About Project
Main Page of the Games
Main Page of the Rhymes
Children Customs
Each of us was a child once...
Resources
Games list
Teachers and students involved in the project
Main Page of the project
 
Juegos tradicionales y aprendizaje
By María Regina Öfele <[email protected]>
South America Representative of Austrian Institute for Research in Play and Games, Argentina


Acerca del juego

Antes de introducirnos en el concepto de juego tradicional, deberíamos comenzar con una aproximación al juego, con las complicaciones que este tema y sus definiciones trae consigo.
Todos tenemos del juego alguna idea más o menos acabada, podríamos hasta ensayar alguna aproximación basada ya sea en nuestras vivencias infantiles, juveniles y adultas, ya sea en alguna lectura que hayamos hecho sobre el tema.  Este fenómeno es tan inherente al hombre, que todos hemos tenido alguna experiencia aunque sea mínima, si bien, en la mayoría de los casos –y por lo menos en cuanto a la infancia se trata- bastante más que mínima.  Cuando le preguntamos a alguien sobre el juego, inmediatamente se remonta a un tiempo y espacio diferente, recordando una serie de vivencias positivas y aún negativas.  No hay hombre sin juego ni juego sin el hombre.  Las características de lo juegos que hemos jugado podrán ser diferentes, de intensidades diversas, de momentos evolutivos distintos, pero aún así podremos encontrar elementos en común, más allá de nuestra cultura.  El juego es aquella dimensión del hombre que lo remonta a un mundo diferente, con otras reglas, donde se muestra la esencia de cada uno de nosotros, sin máscaras ni caretas, donde todo – o casi todo – se puede, es el sueño hecho realidad, todo se transforma según nuestro deseo y el hombre se remonta a lo más profundo de su ser.
Muchos teóricos, representantes de las más diversas disciplinas, han intentado definir el juego, encontrándose con las consecuentes limitaciones al pretender encerrar en pocas palabras una dimensión casi inabarcable del ser humano.  Así podremos encontrar posturas psicológicas, pedagógicas, filosóficas, biológicas, históricas, antropológicas, etc.  En cada una de ellas hallaremos una óptica del juego, pero que no deja de ser una óptica parcial.  En relación a esto Buland escribe : “El concepto de juego, como objeto de la investigación científica del juego no debe ser definido, debería permanecer siendo un concepto precientífico.”(Buland, 1996) Y más adelante continúa: “ La pregunta por la esencia del juego lleva a una cortada, contrariamente sería mucho más rico, agrupar los juegos y preguntar por semejanzas.”(Buland, 1996)
A pesar de ello igualmente podremos hallar puntos en común que se pueden hallar prácticamente en todas las expresiones lúdicas.  Se podría sintetizar de alguna manera que es un fenómeno/una actividad que transcurre en un tiempo y espacio diferente al de la vida cotidiana, tiene reglas propias y se desarrolla en un “como sí”.  Otro aspecto importante es la libertad, entendida la misma desde una actividad “libremente” aceptada, libertad en tanto y en cuanto el jugador elige jugar o no, y elige el tema y material de juego.   Tanto el “como sí”, como la libertad, fueron aspectos cuestionados por otros investigadores más modernos.  Diferentes investigadores postulan al respecto que, mientras el niño está jugando y en su juego transformó objetos de la realidad en objetos de fantasía estos últimos “son” estos otros objetos con su significación real para el niño. 
En relación a la libertad en el juego, Buland en una de sus últimas investigaciones (Buland, 1997) desarrolla todo un análisis respecto de este punto, donde entre otros, cuestiona la libertad de decisión de participar en un juego, hecho que por otros autores se da de alguna manera por supuesto.   Luego de un exhaustivo análisis este autor propone una clasificación de los juegos según los momentos de libertad que se abren dentro del juego, respondiendo la pregunta “¿Dónde exactamente está la libertad del sujeto que juega?”. 
De cualquier manera, más allá de estos cuestionamientos de algunos autores, las diferentes definiciones del juego coinciden en los aspectos arriba mencionados.  Así podemos decir que el juego es parte de nuestra realidad y en su carácter más profundo es al mismo tiempo algo diferente.  El juego no tiene el grado de fijación y no tiene las ataduras de nuestra vida seria.  El juego es más libre, más pasajero, es abierto en su tendencia.  El juego es el límite incierto de nuestra realidad.  El juego une realidad y posibilidad.  Es un área intermedia del hombre, en el que se forman nuevas realidades y las realidades antiguas se pueden desvanecer.  El juego es un motor para la extensión del hombre en lo material como en lo espiritual.  El juego no se limita a una actividad lúdica determinada.  Aparece mucho más en todas las actividades del hombre: desde el juego de pensamiento a través de un jugueteo previo a una acción hasta la conducta lúdica en las situaciones serias de la vida.(Fritz, 1992) Lavega se expresa así: “En ese complejo universo de relaciones y de manifestaciones socioculturales, el juego ha de entenderse como una realidad que a pesar de su intrascendencia, gratuidad y espontaneidad, aparece como un espejo revelador de sus protagonistas.  La persona cuando juega verdaderamente, es decir, cuando participa de una práctica lúdica reglamentada olvidándose de todo el resto de actividades “racionales” y “serias” que constituyen parte de su vida cotidiana más formal, acostumbra a mostrarse tal como es, sin usar máscaras ni vestimentas artificiales más propias de otros escenarios más “serios”.  El lenguaje del juego universal y a la vez singular en cada geografía y época histórica muestra en cada momento la combinación de la ontogénesis con la filogénesis lúdica, ya que si cada individuo  es capaz de “inventar” o improvisar una aventura lúdica original, ésta se apoya en los cimientos de la evolución de todo lo que ha venido generando el colectivo humano al que pertenece.”(Lavega Burgués, 1996)
Las diferencias se basan también desde el ángulo en que se esté estudiando el fenómeno lúdico.  Así por ejemplo, desde el estudio antropológico “el juego es una actividad en la que no sólo se proyectan cosmovisiones colectivas bien establecidas, sino que además, refiere a otros mundo posibles en lo simbólico, expresivo e imaginario”, como lo expresa Dupey en su reciente publicación (Dupey, 1998).  Así para la psicología evolutiva el juego es visto como parte del desarrollo evolutivo del niño que se manifiesta en las diferentes formas de expresión lúdica. Para el psicoanálisis el juego es una instancia intermedia entre el inconciente y el conciente, entre principio de realidad y principio de placer. La pedagogía ve en el juego un instrumento para transmitir conceptos, valores, conocimientos diversos.  Para la fenomenología el juego es un fenómeno original, poniendo el acento en el carácter libre de objetivo del juego.  Estos son algunos ejemplos de las diferentes ópticas que podemos encontrar en el análisis del juego.
Las teorías más antiguas con algunos de sus autores como Spencer, Lazarus, Groos, etc., dan cuenta también de la importancia que ha tenido el juego en el pasado siendo objeto de estudio de tantos investigadores. 
Pero investigaciones históricas sobre el juego y los juguetes, muestran aún más la significación que este fenómeno aporta al hombre, a la sociedad y a la cultura.  Se han encontrado elementos referidos al juego y a los juguetes de tiempos muy antiguos, incluso desde antes de Cristo.  Elementos que refieren diferentes simbologías e importancia para el hombre en dichas épocas.  Así por ejemplo se han encontrado tableros de juego en las sepulturas de reyes en Ur de la época del 2500 a.C. (Glonnegger, 1996) El hecho de haber encontrado numerosos juegos en tumbas de altas personalidades, por ejemplo, hace referencia a que se les daba a los muertos como entretenimiento y esparcimiento en el viaje al más allá (Glonnegger, 1996).  A través de los diferentes estudios y análisis históricos se pueden ver las diferentes dimensiones y grados de importancia sociocultural por a que atraviesa el juego (y los juguetes), así como también las manifestaciones y expresiones lúdicas diversas en cada una de las épocas desde la antigüedad hasta la actualidad.
La importancia del juego en diferentes sectores sociales y épocas, ha tomado tal envergadura, que hasta hubo juegos que han sido prohibidos por las autoridades que gobernaban. De cualquier manera si de prohibiciones de juego se trata, no hay que remontarse únicamente al pasado.  Hoy día, y especialmente en instituciones educativas también encontramos prohibiciones de juego, y no precisamente de juegos de azar.  Si bien por un lado se ponderan las bondades del juego y especialmente de los juegos infantiles, por el otro, encontraremos una serie de juegos prohibidos.  Al respecto Pavía, quien investiga en el sur de la Argentina el juego popular en los patios escribe: “... muchos maestros consultados por nosotros sostienen que en sus escuelas ‘no existen juegos prohibidos’.  Admiten sí, restricciones en ciertas actividades, generalmente fundadas en razones de seguridad e higiene.  Sus alumnos, en cambio, suelen recitar con total seguridad la lista de juegos no permitidos en la escuela.  La única y esencial diferencia radica aquí en que para los chicos, esos que están prohibidos son sin lugar a dudas, juegos; mientras que para los maestros eso que está prohibido lo está, precisamente, porque desde su óptica no son juegos. ‘En mi escuela –textual- no hay juegos prohibidos y lo que está prohibido no son juegos’”(Pavía, 1994).
La importancia del juego y los juguetes está ligada también a la naturaleza, siendo que muchos juegos se jugaban en determinados momentos y no en otros, como por ejemplo en época invernal o primaveral con el fin de actuar o influenciar a través de los juegos determinados fenómenos naturales.  Se puede mencionar, por ejemplo, el juego del trompo para asegurar una buena cosecha, las muñecas que simbolizan la fertilidad femenina y se les regalaba a las jóvenes con tal fin. Otros juegos estaban estrechamente relacionados con la divinidad y tenían un alto contenido simbólico (juegos de pelota, por ejemplo), donde, a través de poner en práctica determinadas expresiones lúdicas, determinadas jugadas o partidas, se buscaba influenciar o agradar a los dioses, estando por lo tanto estos juegos estrechamente ligados a rituales (Öfele, 1999).
Podemos concluir, entonces, luego de este rastreo, y más allá de la postura teórica desde donde se enfoque el juego, que éste es un fenómeno inherente al ser humano, que lo “acompaña” durante toda la vida.  No hay persona humana sin juego y no hay juego sin el hombre.  El fenómeno lúdico ha estado presente desde el hombre primitivo hasta la actualidad, adoptando en ocasiones modalidades diferentes, pero ha tenido siempre un espacio y un tiempo importante para el hombre.  Así lo demuestran numerosos documentos y hallazgos encontrados en la actualidad.
 

Juego y Aprendizaje

Son numerosos los autores que ya han escrito sobre la relación del juego y el aprendizaje, desde la antigüedad hasta la actualidad.  En relación a ello podemos citar a Platón que en Las Leyes ya considera la importancia del juego infantil para formar ciudadanos perfectos, relacionándolo especialmente con el respeto a las reglas de juego.  Alrededor del juego y el aprendizaje se han postulado diferentes teorías dando diversos grados de importancia al vínculo entre ambos aspectos.  En consecuencia hubo diferentes teorías que han comenzado a incluir el juego en el ámbito educativo formal, dándole un marco más sistematizado y organizado.
A su vez han surgido diferentes corrientes de juegos y juguetes didácticos buscando orientar el juego hacia fines pedagógicos y de aprendizaje, lo que ha sido cuestionado también por muchos autores, especialmente aquellos defensores del juego libre de objetivos, considerando que, al utilizar un juego o un juguete con un fin determinado, ya no se puede considerar dicha actividad como juego.
Pero si consideramos el juego libre como tal, al juego que surge espontánemente en un grupo, aquel juego que un niño o un grupo de niños elige, organiza y recrea libremente, dirigiéndolo ellos mismos y dándole por lo tanto el rumbo que desean, podemos descubrir una variedad importante de aprendizajes.
El juego es uno de los primeros lenguajes del ser humano.  El niño pequeño deambula por su medio creando e inventando juegos, conectándose a través de expresiones lúdicas.  A través del juego se van comunicando con el otro, con los otros y con el medio.  A medida que va creciendo sus juegos se van complejizando y sus posibilidades de conocimiento se van ampliando.  Así también lo expresa Hetzer (1978) al referirse al juego como contenido principal de la vida de los niños en determinadas etapas evolutivas.
“Para el jugador (y para el juego) todo es posible: cada cosa puede ser múltiples cosas.  Para el niño, basta querer que sea y la cosa es lo que se desea.  El juego es el reino de la imaginación, donde no hay imposibles. Todo es posible. Es el reconocimiento de la dimensión ilimitada del hombre y del mundo” (Sepúlveda Llanos, 1999).  El juego es hechizo, representación de lo Diferente, anticipación de lo que viene, negación de la realidad que pesa (Rahner, 1990) y en ese contexto podemos deducir, por lo tanto, una multiplicidad de transformaciones como resultado, transformaciones que enriquecen al niño y al hombre en general, transformaciones que se traducen en aprendizajes.
Muchos son aún los preconceptos, los prejuicios que se observan en el mundo adulto respecto del juego, en cuanto es considerado valioso únicamente como pasatiempo, válido para determinadas edades (primeros años y no mucho más), o en determinadas ocasiones excepcionales como puede ser en un contexto especial como por ejemplo,  una fiesta.  Pero en demasiadas ocasiones, más allá del permiso para el juego que el/los adultos puedan otorgar, no es considerado el juego como una actividad donde las personas que participan –los jugadores- realmente estén aprendiendo “algo”, más allá de qué, o que el juego sea considerado una actividad seria.   La excepción puede estar dada en ocasiones en los llamados “juegos didácticos”, donde de alguna manera se “disfraza” la actividad específica de aprendizaje en un contexto más lúdico, se “pedagogiza” el juego, obteniendo no siempre los resultados que se desean.
En cuanto a la relación de juego y aprendizaje, se pueden distinguir en principio tres posturas básicas en algunos autores (Walter, 1993) que discuten la relación entre ambos fenómenos:
1) Jugar y aprender como procesos coherentes, donde el juego siempre lleva a un aprendizaje y por lo tanto no hay juego sin aprendizaje, postura defendida por EInsiedler.
2) El juego y el aprendizaje son estructuralmente diferente, donde en el juego se juega y no se aprende, como lo expresa Piaget y Berlyne.
3) El juego es acompañado por aprendizaje cuando se dan las condiciones para un verdadero juego, considerado por Röhrs y Sutton-Smith.
Pero más allá de las diferencias que manifiesten estas tres posturas, no se puede negar que siempre algo se aprende al jugar, si bien esto no está claro para el jugador.
En el juego ante todo está el placer de jugar,  en el juego el niño en primer lugar aprende a jugar.  Aprende la agilidad, los modos de comportamiento, técnicas, improvisaciones, sistemas sociales que se requieran para las diferentes formas de juego.  Se adapta a una forma de vida que es imprescindible para la humanidad y para la afirmación del hombre dentro de límites de un sistema y que le ayudan a mantener espacios de libertad y felicidad en un mundo de rendimiento y constante búsqueda de objetivos no siempre accesibles.(Flitner, 1986)  En el juego el niño combina acción y pensamiento, y a través del juego encuentra satisfacción y se siente exitoso.  El juego toca todos los aspectos de la vida; a través del juego el niño aprende a vivir (Westland y Knight, 1982).
En el juego el niño aprende el juego mismo, sus formas de funcionamiento, sus reglas más o menos complejas.  En el juego el niño aprende a establecer comunicaciones de juego con los otros y relacionarse de una forma diferente –de jugador a jugador-.  Las posibilidades de aprendizaje a través del juego libre y espontáneo son múltiples, dependiendo del tipo de juego, el grupo que participa, etc.   Es importante remarcar aquí que en este tipo de juego, elegido por el niño o el grupo no hay ningún tipo de objetivo previo más que el sólo hecho de jugar.  Todos los otros objetivos que uno desde afuera pudiese “leer”, observar o deducir, son secundarios y de ninguna manera propuestos por los niños.  Estos aprendizajes en el juego, son “intrínsecos” al juego y al jugador mismo.
Veamos un ejemplo: dos niñas A (5 años) y B (7 años) (que no se conocen entre sí) llegan a una plaza.  En un comienzo cada una juega por su lado, A había traído balde, pala y otras formas para jugar en la arena, que en ese momento no utiliza porque se hamaca.  B se acerca y pide a la madre jugar con esos elementos.  Al tiempo, A se va de la hamaca y comienza a jugar también con sus juguetes para la arena. Comienzan a entablar un diálogo y a programar un juego de búsquedas de tesoros.  B dirige a A durante todo el tiempo, diciendo dónde juegan, qué recorrido hacer, qué modificaciones hay dentro del juego.  B acepta sugerencias e intervenciones de A pero sigue dirigiendo claramente el juego (lo cual es aceptado sin inconvenientes por A).  Luego de un período considerable de juego se acerca otra niña C (7 años) y pide permiso para integrarse al juego, lo cual le es concedido.  Continúa la temática del juego, pero comienzan a notarse fricciones entre B y C, permaneciendo A aliada a B.  B continúa intentando dirigir el juego del grupo, lo cual no siempre consigue, logrando sin embargo durante un tiempo que A se siga plegando y C no.  Luego de un tiempo de juego en común de las tres participantes, B le dice claramente a C: “Vos no mandás, yo mando”.  Luego de un breve momento B se aísla y C continúa jugando con A, quien comienza a aliarse a C.  A continuación B intenta algunas intervenciones, pero no siempre es escuchada.  Finalmente B se retira de la plaza con su madre (por pedido de la madre, que es independiente de la situación de juego).  B no quiere saludar  a A y C, por estar peleada con las otras dos jugadoras, pero finalmente –a pedido de su madre- se despide de A y C.
De esta escena podremos concluir varios aprendizajes tanto de A, B y de C.  El aprendizaje quizá más obvio es el de B, quien después de este momento aprendió que no siempre puede ser líder en un grupo de juego, debiendo “ceder terreno” a otro niño.
En muchas ocasiones se puede observar también cómo los niños van incorporando conceptos y modalidades de los demás, ya sea términos, formas de conducta, modalidades de juego, modos de relacionarse con los otros niños, etc.  En ocasiones mantienen luego estos cambios y en otras los desechan por no serles útiles.
Cabe hacer mención aquí también de la riqueza que tienen estos grupos espontáneos donde se agrupan niños de diferentes edades.   El intercambio en  estos casos es mucho mayor y por ello también los aprendizajes.  Por los diferentes niveles de maduración los niños van aprendiendo otras cosas, conceptos, modalidades, etc. que en un grupo donde todos los niños tienen la misma edad y nivel madurativo semejante.
El juego favorece el intercambio real del pensamiento, creando la necesidad de la tarea grupal.  Desde el punto de vista intelectual, la cooperación educa el espíritu crítico, la objetividad y la reflexión discursiva.  Desde el punto de vista moral, la cooperación conduce a la moral autónoma fundada en la conciencia del bien común y en la aceptación de leyes universales que, preservando la libertad y el crecimiento individual, aseguran el progreso real de la comunidad.(Radrizzani Goñi, y González, 1987)
Si observamos el juego de un niño de aproximadamente un año y medio, podremos observar sucesivas etapas durante el mismo: una primer aproximación al objeto nuevo, sucesivas manipulaciones hasta conocerlo un poco mejor y luego podremos observar cómo el niño juega con el objeto de diversas maneras.  Estamos allí nuevamente frente a un verdadero aprendizaje, sin que nadie se lo halla propuesto desde afuera ni tampoco el niño como participante primordial. 
Los aprendizajes que pueden incorporar los niños en el juego son muy amplios y diversos, dependerá naturalmente del juego que algunos aspectos se desarrollen más que otros: en lo social, motriz, cognitivo, afectivo-emocional.  Cabe mencionar también el valor psicohigiénico que tiene el juego, por medio del cual el niño logra resolver situaciones traumáticas y conflictivas y ampliar así también su propia experiencia y vivencia  (Mogel, 1994).
El juego, como expresión libre y espontánea de los niños, implica un movimiento externo e interno, desencadenando una serie de transformaciones de diversos órdenes, con su consecuente enriquecimiento, aprendizajes que serán mayores cuanto más posibilidades de juego tengan los niños.

Juegos Tradicionales y Aprendizaje

Con el término “juegos tradicionales” se definen aquellos juegos que van perdurando de generación en generación, de abuelos a padres, de padres a hijos manteniendo su esencia aunque pudiesen manifestar ciertas modificaciones.  Son juegos que se transmiten en forma oral, lo que entre otros aspectos, explica la fuerza de dichos juegos, como afirma Kishimoto. (Kishimoto, 1994).  Son juegos que se encuentran en numerosas generaciones, con las mismas reglas y la misma utilización del juego (Trautmann, 1997).  Son juegos que se caracterizan por ser anónimos en cuanto no hay un autor conocido, si bien se estima el origen de muchos de ellos, se desconoce sin embargo el autor mismo.  Son universales encontrándose huellas de los mismos en todas partes del mundo, en algunos casos aún con surgimientos paralelos en lugares totalmente diferentes.  Estos juegos están plasmados de características culturales de los pueblos, transmitiendo formas de vida, cosmovisiones, creencias y leyendas, como también lo afirma Lavega Burgués (Lavega Burgués, 1995).  Se puede decir que en los juegos de los niños – y agregando, en los juegos tradicionales infantiles – se esconde un verdadero cosmos (Richman Beresin, 1995).  Esto se incrementa aún más cuando estudiamos con mayor profundidad los juegos tradicionales y descubrimos la carga simbólica que se encuentra en todos ellos, referenciando así una serie de otros valores, más allá de la mera recreación.
Al estudiar los juegos tradicionales es importante por lo tanto, no hacer una mirada superficial, dada la riqueza que esconden todos ellos y cada uno.  Es importante rescatar el contexto en el que se jugaban y se juegan,  a fin de rescatar una serie de valores culturales que estos mismos juegos transmiten.  A partir de una mirada más profunda de estos juegos podremos descubrir importantes aspectos histórico-culturales de nuestras propias raíces.  Esto también se puede trasladar a los juguetes (o juguetes tradicionales) que, como afirma Retter, “la historia de los juguetes es parte de la historia de la cultura del hombre” (Retter, 1979).
Si bien no se conocen los autores de los juegos, se conocen algunos orígenes que hacen referencia que estos juegos tienen relación con prácticas ahora abandonadas por los adultos. “El origen de los juegos es contemporáneo al de las sociedades.  En épocas lejanas, en lugar de ser propiedades de los niños, constituían el bien personal del mago, del chamán, que al utilizarlos con fines religiosos atribuían su invención y su primer uso a los dioses.  Desechados por el sacerdote para sus prácticas, en lugar de extinguirse cambiaron de destino y emprendieron un nuevo rumbo. (...) Después quedaron relegados a juegos de los hombres, luego de las mujeres y finalmente de los niños.” (Plath, 1998) Retter en su exhaustiva investigación sobre el juego y los juguetes cita a diferentes autores que expresan que aún en las primeras etapas del desarrollo cultural del hombre las expresiones culturales del hombre –dentro de lo que se incluyen los juguetes- no eran únicamente a efectos religiosos, sino que en todos los tiempos estuvo también al servicio del juego y del esparcimiento.  De esto concluye que la teoría de que la función de los juguetes haya aparecido en sus comienzos en relación a cultos religiosos pareciera ser una de las fuentes de origen de los juguetes (Retter, 1979).  Esto hace referencia a la importancia que el juego, y en este caso el juego tradicional, ha tenido para el hombre en tiempos pasados, y vale destacar aquí, no sólo para el niño sino también y en algunos casos especialmente para el adulto.
El juego tradicional es un tipo de juego espontáneo, libre, donde ante todo está el placer de jugar.  El único fin que tienen estos juegos es la placer y la necesidad de juego de los niños.  En líneas generales se puede afirmar también que estos juegos se caracterizan porque:
? son jugados por los niños por el mismo placer de jugar.  Son los mismos niños quienes deciden cuándo, dónde y cómo se juegan
? responden a necesidades básicas de los niños
? tienen reglas de fácil comprensión, memorización y acatamiento.  Las reglas son negociables 
? no requieren mucho material ni costoso
? son simples de compartir
? practicables en cualquier momento y lugar
Uno de los puntos más importantes a rescatar es que estos juegos responden a necesidades básicas de los niños.  Primero y ante todo, el placer y la necesidad de jugar. “Los juegos tradicionales son indicados como una faceta –aún en niños de ciudad- para satisfacer necesidades fundamentales y ofrecer formas de aprendizaje social en un espectro amplio.”(Trautmann, 1997)
Pero, ¿cuáles son los aprendizajes que se pueden dar en los juegos tradicionales?  Primero, y ante todo, repito una vez más, está el placer de jugar y el aprender a jugar.  Porque para participar en juego como jugador se debe haber aprendido a jugar lo que implica poder permanecer en el juego en el mismo nivel que los demás jugadores.  Esto es un aprendizaje que se va dando paulatinamente desde que el niño nace, donde en un comienzo de su desarrollo evolutivo está imposibilitado para jugar un juego de grupo, por ejemplo.
Otro aspecto importante de aprendizaje son las reglas.  Todos los niños que quieran participar de estos juegos se deben “plegar” a las reglas de común acuerdo, y también a las modificaciones que deseen hacer.  Esto implica que, dado que la mayoría de estos juegos son grupales, deberá haber un consenso entre todos, sin que uno sólo pudiese imponerse sobre los demás muy fácilmente.  Si bien estos juegos tienen cada uno su regla preestablecida, puede haber diferentes versiones, sobre las que haya que ponerse de acuerdo previamente o también un mismo juego puede jugarse de diferentes maneras, para lo cual deberán escoger primeramente cuál es el tipo de juego que desean jugar.  Esto implica de alguna manera, que, no sólo los niños aprenden a convivir en el grupo aceptando las reglas entre todos y llegando a diferentes acuerdos, sino que esto es también un notable ejercicio de su libertad: eligen participar o no, de una manera o de otra, compartir un juego con otros niños, permanecer bajo ciertas condiciones o quedarse fuera del juego – por propia elección-.  Para ello requieren poner en funcionamiento importantes aspectos necesarios para un óptimo aprendizaje: analizan diferentes posibilidades, elaboran estrategias, planifican y construyen diferentes planos y modos del proceso lúdico. Esto conduce a un importante aprendizaje social, en cuanto convivencia con un grupo de niños que puede ser similar o diferente a cada uno y donde a su vez pueden llegar a participar niños de diferentes edades, lo que implica también distintas modalidades de emprender una actividad.
Muchos de estos juegos van acompañados de cánticos, rimas u otras expresiones verbales, lo que favorece también el desarrollo del lenguaje en los niños, que deberán adaptarse a dichas expresiones.  En esto también se encuentran diversas versiones, según la zona, el país, etc. por lo cual pueden surgir intercambios culturales interesantes en algunos casos.  Este es un aspecto muy característico también de estos juegos, siendo que por un lado se encuentran en todas las culturas y por otro, varían las denominaciones y el modo de juego según la zona, según el país.  Esto lleva a que, en un ámbito donde conviven diferentes culturas, como se da en algunos países o, por ejemplo, en algunas grandes ciudades y barrios de determinadas ciudades, los grupos de juego sean precisamente multiculturales.  Es allí donde se produce un intercambio y enriquecimiento en este aspecto por la versión que cada niño pueda traer al grupo.  Muy ligado al tema del lenguaje en los juegos tradicionales, está el aprendizaje del ritmo, que tanto se da en los cánticos, rimas, formas de contar, etc.  Ritmo que no sólo es verbal, sino que en ocasiones está acompañado por movimientos corporales acordes.
En relación con lo mencionado anteriormente, el aprendizaje y desarrollo motriz es otro aspecto característico de muchos de estos juegos, que son de movimiento, que implican un claro aprendizaje y con ello manejo del cuerpo, de inhibición de movimientos, manejo de velocidad, en algunos casos coordinación óculo-manual y ojo-pie, motricidad fina en juegos de habilidad.(De Lanuza, 1980)
En algunos casos de estos juegos, especialmente aquellos relacionados con cuentos, mitos y leyendas, los niños desarrollan la fantasía a partir de personajes y situaciones diferentes a la vida cotidiana pero posibles de trasladar a la misma, previa reelaboración. 
Todos estos juegos son transmitidos de generación en generación, como ya mencionamos anteriormente, de abuelos a padres, de padres a hijos.  Esto lleva a una importante comunicación generacional lo que significa un aprendizaje de respeto de adultos, teniendo en cuenta que al percibir los niños que sus padres y abuelos y otros antepasados han jugado ya estos juegos, llegan a un acercamiento notable por estar – a través del juego- en un mismo nivel de “lenguaje”, por así llamarlo, hay un tema en común, que sobre todo es totalmente cercano a los niños.
Más allá de los aprendizajes posibles en estos juegos que he mencionado más arriba, podemos analizar algunos ejemplos concretos, donde se especifiquen algunos puntos más.  En cada uno de los juegos ejemplificados a continuación, se agrega una breve explicación histórica-folklórica del juego, donde se evidencia la riqueza de los mismos desde el punto de vista cultural.
Tomemos como primer ejemplo la mancha, que tiene su origen en el antiguo derecho de los criminales perseguidos de asilarse en iglesias, que al entrar en una iglesia clamaban “a la iglesia me llamo” y sólo podían ser extraídos  con licencia especial de autoridades eclesiásticas (Plath, 1998). La mancha tiene diferentes variaciones posibles de jugarla e incluso de inventar nuevas posibilidades, así por ejemplo, están: mancha venenosa, mancha sentada, mancha pared, mancha congelada (Öfele, 1998). 
Aprendizajes: desarrollo de la motricidad gruesa al correr en un espacio amplio, inhibición adecuada de movimientos al frenarse en el momento de tener que “manchar” a otro jugador o al ser manchado y tener que adoptar alguna posición especial, aceptación de reglas que implican un cambio adaptativo importante en el momento de ser manchado y pasar a ser mancha o formar parte del grupo de los manchados, o sea, una buena adecuación al cambio repentino, cooperación social al “salvar” al manchado.
En cuanto a juegos de pelota que corresponden a los juegos más antiguos, con hallazgos  entre los antiguos egipcios y  chinos, teniendo en Europa antigua relaciones estrechas con el culto y considerada también como un juego eminentemente cósmico (Öfele, 1998), podemos jugar una multiplicidad de juegos y crear otros, tanto entre pocos niños como conformando equipos más numerosos.  En esto, la gama es muy amplia, incluso si consideramos los diferentes  materiales –y tamaños - de los cuales podemos confeccionar noosotros mismos la pelota, o adquirirla en algún lugar (de trapo, papel, goma, cuero, plástico).
Aprendizajes: coordinación ojo-mano y ojo-pie, según se juegue lanzando con las manos o con los pies, coordinación rítmica con los compañeros en algunos juegos por ejemplo de lanzamiento de varias pelotas simultáneas, desarrollo de la motricidad, atención y concentración para seguir el recorrido de la pelota y poder atajarla si fuese necesario, cooperación social dado que en un juego de pelota grupal –sea cual fuese- el jugador deberá compartir la misma con otros sin retenerla en sus manos constantemente.
El trompo, lleno de simbología y al cual se le atribuyeron diferentes características mágicas, es un juguete y un juego con variadas posibilidades.  Los indios hopi prohibían este juego a los niños y niñas durante las tormentas de verano, porque temían que con el juego los niños podrían estropear inútilmente la cosecha al atraer con el trompo espíritus del viento.  En India, por el contrario, en una zona donde las lluvias eran escasas, estas energías mágicas del trompo eran utilizadas positivamente: se dejaban danzar trompos dado que el zumbido de los mismos atraerían así la lluvia, asemejándose al ruido de los truenos en la lejanía. En Malasia, por otro lado, sólo se permitía jugar en primavera, coincidentemente con la época de siembra (Holler, 1989). El trompo puede tener diseños variados, con púas de diferente largo, siendo los conos también diferentes pudiendo ser chatos, con o sin cordel.  Hay diversos juegos que se pueden organizar con el trompo, según también sea el modelo y la cantidad de participantes, trazando incluso recorridos y mapas para los trompos.  En Malasia se organizan torneos entre equipos integrados por adultos, con una reglamentación detallada.
Aprendizajes: coordinación ojo-mano, atención y concentración para seguir el recorrido del trompo y poder levantarlo en el momento adecuado, nociones de medición y orientación espacial para poder lanzar el trompo dentro de un espacio limitado.
Las interpretaciones del juego de la rayuela y sus orígenes son varias, pero en algunos casos están relacionados.  Rodrigo Caro menciona la presencia de este juego en Roma y la señora de Gomme cree ver en el antiguo foro romano las líneas borrosas de los trazados de las antiguas Rayuelas, también hay datos que refieren la presencia de este juego en la antigua Grecia.  La señora de Gomme considera que la rayuela representaría el avance del alma de la tierra al cielo, pasando por varios estadios intermedios.  Pero como autores como Rodrigo Caro consideran que el juego existió ya antes del Cristianismo, se supone que la versión del juego actual responde a una forma adaptada por el cristianismo, estando su origen más remoto en estrecha relación con los mitos del laberinto (Menéndez, 1963).  Si bien el diagrama básico de la rayuela siempre se mantiene, hay algunas variantes.  Básicamente son siempre un rectángulo dividido en una cantidad que oscila entre 9 y 16 casilleros, coronado por un semicírculo (que se denomina Cielo o Paraíso) que es el objetivo último de todos los jugadores. Pero también existen la rayuela circular o víbora, que adquiere este nombre justamente por la forma.
Aprendizajes: coordinación motriz e inhibición de movimiento, equilibrio para mantenerse durante un tiempo en un solo pie, coordinación ojo-mano para lanzar el tejo y que caiga en el recuadro correspondiente, noción de secuencia para continuar correctamente el juego, orientación espacial y medición de velocidad, nociones métricas para organizar el diseño de juego.
Las bolitas: según algunos estudios tienen su origen en las eras postneolíticas.  Se han encontrado bolitas en tumbas infantiles de la zona del Nilo.  También se encontraron bolitas en excavaciones del tiempo de las cavernas.
Juego: hay numerosos juegos diferentes.  En algunos casos hay hoyitos en donde hay que ir embocando las bolitas, en otros casos se trazan triángulos o círculos en el piso y cada jugador trata de sacar fuera del campo a las bolitas del adversario.
Aprendizajes: motricidad fina, coordinación ojo-mano, requieren mucha precisión en estos dos aspectos porque las bolitas se toman de una manera muy precisa entre tres dedos y en la mayoría de los juegos se busca que la bolita llegue a un determinado lugar, ubicación espacial, tolerancia a cierto nivel de frustración dado que al final del juego se pueden perder todas las bolitas, pero sabiendo que en el próximo juego se pueden llegar a ganar, nociones métricas para organizar algunos juegos.
El saltar la cuerda ya fue una práctica de agilidad que recomendaba  el médico griego Hipócrates (460-377 a. C.). 
El juego consiste en una soga más bien larga que agitan dos niñas una en cada extremo dando vueltas. Las otras saltan por encima y por debajo de ellas.  Generalmente se acompañan de cantos. Hay diversas variantes: culebrita, diversas velocidades para agitar la soga, también se juega individualmente.
Aprendizajes: motricidad en general, ritmo con el cuerpo dado que si se pierde el ritmo al saltar queda fuera de juego, coordinación y equilibrio, inhibición de movimiento en el momento de parar de saltar, manejo de diferentes velocidades con el cuerpo.
Escondidas: en la antigua Grecia se lo conocía con el nombre de la huida.  En el siglo XVI se encuentra citado en Memorial de un pleito con el nombre de sal salero, vendrás caballero. El hecho de buscar un sitio oculto, secreto, tiene cierta atracción, una intención lúdico-amorosa infantil. Se juega en  grupos o en parejas, de día o a oscuras (cuarto oscuro, siendo la mayoría que se esconde y uno de ellos tiene que buscarlos, para lo cual previamente tiene que contar hasta un cierto número para darle tiempo a los demás de esconderse.
Aprendizajes: noción numérica y de secuencia, habilidad mental para esconderse en lugares donde no sea fácil encontrarlo, inhibición de movimiento y en ocasiones equilibrio para permanecer en el escondite durante un tiempo prudencial, orientación espacial, anticipación temporal en cuanto que al terminar de contar los demás ya deben estar escondidos, imaginación para esconderse y para buscar en lugares poco esperables.

Estos juegos sirven como ejemplo, evidenciando los múltiples aprendizajes posibles que espontánea y libremente se dan en los niños. Al respecto, es interesante la postura de una psicopedagoga costaricense quien postula una relación casi directa entre juegos tradicionales y aprendizaje de la escritura, aduciendo que los problemas que los niños puedan manifestar allí, tienen su origen –aunque sea en parte- en el olvido de los juegos tradicionales.  Su postura se basa especialmente en todo el desarrollo de la motricidad fina que favorecen especialmente algunos juegos tradicionales (Minsky Acosta, 1996). 
Los aprendizajes aquí mencionados son inherentes a los juegos y se dan naturalmente en el mismo proceso lúdico.  Los niños no eligen estos juegos por determinados aprendizajes sino por el placer que les da el mismo juego.  Es importante remarcar la naturaleza libre y espontánea de los juegos tradicionales, no pudiendo por lo tanto “pedagogizarlos”.  Pero sí queda abierta la posibilidad de brindar un espacio dentro del ámbito institucional a fin de posibilitar la expresión libre de estos juegos, permitiendo así recrear una serie de valores, que de lo contrario corren el riesgo de perderse.
 

Referencias:

- Buland, R. (1996). Hacia los fundamentos de una investigación de juego.  Definiciones-Sistematización-Metodología.  En HOMO LUDENS, el hombre que juega 1.  Instituto para la Investigación y Pedagogía del Juego-Sede Sudamérica-, Buenos Aires. Pág. 74
- Buland, R. (1997).  Die Einteilung der Spiele nach ihren Freiheitsaspekten.  En HOMO LUDENS VII.  Verlag Emil Katzbichler, München – Salzburg.
- De Lanuza, E.y Perez, C., Ferrando,V.(1980). El juego popular aplicado a la educación.  Editorial Cincel Kapelusz.
- Dupey, A., (1998).  Los secretos del juguete.  Instituto Nacional de Antropología. Buenos Aires, Pág. 9.
- Flitner, A.(1986). Spielen Lernen. Praxis und Deutung in der Grundschule. Piper &Co. Verlag, München
- Fritz, J., (1992). Spiele als Spiegel ihrer Zeit.  Matthias-Grünewald-Verlag, Mainz.
- Glonnegger, E. (1996). Los clásicos juegos de mesa.  En HOMO LUDENS, el hombre que juega 1, Instituto para la Investigación y Pedagogía del juego-Sede Sudamérica-, Buenos Aires.
- Hetzer, H. (1978). El juego y los juguetes. Editorial Kapelusz. Buenos Aires.
- Holler, R., (1989).  Kreisel.  Hugendubel, München.
- Kishimoto, T. (1994). O jogo e a educacao infantil.  Livraria Pioneira Editora.  Sao Paulo.
- Lavega Burgués, P., (1996). El juego popular/tradicional y su lógica externa.  Aproximación al conocimiento de su interacción con el entorno.  Conferencia del 1er. Congreso Internacional de Luchas y Juegos Tradicionales.  Puerto del Rosario-Fuenteventura, España.
- Lavega, P., (1995). En Trigo, Eugenia: El juego tradicional en el curriculum de educación física.  AULA, número 44.
- Menéndez, E., (1963).  Aproximaciones al estudio de un juego: la rayuela (Análisis etnológico).  En Cuadernos del Instituto Nacional de Antropología N° 4, Buenos Aires.
- Minsky Acosta, L. (1996).  Hijos desarrollo.  En La Nación, Revista Dominical.  Costa Rica.
- Mogel, H. (1994). Psychologie des Kinderspiels.  Spirnger-Verlag, Berlin Heidelberg.
- Öfele, M., (1998).  Los juegos tradicionales en la escuela. Primera parte  En Revista Educación Inicial.  Editorial La Obra.  Año 13 Nro. 119, Buenos Aires.
- Öfele, M., (1999). El juego tradicional y sus proyecciones pedagógicas.  En:Juegos Tradicionales y su Valor Educativo.  Universidad Católica de Chile, Facultad de Filosofía-Instituto de Estética.  Colección Aisthesis, Santiago de Chile.
- Pavía, V. y otros, (1994).  Juegos que vienen de antes.  Editorial Humanitas. Buenos Aires, Pág. 36.
- Plath, O., (1998). Origen y folclor de los juegos en Chile.  Grijalbo, Santiago de Chile.
- Radrizzani Goñi, A. y González, A. (1987). El niño y el juego.  Las operaciones infralógicas espaciales y el juego reglado.  Ediciones Nueva Visión, Buenos Aires.
- Rahner, H. (1990). Der spielende Mensch. Johannes Verlag Einsiedeln, Freiburg.
- Retter, H., (1979).  Spielzeug.  Beltz Verlag, Weinheim und Basel,  Pág. 53.
- Richman Beresin, A. (1995).  Double dutch and double cameras.  En: Sutton-Smith (editor)  Children’s folklore.  Garland Publishing, Inc. New York.
- Sepúlveda Llanos, F., (1999).  El juego y sus proyecciones estéticas.  En: Juegos Tradicionales y su Valor Educativo.  Universidad Católica de Chile, Facultad de Filosofía-Instituto de Estética.  Colección Aisthesis, Santiago de Chile, Pág. 55.
- Trautmann, T. (1997).  Alte Spiele (wieder) entdecken – eine Hoffnung für die Pädagogik?  En: Renner, E. (Hrsg.) Spiele der Kinder. Beltz Verlag, Weinheim.
- Walter, G. (1993): Spiel und Spielpraxis in der Grundschule.  Auer Verlag, Donauwörth.
- Westland, C. y Knight, J. (1982).  Playing living learning.  A worldwide perspective on children’s opportunities to play.  Venture Publishing, Inc., U.S.A.

Hosted by www.Geocities.ws

1