EL JUEGO INFANTIL Y SUS POSIBILIDADES
EDUCATIVAS
Carlos Velázquez
Callado <[email protected]>
Maestro, Valladolid - ESPAÑA
1. INTRODUCCIÓN.
El ser humano practica ciertas
actividades a lo largo de su vida, denominadas lúdicas, que le sirven
de distracción, relajación, entretenimiento..., de otras
actividades consideradas más serias, las laborales.
Sin embargo, cuando nos
centramos en la figura infantil y nos fijamos en sus comportamientos y
actividades, observamos que el juego no podemos encuadrarlo en las líneas
anteriormente descritas ya que para el niño es mucho más,
el juego envuelve su vida y forma parte de sus intereses. El juego infantil
se convierte así en un medio de aprendizaje espontáneo y
de ejercitación de hábitos intelectuales, físicos,
sociales y morales.
Estas características
hacen del juego una herramienta importante para la consecución de
determinados objetivos, de todo tipo y en todas las áreas, de una
forma motivante para los alumnos.
Por otra parte, la aparición
de juegos de tipo televisivo y de juguetes cada vez más sofisticados
donde el niño pierde ese papel activo para convertirse en mero espectador
hacen que el maestro deba considerar el juego como un fin en sí
mismo. Hay que plantearse, cada vez más seriamente, el mostrar
al niño otras formas de juego distintas de las actuales, donde él
se convierta en el protagonista del juego, lo dirija, lo modifique...,
en definitiva, el que lo controle.
A lo largo del presente
artículo analizaremos el concepto de juego, la importancia del mismo
en la vida del niño y sus posibilidades de utilización en
el medio escolar.
2. EL CONCEPTO DE JUEGO.
El juego es una actividad
espontánea que exige el cumplimiento de una o varias reglas, libremente
elegidas, o vencer deliberadamente un obstáculo. Se puede considerar
al juego como la actividad más importante de la infancia, hasta
el punto de que hay autores que definen al niño como “ser que juega”.
A través del juego, el niño desarrolla una serie de hábitos
intelectuales, físicos, morales, sociales, etc. que tendrán
trascendencia en su vida futura.
Muchos han sido los teóricos
que han definido el juego. Sería interminable exponer una relación
con todas las definiciones que del juego se han dado; no obstante, de entre
todas ellas podemos destacar, a modo de ejemplo, las siguientes:
* HUIZINGA: “El juego es
una acción o una actividad voluntaria realizada en unos ciertos
límites fijos de tiempo y lugar, según una regla libremente
consentida pero absolutamente imperiosa, provista de un fin en sí
misma, acompañada de una sensación de tensión y de
júbilo y de la conciencia de ser otro modo que en la vida real.
*ARNALF RUSSEL: “El juego
es una actividad generadora de placer que no se realiza con una finalidad
exterior a ella, sino por sí misma.”
* GUY JACQUIN: “El juego
es una actividad espontánea y desinteresada que exige unas reglas
que cumplir o un obstáculo deliberadamente puesto para vencer.”
* CH. BÜHLER: “El juego
puede ser definido como la actividad orientada al gozo producido por el
perfeccionamiento.”
* PIAGET: “Acción
libre considerada como ficticia y situada al margen de la vida real, capaz
de absorber totalmente al individuo que la practica.”
* La Real Academia Española
de la Lengua define al juego como “actividad placentera, realizada por
sí misma, sin referencias a un propósito ulterior o satisfacciones
futuras.”
Analizando estas definiciones
podemos extraer una serie de elementos comunes a todas ellas:
1-. Todas consideran al juego
como una actividad voluntaria y placentera que absorbe totalmente al niño.
2.- Además, tiene
una finalidad intrínseca, en sí mismo.
3.- Supone para el niño
una forma de análisis de sus propias posibilidades, de la realidad
que lo rodea, de las relaciones sociales y su dinámica..., sirviéndole
de medio para progresar hacia estadios superiores.
Existen también infinidad
de autores que, desde diferentes enfoques, han tratado de dar respuesta
al porqué el niño juega, recurriendo a teorías de
todo tipo sin que hasta la fecha se haya dado una respuesta completamentamente
satisfactoria a esta pregunta. Desde mi punto de vista abordar el porqué
el niño juega es como tratar de responder a por qué el hombre
es hombre. El niño juega porque, como niño que es, no puede
hacer otra cosa que jugar.
3. EL JUEGO COMO ACTIVIDAD
FUNDAMENTAL EN EL NIÑO.
Generalmente el adulto considera
el juego como un mero pasatiempo, una forma de distraer al niño
de sus estudios. Por eso, su intervención se limita, en la mayoría
de los casos, a acabar con el juego puesto que para él no es más
que una pérdida de tiempo. Sin embargo, para el niño la actividad
lúdica es fundamental ya que a través de ella:
* El niño descubre
y hace suyo el entorno que le rodea.
Pensemos en juegos como el
escondite y sus variantes. El niño descubre progresivamente el espacio
y las posibilidades del mismo. Sabe dónde puede ir, por dónde,
cuánto tiempo tardará, etc. Poco a poco el niño
interioriza ese entorno de juego, lo hace suyo, y ampliará este
conocimiento a otras situaciones de la vida.
* El niño imita e
imagina.
¿Quién no ha
jugado a piratas? La historia surgía con el juego. Se improvisaba
una situación, alguien sugería una situación: “¿vale
que íbamos a enterrar un tesoro?”, el grupo lo aceptaba y matizaba:
“¡Vale! Enterremos cada uno algo y busquemos los tesoros”. Al cabo
de un rato todos regresábamos de nuestras casas con aquello que
íbamos a enterrar. Al día siguiente volvíamos a jugar
a piratas, pero ese día no enterrábamos nada, descubríamos
una isla, luchábamos, o nuestro barco se hundía. Infinidad
de situaciones surgían de una misma propuesta inicial. A través
del juego el niño de hoy, como nosotros ayer, imita situaciones,
imagina posibilidades y hace que el mundo irreal sea real por un tiempo
limitado.
* El niño se relaciona,
acepta las reglas y a los demás.
La mayor parte de los juegos
son colectivos. Esto conlleva la necesidad de llegar a acuerdos con los
otros. Para empezar hay que acordar a qué se va a jugar, tras algunas
deliberaciones el grupo puede decidir que jugará a “Policías
y ladrones”; después hay que saber cómo vamos a jugar: el
espacio permitido y el no permitido, la posibilidad o no de salvar a los
jugadores capturados, etc. Durante el juego surgirán algunas situaciones
conflictivas (“¡Te ha tocado!”, “¡Tocar no es atrapar!”) que
implicarán una matización de las reglas (por ejemplo, se
considera capturado un jugador cuando le han tocado, aunque no le agarren).
También, durante el juego pueden surgir personas que traten de saltarse
alguna de las reglas en su propio beneficio. El grupo será el encargado
de resolver estas y otras situaciones proponiendo soluciones, impartiendo
justicia, etc. y esto lo hará por consenso colectivo, ya que de
lo contrario el juego puede finalizar. A veces, el niño que no consigue
hacer prevalecer su opinión sobre la del grupo amenazará
con dejar de jugar, puede que incluso lo haga, pero con el tiempo esta
situación tiende a desaparecer, al fin y al cabo ¿qué
otra cosa puede hacer? Así, el niño aprende, poco a poco,
a aceptar las reglas del juego, las soluciones impuestas por el grupo y
a sus propios compañeros de juego. Jugar inicia a los niños
en la aceptación de reglas comunes compartidas, favoreciendo así
su integración social.
* El niño desarrolla
habilidades y destrezas motrices.
Durante los juegos el niño
corre (pensemos en cualquier juego de persecución), salta (¿quién
no ha jugado a la comba?), imita gestos (seguir a la madre es un buen ejemplo),
lanza y atrapa objetos (imaginemos el juego de “Pies quietos”), desarrolla
su sentido rítmico (juegos de palmas), etc. Por otro lado, las situaciones
de los juegos se repiten una y otra vez, el niño no se cansa de
jugar a lo mismo, con lo que suponen una buena forma de entrenamiento y
desarrollo de estas habilidades.
* El niño se conoce
a sí mismo y a los demás.
Algunos juegos implican un
análisis de la situación en función de uno mismo y
del otro. Pensemos en un juego como “El pañuelo”, imaginemos una
situación cualquiera: la madre ha dicho un número y hacia
el pañuelo corren dos jugadores, uno de cada equipo. Cada uno de
ellos va analizando la situación y decidirá qué hacer
cuando llegue al pañuelo sobre todo en función de a quién
tiene en frente. Luis sabe que Pedro es mucho más rápido
que él así que sus posibilidades de llevarse el pañuelo
son muy pocas, puede intentar engañar a Pedro para que éste
supere la línea o puede esperar a que Pedro coja el pañuelo
para intentar tocarlo en ese preciso instante, después será
demasiado tarde. Para hacer todo este razonamiento Luis ha jugado infinidad
de veces con Pedro a una gran cantidad de juegos. Conoce sus posibilidades
y sus limitaciones, las acepta durante el juego y se adapta a ellas tratando
de sacar de su conocimiento el mayor partido posible. A su vez analiza
las de los demás, se compara con ellos. Jugar implica aceptar retos,
valorando las posibilidades de éxito y esto significa conocerse
a uno mismo y a los compañeros de juego.
* El niño se comunica
e incrementa su vocabulario.
Durante los juegos el niño
verbaliza situaciones, se expresa, se comunica. Además, existe un
vocabulario y unas expresiones propias comunes a muchos juegos: “quedársela”,
“llevarla” o “ligarla” (la persona que desempeña un rol distinto
al de los demás), “perrito guardián” (vigilante próximo
a los capturados), “casa” (lugar en el que se está a salvo), etc.
* El niño desarrolla
el pesamiento divergente.
La mayor parte de los juegos
se desarrollan en lo que se denomina entornos cambiantes, es decir, situaciones
en las cuales se plantean una sucesión de problemas que el sujeto
tiene que resolver en función de la información que recibe
y de sus posibilidades de éxito. Pensemos en un juego como “El rescate”,
imaginemos una situación en la que hay tres personas capturadas
y dos vigilantes. Un jugador valora si es el momento adecuado de intentar
rescatar a los capturados. En ese momento la situación cambia, uno
de los que se la quedan viene hacia él, ahora hay que escapar. La
mente del jugador debe analizar el cómo, hacia dónde, etc.
Durante el juego irán surgiendo, uno tras otro diferentes problemas,
la situación es distinta si en lugar de una te persiguen tres personas,
que deben ser resueltos. Las respuestas dependerán de la experiencia
previa, del éxito de esas respuestas en situaciones de juego similares.
Aún así, el jugador inventa una y otra vez, respuestas nuevas
a nuevas situaciones, improvisa y evalúa el éxito o fracaso
de sus decisiones.
Desarrolla así la
capacidad de tomar decisiones, a veces muy diferentes de las habituales,
lo cual es fundamental para una transferencia a otras situaciones de la
vida.
4. EL JUEGO EN EL MEDIO ESCOLAR.
Si hemos analizado en el
apartado anterior la importancia del juego en la vida del niño,
resulta lógico pensar en sus posibilidades educativas. Muchos son
los docentes que utilizan el juego como un medio para que su alumnado alcance
otros objetivos relacionados con el aprendizaje.
En este sentido se plantea
un primer interrogante; si analizamos las definiciones que del juego dan
los diferentes autores observamos que el juego infantil se caracteriza,
sobre todo, por ser una actividad voluntaria, algunos hablan incluso de
espontánea, que no tiene un fin fuera del mero placer de jugar.
Ahora bien, ¿podemos hablar de juego cuando un adulto, en este caso
el maestro, impone a qué jugar, cuándo jugar y utiliza el
juego como un medio para obtener otros objetivos distintos del mero placer
de jugar? Dicho de otro modo, ¿es posible hablar de juego cuando
la organización, desarrollo y regulación del mismo viene
impuesta por un adulto, cuyos objetivos son bien distintos del simple hecho
de jugar por jugar?
En principio, un análisis
frío de las definiciones de juego nos llevaría a responder
que no. No podemos hablar de juego cuando éste no surge de los propios
niños y cuando no son éstos los encargados de establecer
las normas y de resolver los conflictos que puedan surgir durante su desarrollo.
Sin embargo, ¿no es cierto que cuando, al finalizar una clase de
Educación Física en la cual se han desarrollado diferentes
juegos motores, alguien pregunta a un niño qué es lo que
ha hecho, el niño responde he jugado a esto o a aquello? Y si el
niño, que en esto de jugar es el mayor experto que existe, dice
que ha estado jugando ¿por qué contradecirlo con engorrosas
definiciones elaboradas por adultos?
Para tratar de encontrar
una solución a este aparente contrasentido es interesante recurrir
a la clasificación que Schwartzman establece de los juegos. Él
diferencia entre juego estructurado por niños y juego estructurado
por adultos. En el primer caso se incluirían todos los juegos cuando
son los niños los encargados de su planificación, organización
y desarrollo. En el segundo caso este papel le correspondería a
uno o varios adultos y los niños se limitarían simplemente
a jugar y a disfrutar del juego.
El juego estructurado por
niños se identificaría con las definiciones tradicionales
de juego y el juego estructurado por adultos nos permitiría denominar
juegos a las actividades lúdicas realizadas fuera del contexto infantil
en el que habitualmente se desarrollan. En ambos casos hablaríamos
de juego ya que, aunque el adulto puede utilizar el juego para obtener
fines distintos del mero placer de jugar, por ejemplo el desarrollo de
diferentes habilidades motrices, el niño vive la actividad propuesta
como placentera y disfruta de ella con independencia del hecho de que el
maestro la use con otro fin.
Esta idea enlaza con otra
interesante distinción que, aludiendo al juego tradicional, hace
Ronald Renson. Renson habla de texto y contexto para diferenciar entre
el reglamento de un determinado juego y las circunstancias en las que ese
juego se desarrolla.
Según esta idea,
en la escuela podríamos introducir el texto, es decir, las reglas
de los diferentes juegos.
Podríamos enseñar
a nuestros alumnos cómo jugar a éste o aquél juego,
incluso juegos que hace tiempo que desaparecieron; sin embargo, en la escuela
no podríamos recuperar el contexto en el que dichos juegos se practicaban
o se practican. No podríamos reproducir las circunstancias que determinan
el que los jugadores se decidan a comenzar éste o aquél juego,
ni tampoco los sistemas tradicionales de transmisión de los juegos.
Ahora bien, ¿no es
posible que desde la introducción del texto en la escuela se pueda
influir en el contexto?, o lo que es lo mismo, ¿es posible que,
a partir del trabajo en la escuela, puedan darse las condiciones para que
un juego se desarrolle fuera del contexto escolar? Desde mi punto de vista
esta circunstancia no es sólo posible sino que además debe
ser uno de los objetivos que desde la escuela debemos marcarnos a la hora
de recuperar juegos tradicionales. Imaginemos a una profesora que descubre
que en un determinado lugar del pueblo se practicaban hace cincuenta años
una serie de juegos. En las clases de Educación Física lleva
a su alumnado a ese lugar, les presenta los juegos y los pone en práctica.
Tenemos el texto. Posteriormente, varios de sus alumnos, en sus ratos de
ocio ponen en práctica algunos de los juegos aprendidos y se los
cuentan a otros niños. Con el paso del tiempo esos juegos se popularizan
y aparecen variantes motivadas de la falta de jugadores o de que hay demasiados,
del cambio de un material por otro, etc. Actuando desde el texto en la
escuela se ha repercutido en el contexto y se han recuperado algunos juegos
tradicionales.
El único problema
es que al maestro le resulta imposible determinar y evaluar la influencia
de su trabajo en el contexto. Puede valorar si sus alumnos saben o no jugar
a alguno de los juegos explicados, puede observar incluso cómo resuelven
los problemas cognitivos o motores que las diferentes situaciones de juego
plantean, puede incluso saber si algunos de sus alumnos practican los juegos
aprendidos fuera de horas de clase, pero no puede determinar si ese juego
perdurará o no con el paso del tiempo. En cualquier caso siempre
valdrá la pena intentarlo.
5. ACTIVIDADES PARA LA RECUPERACIÓN
DE JUEGOS TRADICIONALES.
Desde la escuela se pueden
llevar a cabo una serie de actividades orientadas a que el alumnado valore
la importancia de los juegos tradicionales como parte de su patrimonio
cultural y recupere el texto de algunos de estos juegos.
Algunas de las actividades
propuestas son las siguientes:
* ¿A qué hemos
jugado en el recreo?
Se trata de hacer una encuesta
donde los niños de la clase expongan a qué han jugado un
día cualquiera en el recreo. Puede pedirse a varios alumnos que
hagan al encuesta en las diferentes clases y así determinar a qué
juegos les gusta jugar a los niños y niñas del colegio. Después
se analiza en clase cuántos de los juegos son tradicionales. Esta
actividad puede servirnos de introducción para otras.
* ¿Qué juegos
tradicionales conocemos?
Se trata de hacer una tormenta
de ideas para determinar a cuántos juegos tradicionales, y a cuáles,
sabemos jugar los niños y niñas de la clase. El profesor
escribe en el encerado los diferentes juegos que se nombren tratando de
agruparlos por afinidad: juegos de esconderse, de atrapar y escapar, con
un balón, de rayuela, de comba, etc. Otro día, cada niño
trae escrito cómo se juega al juego que ha nombrado. Los juegos
escritos se leen en clase y, entre todos, se matizan hasta llegar a una
redacción definitiva. Se elabora entonces una ficha con la descripción
del juego y un dibujo del mismo y las fichas forman parte de un fichero
de juegos de clase. A lo largo del curso vamos practicando los juegos recogidos
en la clase de Educación Física, en Música o en Lenguaje,
dependiendo del tipo de juego.
* ¿A qué jugaban
nuestros padres y abuelos?
A partir de un modelo de
ficha, facilitado por el profesor, los alumnos preguntan a sus padres y
abuelos, sobre los juegos que practicaban ellos cuando eran niños.
Los juegos recopilados se ponen en común, se eliminan los repetidos,
se matizan las reglas y se redactan. Después podemos establecer
una comparación, descubriendo cuáles de aquellos juegos se
practican todavía hoy en día. Con los juegos recogidos se
hace un cuadernillo que queda en la biblioteca de la clase.
* Construimos materiales
para jugar.
A partir del cuadernillo
anterior se construyen, en las clases de Educación Artística,
diferentes materiales para jugar. Para ello se utilizan, muchas veces,
materiales de desecho.
Una vez fabricados los materiales,
se prueban durante la práctica de los juegos.
6. A MODO DE CONCLUSIÓN.
A lo largo del presente artículo
hemos abordado el juego y la importancia que tiene para el niño,
hemos reflexionado acerca de si es viable el utilizar el juego en la escuela
como medio para obtener otros objetivos educativos y, finalmente, hemos
propuesto una serie de sencillas actividades que podemos poner en práctica
con nuestro alumnado para recuperar algunos juegos tradicionales infantiles.
Me gustaría terminar con una frase de Pablo Neruda que creo resume
perfectamente la importancia que el juego tiene en la vida del niño
y, por qué no, del adulto: “El niño que no juega no es un
niño, pero el adulto que no juega ha perdido para siempre el niño
que lleva dentro de sí”.
¿EXTINCIÓN
DE LOS JUEGOS POPULARES INFANTILES?
Se plantea la pregunta de
si realmente los juegos populares infantiles están en proceso regresivo
y, en caso de respuesta afirmativa, cuáles son las causas.
Para responder a esta pregunta,
el primer elemento que debemos analizar es la forma de difusión
de estos juegos. El proceso estaba prácticamente centrado en la
transmisión oral y gestual de estos juegos de generación
en generación. En muchos casos el niño aprende las retahílas
y cancioncillas asociándolas a gestos que forman también
parte del juego. Este mecanismo de fijación va unido a un mecanismo
de olvido, que puede ser parcial o total.
Si el olvido es parcial,
aparecen en el juego variantes y modificaciones que, con el transcurrir
del tiempo, pueden dar lugar a nuevos juegos. A veces lo que sucede es
que el juego en sí no se modifica pero sí la retahíla
o canción a la que va unido que, en el peor de los casos puede llegar
a perderse. Un ejemplo claro lo encontramos en el juego de las cuatro esquinas,
donde hoy en día no encontramos fórmula oral alguna vinculada
al juego aunque por textos sabemos que ésta existía.
Si, por el contrario, el
olvido es total, el juego desaparece. Así, encontramos documentados
una serie de juegos que hace ya tiempo que no se practican; por ejemplo
el ladrillejo.
Sin embargo, no sólo
la forma de difusión y las interferencias en este proceso hacen
que un juego desaparezca; existen otros factores. Entre ellos destacamos:
* La desaparición
o modificación del entorno en que se practicaban. El niño
crea espacios de juego en función de las características
del medio en el que se mueve. Habrá una serie de juegos que resultarán
impracticables en un entorno determinado; por ejemplo, el juego del gua
en un terreno asfaltado, que desaparecerán rápidamente. Otros
sufrirán modificaciones para adaptar el juego al nuevo espacio del
que se dispone, pudiendo dar lugar a nuevos juegos.
* La desaparición
o sustitución del material de juego.Existen una serie de elementos
que, hoy en día, resultan poco menos que imposibles de encontrar.
Los mecheros han sustituido a las cerillas y resulta utópico hacerse
con los cartones de las cajas de éstas, los cromos de volver sólo
se encuentran en tiendas de regalos como un tesoro del pasado y a precios
realmente abusivos, etc. Esto hace que el juego tienda a desaparecer o,
en el mejor de los casos a modificar el material empleado en su práctica;
se deja de jugar con cartones y se juega con cromos o, simplemente, se
deja de jugar.
* El poco tiempo dedicado
por los padres a jugar con sus hijos resultado de la sociedad de consumo
en la que vivimos, donde se relaciona, equivocadamente, la posesión
de bienes con la calidad de vida, con todo lo que ello implica: obsesión
de consumo ----> más trabajo ----> menos tiempo libre
----> menos comunicación
con los hijos
----> desaparición
de fórmulas de transmisión oral ----> desconocimiento
de los juegos por los hijos
----> proceso
regresivo de los juegos
----> desaparición.>
* El poco tiempo libre del
que disponen los niños para jugar. Ya, desde pequeños se
les educa como futuros trabajadores. En una sociedad competitiva, donde
la posesión de bienes es símbolo de calidad de vida, el niño
debe prepararse para llegar a ocupar los puestos más altos de la
sociedad que le permita acceder a todo lo que quiera poseer. Para ello,
son necesarios una serie de conocimientos que la escuela no siempre ofrece
(informática, idiomas,...); otras veces se trata de que el niño
no quede “descolgado” del grupo en el que está (clases particulares).
Además, la sociedad actual ofrece una serie de alternativas organizadas
para que el niño ocupe su tiempo libre como más le guste.
Los colegios, ayuntamientos y otras entidades, públicas y privadas,
ofertan gran cantidad de actividades extraescolares de ocio y tiempo libre:
deportes, bailes..., que, en casi ningún caso, contemplan el juego
con un finalidad en sí mismo. El niño tiene ya de antemano
ocupado el tiempo libre, ¿de dónde va a sacar tiempo para
jugar?
* Por último, un elemento
importantísimo en el proceso de regresión de los juegos populares
son los reclamos publicitarios tendentes a la venta de sofisticados juguetes
donde el niño juega un papel pasivo o activo individual; ejemplo
de ello lo encontramos en las consolas de videojuegos donde el niño
juega un papel activo pero en solitario, con todo lo que ello implica.
Analizando detenidamente
las causas señaladas como activadoras del movimiento regresivo en
la práctica de los juegos populares infantiles observamos que todas
ellas están íntimamente ligadas al tipo de sociedad actual.
Podemos suponer que el paso de una sociedad rural a una sociedad urbana,
orientada al consumo, produce un cambio en la forma de jugar del niño.
Si bien hasta ahora todo
parece indicar que se tiende a la desaparición progresiva de la
mayor parte de los juegos tradicionales, planteamos el siguiente interrogante:
¿cómo es posible que, a pesar de tener todo en contra existan
juegos, que ya se practicaban hace cientos de años, que conviven
actualmente con otros, tan sofisticados y apoyados por la publicidad, como
son los actuales?
Posiblemente la necesidad
de movimiento del niño, unido a las reglas sencillas de los juegos
populares y a la imposibilidad de utilizar determinados juegos y juguetes
sofisticados en los recreos de la escuela hacen que algunos juegos, generalmente
los más sencillos, permanezcan en la sociedad actual; no obstante,
cada vez resulta más difícil observar juegos de persecución
(cadeneta, tiente,...) cuando hay un balón disponible, sobre todo
entre los alumnos más mayores, que suelen ocupar los espacios más
amplios. Sólo entre las niñas y los niños más
pequeños, que suelen quedar relegados a los rincones que les dejan
los mayores, es posible encontrar juegos del tipo de la comba, la goma,
alguna clase de rayuela, etc., y otros del tipo del escondite, o de persecución,
donde, a pesar de necesitar un espacio amplio, pueden compartirlo con el
de los mayores.
Juegos del estilo de las
canicas, las peonzas, los cromos de volver o las tabas (hoy en día
de plástico) quedan vinculados a modas. Se practican cuando los
comerciantes exponen estos objetos y sólo las modalidades más
sencillas de los juegos practicados el siglo pasado. Cuando “se pasa la
moda” resulta casi imposible encontrar algunos de estos materiales de juego.
Podemos concluir que el
proceso regresivo al que se están viendo sometido los juegos populares
infantiles llevará a la desaparición de la mayor parte de
éstos si no surgen una serie de actividades orientadas a su conservación
y difusión. Estas actividades deben favorecer no sólo el
que los niños conozcan los juegos tradicionales sino también
el que puedan practicarlos. De nada sirve que el niño conozca el
juego del hinque si no tiene un hinque con que jugar y un espacio de juego
donde jugar.
Se hace, por tanto, imprescindible
la creación de espacios de juego, de zonas sin asfaltar, de espacios
libres,... Algo que con sencillas modificaciones en los patios de los colegios
se puede conseguir.
Desde la escuela se pueden
promover una serie de actividades que nos permitan alcanzar no sólo
estos objetivos sino también otros de las distintas áreas
curriculares. La escuela se convierte, pues, en un vehículo para
la conservación de estos juegos y todo maestro debe ser consciente
de ello. |