Pensé que cuando muera me recordarás, y quizá llores cuando me veas en la rigidez de mi tumba, como en un leve dormitar.
Cuando muera, como en un sueño desagradable, querrás salir de la casa y correr hasta donde no te atrape el recuerdo, sentirás y verás como te acompañé una mañana, muy jóvenes.
Cuando muera no me moveré, y tendrás miedo de verme dentro del féretro, preferirás recordarme como era antes, con la mirada fija y algo inquieto.
Al final, cuando te hayas sobrepuesto y hayas respirado y secado las lágrimas en tu rostro y, cerca de mi tumba, me contemples a través del vidrio, verás cómo se forma una sonrisa en mi rostro.
(efímero)
