de estos
juegos, especialmente aquellos relacionados con cuentos, mitos y leyendas,
los niños desarrollan la fantasía a partir de personajes
y situaciones diferentes a la vida cotidiana pero posibles de trasladar
a la misma, previa reelaboración.
Todos estos juegos son transmitidos
de generación en generación, como ya mencionamos anteriormente,
de abuelos a padres, de padres a hijos. Esto lleva a una importante
comunicación generacional lo que significa un aprendizaje de respeto
de adultos, teniendo en cuenta que al percibir los niños que sus
padres y abuelos y otros antepasados han jugado ya estos juegos, llegan
a un acercamiento notable por estar – a través del juego- en un
mismo nivel de “lenguaje”, por así llamarlo, hay un tema en común,
que sobre todo es totalmente cercano a los niños.
Más allá de
los aprendizajes posibles en estos juegos que he mencionado más
arriba, podemos analizar algunos ejemplos concretos, donde se especifiquen
algunos puntos más. En cada uno de los juegos ejemplificados
a continuación, se agrega una breve explicación histórica-folklórica
del juego, donde se evidencia la riqueza de los mismos desde el punto de
vista cultural.
Tomemos como primer ejemplo
la mancha, que tiene su origen en el antiguo derecho de los criminales
perseguidos de asilarse en iglesias, que al entrar en una iglesia clamaban
“a la iglesia me llamo” y sólo podían ser extraídos
con licencia especial de autoridades eclesiásticas (Plath, 1998).
La mancha tiene diferentes variaciones posibles de jugarla e incluso de
inventar nuevas posibilidades, así por ejemplo, están: mancha
venenosa, mancha sentada, mancha pared, mancha congelada (Öfele, 1998).
Aprendizajes: desarrollo
de la motricidad gruesa al correr en un espacio amplio, inhibición
adecuada de movimientos al frenarse en el momento de tener que “manchar”
a otro jugador o al ser manchado y tener que adoptar alguna posición
especial, aceptación de reglas que implican un cambio adaptativo
importante en el momento de ser manchado y pasar a ser mancha o formar
parte del grupo de los manchados, o sea, una buena adecuación al
cambio repentino, cooperación social al “salvar” al manchado.
En cuanto a juegos de pelota
que corresponden a los juegos más antiguos, con hallazgos
entre los antiguos egipcios y chinos, teniendo en Europa antigua
relaciones estrechas con el culto y considerada también como un
juego eminentemente cósmico (Öfele, 1998), podemos jugar una
multiplicidad de juegos y crear otros, tanto entre pocos niños como
conformando equipos más numerosos. En esto, la gama es muy
amplia, incluso si consideramos los diferentes materiales –y tamaños
- de los cuales podemos confeccionar noosotros mismos la pelota, o adquirirla
en algún lugar (de trapo, papel, goma, cuero, plástico).
Aprendizajes: coordinación
ojo-mano y ojo-pie, según se juegue lanzando con las manos o con
los pies, coordinación rítmica con los compañeros
en algunos juegos por ejemplo de lanzamiento de varias pelotas simultáneas,
desarrollo de la motricidad, atención y concentración para
seguir el recorrido de la pelota y poder atajarla si fuese necesario, cooperación
social dado que en un juego de pelota grupal –sea cual fuese- el jugador
deberá compartir la misma con otros sin retenerla en sus manos constantemente.
El trompo, lleno de simbología
y al cual se le atribuyeron diferentes características mágicas,
es un juguete y un juego con variadas posibilidades. Los indios hopi
prohibían este juego a los niños y niñas durante las
tormentas de verano, porque temían que con el juego los niños
podrían estropear inútilmente la cosecha al atraer con el
trompo espíritus del viento. En India, por el contrario, en
una zona donde las lluvias eran escasas, estas energías mágicas
del trompo eran utilizadas positivamente: se dejaban danzar trompos dado
que el zumbido de los mismos atraerían así la lluvia, asemejándose
al ruido de los truenos en la lejanía. En Malasia, por otro lado,
sólo se permitía jugar en primavera, coincidentemente con
la época de siembra (Holler, 1989). El trompo puede tener diseños
variados, con púas de diferente largo, siendo los conos también
diferentes pudiendo ser chatos, con o sin cordel. Hay diversos juegos
que se pueden organizar con el trompo, según también sea
el modelo y la cantidad de participantes, trazando incluso recorridos y
mapas para los trompos. En Malasia se organizan torneos entre equipos
integrados por adultos, con una reglamentación detallada.
Aprendizajes: coordinación
ojo-mano, atención y concentración para seguir el recorrido
del trompo y poder levantarlo en el momento adecuado, nociones de medición
y orientación espacial para poder lanzar el trompo dentro de un
espacio limitado.
Las interpretaciones del
juego de la rayuela y sus orígenes son varias, pero en algunos casos
están relacionados. Rodrigo Caro menciona la presencia de
este juego en Roma y la señora de Gomme cree ver en el antiguo foro
romano las líneas borrosas de los trazados de las antiguas Rayuelas,
también hay datos que refieren la presencia de este juego en la
antigua Grecia. La señora de Gomme considera que la rayuela
representaría el avance del alma de la tierra al cielo, pasando
por varios estadios intermedios. Pero como autores como Rodrigo Caro
consideran que el juego existió ya antes del Cristianismo, se supone
que la versión del juego actual responde a una forma adaptada por
el cristianismo, estando su origen más remoto en estrecha relación
con los mitos del laberinto (Menéndez, 1963). Si bien el diagrama
básico de la rayuela siempre se mantiene, hay algunas variantes.
Básicamente son siempre un rectángulo dividido en una cantidad
que oscila entre 9 y 16 casilleros, coronado por un semicírculo
(que se denomina Cielo o Paraíso) que es el objetivo último
de todos los jugadores. Pero también existen la rayuela circular
o víbora, que adquiere este nombre justamente por la forma.
Aprendizajes: coordinación
motriz e inhibición de movimiento, equilibrio para mantenerse durante
un tiempo en un solo pie, coordinación ojo-mano para lanzar el tejo
y que caiga en el recuadro correspondiente, noción de secuencia
para continuar correctamente el juego, orientación espacial y medición
de velocidad, nociones métricas para organizar el diseño
de juego.
Las bolitas: según
algunos estudios tienen su origen en las eras postneolíticas.
Se han encontrado bolitas en tumbas infantiles de la zona del Nilo.
También se encontraron bolitas en excavaciones del tiempo de las
cavernas.
Juego: hay numerosos juegos
diferentes. En algunos casos hay hoyitos en donde hay que ir embocando
las bolitas, en otros casos se trazan triángulos o círculos
en el piso y cada jugador trata de sacar fuera del campo a las bolitas
del adversario.
Aprendizajes: motricidad
fina, coordinación ojo-mano, requieren mucha precisión en
estos dos aspectos porque las bolitas se toman de una manera muy precisa
entre tres dedos y en la mayoría de los juegos se busca que la bolita
llegue a un determinado lugar, ubicación espacial, tolerancia a
cierto nivel de frustración dado que al final del juego se pueden
perder todas las bolitas, pero sabiendo que en el próximo juego
se pueden llegar a ganar, nociones métricas para organizar algunos
juegos.
El saltar la cuerda ya fue
una práctica de agilidad que recomendaba el médico
griego Hipócrates (460-377 a. C.).
El juego consiste en una
soga más bien larga que agitan dos niñas una en cada extremo
dando vueltas. Las otras saltan por encima y por debajo de ellas.
Generalmente se acompañan de cantos. Hay diversas variantes: culebrita,
diversas velocidades para agitar la soga, también se juega individualmente.
Aprendizajes: motricidad
en general, ritmo con el cuerpo dado que si se pierde el ritmo al saltar
queda fuera de juego, coordinación y equilibrio, inhibición
de movimiento en el momento de parar de saltar, manejo de diferentes velocidades
con el cuerpo.
Escondidas: en la antigua
Grecia se lo conocía con el nombre de la huida. En el siglo
XVI se encuentra citado en Memorial de un pleito con el nombre de sal salero,
vendrás caballero. El hecho de buscar un sitio oculto, secreto,
tiene cierta atracción, una intención lúdico-amorosa
infantil. Se juega en grupos o en parejas, de día o a oscuras
(cuarto oscuro, siendo la mayoría que se esconde y uno de ellos
tiene que buscarlos, para lo cual previamente tiene que contar hasta un
cierto número para darle tiempo a los demás de esconderse.
Aprendizajes: noción
numérica y de secuencia, habilidad mental para esconderse en lugares
donde no sea fácil encontrarlo, inhibición de movimiento
y en ocasiones equilibrio para permanecer en el escondite durante un tiempo
prudencial, orientación espacial, anticipación temporal en
cuanto que al terminar de contar los demás ya deben estar escondidos,
imaginación para esconderse y para buscar en lugares poco esperables.
Estos juegos sirven como
ejemplo, evidenciando los múltiples aprendizajes posibles que espontánea
y libremente se dan en los niños. Al respecto, es interesante la
postura de una psicopedagoga costaricense quien postula una relación
casi directa entre juegos tradicionales y aprendizaje de la escritura,
aduciendo que los problemas que los niños puedan manifestar allí,
tienen su origen –aunque sea en parte- en el olvido de los juegos tradicionales.
Su postura se basa especialmente en todo el desarrollo de la motricidad
fina que favorecen especialmente algunos juegos tradicionales (Minsky Acosta,
1996).
Los aprendizajes aquí
mencionados son inherentes a los juegos y se dan naturalmente en el mismo
proceso lúdico. Los niños no eligen estos juegos por
determinados aprendizajes sino por el placer que les da el mismo juego.
Es importante remarcar la naturaleza libre y espontánea de los juegos
tradicionales, no pudiendo por lo tanto “pedagogizarlos”. Pero sí
queda abierta la posibilidad de brindar un espacio dentro del ámbito
institucional a fin de posibilitar la expresión libre de estos juegos,
permitiendo así recrear una serie de valores, que de lo contrario
corren el riesgo de perderse.
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