Desde el alma cediendo
nubes y compuestos que tapan la luz
para hacer de este prado
estéril desierto
sin cielo, sin vida, sin más
que desesperanza
trizas de viento
relente la charla de la luna y la arena
en sus noches de espeso negro
noches sin estrellas
vacías
sin tiempo
miro yo desde lo alto
al cadáver sin aprecio
pudriéndose en su miseria
abandonado y sin conciencia
espero que su vientre reviente
así de una vez
para enmarcarlo en la memoria
en mi ojo sufrido
húmedo y seco
mustias imágenes que se dejaron
abandonadas en una vida
anterior vida de ese muerto
(que ahora estalla)
dejando su muerte dentro de mi angustia
dejándome a su muerte dentro de mi vida
aquel caído que piensa en el hechizo
de la paz eterna
no es más que uno que ha creído
que la existencia
es flagelo sin sonrisa
mírame muerto
y piénsame en tu abandonar eterno
maltrátame con el barullo de tus gusanos
elévame mientras se pudre tu carne
hombre desterrado vivo
la muerte te regaló tierra
para que intentes ganar en lo que llega
de viejo, quizás un nuevo día.
(julio guillén)